LA NUMANCIA
TRAGEDIA
DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
ADVERTENCIA DEL EDITOR.
Esta Advertencia que pudiera parecer escusada, respecto del Viage al
Parnaso de Miguel de Cervantes, por ser mera reimpresion de un libro
tan conocido, la exige la publicacion de las dos piezas igualmente
poeticas, que ahora se dan á luz la primera vez. Una es tragica: y
otra comica. Una se intitula La Numancia: la otra El Trato de Argel.
De entrambas hace mencion, baxo estos mismos titulos en el Dialogo con
el poeta Pancracio, en el Discurso del Canonigo de Toledo con el Cura
Pero Perez, que se introduce en D. Quixote, y al fin de la comedia de
los Baños de Argel, impresa el año de 1613. Estas dos son del número
de aquellas veinte ò treinta comedias que escribió por los años de
1582. recien redimido del cautiverio de Argel, y de las quales dice
que todas se representaron en los teatros de Madrid con gusto general
del pueblo. Pero sin embargo de estos elogios, en ambas se observan
ciertas irregularidades que las mancomunan con muchas de las que
despues reprehendió tan justamente el mismo Cervantes. Porque el Trato
de Argel no tanto merece el nombre de comedia, como el de una simple
relacion lastimosa y tragica por lo comun, de los trabajos que
padecian los cautivos cristianos en poder de los infieles, en cuya
pintura entran tambien las reprobadas costumbres de unos y de otros,
cuyos sucesos son tanto mas creibles en la pluma del autor, quanto que
por él pasaron muchos de ellos; y asi se introduce en ella à sí mismo,
como historiador verdadero. Por esto refiere con tanta puntualidad las
varias calamidades de los cautivos: la venta de ellos en el zoco ò
plaza de Argel: el peligro y facilidad con que renegaban los
muchachos: los intentos y aventurados arbitrios que discurrian los
cautivos para huir: los inclementes castigos con que por esto los
atormentaban los moros: el martirio que padeció en Argel Frey Miguel
de Aranda, caballero Valenciano, de la Orden de Montesa, en venganza
de haber quemado vivo la Inquisicion de Valencia à un morisco, que
pasandose à Berberia, profesó abiertamente el mahometismo, y dandose
despues al corso, cayó en manos de aquel Tribunal: cuyo suceso refiere
largamente el Padre Ahedo en su Historia de Argel. Tampoco omite las
deshonestas aficiones con que las moras se inclinaban à los cautivos,
y los moros à las cautivas, valiendose de hechicerías y encantos, con
el vano intento de atraer y fixar las voluntades humanas: cosa
freqüente entre ellos, como dice el mismo Ahedo: cuyos amores se
complicaban con otros que los mismos cautivos se tenian. Asi Cervantes
cuenta los de Aurelio y Silvia, cautivos enamorados, y presos por Mami
Arnaut en la galera nueva de Malta llamada San Pablo, de cuya pérdida
hace mencion el citado Ahedo, atribuyendo esta y otras desgracias à
que las galeras de España eran muy pesadas, cuyo peso se aumentaba con
el demasiado carguío de mercancias, sin ayudarle en un apuro nuestra
gente, por tener a caso de menos valer echar mano al remo: todo lo
qual sucedia al contrario en los moros, que usaban de embarcaciones
mas veleras. Compraron estos esclavos Izuf y Zara, dos moros
principales. Enamorase Zara de su cautivo Aurelio, y para inclinarle
se vale de la hechicera Fátima, y no contenta con esto, hace tercera
de su amor à Silvia. Izuf por su parte se aficiona à Silvia, y para
rendirla se vale de los oficios de Aurelio. Aunque en esta comedia no
se advierte una accion principal à que estén subordinados los demas
incidentes, si algun episodio puede ocupar el lugar de ella, es esta
complicación de afectos de amos y de esclavos: cuyo desenlace consiste
en conceder el Rey Azan à Aurelio y Silvia, libertad para que vuelvan
à España à solicitar dos mil ducados en que se rescataron, fiando de
su palabra y buena fe el cumplimiento de esta condicion. Y el fin de
toda la comedia es avistarse en el puerto de Argel el navio que traia
la limosna de la Redencion, en que venia el Padre Fray Juan Gil, cuyo
suceso fue tambien verdadero, pues este Religioso fue el que rescató à
Cervantes. Tampoco se observan las unidades de tiempo ni de lugar.
Pedro Alvarez y otro con-cautivo caminan noches y dias, huidos de sus
amos; y perdiendo el camino Alvarez, se aparece un leon que se le
enseña: cuyo extraordinario suceso atribuye à la intercesion de
nuestra Señora de Montserrate. Introduce tambien figuras morales. La
Necesidad y la Ocasion acosan à Aurelio para que condescienda con las
importunas instancias de Zara. Asi tambien en la Numancia introduce à
la España en forma de doncella, coronada de torres, informando del
sitio que la tenia puesto Scipion; y considerando que solo por la
parte por donde bañaba el rio la ciudad cercada, podia recibir
socorro, le hace una dolorosa súplica para que se le preste: y en
efecto, sale al teatro el Duero con tres muchachos que representan à
tres riachuelos que desaguan en él, y despues de una larga arenga en
que profetiza que los Godos en adelante, Atila, y el Duque de Alba D.
