No es este; pero empieza con Pirro... ¡ah!... Pirro feroz, con pavonadas armas, negras como su intento, reclinado dentro en los senos del caballo enorme, á la lóbrega noche parecía. Ya su terrible, ennegrecido aspecto mayor espanto da. Todo lo tiñe de la cabeza al pie caliente sangre de ancianos y matronas, de robustos mancebos y de vírgenes, que abrasa el fuego de inflamados edificios en confuso montón; á cuya horrenda luz que despiden, el caudillo insano muerte y estrago esparce. Ardiendo en ira, cubierto de cuajada sangre, vuelve los ojos, al carbunclo semejantes, y busca, instado de infernal venganza, al viejo abuelo Príamo... Prosigue tú. POLONIO.--¡Muy bien declamado, á fe mía! con buen acento y bella expresión. CÓMICO 1.º-- Al momento le ve lidiando, ¡resistencia breve! contra los griegos; su temida espada rebelde al brazo ya, le pesa inútil. Pirro, de furias lleno, le provoca á liza desigual; herirle intenta, y el aire solo del funesto acero postra al débil anciano. Y cual si fuese a tanto golpe el Ilïon sensible, al suelo desplomó sus techos altos, ardiendo en llamas, y al rumor suspenso. Pirro... ¿Le veis? la espada que venía á herir del teucro la nevada frente se detiene en los aires, y él inmoble, absorto y mudo y sin acción su enojo, la imagen de un tirano representa que figuró el pincel. Mas como suele tal vez el cielo en tempestad obscura parar su movimiento, de los aires el ímpetu cesar, y en silenciosa quietud de muerte reposar el orbe, hasta que el trueno, con horror zumbando, rompe la alta región; así un instante suspensa fué la cólera de Pirro, y así, dispuesto á la venganza, el duro combate renovó. No más tremendo golpe en las armas de Mavorte eternas dieron jamás los cíclopes tostados, que sobre el triste anciano la cuchilla sangrienta dió del sucesor de Aquiles. ¡Oh fortuna falaz!... Vos, poderosos dioses, quitadle su dominio injusto; romped los rayos de su rueda y calces, y el eje circular desde el Olimpo caiga en pedazos del abismo al centro. POLONIO.--Es demasiado largo. HAMLET.--Lo mismo dirá de tus barbas el barbero. Prosigue. Este sólo gusta de ver bailar ó de oir cuentos de alcahuetas, ó si no se duerme. Prosigue con aquello de Hécuba. CÓMICO 1.º--Pero quien viese ¡oh vista dolorosa! la mal ceñida reina... HAMLET.--¡La mal ceñida reina! POLONIO.--Esto es bueno, mal ceñida reina, ¡bueno! Cómico 1.º--Pero quien viese ¡oh vista dolorosa! la mal ceñida reina, el pie desnudo, girar de un lado al otro, amenazando extinguir con sus lágrimas el fuego... En vez de vestidura rozagante cubierto el seno, harto fecundo un día, con las ropas del lecho arrebatadas (ni a más le dió lugar el susto horrible), rasgado un velo en su cabeza, donde antes resplandeció corona augusta... ¡Ay! quien la viese, á los supremos hados con lengua venenosa execraría. Los dioses mismos, si a piedad los mueve el linaje mortal, dolor sintieran de verla, cuando al implacable Pirro halló esparciendo en trozos con su espada del muerto esposo los helados miembros. Lo ve, y exclama con gemido triste, bastante á conturbar allá en su altura las deidades de Olimpo, y los brillantes ojos del cielo humedecer en lloro. POLONIO.--Ved cómo muda de color, y se le han saltado las lágrimas. No, no prosigáis. HAMLET.--Basta ya, presto me dirás lo que falta. Señor mío, es menester hacer que estos cómicos se establezcan, ¿lo entiendes? y agasajarlos bien. Ellos son sin duda el epítome histórico de los siglos, y más te valdrá tener después de muerto un mal epitafio que una mala reputación entre ellos mientras vivas. POLONIO.--Yo, señor, los trataré conforme á sus méritos. HAMLET.--¡Qué cabeza ésta! No, señor, mucho mejor. Si a los hombres se los hubiese de tratar según merecen, ¿quién escaparía de ser azotado? Trátalos como corresponde á tu nobleza y á tu propio honor; cuanto menor sea su mérito, mayor sea tu bondad. Acompáñalos. POLONIO.--Venid, señores. HAMLET.--Amigos, id con él. Mañana habrá comedia. Oye aquí tú, amigo, dime, ¿no pudierais representar -la Muerte de Gonzago-? CÓMICO 1.º--Sí, señor. HAMLET.--Pues mañana á la noche quiero que se haga. ¿Y no podrías, si fuese menester aprender de memoria unos doce ó diez y seis versos que quiero escribir é insertar en la pieza? ¿Podrás? CÓMICO 1.º--Sí, señor. HAMLET.--Muy bien; pues vete con aquel caballero, y cuenta no hagáis burla de él. Amigos, hasta la noche. Pasadlo bien. RICARDO.--Señor... HAMLET.