Los Ladrones de Londres Charles Dickens Translator: J. J, y C. [Transcriber's Notes: This is an indirect translation of Oliver Twist through a French translation by Émile de La Bédollière that was first published in 1850 as Les voleurs de Londres. The table of contents was moved from the end of the book to the beginning to better suit the ebook format. Footnotes appearing throughout the text were numbered sequentially and collected at the end of the ebook under -Notas del traductor- as they are marked in the book.] LOS LADRONES DE LONDRES. LOS LADRONES DE LONDRES POR CARLOS DICKENS, TRADUCCION LIBRE -de J. J. y C.- BARCELONA. IMPRENTA DE JOAQUIN BOSCH, 8. SIMPLICIO DEL REGOMIR, 4. 1857. ÍNDICE DE LAS MATERIAS DE ESTA OBRA. Prólogo. Cap. I. --Del lugar en que Oliverio Twist recibió por primera vez la luz del dia y de las circunstancias que concurrieron á su nacimiento. Cap. II. --Del modo con que fué criado Oliverio Twist, de su infancia, de su educacion. Cap. III. --Como Oliverio Twist estuvo próximo á coger una plaza que podia muy bien llamarse una prebenda. Cap IV. --Habiéndose ofrecido á Oliverio otra colocacion efectua su entrada en el mundo. Cap. V. --Oliverio adquiere relaciones con nuevos personajes. Cap. VI. --Oliverio puesto fuera de quicio por las burlas amargas de Noé se enfurece y sorprende á este por su audacia. Cap. VII. --Oliverio es un refractario completo. Cap. VIII. --Oliverio se dirige á Londres, y encuentra en el camino un jóven singular. Cap. IX. --Algunos detalles concernientes al viejo chistoso y sus alumnos sobresalientes. Cap. X. --Oliverio se entera mejor del carácter de sus nuevos compañeros, y adquiere esperiencia á costas suyas. --Importancia de los detalles contenidos en este capítulo. Cap. XI. --De la manera que administra la justicia el Magistrado Mr. Fang. Cap. XII. --Oliverio recibe el buen tratamiento que nunca habia recibido hasta ahora. --Particularidades referentes á un retrato. Cap. XIII. --Como por medio del viejo chistoso el lector instruido va á adquirir relaciones con un nuevo personage. --Particularidades y hechos interesantes pertenecientes á esta historia. Cap. XIV. --Detalles referentes á la permanencia de Oliverio en casa Mr. Brownlow. --Prediccion notable de un cierto Mr. Grimwig con motivo de un mensaje confiado al niño. Cap XV. --En el que se demuestra hasta que punto el viejo judío y la señorita Nancy amaban á Oliverio. Cap. XVI. --Donde fué á parar Oliverio despues de haber sido reclamado por Nancy. Cap. XVII. --La suerte que no se cansa de perseguir á Oliverio lleva á Londres un personage ilustre que anonada su reputacion. Cap XVIII. --De que modo Oliverio pasa el tiempo en la sociedad de sus apreciables amigos. Cap. XIX. --Se discute un gran proyecto y se determina su ejecucion. Cap. XX. --Oliverio es entregado á Guillermo Sikes. Cap. XXI. --Espedicion. Cap. XXII. --Robo de noche con fractura. Cap. XXIII. --Siguen las aventuras de Oliverio. Cap. XXIV. --En el que se dá cuenta de una conversacion agradable entre Monsieur Bumble y una señora, para probar que un pertiguero (por mas que se diga) alguna vez es susceptible de algun sentimiento. Cap. XXV. --Detalles oscuros en apariencia; pero que no dejan de ser de alguna importancia en esta historia. Cap. XXVI. --Aun Fagin y compañia. Cap. XXVII. --Se presenta en la escena un nuevo personaje. --Particularidades inseparables de esta historia. Cap. XXVIII. --Enmienda honrosa de una descortesía hecha á una señora, que hemos dejado de la manera mas impolítica en el capítulo 25. Cap. XXIX. --Carácter de los comensales do la casa en que se encuentra Oliverio. --Lo que piensan de él. Cap. XXX. --Posicion critica. Cap. XXXI. --De la vida feliz que Oliverio lleva con sus amigos. Cap. XXXII. --Un acontecimiento imprevisto viene á turbar la dicha de nuestros tres amigos. Cap. XXXIII. --Entra en la escena un nuevo personage. --Sucede á Oliverio otra nueva aventura. Cap. XXXIV. --Resultado poco satisfactorio de la aventura de Oliverio, entrevista de alguna importancia entre Enrique Maylie y la señorita Rosa. Cap. XXXV. --El que aunque corio no por eso deja de ser de cierta importancia para esta historia, pues que es continuacion del capítulo precedente y conduce necesariamente al que sigue. Cap. XXXVI. --En el que transportándose al capítulo 33 de esta obra, se notará un contraste por desgracia demasiado comun en el matrimonio. Cap. XXXVII. --De lo que pasó entre Monks y los consortes Bumble, la noche de su entrevista. Cap. XXXVIII. --El lector vuelve á encontrarse con conocidos antiguos. Monks y Fagin se confabulan entre ellos. Cap. XXXIX. --Singular entrevista á consecuencia de lo acaecido en el capítulo anterior. Cap. XL. --Nuevos descubrimientos, en prueba de que las sorpresas lo mismo que las desgracias, rara vez vienen solas. Cap. XLI. --Una antigua relacion de Oliverio dando pruebas de un genio superior, llega á ser un personage público en la metrópoli. Cap. XLII. --El Camastron se enreda en un mal negocio. Cap. XLIII. --Llega para Nancy el tiempo de cumplir su promesa á Rosa. --No la cumple. --Fagin emplea á Noé Claypole en una comision secreta. Cap. XLIV. --Nancy es exacta á la cita. Cap. XLV. --Consecuencias fatales. Cap. XLVI. --Monks y Mr. Brownlow se encuentran al fin, entrevista que tuvieron juntos, y de que modo fué interrumpida. Cap XLVII. --Sikes es perseguido. --Como escapa á la policía. Cap. XLVIII. --Aclaracion de mas de un misterio. --Propuesta de matrimonio sin dote y sin arras. Cap. XLIX. --El último dia de un reo de muerte. Cap. L. --Conclusion. FIN DEL ÍNDICE. PLANILLA PARA LA COLOCACION DE LAS LÁMINAS. Un ataud á medio hacer estaba colocado en el centro de la tienda. El Camastron explota el bolsillo del Caballero anciano á la vista de Oliverio estupefacto. Y cogiendo al chico por el cuello de la casaca le introdujo por los piés dentro de la habitacion. En lugar de un bandido de aspecto feroz vieron á un pobre muchacho rendido de dolor y de fatiga. Mis Rosa. Mr. Bumble, Pertiguero de la