Manfredo (Drama en tres actos) Lord Byron MANFREDO, DRAMA EN TRES ACTOS, Por Lord Byron. TRADUCCION CASTELLANA. En el cielo y en la tierra hay mil cosas que vuestros filosofos tampoco dudan. HORACIO. Paris, Libreria Americana, 1830. PERSONAS. UN CAZADOR DE GAMUZAS. EL ABAD DE SAN MAURICIO. MANUEL. HERMAN. LA ENCANTADORA DE LOS ALPES. ARIMAN. NEMESIS. LOS DESTINOS. ESPIRITUS. La escena se representa en medio de los Alpes, unas veces en el castillo de Manfredo y otras en las montanas. MANFREDO, Drama en tres actos. ACTO I, ESCENA PRIMERA. [Manfredo esta solo en la galeria de un antiguo castillo. Es media noche.] MANFREDO. Mi lampara va a apagarse; por mas que quiera reanimar su luz moribunda; no podra durar tanto tiempo como mi desvelo. Si parece que duermo, no es el sueno el que embarga mis sentidos y si el descaecimiento que me causan una multitud de pensamientos que afligen mi alma y a los cuales no me es posible resistir. Mi corazon esta siempre desvelado y mis ojos no se cierran sino para dirigir sus miradas dentro de mi mismo; sin embargo estoy vivo, y segun mi forma y mi aspecto, me parezco a los otros hombres. iAh! iel dolor deberia ser la escuela del sabio! Las penas son una ciencia, y los mas sabios son los que mas deben gemir sobre la fatal verdad. El arbol de la ciencia no es el arbol de la vida. Filosofia, conocimientos humanos, secretos maravillosos, sabiduria mundana, todo lo he ensayado y mi espiritu puede abrazarlo todo, todo puedo someterlo a mi genio: iinutiles estudios! He sido generoso y bienhechor, he encontrado la virtud aun entre los hombres ... ivana satisfaccion! He tenido enemigos; ninguno ha podido danarme y varios han caido delante de mi: iinutiles triunfos! El bien, el mal, la vida, el poder, las pasiones, todo lo que veo en los demas ha sido para mi como la lluvia sobre la arida arena. Despues de aquella hora maldita... No conozco el terror, estoy condenado a no esperimentar nunca el temor natural, ni los latidos de un corazon que hacen palpitar el deseo, la esperanza o el amor de alguna cosa terrestre... Pongamos en practica mis operaciones magicas. Seres misteriosos, espiritus del vasto universo, o vosotros a quienes he buscado en las tinieblas y en las regiones de la luz; vosotros que volais al rededor del globo y que habitais en las esencias mas sutiles; vosotros a quien las cimas inaccesibles de los montes, las profundidades de la tierra y del Oceano sirven muchas veces de retiro... Yo os llamo en nombre del encanto que me da el derecho de mandaros; idespertaos y apareced! [Un momento de silencio.] iNo vienen todavia! ibien! por la voz de aquel que es el primero entre vosotros; por la senal que os hace temblar a todos; en nombre de aquel que no muere nunca ... despertaos y apareced.... [Un momento de silencio.] Si es asi... Espiritus de la tierra y del aire no eludireis seguramente mis ordenes. Por medio de un poder superior a todos los que acabo de servirme, por un hechizo irresistible nacido en un astro maldito, resto ardiente de un mundo que ya no existe, infierno errante en medio del eterno espacio; por la terrible maldicion que pesa sobre mi alma, por el pensamiento que tengo y que esta a mi rededor, os requiero la obediencia: pareced. [Aparece una estrella en el fondo oscuro de la galeria; es una estrella inmovil, y una voz canta las palabras siguientes:] PRIMER ESPIRITU. Mortal, docil a tus ordenes, vengo de mi palacio situado sobre las nubes, formado de los vapores del crepusculo y que colorea de purpura y de azul el disco del sol poniente. Aunque me este privado el obedecerte, vuelo hacia ti sobre el rayo