--Id con Dios. ESCENA XI HAMLET Ya estoy solo. ¡Qué abatido, qué insensible soy! ¿No es admirable que este actor, en una fábula, en una ficción, pueda dirigir tan á su placer el ánimo, que así agite y desfigure el rostro en la declamación, vertiendo de sus ojos lágrimas, débil la voz, y todas sus acciones tan acomodadas á lo que quiere expresar? Y esto por nadie: por Hécuba. ¿Y quién es Hécuba para él, ó él para ella, que así llora sus infortunios? Pues ¡qué no haría si él tuviese los tristes motivos de dolor que yo tengo! Inundaría el teatro con llanto, su terrible acento conturbaría á cuantos le oyesen, llenaría de desesperación al culpado, de temor al inocente, al ignorante de confusión, y sorprendería con asombro la facultad de los ojos y los oídos. ¡Pero yo, miserable, sin vigor y estúpido, sueño adormecido, permanezco mudo, y miro con tal indiferencia mis agravios! Qué, ¿nada merece un rey con quien se cometió el más atroz delito para despojarle del cetro y la vida? ¿Soy cobarde yo? ¿Quién se atreve á llamarme villano, ó á insultarme en mi presencia, arrancarme la barba, soplármela al rostro, asirme de la nariz, ó hacerme tragar lejía que me llegue al pulmón? ¿Quién se atreve a tanto? ¿Sería yo capaz de sufrirlo? Sí, que no es posible sino que yo sea como la paloma, que carece de hiel, incapaz de acciones crueles; á no ser esto, ya se hubieran cebado los milanos del aire en los despojos de aquel indigno, deshonesto, homicida, pérfido seductor, feroz malvado, que vive sin remordimientos de su culpa. Pero ¿por qué he de ser tan necio? ¿Será generoso proceder el mío, que yo, hijo de un querido padre (de cuya muerte alevosa el cielo y el infierno mismo me piden venganza), afeminado y débil desahogue con palabras el corazón, prorrumpa en execraciones vanas como una prostituta vil ó un pillo de cocina? ¡Ah! no, ni aun sólo imaginarlo. ¡Eh!... Yo he oído que tal vez asistiendo á una representación hombres muy culpados, han sido heridos en el alma con tal violencia por la ilusión del teatro, que á vista de todos han publicado sus delitos; que la culpa, aunque sin lengua, siempre se manifestará por medios maravillosos. Yo haré que estos actores representen delante de mi tío algún pasaje que tenga semejanza con la muerte de mi padre. Yo le heriré en lo más vivo del corazón, observaré sus miradas; si muda de color, si se estremece, ya sé lo que me toca hacer. La aparición que vi pudiera ser un espíritu del infierno. Al demonio no le es difícil presentarse bajo la más agradable forma; sí, y acaso como él es tan poderoso sobre una imaginación perturbada, valiéndose de mi propia debilidad y melancolía, me engaña para perderme. Yo voy á adquirir pruebas más sólidas, y esta representación ha de ser el lazo en que se enrede la conciencia del rey. ACTO III ESCENA PRIMERA Galería de palacio CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, OFELIA, RICARDO, GUILLERMO CLAUDIO.--¿Y no os fué posible indagar en la conversación que con él tuvisteis, de qué nace aquel desorden de espíritu que tan cruelmente altera su quietud con turbulenta y peligrosa demencia? RICARDO.--El mismo reconoce los extravíos de su razón, pero no ha querido manifestarnos el origen de ellos. GUILLERMO.--Ni le hallamos en disposición de ser examinado, porque siempre huye de la cuestión con un rasgo de locura, cuando ve que le conducimos al punto de descubrir la verdad. GERTRUDIS.--¿Fuisteis bien recibidos de él? RICARDO.--Con mucha cortesía. GUILLERMO.--Pero se le conocía una cierta sujeción. RICARDO.--Preguntó poco, pero respondía á todo con prontitud. GERTRUDIS.--¿Le habéis convidado para alguna diversión? RICARDO.--Sí, señora, porque casualmente habíamos encontrado una compañía de cómicos en el camino: se lo dijimos, y mostró complacencia al oirlo. Están ya en la corte, y creo que tienen orden de representarle esta noche una pieza. POLONIO.--Así es la verdad, y me ha encargado de suplicar á VV. MM. que asistan á verla y oirla. CLAUDIO.--Con mucho gusto: me complace en extremo saber que tiene tal inclinación. Vosotros, señores, excitadle á ella, y aplaudid su propensión á este género de placeres. RICARDO.--Así lo haremos. ESCENA II CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, OFELIA CLAUDIO.--Tú, mi amada Gertrudis, deberás también retirarte, porque hemos dispuesto que Hamlet al venir aquí, como si fuera casualidad, encuentre á Ofelia. Su padre y yo, testigos los más aptos para el fin, nos colocaremos donde veamos sin ser vistos: así podremos juzgar de lo que entre ambos pase, y en las acciones y palabras del príncipe conoceremos si es pasión de amor el mal de que adolece. GERTRUDIS.--Voy á obedeceros; y por mi parte, Ofelia, ¡oh, cuánto desearía que tu rara hermosura fuese el dichoso origen de la demencia de Hamlet! Entonces yo debería esperar que tus prendas amables pudieran para vuestra mutua felicidad restituirle su salud perdida. OFELIA.--Yo, señora, también quisiera que fuese así. ESCENA III CLAUDIO, POLONIO, OFELIA POLONIO.--Paséate por aquí, Ofelia. Si V. M. gusta podemos ya ocultarnos. Haz que lees en este libro (-dándole un libro-): esta ocupación disculpará la soledad del sitio... ¡Materia es por cierto en que tenemos mucho de que acusarnos! ¡Cuántas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo! CLAUDIO.