Los tiernos hijos vuestros en los brazos Las tristes traen: no veis con qué señales De amor les dan los ultimos abrazos? PRIMERA. Dulces señores nuestros, si en los males Hasta aqui de Numancia padecidos, Que son menores los que son mortales, Y en los bienes tambien que ya son idos, Siempre mostramos ser mugeres vuestras, Y vosotros tambien nuestros maridos, Porqué en las ocasiones tan siniestras Que el cielo airado agora nos ofrece, Nos dais de aquel amor tan cortas muestras? Hemos sabido, y claro se parece Que en las Romanas armas arrojaros Quereis, pues su rigor menos empece Que no la hambre de que veis cercaros, De cuyas flacas manos desabridas Por imposible tengo el escaparos. Peleando quereis dexar las vidas, Y dexarnos tambien desamparadas, A deshonras y muertes ofrecidas. Nuestro cuello ofreced á las espadas Vuestras primero, que es mejor partido, Que vernos de enemigos deshonradas. Yo tengo en mi intencion estatuido Que si puedo, haré quanto en mi fuere Por morir do muriere mi marido, Y esto mesmo hará la que quisiere Mostrar que no los miedos de la muerte Le estorban, de querer á quien bien quiere En buena, ó mala, en dulce, ó amarga suerte. OTRA. Qué pensais, varones claros? Revolveis aun todavia En la triste fantasia De dexarnos y ausentaros? Quereis dexar por ventura A la Romana arrogancia Las virgines de Numancia Para mayor desventura? Y á los libres hijos nuestros Quereis esclavos dexallos? No será mejor ahogallos Con los propios brazos vuestros? Quereis hartar el deseo De la Romana codicia, Y que triunfe su injusticia De nuestro justo trofeo? Serán por agenas manos Nuestras casas derribadas: Y las bodas esperadas Hanlas de gozar Romanos? En salir hareis error, Que acarrea cien mil yerros, Porque dexais sin los perros El ganado, y sin señor. Si al foso quereis salir Llevadnos en tal salida, Porque tendremos por vida A vuestros lados morir. No apresureis el camino Al morir, porque su estambre Cuidado tiene la hambre. De cercenarla contino. OTRAS. Hijos destas tristes madres, Qué es esto? cómo no hablais? Y con lagrimas rogais Que no os dexen vuestros padres? Basta que la hambre insana Os acabe con dolor, Sin esperar el rigor De la aspereza Romana. Decildes que os engendraron Libres, y libres nacistes, Y que vuestras madres tristes Tambien libres os criaron. Decildes que pues la suerte Nuestra va tan de caida, Que como os dieron la vida, Ansi mismo os den la muerte. O muros desta ciudad, Si podeis hablad, decid, Y mil veces repetid: Numantinos, libertad. Los templos, las casas nuestras Levantadas en concordia Os piden misericordia, Hijos y mugeres vuestras. Ablandad, claros varones, Esos pechos diamantinos, Y mostrad qual Numantinos Amorosos corazones: Que no por romper el muro Remediais un mal tamaño, Antes en ello está el daño Mas propincuo y mas seguro. LIRA. Tambien las tiernas doncellas Ponen en vuestra defensa El remedio de su ofensa, Y el alivio á sus querellas. No dexeis tan ricos robos A las codiciosas manos, Mirad que son los Romanos Hambrientos y fieros lobos. Desesperacion notoria Es esta que hacer quereis, A donde solo hallareis Breve muerte y larga gloria. Mas ya que salga mejor Que yo pienso, esta hazaña, Qué ciudad hay en España Que quiera daros favor? Mi pobre ingenio os advierte Que si haceis esta salida, Al enemigo dais vida, Y á toda Numancia muerte. De vuestro acuerdo gentil Los Romanos burlarán; Porque, decidme, qué harán Tres mil contra ochenta mil? Aunque estuviesen abiertos Los muros y sin defensa, Seriades con ofensa Mal vengados y bien muertos. Mejor es que la ventura Del daño que el cielo ordene, O nos salve, ó nos condene, De la vida ó sepultura. TEOGENES. Limpiad los ojos humidos del llanto, Mugeres tiernas, y tené entendido