No me atrevo á volver ni á contemplar lo que hice.
LADY MACBETH.
¡Cobarde! Dame esas dagas. Están como muertos. Parecen estatuas. Eres
como el niño á quien asusta la figura del diablo. Yo mancharé de sangre
la cara de esos guardas. (-Suenan golpes.-)
MACBETH.
¿Quién va? El más leve rumor me horroriza. ¿Qué manos son las que se
levantan, para arrancar mis ojos de sus órbitas? No bastaria todo
el Océano para lavar la sangre de mis dedos. Ellos bastarian para
enrojecerle y mancharle.
LADY MACBETH.
Tambien mis manos están rojas, pero mi alma no desfallece como la tuya.
Llaman á la puerta del Mediodía. Lavémonos, para evitar toda sospecha.
Tu valor se ha agotado en el primer ímpetu. Oye... Siguen llamando...
Ponte el traje de noche. No vean que estamos en vela. No te pierdas en
vanas meditaciones.
MACBETH.
¡Oh, si la memoria y el pensamiento se extinguiesen en mí, para no
recordar lo que hice! (-Siguen los golpes.-)
[Ilustración: -Lady Macbeth en la cámara de Duncan.-]
ESCENA III.
EL PORTERO.
¡Qué estrépito! Ni que fuera uno portero del infierno. ¿Quién será ese
maldito? Algun labrador que se habrá ahorcado descontento de la mala
cosecha... Y sigue alborotando... Será algun testigo falso, pronto á
jurar en cualquiera de los platillos de la balanza. ¡Entra, malvado!
¡Y sigue dando! Será algun sastre inglés que ha sisado tela de unos
calzones franceses. ¡Qué frio hace aquí aunque estamos en el infierno!
Ya se acabó mi papel de diablo. A otra gente más lucida pensé abrir. No
os olvideis del portero.
ESCENA IV.
MACDUFF, un PORTERO, LÉNNOX y MACBETH.
MACDUFF.
¿Cómo te levantas tan tarde? ¿Te acostaste tarde por ventura?
PORTERO.
Duró la fiesta hasta que cantó por segunda vez el gallo.
MACDUFF.
¿Se ha levantado tu señor?... Pero aquí viene. Sin duda le despertamos
con los golpes.
LÉNNOX.
(-A Macbeth.-) ¡Buenos dias!
MACBETH.
¡Felices!
MACDUFF.
¿Está despierto el Rey?
MACBETH.
Todavía no.
MACDUFF.
Me dijo que le llamara á esta hora.
MACBETH.
Os quiero guiar á su habitacion.
MACDUFF.
Molestia inútil, por más que os agrade.
MACBETH.
Esta es su puerta.
MACDUFF.
Mi deber es entrar.
(-Vase.-)
LÉNNOX.
¿Se va hoy el Rey?
MACBETH.
Así lo tiene pensado.
LÉNNOX.
¡Mala noche! El viento ha echado abajo nuestra chimenea. Se han oido
extrañas voces, gritos de agonía, cantos proféticos de muerte y
destruccion. Las aves nocturnas no han cesado de graznar. Hay quien
dice que la tierra misma se estremecia.
MACBETH.
Tremenda ha sido, en verdad, la noche.
LÉNNOX.
No recuerdo otra semejante. Verdad que soy jóven.
MACDUFF.
¡Horror, horror, horror! ¡Ni la lengua ni el corazon deben nombrarte!
MACBETH y LÉNNOX.
¿Qué?
[Ilustración]
MACDUFF.
Una traicion horrible. Un sacrilegio... El templo de la vida del Rey ha
sido profanado.
MACBETH.
¿Su vida?
LÉNNOX.
¿La del Rey?
MACDUFF.
Entrad en la alcoba, y lo vereis, si es que no ciegan vuestros ojos
de espanto. No puedo hablar. Vedlo vosotros mismos... ¡Á las armas!
¡Traicion, malvados! ¡Donalbáin, Banquo, Malcolm, alerta! ¡Lejos de
vosotros ese sueño tan pesado como la muerte! Ved la muerte misma...
Pronto... ¡Banquo, Malcolm! Dejad el lecho, venid, animados fantasmas,
á contemplar esta escena de duelo.
LADY MACBETH.
¿Qué es eso? ¿Por qué despertais con tales gritos á la gente de la casa
que aún duerme?
MACDUFF.