--Demasiado cierto es... (-Ap.-) ¡Qué cruelmente ha herido esa reflexión mi conciencia! El rostro de la meretriz, hermoseada con el arte, no es más feo despojado de los afeites, que lo es mi delito disimulado en palabras traidoras. ¡Oh, qué pesada carga me oprime! POLONIO.--Ya le siento llegar, señor; conviene retirarnos. ESCENA IV HAMLET, OFELIA (Hamlet dirá este monólogo, creyéndose solo. Ofelia á un extremo del teatro lee.) HAMLET.--Existir o no existir, ésta es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo: sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, ú oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darles fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?... Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soñar. Sí, y ved aquí el grande obstáculo; porque el considerar qué sueños podrán ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razón harto poderosa para detenernos. Esta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga. ¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito, de los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios, cuando el que esto sufre pudiera procurar su quietud con sólo un puñal? ¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta, si no fuese que el temor de que existe alguna cosa más allá de la muerte (aquel país desconocido, de cuyos límites ningún caminante torna) nos embaraza en dudas y nos hace sufrir los males que nos cercan, antes que ir á buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento? Esta previsión nos hace á todos cobardes: así la natural tintura de valor se debilita con los barnices pálidos de la prudencia; las empresas de mayor importancia por esta sola consideración mudan camino, no se ejecutan, y se reducen á designios vanos. Pero... ¡la hermosa Ofelia! Graciosa niña, espero que mis defectos no serán olvidados en tus oraciones. OFELIA.--¿Cómo os habéis sentido, señor, en todos estos días? HAMLET.--Muchas gracias. Bien. OFELIA.--Conservo en mi poder algunas expresiones vuestras que deseo restituiros mucho tiempo ha, y os pido que ahora las toméis. HAMLET.--No, yo nunca te di nada. OFELIA.--Bien sabéis, señor, que os digo verdad... Y con ellas me dísteis palabras de tan suave aliento compuestas, que alimentaron con extremo su valor; pero ya disipado aquel perfume, recibidlas, que un alma generosa considera como viles los más opulentos dones, si llega á entibiarse el afecto de quien los dió. Vedlos aquí. (-Presentándole algunas joyas. Hamlet rehusa tomarlas-). HAMLET.--¡Oh! ¡oh! ¿Eres honesta? OFELIA.--Señor... HAMLET.--¿Eres hermosa? OFELIA.--¿Qué pretendéis decir con eso? HAMLET.--Que si eres honesta y hermosa, no debes consentir que tu honestidad trate con tu belleza. OFELIA.--¿Puede acaso tener la hermosura mejor compañera que la honestidad? HAMLET.--Sin duda alguna. El poder de la hermosura convertirá á la honestidad en una alcahueta, antes que la honestidad logre dar á la hermosura su semejanza. En otro tiempo se tenía esto por una paradoja; pero en la edad presente es cosa probada... Yo te quería antes, Ofelia. OFELIA.--Así me lo dabais á entender. HAMLET.--Y tú no debieras haberme creído, porque nunca puede la virtud ingerirse tan perfectamente en nuestro endurecido tronco, que nos quite aquel resquemo original... Yo no te he querido nunca. OFELIA.--Muy engañada estuve. HAMLET.--Mira, vete á un convento: ¿para qué te has de exponer á ser madre de hijos pecadores? Yo soy medianamente bueno; pero al considerar algunas cosas de que puedo acusarme, sería mejor que mi madre no me hubiese parido. Yo soy muy soberbio, vengativo, ambicioso, con más pecados sobre mi cabeza que pensamientos para explicarlos, fantasía para darles forma, ni tiempo para llevarlos á ejecución. ¿A qué fin los miserables como yo han de existir arrastrados entre el cielo y la tierra? Todos somos insignes malvados: no creas á ninguno de nosotros; vete, vete á un convento... ¿En dónde está tu padre? OFELIA.--En casa está, señor. HAMLET.--¿Sí? pues que cierren bien todas las puertas, para que si quiere hacer locuras las haga dentro de su casa. Adiós. (-Hace que se va, y vuelve-) OFELIA.--¡Oh, mi buen Dios, favorecedle! HAMLET.--Si te casas, quiero darte esta maldición en dote. Aunque seas un hielo en la castidad, aunque seas tan pura como la nieve, no podrás librarte de la calumnia. Vete á un convento. Adiós. Pero... escucha: si tienes necesidad de casarte, cásate con un tonto; porque los hombres avisados saben muy bien que vosotras los convertís en fieras... Al convento, y pronto. Adiós. (-Hace, que se va, y vuelve-). OFELIA.--¡El cielo con su poder le alivie! HAMLET.