parroquia. Sikes apoderándose de un enorme garrote, descargó un golpe sobre el cráneo de la jóven, y la tendió muerta á sus piés. Muerte de Sikes. PRÓLOGO. Cuatro palabras del traductor. ENTRE las concepciones mas celebradas del genio literario moderno, merece sin disputa lugar preferente la novela del fecundo y fantástico autor cuya version hemos osado hacer en el lenguage patrio. En efecto, con ella el célebre inglés Cárlos Díckens ha hecho inmarcescible la corona gloriosa que ciñe su frente. Digno discípulo del gran Schakspeare y émulo aventajado del inmortal Cervantes, ha logrado reunir en la presente obra los dos tipos sublimes de estos padres de la literatura actual. Nada mas seductor, nada mas terrible á un tiempo que el desarrollo consecutivo de tan interesante produccion. Dejando á parte el interés siempre creciente de la accion desde la primera página, los carácteres de los personages en ella descritos, cautivan la mente del lector hasta el punto de considerarlos como seres reales á quienes vé todos los dias en su práctica de la vida social, aun cuando velados con el vapor que engendran en ella el disimulo y las conveniencias individuales. En fin, el cuadro brillante de todas las virtudes de todos los vicios; de la mas simpática belleza y de la mas repulsiva fealdad moral, está delineado en esta obra maestra de la inspiracion y del arte con pincel tan delicado , que el ojo del alma descubre á la vez toda la magestad y toda la miseria de esta criatura predilecta que como angel caído arde en el fuego calzinador, que se titula malamente civilizacion. Cierto es que el no menos fecundo novelista francés Eugenio Sue con su pluma poética logró ya una vez patentizar la carcoma anterior que devora esos círculos sociales, tan seductores mirados desde sus estremos, pero que tanto hielan al corazon penetrando en su centro. Sin embargo nos atrevemos á afirmar que en la presente novela , Cárlos Dickens ha roto del todo el misterio que encubre tanta agonía. Cada página de este libro magico es una prueba evidente de que las costumbres sociales en su mas refinada ilustracion; cuando no las alienta el aura de la virtud modesta, alma de la verdadera perfeccion humana, hacen al individuo tan ó mas miserable que la estupida fatalidad de la ignorancia. Tal es el pensamiento filosófico del autor. Anatómico profundo, critico severo sin ser mordaz, con la risa y el terror mezclados, análiza una por una todas las fibras de ese corazon inmenso del mundo que se denomina Sociedad! Conocemos asaz las dificultades insuperables del lenguage original empleado en la mayor parte de esta obra, y tememos no haber logrado nuestro afan de trasladar al idioma español su elocucion con la pureza y ecsactitud que requieren las producciones de su clase; pero nos ha alentado hasta concluir nuestro trabajo, la esperanza en la benevolencia que nos dispensará el lector considerando el gran bien que de todos modos resultará, dando á conocer á muchos de nuestros compatricios una de las joyas mas brillantes de la literatura moderna. -J. J.- y -C.- CAPÍTULO PRIMERO. DEL LUGAR EN QUE OLIVERIO TWIST RECIBIÓ POR PRIMERA VEZ LA LUZ DEL DIA Y DE LAS CIRCUNSTANCIAS QUE CONCUBRIERON Á SU NACIMIENTO. ENTRE los establecimientos públicos de cierta ciudad de Inglaterra, que por muchas razones tendré la prudencia de no designar, ni tampoco prestaré nombre alguno imaginario; hay uno comun á cuasi todas las ciudades grandes ó pequeñas que aquella tiene por gloria poseer: una -Casa de Caridad- . En este asilo filantrópico pues, en cierto dia y en cierta época que no juzgo necesario precisar, tanto mas no siendo de utilidad ninguna para el lector al menos por ahora, nació el diminuto mortal cuyo nombre está en el epígrafe de este capítulo. Habia ya cerca de cinco minutos que el cirujano de los pobres de la parroquia le habia introducido en este mundo de miserias y de sufrimientos, cuando se dudaba aun que pudiera vivir para llevar un nombre cualquiera. Sin embargo, despues de muchos esfuerzos, respiró, estornudó y por un grito tan penetrante como podia esperarse razonablemente de un niño, que no poseia un gage tan útil como es el don de la voz sino desde cinco minutos y algunos segundos antes, anunció á los comensales de la Casa de Caridad, el hecho de una nueva carga que su entrada en el mundo iba á imponer á la parroquia. En el mismo instante que Oliverio daba esta primera prueba nada equívoca de la fuerza y de la libertad de sus pulmones, la manta estropeada que cubría la cama de hierro, hizo un ligero zurrido y dejó ver el rostro pálido y lívido de una jóven que levantando penosamente la cabeza, dijo con voz languida estas palabras que á penas pudieron oirse: ―Que yo vea á mi hijo antes de morir . . ? El cirujano que estaba ante la chimenea, presentando ambas manos al fuego y frotándolas alternativamente; se levantó á la voz de la jóven, y acercándose al lecho dijo con mas dulzura de la que podia esperarse en él: ―Oh! no es el caso de hablar aun de morir! . . --Bien seguro que no pobre jovencita! . . Que Dios no lo permita! . . --añadió la enfermera, metiendo de prisa en su faltriquera una botella, de la que acababa de apurar parte de su contenido en un rincon, con un placer evidente.