de una estrella; he oido tus conjuros. Mortal, ique tus deseos se cumplan! LA VOZ DEL SEGUNDO ESPIIRITU. El Monte-Blanco es el monarca de las montanas; esta coronado desde muchos siglos con una diadema de nieve sobre su trono de rocas. Esta revestido con un manto de nubes: los bosques forman su cenidor, tiene un avalange en sus manos como un rayo amenazador; pero espera mis ordenes para dejarlo caer en el valle. La masa fria e inmovil del hielo se va derritiendo todos los dias, pero soy yo quien le dice que precipite su marcha o que detenga sus tempanos. Yo soy el espiritu de estas montanas, podria hacerlas estremecer hasta sus cimientos cavernosos... ?Que es lo que quieres? TERCER ESPIRITU. En las profundidades azuladas de los mares, en donde no hay nada que agite las olas, en donde nunca ha soplado el viento, en los parages que habita la serpiente marina, y en donde la sirena adorna con conchas su verde cabellera, la voz de tu invocacion ha resonado como la tempestad sobre la superficie de las aguas, el eco la ha repetido en mi pacifico palacio de coral. Declara tus deseos al espiritu del Oceano. CUARTO ESPIRITU. En los parages en donde duerme el terremoto sobre una cama de fuego, en los parages en donde hierven los lagos de betun, en las concavidades subterraneas que reciben las raices de estas cordilleras cuyas cumbres ambiciosas se pierden en las nubes, he oido los acentos magicos, y subyugado por su poder, he dejado los lugares en que he nacido para ponerme cerca de ti. Ordena, yo obedecere. QUINTO ESPIRITU. Yo soy quien vuela sobre el aquilon y el que prepara las tormentas. La tempestad que he dejado detras de mi esta todavia ardiendo con los fuegos de los truenos y de los relampagos. Para llegar mas pronto en donde tu te hallas ha atravesado la tierra y los mares en un huracan. Un cefiro favorable hinchaba las velas de una flota que encontre, pero estara sepultada en las olas antes que aparezca la aurora. SESTO ESPiRITU. Mi morada es constantemente la oscuridad de la noche. ?Porque tus conjuros me fuerzan a ver la odiosa claridad? SEPTIMO ESPIRITU. El astro que preside a tu destino estaba dirigido por mi desde antes que la tierra fuese creada. Nunca habia girado un planeta mas hermoso al rededor del sol: su curso era libre y regular, ningun astro mas benefico existia en el espacio. La hora fatal llego: este astro se convirtio en una masa de fuego, en un cometa vago que amenazo al universo girando siempre por su propia fuerza, sin esfera y sin curso; horror brillante de las regiones etereas, monstruo disforme entre las constelaciones del cielo. En cuanto a ti, nacido bajo su influencia; tu, gusano a quien yo obedezco y que desprecio, cediendo a un poder que no te pertenece, y que no te ha sido prestado sino para someterte algun dia al mio, vengo por un momento a reunirme a los espiritus debiles que doblan aqui su rodilla; vengo a hablar a un ser tal como tu. ?Que me quieres pues, criatura de barro? ?que me quieres? LOS SIETE ESPIRITUS. La tierra, el Oceano, el aire, la noche, las montanas, los vientos y el astro de tu destino estan a tus ordenes. Hombre mortal, sus espiritus esperan tus deseos. ?Que quieres de nosotros, hijo de los hombres? ?que quieres? MANFREDO. El olvido. EL PRIMER ESPIRITU. ?El olvido de que? MANFREDO. De lo que esta dentro de mi corazon. Leedlo, vos lo sabeis bien y yo no puedo esplicarlo. EL ESPIRITU. Nosotros no podemos darte sino lo que poseemos. Pidenos vasallos, una corona, el trono del mundo o de uno de sus imperios; pidenos una senal con la cual gobernaras a los elementos que nos obedecen; habla, tu puedes