--He oído hablar mucho de vuestros afeites y embelecos. La naturaleza os dió una cara, y vosotras os hacéis otra distinta. Con esos brinquillos, ese pasito corto, ese hablar aniñado, pasáis por inocentes y convertís en gracia vuestros defectos mismos. Pero no hablemos más de esta materia, que me ha hecho perder la razón... Digo sólo que de hoy en adelante no habrá más casamientos; los que ya están casados (exceptuando uno) permanecerán así; los otros se quedarán solteros... Véte al convento, véte. ESCENA V OFELIA ¡Oh, qué trastorno ha padecido esa alma generosa! La penetración del cortesano, la lengua del sabio, la espada del guerrero, la esperanza y delicias del estado, el espejo de la cultura, el modelo de la gentileza que estudiaban los más advertidos, todo, todo se ha aniquilado. Y yo, la más desconsolada é infeliz de las mujeres, que gusté algún día la miel de sus promesas suaves, veo ahora aquel noble y sublime entendimiento desacordado, como la campana sonora que se hiende; aquella incomparable presencia, aquel semblante de florida juventud, alterado con el frenesí. ¡ Oh, cuánta, cuánta es mi desdicha de haber visto lo que vi, para ver ahora lo que veo! ESCENA VI CLAUDIO, POLONIO, OFELIA CLAUDIO.--¡Amor! ¡Qué! No van por este camino sus afectos; ni en lo que ha dicho, aunque algo falto de orden, hay nada que parezca locura. Alguna idea tiene en el ánimo que cubre y fomenta su melancolía, y recelo que ha de ser un mal el fruto que produzca. A fin de prevenirlo, he resuelto que salga prontamente para Inglaterra á pedir en mi nombre los atrasados tributos. Acaso el mar y los países diferentes podrán con la variedad de objetos alejar esta pasión que le ocupa, sea la que fuere, sobre la cual su imaginación sin cesar golpea. ¿Qué te parece? POLONIO.--Que así es lo mejor. Pero yo creo, no obstante, que el origen y principio de su aflicción provengan de un amor mal correspondido. Tú, Ofelia, no hay para qué nos cuentes lo que te ha dicho el príncipe, que todo lo hemos oído. ESCENA VII CLAUDIO, POLONIO POLONIO.--Haced lo que os parezca, señor; pero si lo juzgáis á propósito, sería bien que la reina retirada á solas con él, luego que se acabe el espectáculo le inste a que le manifieste sus penas, hablándole con entera libertad. Yo, si lo permitís, me pondré en paraje de donde pueda oir toda la conversación. Si no logra su madre descubrir este arcano, enviadle á Inglaterra, ó desterradle adonde vuestra prudencia os dicte. CLAUDIO.--Así se hará. La locura de los poderosos debe ser examinada con escrupulosa atención. ESCENA VIII Salón de palacio El salón estará iluminado; habrá asientos que formen semicírculo para el concurso que ha de asistir al espectáculo. Ha de haber en el foro una gran puerta con pabellones y cortina, por donde saldrán á su tiempo los actores que deben representar. HAMLET y dos cómicos HAMLET.--Dirás este pasaje en la forma que te le he declamado yo: con soltura de lengua, no con voz desentonada, como lo hacen muchos de nuestros cómicos; más valdría entonces dar mis versos al pregonero para que los dijese. Ni manotees así acuchillando el aire; moderación en todo, puesto que aun en el torrente, la tempestad, y por mejor decir, el huracán de las pasiones, se debe conservar aquella templanza que hace suave y elegante la expresión. A mí me desazona en extremo ver á un hombre muy cubierta la cabeza con su cabellera, que á fuerza de gritos estropea los afectos que quiere exprimir, y rompe y desgarra los oídos del vulgo rudo, que sólo gusta de gesticulaciones insignificantes y de estrépito. Yo mandaría azotar á un energúmeno de tal especie; Herodes de farsa, más furioso que el mismo Herodes. Evita, evita este vicio. CÓMICO 1.º--Así os lo prometo. HAMLET.--Ni seas tampoco demasiado frío; tu misma prudencia debe guiarte. La acción debe corresponder á la palabra, y ésta á la acción, cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la naturaleza. No hay defecto que más se oponga al fin de la representación, que desde el principio hasta ahora ha sido y es ofrecer á la naturaleza un espejo en que vea la virtud su propia forma, el vicio su imagen, cada nación y cada siglo sus principales caracteres. Si esta pintura se exagera ó se debilita, excitará la risa de los ignorantes; pero no puede menos de disgustar á los hombres de buena razón, cuya censura debe ser para vosotros de más peso que la de toda la multitud que llena el teatro. Yo he visto representar á algunos cómicos, que otros aplaudían con entusiasmo, por no decir con escándalo, los cuales no tenían acento ni figura de cristianos, ni de gentiles, ni de hombres; que al verlos hincharse y bramar no los juzgué de la especie humana, sino unos simulacros rudos de hombres, hechos por algún mal aprendiz. Tan inicuamente imitaban la naturaleza. CÓMICO 1.º--Yo creo que en nuestra compañía se ha corregido bastante ese defecto. HAMLET.