Fernando Alvarez de Toledo harían guerra á Roma, la desaucia de todo
remedio, y se sumerge en sus propias aguas. Facil hubiera sido y mas
natural poner estos discursos en boca de las personas. Pero esta
invencion fue tan del gusto de Cervantes, que se precia de haber sido
el primero que introduxo en el teatro las figuras morales con general
aplauso: si bien muchos años antes las vemos introducidas en la
comedia de la Duquesa de la Rosa impresa por Juan de Timoneda el año
de 1560. por Alonso de Vega, poeta y representante, como lo fue por
aquellos tiempos Lope de Rueda.
Por los años de 1598. compuso Lope de Vega una comedia intitulada: Los
Cautivos de Argel, cuyo argumento es el mismo que el del Trato de
Argel: y con efecto introduce en ella un cautivo llamado Saavedra, en
cuya introduccion tubo sin duda presente à Cervantes. A lo menos
supone sucedidos en el tiempo de su cautiverio los casos que refiere,
que casi son identicos con los que se leen en el Trato de Argel: como
son el martirio del Caballero de Montesa, las costumbres del Rey Azan,
la complicacion de los amores de amos y cautivos, que es lo que se
puede llamar la accion de la comedia. El desenlace es tambien casi
identico, y se reduce à que Azan concede libertad à los dos amantes
cautivos, que en Lope se llaman Leonardo y Marcela, con la misma
condicion, que vueltos à España adquieran el precio de su rescate, y
se lo remitan à Soliman su amo. Entre otras impropiedades, tampoco
guarda Lope la unidad de tiempo; porque suponiendo como se ha dicho,
los casos de su comedia sucedidos por los años de 1580. finge que
desde Argel se veian los fuegos del castillo de Denia, donde con
varios regocijos celebró D. Francisco de Sandoval y Roxas, Duque
despues de Lerma, el casamiento de Felipe III. con la Reyna Doña
Margarita, contraido el mencionado año de 1598. Esta conformidad de
casos, de escenas, y aun de expresiones con el Trato de Argel, que se
hallan en los Cautivos de Lope, prueba que éste tubo presente alguna
copia de aquella comedia, que disfrutó plenamente; aunque siempre se
echa de ver aquella facilidad, viveza y discrecion de Lope de Vega.
Pero volvamos à Cervantes. El qual pensando muchos años despues que
compuso el Trato de Argel, que todavia parecian bien sus versos,
compuso otras ocho comedias; y viendo que ni los farsantes se las
pedian, ni otros las apreciaban, se las vendió al librero Juan de
Villarroel, que las imprimió el año de 1615. Hallase entre ellas una
intitulada: Los Baños de Argel, que casi es idéntica, con la del Trato
de Argel. Conserva en ella principalmente la complicacion de amores de
amos y cautivos, aunque varía los nombres; porque estas aficiones
ilicitas y contrapuestas de amos y esclavos hicieron tal impresion en
Cervantes, que no solo las conserva en esta comedia renovada, sino que
las repite en la Novela del Amante Liberal. Introduce de nuevo el amor
de una hija de Agi Morato, moro rico de Argel, llamada Zara, que
enamorada de D. Lope, uno de los cautivos del Baño, se comunicaba con
él por medio de billetes que colgaba de una caña, con cuyo artificio
le proveyó tambien de dineros. El desenlace ò desenredo es igualmente
la libertad de los cautivos solicitada por el mismo D. Lope, que
viniendo rescatado à España, vuelve à Argel con una barca, donde trae
à todos los compañeros que caben en ella, y à Zara especialmente, con
quien recibido el bautismo, se casa: suceso que no solo dice Cervantes
fue verdadero, sino que le renovó en D. Quixote. Si en el Trato de
Argel se notan impropiedades, no menos se observan en los Baños de
Argel. Una de las mas extraordinarias de ésta es fingir que los moros
vieron una armada de mas de trescientas galeras, representada en las
nubes heridas por los rayos del sol, y oyeron los tiros, y vieron los
fuegos: y pensando los Genizaros que la enviaba Felipe II. para
conquistar aquella republica de piratas, se enfurecieron de tal modo,
que para tener menos enemigos, hirieron à mas de veinte cautivos, y
quitaron la vida à mas de treinta. Un erudito Anonimo reimprimió el
año de 1749. estas ocho comedias, acompañandolas con un dilatado
prologo en que intenta probar que las compuso su autor con el fin de
ridiculizar las de su tiempo, que tanto solian pecar contra las reglas
del arte; asi como escribió la Novela de D. Quixote con el de
ridiculizar los libros de caballerias. Ultimamente el célebre Abate D.
