MACBETH TRAGEDIA DE SHAKSPEARE. TRADUCCION DE D. M. MENENDEZ PELAYO. Ilustracion de -Grot Johan-, grabados de -H. Thiele-. PERSONAJES. El rey de Escocia, DUNCAN. Sus hijos: MALCOLM y DONALBÁIN. Lady MACBETH. MACBETH.} BANQUO. } MACDUFF.} LÉNNOX. } ROSS.} señores escoceses. ANGUSS. } MENTEITH. } CAITHNÉSS. } Lady MACDUFF. FLEANCIO, hijo de Banquo. SUARDO, señor de Northumberland. Su hijo. SÉTON, oficial de Macbeth. Un niño hijo de Macduff. Un doctor inglés. Otro escocés. Un sargento. Un viejo. Un portero. Una dama de lady Macbeth. Nobles, guerreros, asesinos, criados, espías, etc. Hécate. Tres brujas. Varios fantasmas. [Ilustración] ACTO I. ESCENA PRIMERA. =Tarde tempestuosa.= Tres BRUJAS. BRUJA 1.ª ¿Cuándo volvemos á juntarnos, cuando relampaguee, cuando truene ó cuando llueva? BRUJA 2.ª Cuando acabe el estruendo de la batalla, y unos la pierdan y otros la ganen. BRUJA 3.ª Entonces será antes de ponerse el sol. BRUJA 1.ª ¿Dónde hemos de encontrarnos? BRUJA 2.ª En el yermo. BRUJA 3.ª Allí toparemos con Macbeth. BRUJA 1.ª Me llama Morrongo. BRUJA 2.ª Y á mí el Sapo. LAS TRES JUNTAS. El mal es bien, y el bien es mal: cortemos los aires y la niebla. ESCENA II. =Campamento.= DUNCAN, MALCOLM, un ESCUDERO, un SARGENTO, LÉNNOX y ROSS. DUNCAN. ¿Quién es aquel herido? Quizá nos traiga nuevas del campamento. MALCOLM. Es el escudero que puso en peligro su vida por salvar la mia. ¡Buenas tardes, amigo! Cuenta tú al Rey el estado del combate. ESCUDERO. Sigue indeciso, semejante á una lucha entre dos nadadores que quieren mutuamente sofocarse. Con el traidor Macdonnell, en quien se juntan todas las infamias, van unidos muchos caballeros y gente plebeya de las islas de Occidente. La fortuna, como ramera, les otorga sus favores, pero en vano, porque el fuerte Macbeth, hijo predilecto de la victoria, penetra entre las filas hasta encontrarle, y le taja la cabeza, y la clava sobre nuestras empalizadas. DUNCAN. ¡Bravo caballero, ornamento de mi linaje! ESCUDERO. Así como el sol de la mañana produce á veces tempestad y torbellinos, así de esta victoria resultaron nuevos peligros. Óyeme, Rey. Cuando el valor, brazo de la justicia, habia logrado ahuyentar á aquella muchedumbre allegadiza, hé aquí que se rehace el de Noruega, y arroja nuevos campeones á la lid. DUNCAN. ¿Y entonces no se desalentaron Macbeth y Banquo? SARGENTO. ¡Desalentarse! ¡Bueno es eso! Como el águila viendo gorriones, ó el leon liebres. Son cañones de doble carga. Con tal ímpetu menudearon sus golpes sobre los contrarios, que pensé que querian reproducir el sacrificio del Calvario. Pero estoy perdiendo sangre, y necesito curar mis heridas. DUNCAN. Tan nobles son como tus palabras. Buscad un cirujano. ¿Pero quién viene? MALCOLM. El señor de Ross. LÉNNOX. Grande es la ansiedad que su rostro manifiesta. Debe ser portador de grandes nuevas. (-Entra Ross.-) ROSS. ¡Salud al Rey! DUNCAN. ¿De dónde vienes, noble señor? ROSS. Poderoso monarca, vengo de Faife, donde el aire agita en mengua nuestra los estandartes noruegos. Su Rey, con lucida hueste y con ayuda del traidor señor de Cáudor, renovó la lucha, pero el terrible esposo de Belona, cubierto de espesa malla, les resistió brazo á brazo, y hierro á hierro, y logró domeñar su altivez y postrarla por tierra. Al fin, logramos la victoria. DUNCAN. ¡Felicidad suprema! ROSS. El rey Suenon de Noruega queria capitular, pero no le permitimos ni áun enterrar sus muertos, sin que pagara antes en la isla de Colme la contribucion de guerra. DUNCAN. Nunca volverá el de Cáudor á poner en peligro la seguridad de mis Estados. Manda tú poner á precio su cabeza, y saluda á Macbeth con el título que el otro tenia. ROSS. Cumpliré tu voluntad. DUNCAN. Macbeth goce desde hoy lo que Cáudor perdió. ESCENA III. =Un páramo.