--Que Dios no lo permita! . . Cuando habrá llegado á mi edad, querido caballero, y habrá tenido como yo trece niños de su propiedad de los cuales el buen Dios se me ha llevado once y los dos restantes están conmigo en la casa, entonces en vez de dejarse aniquilar por la tristeza, obrará de muy diferente modo. ―Y dirijiéndose á la parida: ―Vamos zalamerilla, pensad en la dicha de ser madre y en que es necesario vivir para vuestro hijuelo. Pensadlo como una buena muchacha. Esta prospectiva consoladora de las delicias de una madre, no produjo todo el efecto que era de esperar: la enferma sacudió la cabezaen señal de duda y estendió los brazos hacia su hijo. Habiéndoselo presentado el cirujano, imprimió con pasion sobre la frente del inocente sus labios frios y descoloridos; luego, pasando sus manos sobre su frente como para recordar una idea confusa, arrojó á su alrededor una mirada fija y estraviada, se estremeció de horror, volvió á caer sobre su lecho y murió . . . Los asistentes le frotaron las manos y las sienes para procurar volverla á la vida; pero inútilmente: la sangre se habia helado para siempre!! Hablaron de esperanzas y de socorros: estas cosas le habian sido estrañas por un tiempo demasiado largo! . . --Todo ha concluido madre enfermera! --dijo entonces el cirujano. --Pobre jóven! Sin embargo es la pura verdad! . . --repuso la vieja recojiendo el tapon de la botella que habia caido sobre la almohada, al inclinarse para recoger el niño --Pobre juventud! Que hacemos nosotros ahora? ―No teneis necesidad de enviarme á buscar si el niño chilla: lo entendeis Señora enfermera? ―dijo el cirujano metiéndose sus guantes con aire petulante. ―Es probable que será malo; entonces le dareis un poco de gachas. ―Diciendo esto, tomó su sombrero y parándose al pié de la cama antes de dirijirse hacia la puerta añadió: --A fé mia, era una joven muy hermosa! De donde venia? . . ―La llevaron aqui ayer tarde de órden del director, --dijo la vieja. ―Se la ha encontrado tendida al medio de la calle. Hay motivo para creer que habia hecho un largo camino, porque sus zapatos están del todo estropeados; pero nadie sabe de donde venia y á donde iba. El cirujano se inclinó sobre la cama y levantando la mano izquierda de la difunta: --Siempre la misma historia! . . --dijo balanceando la cabeza; --á lo que veo, no tiene recomendacion. Vamos, buenas noches! . . El facultativo se fué á comer y la enfermera recurriendo de nuevo á la botella, se sento en una silla baja delante del fuego, y emprendió la tarea de vestir al niño. Que efecto notable del poder de la vestidura ofrecia en este instante el pequeño Oliverios Twist! Envuelto en el cobertor que hasta entonces habia formado su unico vestido, hubiera podido ser el hijo de un noble señor, asi como el de un pobre mendigo. El hombre mas presumtuoso que no le hubiera conocido, hubiera tenido mucho embarazo en señalarle un rango en la sociedad. Pero apenas fué embozado en la vieja tela de indiana, vuelta de un color indecifrable á fuerza de servir; cuando se halló como quien dice empaquetado y rotulado, se encontró de pronto en su esfera: esto es el pobre niño de la parroquia, el huérfano de la casa de caridad; mas tarde el humilde galopo reducido á faltar de lo mas estrictamente necesario; destinado á los golpes y á los malos tratamientos; despreciado de todo el mundo, y por nadie compadecido. Oliverio chilló bastante alto. Si hubiera sabido que era huérfano, abandonado á la merced de mayordomos, é inspectores, tal vez hubiera gritado mas fuerte. CAPÍTULO II. DEL MODO CON QUE FUÉ CRIADO OLIVERIO TWIST, DE SU INFANCIA, DE SU EDUCACION. DURANTE los ocho ó diez primeros meses, Oliverio fué víctima de un curso sistemático de engaños y de decepciones: fué criado con la papilla. Las -autoridades- de la casa de la caridad, espusieron fielmente á las -autoridades- de la parroquia el estado raquitico del huerfanito, causado por la privacion de un alimento natural. Las -autoridades de la parroquia-, pidieron informe con dignidad, á las -autoridades de la casa de la caridad- sobre si en la dicha casa habria alguna muger que se hallase, en estado de prodigar al parvulillo el consuelo y el alimento de que tenia necesidad; y atendida la respuesta negativa hecha humildemente por las -autoridades de la casa de la caridad-, las -autoridades de la parroquia- siguiendo el impulso de su corazon en favor de la humanidad doliente, resolvieron de comun acuerdo, que Oliverios seria -arrendado-; ó hablando mas claro, que seria enviado á dos ó tres millas lejos, en una sucursal de la casa donde veinte ó treinta jóvenes, -infractores- de la ley sobre la mendicidad, se revolcaban todo el dia sin riesgo de ser incomodados por el exceso de alimento ó por la estrechez de vestidos. La direccion de esta sucursal estaba confiada á los desvelos del todo maternales de una vieja que recibia á los -jóvenes culpables- á razon de O 75 c. por semana, cada uno. Quince sueldos por semana, por el alimento de un niño forman todavia una suma demasiado redonda. Se pueden procurar muchas dulzuras con 15 sueldos, las suficientes al menos para sobre cargar el estomago hasta caer enfermo. La vieja en cuestion sabia muy bien lo que convenia á los niños, y aun mas lo que le convenia á ella misma; de consiguiente, se apropiaba para su uso propio la parte mayor de sus reditos semanales y sometia á la generacion creciente de los pobres de la parroquia á una pitanza, todavia mas flaca que la que se les daba por buena parroquialmente; encontrando por este medio en el abismo del cálculo mas profundo, un abismo mas profundo todavia, y dando prueba de vastos conocimientos en la filosofia experimental cuya práctica llevaba tan lejos. Todo el mundo sabe la historia de ese filósofo experimental que habiendo encontrado el medio de hacer vivir un caballo sin darle de comer, hizo el ensayo con el suyo llevándole hasta no comer mas que una hebra de paja por dia, y del que sin duda hubiera hecho el animal mas ligero y vivaracho no dándole absolutamente nada, si la pobre bestia no hubiese tenido la humorada de morirse cabalmente veinte y cuatro horas antes de recibir su primer pienso de aire puro. Por desgracia de la filosofia experimental de la vieja de los tiernos cuidados á quien fué confiado Oliverio Twist, un resultado semejante acompañaba ordinariamente á su sistema de operacion; porque desde el momento en que un niño habia llegado al punto de poder existir con la mas minima racion del mas flaco alimento posible, sucedia por una de estas fatalidades perversas de la suerte y esto, ocho veces sobre diez que caía enfermo de necesidad y de frío, ó bien se tumbaba en el fuego por falta de vigilancia, ó bien se ahogaba por accidente; en el uno ó en el otro de cuyos casos el pobre pequeñuelo iba cuasi siempre