Xavier Lampillas pretende disculpar à Cervantes por un nuevo y
singular camino. Dice que estas ocho comedias no son suyas; -sino que
la malicia de los impresores publicó con su nombre y prologo aquellas
extravagantes comedias, correspondientes al pervertido gusto del
vulgo, suprimiendo las que verdaderamente eran de él, ò
transformandolas en un todo-. Pero como los defectos de la del Trato
de Argel, que Cervantes reconoce por suya, y de la qual dice se recitó
con general aplauso, certifican de las irregularidades de las que
despues él mismo dió à la estampa, se infiere que Cervantes no compuso
sus comedias con el fin que le supone el mencionado Anonimo, que
quiere hallar en ellas mas ingenio y artificio que el que tienen; y
que por consiguiente no es admisible el arbitrio que escogitó el Abate
Lampillas, aunque nacido de buen zelo por conservar la fama del autor
de D. Quixote. Lo primero, porque él mismo se declara autor de ellas
en la dedicatoria al Conde de Lemos, y en el prologo: y el estilo y
discurso de ambas composiciones no permite sospechar que sean de otra
pluma: lo segundo, porque no es creible que ninguno tubiese el
atrevimiento de prohijar al verdadero autor à vista suya, unas obras
agenas en lugar de las suyas propias; y quando asi hubiese sucedido,
parece imposible que no se hubiese vindicado de semejante supercheria,
habiendo sobrevivido à la publicacion mas de un año. Antes se infiere
y se comprueba con estas comedias la doctrina del Doctor Juan Huarte
alegada por el ingenioso P. Vicente de los Rios en la Vida de Miguel
de Cervantes Saavedra: que para la aplicacion de los ingenios se debe
examinar, no solo la ciencia que se adequa mas à cada uno, sino
tambien si se acomoda mejor à la teorica que à la practica de aquella
ciencia: porque estas requieren por lo comun, diferente indole de
ingenio. En Cervantes, prosigue Rios, se verificó plenamente esta
observacion. Nunca acertó à componer comedias, y poseia perfectamente
su teorica, como lo acreditan muchos lugares de sus obras, y
especialmente el Coloquio entre el Cura y el Canonigo de Toledo, que
inserta en la primera parte de D. Quixote. Por los defectos expuestos
del Trato de Argel, se puede hacer algún juicio de la Numancia, aunque
es algo mas regular.
[Illustration]
INTERLOCUTORES.
CIPION.
JUGURTA.
GAYO MARIO.
DOS EMBAXADORES DE NUMANCIA.
SOLDADOS ROMANOS.
QUINTO FABIO.
MAXIMO: -hermano de Cipion-.
[Illustration:-Mar de la Cruz la invidib. J.J. Fabregat la grave.-]
JORNADA I.
SCENA I.
-Salen- CIPION -y- JUGURTA.
CIPION.
Esta dificil y pesada carga
Que el senado Romano me ha encargado,
Tanto me aprieta, me fatiga y carga,
Que ya sale de quicio mi cuidado:
Guerra de curso tan estraño y larga,
Y que tantos Romanos ha costado,
Quién no estará suspenso al acabarla,
O quién no temerá de renovarla?
JUGURTA.
Quién, Cipion? quien tiene la ventura
Y el valor nunca visto, que en tí encierras,
Pues con ello y con él está segura
La victoria y el triunfo destas guerras.
CIPION.
El esfuerzo regido con cordura
Allana al suelo las mas altas sierras,
Y la fuerza feroz de loca mano
Aspero vuelve lo que está mas llano:
Mas no hay que reprimir á lo que veo.
La furia del exercito presente,
Que olvidado de gloria y de trofeo
Yace embebido en la lascivia ardiente:
Esto solo pretendo, esto deseo
Volver á nuevo trato á nuestra gente,
Que enmendado primero el que es amigo,
Sujetaré mas presto al enemigo.
Mario?
-Sale- GAYO MARIO.
GAYO MARIO.
Señor?
CIPION.
Haz que á noticia venga
De todo nuestro exercito en un punto,
Que sin que estorbo alguno le detenga
Parezca en este sitio todo junto,
Porque una breve platica ó arenga
Les quiero hacer.
GAYO MARIO.
Harelo en este punto.
CIPION.
Camina, porque es bien que sepan todos
Mis nuevas trazas y sus viejos modos.
-Vase- GAYO MARIO.
JUGURTA.
Séte decir, señor, que no hay soldado
Que no te tema juntamente y te ame;
Y porque ese valor tuyo estremado
De Antartico á Calisto se derrame,
Cada qual con feroz animo osado,
Quando la trompa á la ocasión le llame,
Piensa de hacer en tu servicio cosas
Que pasen las hazañas fabulosas.
CIPION.
Primero es menester que se refrene
El vicio que entre todos se derrama,
Que si este no se quita, en nada tiene
Con ellos que hacer la buena fama:
Si este daño común no se previene,
Y se dexa arraigar su ardiente llama,
El vicio solo puede hacernos guerra
Mas que los enemigos desta tierra.
-Dentro se echa este vando, haviendo primero tocado á recoger el
atambor-.
