DESDÉMONA.
¿Lo harias, si te dieran el mundo entero?
EMILIA.
Grande es el mundo, y comparado con él, parece pequeño ese delito.
DESDÉMONA.
Yo creo que no lo harias.
EMILIA.
Sí que lo haria, para deshacerlo despues. No lo haria por un collar ni
por una sortija ni por un manto, pero si me daban el mundo, y podia yo
hacer rey á mi marido, ¿cómo habia de dudar?
DESDÉMONA.
Pues yo, ni por todo el mundo haria tal ofensa á mi marido.
EMILIA.
Es que el mundo no la juzgaria ofensa, y si os daban el mundo, como la
ofensa era en vuestro mundo, fácil era convertirla en bien.
DESDÉMONA.
Pues yo no creo que haya tales mujeres.
EMILIA.
Más de una y más de veinte: tantas que bastarian para llenar un mundo.
Pero la culpa es de los maridos. Si ellos van á prodigar con otras el
amor que es nuestro, ó nos encierran en casa por ridículos celos, ó nos
golpean, ó gastan malamente nuestra hacienda, ¿no hemos de enfurecernos
tambien? Cierto que somos benignas de condicion, pero capaces de ira. Y
sepan los maridos que las mujeres tienen sentidos lo mismo que ellos,
y ven y tocan y saborean, y saben distinguir lo dulce de lo amargo.
Cuando ellos abandonan á su mujer por otra, ¿qué es lo que buscan sino
el placer? ¿qué les domina sino la pasion? ¿qué les vence sino la
flaqueza? ¿nosotras no tenemos tambien apetitos, pasiones y flaquezas?
Conforme nos traten, así seremos.
DESDÉMONA.
Adios. El Señor me ampare, y haga que el maltrato de mi marido produzca
en mí virtudes, y no vicios.
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO V.
ESCENA PRIMERA.
=Calle.=
YAGO y RODRIGO.
YAGO.
Escóndete, que ahora viene; en cuanto aparezca, desenvaina la espada,
y ¡á él sin miedo! Yo te guardaré las espaldas. Es cuestion de vida ó
muerte. Decídete, pues, y ten resolucion.
RODRIGO.
No te alejes, por si me sale mal mi intento.
YAGO.
Estaré detras de tí. En guardia.
(-Se va.-)
RODRIGO.
Del resultado no tengo confianza, y sin embargo, las razones que me da
me convencen. Que muera uno ¿qué importa?
(-Se retira.-)
YAGO.
Tanto me he burlado de este necio que ya empieza á conocerlo. Mate él
á Casio, mátele Casio á él ó mueran los dos, siempre saldré ganando.
Si Rodrigo escapa, comenzará á pedirme el dinero y las joyas que le he
sacado, so pretexto de seducir á Desdémona. Y si se salva Casio, su
presencia será un perpétuo acusador contra mí, y ademas el moro podrá
referir á Casio lo que ha pasado entre nosotros, y ponerme en grave
peligro. Muera, pues. Le siento llegar.
(-Sale Casio.-)
RODRIGO.
Él es. Le conozco. ¡Muere, traidor! (-Le da una estocada.-)
CASIO.
La vida me hubiera costado esta estocada, á no traer el jubon tan bien
aforrado. Veamos cómo está el tuyo. (-Hiere á Rodrigo.-)
RODRIGO.
¡Confesion! ¡Muerto soy! (-Yago hiere en las piernas á Casio y huye
luego.-)
CASIO.
¡Me han dejado cojo para siempre! ¡Asesino! ¡Favor!
(-Sale Otelo.-)
OTELO.
Voz es de Casio. Yago ha cumplido bien su palabra.
RODRIGO.
¡Qué infame he sido!
OTELO.
Sí, él es: no hay duda.
CASIO.
¡Favor! ¡Luces! ¡Un cirujano!
OTELO.
Es Casio, es Casio. ¡Oh valeroso Yago, que has sentido como propia la
afrenta de un amigo, tú me muestras el camino de la venganza! ¡Adúltera
mujer! Ya ha sucumbido tu amante, y se acerca tu última hora. Voy
á buscarte, borrando de mi corazon hasta el último recuerdo de tus
hechizos y de la luz de tus ojos. Sangre de tu torpe corazon ha de
purificar nuestro lecho mancillado por tí.
(-Se va.-)
(-Salen Ludovico y Graciano.-)
CASIO.
¿Dónde está la ronda? ¿Nadie acude? ¡Favor! ¿Por qué no prendeis al
asesino?
