CIUDADANO 1.º--Nunca, jamás. Salgamos, salgamos; quememos sus restos en el lugar sagrado, y con los tizones incendiemos las casas de los traidores! Levantemos el cuerpo. CIUDADANO 2.º--Id á traer fuego. CIUDADANO 3.º--Derribad los bancos. CIUDADANO 4.º--Derribad las molduras, las ventanas, lo que sea. (-Salen los ciudadanos con el cuerpo.-) ANTONIO.--Y ahora, siga adelante la obra.--Ya estás en marcha ¡oh revuelta! Toma el camino que quieras.--¿Qué hay ahora, mozo? (-Entra un criado.-) CRIADO.--Señor. Octavio ha llegado ya á Roma. ANTONIO.--¿Y en dónde está? CRIADO.--Él y Lépido están en casa de César. ANTONIO.--Y allí voy inmediatamente á visitarlo. Viene como traído al intento. La fortuna está alegre, y en su buen humor nos dará no importa qué. CRIADO.--Les oí decir que Bruto y Casio escapan como locos furiosos fuera de las puertas de Roma. ANTONIO.--Es probable que tuviesen alguna noticia del pueblo y de cómo yo lo había movido.--Condúceme donde Octavio. ESCENA III. La misma.--Una calle. Entra CINNA, el poeta. CINNA.--Soñé esta noche que estaba en un banquete con César, y las cosas impresionan mi fantasía de un modo desafortunado. No tengo deseo de andar por las calles, y, sin embargo, algo me impele á hacerlo. (-Entran ciudadanos.-) CIUDADANO 1.º--¿Cómo os llamáis? CIUDADANO 2.º--¿Á dónde váis? CIUDADANO 3.º--¿Dónde residís? CIUDADANO 4.º--¿Sois casado ó soltero? CIUDADANO 2.º--Responded á cada uno terminantemente. CIUDADANO 1.º--Sí; y en pocas palabras. CIUDADANO 4.º--Sí; y discretamente. CIUDADANO 3.º--Sí; y con veracidad. Será mejor para vos. CINNA.--¿Cómo me llamo? ¿Á dónde voy? ¿Dónde resido? ¿Soy casado ó soltero? Pues para responder á cada uno terminantemente, en pocas palabras, discretamente y con veracidad, digo discretamente: soy soltero. CIUDADANO 2.º--Eso quiere decir que los que se casan son unos necios. Me temo que esto os costará que os dé un golpe. Continuad: terminantemente. CINNA.--Terminantemente, voy al funeral de César. CIUDADANO 1.º--¿Como amigo ó enemigo? CINNA.--Como amigo. CIUDADANO 2.º--Ese punto está respondido terminantemente. CIUDADANO 4.º--¿Vuestra residencia? En pocas palabras. CINNA.--En pocas palabras, resido junto al Capitolio. CIUDADANO 3.º--¿Vuestro nombre, señor? Con veracidad. CINNA.--Con veracidad, mi nombre es Cinna. CIUDADANO 1.º--Hacedle pedazos. Es un conspirador. CINNA.--Soy Cinna el poeta, soy Cinna el poeta. CIUDADANO 4.º--Despedazadle por sus malos versos. Despedazadle por sus malos versos. CIUDADANO 2.º--No importa. Su nombre es Cinna. Arrancad solamente ese nombre de su corazón, y hacedle que retroceda. CIUDADANO 3.º--¡Despedazadle, despedazadle! ¡Y ahora á las teas! ¡Á casa de Bruto! ¡Á casa de Casio! Incendiémoslo todo. ¡Que vayan unos á casa de Decio, otros á la de Casca, otros á la de Ligario! (-Salen.-) [Illustration] [Illustration] ACTO IV. ESCENA I. En Roma. Cuarto en casa de Antonio. ANTONIO, OCTAVIO Y LÉPIDO sentados alrededor de una mesa. ANTONIO. Todos estos, pues, tienen que morir. Sus nombres están marcados. OCTAVIO.--Vuestro hermano debe morir también. ¿Consentís, Lépido? LÉPIDO.--Consiento. OCTAVIO.--Marcadlo, Antonio. LÉPIDO.--Á condición de que no vivirá Publio, que es hijo de vuestra hermana, Marco-Antonio. ANTONIO.--No vivirá. Mirad: le condeno con esta señal. Pero id, Lépido, á casa de César; traed el testamento y arreglaremos el modo de suprimir alguna parte de los legados. LÉPIDO.--¡Qué! ¿Os hallaré aquí? -Octavio-.--Aquí ó en el Capitolio. (-Sale Lépido.-) -Antonio-.--Este es un pobre hombre sin mérito que sólo está bueno para hacer mandados. ¿Es conveniente que, dividido el mundo en tres partes, venga él á ser uno de los tres que lo dominen? -Octavio-.--Así lo pensabais y consultasteis su voto sobre quiénes debían ser marcados para morir en nuestra sentencia de muerte y proscripción. [Illustration] ANTONIO.--Octavio, he vivido más días que vos, y aunque prodigamos estos honores en este hombre para libertarnos del peso de algunas calumnias, él no los llevará sino como lleva el asno el oro, para trabajar y sudar en la faena, ya sea que al señalar el camino sea guiado ó sea arreado. Y cuando hemos traído nuestro tesoro adonde queremos, le quitamos la carga y le hacemos irse, como el asno descargado, á sacudir las orejas y pacer en el campo. OCTAVIO.--Haced como queráis; pero es un bravo y experto soldado. ANTONIO.--También lo es mi caballo, Octavio, y por tanto le proveo con un depósito de heno. Es una criatura á la cual he enseñado á lidiar, á partir, á detenerse, á correr de frente, gobernados siempre por mi espíritu los movimientos de su cuerpo. En cierto modo, Lépido no es más que esto. Tiene que ser enseñado, disciplinado, estimulado á ir adelante.--Es un espíritu estéril que se alimenta con objetos, artes é imitaciones, manoseadas por otros hombres y caídas en desuso, pero que para él son moda nueva. No habléis de él sino como de una propiedad. Y ahora, Octavio, escuchad grandes cosas. Bruto y Casio están reclutando fuerzas. Nosotros debemos ir adelante sin vacilar. Combinemos, pues, nuestra alianza, aseguremos á nuestros más fieles amigos y ensanchemos nuestros mejores recursos. Reunámonos inmediatamente en consejo para descubrir mejor las cosas encubiertas y hacer frente á los peligros visibles. OCTAVIO.