Manda nuestro General
Que se recojan armados
Luego todos los soldados
En la plaza principal,
Y que ninguno no quede
De parecer á esta vista,
So pena que de la lista
Al punto borrado quede.
JUGURTA.
No dudo yo, señor, sino que importa
Regir con duro freno la milicia,
Y que se dé al soldado rienda corta
Quando él se precipita en la injusticia:
La fuerza del exercito se acorta
Quando va sin arrimo de justicia,
Aunque mas le acompañen á montones
Mil pintadas vanderas y esquadrones.
-A este punto han de entrar los mas soldados que pudieren, y- GAYO
MARIO, -armados á la antigua, sin arcabuces, y- CIPION -se sube sobre
una peñuela que está en el tablado, y mirando á los soldados, dice:-
CIPION.
En el fiero ademan, en los lozanos
Marciales aderezos y vistosos
Bien os conozco, amigos, por Romanos;
Romanos digo, fuertes y animosos;
Mas en las blancas delicadas manos
Y en las teces de rostros tan lustrosos
Allá en Bretaña pareceis criados,
Y de padres Flamencos engendrados.
El general descuido vuestro, amigos,
El no mirar por lo que tanto os toca,
Levanta los caidos enemigos,
Y vuestro esfuezo y opinion apoca.
Desta ciudad los muros son testigos
Que aun hoy están qual bien fundada roca,
De vuestras perezosas fuerzas vanas,
Que solo el nombre tienen de Romanas.
Pareceos, hijos, que es gentil hazaña
Que tiemble del Romano nombre el mundo,
Y que vosotros solos en España
Le aniquileis y echeis en el profundo?
Qué floxedad es esta tan estraña?
Qué floxedad? si mal yo no me fundo,
Es floxedad nacida de pereza,
Enemiga mortal de fortaleza.
La blanda Venus con el duro Marte
Jamas hacen durable ayuntamiento:
Ella regalos sigue, él sigue el arte
Que incita á daños, y á furor sangriento:
La Cipria diosa estese agora á parte,
Dexe su hijo nuestro aloxamiento:
Que mal se aloxa en las marciales tiendas
Quien gusta de banquetes y meriendas.
Pensais que solo atierra la muralla
El ariete de ferrada punta,
Y que solo atropella la batalla
La multitud de gente y armas junta?
Si el esfuerzo y cordura no se halla
Que todo lo previene y lo barrunta,
Poco aprovechan muchos esquadrones,
Y menos infinitas municiones.
Si á militar concierto se reduce
Qualquier pequeño exercito que sea,
Vereis que como sol claro reluce,
Y alcanza las victorias que desea:
Pero si á floxedad él se conduce,
Aunque abreviado el mundo en él se vea,
En un momento quedará deshecho
Por mas reglada mano y fuerte pecho.
Averguenceos, varones esforzados,
Ver que á nuestro pesar con arrogancia
Tan pocos Españoles y encerrados
Defiendan este nido de Numancia.
Diez y seis años son y mas pasados,
Que mantienen la guerra y la jactancia
De haver vencido con feroces manos
Millares de millares de Romanos.
Vosotros os venceis, que estais vencidos
Del baxo antojo femenil liviano,
Con Venus y con Baco entretenidos,
Sin que á las armas estendais la mano.
Correos agora, sino estais corridos,
De ver que este pequeño pueblo Hispano
Contra el poder Romano se defienda,
Y quando mas rendido, mas ofenda.
De nuestro campo quiero en todo caso
Que salgan las infames meretrices,
Que de ser reducidos á este paso
Ellas solas han sido las raices.
Para beber no quede mas de un vaso,
Y los lechos un tiempo ya felices,
Llenos de concubinas, se deshagan,
Y de fagina y en el suelo se hagan.
No me huela el soldado á otros olores,
Que al olor de la pez y de resina,
Ni por gulosidad de los sabores
Traiga aparato alguno de cocina,
Que el que busca en la guerra estos primores,
Muy mal podrá sufrir la corazina:
No quiero otro primor ni otra fragrancia
En tanto que Español viva en Numancia.
No os parezca, varones, escabroso
Ni duro este mi justo mandamiento,
Que al fin conocereis ser provechoso,
Quando aquel consigais de vuestro intento.
Bien sé se os ha de hacer dificultoso
Dar á vuestras costumbres nuevo asiento;
Mas sino las mudais, estará firme
La guerra, que esta afrenta mas confirme.
En blandas camas, entre juego y vino
Hallase mal el trabajoso Marte;
Otro aparejo busca, otro camino,
Otros brazos levantan su estandarte;
Cada qual se fabrica su destino;
No tiene aqui fortuna alguna parte;
La pereza fortuna baxa cria,
La diligencia imperio y monarquia.
Estoy con todo esto tan seguro
De que al fin mostrareis que sois Romanos,
Que tengo en nada el defendido muro
Destos rebeldes barbaros Hispanos,
Y asi os prometo por mi diestra y juro
Que si igualais al animo las manos,
Que las mias se alarguen en pagaros,
Y mi lengua tambien en alabaros.