GRACIANO.
¡Oh qué desgracia! ¡Qué espanto causan en mí esas voces!
CASIO.
¡Ayuda!
LUDOVICO.
¡Silencio!
RODRIGO.
¡Infame!
LUDOVICO.
Oigo los gemidos de dos ó tres personas. ¡Infausta noche! ¿Será alguna
zalagarda? Procedamos con cautela. ¿Quién se arroja á darles auxilio
sin la ronda?
RODRIGO.
Socorredme, que me desangro.
LUDOVICO.
¿No lo oyes?
(-Sale Yago en cuerpo y con una luz.-)
GRACIANO.
Ahí viene un hombre medio desnudo, con armas y luz.
YAGO.
¿Quién es? ¿Quién grita «asesino»?
LUDOVICO.
No lo sabemos.
YAGO.
¿No habeis oido voces?
CASIO.
¡Favor de Dios! ¡Por aquí, por aquí!
YAGO.
¿Qué sucede?
GRACIANO.
Si no me equivoco, es la voz del alférez de Otelo.
LUDOVICO.
No tiene duda. Y es Valentin tu mancebo.
YAGO.
¿Quién eres tú que tan amargamente te quejas?
CASIO.
Yago, me han acometido unos asesinos, dame favor.
YAGO.
¡Dios mio! ¡Mi teniente! ¿Quién os ha puesto de esa manera?
CASIO.
Uno de ellos está herido cerca de mí, y no puede huir.
YAGO.
¡Villanos, alevosos! ¿Quién sois? ¡Favor, ayuda!
RODRIGO.
¡Favor, Dios mio!
CASIO.
Uno de ellos es aquel.
YAGO.
¡Traidor, asesino! (-Saca el puñal y hiere á Rodrigo.-)
RODRIGO.
¡Maldito Yago! ¡Perro infernal!
YAGO.
¡Asaltarle de noche y á traicion! ¡Bandidos! ¡Qué silencio, qué
soledad! ¡Muerte! ¡Socorro! ¿Y vosotros veniais de paz ó en son de
combate?
LUDOVICO.
Por nuestros hechos podeis conocerlo.
YAGO.
¡Ilustre Ludovico!
LUDOVICO.
El mismo soy.
YAGO.
Perdon os pido. Ahí yace Casio á manos de traidores.
GRACIANO.
¡Casio!
YAGO.
¿Qué tal, hermano?
CASIO.
Tengo herida la pierna.
YAGO.
¡No lo quiera Dios! ¡Luz, luz! Yo vendaré las heridas con mi ropa.
(-Sale Blanca.-)
BLANCA.
¿Qué pasa? ¿Qué voces son esas?
YAGO.
¿De quién son las voces?
BLANCA.
¡Casio, mi amado Casio, mi dulce Casio!
YAGO.
¡Ramera vil! Amigo Casio, ¿y ni áun sospechais quién pudo ser el
agresor?
CASIO.
Lo ignoro.
GRACIANO.
¡Cuánto me duele veros así! Venia á buscaros.
YAGO.
¡Dadme una venda! Gracias. ¡Oh si yo tuviera una silla de manos, para
llevarle á casa!
BLANCA.
¡Ay que pierde el sentido! ¡Casio, mi dulce Casio!
YAGO.
Amigos mios, yo tengo mis recelos de que esta jóven tiene parte no
escasa en el delito. Esperad un momento. Que traigan luces, á ver si
podremos conocer al muerto. ¡Amigo y paisano mio, Rodrigo! ¡No, no es!
Sí, sí, ¡Rodrigo! ¡Qué suceso más extraño!
GRACIANO.
¿Rodrigo el de Venecia?
YAGO.
El mismo, caballero. ¿Le conociais vos?
GRACIANO.
Ya lo creo que le conocia.
YAGO.
¡Amigo Graciano! perdonadme. Con este lance estoy tan turbado que no sé
lo que me sucede.
GRACIANO.
Mucho me place el veros.
YAGO.
¿Cómo os sentís, Casio? ¡Que traigan una silla de manos!
GRACIANO.
¡Rodrigo!
YAGO.
No cabe duda que es él. Lo deploro. Venga la litera. Llevadle despacio
á casa de alguna persona caritativa. Me iré á llamar al médico de
Otelo. No tengais cuidado, señora. El desdichado que ahí yace muerto,
fué muy amigo mio. ¿Cuál seria la causa de la pendencia?
CASIO.
Ciertamente que no lo sé. Ni siquiera le conozco.