á reunirse en el otro mundo con los padres que no habia conocido jamás en este. No debe esperarse un exceso de gordura en los muchachos criados según el sistema que acabo de describir. Oliver tenía ya nueve años, y apesar de su edad era encanijado raquítico y diminuto; pero había recibido de la naturaleza ó de sus padres un alma fuerte y un juicio sano que se habían desarrollado en él gracias a la dieta a la que estaba sometido; debiendo tal vez á esta circunstancia el haber alcanzado por novena vez el aniversario de su nacimiento. Sea lo que fuera, aquel día era el aniversario de su nacimiento y lo celebraba tristemente en la bodega en compañía de dos de sus pequeños camaradas, quienes después de haber compartido con él una lluvia de golpes, habian sido encerrados en ella por haber osado pretender que tenían hambre; cuando la señora Mann, la amable dueña de la habitación, divisó de repente al Señor Bumble, el pertiguero, que acumulaba todos sus esfuerzos para abrir la pequeña puerta del jardín. ―Dios me perdone! Creo que es el Señor Bumble! ―dijo con afectada alegria y sacando la cabeza á la ventana; --Susana, --prosiguió dirijiéndose á la criada ―corre á abrir á Oliverio y á los otros dos tunantuelos y limpialos pronto. Cielos! Señor Bumble! cúan contenta estoy de veros! Es preciso saber que el señor Bumble era uno de esos hombres corpulentos e irracibles, que en vez de responder como debia á este recibimiento afectuoso, sacudió con violencia el cerrojo, y dió a la puerta un golpe que no podia provenir sino del pié de un pertiguero. --Caramba! ―dijo la Señora Mann corriendo á habrir la puerta (porque durante este intervalo los tres chicos habían sido puestos en libertad) ―Hase visto nunca cosa igual! Haberme olvidado de que la puerta estaba cerrada, por causa de estos chicuelos! Ya lo veis! Tened la bondad de entrar Señor Bumble, os lo ruego! Apesar de ser hecha esta invitacion con una cortesia capaz de ablandar el corazon de un -obrero- de parroquia no hizo ningun efecto al pertiguero. --Creeis Señora Mann --dijo Mr. Bumble, oprimiendo fuertemente su baston. ―Creeis vos que sea muy respetuoso ó conveniente hacer esperar á la puerta de vuestro jardin á los -ministros parroquiales- cuando vienen para -asuntos parroquiales-? Ignorais Señora Mann, que sois si asi puedo esplicarme una delegada parroquial, asalariada por la parroquia? . . --Cier . . .ta . . .mente, Señor Bumble! ―respondió la Señora Mann, con acento melifluo, -cabalmente habia ido á anunciar á dos ó tres de esos chicuelos que tanto os aman, vuestra llegada, Señor Bumble. Mr. Bumble, tenia en mucho su importancia y sus facultades oratorias. --Esta bien; esta bien Señora Mann! ―replicó con tono mas dulce. --Es posible y no digo lo contrario; pero entremos en vuestra casa, tengo algo que comunicaros. La Señora Mann introdujo al pertiguero en una salita baja embaldosada y le tomó su baston que depositó con mucho cuidado sobre una mesa colocada frente de él. ―No vayais á incomodaros por lo que os diga Señor Bumble, --aventuró la Señora Mann con una gracia encantadora, ―Habeis hecho una buena caminata, y es natural que tengais calor Señor Bumble, no siendo así me guardaría muy bien . . . Quereis tomar un vasito de cualquier cosa Señor Bumble? . . --Muchas gracias! Ni pizca. --dijo agitando su mano con aire de benevola dignidad. --No me rehusareis --dijo la Señora Mann que adivinaba un consentimiento fácil tanto en el tono de la negativa como en el movimiento que la acompañaba ―nada mas que una gotita con un poco de agua fria, y un pedazo de azu . . . Mr. Bumble tosió. --Una lagrimita!-- añadió ella con acento agraciado. ―¿Que vais á darme? . . ―preguntó el pertiguero. ―Lo que me veo obligada á tener en casa algunas veces para meterlo en el caldo de los pequeñuelos cuando están enfermos. ―dijo la Señora Mann abriendo una pequeña alacena colocada en un rincon y sacando de ella una botella y un vaso. --Es ginebra Señor Bumble. --Acaso dais caldo á los niños Señora Mann? --preguntó este siguiendo con los ojos, la accion atractiva de la mezcla. -- Vaya si les doy; apesar del precio que me cuesta! A fé mia carezco de valor para verlos sufrir ante mis ojos. Señor Bumble! --Sin duda, hizo el otro con un signo de aprobacion. ―Estoy convencido de ello. Señor Mann ya lo sé; sois una muger compasiva . . . (ella coloca el vaso sobre la mesa.) Señora Mann, deslizaré alguna palabra á esos señores de la administracion, (acerca el vaso.) Señora Mann teneis entrañas de madre, (mezcla el agua y el ginebra.) Señora Mann tengo el honor de beber á vuestra salud. (Bebe la mitad.) Ah! . . volviendo al objeto de mi visita; --dijo sacando de su bolsillo una cartera de badana. --El niño que fué bautizado con el nombre de Oliverio Twist tiene hoy nueve años. ―Dios lo tome bajo su santo amparo! --esclamó la Señora Mann frotándose el ojo izquierdo con la punta de su delantal. --Sin embargo, ―prosiguió el pertiguero --á pesar de la recompensa de diez libras esterlinas elevada luego hasta veinte; á pesar de las indagaciones -excesivas- y hasta -sobrenaturales- si me es licito hablar así, por parte de los administradores de esta parroquia, jamas hemos podido descubrir quien es su padre ni aun el nombre y la patria de su madre. La Señora Mann plegó sus manos en señal de asombro, y despues de un instante de reflecsion, preguntó --¿Entonces como es que tiene un apellido? El pertiguero incorporándose con dignidad respondió --Porque yo le he inventado. --Vos Señor Bumble? . . --Yo mismo Señora Mann. Tengo la costumbre de nombrar á nuestros espésitos por orden alfabetico. El anterior estaba en la S, y le llamé Swubble; este estaba en la letra T, y le dí el apellido de Twist; el que llegó despues se dijo Unwin; el que le siguió Vilkins, y asi sucesivamente. Tengo apellidos, acomodados hasta el turno de la Z, y luego el buen cuidado, de volver á empezar cuando se ha agotado el alfabeto. --No es adular Señor Bumble, pero es preciso reconocer en vos una instruccion caudalosa. --Es