-Miranse los soldados unos à otros, y hacen señas à uno de ellos-,
GAYO MARIO, -que responda por todos, y asi dice:-
GAYO MARIO.
Si con atentos ojos has mirado,
Inclito General, en los semblantes
Que á tus breves razones han mostrado
Los que tienes agora circunstantes,
Qual havreis visto sin color, turbado,
Y qual con ella, indicios bien bastantes
De que el temor y la verguenza á una
Los aflixe, molesta, é importuna:
Verguenza de mirarse reducidos
A terminos tan baxos por su culpa,
Que viendo ser por tí reprehendidos
No saben á su falta hallar disculpa:
Temor de tantos yerros cometidos;
Y la torpe pereza que los culpa,
Los tiene de tal modo, que se holgaran
Antes morir que en esto se hallaran.
Pero el lugar y tiempo que les queda
Para mostrar alguna recompensa,
Es causa que con menos fuerza pueda
Fatigar el rigor de tal ofensa:
De hoy mas con presta voluntad y leda
El mas minimo de estos cuida y piensa
De ofrecer sin reves á tu servicio
La hacienda, vida y honra en sacrificio.
Admite pues de sus intentos sanos
El justo ofrecimiento, señor mio,
Y considera alfin que son Romanos,
En quien nunca faltó del todo el brio.
Vosotros, levantad las diestras manos
En señas que aprobais el voto mio.
SOLDADOS.
Todo lo que aqui has dicho confirmamos,
Y lo juramos.
TODOS.
Sí juramos.
CIPION.
Pues arrimada á tal ofrecimiento
Crecerá desde hoy mas mi confianza,
Creciendo en vuestros pechos ardimiento,
Y del viejo vivir nueva mudanza;
Vuestras promesas no se lleve el viento,
Hacedlas verdaderas con la lanza,
Que las mias saldran tan verdaderas
Quanto fuere el valor de vuestras veras.
SOLDADO.
Dos Numantinos con seguro vienen
A darte, Cipion, una embaxada.
CIPION.
Porqué no llegan ya? en qué se detienen?
SOLDADO.
Esperan que licencia les sea dada.
CIPION.
Si son embaxadores, ya la tienen.
SOLDADO.
Embaxadores son.
CIPION.
Dales entrada,
Que aunque descubra cierto ó falso pecho
El enemigo, siempre es de provecho.
Jamas la falsedad vino cubierta
Tanto con la verdad, que no mostrase
Algun pequeño indicio, alguna puerta
Por donde su maldad se investigase:
Oir al enemigo es cosa cierta
Que siempre aprovechó, antes que dañase,
Y en las cosas de guerra la experiencia
Muestra que lo que digo, es cierta ciencia.
-Entran dos Embaxadores Numantinos-, PRIMERO -y- SEGUNDO.
PRIMERO.
Si nos das, buen señor, grata licencia
De decir la embaxada que traemos,
Do estamos, ó ante sola tu presencia,
Todo á lo que venimos te diremos.
CIPION.
Decid, que á donde quiera doy audiencia.
PRIMERO.
Pues con ese seguro que tenemos,
De tu real grandeza concedido,
Dare principio á lo que soy venido.
Numancia, de quien yo soy ciudadano,
Inclito General, á tí me envia
Como al mas fuerte Cipion Romano,
Que ha cubierto la noche, ó visto el dia,
A pedirte, señor, la amiga mano
En señal de que cesa la porfia
Tan trabada y cruel de tantos años,
Que ha causado sus propios y tus daños.
Dice que nunca de la ley y fueros
Del Romano senado se apartára,
Si el insufrible mando y desafueros
De un consul y otro no la fatigára:
Ellos con duros estatutos fieros
Y con su estrecha condicion avara
Pusieron tan gran yugo á nuestros cuellos,
Que forzados salimos dél y de ellos,
Y en todo el largo tiempo que ha durado
Entre ambas partes la contienda, es cierto
Que ningun General hemos hallado
Con quien poder tratar de algun concierto.
Empero agora, que ha querido el hado
Reducir nuestra nave á tan buen puerto,
Las velas de la guerra recojemos,
Y á qualquiera partido nos ponemos.
Y no imagines que temor nos lleva
A pedirte las paces con instancia,
Pues la larga experiencia ha dado prueba
Del poder valeroso de Numancia:
Tu virtud y valor es quien nos ceba,
Y nos declara que será ganancia
Mayor de quantas desear podremos
Si por señor y amigo te tenemos.
A esto ha sido la venida nuestra:
Respondenos, señor, lo que te place.
CIPION.
Tarde de arrepentidos dais la muestra,
Poco vuestra amistad me satisface,
De nuevo ejercitad la fuerte diestra,
Que quiero ver lo que la mia hace,
Ya que ha puesto en ella la ventura
La gloria mia, y vuestra desventura:
A desverguenza de tan largos años
Es poca recompensa pedir paces:
Seguid la guerra, renovad los daños,
Salgan de nuevo las valientes haces.