--Hagámoslo; porque estamos en juego, circundados por muchos enemigos, y me temo que algunos de los que nos sonríen, tienen en su corazón abismos de maldad. (-Salen.-) ESCENA II. Delante de la tienda de Bruto, en el campo cerca de Sardis. Tambor.--Entran BRUTO, LUCILIO, LUCIO y SOLDADOS. TICINIO Y PÍNDARO se encuentran con ellos. BRUTO.--¡Alto aquí! LUCILIO.--Dad la voz y haced alto. BRUTO.--¿Qué hay, Lucilio? ¿Está Casio cerca? LUCILIO.--Va á llegar, y Píndaro ha venido á saludaros en nombre de su señor. (-Píndaro da una carta á Bruto-). BRUTO.--Me saluda bien. Vuestro señor, Píndaro, por mudanza en él, ó por malos oficiales, me ha dado algún motivo para desear que cosas que habían sido hechas se deshicieran; pero si está tan próximo, quedaré satisfecho. PÍNDARO.--No dudo que mi noble dueño aparecerá tal como es, lleno de delicadeza y honor. BRUTO.--No se duda de él. Una palabra, Lucilio. Quiero saber con certeza de qué modo os recibió. LUCILIO.--Cortésmente y con bastante respeto; pero no con las mismas formas familiares, ni con el libre y amistoso trato que acostumbraba en tiempos anteriores. BRUTO.--En ello habéis descrito á un caluroso amigo que se enfría. Advertid, Lucilio, que cuando el amor principia á debilitarse y decaer, usa siempre una ceremonia forzada. La fe honesta y sencilla no conoce disfraces.--Pero los hombres frívolos, como ciertos caballos fogosos al principio, hacen ostentación y alarde de su firmeza; pero luégo que sienten las sangrientas espuelas, agachan la cabeza como rocines mañosos y sucumben en la prueba. ¿Avanza su ejército? LUCILIO.--Propónense acampar esta noche en Sardis. La mayor parte, las tropas de á caballo, han venido con Casio. BRUTO.--¿Oyes? Ha llegado. Vé pausadamente á encontrarlo. (-Entran Casio y soldados.-) CASIO.--¡Alto! BRUTO.--¡Alto! Pasad la voz. DENTRO.--¡Alto! DENTRO.--¡Alto! DENTRO.--¡Alto! CASIO.--Muy noble hermano. Habéis sido injusto hacia mí. BRUTO.--Juzgadme ¡oh dioses! ¿Hago injusticia á mis enemigos? Pues si no la hago ¿cómo podría hacerla á un hermano? CASIO.--Bruto, esta sobria apariencia vuestra encubre injusticias; y cuando las hacéis.... BRUTO.--Conteneos, Casio. Exponed vuestros agravios tranquilamente. Os conozco bien. Aquí bajo las miradas de nuestros dos ejércitos, que no deben ver entre nosotros sino buen afecto, no disputemos. Haced que se retiren y luégo en mi tienda, Casio, os espaciaréis sobre vuestras quejas y os daré audiencia. CASIO.--Píndaro, pedid á los jefes que retiren un poco de este lugar sus tropas. BRUTO.--Hacedlo también, Lucilio; y que nadie venga á nuestra tienda hasta que haya terminado nuestra conferencia. Que Lucio y Ticinio guarden la puerta. (-Salen.-) ESCENA III. En la tienda de Bruto. LUCIO y TICINIO á alguna distancia de ella. CASIO.--Que me habéis tratado injustamente, se ve en que habéis condenado y marcado á Lucio Pella por haber recibido aquí sobornos de los sardios; al paso que mis cartas implorando en su favor, porque conozco al hombre, han sido despreciadas. BRUTO.--Os hicisteis injusticia vos mismo, escribiendo en semejante caso. CASIO.--En tiempos como el presente, no es oportuno que una pequeña falta sea tan notada. BRUTO.--Dejadme deciros, Casio, que vos, vos mismo, tenéis la mala reputación de la codicia; de vender y traficar por oro nuestros empleos á personas indignas. CASIO.--¿Codicia, yo? Bien sabéis, Bruto, que á no ser vos quien habla ¡por los dioses! estas serían vuestras últimas palabras. BRUTO.--Y á no estar esta corrupción amparada bajo el nombre de Casio, no tardaría en aparecer el castigo. CASIO.--¡Castigo! BRUTO.--¡Acordaos de Marzo, de los ídus de Marzo! ¿No fué por la justicia que corrió la sangre del gran Julio? ¿Qué villano tocó su cuerpo y lo hirió, y no por justicia? ¡Qué! ¿Habrá de haber uno de nosotros, los que pusimos la mano sobre el primer hombre del mundo, sólo porque protegía á los expoliadores, que manche ahora sus manos con bajos cohechos? ¿Y venda la alta región de nuestros grandes honores, por la vil basura que así se pueda recoger?--Antes que ser un romano semejante, prefiriera ser un perro hambriento. CASIO.--No me provoquéis, Bruto. No he de sufrirlo. Os olvidáis de vos mismo al acusarme. Soldado soy, soldado más antiguo y experimentado, más hábil que vos para dictar condiciones. BRUTO.--Apartaos. No sois Casio. CASIO.--Casio soy. BRUTO.--Digo que no. CASIO.--Conteneos ó lo olvidaré todo. Mirad por vos mismo. No me tentéis más. BRUTO.--¡Fuera! ¡Pobre diablo! CASIO.--¿Es posible esto? BRUTO.--Oíd, porque tengo que hablar. ¿Debo yo ceder y abrir campo á vuestra temeraria cólera? ¿Me asustaré de que me mire un loco? CASIO.--¡Oh dioses! ¡Oh dioses! ¿Y debo soportar todo esto? BRUTO.--¿Todo esto? Sí, y más. Enfureceos hasta que estalle vuestro orgulloso corazón. Id, mostrad á vuestros esclavos cuán iracundo sois, y que tiemblen vuestros siervos. ¿He de alterarme? ¿He de guardaros consideración? ¿He de humillarme ante vuestro mal humor? ¡Por los dioses! que habéis de digerir el veneno de vuestro fastidio, aunque os haga reventar; porque de hoy en adelante haré de vos mi diversión, sí, mi hazme-reir, cuando estéis rabioso. CASIO.--¿Y á esto hemos llegado? BRUTO.--Decís que sois mejor soldado. Pues mostradlo. Que vuestra jactancia se convierta en hechos y quedaré muy contento. Por lo que á mí toca, me alegraría recibir lecciones de hombres nobles. CASIO.