--Corregidle del todo, y cuidad también que los que hacen de payos no añadan nada á lo que está escrito en su papel; porque algunos de ellos, para hacer reir á los oyentes más adustos, empiezan á dar risotadas, cuando el interés del drama debería ocupar toda la atención. Esto es indigno, y manifiesta en los necios que lo practican el ridículo empeño de lucirlo. Id á prepararos. ESCENA IX HAMLET, POLONIO, RICARDO, GUILLERMO HAMLET.--Y bien, Polonio, ¿gustará al rey de oir esta pieza? POLONIO.--Sí, señor, al instante, y la reina también. HAMLET.--Ve á decir á los cómicos que se despachen. ¿Queréis ir vosotros á darles prisa? RICARDO.--Con mucho gusto. ESCENA X HAMLET, HORACIO HAMLET.--¿Quién es?... ¡Ah! Horacio. HORACIO.--Veisme aquí, señor, á vuestras órdenes. HAMLET.--Tú, Horacio, eres un hombre cuyo trato me ha agradado siempre. HORACIO.--¡Oh! señor... HAMLET.--No creas que pretendo adularte; ¿ni qué utilidades puedo yo esperar de ti, que exceptuando tus buenas prendas, no tienes otras rentas para alimentarte y vestirte? ¿Habrá quien adule al pobre? No... Los que tienen almibarada la lengua, váyanse á lamer con ella la grandeza estúpida, y doblen los goznes de sus rodillas donde la lisonja encuentre galardón. ¿Me has entendido? Desde que mi alma se halló capaz de conocer á los hombres y pudo elegirlos, tú fuiste el escogido y marcado para ella; porque siempre, ó desgraciado ó feliz, has recibido con igual semblante los premios y los reveses de la fortuna. Dichosos aquéllos cuyo temperamento y juicio se combinan con tal acuerdo, que no son entre los dedos de la fortuna una flauta dispuesta á sonar según ella guste. Dame un hombre que no sea esclavo de sus pasiones, y yo le colocaré en el centro de mi corazón: sí, en el corazón de mi corazón, como lo hago contigo. Pero yo me dilato demasiado en esto. Esta noche se representa un drama delante del rey; una de sus escenas contiene circunstancias muy parecidas á las de la muerte de mi padre, de que ya te hablé. Te encargo que cuando este paso se represente observes á mi tío con la más viva atención del alma; si al ver uno de aquellos lances su oculto delito no se descubre por sí solo, sin duda el que hemos visto es un espíritu infernal, y son todas mis ideas más negras que los yunques de Vulcano. Examínale cuidadosamente: yo también fijaré mi vista en su rostro, y después uniremos nuestras observaciones para juzgar lo que su exterior nos anuncie. HORACIO.--Está bien, señor; y si durante el espectáculo logra hurtar á nuestra indagación el menor arcano, yo pago el hurto. HAMLET.--Ya vienen á la función; vuélvome á hacer el loco, y tú busca asiento. ESCENA XI CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, HORACIO, POLONIO, OFELIA, RICARDO, GUILLERMO y acompañamiento de damas, caballeros, pajes y guardias. (-Suena marcha dánica-). CLAUDIO.--¿Cómo estás, mi querido Hamlet? HAMLET.--Muy bueno, señor; me mantengo del aire como el camaleón, engordo de esperanzas. No podréis vos cebar así á vuestros capones. CLAUDIO.--No comprendo esa respuesta, Hamlet, ni tales razones son para mí. HAMLET.--Ni para mí tampoco. ¿No dices tú que una vez representaste en la universidad? ¿eh? POLONIO.--Sí, señor, así es; y fuí reputado por muy buen actor. HAMLET.--¿Y qué hiciste? POLONIO.--El papel de Julio César. Bruto me asesinaba en el Capitolio. HAMLET.--Muy bruto fué el que cometió en el Capitolio tan capital delito. ¿Están ya prevenidos los cómicos? RICARDO.--Sí, señor, y esperan sólo vuestras órdenes. GERTRUDIS.--Ven aquí, mi querido Hamlet, ponte á mi lado. (-Gertrudis y Claudio se sientan junto á la puerta por donde han de salir los actores. Siguen por su orden las damas y caballeros. Hamlet se sienta en el suelo á los pies de Ofelia-). HAMLET.--No, señora; aquí hay un imán de más atracción para mí. POLONIO.--¡Ah! ¡ah! ¿habéis notado eso? HAMLET.--¿Permitiréis que me ponga sobre vuestra rodilla? OFELIA.--No, señor. HAMLET.--Quiero decir, apoyar mi cabeza en vuestra rodilla. OFELIA.--Sí, señor. HAMLET.--¿Pensáis que yo quisiera cometer alguna indecencia? OFELIA.--No, no pienso nada de eso. HAMLET.--¡Qué dulce cosa es...! OFELIA.--¿Qué decís, señor? HAMLET.--Nada. OFELIA.--Se conoce que estáis de fiesta. HAMLET.--¿Quién yo? OFELIA.--Sí, señor. HAMLET.--Lo hago sólo por divertiros. Y bien mirado, ¿qué debe hacer un hombre sino vivir alegre? Ved mi madre qué contenta está, y mi padre murió ayer. OFELIA.--¡Eh! no, señor, que ya hace dos meses. HAMLET.--¿Tanto ha? ¡Oh! pues quiero vestirme todo de armiños, y llévese el diablo el luto. ¡Dios mío! ¿dos meses há que murió, y todavía se acuerdan de él? De esa manera ya puede esperarse que la memoria de un grande hombre le sobreviva quizás medio año; bien que es menester que haya sido fundador de iglesias, que si no, por la Virgen santa no habrá nadie que de él se acuerde, como del caballo de palo, de quien dice aquel epitafio: Ya murió el caballito de palo, Y ya le olvidaron así que murió. (Suenan trompetas, y se da principio á la escena muda.