Que vuestra angustia la sentimos tanto, Que responde al amor nuestro subido, Ora crezca el dolor, ora el quebranto, Sea por nuestro bien diminuido, Jamas en vida ó muerte os dejaremos, Antes en muerte y vida os serviremos. Pensabamos salir al foso ciertos Antes de alli morir que de escaparnos, Pues fuera quedar vivos aunque muertos, Si muriendo pudieramos vengarnos; Mas pues nuestros disignios descubiertos Han sido, y es locura aventurarnos, Amados hijos y mugeres nuestras, Nuestras vidas serán de hoy mas las vuestras. Solo se ha de mirar que el enemigo No alcance de nosotros triunfo y gloria, Antes ha de servir él de testigo Que apruebe y eternice nuestra historia; Y si todos venis en lo que digo Mil siglos durará nuestra memoria, Y es que no quede cosa aqui en Numancia De do el contrario pueda haver ganancia. En medio de la plaza se haga un fuego, En cuya ardiente llama licenciosa Nuestras riquezas todas se echen luego Desde la pobre á la mas rica cosa, Y esto podeis tener á dulce juego, Quando os declare la intención honrosa Que se ha de efectuar, despues que sea Abrasada qualquier rica presea. Y para entretener por alguna hora La hambre que ya roe nuestros huesos, Hareis descuartizar luego á la hora Esos tristes Romanos que están presos, Y sin del chico al grande hacer mejora, Repartanse entre todos, que con esos Será nuestra comida celebrada Por estraña cruel necesitada. Amigos, qué os parece? estais en esto? CORABINO. Digo que á mi me tiene satisfecho, Y que á la execucion se venga presto De tan estraño y tan honroso hecho. TEOGENES. Pues yo de mi intencion os diré el resto Despues que sea lo que digo hecho. Vamos á ser ministros todos luego De encender el ardiente y rico fuego. MUGER PRIMERA. Nosotras desde aqui ya comenzamos A dar con voluntad nuestros arreos, Y á la vida las vuestras entregamos Como se han entregado los deseos. LIRA. Ea pues, caminemos, vamos, vamos, Y abrasense en un punto los trofeos Que pudieran hacer ricas las manos, Y aun hartar la codicia de Romanos. -Vanse todos, y al salir- MORANDRO, -ase á- LIRA -por el brazo, y detienela-. MORANDRO. No vayas tan de corrida, Lira, dexame gozar Del bien que me puede dar En la muerte alegre vida: Dexa que miren mis ojos Un rato tu hermosura, Pues tanto mi desventura Se entretiene en mis enojos. O dulce Lira, que sueñas Contino en mi fantasia Con tan suave harmonia Que vuelve en gloria mis penas! Qué tienes? qué estás pensando, Gloria de mi pensamiento? LIRA. Pienso como mi contento Y el tuyo se va acabando, Y no será su homicida El cerco de nuestra tierra, Que primero que la guerra Se me acabará la vida. MORANDRO Qué dices, bien de mi alma? LIRA. Que me tiene tal la hambre, Que de mi vital estambre Llevará presto la palma. Qué tálamo has de esperar De quien está en tal estremo, Que te aseguro que temo Antes de un hora espirar. Mi hermano ayer espiró De la hambre fatigado, Y mi madre ya ha acabado, Que la hambre la acabó. Y si la hambre y su fuerza No ha rendido mi salud, Es porque la juventud Contra su rigor se esfuerza. Pero como ha tantos dias Que no le hago defensa, No pueden contra su ofensa Las debiles fuerzas mias. MORANDRO. Enjuga, Lira, los ojos, Dexa que los tristes mios Se vuelvan corrientes rios Nacidos de tus enojos; Y aunque la hambre ofendida Te tenga tan sin compas, De hambre no morirás Mientras yo tuviere vida. Yo me ofrezco de saltar El foso y el muro fuerte, Y entrar por la misma muerte Para la tuya escusar. El pan que el Romano toca Sin que el temor me destruya, Lo quitaré de la suya Para ponerlo en tu boca. Con mi brazo haré carrera A tu vida y á mi muerte, Porque mas me mata el verte, Señora, de esa manera. Yo te traeré de comer A pesar de los Romanos, Si ya son estas mis manos