EMBAXADOR SEGUNDO.
La falsa confianza mil engaños
Consigo trae: advierte lo que haces,
Señor, que esa arrogancia que nos muestras,
Renovará el valor en nuestras diestras;
Y pues niegas la paz, que con buen zelo
Te ha sido por nosotros demandada,
De hoy mas la causa nuestra con el cielo
Quedará por mejor calificada,
Y antes que pises de Numancia el suelo,
Probarás do se estiende la indignada
Furia de aquel que siendote enemigo,
Quiere serte vasallo y fiel amigo.
CIPION.
Teneis mas que decir?
PRIMERO.
No: mas tenemos
Que hacer, pues tu, señor, ansi lo quieres,
Sin querer la amistad que te ofrecemos,
Correspondiendo mal á ser quien eres.
Pero entonces verás lo que podemos,
Quando nos muestres tu lo que pudieres:
Que es una cosa razonar de paces,
Y otra romper por las armadas haces.
CIPION.
Verdad dices, y ansi para mostraros
Si sé tratar en paz, y obrar en guerra,
No quiero por amigos aceptaros,
Ni lo seré jamas de vuestra tierra,
Y con esto podeis luego tornaros.
SEGUNDO.
Que en esto tu querer, señor, se encierra?
CIPION.
Ya he dicho que sí.
SEGUNDO.
Pues sús al hecho:
Que guerras ama el Numantino pecho.
-Salense los Embaxadores y- QUINTO FABIO, -hermano de- CIPION -dice-.
El descuido pasado nuestro ha sido
El que os hace hablar de aquesa suerte;
Mas ya ha llegado el tiempo, ya es venido,
Do vereis nuestra gloria y vuestra muerte:
CIPION.
El vano blasonar no es admitido
De pecho valeroso, honrado y fuerte,
Templa las amenazas, Fabio, y calla,
Y tu valor descubre en la batalla,
Aunque yo pienso hacer que el Numantino
Nunca á las manos con nosotros venga
Buscando de vencerle tal camino,
Que mas á mi provecho le convenga:
Yo haré que abaxe el brio y pierda el tino,
Y que en sí mesmo su furor detenga.
Pienso de un hondo foso rodeallos,
Y por hambre insufrible subjetallos:
No quiero ya que sangre de Romanos
Colore mas el suelo desta tierra:
Basta la que han vertido estos Hispanos
En tan larga, reñida, y cruda guerra:
Exercitense agora vuestras manos
En romper y cabar la dura tierra,
Y cubranse de polvo los amigos
Que no lo estan de sangre de enemigos:
No quede de este oficio reservado
Ninguno que le tenga preminente:
Trabaje el decurion como el soldado,
Y no se muestre en esto diferente:
Yo mismo tomare el hierro pesado,
Y romperé la tierra facilmente.
Haced todos qual yo, y vereis que hago
Tal obra con que á todos satisfago.
QUINTO FABIO.
Valeroso señor y hermano mio,
Bien nos muestras en esto tu cordura,
Pues fuera conocido desvario
Y temeraria muestra de locura,
Pelear contra el loco airado brio
Destos desesperados sin ventura:
Mejor será encerrallos, como dices,
Y quitarles al brio las raices.
Bien puede la ciudad toda cercarse,
Sino es la parte por do el rio la baña.
CIPION.
Vamos, y venga luego á efectuarse
Esta mi nueva poco usada hazaña,
Y si en nuestro favor quiere mostrarse
El cielo, quedará subjeta España
Al senado Romano solamente
Con vencer la soberbia de esta gente.
SCENA II.
-Sale una doncella coronada con unas torres y trae un castillo en la
mano, la qual significa- ESPAÑA, -y dice:-
ESPAÑA.
Alto, sereno, y espacioso cielo,
Que con tus influencias enriqueces
La parte que es mayor desde mi suelo,
Y sobre muchos otros le engrandeces,
Muevate á compasion mi amargo duelo,
Y pues al afligido favoreces,
Favoreceme á mí en ansia tamaña,
Que soy la sola desdichada España.
Bastete ya que un tiempo me tuviste
Todos mis fuertes miembros abrasados,
Y al sol por mis entrañas descubriste
El reyno escuro de los condenados:
A mil tiranos, mil riquezas diste,
A Fenices y Griegos entregados
Mis reynos fueron, porque tu has querido,
O porque mi maldad lo ha merecido.
Será posible que contino sea
Esclava de naciones estrangeras,
Y que un pequeño tiempo yo no vea
De libertad, tendidas mis banderas?
Con justisimo titulo se emplea
En mí el rigor de tantas penas fieras,
Pues mis famosos hijos y valientes
Andan entre sí mesmos diferentes.
Jamas en su provecho concertaron
Los divididos animos briosos,
Antes entonces mas los apartaron
Quando se vieron mas menesterosos;
Y ansi con sus discordias convidaron
Los barbaros de pechos codiciosos
A venir y entregarse en mis riquezas,
Usando en mí y en ellos mil cruezas.