--Me hacéis injusticia en todo. Dije que soy soldado más antiguo, no mejor.--¿Dije que soy mejor? BRUTO.--Si lo dijisteis, no me importa. CASIO.--Cuando César vivía no se atrevió á provocarme así. BRUTO.--Poco á poco. No os atrevisteis á tentarlo así! CASIO.--¿No me atreví? BRUTO.--No. CASIO.--¡Qué! ¿No atreverme á tentarlo? BRUTO.--Por vida vuestra, que no. CASIO.--No contéis demasiado sobre mi afecto.--Podría hacer algo que me pesara después. BRUTO.--Ya habéis hecho algo que os debería pesar. Nada hay, Casio, en vuestras amenazas, que pueda inquietarme; porque estoy tan poderosamente armado de honradez, que pasan junto á mí como el aire juguetón del que no puedo hacer caso. Envié á pediros ciertas sumas de oro, que habéis rehusado; porque yo no sé levantar dinero por medios viles, y antes de arrancar por fraude de las endurecidas manos de los campesinos su mezquina ganancia ¡por los cielos! ¡preferiría hacer acuñar mi corazón y destilar mi sangre por dracmas! Envié donde vos por oro para pagar mis legiones, y lo negasteis. ¿Fué ese proceder digno de Casio? ¿Habría yo respondido así á Cayo Casio? Cuando Marco-Bruto llegue á ser tan avaro que encierre de sus amigos esas miserables monedas, ¡aprontad, oh dioses, todos vuestros rayos para despedazarle! CASIO.--No os negué! BRUTO.--Negasteis. CASIO.--No negué. El que os trajo mi respuesta fué un imbécil. Bruto ha desgarrado mi corazón. Un amigo debería soportar los defectos de sus amigos; pero Bruto exagera los míos. BRUTO.--No lo hago, sino cuando me hacéis sufrir por ellos. CASIO.--No me tenéis afecto. BRUTO.--No me gustan vuestras faltas. CASIO.--El ojo de un amigo nunca podría ver tales faltas. BRUTO.--No las vería un adulador, aunque son tan grandes como el monte Olimpo. CASIO.--¡Venid, Antonio y joven Octavio, venid y vengaos sólo de Casio! Porque Casio está cansado del mundo; odiado por aquel á quien ama; retado por su hermano; oprimido como un siervo; observadas todas sus faltas y anotadas en el libro y divulgadas y aprendidas de memoria para arrojárselas al rostro. ¡Oh! ¡Podría llorar el alma por los ojos! Aquí está mi puñal: he aquí mi pecho desnudo. Dentro hay un corazón más valioso que la mina de Pluto, más rico que el oro. Si es verdad que eres un romano, tómale. Yo que te he negado oro, te entrego mi corazón. Hiere como hiciste con César; yo sé que cuando más lo aborreciste, lo amabas aún más que lo que nunca amaste á Casio. BRUTO.--Envainad vuestro puñal. Montad en cólera cuanta os plazca: ya tendrá libre campo. Haced lo que os plazca: el deshonor será mal humor. ¡Oh Casio! Estáis uncido con un cordero que soporta la cólera como el pedernal soporta el fuego; y que sólo cuando se le fuerza mucho, despide una chispa rápida y se enfría al momento. CASIO.--¿Ha vivido Casio solamente para servir de diversión y risa á su Bruto, cuando el pesar y la sangre enardecida le irritaban? BRUTO.--También estaba yo irritado cuando hablé así. CASIO.--¿Confesáis esto? Dadme vuestra mano. BRUTO.--Y mi corazón también. CASIO.--¡Oh Bruto! BRUTO.--¿Qué hay ahora? CASIO.--¿No tenéis por mí bastante afecto para tolerarme, cuando ese violento humor que me dió mi madre, me hace olvidarlo todo? BRUTO.--Sí, Casio. Y en adelante, cuando seáis demasiado exaltado con vuestro Bruto, él pensará que es vuestra madre quien regaña y os dejará así. (-Ruido dentro.-) POETA.--(-Adentro.-) Dejadme entrar á ver á los generales.--Hay un resentimiento entre ellos.--No está bien dejarlos solos. LUCILIO.--(-Adentro.-)--No tendréis entrada. POETA.--Nada me detendrá sino la muerte. (-Entra el poeta.-) CASIO.--¿Qué hay ahora? ¿qué sucede? POETA.--En nombre de la vergüenza, generales, ¿qué intentáis? Amaos y sed amigos cual cumple á dos hombres como vosotros. Porque estoy cierto de haber vivido más años que vosotros. CASIO.--¡Ha! ¡ha! ¡Qué detestablemente rima este cínico! BRUTO.--¡Fuera de aquí, villano! ¡Mozo impudente, fuera! CASIO.--Tened paciencia con él, Bruto. Es su manera. BRUTO.--Yo sabré soportar su genialidad, cuando él sepa escoger la ocasión.--¿Qué tiene que hacer la guerra con estos necios danzantes?--¡Camarada, fuera! CASIO.--¡Fuera! ¡fuera! Marchaos. (-Sale el poeta.-) (-Entran Lucilio y Ticinio.-) BRUTO.--Lucilio y Ticinio, encargad á los jefes que se preparen á alojar sus tropas. CASIO.--Y regresad inmediatamente trayéndonos á Messala. (-Salen Lucilio y Ticinio.-) BRUTO.--Lucio. Una taza de vino. CASIO.--No pensé que podíais haber estado tan encolerizado. BRUTO.--¡Oh Casio! Me tienen enfermo muchos pesares. CASIO.--No usáis de vuestra filosofía, si dáis importancia á males accidentales. BRUTO.--Ningún hombre soporta mejor la aflicción.--Porcia ha muerto. CASIO.--¡Ah! ¡Porcia! BRUTO.--Es muerta. CASIO.--¡Y habéis podido no matarme cuando os contrarié tanto! ¡Oh! pérdida conmovedora é insoportable! ¿De qué dolencia? BRUTO.--Impaciente por mi ausencia, y pesarosa de que el joven Octavio y Marco Antonio se hayan hecho tan fuertes (pues con su muerte llegó esa nueva), perdió la razon, y en ausencia de sus servidores, tragó fuego. CASIO.--¿Y murió así? BRUTO.--Así. CASIO.--¡Oh dioses inmortales! (-Entra Lucio con vino y bujías.-) BRUTO.--No hableis más de ella. Dadme una taza de vino. En esto sepulto todo resentimiento, Casio. (-Bebe.