--Salen el duque y la duquesa (que lo harán los cómicos primero y segundo); al encontrarse, se saludan y abrazan afectuosamente; ella se arrodilla mostrando el mayor respeto; él la levanta y reclina la cabeza sobre el pecho de su esposa. Acuéstase el duque en un lecho de flores, y ella se retira al verle dormido. Sale el cómico tercero (que hace el papel de Luciano, sobrino del duque), se acerca, le quita al duque la corona, la besa, le derrama en el oído una porción de licor que lleva en un frasco, y hecho esto se va. Vuelve la duquesa, y hallando muerto á su marido, manifiesta gran sentimiento. Sale Luciano con dos ó tres que le acompañan, y hace ademanes de dolor; manda retirar el cadáver, y quedando á solas con la duquesa, la solicita y la ofrece dádivas; ella resiste un poco y le desdeña, pero al fin admite su amor. Vanse.) OFELIA.--¿Qué significa esto, señor? HAMLET.--Esto es un asesinato oculto, y anuncia grandes maldades. OFELIA.--Según parece, la escena muda contiene el argumento del drama. ESCENA XII Cómico cuarto y dichos HAMLET.--Ahora lo sabremos por lo que nos diga ese actor; los cómicos no pueden callar un secreto, todo lo cuentan. OFELIA.--¿Nos dirá éste lo que significa la escena que hemos visto? HAMLET.--Sí, por cierto, y cualquiera otra escena que le hagáis ver. Como no os avergoncéis de representársela, él no se avergonzará de deciros lo que significa. OFELIA.--¡Qué malo, qué malo sois! Pero dejadme atender á la pieza. CÓMICO 4.º--Humildemente os pedimos que escuchéis esta tragedia, disimulando las faltas que haya en nosotros y en ella. HAMLET.--¿Es esto prólogo, ú mote de sortija? OFELIA.--¡Qué corto ha sido! HAMLET.--Como cariño de mujer. ESCENA XIII Cómico primero, cómico segundo y dichos CÓMICO 1.º--Ya treinta vueltas dió de Febo el carro á las ondas saladas de Nereo y al globo de la tierra, y treinta veces con luz prestada han alumbrado el suelo doce lunas, en giros repetidos, después que el dios de amor y el himeneo nos enlazaron, para dicha nuestra, en nudo santo el corazón y el cuello. CÓMICO 2.º--Y ¡oh! quiera el cielo que otros tantos giros á la luna y al sol, señor, contemos antes que el fuego; de este amor se apague. Pero es mi pena inconsolable al veros doliente, triste y tan diverso ahora de aquel que fuisteis... Tímida recelo... Mas toda mi aflicción nada os conturbe; que en pecho femenil llega al exceso el temor y el amor. Allí residen en igual proporción ambos afectos, ó no existe ninguno, ó se combinan éste y aquél con el mayor extremo. Cuán grande es el amor que á vos me inclina, las pruebas lo dirán que dadas tengo; pues tal es mi temor. Si un fino amante, sin motivo tal vez vive temiendo, la que al veros así toda es temores, muy puro amor abrigará en el pecho. CÓMICO 1.º--Sí, yo debo dejarte, amada mía; inevitable es ya; cederán presto á la muerte mis fuerzas fatigadas; tú vivirás, gozando del obsequio y el amor de la tierra. Acaso entonces un digno esposo... CÓMICO 2.º--No, dad al silencio esos anuncios. ¿Yo? Pues ¿no serían traición culpable en mí tales afectos? ¿Yo un nuevo esposo? No; la que se entrega al segundo señor, mató al primero. HAMLET.--Esto es zumo de ajenjos. CÓMICO 2.º--Motivos de interés tal vez inducen á renovar los nudos de himeneo, no motivos de amor; yo causaría segunda muerte á mi difunto dueño, cuando del nuevo esposo recibiera en tálamo nupcial amantes besos. CÓMICO 1.º--No dudaré que el corazón te dicta lo que aseguras hoy; fácil creemos cumplir lo prometido, y fácilmente se quebranta y se olvida. Los deseos del hombre á la memoria están sumisos, que nace activa y desfallece presto. Así pende del ramo acerbo el fruto, y así maduro, sin impulso ajeno, se desprende después. Difícilmente nos acordamos de llevar á efecto promesas hechas á nosotros mismos, que al cesar la pasión cesa el empeño. Cuando de la aflicción y la alegría se moderan los ímpetus violentos, con ellos se disipan las ideas á que dieron lugar, y el más ligero acaso los placeres en afanes muda tal vez, y en risa los lamentos. Amor, como la suerte, es inconstante: que en este mundo al fin nada hay eterno, y aun se ignora si él manda á la fortuna, ó si ésta del amor cede al imperio. Si el poderoso del lugar sublime se precipita, le abandonan luego cuantos gozaron su favor; si el pobre sube á prosperidad, los que le fueron más enemigos su amistad procuran (y el amor sigue á la fortuna en esto) que nunca al venturoso amigos faltan, ni al pobre desengaños y desprecios. Por diferente senda se encaminan los destinos del hombre y sus afectos, y sólo en él la voluntad es libre, mas no la ejecución; y así el suceso nuestros designios todos desvanece. Tú me prometes no rendir á nuevo yugo tu libertad... Esas ideas ¡ay! morirán cuando me vieres muerto. CÓMICO 2.