En vuestros oidos, hermosa dama, no deben sonar otra vez nuestros
lamentos. No es tanto horror para oidos de mujer.
(-Entra Banquo.-)
¡Banquo, Banquo! Nuestro Rey ha sido asesinado.
LADY MACBETH.
¡Dios mio, y en mi casa!
BANQUO.
Aquí y en todas seria horrible. Dime que no es verdad. Dímelo por Dios.
MACBETH.
¡Ojalá hubiera muerto yo pocas horas antes! Mi vida hubiera sido del
todo feliz. Ya han muerto para mí la gloria y la esperanza. He agotado
el vino de la existencia, y sólo me quedan las heces en el vaso.
DONALBÁIN.
¿Qué es esto?
MACBETH.
¿Y tú me lo preguntas? Se ha secado la fuente de la vida. Tu padre ha
sido muerto.
MALCOLM.
¿Quién lo mató?
LÉNNOX.
Sin duda sus guardias, porque tienen manchadas de sangre las manos y la
cara, y los ensangrentados puñales junto al lecho. En sus miradas se
retrataba el delirio.
MACBETH.
¡Cuánto siento que mi furor me llevara á darles instantánea muerte!
MACDUFF.
¿Por qué lo hiciste?
MACBETH.
¿Y quién se contiene en tal arrebato? ¿Cuándo se unió el furor con
la prudencia, la lealtad con el sosiego? Mi amor al Rey venció á mi
tranquila razon. Yo veia á Duncan teñido en su propia sangre, y cerca
de él á los asesinos con el color de su oficio; veia sus puñales
manchados tambien... ¿Quién podia dudar? ¿Quién que amase al Rey,
hubiera podido detener sus iras?
LADY MACBETH.
Llevadme lejos de aquí.
MALCOLM.
¡Y callamos! aunque no pocos pueden achacarnos el crímen.
DONALBÁIN.
Más vale callarnos y atajar nuestras lágrimas. Vamos.
MALCOLM.
Disimulemos nuestra pena.
BANQUO.
Cuidad á la señora. Despues que nos vistamos, hemos de examinar más
despacio este horrible suceso. En la mano de Dios están mis actos.
Desde allí desafio toda sospecha traidora. Juro que soy inocente.
MACDUFF.
Y yo tambien.
TODOS.
Y todos.
MACBETH.
Juntémonos luego en el estrado.
TODOS.
Así lo haremos.
MALCOLM.
¿Qué haces? Nada de tratos con ellos. Al traidor le es fácil simular la
pena que no siente. Iré á Inglaterra.
DONALBÁIN.
Y yo á Irlanda. Separados estamos más seguros. Aquí las sonrisas son
puñales, y derraman sangre los que por la sangre están unidos.
MALCOLM.
La bala de su venganza no ha estallado todavía. Nos conviene
esquivarla. A caballo, y partamos sin despedirnos. Harta razon tenemos
para escondernos.
ESCENA V.
=Exterior del Castillo.=
Un VIEJO, ROSS y MACDUFF.
UN VIEJO.
En mis setenta años he visto cosas peregrinas y horrendas, pero nunca
como esta noche.
ROSS.
¡Venerable anciano! ¡Con qué cólera mira el cielo la trágica escena
de los hombres! Ya ha amanecido, pero todavía la noche se resiste á
abandonar su dominio. Quizá se avergüenza el dia, y no se atreve á
derramar su pura lumbre.
EL VIEJO.
No es natural nada de lo que sucede. El mártes un generoso halcon cayó
en las garras de una lechuza.
ROSS.
Los caballos de Duncan, los mejores de su casta, han quebrantado sus
establos, y vueltos al estado salvaje, son terror de los palafreneros.
EL VIEJO.
Ellos mismos se están devorando.
ROSS.
Así es. ¡Qué horror miran mis ojos!... Pero aquí se acerca el buen
Macduff. ¿Cómo están las cosas, amigo?
MACDUFF.
Ya lo veis.
ROSS.
¿Quién fué el asesino?
MACDUFF.
Los que mató Macbeth.
ROSS.
¿Y qué interes tenian?
MACDUFF.
Eran pagados por los dos hijos del Rey difunto.
ROSS.
¡Horror contra naturaleza! ¡La ambicion se devora á sí misma! Y Macbeth
sucederá en el trono.
MACDUFF.
Ya le han elegido rey, y va á coronarse á Esconia.
ROSS.
¿Y el cuerpo del rey Duncan?