YAGO.
(-A Blanca.-) ¿Perdeis el color? Retirad el cadáver. No me abandoneis,
caballeros. Mucho palideceis, señora mia. ¿No veis qué asustada y sin
sosiego está? Creo que ella podria decirnos algo. Miradla, miradla
de espacio. ¿No lo advertis, caballeros? La lengua calla, pero la
conciencia habla á gritos.
(-Sale Emilia.-)
EMILIA.
¿Qué pasa? ¡Ay, esposo mio!
YAGO.
A traicion han acometido á Rodrigo. Algunos se han escapado. Él queda
muerto y Casio herido.
EMILIA.
¡Infeliz Casio! ¡Pobre caballero!
YAGO.
¡Fruto natural de la vida que él traia! Véte, Emilia, y pregunta á
Casio dónde cenó esta noche. (-A Blanca.-) ¿Por qué temblais, señora?
BLANCA.
En mi casa cenó, pero no tiemblo por eso.
YAGO.
¿Con que en tu casa? Pues ven conmigo.
EMILIA.
¡Mala mujer, ramera!
BLANCA.
Soy tan honrada como vos. No me insulteis.
EMILIA.
¡Tan honrada como yo! ¡Perdida!
YAGO.
Vamos á cuidar de Casio, amigos mios. Señora, venid, que pronto
hablareis de otra manera. Emilia, véte á toda prisa al castillo,
refiéreselo todo al moro y á Desdémona. Venid conmigo. (-Aparte.-) Esta
noche será la de mi felicidad ó la de mi ruina.
(-Se van.-)
ESCENA II.
=Alcoba en el castillo.=
DESDÉMONA dormida. Á su lado una luz. Sale OTELO.
OTELO.
Con razon lo hago, con razon ¡alma mia! No os lo quiero contar, castas
estrellas. Tampoco quiero derramar la sangre de ella, ni ajar su cútis
más blanco que la nieve, y más tierno que mármol sepulcral. Y con todo
eso, tengo que matarla, para que no engañe á otros hombres. Apagaré
esta luz... y luego aquella. Si apago esta luz y luego me arrepiento,
puedo volver á encenderla, pero si te apago á tí, luz clarísima, primor
y ejemplar de la naturaleza, ¿dónde hallaré el fuego de Prometeo,
para volverte á dar la vida? Si arranco la flor de su tallo, ¿cómo he
de restituirla su frescura y lozanía? Necesario es que se marchite.
Quiero respirar por la última vez su deleitoso aroma. (-La besa.-) ¡Oh
regalado aliento de su boca, casi bastas para arrancar el hierro de la
mano de la justicia! Otro beso y nada más. ¡Quédate así, cuando yo te
mate: que muerta y todo te he de amar! Otro beso, el último. Nunca le
hubo más delicioso ni más fatal: lloremos. Mi llanto es feroz, y mi ira
es como la de Dios, que hiere donde más ama. Ahora se despierta.
[Ilustración: -Muerte de Desdémona.-]
DESDÉMONA.
(-Despertándose.-) ¿Eres tú, Otelo?
OTELO.
Yo soy, Desdémona.
DESDÉMONA.
Esposo mio, ¿quieres descansar?
OTELO.
¿Has rezado esta noche, Desdémona?
DESDÉMONA.
Sí.
OTELO.
Pues pide á Dios perdon, si te acuerdas de algun crímen, que Dios no te
haya perdonado todavía.
DESDÉMONA.
¡Dios mio! ¿Qué me quieres decir, esposo?
OTELO.
Hazlo, y pronto. Yo me alejaré entre tanto. No quiero que mueras sin
confesion. No quiero condenar tu alma.
DESDÉMONA.
¿Qué? ¿Quieres matarme?
OTELO.
Sí, por cierto.
DESDÉMONA.
¡Perdon, Dios mio!
OTELO.
¡Así sea! Dilo con todas las fuerzas de tu alma.
DESDÉMONA.
Tú que así hablas no puedes matarme.
OTELO.
¿Qué?
DESDÉMONA.
Con todo eso, te tiemblo. Tu mirada me aterra. Y no sé por qué es mi
temor, pues de ningun crímen me reconozco culpable. Y sin embargo,
tiemblo.
OTELO.
Acuérdate de tus pecados.
DESDÉMONA.
Será el amor que te profeso.
OTELO.
Por ese amor te mato.
DESDÉMONA.