º--Luces me niegue el sol, frutos la tierra, sin descanso y placer viva muriendo, desesperada y en prisión obscura, su mesa envidie al eremita austero; cuantas penas el ánimo entristecen, todas turben el fin de mis deseos y los destruyan, ni quietud encuentre en parte alguna con afán eterno; si ya difunto mi primer esposo, segundas bodas pérfida celebro. HAMLET.--Si ella no cumpliese lo que promete... CÓMICO 1.º--Mucho juraste... Aquí gozar quisiera solitaria quietud; rendido siento al cansancio mi espíritu. Permite que alguna parte le conceda al sueño de las molestas horas. (-Se acuesta en un lecho de flores-) Cómico 2.º--El te halague con tranquilo descanso, y nunca el cielo en unión tan feliz pesares mezcle.(-Vase-). HAMLET.--Y bien, señora, ¿qué tal os va pareciendo la pieza? GERTRUDIS.--Me parece que esa mujer promete demasiado. HAMLET.--Sí, pero lo cumplirá. CLAUDIO.--¿Te has enterado bien del asunto? ¿Tiene algo que sea de mal ejemplo? HAMLET.--No, señor, no. Si todo ello es mera ficción; un veneno... fingido; pero mal ejemplo, ¡qué! no, señor. CLAUDIO.--¿Cómo se intitula este drama? HAMLET.---La Ratonera.- Cierto que sí... es un título metafórico. En esta pieza se trata de un homicidio cometido en Viena... el duque se llama Gonzago, y su mujer Baptista... Ya, ya veréis presto... ¡Oh! ¡es un enredo maldito! ¿Y qué importa? A V. M. y á mí, que no tenemos culpado el ánimo, no nos puede incomodar; al rocín que esté lleno de mataduras le hará dar coces; pero á bien que nosotros no tenemos desollado el lomo. ESCENA XIV Cómico tercero y dichos HAMLET.--Este que sale ahora se llama Luciano, sobrino del duque. OFELIA.--Vos suplís perfectamente la falta del coro. HAMLET.--Y aun pudiera servir de intérprete entre vos y vuestro amante, si viese puestos en acción entrambos títeres. OFELIA.--¡Vaya, que tenéis una lengua que corta! HAMLET.--Con un buen suspiro que deis, se le quita el filo. OFELIA.--Eso es; siempre de mal en peor. HAMLET.--Así hacéis vosotras en la elección de marido: de mal en peor... Empieza, asesino... Déjate de poner ese gesto de condenado, y empieza. Vamos... el cuervo graznador está ya gritando venganza. CÓMICO 3.º--Negros designios, brazo ya dispuesto á ejecutarlos, tósigo oportuno, sitio remoto, favorable el tiempo, y nadie que lo observe. Tú, extraído de la profunda noche en el silencio, atroz veneno de mortales hierbas (invocada Prosérpina) compuesto; infectadas tres veces, y otras tantas exprimidas después, sirve á mi intento; pues á tu actividad mágica, horrible, la robustez vital cede tan presto. (-Acércase adonde está durmiendo el cómico primero; destapa un frasquillo, y le echa una porción de licor en el oído-). HAMLET.--¿Veis? Ahora le envenena en el jardín para usurparle el cetro. El duque se llama Gonzago... Es historia cierta, y corre escrita en muy buen italiano. Presto veréis cómo la mujer de Gonzago se enamora del matador. (-Levántase Claudio lleno de indignación. Gertrudis, los caballeros, damas y acompañamiento hacen lo mismo, y se van según lo indica el diálogo-). OFELIA.--El rey se levanta. HAMLET.--Qué, ¿le atemoriza un fuego aparente? GERTRUDIS.--¿Qué tenéis, señor? POLONIO.--No paséis adelante, dejadlo. CLAUDIO.--Traed luces. Vamos de aquí. TODOS.--Luces, luces. ESCENA XV HAMLET, HORACIO, cómico primero, cómico tercero (-Hamlet canta estos versos en voz baja, y representa los que siguen después. Los cómicos primero y tercero estarán retirados á un extremo del teatro, esperando sus órdenes-). HAMLET.--El ciervo herido llora, y el corzo no tocado de flecha voladora, se huelga por el prado; duerme aquel, y á deshora veis éste desvelado; que tanto el mundo va desordenado. Y dígame, señor mío: si en adelante la fortuna me tratase mal, con esta gracia que tengo para la música y un bosque de plumas en la cabeza, y un par de lazos provenzales en mis zapatos rayados, ¿no podría hacerme lugar entre un coro de comediantes? HORACIO.--Mediano papel. HAMLET.--¿Mediano? excelente. Tú sabes, Damón querido, que esta nación ha perdido al mismo Jove y violento tirano le ha sucedido en el trono mal habido, un... ¿quién diré yo? un... un sapo. HORACIO.--Bien pudierais haber conservado el consonante. HAMLET.--¡Oh! mi buen Horacio; cuanto aquel espíritu dijo es demasiado cierto. ¿Lo has visto ahora? HORACIO.--Sí, señor, bien lo he visto. HAMLET.--¿Cuando se trató del veneno? HORACIO.--Bien, bien le observé entonces. HAMLET.--¡Ah! quisiera algo de música (-A los cómicos-:) traedme unas flautas... Si el rey no gusta de la comedia, será sin duda porque... porque no le gusta. Vaya un poco de música. ESCENA XVI HAMLET, HORACIO, RICARDO, GUILLERMO GUILLERMO.