obtenerlo todo. MANFREDO. El olvido; iel olvido de mi mismo! ?No podreis encontrar lo que pido en las regiones secretas que me ofreceis tan liberalmente? EL ESPIRITU. Esto no existe en nuestra esencia, ni en nuestra sabiduria; pero ... tu puedes morir. MANFREDO. ?La muerte me lo concedera? EL ESPIRITU. Nosotros somos inmortales, y no olvidamos nada, somos eternos, y para nosotros lo pasado y lo venidero son como lo presente: ved nuestra respuesta. MANFREDO. Esto es burlarse de mi; pero el poder que os ha conducido a mi presencia os ha puesto bajo mi disposicion. Esclavos, no hay que hacer mofa de las voluntades de vuestro senor. El alma, el espiritu, la chispa celeste, la luz de mi ser, tiene la misma brillantez y la misma penetracion que las vuestras, y no cedera jamas aunque se halle encerrada en una prision de barro. Respondedme, o sino sabreis quien soy. EL ESPIRITU. Nosotros repetiremos las mismas palabras; lo que acabas de decir puede ser tambien nuestra respuesta. MANFREDO. Esplicaos. EL ESPIRITU. Si como tu dices, tu esencia es semejante a la nuestra, te hemos respondido, diciendo que lo que los hombres llaman la muerte no tiene ningun poder sobre nosotros. MANFREDO. Sera pues en vano que os haya invocado en vuestras moradas; vosotros no quereis o no podeis socorrerme. EL ESPIRITU. Habla, te ofrecemos todo lo que poseemos: piensa bien en ello antes de despedirnos y pide. ?Quieres un reino, el poder sobre los hombres, la fuerza, una larga serie de dias? MANFREDO. iMalditos seais! ?que sacare de una larga vida? la mia ya ha durado demasiado; desapareced. EL ESPIRITU. Todavia un momento; mientras que estamos aqui quisieramos serte utiles. Piensa bien en esto; ?no hay algun otro don que pudieramos hallar digno de serte ofrecido? MANFREDO. Ninguno: esperad sin embargo... Un momento antes de separarnos, quisiera veros cara a cara. Oigo vuestras voces, cuya dulzura melancolica se asemeja a las armonias melodiosas en medio de un lago cristalino; veo la inmovil claridad de una grande estrella, pero nada mas. Pareced a mi presencia tales como sois, uno despues de otro o todos juntos, pero en vuestra forma acostumbrada. EL ESPIRITU. Nosotros no tenemos otra forma que la de los elementos de los que somos el alma y el principio; pero designanos la forma que quieras, y sera la que adoptaremos. MANFREDO. Poco importa la forma; no hay ninguna sobre la tierra que sea hermosa o hedionda para mi: que aquel que entre vosotros este dotado de mas poder, tome el aspecto que le convenga. Yo lo espero. [El septimo Espiritu aparece bajo la figura de una hermosa muger.] EL SEPTIMO ESPIRITU. Miradme. MANFREDO. iO cielo! ?sera esto una ilusion? si tu no fueses un sueno o una imagen enganosa iaun podria considerarme dichoso! te estrecharia entre mis brazos y aun podriamos... (-la muger desaparece-). Mi corazon se halla destrozado. [Manfredo cae desmayado, y una voz hace oir el canto que sigue.] Cuando la luna brillara en las regiones aereas, el gusano fosforico en los cespedes, el meteoro al rededor de las sepulturas y una llama rojiza sobre las lagunas; cuando aparecera el relampago repentino de las estrellas que caigan, cuando los buhos haran oir sus tristes conciertos y las hojas permaneceran inmoviles y silenciosas en el bosque que cubre la colina, mi alma pesara sobre la tuya con fuerza y de una manera terrible. Por profundo que sea tu sueno tu espiritu no dormira; hay algunas sombras que nunca se desvaneceran para ti, y algunos pensamientos que nunca podras desterrar de tu corazon. Por un poder que te es desconocido, no podras nunca estar solo: este encanto secreto