¿Matarme porque te amo? ¡Oh indigna muerte! ¿Por qué te muerdes los
labios? ¡Ciega pasion te descamina! Agüeros son de mal suceso; pero yo
espero que no me amenazan á mí.
OTELO.
¡Calla, calla!
DESDÉMONA.
Sí callaré, ¿pero qué pasa?
OTELO.
¿Tú diste á Casio aquel pañuelo, regalo mio y que yo tanto apreciaba?
DESDÉMONA.
¡No, te lo juro por mi vida! Pregúntaselo á él.
OTELO.
No jures en falso, amada mia, que ya estás en el tálamo de la muerte.
DESDÉMONA.
¿Tan pronto?
OTELO.
En seguida. Confiesa, pues, tus culpas, una por una, que aunque las
niegues con los más firmes juramentos, no has de disminuir en un ápice
mi firme conviccion. De todas maneras, morirás.
DESDÉMONA.
Entonces, Dios tenga compasion de mí.
OTELO.
Así sea.
DESDÉMONA.
Y tenla tú tambien. Jamas te falté, ni áun de pensamiento. Nunca puse
mi corazon en Casio ni le dí prenda alguna de amor. Quísele sólo con la
amistad que Dios aprueba.
OTELO.
¡Dios mio! ¡Y yo que he visto el pañuelo en sus manos! ¡Tú quieres
volverme loco, y hacer que trueque en asesinato lo que quiero que sea
sacrificio! Yo he visto el pañuelo.
DESDÉMONA.
Él lo encontró en el suelo. Yo no se le dí. Que él venga y nos declare
la verdad.
OTELO.
Ya la ha confesado.
DESDÉMONA.
¿Y qué confesó?
OTELO.
Que alcanzó favores tuyos.
DESDÉMONA.
¿Ilícitos?
OTELO.
Sí.
DESDÉMONA.
Falso. No lo repetirá delante de mí.
OTELO.
No, porque Yago le ha cerrado la boca.
DESDÉMONA.
¡Ah! Tiemblo. ¿Casio ha muerto?
OTELO.
¡Ojalá hubiera tenido tantas vidas como cabellos, para que mi venganza
las hubiera devorado una por una!
DESDÉMONA.
¡Calumnia, calumnia atroz, que nos ha perdido!
OTELO.
¡Infame! ¿Y te atreves á llorarle delante de mí?
DESDÉMONA.
¡Esposo mio, destiérrame de tu presencia, pero no me mates!
OTELO.
Apártate, vil adúltera.
DESDÉMONA.
Déjame vivir siquiera esta noche. Mátame mañana.
OTELO.
¿Aún te defiendes?
DESDÉMONA.
Siquiera una hora de vida.
OTELO.
La hora inevitable ha llegado.
DESDÉMONA.
Dejadme rezar una oracion.
OTELO.
Ya es tarde. (-La estrangula.-)
EMILIA.
(-Dentro.-) ¡Abrid, señor, abrid!
OTELO.
¿Quién llama? ¿Estará muerta del todo? En medio de todo, la tengo
lástima, y no quiero alargar su agonía.
EMILIA.
(-Dentro.-) ¡Abrid, señor!
OTELO.
¿Quién es?
EMILIA.
(-Dentro.-) Señor, dejadme deciros dos palabras.
OTELO.
Es Emilia.--Voy á abrirla.--Ya ha muerto Desdémona.--¿Vendrá Emilia á
contarme la muerte de Casio?--Aquí era el ruido.--Está inmóvil, yerta
como la losa de un sepulcro.--¿Abriré? ¿Será una imprudencia?--¡Me
parece que se mueve!--No es nada.--¿Qué haré? Si entra, preguntará por
mi mujer. ¡Mi mujer, mi mujer!--¿Y quién es mi mujer? Yo no la tengo.
¡Hora tristísima! ¡Ojalá hubiese ahora un eclipse de sol y de luna, y
se abriera el centro de la tierra!
EMILIA.
¡Abrid, señor! Que es muy importante lo que tengo que deciros.
OTELO.
Ya no me acordaba de tí, Emilia. Entra, pero despacio. Voy á cerrar
las cortinas del lecho. (-Abre la puerta.-) (-A Emilia.-) ¿Qué nuevas
traes? Dímelas.
EMILIA.
Señor, cerca de aquí acaban de matar á uno.
OTELO.
En este instante.
EMILIA.
Ahora mismo.
OTELO.
Influjos son de la luna, que anda ahora muy cerca de la tierra, y hace
sentir aquí sus efectos.
EMILIA.