Las mismas que solian ser. LIRA. Hablas como enamorado, Morandro, pero no es justo Que ya tome gusto el gusto Con tu peligro comprado. Poco podrá sustentarme Qualquier robo que harás, Aunque mas cierto hallarás El perderte que ganarme. Goza de tu mocedad En fresca edad y crecida, Que mas importa tu vida Que la mia, á la ciudad. Tu podrás bien defendella De la enemiga asechanza, Que no la flaca pujanza Desta tan triste doncella. Ansi que, mi dulce amor, Despide ese pensamiento, Que yo no quiero sustento Ganado con tu sudor. Que aunque puedas alargar Mi muerte por algun dia, Esta hambre que porfia, En fin nos ha de acabar. MORANDRO. En vano trabajas, Lira, De impidirme este camino, Do mi voluntad y signo Allá me convida y tira. Tu rogarás entretanto A los Dioses, que me vuelvan Con despojos que resuelvan Tu miseria y mi quebranto. LIRA. Morandro, mi dulce amigo, No vayas, que se me antoja Que de tu sangre veo roja La espada del enemigo. No hagas esta jornada, Morandro, bien de mi vida, Que si es mala la salida, Es muy peor la tornada. Si quiero aplacar tu brio, Por testigo pongo al cielo, Que de mi daño recelo Y no del provecho mio. Mas si acaso, amado amigo, Prosigues esta contienda, Lleva este abrazo por prenda De que me llevas contigo. MORANDRO. Lira, el cielo te acompañe: Vete, que á Leoncio veo. LIRA. Y á ti te cumpla el deseo, Y en ninguna parte dañe. LEONCIO -ha de estar escuchando todo lo que ha pasado entre su amigo- MORANDRO -y- LIRA. LEONCIO. Terrible ofrecimiento es el que has hecho, Y en él, Morando, se nos muestra claro Que no hay cobarde enamorado pecho, Aunque de tu virtud y valor raro Debe mas esperarse; mas yo temo Que el hado infeliz se muestre avaro. He estado atento al miserable estremo En que te ha dicho Lira que se halla, Indigno cierto á su valor supremo: Y que tu has prometido de libralla Deste presente daño, y arrojarte En las armas Romanas á batalla. Yo quiero, buen amigo, acompañarte, Y en empresa tan justa y tan forzosa Con mis pequeñas fuerzas ayudarte. MORANDRO. O mitad de mi alma! ó venturosa Amistad no en trabajos dividida, Ni en la ocasion mas prospera y dichosa! Goza, Leoncio, de la dulce vida, Quedate en la ciudad, que yo no quiero Ser de tus verdes años homicida: Yo solo tengo de ir, yo solo espero Volver con los despojos merecidos A mi inviolable fe y amor sincero. LEONCIO. Pues ya tienes, Morandro, conocidos Mis deseos, que en buena ó mala suerte Al sabor de los tuyos van medidos. Sabrás que no los miedos de la muerte De ti me apartarán un solo punto, Ni otra cosa (si la hay) que sea mas fuerte. Contigo tengo de ir, contigo junto He de volver, si ya el cielo no ordena Que quede en tu defensa allá difunto. MORANDRO. Quedate, amigo! queda enhorabuena, Porque si yo acabáre aqui la vida En esta empresa de peligro llena, Tu puedas á mi madre dolorida Consolar en el trance riguroso, Y á la esposa de mí tanto querida. LEONCIO. Cierto que estás, amigo, muy donoso En pensar que tú muerto, quedaria Yo con tal quietud y tal reposo, Que de consuelo alguno serviria A la doliente madre y triste esposa: Pues en la tuya está la muerte mia, Seguirte tengo en la ocasion dudosa, Mira como ha de ser, Morandro, amigo, Y en el quedarme no me hables cosa. MORANDRO. Pues no puedo estorvarte el ir conmigo, En el silencio de la noche oscura Tenemos de asaltar al enemigo; Lleva ligeras armas, que ventura Es la que ha de ayudar al alto intento, Que no la malla entretegida y dura: Lleva ansi mismo puesto el pensamiento En robar y traer á buen recado Lo que pudieres mas de bastimento. LEONCIO. Vamos, que no saldré de tu mandado. SCENA II. DOS NUMANTINOS. PRIMERO. Derrama, ó dulce hermano, por los ojos El alma en llanto amargo convertida, Venga la muerte y lleve