-) CASIO.--Sediento está mi corazon de esa noble promesa. Llena, Lucio, llena hasta que se derrame la taza. Nunca beberé demasiado del afecto de Bruto. (-Bebe.-) (-Vuelven á entrar Ticinio y Messala.-) BRUTO.--Entrad, Ticinio. Bienvenido, buen Messala. Sentémonos ahora bien junto á esta luz y examinemos nuestras necesidades. CASIO.--¡Porcia! ¿Y eres ida? BRUTO.--Basta. Os lo ruego. Messala, he recibido aquí cartas anunciando que el joven Octavio y Marco Antonio avanzan sobre nosotros con fuerzas poderosas, y que dirigen su marcha hacia Filipi. [Illustration] MESSALA.--También tengo cartas del mismo tenor. BRUTO.--¿Con qué adición? MESSALA.--Que por proscripciones y mandando poner fuera de la ley, Octavio, Antonio y Lépido han hecho matar cien senadores. BRUTO.--No están acordes nuestras cartas en ese punto. Las mías hablan de setenta senadores muertos por sus proscripciones, siendo Cicerón uno de ellos. CASIO.--Cicerón? MESSALA.--Sí. Cicerón ha muerto por esa orden de proscripción. ¿Son de vuestra esposa esas cartas, mi señor? BRUTO.--No, Messala. MESSALA.--¿Ni cosa alguna escrita en esas cartas acerca de ella? BRUTO.--Nada, Messala. MESSALA.--Paréceme extraña cosa. BRUTO.--¿Por qué lo preguntáis? ¿Habéis sabido algo de ella en vuestras cartas? MESSALA.--No, mi señor. BRUTO.--Pues sois romano, decid la verdad. MESSALA.--Pues bien: sobrellevad como romano la verdad que digo. Muerta es en verdad y de extraña manera. BRUTO.--Adios, pues, Porcia. Tenemos que morir, Messala; y reflexionando en que ella había de morir un día, encuentro paciencia para sufrir esto ahora. MESSALA.--Así es como los grandes hombres deben sobrellevar las grandes pérdidas. CASIO.--Tengo tanto de ello en teoría como vos; pero mi naturaleza no podría sufrirlo así. BRUTO.--Bien. Á nuestra obra viva. ¿Qué pensáis de marchar inmediatamente á Filipi? CASIO.--No me parece bien. BRUTO.--¿Qué razón tenéis? CASIO.--Esta. Es mejor que el enemigo nos busque. Así gastará sus recursos y cansará á sus soldados, dañándose á sí propio; mientras que nosotros permaneciendo inmóviles estamos descansados, fuertes para la defensa y activos. BRUTO.--Las buenas razones han de ceder, es claro, ante las mejores. El pueblo entre Filipi y este campo permanece en una adhesión forzada, pues nos ha dado de mala gana la contribución. El enemigo, marchando entre ellos, llenará con ellos sus filas y vendrá refrescado, acrecido y más animoso.--Le quitaremos esta ventaja si vamos á Filipi á hacerle frente, dejando este pueblo á nuestra espalda. CASIO.--Escuchadme, buen hermano. BRUTO.--Con vuestro permiso. Debéis advertir, además, que hemos procurado obtener de nuestros amigos lo más que era posible. Nuestras legiones están del todo completas y nuestra causa ha llegado á su madurez. El enemigo aumenta cada día. Nosotros, que nos hallamos en la cima, estamos expuestos á declinar.--Hay en los negocios humanos una marea que, tomada cuando está llena, conduce á la fortuna; y omitida, hace que el viaje de la vida esté circundado de bajíos y miserias.--Flotando estamos ahora en ese mar, y tenemos que aprovechar la corriente cuando es favorable, ó perder nuestras probabilidades. CASIO.--Así, pues, como lo deseáis, seguid adelante. Nosotros nos pondremos en marcha y los encontraremos en Filipi. BRUTO.--La alta noche ha avanzado mientras hablábamos. La naturaleza tiene que obedecer á la necesidad, y la satisfaremos, aunque mezquinamente, con un breve descanso. ¿No hay más que hablar? CASIO.--No más. Buenas noches. Madrugaremos mañana, y en camino. BRUTO.--Lucio, mi túnica. (-Sale Lucio.-)--Adios, buen Messala. Buenas noches, Ticinio. Buenas noches y buen reposo, noble Casio. CASIO.--¡Oh querido hermano! Esta noche ha tenido un mal principio. Que jamás semejante disensión surja entre nuestras almas! No dejéis que suceda, Bruto. BRUTO.--Ya está bien todo. CASIO.--Buenas noches, mi señor. BRUTO.--Buenas noches, buen hermano. TICINIO.--Buenas noches, Bruto, mi señor. BRUTO.--Adios á cada uno. (-Salen Casio, Ticinio y Messala.--Vuelve á entrar Lucio con la túnica.-)--Dame mi túnica. ¿Dónde está tu instrumento? LUCIO.--Aquí en la tienda. BRUTO.--¡Qué! ¿Hablas medio dormido? Pobre bellaco, no te culpo: has vigilado con exceso.--Llama á Claudio y algunos otros de mis hombres. Los haré dormir en mi tienda sobre almohadones. LUCIO.--¡Varro y Claudio! (-Entran Varro y Claudio.-) VARRO.--¿Llamáis, señor? BRUTO.--Os ruego, señores, acostaros en mi tienda y dormir. Acaso os despierte más tarde para asuntos con mi hermano Casio. VARRO.--Con vuestro permiso quedaremos en pié esperando vuestras órdenes. BRUTO.--No lo consentiré. Acostaos, buenos señores. Quizás podré variar de pensamiento. Mira, Lucio, aquí está el libro que busqué tanto. Le puse en el bolsillo de la túnica. (-Se acuestan los sirvientes.-) -Lucio-.--Estaba seguro de que su señoría no me lo había dado. BRUTO.--Ten paciencia conmigo, buen muchacho; soy muy olvidadizo. ¿Quieres abrir por un rato tus ojos soñolientos y tocar uno ó dos trozos en tu instrumento? LUCIO.--Sí, mi señor, si os place. BRUTO.--Me place, muchacho. Te fatigo demasiado, pero tienes buena voluntad. LUCIO.--Es mi deber, señor. BRUTO.--Yo no exigiría tu deber más allá de tus fuerzas. Sé que las sangres jóvenes anhelan la hora del descanso. LUCIO.