Casio ha dado muerte á un mancebo veneciano llamado Rodrigo.
OTELO.
¿Muerto Rodrigo? Y Casio muerto tambien.
EMILIA.
No. Casio no ha muerto.
OTELO.
¡Casio no ha muerto! Entonces ese homicidio, lejos de serme grato, me
es aborrecible.
DESDÉMONA.
¡Oh muerte cruel!
EMILIA.
¿Qué grito ha sonado?
OTELO.
¿Grito? ¿Dónde?
EMILIA.
Grito de mi señora. Amparadme, por Dios. Decidme algo, señora, amada
Desdémona.
OTELO.
Muere sin culpa.
EMILIA.
¿Y quién la mató?
DESDÉMONA.
Nadie. Yo me maté. Que Otelo me conserve en su recuerdo. Adios, esposo
mio.
OTELO.
¿Pues cómo ha muerto?
EMILIA.
¿Quién lo sabe?
OTELO.
Ya has oido que ella misma dice que yo no fuí.
EMILIA.
Vos fuisteis. Y es preciso que digais la verdad.
OTELO.
Por la mentira se ha condenado y baja al infierno. Yo la maté.
EMILIA.
¡Ella era un ángel, vos sois un demonio!
OTELO.
Ella fué pecadora y adúltera.
EMILIA.
La estais calumniando infame y diabólicamente.
OTELO.
Fué falsa y mudable como el agua que corre.
EMILIA.
Y tú violento y rápido como el fuego. Siempre te guardó fidelidad, y
fué tan casta como los ángeles del cielo.
OTELO.
Casio gozó de su amor. Que te lo cuente tu marido. ¡Oh, mereceria
yo pagar mi necio crímen en lo más hondo del infierno, si antes de
arrojarme á la venganza, no hubiera examinado bien la justicia de los
motivos! Yago lo averiguó.
EMILIA.
¿Mi marido?
OTELO.
Tu marido.
EMILIA.
¿Él averiguó que Desdémona te habia sido infiel?
OTELO.
Sí, con Casio. Y si no me hubiera sido traidora, te juro que no la
hubiera trocado ni por un mundo que el cielo hubiese fabricado para mí
de un crisólito íntegro y sin mancha.
EMILIA.
¡Mi marido!
OTELO.
Él me lo descubrió todo. Es hombre de bien, y aborrece toda infamia y
torpeza.
EMILIA.
¡Mi marido!
OTELO.
¿Por qué repites tanto: «mi marido»?
EMILIA.
¡Ay pobre señora mia, cómo la maldad se burla del amor! ¡Qué negra
iniquidad! ¿Y mi marido te dijo que ella habia sido infiel?
OTELO.
Sí, tu marido. ¿Lo entiendes bien ahora? Yago, mi fiel amigo Yago.
EMILIA.
Pues si tales cosas te ha dicho, consúmase su alma, un átomo cada dia.
¡Ha mentido como un infame! Bien deseaba el puesto que tan caro ha
comprado.
OTELO.
¡Por Dios vivo!...
EMILIA.
Puedes matarme: será un hecho tan indigno de memoria como lo eres tú.
OTELO.
Debias callar.
EMILIA.
Áun mayor que tu poder es mi valor. ¡Necio, más estúpido que el polvo
de la tierra! ¡Vaya una bravata! Me rio de tu acero. Voy á contar á
gritos quién eres, aunque me cueste la vida y cien vidas. ¡Socorro, que
el moro ha asesinado á mi señora! ¡Socorro!
MONTANO.
¿Qué pasa, general?
EMILIA.
¿Ahí estás, Yago? ¡Qué habilidad tienes! ¡Dejar que un infame te acuse
para disculpar sus crímenes!
GRACIANO.
¿Pero qué ha pasado?
EMILIA.
Si eres hombre, desmiéntele. Él cuenta que tú le dijiste que su mujer
le era infiel. Yo sé bien que no lo has dicho, porque no eres tan
malvado. Habla, respóndele, que el corazon quiere saltárseme.
YAGO.
Le dije lo que yo tenia por cierto, y lo que luego él ha averiguado.
EMILIA.
¿Y tú le dijiste que mi señora no era honrada?
YAGO.
Sí que se lo dije.
EMILIA.
Pues dijiste una mentira odiosa, infernal y diabólica. ¡Poder de Dios!
¿Y le dijiste que era infiel con Casio, con Casio?
YAGO.
Sí, con Casio. Cállate, mujer.
EMILIA.