los despojos De nuestra miserable y triste vida. SEGUNDO. Bien poco durarán estos enojos, Que ya la muerte viene apercebida Para llevar en presto y breve vuelo A quantos pisan de Numancia el suelo: Principios veo que prometen presto Amargo fin á nuestra dulce tierra, Sin que tengan cuidado de hacer esto Los contrarios ministros de la guerra; Nosotros mismos á quien ya es molesto Y enfadoso el vivir que nos atierra, Hemos dado sentencia inrevocable De nuestra muerte, aunque cruel, loable. En la plaza mayor ya levantada Queda una ardiente codiciosa hoguera, Que de nuestras riquezas ministrada Sus llamas sube hasta la quarta esfera: Alli con triste priesa acelerada Y con mortal y timida carrera, Acuden todos, como á santa ofrenda, A sustentar sus llamas con su hacienda. Alli la perla del rosado Oriente, Y el oro en mil vasijas fabricado, Y el diamante y rubí mas excelente, Y la extremada purpura y brocado En medio del rigor fogoso ardiente De la encendida llama es arrojado: Despojos do pudieran los Romanos Henchir los senos y ocupar las manos. -Aqui salen algunos cargados de ropa, y entran por una puerta y salen por otra-. Vuelve al triste espectáculo la vista, Verás con quanta priesa y quanta gana Toda Numancia en numerosa lista Aguija á sustentar la llama insana; Y no con verde leño y seca arista, No con materia al consumir liviana, Sino con sus haciendas mal gozadas, Pues se ganaron para ser quemadas. PRIMERO. Si con esto acabára nuestro daño, Pudieramos llevallo con paciencia, Mas ay! que se ha de dar, si no me engaño, De que muramos todos, cruel sentencia. Primero que el rigor barbaro estraño Muestre en nuestras gargantas su inclemencia, Verdugos de nosotros nuestras manos Serán, y no los perfidos Romanos. Han acordado que no quede alguna Muger, niño, ni viejo con la vida, Pues al fin la cruel hambre importuna Con mas fiero rigor es su homicida. Mas ves alli do asoma, hermano, una, Que como sabes, fue de mí querida Un tiempo, con estremo tal de amores, Qual es el que ella tiene de dolores. -Sale una muger con una criatura en los brazos, y otra de la mano-. MADRE. O duro vivir molesto! Terrible y triste agonia! HIJO. Madre, por ventura habria Quién nos diese pan por esto? MADRE. Pan, hijo, ni aun otra cosa Que semeje de comer! HIJO. Pues tengo de perecer De dura hambre rabiosa? Con poco pan que me deis, Madre, no os pediré mas. MADRE. Hijo, qué penas me das! HIJO. Pues qué, madre, no quereis? MADRE. Sí quiero; mas qué haré Que no sé donde buscallo? HIJO. Bien podeis, madre, comprallo, Si no yo lo compraré: Mas por quitarme de afan, Si alguno conmigo topa, Le daré toda esta ropa Por un mendrugo de pan. MADRE. Qué mamas, triste criatura! No sientes que á mi despecho Sacas ya del flaco pecho Por leche, la sangre pura? Lleva la carne á pedazos, Y procura de hartarte, Que no pueden mas llevarte Mis floxos, cansados brazos! Hijos del anima mia, Con qué os podré sustentar, Si apenas tengo que os dar De la propia carne mia? O hambre terrible y fuerte, Cómo me acabas la vida! O guerra, solo venida Para causarme la muerte! HIJO. Madre mia, que me fino, Aguijemos á do vamos, Que parece que alargamos La hambre con el camino. MADRE. Hijo, cerca está la casa Adonde echarémos luego En mitad del vivo fuego El peso que te embaraza. -Entrase-. JORNADA IV. SCENA I. -Tocase al arma con gran priesa, y á este rumor salen- CIPION -con- JUGURTA -y- GAYO MARIO -al tablado-. CIPION. Qué es esto, capitanes? quién nos toca Al arma en tal sazon? es por ventura Alguna gente desmandada y loca Que viene á procurar su sepultura? O no sea algun motin el que provoca Tocar al arma en recia coyuntura: Que tan seguro estoy del enemigo, Que tengo mas temor al que es amigo. -Sale- QUINTO FABIO -con la espada