= Tres BRUJAS, MACBETH y BANQUO. BRUJA 1.ª ¿Qué has hecho, hermana? BRUJA 2.ª Matar puercos. BRUJA 3.ª ¿Dónde has estado, hermana? BRUJA 1.ª La mujer del marinero tenia castañas en su falda, y estaba mordiéndolas. Yo le dije: «Dame alguna», y la asquerosa, harta de bazófia, me contestó: «Vade retro, condenada bruja.» Su marido se fué á Alepo, mandando el -Tigre-. Yo, como rata sin cola, navegaré en una tela de cedazo, donde cabe bien mi cuerpo. Así lo haré, así lo haré. BRUJA 2.ª Yo te ayudaré con un viento desfavorable. BRUJA 1.ª Gracias. BRUJA 3.ª Yo con otro. BRUJA 1.ª De los demas yo soy señora. ¿Qué puerta quedará segura, cuando de todos los puntos de la rosa soplen los vientos? Ni una vez podrá conciliar el sueño. Su vida será la del precito, y las tormentas agitarán sin cesar su nave. ¡Ved! BRUJA 2.ª ¿Qué es eso? BRUJA 3.ª El dedo de un marinero, que se ahogó al volver de su viaje. BRUJA 3.ª ¡Tambor, tambor! Ya llega Macbeth. LAS TRES BRUJAS. Juntemos las manos, hagamos una rueda, como hermanas enviadas del cielo y de la tierra. Tres vueltas por tí, tres por tí, tres por mí: son nueve, cuenta justa. ¡Silencio! Ya ha llegado el término del conjuro. (-Llegan Macbeth y Banquo.-) MACBETH. ¡Dia de sangre, pero hermoso más que cuantos he visto! BANQUO. ¿Está lejos el castillo de Fóres? ¿Quiénes serán aquellas mujeres arrugadas y de tan extraño aspecto? No parecen séres humanos. ¿Sois vivientes? ¿Puedo haceros una pregunta? Debeis de entenderme, porque las tres, al mismo tiempo, poneis en los labios vuestros dedos, que semejan los de un cadáver. No me atrevo á llamaros mujeres, por las barbas. MACBETH. Si teneis lengua, decidnos quiénes sois. BRUJA 1.ª ¡Salud, Macbeth, señor de Glámis! BRUJA 2.ª ¡Salud, Macbeth, señor de Cáudor! BRUJA 3.ª ¡Salud, Macbeth, tú serás rey! [Ilustración] BANQUO. ¿De qué nace ese terror, amigo Macbeth? ¿Por qué te asustan tan gratas nuevas? Decidme: ¿sois fantasmas ó séres reales? Habeis saludado á mi amigo con títulos de gloria y anuncio de grandezas futuras y pompas reales. Decidme algo á mí, si es que sabeis qué granos han de germinar ó morir en la série de los tiempos. No temo de vosotras ni odio ni favor. BRUJAS. ¡Salud! BRUJA 1.ª Serás más grande que Macbeth y menos. BRUJA 2.ª Más feliz y menos feliz. BRUJA 3.ª No rey, pero padre de reyes. ¡Salud, Macbeth y Banquo! BRUJA 1.ª y 2.ª ¡Salud! MACBETH. No os vayais, oscuras mensajeras. Ya se qué soy señor de Glámis por muerte de Sinel, pero ¿cómo he de serlo de Cáudor, si el señor vive próspera y felizmente? Tan absurdo es llamarme señor de Cáudor como rey. ¿Quién os dió esas noticias? ¿Por qué me habeis venido á sorprender en este desierto con tales presagios? BANQUO. Son sin duda espíritus vaporosos que engendra la tierra, como los produce tambien el agua. ¿Por dónde habrán desaparecido? MACBETH. Los cuerpos se han disuelto en el aire, como se pierde en el aire la respiracion. ¡Ojalá se hubieran quedado! BANQUO. ¿Será verdad lo que hemos visto? ¿ó