--He dormido ya, mi señor. BRUTO.--Has hecho bien; y volverás á dormir. No te retendré mucho rato. Si vivo, seré bueno para ti. (-Música y un canto.-)--Es un tono soñoliento. ¡Maldito [Illustration: -El espectro de César.-] sueño! ¿Has dejado caer tu maza de plomo sobre mí, muchacho, que así hace música para ti? Buenas noches, gentil siervo. No te haré el daño de despertarte. Si cabeceas romperás tu instrumento. Te lo tomaré, y, buen muchacho, buenas noches. Vamos. ¿No está doblada la hoja donde dejé la lectura?--Paréceme que es esta. (-Se sienta.--Entra el espectro de César.-) ¡Qué mal arde esta bujía! ¡Ah! ¿Quién viene aquí? Pienso que la debilidad de mis ojos da forma á esta monstruosa aparición. Viene hacia mí. ¿Eres algo? ¿Eres algún dios, ángel ó demonio, que haces helarse mi sangre y erizarse mis cabellos? Dime lo que eres. ESPECTRO.--Tu mal genio, Bruto. BRUTO.--¿Por qué vienes? ESPECTRO.--Á decirte que me verás en Filipi. BRUTO.--Bien. ¿Entonces he de verte otra vez? ESPECTRO.--Sí: en Filipi. (-Se desvanece el espectro.-) BRUTO.--Pues bien: te veré entonces en Filipi. Ahora que he recobrado mi serenidad te desvaneces. Mal espíritu, querría hablar más contigo. Muchacho! Lucio! Varro! Claudio! Despertad! Claudio! LUCIO.--Las cuerdas, mi señor, están destempladas. BRUTO.--Piensa que todavía se ocupa de su instrumento. Lucio, despierta! LUCIO.--¿Mi señor? BRUTO.--¿Estabas soñando, Lucio, para haber gritado así? LUCIO.--Mi señor, no sabía que hubiese gritado. BRUTO.--Sí, por cierto. ¿Viste algo? LUCIO.--Nada, mi señor. BRUTO.--Vuelve á dormir, Lucio. Siervo Claudio! Mozo, despierta! VARRO.--¿Mi señor? CLAUDIO.--¿Mi señor? BRUTO.--¿Por qué habéis gritado, señores, en vuestro sueño? VARRO Y CLAUDIO.--¿Hemos gritado, señor? BRUTO.--Sí. ¿Visteis alguna cosa? VARRO.--No, mi señor, nada he visto. CLAUDIO.--Ni yo, mi señor. BRUTO.--Id y saludad por mí á mi hermano Casio. Decidle que ponga en movimiento sus fuerzas con anticipación, y nosotros seguiremos. VARRO Y CLAUDIO.--Se hará así, mi señor. (-Salen.-) [Illustration] [Illustration] ACTO V. ESCENA I. Los llanos de Filipi. Entran OCTAVIO, ANTONIO y su ejército. OCTAVIO. Ahora se realizan, Antonio, nuestras esperanzas. Dijisteis que no bajaría el enemigo, sino que se mantendría en las colinas y tierras altas. Resulta no ser así; el grueso de sus fuerzas está muy próximo, y su intento es anticipársenos aquí en Filipi, buscándonos antes de ser buscados. ANTONIO.--Bah! Penetro bien su ánimo, y sé por qué lo hacen. Ya se contentarían con ir á otros lugares; y si descienden con arrogante intrepidez, sólo es para inspirarnos por medio de tal apariencia la idea de que tienen valor. Pero no es verdad. (-Entra un mensajero.-) MENSAJERO.--Generales, preparaos! El enemigo viene en bizarro orden marcial. Está levantado su sangriento estandarte y hay que tomar alguna medida inmediatamente. ANTONIO.--Octavio, haced avanzar vuestras fuerzas sin precipitación sobre la izquierda del terreno llano. OCTAVIO.--Yo iré á la derecha: conservad vos la izquierda. ANTONIO.--¿Por qué me contrariáis en este trance? OCTAVIO.--No os contrarío; pero haré como he dicho. (-Marcha.--Tambor. Entran Bruto, Casio y su ejército. Lucilio, Messala y otros.-) BRUTO.--Hacen alto, y quieren parlamentar. CASIO.--Manteneos firmes, Ticinio. Nosotros tenemos que ir y hablar. OCTAVIO.--Marco Antonio, ¿daremos la señal de la batalla? ANTONIO.--No, César. Responderemos á su ataque. Avanzad. Los generales querrían decir algo. OCTAVIO.--No os mováis hasta que se dé la señal. BRUTO.--Antes las palabras que los golpes. ¿No es así, compatriotas? OCTAVIO.--No porque nos agraden más las palabras, como á vosotros. BRUTO.--Buenas palabras son mejores que malos golpes, Octavio. ANTONIO.--En vuestros malos golpes, dáis buenas palabras, Bruto. Dígalo, si no, el agujero que hicisteis en el corazón de César, gritando: «Salve, viva César!» CASIO.--Antonio: de cómo dáis golpes, nada se sabe todavía; pero en cuanto á vuestras palabras, parecen haber quitado á las abejas toda su miel. ANTONIO.--Y su aguijón también. BRUTO.--¡Oh, sí! y su zumbido; porque hacéis ruido como ellas y muy discretamente amenazáis antes de punzar. ANTONIO.--No lo hicisteis vosotros ¡villanos! cuando vuestros viles puñales tropezaban uno con otro en los costados de César! Mostrabais los dientes como monos, y hacíais fiestas como perros, y os inclinabais como siervos para besar los piés de César, mientras que el infernal Casca, como un miserable hería por la espalda el cuello de César! ¡Oh aduladores! CASIO.--¡Aduladores! Agradecedlo á vos mismo, Bruto, que, á haber dominado Casio, esa lengua no habría ofendido hoy así. OCTAVIO.--Venid, venid á la causa. Si la discusión trae gotas de sudor, la prueba de ella las traerá más coloridas. Mirad. Desnudo la espada contra conspiradores: ¿cuándo pensáis que volverá á la vaina? Nunca, mientras no queden bien vengadas las veintitres heridas de César, ó hasta que otro César se añada á la carnicería hecha por la espada de los traidores. BRUTO.--César, no morirás por manos de traidores, á menos que los traigas contigo. OCTAVIO.--Así lo espero. No nací para morir por la espada de Bruto. BRUTO.--¡Oh! Si fueras el más noble de tu raza, no podrías, joven, recibir más honrosa muerte. CASIO.