MACDUFF.
Lo llevan á enterrar á la montaña de San Colme, sepulcro de sus mayores.
ROSS.
¿Te vas á Esconia, primo?
MACDUFF.
A Faife.
ROSS.
Yo á Esconia.
MACDUFF.
Felicidad en todo. Adios. Gusto más de la ropa nueva, que de la
antigua.
ROSS.
Adios, buen viaje.
EL VIEJO.
Quien saque como vosotros bien del mal, y haga amigo al enemigo,
llevará la bendicion de Dios.
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO III.
ESCENA PRIMERA.
=Palacio de Fóres.=
BANQUO, MACBETH, un CRIADO y dos ASESINOS.
BANQUO (-sólo-).
Ya eres rey, Macbeth, y señor de Glámis y de Cáudor. Está cumplido en
todas sus partes el vaticinio de las hechiceras, pero ¿quién sabe si la
traicion te habrá allanado el camino? Ni ha de quedar el cetro en tu
linaje. Si es verdad lo que nos dijeron, reyes han de ser mis hijos.
¿Por qué los oráculos que fueron veraces contigo no han de ser tambien
propicios á mi ambicion? Pero disimulemos.
MACBETH.
Ya tenemos aquí á nuestro principal convidado.
LADY MACBETH.
Grande hubiera sido su falta en el banquete.
MACBETH.
Te convido á un gran festin que he de dar esta noche.
BANQUO.
Vuestra Majestad puede mandarme, en vez de convidarme. Mi voluntad está
indisolublemente unida á la vuestra.
MACBETH.
¿Sales á caballo esta tarde?
BANQUO.
Sí.
MACBETH.
Si no, podrias ayudarme con tu consejo en la junta de esta tarde.
Mañana será. ¿Vas lejos?
BANQUO.
Pasearé hasta la hora de cenar. Si mi caballo no aprieta el paso,
pediré prestadas á la noche una ó dos horas.
MACBETH.
No faltes.
BANQUO.
No faltaré.
MACBETH.
Tengo nuevas de que mis revoltosos deudos están refugiados en
Inglaterra y en Irlanda. No confiesan su parricidio, y divulgan contra
mí horrendas acusaciones. Mañana hablaremos de esto, cuando nos
juntemos á tratar de otros negocios. Ahora, á caballo. Hasta luego. ¿Te
acompaña tu hijo?
BANQUO.
Sí, y vendrá pronto, porque ya es hora.
MACBETH.
Dios guie con bien vuestros caballos y os vuelva pronto. Hasta la
noche.
(-Vase Banquo.-)
Vosotros haced lo que querais hasta las siete. Vuestra compañía me será
más grata á la hora de cenar, si en este momento me dejais solo. Adios,
mis caballeros.
(-Vanse todos.-)
MACBETH.
(-A un criado.-) ¿Me esperan ya esos hombres?
CRIADO.
Están á la puerta de palacio.
MACBETH.
Diles que entren.
(-Se va el criado.-)
¿De qué me sirve el poder sin la seguridad? Banquo es mi amenaza
perpétua: su altiva condicion me infunde miedo. Junta á su valor el
ingenio y la prudencia. Me reconozco inferior á él como Marco Antonio á
César. Él fué quien se atrevió á dirigir la palabra á las brujas cuando
me aclamaron Rey, y á preguntarlas por su suerte futura, y ellas con
fatídica voz le contestaron: «Tus hijos serán reyes.» A mí me otorgan
una corona estéril, un cetro irrisorio, que no pasará á mis hijos sino
á los de un extraño. Yo vendré á ser el bienhechor de la familia de
Banquo. Por servirla asesiné al Rey Duncan, y llené de hiel el cáliz de
mi vida; y vendí al diablo el tesoro de mi alma. ¡Todo para hacer reyes
á los hijos de Banquo! ¡Fatal destino mio, sálvame: lidia por mí esta
batalla! ¿Quién es?
(-Entran los asesinos.-)
(-Al criado.-) Espera á la puerta hasta que llame.
(-Vase el criado.-)
(-A los asesinos.-) Ya oisteis ayer lo que deseo.
ASESINO 1.º
Sí, rey.
MACBETH.
¿Habeis pensado bien lo que os dije? Él y no yo ha sido hasta ahora
la causa de vuestros males. Ya os expliqué cómo se habia burlado de
vosotros: quiénes le ayudaron. En suma el más necio hubiera podido
decir: -Tuvo la culpa Banquo.-
ASESINO 1.º
Verdad es lo que dices.