habremos probado alguna yerba de las que trastornan el juicio? MACBETH. Tus hijos han de ser reyes. BANQUO. Lo serás tú mismo. MACBETH. ¿Y tambien señor de Cáudor? ¿No lo dijeron así? BANQUO. ¿Quién llega? ROSS. Macbeth, el Rey ha oido tus hazañas. Incierto entre la admiracion y el aplauso, no sabe cómo elogiarte, por el valor con que has lidiado contra los noruegos, sin percatarte tú mismo del estrago que en ellos hacias. Van llegando tan densos como el granizo los mensajeros de la victoria, y todos se hacen lenguas de tu heroismo. ANGUSS. El Rey nos envia á darte las gracias y á llevarte á su presencia. ROSS. Él me encarga que te salude con el título de señor de Cáudor. BANQUO. ¡Conque tambien el diablo dice verdad! MACBETH. Si vive el de Cáudor ¿por qué me atavian con ropas ajenas? ANGUSS. Vive el que llevaba ese título, pero debe perder la vida, y se ha fulminado contra él dura sentencia. No afirmo que se uniera con los noruegos contra su patria, pero está convicto y confeso de traidor. MACBETH. (-Aparte.-) ¡Ya soy señor de Glámis, y señor de Cáudor! Falta lo demas. (-Á Ross y Anguss.-) Gracias. (-A Banquo.-) ¿Crees que tus hijos serán reyes, conforme á la promesa de los que me han hecho señor de Cáudor? BANQUO. Esa promesa quizá te haga ambicionar el sólio. Pero mira que á veces el demonio nos engaña con la verdad, y nos trae la perdicion envuelta en dones que parecen inocentes. Oidme dos palabras, amigos mios. MACBETH. ¡Con dos verdades se abre la escena de este drama, que ha de terminar con una corona régia! ¿Es un bien ó un mal este pensamiento? Si es un mal, ¿por qué empieza á cumplirse, y soy ya señor de Cáudor? Si es un bien, ¿por qué me aterran horribles imágenes, y palpita mi corazon de un modo inusitado? El pensamiento del homicidio, más horroroso que la realidad misma, comienza á dominarme y á oscurecer mi albedrío. Sólo tiene vida en mí lo que aún no existe. BANQUO. ¡Qué absorto y embebecido está nuestro compañero! MACBETH. Si los hados quieren hacerme rey, lo harán sin que yo busque la corona. BANQUO. El nuevo honor le viene como vestido nuevo: ¡no se le ajusta bien, por falta de costumbre! MACBETH. Corra el tiempo, y suceda lo que quiera. BANQUO. A tus órdenes, generoso Macbeth. MACBETH. Perdon, amigos. Estaba distraido con antiguas memorias. Agradezco y recordaré siempre vuestros favores. Cabalguemos á ver al Rey. (-A Banquo.-) Medita tú lo que nos ha sucedido. Luego hablaremos con toda libertad. BANQUO. Así lo deseo. MACBETH. Hasta despues. Ni una palabra más. Vamos, caballeros. ESCENA IV. =Habitacion de palacio.= DUNCAN, MALCOLM, BANQUO y MACBETH. DUNCAN. ¿Está ajusticiado Cáudor? ¿Han vuelto ya los que fueron á su castillo? MALCOLM. No han vuelto todavía, pero he hablado con uno que le vió morir, y dice que se arrepintió de sus pecados y pidió vuestro perdon. La muerte ha sido lo mejor de su vida. Murió como si en vida hubiese aprendido á renunciar y tener por cosa vana lo que antes juzgaba de mayor aprecio. DUNCAN. ¿Quién adivina el alma por el semblante? ¿Quién me hubiera dicho que ese caballero no era el más fiel de todos los mios? (-Á Macbeth que entra.