te envuelve como una mortaja, y es como una nube que te servira de prision. Aunque tu no me veas pasar por tu lado, tus ojos me reconoceran como un objeto que no debe estar lejos, y que estaba cerca de ti habia muy poco. Cuando en este terror secreto volveras la cabeza, quedaras sorprendido de no verme con tu sombra sobre la tierra, y estaras obligado a disimular el poder cuyos efectos esperimentaras. Las palabras magicas pronunciadas sobre tu cabeza han atraido alli una maldicion terrible, y uno de los espiritus aereos te ha hecho caer en el lazo: en el soplido del viento habra una voz que te privara el alegrarte; la noche te negara el silencio de las sombras, y no podras ver brillar el sol sin desear al momento el es del dia. Yo he separado de tus lagrimas perfidas la esencia de un veneno mortal, he escogido la sangre mas negra de tu corazon, he arrancado a tu sonrisa la serpiente que se mantenia escondida en las arrugas de tu rostro, he tomado el hechizo que hacia tus labios tan peligrosos, he comparado todas estas ponzonas a los venenos mas sutiles; los tuyos son aun mas temibles. Por tu corazon de hierro y tu sonrisa de vibora, por tus ardides fatales, por tus miradas enganosas, por tu alma hipocrita, por tus artificios seductores y tu falsa sensibilidad, por el placer que encuentras en el dolor de los otros, por la fraternidad con Cain, vengo a condenarte a que seas tu mismo tu infierno. Derramo sobre tu cabeza el licor magico que te destina a los tormentos que te preparo, el sueno y la muerte estaran sordos a tus deseos y a tus suplicas; veras la muerte a tu lado para desearla y temerla. Pero ya tu decreto se cumple, y una cadena invisible te rodea con sus eslabones; mis palabras magicas producen su efecto: tu cabeza se turba y tu corazon esta proximo a marchitarse. ESCENA II. [El teatro representa el monte Jungfro; el dia da principio. Manfredo esta solo entre las rocas.] MANFREDO. Los espiritus que habia invocado me abandonan, las ciencias magicas que habia estudiado me son inutiles. Busco un remedio a mis males y no he hecho sino agriarlos: ceso de contar con el socorro de los espiritus; lo pasado no es de su resorte, y el porvenir ... hasta tanto que tambien este sepultado en la noche de los tiempos, me causa muy poca inquietud. iO tierra en donde he nacido! aurora radiante, y vosotras altas montanas ? porque sois tan hermosas? Yo no puedo amaros. Y tu, antorcha brillante del universo, que estiendes tu luz sobre toda la naturaleza, y la haces temblar de gozo, tu no puedes lucir en mi helado corazon. Desde esta cima escarpada veo las orillas del torrente, los pinos magestuosos que la distancia los hace semejantes a los humildes arbustos; y cuando un solo movimiento bastaria para hacer pedazos mi cuerpo sobre esta cama de rocas, y para fijarlo en un eterno descanso, ?por que razon estoy dudoso? Siento el deseo de precipitarme al pie de la montana y no me atrevo a ejecutarlo, veo el peligro y no pienso en huirle. Un vertigo se ha apoderado de mi vista, y sin embargo mis pies se mantienen inmoviles y firmes. Un poder secreto me detiene y me condena a vivir a pesar mio, si es vivir el llevar un desierto arido en mi corazon, y el ser yo mismo el sepulcro de mi alma, supuesto que no trato de justicar mis crimenes a mis propios ojos: esta es la ultima desgracia de los malos. [Un aguila pasa sobre Manfredo.] iO tu, reina de los aires, cuyo rapido vuelo te remonta hacia los cielos, que no te dignes caer sobre mi, para hacer presa de mi cadaver, y alimentar con el a tus hijuelos! Ya has atravesado el espacio en que podian seguirte mis ojos; y