MACBETH.
Y añado más, y vengo al objeto de este coloquio. ¿Hasta cuándo durará
vuestra paciencia? ¿Manda el Evangelio que receis á Dios por ese hombre
y por su linaje, cuando os está empobreciendo y esquilmando, y os tiene
casi á punto de muerte?
ASESINO 1.º
¡Oh Rey! somos hombres.
MACBETH.
Tambien son perros los galgos y los mastines y los lebreles, y los de
aguas y los de caza, pero se distinguen unos de otros por tener más ó
menos valor y fortaleza, y mejor ó peor olfato. La naturaleza reparte
con igualdad sus dones, y por eso las diversas castas tienen nombres
distintos. Lo mismo sucede con los hombres. Si no quereis ser de los
últimos y más abyectos, yo os daré un consejo que os libre para siempre
de esa opresion y tiranía, y os haga acreedores á mi gratitud eterna,
porque no puedo vivir en paz, si él no muere.
ASESINO 1.º
Señor; yo soy un hombre de esos tan maltratados por la suerte, que me
arrojaré á cualquier cosa, por vengarme del mundo.
ASESINO 2.º
Tan mala ha sido mi fortuna, que para mejorarla ó acabar de una vez,
arriesgaré mi vida en cualquier lance.
MACBETH.
Está bien. Banquo es enemigo vuestro.
ASESINO 2.º
Verdad, señor.
MACBETH.
Y mio, á tal extremo que cada minuto de su vida es un tormento para
mí. Yo podria sin cargo de conciencia deshacerme de él, pero tiene
amigos que tambien lo son mios, y no quiero perderlos. Por eso acudo á
vosotros, ya que hay poderosos motivos para que el golpe sea secreto.
ASESINO 2.º
Se hará vuestra voluntad, oh Rey.
ASESINO 1.º
Aunque perezcamos en la demanda.
MACBETH.
Conozco vuestro denuedo. Pronto os diré en qué sitio habeis de
emboscaros, y cuándo; porque esta misma noche ha de darse el golpe.
Conviene que sea lejos de palacio, para alejar de mí toda sospecha. No
dejeis indicio alguno del crímen. Le acompaña su hijo Fleancio, que me
estorba tanto como su padre. Por consiguiente, matadle tambien. Quedaos
solos. Volveré luego.
LOS DOS ASESINOS.
Estamos resueltos.
MACBETH.
Volveré pronto... Entrad... ¡Oh, Banquo! esta noche ó nunca subirá tu
alma á los cielos.
ESCENA II.
Lady MACBETH, MACBETH y un CRIADO.
LADY MACBETH.
¿Está en palacio Banquo?
CRIADO.
No, señora, pero esta noche vendrá.
LADY MACBETH.
Dí al Rey, que quiero hablarle un momento.
CRIADO.
Así lo haré...
LADY MACBETH.
¿De qué nos sirve haber logrado nuestros deseos, si no alcanzamos
placer ni reposo? Es preferible la paz de nuestras víctimas, al falso
goce que procede del crímen.
(-Entra Macbeth.-)
Esposo mio, ¿por qué te atormentan siempre tan tristes recuerdos?
olvida lo pasado.
MACBETH.
Hemos herido á la serpiente, pero no la hemos matado. Volverá á
acometernos, mientras estemos cerca de sus dientes. ¡Húndase la tierra,
arda el universo, antes que yo coma ni duerma en medio de tales
espantos nocturnos! ¡Ojalá estuviera yo con mis víctimas, más bien
que entregado á la tortura de mi pensamiento! Duncan no teme ya ni el
hierro matador ni el veneno, ni la discordia, ni la guerra.
LADY MACBETH.
Esposo mio, alegra ese semblante, para que nuestros huéspedes no
adviertan esta noche tu agitacion.
MACBETH.
Así lo haré, amada mia. Fíjate en Banquo: muéstrate risueña con él, en
la mirada y en las palabras. Todavía no estamos seguros: es preciso
lavar nuestra honra en el rio de la adulacion, y convertir nuestros
semblantes en hipócrita máscara.
LADY MACBETH.
¡Oh, basta, basta!
MACBETH.
Mi alma es un nido de sierpes... ¡Todavía respiran Banquo y Fleancio!
LADY MACBETH.
No son inmortales.
MACBETH.