-) Primo mio, ya me sentia yo pesaroso de mi ingratitud. Pero estabas tan lejos, que ni siquiera las alas del premio podian alcanzarte. Ojalá hubieras hecho menos, porque entonces serian menos inferiores á tus méritos mis galardones y mercedes. Larga deuda, que nunca podré pagar, tengo contigo. MACBETH. Bastante pago de mi lealtad es ella misma. Mis servicios son como hijos y criados del trono: hacen lo que deben, y nada más. DUNCAN. Eres planta que arraiga en mi corazon. Yo la haré crecer. ¡Ilustre Banquo! No son menores tus méritos. Así lo reconozco, y te estrecho contra mi corazon. BANQUO. En él germine, que para vos será la cosecha. DUNCAN. ¡Hijos, parientes, caballeros!, sabed que nombro heredero de mis Estados á mi hijo Malcolm, que desde hoy se llamará príncipe de Cumberland. Pero este honor no puede venir solo, y para celebrarle haré que caigan, como estrellas, títulos de nobleza sobre todos lo que los merezcan. Ahora vamos á Inverness, que los negocios apremian. MACBETH. ¿Cuándo descansareis? Quiero adelantarme en el camino y alegrar los oidos de mi mujer con tan grata nueva. Permitídmelo. DUNCAN. ¡Noble señor de Cáudor! MACBETH. (-Aparte.-) ¡Príncipe heredero Malcolm! Obstáculo nuevo en mi camino. He de saltar por él ó rendirme. No brilleis, estrellas: no aclare vuestra luz el negro deseo que abriga mi corazon. Ojos mios, la mano hará lo que vosotros no quereis ver. Entre tanto, miradla de soslayo. DUNCAN. ¿Verdad, Banquo, que Macbeth es un egregio vasallo? No hay para mí banquete tan grato como el oir de boca de las gentes sus alabanzas. Sigámosle, ya que quiere festejarnos. Es el mejor de mis parientes. ESCENA V. =Habitacion en el castillo de Macbeth, en Inverness.= LADY MACBETH, un CRIADO y MACBETH. LADY MACBETH. (-Leyendo una carta de su marido.-) «Las brujas me salieron al encuentro el dia de la victoria. Su ciencia es superior á la de los mortales. Quise preguntarlas más, pero se deshicieron en niebla. Aún no habia salido yo de mi asombro, cuando llegan nuncios del Rey saludándome como á señor de Glámis y de Cáudor, lo mismo que las hechiceras, pero estas dijeron ademas: «Salve, Macbeth: tu serás rey.» He querido, esposa amada, confiarte este secreto, para que no dejes por ignorancia, ni un solo momento, de gozar la dicha que nos está profetizada. Piénsalo bien. Adios.» ¡Ya eres señor de Glámis y de Cáudor! Lo demas se cumplirá tambien, pero desconfio de tu carácter criado con la leche de la clemencia. No sabes ir por atajos sino por el camino recto. Tienes ambicion de gloria, pero temes el mal. Quisieras conseguir por medios lícitos un fin injusto, y coger el fruto de la traicion sin ser traidor. Te espanta lo que vas á hacer, pero despues de hecho, no quisieras que se deshiciese. ¡Ven pronto! Infundiré mi alma en tus oidos, y mi lengua será azote que espante y disipe las nieblas que te impiden llegar á esa corona, que el hado y el influjo de las estrellas aparejan para tus sienes. UN CRIADO. Esta noche llega el Rey. LADY MACBETH. ¿Estás en tí? ¿No ves que tu señor no está en el castillo, ni nos ha avisado? UN CRIADO. Tambien él se acerca. Un compañero mio vino casi sin aliento á traer la noticia. LADY MACBETH. Cuidad bien al mensajero. Es portador de grandes nuevas. (-Aparte.-) El cuervo se enronquece de tanto graznar, anunciando que el rey Duncan llega al castillo. ¡Espíritus agitadores del pensamiento, despojadme de mi sexo, haced más espesa mi sangre, henchidme de crueldad de piés á cabeza, ahogad los remordimientos, y ni la compasion ni el escrúpulo sean parte á detenerme ni á colocarse entre el propósito y el golpe! ¡Espíritus del mal, inspiradores de todo crímen, incorpóreos, invisibles, convertid en hiel la leche de mis pechos! Baja, hórrida noche: tiende tu manto, roba al infierno sus densas humaredas, para que no vea mi puñal el golpe que va á dar, ni el cielo pueda apartar el velo de la niebla, y contemplarme y decirme á voces: «Detente.» (-Llega Macbeth.