No he de callar. Es necesario que yo hable. Mi pobre señora yace muerta
en su lecho.
TODOS.
¡No lo consienta Dios!
EMILIA.
Y tus delaciones son causa de su muerte.
OTELO.
No os asombreis, señores. Así ha sucedido.
GRACIANO.
¡Horrenda verdad!
MONTANO.
¡Espantoso crímen!
EMILIA.
Aquí se esconde alguna infernal añagaza... Y empiezo á sospechar...
¡Ah, sí: ya caigo!... Lo que siempre recelé... ¡Infame! ¡Me ahoga la
ira! ¡Oh trama inicua!
YAGO.
¿Estás loca? Véte á casa. Te lo mando.
EMILIA.
Caballeros, dejadme hablar. Otra vez le obedeceré, no ahora. Y quizá
nunca volveré á tu casa, Yago.
OTELO.
¡Ay! ¡Ay!
EMILIA.
¿Al fin lo sientes? Ruge, ruge. Has asesinado á la más santa y hermosa
criatura que ha visto nunca la luz del sol.
OTELO.
(-Levantándose.-) ¡Fué adúltera! No os habia conocido, tio. (-A
Graciano.-) Ahí teneis muerta á vuestra sobrina, y muerta á mis manos.
Sé que esto os parecerá horrible...
GRACIANO.
¡Pobre Desdémona! Cuán feliz es tu padre en haber pasado ya de esta
vida. Tu boda le mató: el pesar de ella bastó á cortar el hilo de sus
dias. Pero si hoy viviera, y la viese muerta, pienso que habia de
maldecir hasta de su ángel de guarda, provocando la indignacion del
1
.
2
3
¿
,
?
4
5
.
6
7
,
,
.
8
9
.
10
11
.
12
13
.
14
15
,
.
16
,
,
17
,
¿
?
18
19
.
20
21
,
.
22
23
.
24
25
,
,
26
,
.
27
28
.
29
30
.
31
32
.
33
34
:
.
35
.
36
,
,
37
,
,
¿
38
?
,
.
39
,
40
,
.
41
,
¿
42
?
¿
?
¿
43
?
¿
,
?
44
,
.
45
46
.
47
48
.
,
49
,
.
50
51
[
]
52
53
54
55
56
[
]
57
58
59
60
61
.
62
63
64
.
65
66
=
.
=
67
68
.
69
70
.
71
72
,
;
,
,
73
¡
!
.
74
.
,
,
.
75
76
.
77
78
,
.
79
80
.
81
82
.
.
83
84
(
-
.
-
)
85
86
.
87
88
,
,
89
.
¿
?
90
91
(
-
.
-
)
92
93
.
94
95
.
96
,
,
.
97
,
98
,
.
,
99
,
100
,
101
.
,
.
.
102
103
(
-
.
-
)
104
105
.
106
107
.
.
¡
,
!
(
-
.
-
)
108
109
.
110
111
,
112
.
.
(
-
.
-
)
113
114
.
115
116
¡
!
¡
!
(
-
117
.
-
)
118
119
.
120
121
¡
!
¡
!
¡
!
122
123
(
-
.
-
)
124
125
.
126
127
.
.
128
129
.
130
131
¡
!
132
133
.
134
135
,
:
.
136
137
.
138
139
¡
!
¡
!
¡
!
140
141
.
142
143
,
.
¡
,
144
,
!
¡
145
!
,
.
146
,
147
.
148
.
149
150
(
-
.
-
)
151
(
-
.
-
)
152
153
.
154
155
¿
?
¿
?
¡
!
¿
156
?
157
158
.
159
160
¡
!
¡
!
161
162
.
163
164
¡
!
165
166
.
167
168
¡
!
169
170
.
171
172
¡
!
173
174
.
175
176
.
¡
!
¿
177
?
.
¿
178
?
179
180
.
181
182
,
.
183
184
.
185
186
¿
?
187
188
(
-
.
-
)
189
190
.
191
192
,
.
193
194
.
195
196
¿
?
¿
«
»
?
197
198
.
199
200
.
201
202
.
203
204
¿
?
205
206
.
207
208
¡
!
¡
,
!
209
210
.
211
212
¿
?
213
214
.
215
216
,
.
217
218
.
219
220
.
.
221
222
.
223
224
¿
?
225
226
.
227
228
,
,
.
229
230
.
231
232
¡
!
¡
!
¿
?
233
234
.
235
236
,
.
237
238
.
239
240
¡
,
!
¿
?
¡
,
!