desnuda, y dice:- QUINTO FABIO. Sosiega el pecho, General prudente, Que ya desta arma la ocasion se sabe, Puesto que ha sido á costa de tu gente, De aquella en quien mas brio y fuerza cabe; Dos Numantinos con soberbia fuerte, Cuyo valor será razon se alabe, Saltando el ancho foso y la muralla Han movido á tu campo cruel batalla. A las primeras guardias invistieron, Y en medio de mil lanzas se arrojaron, Y con tal furia y rabia arremetieron, Que libre paso al campo les dexaron: Las tiendas de Fabricio acometieron, Y alli su fuerza y su valor mostraron De modo, que en un punto seis soldados Fueron de agudas puntas traspasados. No con tanta presteza el rayo ardiente Pasa rompiendo el ayre en presto vuelo, Ni tanto la cometa reluciente Se muestra ir presurosa por el cielo, Como estos dos por medio de tu gente Pasaron, colorando el duro suelo Con la sangre Romana, que sacaban Sus espadas do quiera que llegaban. Queda Fabricio traspasado el pecho, Abierta la cabeza tiene Oracio, Olmida ya perdió el brazo derecho, Y de vivir le queda poco espacio. Fuele ansi mismo poco de provecho La ligereza al valeroso Estacio, Pues el correr al Numantino fuerte Fue abreviar el camino de su muerte. Con presta ligereza discurriendo Iban de tienda en tienda; hasta que hallaron Un poco de bizcocho, el qual cogieron; El paso y no el furor atras volvieron; El uno dellos se escapó huyendo, Al otro mil espadas le acabaron, Por donde infiero que la hambre ha sido Quien les dió atrevimiento tan subido. CIPION. Si estando deshambridos y encerrados Muestran tan demasiado atrevimiento, Qué hicieran siendo libres, y enterados En sus fuerzas primeras y ardimiento? Indomitos, al fin sereis domados, Porque contra el furor vuestro violento Se tiene de poner la industria nuestra, Que de domar soberbios es maestra. -Entrase- CIPION -y los suyos, y luego tocase al arma en la ciudad, y al rumor sale- MORANDRO -herido y lleno de sangre, con una cestilla blanca en el brazo izquierdo con algun poco de vizcocho ensangrentado, y dice:- MORANDRO. No vienes, Leoncio, di? Qué es esto, mi dulce amigo? Si tú no vienes conmigo, Cómo vengo yo sin tí? Amigo, qué? te has quedado? Amigo, qué? te quedaste? No eres tú el que me dexaste, Sino yo el que te he dexado! Qué es posible que ya dan Tus carnes despedazadas Señales averiguadas De lo que cuesta este pan! Y es posible que la herida Que á tí te dexó difunto, En aqueste instante y punto No me quitó á mí la vida! No quiso el hado cruel Acabarme en paso tal Por hacerme á mí mas mal, Y hacerte á tí mas bien! Tú enfin llevarás la palma De mas verdadero amigo, Yo á desculparme contigo Enviaré bien presto el alma: Y tan presto, que el afan A morir me llama y tira, En dando á mi dulce Lira Este tan amargo pan: Pan ganado de enemigos, Pero no ha sido ganado, Sino con sangre comprado De dos sin ventura amigos. -Sale- LIRA -con alguna ropa, como que la lleva á quemar, y dice:- LIRA. Qué es esto que ven mis ojos! MORANDRO. Lo que presto no verán Segun la priesa se dan De acabarme mis enojos: Ves aqui, Lira; cumplida Mi palabra y mis porfias De que tú no moririas Mientras yo tuviese vida. Y aun podré mejor decir Que presto vendrás á ver Que á tí sobrará el comer, Y á mí faltará el vivir. LIRA. Qué dices, Morandro amado? MORANDRO. Lira, que acortes la hambre, Entretanto que la estambre De mi vida corta el hado. Pero mi sangre vertida Y con este pan mezclada, Te ha de dar, mi dulce amada, Triste y amarga comida. Ves aqui el pan que guardaban Ochenta mil enemigos, Que cuesta de dos amigos Las vidas que mas amaban. Y porque lo entiendas cierto Y quanto tu amor merezco, Ya yo, señora, perezco, Y Leoncio ya está muerto. Mi voluntad sana y justa Recibela con amor, Que es la comida mejor Y