-) ¡Noble señor de Glámis y de Cáudor, áun más ilustre que uno y otro por la profética salutacion de las hechiceras! tu carta me ha hecho salir de lo presente, y columbrar lo futuro, y extasiarme con él. MACBETH. Esposa mia, esta noche llega Duncan. LADY MACBETH. ¿Y cuándo se va? MACBETH. Dice que mañana. LADY MACBETH. ¡Nunca verá el sol de mañana! En tu rostro, esposo mio, leo como en un libro abierto lo que esta noche va á pasar. Disimula prudente: oculte tu semblante lo que tu alma medita. Dén tu lengua, tus manos y tus ojos la bien venida al rey Duncan: debes esconder el áspid entre las flores. Yo me encargo de lo demas. El trono es nuestro. MACBETH. Ya hablaremos despacio. LADY MACBETH. Muéstrate alegre. ESCENA VI. =Entrada del castillo de Macbeth. Sus criados alumbran con antorchas.= DUNCAN, BANQUO y LADY MACBETH. DUNCAN. ¡Qué hermosamente situado está el castillo! ¡Cómo alegra los sentidos esta apacible brisa de la tarde! BANQUO. La golondrina, eterna huésped del verano, moradora de las iglesias, pone en la arquitectura de sus nidos un vago recuerdo del cielo. De todo pilar, alero ó ángulo suspende su prolífico lecho, y donde ellas anidan, parece que vive la alegría. DUNCAN. ¡Ved! ¡Ya sale la noble castellana! (-A Macbeth.-) Muchas veces tenemos por amor lo que es verdadera desgracia. Pedid á Dios que os premie vuestro trabajo, y haga recaer en mí vuestros favores. LADY MACBETH. Todo nuestro obsequio es poco para pagar tan altos beneficios y mercedes, y sobre todo la de haber honrado con vuestra presencia esta casa. Pedimos á Dios, en agradecimiento, todo género de favores presentes y futuros para vos. DUNCAN. ¿Dónde está Macbeth? Corrimos tras él para anticiparnos, pero la veloz carrera de su caballo y su amor, todavía más poderoso que su corcel, le dieron la ventaja, y llegó mucho antes que nosotros. Hermosa castellana, por esta noche reclamamos vuestra hospitalidad. LADY MACBETH. Criados vuestros somos: cuanto tenemos os pertenece. DUNCAN. Dadme la mano, y guiadme á donde esté mi huésped, objeto perenne de mi gracia. ESCENA VII. =Galería en el castillo de Macbeth.= MACBETH y LADY MACBETH. MACBETH. ¡Si bastara hacerlo... pronto quedaba terminado! ¡Si con dar el golpe, se atajaran las consecuencias, y el éxito fuera seguro... yo me lanzaria de cabeza desde el escollo de la duda al mar de una existencia nueva! ¿Pero cómo hacer callar á la razon que incesante nos recuerda sus máximas importunas, máximas que en la infancia aprendió y que luego son tortura del maestro? La implacable justicia nos hace apurar hasta las heces la copa de nuestro propio veneno. Yo debo doble fidelidad al rey Duncan. Primero, por pariente y vasallo. Segundo, porque le doy hospitalidad en mi castillo, y estoy obligado á defenderle de extraños enemigos, en vez de empuñar yo el hierro homicida. Ademas, es tan buen rey, tan justo y clemente, que los ángeles de su guarda irán pregonando eterna maldicion contra su asesino. La compasion, niño recien nacido, querubin desnudo, irá cabalgando en las invisibles alas del viento, para anunciar el crímen á los hombres, y el llanto y agudo clamor de los pueblos sobrepujará á la voz de los roncos vendavales. La ambicion me impele á escalar la cima, ¿pero rodaré por la pendiente opuesta? (-A Lady Macbeth.