241
242
.
243
244
¡
,
!
245
246
.
247
248
.
249
250
.
251
252
¡
,
!
(
-
.
-
)
253
254
.
255
256
¡
!
¡
!
257
258
.
259
260
¡
!
¡
!
¡
,
261
!
¡
!
¡
!
¿
262
?
263
264
.
265
266
.
267
268
.
269
270
¡
!
271
272
.
273
274
.
275
276
.
277
278
.
.
279
280
.
281
282
¡
!
283
284
.
285
286
¿
,
?
287
288
.
289
290
.
291
292
.
293
294
¡
!
¡
,
!
.
295
296
(
-
.
-
)
297
298
.
299
300
¿
?
¿
?
301
302
.
303
304
¿
?
305
306
.
307
308
¡
,
,
!
309
310
.
311
312
¡
!
,
¿
313
?
314
315
.
316
317
.
318
319
.
320
321
¡
!
.
322
323
.
324
325
¡
!
.
¡
,
326
!
327
328
.
329
330
¡
!
¡
,
!
331
332
.
333
334
,
335
.
.
,
336
.
¡
,
!
¡
,
!
337
,
,
¡
!
¡
!
338
339
.
340
341
¿
?
342
343
.
344
345
,
.
¿
?
346
347
.
348
349
.
350
351
.
352
353
¡
!
.
354
.
355
356
.
357
358
.
359
360
.
361
362
¿
,
?
¡
!
363
364
.
365
366
¡
!
367
368
.
369
370
.
.
.
371
.
372
.
,
.
,
373
.
¿
?
374
375
.
376
377
.
.
378
379
.
380
381
(
-
.
-
)
¿
?
.
,
382
.
,
.
¿
383
?
.
,
384
.
¿
,
?
,
385
.
386
387
(
-
.
-
)
388
389
.
390
391
¿
?
¡
,
!
392
393
.
394
395
.
.
396
.
397
398
.
399
400
¡
!
¡
!
401
402
.
403
404
¡
!
,
,
405
.
(
-
.
-
)
¿
,
?
406
407
.
408
409
,
.
410
411
.
412
413
¿
?
.
414
415
.
416
417
¡
,
!
418
419
.
420
421
.
.
422
423
.
424
425
¡
!
¡
!
426
427
.
428
429
,
.
,
,
430
.
,
,
431
.
.
(
-
.
-
)
432
.
433
434
(
-
.
-
)
435
436
437
.
438
439
=
.
=
440
441
.
.
.
442
443
.
444
445
,
¡
!
,
446
.
,
447
,
.
448
,
,
.
449
.
.
.
.
,
450
,
,
,
451
,
¿
,
452
?
,
¿
453
?
.
454
.
(
-
.
-
)
¡
455
,
456
!
.
¡
,
457
:
!
,
.
458
:
.
,
459
,
.
.
460
461
[
:
-
.
-
]
462
463
.
464
465
(
-
.
-
)
¿
,
?
466
467
.
468
469
,
.
470
471
.
472
473
,
¿
?
474
475
.
476
477
¿
,
?
478
479
.
480
481
.
482
483
.
484
485
,
,
486
.
487
488
.
489
490
¡
!
¿
,
?
491
492
.
493
494
,
.
.
495
.
.
496
497
.
498
499
¿
?
¿
?
500
501
.
502
503
,
.
504
505
.
506
507
¡
,
!
508
509
.
510
511
¡
!
.
512
513
.
514
515
.
516
517
.
518
519
¿
?
520
521
.
522
523
,
.
.
524
,
.
,
525
.
526
527
.
528
529
.
530
531
.
532
533
.
534
535
.
536
537
.
538
539
.
540
541
¿
?
¡
!
¿
542
?
¡
!
;
543
.
544
545
.
546
547
¡
,
!
548
549
.
550
551
,
¿
?
552
553
.
554
555
¿
,
?
556
557
.
558
559
¡
,
!
.
560
561
.
562
563
,
,
.
564
565
.
566
567
¿
?
568
569
.
570
571
.
,
,
,
,
572
,
573
.
,
.
574
575
.
576
577
,
.
578
579
.
580
581
.
582
583
.
584
585
.
,
.
586
.
587
.
588
589
.
590
591
¡
!
¡
!
¡
592
,
593
!
.
594
595
.
596
597
.
.
598
.
599
600
.
601
602
.
603
604
.
605
606
¿
?
607
608
.
609
610
.
611
612
.
613
614
¿
?
615
616
.
617
618
.