los tuyos pueden todavia descubrir todos los objetos que estan sobre la tierra y en el aire... iAh! icuantos objetos dignos de admiracion ofrece este mundo visible! icuan grande es en sus causas y en sus efectos! pero nosotros que nos llamamos sus senores, nosotros, criaturas de barro y semidioses al mismo tiempo, incapaces de poder caer a un rango mas inferior, y tambien de elevarnos, escitamos una guerra continua entre los elementos diversos de nuestra doble esencia, respirando a un mismo tiempo la bajeza y el orgullo, estamos indecisos entre nuestras miserables necesidades y nuestros deseos soberbios, hasta el dia en que la muerte triunfa y en que el hombre viene a ser ... lo que no se atreve a confesar a si mismo, ni a sus semejantes. [Un pastor toca la flauta en un parage lejano.] iQue dulce melodia es el sonido natural de la zampona campestre! porque, en estos parages, la vida patriarcal no es ciertamente una fabula de la edad de oro; el aire de la libertad no resuena aqui sino en las armonias de la flauta pastoral, y en el ruido sonoro de los cencerros del ganado que retoza en las colinas. iMi alma esta hechizada con semejantes ecos!... iQue no sea yo el invisible espiritu de un sonido melodioso, de una voz viva, de una armonia animada, qne nace y muere con el soplo que la produce! [Llega un cazador de gamuzas que viene del pie de la montana.] EL CAZADOR. La gamuza ha salvado las rocas, y sus pies agiles la han llevado lejos de mi; apenas mi caza me habra proporcionado en el dia con que hacerme olvidar mis correrias peligrosas... ?Pero que veo? ?Quien es este hombre que parece que no es ninguno de nuestros cazadores, y que no obstante ha sabido recorrer estas alturas escarpadas que nuestros companeros los mas ejercitados son los unicos que pueden practicarlo? Sus vestidos anuncian la riqueza; su aspecto es varonil, y sus ojos son tan arrogantes como los de un labrador que sabe que ha nacido libre. Acerquemonos a el. MANFREDO. [Sin haber visto al cazador.] iEs indispensable el verse encanecer por las penas; semejante a los pinos disecados, restos de los destrozos de un solo invierno, despojados de su corteza y de sus verdes hojas! iEs necesario conservar una vida que no sustenta en mi sino el sentimiento de mi ruina! ies preciso recordarme siempre de los tiempos mas dichosos! iTengo mi rostro lleno de arrugas, no por los anos, pero si por las horas y los momentos mas largos que los siglos! iy todavia puedo vivir! iCumbres coronadas del hielo, avalanges que un soplo puede separar de las montanas, venid a confundirme! He oido muchas veces rodar en los valles vuestras masas destructoras, pero vosotros no aniquilais sino los seres que todavia quisieran vivir, las tiernas plantas de un nuevo bosque, la cabana o la choza del inocente labrador. EL CAZADOR. La niebla empieza a levantarse en el centro del valle, voy a advertirle que se baje, se arriesgaria a perder a un mismo tiempo el camino y la vida. MANFREDO. Los vapores se amontonan al rededor de los hielos, las nubes se forman en copos blanquecinos y sulfureos, semejantes a la espuma que salta por encima de los abismos infernales, en donde cada ola burmugeante va a romperse en la costa en donde estan reunidos los condenados como las piedras en la de la mar. Un vertigo se apodera de mi. EL CAZADOR Acerquemonos con precaucion por temor de no sobrecogerle: parece que ya titubea. MANFREDO. Las montanas se han abierto un camino al traves de las nubes, y con su choque han hecho temblar toda la cordillera de los Alpes, cubriendo de escombros los verdes valles, deteniendo el curso de los rios por su