Esa es la esperanza que nos queda. El hierro puede alcanzarlos.
Antes que el murciélago abandone su claustro; antes que se oiga en
el silencio de la noche el soñoliento zumbido del escarabajo, estará
terminado todo.
LADY MACBETH.
¿Qué quieres decir?
MACBETH.
Vale más que lo ignores, hasta que esté cumplido, y puedas regocijarte
en ello. Ven, ciega noche, venda tú los ojos al clemente dia. Rompa
tu mano invisible y ensangrentada la atroz escritura que causa mis
terrores... Va creciendo la oscuridad: retorna el cuervo á la espesura
del bosque: las aves nocturnas descienden anhelosas de presa... ¡Te
horrorizan mis palabras! ¿Y por qué? Sólo el crímen puede consumar lo
que ha empezado el crímen. Ven conmigo.
ESCENA III.
=Bosque á la entrada del palacio.=
ASESINOS, BANQUO y su hijo FLEANCIO.
ASESINO 1.º
¿Quién te ha enviado?
ASESINO 3.º
Macbeth.
ASESINO 2.º
No debemos dudar de él, puesto que sabe nuestro fin y propósito.
ASESINO 1.º
Ya muere el sol en occidente, y el pasajero aguija su caballo para
llegar á la posada. Ya está cerca el que esperamos.
ASESINO 3.º
Suenan las herraduras de sus caballos.
BANQUO.
(-Dentro.-) ¡Luz!
ASESINO 2.º
¡Ahí está! Le aguardan en la llanura.
ASESINO 1.º
Se llevan los caballos.
ASESINO 3.º
El, como los demas, se encamina á pié á palacio.
BANQUO.
¡Luz, luz!
ASESINO 3.º
¡Ahí está!
ASESINO 1.º
Aguarda. (-Entran Banquo, su hijo Fleancio, un criado con antorcha.-)
BANQUO.
Va á llover esta noche.
[Ilustración]
ASESINO 1.º
¡Muera! (-Le hiere.-)
BANQUO.
¡Traicion! Huye, hijo, y si puedes, venga mi muerte. (-Cae.-)
ASESINO 3.º
¿Por qué mataste la luz?
ASESINO 1.º
¿No hice bien?
ASESINO 3.º
Ha muerto uno solo. El hijo huye.
ASESINO 2.º
Hemos perdido la mitad de la paga.
ASESINO 1.º
Vamos á dar cuenta á Macbeth.
ESCENA IV.
=Sala de palacio. Mesa preparada para un festin.=
MACBETH, los CONVIDADOS, LADY MACBETH, ASESINO 1.º y LÉNNOX.
MACBETH.
Sentaos, segun vuestra categoría y nobleza. Bien venidos seais todos.
LOS CONVIDADOS.
Gracias.
MACBETH.
Siéntese la reina en el trono, y démosle la bienvenida.
LADY MACBETH.
Gracias. Dádsela á nuestros convidados. Os saludo de todo corazon,
señores.
MACBETH.
Con toda el alma te lo agradecen. (-Á Lady Macbeth.-) Los dos lados
iguales: yo en medio. Alegraos, brindaremos juntos.
(-Se presenta el asesino 1.º-)
Traes manchada la cara de sangre.
ASESINO 1.º
Sangre de Banquo.
MACBETH.
Más vale que sea la suya que la tuya. ¿Queda muerto?
ASESINO 1.º
Le degollé, señor.
MACBETH.
¡Matador excelente te debo apellidar, y más, si acabaste tambien con
Fleancio!
ASESINO 1.º
¡Oh rey! huyó.
MACBETH.
¡Y siguen mis temores! Si él hubiera muerto, yo seria feliz, duro como
el mármol y las rocas, libre como el aire. Pero ahora me veo receloso,
inquieto, entre dudas y temores. ¿Y Banquo murió de veras?
ASESINO 1.º
Cayó en una zanja profundísima, con veinte heridas en la cabeza, la
menor de ellas mortal.
MACBETH.
Gracias infinitas. Muerta está la serpiente, pero ese retoño fugitivo
ha de envenenarnos con el tiempo. Todavía no ha echado dientes. Vuelve
mañana. Aún tenemos que hablar.
(-Se va el asesino.-)
LADY MACBETH.
Esposo, anima con tu presencia y tus palabras la languidez del festin.
Si no has de hacerlo, más valdrá comer solos. La alegría es la salsa de
las cenas.
MACBETH.