-) ¿Qué sucede? LADY MACBETH. La cena está acabada. ¿Por qué te retiraste tan pronto de la sala del banquete? MACBETH. ¿Me has llamado? LADY MACBETH. ¿No lo sabes? MACBETH. Tenemos que renunciar á ese horrible propósito. Las mercedes del Rey han llovido sobre mí. Las gentes me aclaman honrado y vencedor. Hoy he visto los arreos de la gloria, y no debo mancharlos tan pronto. LADY MACBETH. ¿Qué ha sido de la esperanza que te alentaba? ¿Por ventura ha caido en embriaguez ó en sueño? ¿O está despierta, y mira con estúpidos y pasmados ojos lo que antes contemplaba con tanta arrogancia? ¿Es ese el amor que me mostrabas? ¿No quieres que tus obras igualen á tus pensamientos y deseos? ¿Pasarás por cobarde á tus propios ojos, diciendo primero: «lo haria» y luego «me falta valor»? Acuérdate de la fábula del gato. MACBETH. ¡Calla, por el infierno! Me atrevo á hacer lo que cualquiera otro hombre haria, pero esto no es humano. LADY MACBETH. ¿Pues es alguna fiera la que te lo propuso? ¿No eras hombre, cuando te atrevias, y buscabas tiempo y lugar oportunos? ¡Y ahora que ellos mismos se te presentan, tiemblas y desfalleces! Yo he dado de mamar á mis hijos, y sé cómo se les ama; pues bien, si yo faltara á un juramento como tú has faltado, arrancaria el pecho de las encías de mi hijo cuando más risueño me mirara, y le estrellaria los sesos contra la tierra. [Ilustración] MACBETH. ¿Y si se frustra nuestro plan? LADY MACBETH. ¡Imposible, si aprietas los tornillos de tu valor! Duncan viene cansado del largo viaje, y se dormirá: yo embriagaré á sus dos servidores, de modo que se anuble en ellos la memoria y se reduzca á humo el juicio. Quedarán en sueño tan profundo como si fuesen cadáveres. ¿Quién nos impide dar muerte á Duncan, y atribuir el crímen á sus embriagados compañeros? MACBETH. Tú no debias concebir ni dar á luz más que varones. Mancharemos de sangre á los dos guardas ébrios, y asesinaremos á Duncan con sus puñales. LADY MACBETH. ¿Y quién no creerá que ellos fueron los matadores, cuando oiga nuestras lamentaciones y clamoreo despues de su muerte? MACBETH. Estoy resuelto. Todas mis facultades se concentran en este solo objeto. Oculte, con traidora máscara, nuestro semblante lo que maquina el alma. [Ilustración] [Ilustración] ACTO II. ESCENA PRIMERA. =Patio en el castillo de Macbeth.= BANQUO, FLEANCIO y MACBETH. BANQUO. Hijo, ¿qué hora es? FLEANCIO. No he oido el reloj, pero la luna va descendiendo. BANQUO. Será media noche. FLEANCIO. Quizá más tarde. BANQUO. Toma la espada. El cielo ha apagado sus candiles, sin duda por economía. Me rinde el sueño con mano de plomo, pero no quiero dormir. ¡Dios mio! contén la ira que viene á perturbarme en medio del reposo. Dame la espada. ¿Quién es? MACBETH. Un amigo tuyo. BANQUO. ¿Todavía estás en pié? El Rey se ha acostado más alegre que nunca, y ponderando mucho tu hospitalidad. Manda un diamante para tu mujer, á quien llama su linda huéspeda. MACBETH. Por imprudencia quizá haya caido mi voluntad en faltas que, á disponer de su libre albedrío, hubiera evitado. BANQUO. No sé qué hayas cometido ninguna falta. Ayer soñé con las brujas. Por cierto que contigo han andado verídicas. MACBETH. No me cuido de eso. Ya hablaremos otra vez con más espacio, si eso te complace. BANQUO. Cuando quieras. MACBETH. Si te guias por mi consejo, ganarás honra y favor. BANQUO. Siempre que sea sin menoscabo de la lealtad que reina en mi pecho. MACBETH. Véte á descansar. BANQUO. Gracias. (-Vase con su hijo.