--Un impertinente muchacho de escuela, indigno de tal honor, unido á un jaranista enmascarado. ANTONIO.--¡Silencio, viejo Casio! OCTAVIO.--Venid, Antonio. Fuera! Os lanzamos el reto al rostro, traidores! Si os atrevéis á combatir hoy, venid al campo. Si no, cuando hagáis el ánimo. (-Salen Octavio, Antonio y su ejército.-) CASIO.--Pues bien: ahora, sopla ¡oh viento! Hínchate, ola; boga, barca; que está encima la tormenta, y todo está en manos del acaso. BRUTO.--Ea! Lucilio. Tengo que deciros una palabra. CASIO.--Messala? MESSALA.--¿Qué decís, mi general? CASIO.--Messala, hoy es mi cumpleaños; pues Casio nació en este mismo día. Dame tu mano y sé testigo de que contra mi voluntad, como sucedió en Pompeya, me veo forzado á aventurar en el éxito de una batalla todas nuestras libertades. Sabéis que tuve en grande estima á Epicuro y su doctrina. Ahora, pienso de otro modo, y en parte creo en cosas que son presagios. Viniendo de Sardis, cayeron sobre la enseña de nuestra vanguardia dos vigorosas águilas y en ella se posaban, y se alimentaban de manos de nuestros soldados que nos acompañaron aquí á Filipi.--Esta mañana volaron y se fueron, y en su lugar vuelan sobre nuestras cabezas cuervos, milanos y buitres que miran hacia nosotros abajo, como si fuéramos una presa moribunda.--Sus sombras parecían el más funesto pabellón extendido sobre nuestro ejército próximo á perecer. MESSALA.--No creáis tal cosa. CASIO.--No lo creo sino en parte; porque tengo el espíritu despejado, y resuelto á afrontar los peligros con toda constancia. BRUTO.--Lucilio también. CASIO.--Ahora, muy noble Bruto, los dioses nos son favorables, para que amándonos en paz, dejemos correr los días hasta la vejez. Pero desde que son siempre tan inciertas las cosas humanas, discurramos sobre lo que puede acontecer de peor. Si perdemos esta batalla, seguramente es esta la última ocasión en que hablaremos juntos.--En tal caso ¿qué contáis hacer? BRUTO.--Seguiré la norma de aquella filosofía en cuyo nombre censuré á Catón por haberse dado la muerte. No sé por qué, pero encuentro que es cobardía y vileza anticipar el término de la vida, por temor á lo que pueda acontecer. Me armaré de paciencia para sobrellevar los decretos de los altos poderes que gobiernan las cosas de aquí abajo. CASIO.--¿Es decir que si perdemos esta batalla, estaréis contento con ser llevado como trofeo del vencedor por las calles de Roma? BRUTO.--No, Casio, no. Ni pienses tú, noble romano, que Bruto se dejaría llevar cautivo á Roma. Tiene el alma sobrado grande. Pero este mismo día debe concluir la obra principiada en los idus de Marzo, y no sé si volveremos á encontrarnos. Recibid por tanto un último adios. Adios, Casio, por siempre jamás! Si volvemos á encontrarnos ¡bien! será con una sonrisa. Si no, habremos hecho bien de despedirnos ahora. CASIO.--¡Por siempre jamás, adios, Bruto! Si volvemos á encontrarnos, ciertamente que sonreiremos. Si no, en verdad, que esta despedida habrá sido oportuna. (-Salen.-) ESCENA II. La misma.--El campo de batalla. BRUTO.--Corre á toda brida, Messala, corre, corre, y da estas órdenes á las legiones en el otro lado. Que avancen al instante porque percibo tibieza en el ala de Octavio, y un ataque repentino los derrotará. Corre, corre, Messala. Que vengan todos. (-Salen.-) ESCENA III. La misma.--Otra parte del campo. Toque de alarma.--Entran CASIO y TICINIO. CASIO.--¡Oh, mirad, Ticinio! Mirad! Los cobardes! Huyen! Yo mismo he debido volverme enemigo de los míos. Ví que retrocedía mi enseña. Maté al cobarde y la tomé de sus manos. TICINIO.--¡Oh Casio! Bruto dió la señal demasiado pronto. Había alcanzado alguna ventaja sobre Octavio, y la asió con demasiada precipitación. Sus soldados se dieron á buscar botín, mientras que nosotros estamos rodeados por todas partes por Antonio. (-Entra Píndaro.-) PÍNDARO.--¡Huíd á más distancia, mi señor, huíd á más distancia! Marco Antonio está en vuestras tiendas. ¡Huíd, noble Casio, más lejos! [Illustration] CASIO.--Esta colina está bastante lejos. Mira, mira, Ticinio. ¿Son mis tiendas aquellas donde diviso un incendio? TICINIO.--Ellas son, mi señor. CASIO.--Ticinio, si me amas, monta en mi caballo y sepulta tus espuelas en sus ijares, hasta que hayas llegado á aquellas tropas, allá arriba, y estés de regreso aquí, á fin de que pueda yo estar seguro de si son nuestras ó del enemigo. -Ticinio-.--Estaré de vuelta en un abrir y cerrar de ojos. (-Sale.-) CASIO.--Píndaro, sube más arriba, á aquella colina. Mi vista fué siempre débil. Mira bien, Ticinio, y dime lo que observes en el campo. (-Sale Píndaro.-)--En este día exhalé mi primer aliento. El tiempo se acerca, y donde principié tengo que acabar. Está llena la medida de mi vida.--¿Qué noticias? PÍNDARO.--¡Oh, mi señor! CASIO.--¿Qué noticias? PÍNDARO.--Ticinio está cercado de jinetes que avanzan sobre él á escape tendido, pero él sigue adelante. Ya están á su alcance. Ahora se apean algunos. ¡Oh! Él se apea también. Le han cogido. (-Aclamación.-) Y ¡oíd! Dan vítores de alegría! CASIO.--Baja: no mires más. ¡Oh cobarde de mí, que vivo hasta haber visto á mi mejor amigo apresado en mi presencia! (-Entra Píndaro.