¡Dulce maestra mia! La buena digestion venga hoy despues del apetito, y
tras ellos la salud.
LÉNNOX.
Tomad asiento, rey.
MACBETH.
Congregada tendríamos esta noche la flor de la monarquía, si no nos
faltase el ilustre Banquo. Quiero culpar su negligencia, más bien que
imaginar que le haya acontecido alguna desgracia.
(-El espectro de Banquo ocupa el sitial de Macbeth.-)
LÉNNOX.
Honradnos, señor, tomando asiento.
MACBETH.
¿Dónde? No le encuentro.
LÉNNOX.
Aquí le teneis, señor.
MACBETH.
¿Dónde?
LÉNNOX.
Señor, aquí. ¿Pero qué agitacion es la vuestra?
MACBETH.
¿Quién de vosotros ha hecho esto?
LÉNNOX.
¿Qué, señor?
MACBETH.
Yo no... yo no lo hice... no me mires agitando tu cabellera tinta en
sangre.
ROSS.
Levantaos: el rey está enfermo.
LADY MACBETH.
No, no, continuad sentados. Son accidentes que desde jóven padece
mi marido. No os levanteis. Es cosa de un momento. Vereis cual se
repone en seguida. No os fijeis en él, porque se aumentará su delirio.
(-Aparte á Macbeth.-) ¡Y dices que eres hombre!
MACBETH.
Y hombre fuerte, pues que me atrevo á mirar de hito en hito lo que
pondria espanto al mismo Satanás.
LADY MACBETH.
¡Necedad insigne! ¡Sombras que finge el miedo! Es como aquel puñal
que decias que te guiaba por el aire, cuando mataste al rey Duncan.
¡Consejas, tolerables solo en boca de una anciana, al amor de la
lumbre! ¡Vergüenza para tí! ¡Y áun sigues turbado! ¡No ves que tú
asiento está vacío!
MACBETH.
¡No, no... Mira, mira!... ¿No lo ves?... ¿Qué dices ahora?... Pero ¿qué
me importa lo que digas? ¿Mueves la cabeza en signo de incredulidad?...
Habla, habla... Si los sepulcros nos arrojan su presa, los palacios se
trocarán en festin de buitres.
(-Se va la sombra.-)
LADY MACBETH.
¿Estás loco?
[Ilustración: -El festin de Macbeth.-]
MACBETH.
Te juro, por mi alma, que le he visto.
LADY MACBETH.
¿Y no te avergüenzas?
MACBETH.
Siempre se ha derramado sangre. Desde que el mundo es mundo, ha habido
crímenes atroces. Pero antes el muerto muerto se quedaba. Ahora las
sombras vuelven y nos arrojan de nuestros sitiales.
LADY MACBETH.
Tus caballeros reclaman tu presencia.
MACBETH.
No me acordaba de ellos. ¡Amigos mios! ¡nobles caballeros! no hagais
caso de mí. Si me conocierais bien, no os extrañaria este súbito
accidente. ¡Salud, amigos! Brindemos á la salud de nuestro amigo
Banquo, único que nos falta. ¡Ojalá llegue pronto! ¡Brindo por
vosotros, y por él y por todos!
LOS CONVIDADOS.
Nosotros repetimos el brindis.
(-Vuelve á aparecer la sombra.-)
MACBETH.
¡Lejos, lejos de mí!... Que la tierra te trague... Mi sangre se hiela:
falta á mis huesos el tuétano... la lumbre de mis ojos se oscurece.
LADY MACBETH.
El accidente vuelve: no es grave, pero descompone la fiesta.
MACBETH.
Yo no temo nada de lo que pueden temer los hombres. Ven á mí en forma
de tigre de Hircania, de oso ó de rinoceronte: no se agitarán mis
nervios. O vuelve á la vida, y rétame á lid campal, hierro á hierro, y
si tiemblo al ir á encontrarte, llámame hijo de mi nodriza... Pero no
vengas como sombra. ¡Huye de mí, formidable espectro!
(-Desaparece la sombra.-)
Ya se retira, y vuelvo á ser hombre. Sentaos otra vez: os lo suplico.
LADY MACBETH.
Con ese delirio has turbado la alegría del convite.
MACBETH.
¿Y cómo no asombrarnos, cuando estalla esa borrascosa nube de verano?
Ahora dudo de mi razon viendo que podeis contemplar tales apariciones
sin que vuestro rostro palidezca.
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