-) MACBETH. (-A su criado.-) Dí á la señora que me llame cuando tenga preparada mi copa. Tú, acuéstate. ¡Me parece estar viendo el puño de una daga vuelta hácia mí! ¡Ven á mis manos, puñal que toco aunque no veo! ¿O eres acaso sueño de mi delirante fantasía? Me pareces tan real como el que en mi mano resplandece. Tú me enseñas el arma y el camino. La cuchilla y el mango respiran ya sangre. ¡Vana ilusion! Es el crímen mismo el que me habla así. La Naturaleza reposa en nuestro hemisferio. Negros ensueños agitan al que ciñe real corona. Las brujas en su nefando sábado festejan á la pálida Hécate, y el escuálido homicidio, temeroso de los aullidos del lobo centinela suyo, camina con silencioso pié, como iba Tarquino á la mansion de la casta Lucrecia. ¡Tierra, no sientas el ruido de mis piés, no le adivines! ¡No pregonen tus piedras mi crímen! ¡Da tregua á los terrores de estas horas nocturnas! Pero, ¿á qué es detenerme en vanas palabras que hielan la accion? (-Óyese una campana.-) ¡Ha llegado la hora! ¡Duncan, no oigas el tañido de esa campana, que me invita al crímen, y que te abre las puertas del cielo ó del infierno! ESCENA II. Lady MACBETH y MACBETH. LADY MACBETH. La embriaguez en que han caido me da alientos. ¡Silencio! Es el chillido del buho, severo centinela de la noche. Abiertas están las puertas. La pócima que administré á los guardas los tiene entre la vida y la muerte. MACBETH. (-Dentro.-) ¿Quién es? LADY MACBETH. Temo que se despierten, antes que esté consumado el crímen, y sea peor el amago que el golpe... Yo misma afilé los puñales... Si su sueño no se hubiera parecido al de mi padre, yo misma le hubiera dado muerte. Pero aquí está mi marido... MACBETH. Ya está cumplido. ¿Has sentido algun rumor? LADY MACBETH. No más que el canto del grillo y el chillido del buho. ¿Hablaste algo? MACBETH. ¿Cuándo? LADY MACBETH. Ahora. MACBETH. ¿Cuando bajé? LADY MACBETH. Sí. MACBETH. ¿Quién está en el segundo aposento? LADY MACBETH. Donalbáin. MACBETH. ¡Qué horror! LADY MACBETH. ¡Qué necedad! ¿Por qué te parece horrible? MACBETH. El uno se sonreia en sueños, el otro se despertó y me llamó: -¡asesino!- Los miré fijo y con estupor; despues rezaron y se quedaron dormidos. LADY MACBETH. Como una piedra. MACBETH. El uno dijo: «Dios nos bendiga», y el otro: «Amen». Yo no pude repetirlo. LADY MACBETH. Calma ese terror. MACBETH. ¿Por qué no pude responder «Amen»? Yo necesitaba bendicion, pero la lengua se me pegó al paladar. LADY MACBETH. Si das en esas cavilaciones, perderás el juicio. MACBETH. Creí escuchar una voz que me decia: «Macbeth, tú no puedes dormir, porque has asesinado al sueño.» ¡Perder el sueño, que desteje la intrincada trama del dolor, el sueño, descanso de toda fatiga: alimento el más dulce que se sirve á la mesa de la vida! LADY MACBETH. ¿Por qué esa agitacion? MACBETH. Aquella voz me decia alto, muy alto: «Glámis ha matado al sueño: por eso no dormirá Cáudor, ni tampoco Macbeth.» LADY MACBETH. ¿Pero qué voz era esa? ¡Esposo mio! no te domine así el torpe miedo, ni ofusque el brillo de tu razon. Lava en el agua la mancha de sangre de tus manos. ¿Por qué quitas de su lugar las dagas? Bien están ahí. Véte y ensucia con sangre á los centinelas. MACBETH. 