de que el alma mas gusta. Y pues en tormenta y calma Siempre has sido mi señora, Recibe este cuerpo agora Como recibiste el alma. -Caese muerto, y cogele en las faldas- LIRA. LIRA. Morandro? dulce bien mio? Qué sentis, ó qué teneis? Cómo tan presto perdeis Vuestro acostumbrado brio? Mas ay triste sin ventura! Que ya está muerto mi esposo! O caso el mas lastimoso Que se vió en la desventura! Quién os hizo, dulce amado, Con valor tan excelente, Enamorado valiente, Y soldado desdichado? Hicistes una salida, Esposo mio, de suerte, Que por escusar mi muerte Me haveis quitado la vida! O pan de la sangre lleno Que por mí se derramó. No te tengo en cuenta yo De pan, sino de veneno! No te llegaré á mi boca Por poderme sustentar, Si ya no es para besar Esta sangre que te toca. -A este punto ha de entrar un muchacho hablando desmayadamente, el qual es- HERMANO -de- LIRA. HERMANO. Lira, hermana, ya espiró Mi padre, y mi madre está En terminos que ya, ya Morira qual muero yo. La hambre los ha acabado. Hermana mia, pan tienes? O pan, y quan tarde vienes Que ya no hay pasar bocado! Tiene la hambre apretada Mi garganta en tal manera, Que aunque este pan agua fuera, No pudiera pasar nada. Tomalo, hermana querida, Que por mas crecer mi afan, Veo que me sobra el pan Quando me falta la vida. -Caese muerto-. LIRA. Espiraste, hermano amado? Ni aliento ni vida tiene: Bien es el mal quando viene Sin venir acompañado! Fortuna, por qué me aquejas Con un daño y otro junto? Y por qué en un solo punto Huerfana y viuda me dexas? O duro esquadron Romano! Cómo me tiene tu espada De dos muertos rodeada, Uno esposo y otro hermano! A qual volveré la cara En este trance importuno, Si en la vida cada uno Fue prenda del alma cara! Dulce esposo, hermano tierno, Yo os igualaré en quereros, Porque pienso presto veros En el cielo ó el infierno! En el modo de morir A entrambos he de imitar, Porque el hierro ha de acabar Y la hambre mi vivir! Primero dare á mi pecho Una daga que este pan, Que á quien vive con afan Es la muerte de provecho. Qué aguardo? cobarde estoy! Brazo, ya os haveis turbado? Dulce esposo, hermano amado, Esperadme que ya voy! -A este punto sale una- MUGER -huyendo, y tras ella un- SOLDADO NUMANTINO -con una daga en la mano para matarla-. MUGER. Eterno padre, Jupiter piadoso, Favorecedme en tan adversa suerte! SOLDADO. Aunque mas lleves vuelo presuroso Mi dura mano te ha de dar la muerte. -Entrase la- MUGER -adentro, y dice- LIRA LIRA. El hierro agudo, el brazo belicoso Contra mi, buen soldado, le convierte; Dexa vivir á quien la vida agrada, Y quitame la mia que me enfada. SOLDADO. Puesto que es el decreto del Senado Que ninguna muger quede con vida, Quál será el bravo pecho acelerado Que en ese hermoso vuestro dé herida? Yo, señora, no soy tan mal mirado Que me precie de ser vuestro homicida: Otra mano, otro hierro ha de acabaros, Que yo solo naci para adoraros. LIRA. Esa piedad que quies usar conmigo, Valeroso soldado, yo te juro Y al alto cielo pongo por testigo, Que yo la estimo por rigor muy duro: Tuvierate yo entonces por amigo Quando con pecho y animo seguro Este mio afligido traspasáras, Y de la amarga vida me priváras. Pero pues quies mostrarte piadoso Tan en daño, señor, de mi contento, Muestralo agora en que á mi triste esposo Demos el funeral, ultimo asiento: Tambien á este mi hermano, que en reposo Yace, ya libre del vital aliento: Mi esposo feneció por darme vida, De mi hermano la hambre fue homicida. SOLDADO. Hacer lo que me mandas está llano Con condicion que en el camino cuentes, Quién á tu amado esposo y caro hermano Truxo á los postrimeros accidentes. LIRA. Amigo, ya el hablar no está en mi mano. SOLDADO. Qué tan al cabo estas? qué tal te sientes? Lleva á tu hermano, pues