Sola Numancia es la que sola ha sido
Quien la luciente espada sacó fuera,
Y á costa de su sangre ha mantenido
La amada libertad suya primera:
Mas ay! que veo el termino cumplido,
Y llegada la hora postrimera
Do acabará su vida y no su fama,
Qual Fenix renovandose en la llama!
Estos tan muchos timidos Romanos,
Que buscan de vencer cien mil caminos,
Rehuyen de venir mas á las manos
Con los pocos valientes Numantinos.
O si saliesen sus intentos vanos,
Y fuesen sus quimeras desatinos,
Y esta pequeña tierra de Numancia,
Sacase de su perdida ganancia!
Mas ay! que el enemigo la ha cercado
No solo con las armas contrapuestas
Al flaco muro suyo, mas ha obrado
Con diligencia estraña y manos prestas,
Que un foso por la margen trincheado
Rodea la ciudad por llano y cuestas;
Sola la parte por do el rio se estiende,
De este ardid nunca visto se defiende.
Ansi estan encogidos y encerrados
Los tristes Numantinos en sus muros;
Ni ellos pueden salir ni ser entrados,
Y estan de los asaltos bien seguros;
Pero en solo mirar que están privados
De exercitar sus fuertes brazos duros,
Con horrendos acentos y feroces
La guerra piden ó la muerte á voces.
Y pues sola la parte por do corre
Y toca á la ciudad el ancho Duero,
Es aquella que ayuda y que socorre
En algo al Numantino prisionero,
Antes que alguna maquina ó gran torre
En sus aguas se funde, rogar quiero
Al caudaloso conocido rio,
En lo que puede ayude el pueblo mio.
Duero gentil, que con torcidas vueltas
Humedeces gran parte de mi seno,
Ansi en tus aguas siempre veas envueltas
Arenas de oro qual el Tajo ameno,
Y ansi las ninfas fugitivas sueltas,
De que está el verde prado y bosque lleno,
Vengan humildes á tus aguas claras,
Y en prestarte favor no sean avaras,
Que prestes á mis asperos lamentos
Atento oido, ó que á escucharlos vengas,
Y aunque dexes un rato tus contentos,
Suplicote que en nada te detengas:
Si tú con tus continos crecimientos
Destos fieros Romanos no me vengas,
Cerrado veo ya qualquier camino
A la salud del pueblo Numantino.
-Sale el- RIO DUERO -con otros muchachos vestidos de rio como él, que
son tres riachuelos que entran en- DUERO.
DUERO.
Madre y querida España, rato havia
Que hirieron mis oidos tus querellas,
Y si en salir acá me detenia
Fue por no poder dar remedio á ellas.
El fatal, miserable, y triste dia
Segun el disponer de las estrellas
Se llega de Numancia, y cierto temo
Que no hay dar medio á su dolor extremo.
Con Orvion, Minuesa, y tambien Tera
Cuyas aguas las mias acrecientan,
He llenado mi seno en tal manera,
Que los usados margenes rebientan;
Mas sin temor de mi veloz carrera,
Qual si fuera un arroyo, veo que intentan
De hacer lo que tú, España, nunca veas,
Sobre mis aguas, torres y trincheas.
Mas ya que el revolver del duro hado
Tenga el ultimo fin estatuido
Deste tu pueblo Numantino amado,
Pues á terminos tales ha venido,
Un consuelo le queda en este estado,
Que no podran las sombras del olvido
Escurecer el sol de sus hazañas,
En toda edad temidas por estrañas.
Y puesto que el feroz Romano tiende
El paso agora por tu fertil suelo,
Y que te oprime aqui, y alli te ofende
Con arrogante y ambicioso zelo,
Tiempo vendrá, segun que ansi lo entiende
El saber que á Proteo ha dado el cielo,
Que esos Romanos sean oprimidos
Por los que agora tienen abatidos.
De remotas naciones venir veo
Gentes que habitarán tu dulce seno
Despues que como quiere tu deseo
Havrán á los Romanos puesto freno:
Godos serán, que con vistoso arreo,
Dexando de su fama el mundo lleno,
Vendrán á recogerse en tus entrañas,
Dando de nuevo vida á sus hazañas.
Estas injurias vengará la mano
Del fiero Atila en tiempos venideros,
Poniendo al pueblo tan feroz Romano
Sujeto á obedecer todos sus fueros,
Y portillos abriendo en Vaticano:
Tus bravos hijos, y otros estrangeros
Harán que para huir vuelva la planta
El gran Piloto de la nave santa.
Y tambien vendrá tiempo en que se mire
Estar blandiendo el Español cuchillo
Sobre el cuello Romano, y que respire
Solo por la bondad de su caudillo
El grande Albano: hará que se retire
El Español exercito; sencillo
No de valor, sino de poca gente,
Que iguala al mayor numero en valiente.
Y quando fuere ya mas conocido
El propio hacedor de tierra y cielo,
Aquel que ha de quedar estatuido
Por visorrey de Dios en todo el suelo,
A tus Reyes dará tal apellido,
Qual viere que mas quadra con su zelo:
Catolicos serán llamados todos,
Succesion digna de los fuertes Godos.