muy posible Señora Mann; --dijo el pertiguero plenamente satisfecho del cumplimiento --es muy posible; --y vació su vaso. --Ahora bien; siendo ya Oliverio demasiado grande para permanecer aquí, la Adminstracion ha decidido que vuelva á la casa, y yo mismo he venido á buscarlo; con que hacedle venir para que yo le vea. --Voy á llevaroslo al instante. --dijo la Señora Mann saliendo de la sala. Oliverio á quien se había desembarazado de una gruesa capa de grasa que formaba una costra en su rostro y en sus manos, (al menos, toda la que era posible quitar en una sola vez,) entró en la sala conducido por su benevola protectora. --Saludad Señor Oliverio --dijo la Señora Mann. El niño hizo un saludo, dividido entre el pertiguero sentado en la silla, y su sombrero de tres picos colocado sobre la mesa. --¿Quieres venirte conmigo Oliverio? --dijo con magestad Mr. Bumble. Este iba á responder que seguiria con sumo contento al primer venido, cuando alzando los ojos que por respeto había tenido hasta entonces inclinados al suelo, su mirada se encontró con la de la Señora Mann, que colocada tras la silla del pertiguero, le mostraba el puño con ademan furioso. Al momento comprendió perfectamente la insinuacion; ese puño habia oprimido demasiado amenudo su espalda para no tenerlo profundamente grabado en su memoria. ―Y ella vendrá conmigo? --preguntó el pobre Oliverio. --No; no pueda ser. --respondió Mr. Bumble --pero vendrá á verte alguna vez. Esto no era muy satisfactorio para Oliverio; pero apesar de su niñez tuvo bastante buen discernimiento para fingir un vivo pesar de marcharse. Tampoco le fué muy difícil llamar las lágrimas á sus ojos; el hambre y los golpes aun recientes son causas poderosas para excitar el llanto, y así lloró muy naturalmente. La Señora Mann le dió mil besos, y con ellos la cosa de que tenía mas necesidad; una rebanada de pan con manteca, temerosa de que no se mostrára demasiado famélico al llegar á la casa. Con su pedazo de pan en una mano, y enganchándose con la otra á la manga de Mr. Bumble, Oliverio seguia como podia preguntando continuamente -si iban á llegar pronto-. Mr. Bumble respondia con tono breve y regañon; porque la dulzura momentánea que inspira el -grog- en ciertos espíritus, se había evaporado en el corazon de Mr. Bumble, y habia vuelto á ser pertiguero. Apenas trascurrido un cuarto de hora despues de su llegada á la casa, Mr. Bumble vino á anunciarle que el -consejo- estaba reunido, y que le esperaba en el -estrado-. Le mandó que lo siguiera, acompañando esta recomendacion con dos bastonazos. Oliverio llegó á una sala donde diez señores gruesos y gordos estaban sentados alrededor de una mesa. ―Saluda al -estrado-. ―Oliverio saludó. ―Como te llamas hijo? Oliverio que no había visto nunca á tantos personages, y que ademas habia recibido de Bumble una fuerte bastonada por via de animacion, se puso á llorar. Todos aquellos señores le declararon idiota. Luego se le notificó que era huérfano, acogido por la parroquia; que estaba destinado á tomar un oficio, reducido á deshilar cuerdas viejas para hacer estopa. El pertiguero le condujo á una cuadra donde se durmió sobre un lecho muy duro, pues que las leyes suaves de ese buen país permiten á los pobres el dormir, poco es cierto; pero al cabo alguna vez. En este mismo dia, mientras que Oliverio dormitaba en el seno de la inocencia, el consejo tomaba una resolucion que debia influir en su porvenir. En efecto, la Administracion se convenció de que los pobres estaban demasiado regalados; que la -casa- era el -punto de reunion- de los pasatiempos agradables, donde los almuerzos, las comidas y las cenas llovian durante todo el curso del año; un Eliséo en fin donde todo era placer. Entonces hicieron un reglamento por el que los pobres tenian el libre arbitrio, ó de morirse de consumcion y de hambre en la casa, ó mas prontamente fuera de ella. A este fin hicieron un contrato con la administracion de las aguas, para tener de ellas una provision ilimitada, y otro con un mercader de trigo que debia proporcionar de cuando en cuando una pequeña cantidad de harina de maiz, con la que ellos compusieron tres comidas de puches claros por dia, con una cebolla dos veces la semana, y la mitad de un panecillo el domingo. Seis meses despues de la llegada de Oliverio á la casa el nuevo sistema estaba en plena práctica. Al principio se hizo costoso por causa del aumento de la cuenta del Empresario de entierros; pero el numero de los pensionistas disminuia considerablemente y la Administracion estaba encantada. A la hora de la comida cada muchacho recibia una escudilla rasa de puches y -pare V. de contar-; escepto los dias de fiesta, en los que recibia de plús dos onzas y cuartillo de pan. Nunca habia necesidad de lavar las escudillas, pues que los muchachos las pulian con sus cucharas hasta que eran bien brillantes; y cuando habian concluido esta operacion que no ecsijia mucho tiempo, fijaban sobre el caldero miradas tan avidas que parecian querer devorar hasta las baldosas que lo sostenian. Los desdichados comian tan poco, y se habian tornado tan voraces y tan salvages, que uno de ellos dió á entender á sus compañeros que á menos que no se le concediese otra escudilla de puches por dia, se veria en la necesidad de comerse una hermosa noche á su camarada de lecho. Diciendo esto tenia los ojos hoscos, y le creyeron capaz de hacerlo; por lo que se hicieron á las pajitas quien de ellos durante la cena iría á pedir al Escanciador una segunda escudilla de puches. La suerte cayó á Oliverio. Apesar de ser un niño el hambre le habia exasperado. Se le vantó pues de la mesa, y alarmado el mismo de su temeridad, se adelantó hacia el Escanciador. ―Caballero; quereis hacerme el favor de otra? El Escanciader se puso pálido y tembloroso. Miró al jóven -rebelde- con un asombro estúpido. Los ayudantes quedaron estupefactos de sorpresa y los niños de terror. --Que quieres? ―preguntó con voz alterada. ―Quisiera mas si os place, caballero. --respondió Oliverio. El Escanciador