--Señor, ¿permitiréis que os diga una palabra? HAMLET.--Y una historia entera. GUILLERMO.--El rey... HAMLET.--Muy bien: ¿qué le sucede? GUILLERMO.--Se ha retirado á su cuarto con mucha destemplanza. HAMLET.--¿De vino, eh? GUILLERMO.--No, señor, de cólera. HAMLET.--Pero ¿no sería más acertado írselo á contar al médico? ¿No veis que si yo me meto en hacerle purgar ese humor bilioso, puede ser que se le aumente? GUILLERMO.--¡Oh! señor, dad algún sentido á lo que habláis, sin desentenderos con tales extravagancias de lo que os vengo á decir. HAMLET.--Estamos de acuerdo. Prosigue pues. GUILLERMO.--La reina vuestra madre, llena de la mayor aflicción, me envía á buscaros. HAMLET.--Seáis muy bien venido. GUILLERMO.--Esos cumplimientos no tienen nada de sinceridad. Si queréis darme una respuesta sensata, desempeñaré el cargo de la reina; si no, con pediros perdón y retirarme se acabó todo. HAMLET.--Pues, señor, no puedo. GUILLERMO.--¿Cómo? HAMLET.--Me pides una respuesta, y mi razón está un poco achacosa: no obstante, responderé del modo que pueda á cuanto me mandes, ó por mejor decir, á lo que mi madre me manda. Con que nada hay que añadir en esto. Vamos al caso. Tú has dicho que mi madre... RICARDO.--Señor, lo que dice es que vuestra conducta la ha llenado de sorpresa y admiración. HAMLET.--¡Oh maravilloso hijo, que así ha podido aturdir á su madre! Pero díme, ¿esa admiración no ha traído otra consecuencia? ¿No hay algo más? RICARDO.--Sólo que desea hablaros en su gabinete antes que os vayáis a recoger. HAMLET.--La obedeceré, si diez veces fuera mi madre. ¿Tienes algún otro negocio que tratar conmigo? RICARDO.--Señor, yo me acuerdo de que en otro tiempo me estimabais mucho. HAMLET.--Y ahora también. Te lo juro por estas manos rateras. RICARDO.--Pero ¿cuál puede ser el motivo de vuestra indisposición? Eso, por cierto, es cerrar vos mismo las puertas á vuestra libertad, no queriendo comunicar con vuestros amigos los pesares que sentís. HAMLET.--Estoy muy atrasado. RICARDO.--¿Cómo es posible, cuando tenéis el voto del rey mismo para sucederle en el trono de Dinamarca? HAMLET.--Sí, pero mientras nace la hierba... Ya es un poco antiguo el tal refrán. ¡Ah! ya están aquí las flautas. ESCENA XVII Cómico tercero y dichos HAMLET.--Dejadme ver una.... ¿A qué tengo de ir ahí? (-Guillermo y Ricardo se acercan á Hamlet con ademán obsequioso, siguiéndole adonde quiera que se vuelve, hasta que viendo su enfado se apartan-) Parece que me quieres hacer caer en alguna trampa, según me cercas por todos lados. GUILLERMO.--Ya veo, señor, que si el deseo de cumplir con mi obligación me da osadía, acaso el amor que os tengo me hace grosero también é importuno. HAMLET.--No entiendo bien eso. ¿Quieres tocar esta flauta? GUILLERMO.--Yo no puedo, señor. HAMLET.--Vamos. GUILLERMO.--De veras que no puedo. HAMLET.--Yo te lo suplico. GUILLERMO.--Pero si no sé palabra de eso... ; . . . ¡ ! . . . 1 2 , , 3 , 4 , 5 . 6 , 7 . 8 9 , 10 , 11 12 ; 13 , 14 . , 15 , 16 , , 17 , , 18 . . . 19 20 . 21 22 . - - ¡ , ! 23 . 24 25 . - - 26 , ¡ ! 27 ; 28 , . 29 , , 30 ; , 31 32 . 33 , 34 , 35 , . 36 . . . ¿ ? 37 38 , , 39 , 40 41 . 42 43 , 44 , 45 , 46 , , 47 ; 48 , 49 , , 50 . 51 52 , 53 54 . 55 ¡ ! . . . , 56 , ; 57 , 58 59 . 60 61 . - - . 62 63 . - - . . 64 , . 65 . 66 67 . - - ¡ ! . . . 68 69 . - - ¡ ! 70 71 . - - , , ¡ ! 72 73 . - - ¡ ! 74 , , 75 , 76 . . . 77 78 , , 79 80 ( ) , 81 , 82 . . . 83 ¡ ! , 84 . 85 , 86 , 87 , 88 89 . 90 , , 91 92 , 93 . 94 95 . - - , . , 96 . 97 98 . - - , . , 99 , ¿ ? 100 . , 101 102 . 103 104 . - - , , . 105 106 . - - ¡ ! , , . 107 , ¿ ? 108 ; 109 , . . 110 111 . - - , . 112 113 . - - , . . , , 114 , ¿ - - ? 115 116 . - - , . 117 118 . - - . ¿ , 119 120 ? ¿ ? 121 122 . - - , . 123 124 . - - ; , 125 . , . . 126 127 . - - . . . 128 129 . - - . 130 131 132 133 134 135 136 137 . ¡ , ! ¿ 138 , , , 139 , , 140 , , 141 ? : . ¿ 142 , , ? 143 ¡ 144 ! , 145 , , 146 , , 147 . ¡ , , 148 , , , 149 ! , ¿ 150 ? ¿ ? ¿ 151 , , 152 , , , 153 ? ¿ ? ¿ 154 ? , , 155 , ; , 156 , 157 , , , , 158 . ¿ ? ¿ 159 , , ( 160 ) , 161 , 162 ? ¡ ! 163 , . ¡ ! . . . 164 , 165 , 166 ; , , 167 . 168 169 . , 170 ; , , 171 . . 172 ; , 173 , 174 , . 175 , 176 . 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 , , , , , 189 190 191 . - - ¿ 192 , 193 ? 194 195 . - - , 196 . 197 198 . - - , 199 , 200 . 201 202 . - - ¿ ? 203 204 . - - . 205 206 . - - . 207 208 . - - , . 209 210 . - - ¿ ? 211 212 . - - , , 213 : , 214 . , 215 . 216 217 . - - , . . 218 . 219 220 . - - : 221 . , , , 222 . 223 224 . - - . 225 226 227 228 229 , , , 230 231 232 . - - , , , 233 , , 234 . , , 235 : 236 , 237 . 238 239 . - - ; , , ¡ , 240 241 ! 242 . 243 244 . - - , , . 245 246 247 248 249 , , 250 251 252 . - - , . . . 253 . 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