-)--Ven acá, siervo. En Parcia te hice prisionero, y me juraste como precio de tu vida, que siempre tratarías de hacer lo que yo te mandase. Pues bien: cumple tu juramento! Sé ahora un hombre libre; y con esta buena espada que atravesó las entrañas de César, busca mi seno. No te detengas á replicar. Ea! Toma la empuñadura, y cuando haya cubierto mi rostro, como ves que ya lo está, hiere! ¡César, estás vengado con la misma espada con que te dí muerte! (-Muere.-) PÍNDARO.--Así, soy libre. No lo habría sido de este modo, si me hubiese atrevido á hacer mi voluntad. ¡Oh Casio! Píndaro huirá lejos de este país, adonde ningún romano se pueda acordar de él. (-Sale.--Vuelven á entrar Ticinio y Messala.-) MESSALA.--No es más que un cambio, Ticinio, porque Octavio está derrotado por el ejército del noble Bruto, como las legiones de Casio lo están por Antonio. TICINIO.--Estas nuevas darán no poca satisfacción á Casio. MESSALA.--¿Dónde le dejasteis? TICINIO.--Quedó lleno de desconsuelo en esta colina con Píndaro su siervo. MESSALA.--¿No es él quien yace allí en tierra? TICINIO.--No yace como los que viven. ¡Oh dolor! MESSALA.--¿No es él? TICINIO.--No: éste era él, Messala; pero Casio ya no existe. ¡Oh sol poniente! Como tú envuelto en tus rojos rayos te sepultas en la noche, así Casio está envuelto en su roja sangre! Se ha puesto el sol de Roma! Se ha acabado nuestro día! Venid, nubes, lluvias y peligros. Nuestros hechos están consumados, y de este fué causa la desconfianza de que yo alcanzara buen éxito. MESSALA.--La desconfianza del éxito ha causado este hecho! ¡Oh odioso error, engendro de la melancolía! ¿Por qué presentas á la mente de los hombres cosas que no son? ¡Oh error! Prontamente concebido, jamás alcanzas un nacimiento feliz; sino que matas á la madre que te concibió! TICINIO.--¡Hola, Píndaro! ¿Dónde está Píndaro? MESSALA.--Búscalo, Ticinio, mientras voy á encontrar al noble Bruto y á 1 . - - , . , ; 2 , 3 ! . 4 5 . - - . 6 7 . - - . 8 9 . - - , , . ( - 10 . - ) 11 12 . - - , . - - ¡ 13 ! . - - ¿ , ? ( - 14 . - ) 15 16 . - - . . 17 18 . - - ¿ ? 19 20 . - - . 21 22 . - - . 23 . , 24 . 25 26 . - - 27 . 28 29 . - - 30 . - - . 31 32 33 . 34 35 . - - . 36 37 , . 38 39 . - - , 40 . 41 , , , . 42 43 ( - . - ) 44 45 . - - ¿ ? 46 47 . - - ¿ ? 48 49 . - - ¿ ? 50 51 . - - ¿ ? 52 53 . - - . 54 55 . - - ; . 56 57 . - - ; . 58 59 . - - ; . . 60 61 . - - ¿ ? ¿ ? ¿ ? ¿ 62 ? , 63 , , : 64 . 65 66 . - - . 67 . : . 68 69 . - - , . 70 71 . - - ¿ ? 72 73 . - - . 74 75 . - - . 76 77 . - - ¿ ? . 78 79 . - - , . 80 81 . - - ¿ , ? . 82 83 . - - , . 84 85 . - - . . 86 87 . - - , . 88 89 . - - . 90 . 91 92 . - - . . 93 , . 94 95 . - - ¡ , ! ¡ ! ¡ 96 ! ¡ ! . ¡ 97 , , ! ( - . - ) 98 99 [ ] 100 101 102 103 104 [ ] 105 106 107 108 109 . 110 111 112 . 113 114 . . 115 116 , . 117 118 . 119 120 , , . . 121 122 . - - . ¿ , ? 123 124 . - - . 125 126 . - - , . 127 128 . - - , 129 , - . 130 131 . - - . : . , , 132 ; 133 . 134 135 . - - ¡ ! ¿ ? 136 137 - - . - - . ( - . - ) 138 139 - - . - - 140 . ¿ , , 141 ? 142 143 - - . - - 144 145 . 146 147 [ ] 148 149 . - - , , 150 , 151 , 152 , . 153 , 154 , , 155 . 156 157 . - - ; . 158 159 . - - , , 160 . , 161 , , , 162 . , 163 . , , 164 . - - , 165 , , 166 . . 167 , , . 168 . . , , 169 , 170 . 171 172 . 173 174 . - - ; , 175 , , 176 . 177 178 ( - . - ) 179 180 181 . 182 183 , . 184 185 . - - , , . 186 . 187 188 . - - ¡ ! 189 190 . - - . 191 192 . - - ¿ , ? ¿ ? 193 194 . - - , 195 . 196 197 ( - - ) . 198 199 . - - . , , , 200 , 201 ; , 202 . 203 204 . - - , 205 . 206 207 . - - . , . 208 . 209 210 . - - ; 211 , 212 . 213 214 . - - . 215 , , , 216 . 217 . - - , 218 , ; 219 , 220 . ¿ ? 221 222 . - - . , 223 , . 224 225 . - - ¿ ? . . 226 227 ( - . - ) 228 229 . - - ¡ ! 230 231 . - - ¡ ! . 232 233 . - - ¡ ! 234 235 . - - ¡ ! 236 237 . - - ¡ ! 238 239 . - - . . 240 241 . - - ¡ ! ¿ ? 242 ¿ ? 243 244 . - - , ; 245 . . . . 246 247 . - - , . . 248 . , 249 , . 250 , , 251 . 252 253 . - - , 254 . 255 256 . - - , ; 257 . 258 . 259 260 ( - . - ) 261 262 263 . 264 265 . 266 267 . 268 269 . - - , 270 271 ; , 272 , . 273 274 . - - , 275 . 276 277 . - - , 278 . 279 280 . - - , , , , 281 ; 282 . 283 284 . - - ¿ , ? , , 285 ¡ ! . 286 287 . - - , 288 . 289 290 . - - ¡ ! 291 292 . - - ¡ , ! ¿ 293 ? ¿ 294 , ? ¡ ! ¿ 295 , , 296 , 297 ? ¿ , 298 ? - - , 299 . 300 301 . - - , . . 302 . , , 303 . 304 305 . - - . . 306 307 . - - . 308 309 . - - . 310 311 . - - . . 312 . 313 314 . - - ¡ ! ¡ ! 315 316 . - - ¿ ? 317 318 . - - , . ¿ 319 ? ¿ ? 320 321 . - - ¡ ! ¡ ! ¿ ? 322 323 . - - ¿ ? , . 324 . , , 325 . ¿ ? ¿ 326 ? ¿ ? ¡ 327 ! , 328 ; , , 329 - , . 330 331 . - - ¿ ? 332 333 . - - . . 334 . 335 , . 336 337 . - - . , 338 . - - ¿ ? 339 340 . - - , . 341 342 . - - . 343 344 . - - . ! 345 346 . - - ¿ ? 347 348 . - - . 349 350 . - - ¡ ! ¿ ? 351 352 . - - , . 353 354 . - - . - - 355 . 356 357 . - - . , , 358 , ; 359 , 360 . , 361 ; , 362 363 ¡ ! ¡ 364 ! 365 , . ¿ ? ¿ 366 ? - 367 , ¡ , 368 , ! 369 370 . - - ! 371 372 . - - . 373 374 . - - . . 375 . 376 ; . 377 378 . - - , . 379 380 . - - . 381 382 . - - . 383 384 . - - . 385 386 . - - , 387 . 388 389 . - - ¡ , , ! 390 ; ; 391 ; ; 392 393 . ¡ ! ¡ ! 394 : . 395 , . 396 , . , . 397 ; , 398 . 399 400 . - - . : 401 . : . 402 ¡ ! 403 ; , 404 . 405 406 . - - ¿ 407 , ? 408 409 . - - . 410 411 . - - ¿ ? . 412 413 . - - . 414 415 . - - ¡ ! 416 417 . - - ¿ ? 418 419 . - - ¿ , 420 , ? 421 422 . - - , . , 423 , 424 . ( - . - ) 425 426 . - - ( - . - ) . - - 427 . - - . 