asestó en la cabeza del muchacho un golpe con su cuchara de barro, lo cojió por el cogote y llamó al pertiguero á grandes voces. Los Administradores estaban reunidos en -gran conclave-, cuando Mr. Bumble se precipitó fuera de si en la sala del consejo. ―Señor Limbkins! ―dijo dirijiéndose al caballero gurdo que ocupaba la silla de la presidencia. ―Perdon, si os interrumpo! Señor Limbkins, Oliverio ha pedido mas puches! Un murmullo general se levantó en la asamblea; una expresion de horror se pintó en todos los semblantes. ―Ha pedido mas? ―dijo Mr. Limbkins. ―Calmaos Bumble, y respondedme claramente. ―Quereis decir que ha pedido mas despues de haber comido la racion que la regla de esta casa le señala? ―Si Señor! ―replicó Bumble. ―No cabe duda! Ese niño algun dia colgará de una horca. ―dijo otro hombre mas gordo y con chaleco blanco. Nadie contestó á la profecía del orador. Se empeñó un vivo debate por resultado del cual se condenó á Oliverio á ser encerrado al momento, y á la mañana siguiente se fijó en el exterior de la puerta de la casa un anúncio en el que se prometían cinco libras esterlinas de recompensa al que desembarazara la parroquia del jóven Oliverio Twist ó en otros términos, se ofrecian cinco libras esterlinas con Oliverio Twist, á cualquiera (hombre ó mujer) que tuviese necesidad de un aprendiz para el comercio los negocios, ó todo otro oficio y estado fuera el que fuera. --En mi vida estuve mas cierto de una cosa. --dijo á la mañana siguiente el hombre del chaleco blanco recorriendo con la vista el anúncio y llamando á la puerta de la casa de la caridad. --En mi vida estuve mas cierto de una cosa y es que ese niño algun dia colgará de una horca. Proponiéndome hacer saber por la continuacion de esta historia si el hombre del chaleco blanco iba bien ó mal fundado en su suposicion, creeria destruir el interés del relato (suponiendo que lo haya,) aventurándome á insinuar desde ahora, si la vida de Oliverio Twist tuvo ó no este fin trájico. CAPÍTULO III. COMO OLIVERIO TWIST ESTUVO PROCSIMO Á COJER UNA PLAZA QUE PODIA MUY BIEN LLAMARSE UNA PREBENDA. OCHO dias despues que Oliverio se hizo culpable del -crimen nefando- de pedir mas puches, habitaba un camarachon obscuro, donde estaba encerrado en clase de prisionero, gracias á la -clemencia- y á la -sabiduria- de la Administracion. No seria fuera del caso suponer desde ahora, que por poco sentimiento de respeto que le hubiera merecido la prediccion del hombre del chaleco blanco, hubiera podido solidar una vez para siempre la reputacion profética de ese sabio individuo, atando á un gancho de la pared uno de los cabos de su pañuelo de faltriquera, y en seguida pasando el otro al rededor de su cuello. Con todo; para llegar á este resultado habia un inconveniente. Considerados los pañuelos como -artículos de mero lujo- se habian suprimido para entonces y para siempre; y de consiguiente se habían eliminado de la nariz de los pobres por órden expresa emanada de la Administracion reunida á este efecto en consejo pleno; cuya órden se dió solemnemente, se aprobó, firmó y rubricó por cada uno de los miembros del consejo y se revistió con el sello de la Administracion. Otro obstáculo mayor para Oliverio era su juventud y su inexperiencia. El pobre niño se contentaba con llorar amargamente todo el dia, y cuando llegaba la noche fria y lenta, estendia sus manecitas ante sus ojos para no ver la obscuridad y se acurrucaba en un rincon para poder lograr el sueño. Guárdense de suponer los enemigos del -nuevo sistema- que se privó á Oliverio de la gracia del ejercicio, del goce de la sociedad y de las ventajas reales de un consuelo religioso, durante el tiempo de su reclusion. En cuanto al ejercicio, le era permitido ir cada mañana con un frío helado, pero sano, á un patio empedrado para lavarse bajo el chorro de una bomba, en presencia de Mr. Bumble, quien para impedir que le cogiera un reumatismo, le facilitaba una viva sensacion en todo el cuerpo, distribuyéndole algunos bastonazos con una liberalidad poco comun. En cuanto á la sociedad; cada dos dias venia al refectorio durante la comida de los niños para ser azotado públicamente, con el fin de servir de ejemplo y de leccion en el porvenir; y muy lejos de privarle de las ventajas de un consuelo religioso, se le introducia á punta pies en el mísmo sitio á la hora de la oracion de la noche, durante la cual podia á su gusto beatiticar su alma prestando oidos á una -formula- añadida á la oracion ordinaria, por órden expresa de la Administracion. Por medio de este suplemento de rogativa, los niños pedian á Dios con fervor, les hiciera la merced de ser buenos, virtuosos, contentos y obedientes, y les preservára de las culpas de Oliverío Twíst, á quien la formula conceptuaba sujeto al patronato esclusivo, á la proteccion y al poder del demonio y como salido el mismo de la fábrica de Satanas. Mientras que los asuntos de Oliverio se hallaban en este estado faborable, y se presentaban bajo tan hermoso aspecto, sucedió que Mr. Gamfield, limpia chimeneas, se dirijía á la calle Mayor pensando seriamente en los medios de pagar muchos plazos vencidos de alquileres, por los cuales su casero, se iba haciendo cada dia mas cocora. A pesar de los vastos conocimientos de Mr. Gamfield en aritmética , no podia llegar á la resolucion de la suma de cinco libras esterlinas (montante de su deuda); y en un rapto de frenesí matemático, golpeaba alternativamente su frente y á su jumento, cuando al llegar frente la casa de Caridad, sus ojos se encontraron con el anuncio fijado en la puerta. ―So! o . . . o . . . o . . . so! ―dijo el limpia chimeneas dirigiéndose á su burro. --El -caballero- del chaleco blanco estaba en el lindar de la puerta con las manos tras la espalda, viniendo de pronunciar sin duda un discurso soberbio en la sala del consejo. Habiendo sido testigo de la pequeña discusion entre Mr. Gamfield y su asno, sonrió graciosamente al ver al primero leer el anúncio, pues pensó al momento que ese era el género de amo que