619
620
.
621
622
.
.
623
624
.
625
626
,
.
627
628
.
629
630
¡
!
.
¿
?
631
632
.
633
634
¡
,
635
!
636
637
.
638
639
¡
,
,
!
640
641
.
642
643
¡
!
¿
?
644
645
.
646
647
¡
,
,
!
648
649
.
650
651
,
.
652
653
.
654
655
.
.
656
657
.
658
659
¿
?
660
661
.
662
663
.
664
665
.
666
667
.
668
669
.
670
671
.
672
673
.
674
675
.
(
-
.
-
)
676
677
.
678
679
(
-
.
-
)
¡
,
,
!
680
681
.
682
683
¿
?
¿
?
,
684
,
.
685
686
.
687
688
(
-
.
-
)
¡
,
!
689
690
.
691
692
¿
?
693
694
.
695
696
(
-
.
-
)
,
.
697
698
.
699
700
.
-
-
.
-
-
.
-
-
¿
701
?
-
-
.
-
-
,
702
.
-
-
¿
?
¿
?
-
-
¡
703
!
-
-
.
-
-
¿
?
,
704
.
¡
,
!
-
-
¿
?
.
705
¡
!
¡
,
706
!
707
708
.
709
710
¡
,
!
.
711
712
.
713
714
,
.
,
.
715
.
(
-
.
-
)
(
-
.
-
)
¿
716
?
.
717
718
.
719
720
,
.
721
722
.
723
724
.
725
726
.
727
728
.
729
730
.
731
732
,
,
733
.
734
735
.
736
737
.
738
739
.
740
741
¿
?
.
742
743
.
744
745
.
.
746
747
.
748
749
¡
!
,
,
750
.
751
752
.
753
754
¡
!
755
756
.
757
758
¿
?
759
760
.
761
762
¿
?
¿
?
763
764
.
765
766
.
,
.
,
,
767
.
768
769
.
770
771
.
772
773
.
774
775
¿
?
776
777
.
778
779
.
.
.
,
780
.
781
782
.
783
784
¿
?
785
786
.
787
788
¿
?
789
790
.
791
792
.
793
794
.
795
796
.
.
797
798
.
799
800
.
.
801
802
.
803
804
¡
,
!
805
806
.
807
808
.
809
810
.
811
812
.
813
814
.
815
816
.
817
818
.
819
820
.
,
821
.
822
823
.
824
825
.
.
¡
,
826
,
827
,
828
!
.
829
830
.
831
832
¿
?
833
834
.
835
836
.
837
838
.
839
840
¿
?
841
842
.
843
844
,
.
,
845
846
.
847
848
.
849
850
¡
!
851
852
.
853
854
.
,
855
.
856
857
.
858
859
¡
!
860
861
.
862
863
¿
:
«
»
?
864
865
.
866
867
¡
,
!
¡
868
!
¿
?
869
870
.
871
872
,
.
¿
?
,
.
873
874
.
875
876
,
,
.
877
¡
!
878
.
879
880
.
881
882
¡
!
.
.
.
883
884
.
885
886
:
.
887
888
.
889
890
.
891
892
.
893
894
.
¡
,
895
!
¡
!
.
896
,
.
¡
,
897
!
¡
!
898
899
.
900
901
¿
,
?
902
903
.
904
905
¿
,
?
¡
!
¡
906
!
907
908
.
909
910
¿
?
911
912
.
913
914
,
.
915
.
,
916
.
,
,
.
917
918
.
919
920
,
.
921
922
.
923
924
¿
?
925
926
.
927
928
.
929
930
.
931
932
,
.
¡
!
933
¿
,
?
934
935
.
936
937
,
.
,
.
938
939
.
940
941
.
.
942
.
943
944
.
945
946
¡
!
947
948
.
949
950
.
951
952
.
953
954
,
.
.
955
956
.
957
958
¡
!
959
960
.
961
962
¡
!
963
964
.
965
966
.
.
.
.
.
.
967
¡
,
:
!
.
.
.
.
.
.
¡
!
¡
968
!
¡
!
969
970
.
971
972
¿
?
.
.
973
974
.
975
976
,
.
,
.
977
,
.
978
979
.
980
981
¡
!
¡
!
982
983
.
984
985
¿
?
,
.
986
.
987
988
.
989
990
(
-
.
-
)
¡
!
,
.
(
-
991
.
-
)
,
.
992
.
.
.
993
994
.
995
996
¡
!
997
.
:
998
.
,
,
999
,
1000