428 429 . - - ( - . - ) - - . 430 431 . - - . ( - . - ) 432 433 . - - ¿ ? ¿ ? 434 435 . - - , , ¿ ? 436 . 437 . 438 439 . - - ¡ ! ¡ ! ¡ ! 440 441 . - - ¡ , ! ¡ , ! 442 443 . - - , . . 444 445 . - - , 446 . - - ¿ 447 ? - - ¡ , ! 448 449 . - - ¡ ! ¡ ! . ( - . - ) 450 451 ( - . - ) 452 453 . - - , 454 . 455 456 . - - . ( - 457 . - ) 458 459 . - - . . 460 461 . - - . 462 463 . - - ¡ ! . 464 465 . - - , 466 . 467 468 . - - . - - . 469 470 . - - ¡ ! ¡ ! 471 472 . - - . 473 474 . - - ¡ ! ¡ ! 475 ! ¿ ? 476 477 . - - , 478 ( 479 ) , , , . 480 481 . - - ¿ ? 482 483 . - - . 484 485 . - - ¡ ! 486 487 ( - . - ) 488 489 . - - . . 490 , . ( - . - ) 491 492 . - - . , , 493 . 494 . ( - . - ) 495 496 ( - . - ) 497 498 . - - , . , . 499 . 500 501 . - - ¡ ! ¿ ? 502 503 . - - . . , 504 505 , . 506 507 [ ] 508 509 . - - . 510 511 . - - ¿ ? 512 513 . - - , 514 , . 515 516 . - - . 517 , 518 . 519 520 . - - ? 521 522 . - - . . ¿ 523 , ? 524 525 . - - , . 526 527 . - - ¿ ? 528 529 . - - , . 530 531 . - - . 532 533 . - - ¿ ? ¿ 534 ? 535 536 . - - , . 537 538 . - - , . 539 540 . - - : . 541 . 542 543 . - - , , . , ; 544 , 545 . 546 547 . - - 548 . 549 550 . - - ; 551 . 552 553 . - - . . ¿ 554 ? 555 556 . - - . 557 558 . - - ¿ ? 559 560 . - - . . 561 , ; 562 , 563 . 564 565 . - - , , . 566 , 567 . , 568 , , 569 . - - , 570 . 571 572 . - - , . 573 574 . - - . , , 575 . 576 577 . . , 578 , . - - 579 , , ; , 580 581 . - - , 582 , . 583 584 . - - , , , . 585 . 586 587 . - - . 588 , , 589 , . ¿ ? 590 591 . - - . . , . 592 593 . - - , . ( - . - ) - - , . 594 , . , . 595 596 . - - ¡ ! . 597 ! 598 , . 599 600 . - - . 601 602 . - - , . 603 604 . - - , . 605 606 . - - , , . 607 608 . - - . ( - , . - - 609 . - ) - - . ¿ 610 ? 611 612 . - - . 613 614 . - - ¡ ! ¿ ? , : 615 . - - . 616 . 617 618 . - - ¡ ! ( - . - ) 619 620 . - - ¿ , ? 621 622 . - - , , . 623 . 624 625 . - - 626 . 627 628 . - - . , . 629 . , , . 630 . 631 632 ( - . - ) 633 634 - - . - - . 635 636 . - - , ; . 637 ¿ 638 ? 639 640 . - - , , . 641 642 . - - , . , 643 . 644 645 . - - , . 646 647 . - - . 648 . 649 650 . - - , . 651 652 . - - ; . . 653 , . ( - . - ) - - 654 . ¡ 655 656 [ : - . - ] 657 658 ! ¿ , , 659 ? , . 660 . . , , 661 , . . ¿ 662 ? - - . ( - . - - 663 . - ) ¡ ! ¡ ! ¿ ? 664 . 665 . ¿ ? ¿ , , 666 ? . 667 668 . - - , . 669 670 . - - ¿ ? 671 672 . - - . 673 674 . - - . ¿ ? 675 676 . - - : . ( - . - ) 677 678 . - - : . 679 . , . 680 ! ! ! ! ! ! 681 682 . - - , , . 683 684 . - - . , ! 685 686 . - - ¿ ? 687 688 . - - ¿ , , ? 689 690 . - - , . 691 692 . - - , . ¿ ? 693 694 . - - , . 695 696 . - - , . ! , ! 697 698 . - - ¿ ? 699 700 . - - ¿ ? 701 702 . - - ¿ , , ? 703 704 . - - ¿ , ? 705 706 . - - . ¿ ? 707 708 . - - , , . 709 710 . - - , . 711 712 . - - . 713 , . 714 715 . - - , . ( - . - ) 716 717 [ ] 718 719 720 721 722 [ ] 723 724 725 726 727 . 728 729 730 . 731 732 . 733 734 , . 735 736 . 737 738 , , . 739 , 740 . ; , 741 , 742 . 743 744 . - - ! , . 745 ; 746 , 747 . . ( - . - ) 748 749 . - - , ! 750 . 751 . 752 753 . - - , 754 . 755 756 . - - : . 757 758 . - - ¿ ? 759 760 . - - ; . ( - . - - . 761 , . , . - ) 762 763 . - - , . 764 765 . - - , . . 766 767 . - - , ¿ ? 768 769 . - - , . . . 770 . 771 772 . - - . 773 774 . - - . ¿ , ? 775 776 . - - , . 777 778 . - - , . 779 780 . - - , , . , 781 , , : 782 « , ! » 783 784 . - - : , ; 785 , 786 . 787 788 . - - . 789 790 . - - ¡ , ! ; 791 . 792 793 . - - ¡ ! 794 ! 795 , , 796 , 797 , ! ¡ 798 ! 799 800 . - - ¡ ! , , , 801 , . 802 803 . - - , . , 804 . . 805 : ¿ ? , 806 , 807 808 . 809 810 . - - , , 811 . 812 813 . - - . . 814 815 . - - ¡ ! , , , 816 . 817 818 . - - , , 819 . 820 821 . - - ¡ , ! 822 823 . - - , . ! , 824 ! , . , 825 . 826 827 ( - , . - ) 828 829 . - - : , ¡ ! , ; , ; 830 , . 831 832 . - - ! . . 833 834 . - - ? 835 836 . - - ¿ , ? 837 838 . - - , ; 839 . , 840 , 841 . 842 . , , 843 . , 844 , 845 . - - 846 , 847 , , 848 . - - 849 . 850 851 . - - . 852 853 . - - ; , 854 . 855 856 . - - . 857 858 . - - , , , 859 , . 860 , 861 . , 862 . - - ¿ 863 ? 864 865 . - - 866 . , 867 , 868 . 869 . 870 871 . - - ¿ , 872 ? 873 874 . - - , , . , , 875 . . 876 , 877 . . , 878 , ! ¡ ! 879 . , . 880 881 . - - ¡ , , ! , 882 . , , 883 . 884 885 ( - . - ) 886 887 888 . 889 890 . - - . 891 892 . - - , , , , 893 . 894 , . 895 , , . . 896 897 ( - . - ) 898 899 900 . 901 902 . - - . 903 904 . - - . 905 906 . - - ¡ , , ! ! ! ! 907 . . 908 . 909 910 . - - ¡ ! . 911 , 912 . , 913 . 914 915 ( - . - ) 916 917 . - - ¡ , , ! 918 . ¡ , , ! 919 920 [ ] 921 922 . - - . , , . ¿ 923 ? 924 925 . - - , . 926 927 . - - , , 928 , , , 929 , 930 . 931 932 - - . - - . 933 934 ( - . - ) 935 936 . - - , , . 937 . , , . ( - 938 . - ) - - . , 939 . . - - ¿ 940 ? 941 942 . - - ¡ , ! 943 944 . - - ¿ ? 945 946 . - - 947 , . . 948 . ¡ ! . . ( - . - ) ¡ ! 949 ! 950 951 . - - : . ¡ , 952 ! ( - . - ) - - 953 , . , 954 , . : 955 ! ; 956 , . 957 . ! , , 958 , ! ¡ , 959 ! 960 961 ( - . - ) 962 963 . - - , . , 964 . ¡ ! 965 , . ( - . - - 966 . - ) 967 968 . - - , , 969 , 970 . 971 972 . - - . 973 974 . - - ¿ ? 975 976 . - - 977 . 978 979 . - - ¿ ? 980 981 . - - . ¡ ! 982 983 . - - ¿ ? 984 985 . - - : , ; . ¡ 986 ! , 987 ! ! 988 ! , , . 989 , 990 . 991 992 . - - ! ¡ 993 , ! ¿ 994 ? ¡ ! , 995 ; ! 996 997 . - - ¡ , ! ¿ ? 998 999 . - - , , 1000