convenia á Oliverio. Mr. Gamfield sonrió tambien para sus adentros recorriendo el anúncio; porque cabalmente cinco libras esterlinas formaban la suma justa que necesitaba; y por lo que toca al niño que era necesario cargarse á cuestas, el limpia chimeneas pensó que con el régimen de vida, á que habia sido ajustado , debia tener una talla capaz para pasar las chimeneas mas estrechas. Releyó pues por segunda vez desde la cruz á la fecha el anúncio y llevando la mano á su gorra de pelo de nutria se arrimó con el mas profundo respeto al -caballero- del chaleco blanco y le habló en estos términos: ―Perdon, caballero! ¿No es aqui que hay un niño á quien la parroquia quisiera colocar de aprendiz? --Si buen hombre. --dijo el otro con una sonrisa graciosa --Que le quereis? --Si la parroquia quisiera darle un oficio agradable y muy fatigoso en el arte de limpiar chimeneas por ejemplo; yo lo tomaria de muy buena gana; porque cabalmente necesito un aprendiz. --Entrad. --dijo el hombre del chaleco blanco. Mr. Gamfield despues de haber retrocedido algunos pasos para soplar á su rucio un nuevo golpe en la cabeza y una nueva sacudida en la quijada, por via de advertencia de que no se meneara durante su ausencia, siguió al -caballero- del chaleco blanco basta la sala, donde Oliverio Twist lo habia visto por primera vez. --Es un oficio bastante sucio! --dijo Mr. Limbkins despues que Gamfield hubo expuesto de nuevo su pretension. --Parece que ya ha habido muchachos ahogados en las chimeneas. --dijo otro. --Porque se mojaba la paja antes de encenderla para hacerlos bajar de ellas --dijo Gamfield. --Todo era humo sin llama . . . Además, de nada sirve el humo para hacer bajar un muchacho de una chimenea; al contrario no es bueno sino para adormecerle que es lo que quiere. Los niños, como saben Vds. señores, son perezosos y obstinados como el diablo; nada mejor que una buena llama para afufarles. Sobre todo es hacerles un gran favor por que á la verdad Señores, el asarles una miaja las plantas de los pies cuando se han aletargado en la chimenea, es muy del caso para hacerles deslizar con mas rapidez. El hombre del chaleco blanco se mostró muy satisfecho de esta esplicacion; pero una mirada de Mr. Limbkins reprimió instantáneamente su contento. Los miembros del consejo continuaron hablando entre si por algunos momentos; pero tan bajo que estas palabras: -procuremos la economia- . . . -veamos el libro de cuentas- . . . -hagamos imprimir una informacíon-, fueron las solas que pudieron oirse; porque se repitieron muy amenudo y con mucho enfasis. Al cabo cesó el cuchicheo y habiendo recobrado los miembros del consejo, cada uno su silla y su dignidad, Mr. Limbkins tomó la palabra: --Hemos discutido vuestra proposicion y no la admitimos. --dijo á Gamfield. ―De ningun modo. --añadió el caballero del chaleco blanco. --Despues de bien meditado; no. --concluyeron los demas miembros. Como Mr. Gamfield tenia fama de haber apaleado á tres ó cuatro muchachos hasta matarlos, le vino á las mientes que tal vez los miembros del consejo por un capricho inconcebible se habian imaginado que esta circunstancia, (de ningun valor para ellos) debia con todo influir sobre su conducta en esta ocasion. No siendo así hubiera sido muy contrario á su modo acostumbrado, de obrar y de pensar. Además, como no tenia ningunas ganas de atizar la fama publica, se alejó lentamente de la mesa revolviendo su gorra entre sus manos. --Con que no quereis dármelo caballeros? --dijo parándose en el lindar de la puerta. --No. --contestó Mr. Limbkins. --Siendo un oficio sucio, nos parece que deberiais tomar algo menos de la suma ofrecida en el anuncio. Los ojos del limpia chimeneas brillaron de gozo y dijo volviendo atrás: --Veamos caballeros, que es lo que Vds. quieren dar? Que diablos! No sean Vds. tan duros para un pobre diablo como yo. Que quieren Vds. dar? ―Creo que tres libras diez chelines, son bastantes. --dijo Mr. Limbkins. --Vamos --repuso Gamfield --sean cuatro libras y quedan Vds. desembarazados de una vez para siempre. Vamos caballeros! --Tres libras diez chelines. --repitió Mr. Limbkins con firmeza. --Pues bien! partamos la diferencia caballeros. --insistió Gamfield. --Digamos tres libras quince chelines. --Ni un -liard- de mas! --Tal fué la respuesta de Mr. Limbkins. --Están Vds. conmigo azás rigurosos caballeros! --dijo el limpia chimeneas titubeando. En fin, despues de un ligero debate se acordó la venta, y Mr. Bumble recibió el encargo de llevar Oliverio Twist con una acta de aprendizage, que debía ser aprobada y firmada por el magistrado en la tarde del mismo dia. Por resultado de esta determinacíon el pequeño Olíverio fué librado de su cautiverio con gran asombro de su parte, y recibió la órden de ponerse una camisa blanca. Apenas había concluido este ejercicio gimnástico, (al que se entregaba rara vez) cuando Mr. Bumble le presentó con sus propias manos una escudilla de puches, y la racion de los dias festivos; esto es, dos onzas y cuartillo de pan, lo que viendo Oliverio se puso á llorar amargamente, considerando naturalmente que era necesario una resolucion de matarlo para algun fin ventajoso; pues de lo contrario no se empezaría por engordarlo de tal modo. --No te hagas el cariacontecído. --dijo Mr. Bumble afectando un aspecto magnánimo ―Come y sé agradecido Oliverio . . . Vas ha entrar de aprendiz hijo mio! --De aprendiz caballero! --preguntó el niño con voz temblorosa. ―Si Oliverio! Los hombres -sensibles- y -generosos- que son para ti cual otros nuevos padres, pues que te ves privado de los tuyos, van á colocarte de aprendiz; á lanzarte en el mundo y hacer de ti un hombre, apesar de las tres libras diez chelines que ello cuesta á la parroquia! Tres libras diez chelines Oliverio! Sesenta y dos chelines! Ciento cuarenta monedas de seis sueldos! Y todo esto por quien? Por un bergante, un mal espósito á quien todo el mundo detesta! Mr. Bumble se paró para recobrar el aliento, despues de haber recitado esta arenga con tono magistral; copiosas lágrimas