que es menor carga, Y yo á tu esposo, que mas pesa y carga. -Salense llevando los dos cuerpos-. SCENA II. -Sale una muger armada, con un escudo en el brazo izquierdo, y una lancilla en la mano, que significa la- GUERRA, -trae consigo á la- ENFERMEDAD, -arrimada á una muleta, y rodeada de paños la cabeza, con una mascara amarilla, y la- HAMBRE -saldrá vestida con una ropa de bocací amarillo, y una mascara amarilla ó descolorida: pueden estas figuras hacellas hombres, pues llevan mascaras-. GUERRA. Hambre y Enfermedad, executoras De mis terribles mandos y severos, De vidas y salud consumidoras, Con quien no vale ruego, mando, ó fueros, Pues ya de mi intencion sois sabidoras, No hay para que de nuevo encareceros De quanto gusto me será y contento, Que luego, luego, hagais mi mandamiento: La fuerza incontrastable de los hados, Cuyos efectos nunca salen vanos, Me fuerza á que de mí sean ayudados Estos sagaces milites Romanos, Ellos serán un tiempo levantados, Y abatidos tambien estos Hispanos; Pero tiempo vendrá en que yo me mude, Y dañe al alto, y al pequeño ayude Que yo que soy la poderosa Guerra, De tantas madres detestada en vano, Aunque quien me maldice, á veces yerra, Pues no sabe el valor desta mi mano, Sé bien que en todo el orbe de la tierra Sere llevada del valor Hispano, En la dulce sazon que esten reynando Un Carlos, un Filipo, y un Fernando. ENFERMEDAD. Si ya la Hambre, nuestra amiga fida, No tuviera tomado con instancia A su cargo, de ser fiera homicida De todos quantos viven en Numancia, Fuera de mí tu voluntad cumplida, De modo que se viera la ganancia Facil y rica que el Romano huviera, Harto mejor de aquella que se espera. Mas ella, en quanto su poder alcanza, Ya tiene tal al pueblo Numantino Que de esperar alguna buena andanza Le ha tomado las sendas y el camino; Mas del furor la rigurosa lanza, Y la influencia del contrario signo Le trata con tan aspera violencia, Que no es menester hambre ni dolencia. El furor y la rabia, tus sequaces, Han tomado en sus pechos tal asiento, Que qual si fuese de Romanas haces, Cada qual de su sangre está sediento. Muertes, incendios, iras, son sus paces, En el morir han puesto su contento, Y por quitar el triunfo á los Romanos, Ellos mesmos se matan con sus manos. HAMBRE. Volved los ojos, y vereis ardiendo De la ciudad los encumbrados techos, Escuchad los suspiros que saliendo Van de mil tristes lastimados pechos; Oid la voz y lamentable estruendo De bellas damas, á quien, ya deshechos Los tiernos miembros en ceniza y fuego, No valen padre, amigo, amor, ni ruego. Qual suelen las ovejas descuidadas, Siendo del fiero lobo acometidas, Andar aqui y alli descarriadas Con temor de perder las simples vidas: Tal niños y mugeres delicadas, Huyendo las espadas homicidas Andan de calle en calle, ó hado insano! 1 : 2 ? 3 4 . 5 6 , 7 , 8 , 9 , 10 , 11 , 12 13 , 14 ? 15 , 16 17 , 18 , 19 20 . 21 , 22 , 23 . 24 25 , , 26 . 27 28 , 29 , 30 31 32 , 33 , , , . 34 35 . 36 37 , ? 38 39 40 ? 41 42 43 44 ? 45 46 ? 47 48 ? 49 50 , 51 52 ? 53 54 : 55 56 ? 57 , 58 , 59 60 , . 61 62 , 63 64 . 65 66 , 67 . 68 . 69 70 . 71 72 , 73 ? ? 74 75 ? 76 77 , 78 79 . 80 81 , , 82 83 . 84 85 , 86 , 87 . 88 , 89 , , 90 : 91 , . 92 , 93 94 , 95 . 96 , , 97 , 98 99 : 100 101 , 102 103 . 104 105 . 106 107 108 109 , 110 . 111 112 , 113 114 . 115 116 , 117 118 . 119 120 , , 121 122 ? 123 124 , 125 , 126 . 127 128 ; 129 , , 130 ? 131 132 , 133 134 . 135 136 , 137 , , 138 . 139 140 . 141 142 , 143 , 144 , 145 , 146 , , 147 , 148 , 149 . 150 151 , 152 , 153 ; 154 155 , , 156 , 157 . 158 159 , 160 161 ; 162 163 , 164 165 . 166 , 167 168 169 , 170 , 171 172 , 173 . 174 175 , 176 177 , 178 , 179 , 180 181 . 182 , ? 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