Pero el que mas levantará la mano
En honra tuya y general contento,
Haciendo que el valor del nombre Hispano
Tenga entre todos el mejor asiento,
Un Rey será, de cuyo intento sano
Grandes cosas me muestra el pensamiento:
Será llamado, siendo suyo el mundo,
El Segundo Filipo sin segundo.
Debaxo deste imperio tan dichoso
Serán á una corona reducidos
Por bien universal y tu reposo
Tres reynos hasta entonces divididos:
El giron Lusitano tan famoso
Que un tiempo se cortó de los vestidos
De la ilustre Castilla, ha de zurcirse
De nuevo, y á su estado antiguo unirse.
Qué invidia, y qué temor, España amada,
Te tendrán las naciones estrangeras,
En quien tu teñirás tu aguda espada,
Y tenderás triunfando tus banderas!
Sirvate esto de alivio en la pesada
Ocasion, por quien lloras tan de veras,
Pues no puede faltar lo que ordenado
Ya tiene de Numancia el duro hado.
ESPAÑA.
Tus razones alivio han dado en parte,
Famoso Duero, á las pasiones mias,
Solo porque imagino que no hay parte
De engaño alguno en estas profecias.
DUERO.
Bien puedes de eso, España, asegurarte,
Puesto que tarden tan dichosos dias,
Y á Dios, porque me esperan ya mis Ninfas.
ESPAÑA.
El cielo aumente tus sabrosas linfas.
JORNADA II.
SCENA I.
INTERLOCUTORES
TEOGENES, -y- CORABINO, -con otros quatro
Numantinos, Gobernadores de Numancia,
y- MARQUINO, -hechicero, y un- CUERPO
MUERTO, -que saldrá á su tiempo. Sientanse
á consejo, y los quatro Numantinos
que no tienen nombres, se señalan asi-:
PRIMERO, SEGUNDO, TERCERO, QUARTO.
TEOGENES.
Pareceme, varones esforzados,
Que en nuestros daños con rigor influyen
Los tristes signos y contrarios hados,
Pues nuestra fuerza y maña desminuyen:
Tienennos los Romanos encerrados,
Y con cobardes mañas nos destruyen,
Ni con matar muriendo no hay vengarnos,
Ni podemos sin alas escaparnos.
Y no solo á vencernos se despiertan
Los que havemos vencido veces tantas,
Que tambien Españoles se conciertan
Con ellos á segar nuestras gargantas.
Tan gran maldad los cielos no consientan;
Con rayos hieran las ligeras plantas
Que se mueven en daño del amigo,
Favoreciendo al perfido enemigo.
Mirad si imaginais algún remedio
Para salir de tanta desventura,
Porque este largo y trabajoso asedio
Solo promete presta sepultura.
El ancho foso nos estorva el medio
De probar con las armas la ventura,
Aunque á veces valientes, fuertes brazos,
Rompen mil contrapuestos embarazos.
CORABINO
A Jupiter pluguiera soberano
Que nuestra juventud sola se viera
Con todo el bravo exercito Romano
A donde el brazo rodear pudiera!
Que alli el valor de la Española mano
La mesma muerte poco estorvo fuera
Para dexar de abrir ancho camino
A la salud del pueblo Numantino.
Mas pues en tales terminos nos vemos,
Que estamos como damas encerrados,
Hagamos todo quanto hacer podremos
Para mostrar los animos osados:
A nuestros enemigos convidemos
A singular batalla, que cansados
De este cerco tan largo, ser podría
Quisiesen acabarle por tal via.
Y quando este remedio no suceda
A la justa medida del deseo,
Otro camino de intentar nos queda,
Aunque mas trabajoso á lo que creo:
Este foso y muralla que nos veda
El paso al enemigo que alli veo,
En un tropel de noche le rompamos
Y por ayuda á los amigos vamos.
NUMANTINO PRIMERO.
O sea por el foso ó por la muerte
De abrir tenemos paso á nuestra vida;
Que es dolor insufrible el de la muerte,
Si llega quando mas vive la vida;
Remedio á las miserias es la muerte,
Si se acrecientan ellas con la vida,
Y suele tanto mas ser excelente,
Quanto se muere mas honradamente.
SEGUNDO.
Con qué mas honra pueden apartarse
De nuestros cuerpos estas almas nuestras
Que en las Romanas armas arrojarse
Y en su daño mover las fuertes diestras?
En la ciudad podrá muy bien quedarse
Quien gusta de cobarde dar las muestras,
Que yo mi gusto pongo en quedar muerto
En el cerrado foso ó campo abierto.
TERCERO.
Esta insufrible hambre macilenta
Que tanto nos persigue y nos rodea,
Hacen que en vuestro parecer consienta,
Puesto que temerario y duro sea,
Muriendo, escusaremos tanta afrenta;
Mas quien morir de hambre no desea,
Arrojese conmigo al foso, y haga
Camino á su remedio con la daga.
QUARTO.
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