rodaron por las mejillas del pobre niño y sollozó amargamente. ―Vamos! --dijo Mr. Bumble con acento mas cariñoso, ufano del efecto producido por su elocuencia --vamos Oliverio; enjuga tus ojos con la manga de tu chaqueta, y no llores de este modo sobre tus puches. Es una bestialidad el llorar como lo haces en tus puches! ―(efectivamente era una bestialidad) sobraba el agua en sus puches. Mientras se dirijian al tribunal, Mr. Bumble insinuó á Oliverio que debia mostrarse muy contento, y cuando el caballero magistrado le preguntase si era de su gusto el entrar de aprendiz responder que lo deseaba de todo corazon. Oliverio prometió conformarse á una y á otra de las dos recomendaciones, tanto mas porque el pertiguero le dió á entender con mucha destreza que si fallaba no respondía de los resultados. Llegados al despacho del magistrado, el niño fué encerrado y dejado solo en un gabinete con la órden de esperar la vuelta de Mr. Bumble. Allí quedó durante media hora con el corazon palpitante de temor, pasada la cual aquel entreabrió la puerta y alargando su cabeza desprovista del sombrero de tres picos dijo de modo que pudiera ser oído: ―Amigito? ven á presentarte al Señor Magistrado. ―Luego tomando un aspecto amenazador añadió en voz baja ―Bribonzuelo! cuidado con olvidar lo que te tengo dicho! Oliverio miró á Mr. Bumble con aire de babiéca, sorprendido de un modo de hablar tan contradictorio; pero ese digno sujeto no le dió tiempo para hacer comentario alguno sobre este punto y le introdujo en una pieza vecina cuya puerta estaba abierta. Esta era una sala espaciosa alumbrada por una gran ventana. Detras de la balustrada dos viejos señorones con la cabeza empolvada estaban sentados en un bufete. El uno leía un periódico, y el otro con la ayuda de un par de anteojos de concha, recorria una oja pequeña de pergamino colocada ante el. A un lado y frente el bufete, se mantenía tieso Mr. Limbkins, y en el otro, Mr. Gamfield con su cara embadurnada de hollin; dos ó tres cara de pascuas con botas de vueltas de ante (ó a la Imperial.) se pavoneaban en el mismo centro de la sala. El viejo de los anteojos se adormeció por grados sobre el pergamino y reinó un momento de silencio despues que Mr. Bumble hubo colocado á Oliverio frente el bufete. ―Aquí está el niño Señor Magistrado. ―dijo Bumble. El viejo que leia el periódico, se ladeó un poco y logró despertar al otro tirándole de la manga. ―Ah! ¿es el niño? ―dijo este. --El mismo. ―respondió el pertiguero. --Amigito; saluda al Señor Magistrado! Oliverio se revistió de valor é hizo el mejor saludo posible en él. Fijos sus ojos sobre las cabezas empolvadas de los magistrados, se preguntaba á si mismo, si acaso todos los miembros del tribunal de justicia nacian con esa materia blanca en los cabellos, y por esto llegaban á ser magistrados. 1 2 3 4 : . , . 5 6 [ ' : 7 8 9 10 . 11 12 13 . 14 15 16 - - 17 . ] 18 19 20 21 22 23 . 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 , 34 35 36 37 - . . . - 38 39 . 40 41 , 42 43 . , . 44 45 . 46 47 48 49 50 51 . 52 53 54 . 55 56 . . - - 57 . 58 59 . . - - , , 60 . 61 62 . . - - 63 . 64 65 . - - 66 . 67 68 . . - - . 69 70 . . - - 71 . 72 73 . . - - . 74 75 . . - - , 76 . 77 78 . . - - 79 . 80 81 . . - - 82 , . - - 83 . 84 85 . . - - . . 86 87 . . - - 88 . - - . 89 90 . . - - 91 . - - 92 . 93 94 . . - - . 95 . - - . 96 . 97 98 . - - 99 . 100 101 . . - - 102 . 103 104 . . - - 105 . 106 107 . - - 108 . 109 110 . . - - . 111 112 . . - - . 113 114 . . - - . 115 116 . . - - . 117 118 . . - - . 119 120 . . - - 121 , ( 122 ) . 123 124 . . - - ; 125 . 126 127 . . - - . 128 129 . . - - . 130 - - . 131 132 . . - - , 133 . 134 135 . . - - 136 . - - . 137 138 . . - - . 139 140 . . - - . 141 142 . . - - 143 . 144 145 . . - - . - - 146 . 147 148 . . - - , 149 . 150 151 . . - - 152 , 153 . 154 155 . . - - , 156 . 157 158 . . - - , 159 . 160 161 . . - - . 162 . 163 164 . . - - 165 . 166 167 . . - - , 168 , . 169 170 . . - - 171 , . 172 173 . . - - . 174 175 . . - - . 176 - - . - - . 177 178 . . - - . 179 180 . . - - . 181 182 . . - - . , 183 , . 184 185 . - - . - - . 186 187 . . - - . - - 188 . 189 190 . . - - . 191 192 . . - - . 193 194 . 195 196 197 198 199 . 200 201 202 . 203 204 205 . 206 207 208 . 209 210 211 . 212 213 . 214 215 . , . 216 217 , 218 , . 219 220 . 221 222 223 224 225 . 226 227 . 228 229 230 , 231 232 . , 233 234 . 235 , 236 237 . 238 239 , 240 . 241 , 242 , 243 244 , 245 . 246 247 , ; 248 , 249 250 , 251 252 , . 253 254 255 256 , 257 , . 258 , 259 . 260 261 ; 262 , , 263 264 . . 265 , , 266 , 267 ! 268 269 270 , 271 272 ; 273 , 274 275 , 276 . 277 278 - . . - - . - 279 280 281 282 283 . 284 285 286 . 287 288 289 , 290 , 291 ; 292 : 293 - - . , 294 , 295 , 296 . 297 298 299 300 , 301 . , , , 302 303 , 304 , 305 , 306 . 307 308 309 , 310 , 311 , 312 : 313 . . ? 314 315 , 316 ; , 317 318 : 319 320 ! ! . . 321 322 - - ! . . ! . . 323 - - , , 324 , 325 . - - ! . . 326 , , 327 328 , 329 , . 330 : , 331 . . 332 333 , 334 : 335 . 336 , 337 ; , 338 , 339 , , 340 . . . 341 ; : 342 ! ! : 343 ! . . - - 344 ! - - . 345 346 - - ! ! . . - - 347 , 348 - - ! 349 ? 350 351 : 352 ? 353 . ; 354 . , 355 : - - , 356 ! ? . . 357 358 , - - . 359 . 360 , 361 ; . 362 363 364 : - - ! . . - - 365 ; - - , . , ! . . 366 367 368 , , 369 . 370 371 372 ! 373 , 374 , . 375 , 376 . , 377 ; 378 , 379 : , 380 ; 381 ; 382 ; , . 383 384 . , 385 , , 386 . 387 388 389 390 391 . 392 393 , , 394 . 395 396 397 , 398 : 399 . - - , 400 - - , 401 . - 402 - , , - 403 - 404 , 405 ; 406 - - , - 407 - 408 , , - - ; 409 , , 410 , - - 411 , 412 413 . 414 - - 415 . , . 416 417 , 418 . 419 , 420 . 421 , ; , 422 423 424 , 425 ; 426 , , 427 428 . 429 430 431 , 432 433 , 434 , 435 436 . 437 438 439 , 440 ; 441 442 , 443 , 444 , 445 , ; 446 447 448 . 449 450 451 . , 452 ; 453 454 ; 455 456 . , 457 458 , 459 , 460 ; , 461 , , 462 , 463 . 464 465 ! ! 466 ; - - , - - 467 468 . ! ! 469 ! 470 471 472 , 473 , , 474 . 475 476 - - ! 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