1 2 . 3 4 5 6 7 . . . 8 9 - - , - . - . 10 11 12 13 14 . 15 16 17 , . 18 : . 19 . 20 . 21 . 22 . 23 . 24 . . 25 . 26 . 27 . 28 . 29 , . 30 , . 31 . 32 , . 33 . 34 . 35 . 36 . 37 . 38 . 39 . 40 , , , , , . 41 . 42 . 43 . 44 45 46 47 48 [ ] 49 50 51 52 53 . 54 55 56 . 57 58 = . = 59 60 . 61 62 . 63 64 ¿ , , 65 ? 66 67 . 68 69 , 70 . 71 72 . 73 74 . 75 76 . 77 78 ¿ ? 79 80 . 81 82 . 83 84 . 85 86 . 87 88 . 89 90 . 91 92 . 93 94 . 95 96 . 97 98 , : . 99 100 101 . 102 103 = . = 104 105 , , , , . 106 107 . 108 109 ¿ ? . 110 111 . 112 113 . ¡ 114 , ! . 115 116 . 117 118 , 119 . , 120 , 121 . , , , 122 , , , 123 , , 124 . 125 126 . 127 128 ¡ , ! 129 130 . 131 132 , 133 . , . 134 , , 135 , , 136 . 137 138 . 139 140 ¿ ? 141 142 . 143 144 ¡ ! ¡ ! , 145 . . 146 , 147 . , 148 . 149 150 . 151 152 . . ¿ ? 153 154 . 155 156 . 157 158 . 159 160 . 161 . 162 163 ( - . - ) 164 165 . 166 167 ¡ ! 168 169 . 170 171 ¿ , ? 172 173 . 174 175 , , 176 . , 177 , , 178 , , , 179 , . , 180 . 181 182 . 183 184 ¡ ! 185 186 . 187 188 , 189 , 190 . 191 192 . 193 194 195 . , 196 . 197 198 . 199 200 . 201 202 . 203 204 . 205 206 207 . 208 209 = . = 210 211 , . 212 213 . 214 215 ¿ , ? 216 217 . 218 219 . 220 221 . 222 223 ¿ , ? 224 225 . 226 227 , 228 . : « » , , 229 , : « , . » 230 , - - . , , 231 , . , . 232 233 . 234 235 . 236 237 . 238 239 . 240 241 . 242 243 . 244 245 . 246 247 . ¿ , 248 ? 249 . , 250 . ¡ ! 251 252 . 253 254 ¿ ? 255 256 . 257 258 , . 259 260 . 261 262 ¡ , ! . 263 264 . 265 266 , , 267 . , , : 268 , . ¡ ! . 269 270 ( - . - ) 271 272 . 273 274 ¡ , ! 275 276 . 277 278 ¿ ? ¿ 279 ? . ¿ 280 ? ¿ ? , 281 , , , 282 . , 283 . 284 285 . 286 287 , . 288 289 . 290 291 ¡ , , ! 292 293 . 294 295 ¡ , , ! 296 297 . 298 299 ¡ , , ! 300 301 [ ] 302 303 . 304 305 ¿ , ? ¿ 306 ? : ¿ ? 307 308 . , 309 . 310 . 311 312 . 313 314 ¡ ! 315 316 . 317 318 . 319 320 . 321 322 . 323 324 . 325 326 , . ¡ , ! 327 328 . . 329 330 ¡ ! 331 332 . 333 334 , . 335 , ¿ , 336 ? 337 . ¿ ? ¿ 338 ? 339 340 . 341 342 , 343 . ¿ ? 344 345 . 346 347 , 348 . ¡ ! 349 350 . 351 352 ¿ ? ¿ 353 ? 354 355 . 356 357 . 358 359 . 360 361 . 362 363 . 364 365 ¿ ? ¿ ? 366 367 . 368 369 ¿ ? 370 371 . 372 373 , . 374 , , 375 , 376 . 377 , . 378 379 . 380 381 . 382 383 . 384 385 . 386 387 . 388 389 ¡ ! 390 391 . 392 393 ¿ ? 394 395 . 396 397 , , 398 . 399 , . 400 401 . 402 403 ( - . - ) ¡ , ! 404 . 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( - 881 . - ) ¡ ! ¡ , 882 , , 883 ! 884 885 886 . 887 888 . 889 890 . 891 892 . ¡ ! 893 , . 894 . 895 . 896 897 . 898 899 ( - . - ) ¿ ? 900 901 . 902 903 , , 904 . . . . . . 905 , . 906 . . . 907 908 . 909 910 . ¿ ? 911 912 . 913 914 . ¿ ? 915 916 . 917 918 ¿ ? 919 920 . 921 922 . 923 924 . 925 926 ¿ ? 927 928 . 929 930 . 931 932 . 933 934 ¿ ? 935 936 . 937 938 . 939 940 . 941 942 ¡ ! 943 944 . 945 946 ¡ ! ¿ ? 947 948 . 949 950 , : 951 - ¡ ! - ; 952 . 953 954 . 955 956 . 957 958 . 959 960 : « » , : « » . 961 . 962 963 . 964 965 . 966 967 . 968 969 ¿ « » ? , 970 . 971 972 . 973 974 , . 975 976 . 977 978 : « , , 979 . » ¡ , 980 , , : 981 ! 982 983 . 984 985 ¿ ? 986 987 . 988 989 , : « : 990 , . » 991 992 . 993 994 ¿ ? ¡ ! , 995 . 996 . ¿ ? . 997 . 998 999 . 1000