caida repentina, reduciendo sus aguas en turbillones de vapores y forzando al manantial a que se forme una nueva madre. Asi cayo en otros tiempos el monte Rosemberg minado por los anos. iQue no hubiese caido sobre mi! EL CAZADOR. iAmigo tened cuidado! el dar otro paso pudiera seros fatal. Por el amor del Criador, no permanezcais a la orilla de este precipicio. [Manfredo continua sin oirle.] MANFREDO. iHubiera sido un sepulcro digno de Manfredo! mis huesos habrian descansado en paz bajo un monumento semejante, no hubieran quedado sembrados sobre las rocas, viles juguetes de los vientos, como van a serlo, despues que me haya precipitado... iA Dios bovedas celestes; que vuestras miradas no me reprendan mi accion, vosotras no estais hechas para mi! iTierra, yo te restituyo tus atomos! [Cuando Manfredo va a precipitarse, el cazador le coge y le detiene.] EL CAZADOR. iDetente! insensato: aunque te halles fatigado de la vida, no manches nuestros pacificos valles con tu sangre culpable. Ven conmigo, yo no te dejare. MANFREDO. Tengo el corazon desolado... Vaya, no me detengas mas... Me siento desfallecer... Las montanas dan vueltas delante de mi como si fuesen turbillones. Yo ceso de vivir... ?Quien eres? EL CAZADOR. Yo respondere despues, ven conmigo. Las nubes se apaciguan. Apoyate sobre mi brazo y pon aqui tu pie... Toma este baston y ostente un momento en este arbolito dame la mano y no abandones mi cinto... Poco a poco... Bien ... de aqui a una hora estaremos en la casa en donde se hacen los quesos. Valor; muy luego encontraremos un pasage mas seguro, una especie de sendero abierto por un torrente de invierno... Vamos; ved que esta bueno. Tu hubieras sido un escelente cazador; sigueme.... [Descienden con trabajo por las rocas.] FIN DEL ACTO PRIMERO. ACTO II, ESCENA PRIMERA. [El teatro representa una choza de los Alpes.] MANFREDO Y EL CAZADOR DE GAMUZAS. EL CAZADOR. No, no, permaneced todavia, partireis mas tarde, vuestro espiritu y vuestro cuerpo tienen necesidad de mas descanso. De aqui a algunas horas estareis mejor, os servire de guia, ?pero adonde iremos? MANFREDO. Conozco el camino y no necesito guia. EL CAZADOR. Vuestros vestidos y vuestro aire anuncian un hombre de un nacimiento distinguido; vos sois sin duda uno de los senores cuyos castillos dominan los valles; ?cual es vuestra morada? Yo no conozco sino la puerta de los palacios de los grandes. Mi modo de vivir me conduce muy rara vez a sus vastos hogares, para sentarme alli al rededor del fuego con sus vasallos; pero los senderos que se dirigen a dichos castillos me son muy conocidos desde mi infancia. ?Cual es el que os pertenece? MANFREDO. Poco te importa. EL CAZADOR. iY bien! perdonadme mis preguntas; pero dignaos estar mas alegre. Venid a gustar mi vino; es muy viejo: muchas veces me ha confortado el corazon en medio de nuestros hielos; recurrid a el para reanimar vuestro valor. Vamos, bebamos juntos. MANFREDO. Separa, separa esa copa; isus bordes estan mojados con sangre! iNo vere nunca esta sangre sepultada bajo la tierra! EL CAZADOR. ?Que quereis decir? ?vuestros sentidos estan turbados? MANFREDO. Digo que es mi sangre, mi propia sangre, la sangre pura que corria en las venas de nuestros padres y en las nuestras, cuando en los primeros dias de nuestra juventud no teniamos sino un corazon, y nos amabamos como no hubieramos nunca debido amarnos. Esta sangre ha sido derramada, pero se eleva eternamente de la tierra y va a tenir las nubes que me cierran la entrada del cielo, en donde tu no estas y en donde yo no estare jamas! EL CAZADOR. iHombre singular en tus palabras, a quien sin duda persigue algun remordimiento y a quien el delirio manifiesta las fantasmas! cualesquiera que sean tus terrores y tus penas, todavia hay consuelos para ti en la piedad de los hombres justos y en la paciencia.... MANFREDO. iLa paciencia! iy siempre la paciencia! esta palabra fue creada para los hombres dociles y no para las aves de presa... Predica la paciencia a los mortales formados con el miserable polvo, yo soy de otra especie. EL CAZADOR. iGracias a Dios! yo no quisiera ser de la tuya por la gloria de Guillermo Tell. Pero cualquiera que sea el mal que te oprime, es preciso soportarle, y todos esos movimientos convulsivos son inutiles. MANFREDO. Yo le soporto sobradamente. Mirame: yo vivo. EL CAZADOR. Tu te agitas con terror, pero no vives. MANFREDO. Te respondere que he vivido muchos anos, y que no cuentan por nada en el dia en comparacion de los que me faltan vivir. Veo delante de mi siglos, el infinito, la eternidad, mi conciencia y la sed ardiente de la muerte que me atormenta sin cesar. EL CAZADOR. Apenas se reconoce en tu frente la edad de la virilidad, yo cuento ( ) 1 2 3 4 5 , , 6 7 . 8 9 . 10 11 12 13 14 15 16 . 17 18 . 19 20 21 , , . 22 23 24 25 26 27 . 28 29 30 31 32 . 33 34 . 35 36 . 37 38 . 39 40 . 41 42 . 43 44 . 45 46 . 47 48 . 49 50 51 52 , 53 54 . 55 56 57 58 59 , 60 61 . 62 63 64 65 66 , . 67 68 [ 69 . . ] 70 71 72 73 . 74 75 ; 76 77 ; 78 . 79 , 80 81 82 83 84 . 85 86 87 ; 88 , 89 , . 90 91 ! 92 ! 93 , 94 95 . 96 . 97 98 , , 99 , 100 , 101 , 102 : 103 ! 104 , 105 . . . 106 ! ; 107 108 : 109 ! , , 110 , , , 111 112 113 . 114 . . . , 115 116 , 117 118 , 119 . . . 120 . 121 122 , 123 , 124 125 ; 126 127 ; 128 129 , 130 131 . . . 132 133 ; 134 ! 135 136 [ . ] 137 138 139 ! ! 140 141 ; 142 ; 143 . . . 144 . . . . 145 146 [ . ] 147 148 149 . . . 150 151 . 152 153 , 154 , 155 156 , 157 ; 158 , 159 160 , 161 : . 162 163 [ ; 164 , 165 : ] 166 167 168 169 . 170 171 , , 172 173 , 174 175 176 . 177 , 178 ; 179 . , 180 ! 181 182 183 . 184 185 - 186 ; 187 188 189 . 190 : 191 , 192 ; 193 194 . 195 196 , 197 198 . 199 , 200 201 . . . ? 202 ? 203 204 205 . 206 207 208 , 209 , 210 , 211 , 212 213 , 214 215 216 , 217 . 218 . 219 220 221 . 222 223 224 225 , 226 , 227 228 229 230 , , 231 , 232 233 . , 234 . 235 236 237 . 238 239 240 . 241 242 243 . 244 245 246 . 247 248 , 249 250 . 251 252 253 . 254 255 256 . ? 257 258 ? 259 260 261 . 262 263 264 265 . 266 267 : 268 , 269 . 270 : 271 , 272 273 274 , ; 275 , 276 277 . , 278 ; , 279 280 , 281 , 282 283 , 284 285 ; 286 . ? 287 , ? 288 ? ? 289 290 291 . 292 293 , , , 294 , , 295 296 . , 297 . ? 298 , ? 299 ? ? 300 301 302 . 303 304 . 305 306 307 . 308 309 ? ? 310 311 312 . 313 314 . 315 , 316 . 317 318 319 . 320 321 322 . , 323 , 324 ; 325 326 ; , 327 . 328 329 330 . 331 332 ; ! 333 ? 334 335 ? 336 337 338 . 339 340 , 341 ; . . . 342 . 343 344 345 . 346 347 ? ? 348 349 350 . 351 352 , 353 , , 354 355 : 356 . 357 358 359 . 360 361 ; 362 363 . 364 , 365 . 366 , , , 367 , 368 369 , 370 371 . , 372 . 373 374 375 . 376 377 378 ; 379 . 380 381 382 . 383 384 . 385 386 387 . 388 389 , 390 , 391 , 392 393 . 394 395 396 . 397 398 399 ; 400 . 401 402 403 . 404 405 , 406 : 407 . ? 408 , , 409 , ? 410 411 412 . 413 414 ! ? 415 ? 416 ; . 417 418 419 . 420 421 ; 422 423 . ; ? 424 425 ? 426 427 428 . 429 430 : . . . 431 , 432 . 433 , 434 435 436 ; 437 , 438 . 439 , 440 , 441 . 442 443 444 . 445 446 447 448 ; 449 , 450 . 451 452 453 . 454 455 ; 456 457 : 458 459 , 460 . . 461 462 [ 463 . ] 464 465 466 . 467 468 . 469 470 471 . 472 473 ! ? ? 474 475 476 ! 477 . . . 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