Estoy muy lejos de pretender --lo he dicho ya varias veces-- que el hombre de ciencia sea un cartujo; antes bien, estimo necesarios los pasatiempos, las excursiones, el teatro, el Ateneo, la literatura, las tertulias, etc. Mas todo á su hora, con medida y como quien toma un reconstituyente; cuando lo pida el ánimo, en fin, y no cuando lo deseen los demás. Será egoísmo, pero egoísmo disculpable, porque sin él no hay labor seria posible. Precisamente, y por compensación de la excesiva concentración de la vida de Laboratorio, he cultivado siempre en Madrid dos distracciones: los paseos al aire libre por los alrededores de la villa, y las tertulias de café. ¡Los alrededores de Madrid! No es cosa que yo los descubra ahora, vindicando una vez más al calumniado Manzanares y á la austera meseta castellana. Menester es tener sentido cromático de oruga para echar siempre de menos el verde mojado y uniforme de los países del Norte, y menospreciar la poesía penetrante del gris, del amarillo, del pardo y del azul. Ni es cierto tampoco que, en el paisaje de la Corte, falte la jugosa nota del verde. Lejos de ser páramos y eriales, los alrededores de Madrid -- el Retiro, la Moncloa, la Casa de Campo, Amaniel, la Dehesa de la Villa, el Pardo, etc.--, son de lo más frondoso y pintoresco que poseemos en España. Vivimos en las faldas de una sierra, cuyo elegante perfil embellece nuestro horizonte y cuyas auras purifican nuestro ambiente. Y en la primavera y otoño la llanura castellana se ofrece cubierta de césped y salpicada de flores. En ninguna parte posee el paisaje contrastes más variados, según las estaciones. Cualquiera que sea la preocupación del espíritu, siempre hallaremos un rincón solitario cuya apacible belleza apague las vibraciones del dolor y abra nuevo cauce al pensamiento. ¡Cuántos pequeños descubrimientos asócianse en mi memoria á tal sendero solitario de la Moncloa ó á un fresno ribereño del Manzanares, ó alguna colina de Amaniel ó de la Dehesa de la Villa, espléndidos miradores desde los cuales ostenta el Guadarrama, asomado entre pinos, toda su serena majestad! Pero además del paisaje físico, conviene también al hombre de laboratorio el paisaje moral, la amena tertulia, donde, al calor de la amistad y de la confianza, broten, variadas y espontáneas, las flores del ingenio. Á la verdad, en mis primeras tentativas exploratorias por las tertulias matritenses, fuí poco afortunado. Hallé desde luego, en el Café de Levante, una peña de antiguos camaradas, en su mayoría médicos militares, que yo había conocido durante la campaña cubana. Entre estos simpáticos compañeros reinaba franqueza fraternal, y á ratos su conversación era viva, chispeante é instructiva. Pero un hado adverso nos perseguía: casi todos los días, fatal, irremediablemente, los comentarios derivaban hacia la murmuración contra los superiores jerárquicos ó hacia el escalafón de Sanidad Militar; ese escalafón maldito, destructor de todo estímulo noble y de toda ambición generosa, rémora de la justicia, asilo de la gandulería y una de las mayores calamidades que padecemos en España. Harto ya de oir hablar del «-salto del tapón-, de -ascensos y cruces inmerecidas-, de -carreras escandalosas-, de -retiros en buena edad-», etc., cuadréme un día y les dije sobre poco más ó menos: --Señores, todo eso que ustedes cuentan sobre las cruces pensionadas, los ascensos de gracia y el escalafón, resulta muy interesante para la familia; pero en el mundo deben existir otras cosas quizás más interesantes todavía. Bueno es hablar de las estrellas de la bocamanga; pero de vez en cuando convendría platicar también de las estrellas del cielo y de las células, esas estrellas de la vida; laudable es preocuparse de ascender en la carrera; pero no estaría de más que procurásemos asimismo ascender algo, mediante el estudio y la reflexión, en el concepto de la propia estima; está perfectamente eso de prepararse para la vejez apacible y suculento retiro; pero hallo más urgente y honrado aún trabajar, durante la juventud, para merecerlo. Á mis amistosos consejos contestaron con bromas y chirigotas; los más formales prometieron, sin embargo, enmendarse, aportando para lo sucesivo temas más variados y amenos; pero, transcurrida la semana, el hábito restableció su imperio, y reincidimos lamentablemente en los consabidos comentarios tocantes á los ascensos, camarillas y escalafón. ¡El mal carecía de remedio! Aquellos beneméritos compañeros, no exentos ciertamente de talento, aunque petrificados por la ociosa vida de campamentos, cuarteles y casinos, sólo leían la -Gaceta- y el -Boletín de Sanidad Militar-. Con pena abandoné el trato de camaradas que evocaban en mi memoria trances de guerra y juveniles aventuras transatlánticas, y busqué otra tertulia donde esparcir el ánimo y vivificar las ociosas barbecheras cerebrales. Creo que fué San Martín quien me presentó á la -peña- del Café Suizo, reunión de rancio y glorioso abolengo, pues en ella habían figurado políticos, literatos y hasta financieros insignes. Aunque desde el aspecto político y literario la citada -peña- había venido á menos, gozaba todavía por aquel tiempo de justificado renombre. De allí salieron, según es notorio, Senadores universitarios, Catedráticos, Rectores, Consejeros y hasta Ministros... Tan famosas y comentadas llegaron á ser las discusiones de la peña, que ocurrió á menudo, y con grave riesgo de indiscreción, el hecho de formarse, en las inmediatas mesas, tertulias parásitas, ó de oyentes, las cuales, por el módico precio del café, adquirían el derecho de conocer nuestras ideas y murmurar á mansalva. Entre los comensales, dominaban naturalmente los galenos, á la cabeza de los cuales figuraba D. Alejandro; mas colaboraban también abogados, propietarios, catedráticos de Universidad y, en fin, personas de toda laya y condición. Todo el mundo era admitido con tal de ser presentado por un socio formal, y á condición de someterse á las tres normas siguientes: 1.ª, guardar al discutir el debido respeto á las personas; 2.ª, discurrir de lo que no se entiende ó se entiende poco (tratábase de evitar las latas pedantes y académicas), y 3.ª, olvidar á la salida todos los desatinos é incoherencias provocados por el estímulo del café ó por los -horrores- de la digestión. Porque importa notar que nuestra reunión se celebraba en las primeras horas de la tarde, y pocas veces duraba más de una. De esta suerte, al levantarse la sesión, los cerebros hallábanse caldeados, pero ágiles todavía para la cotidiana labor. Bueno es divagar algo todos los días; fuera, empero, peligroso prolongar el -diástole- de la mente á expensas del -sístole- del trabajo. Á propósito de la citada regla «de olvidar á la salida las conversaciones de la tertulia», solía advertirnos San Martín, siempre circunspecto y meticuloso en sus opiniones: «Conste, señores, que no respondo fuera de aquí de los disparates y tonterías que ustedes me hayan obligado á decir.» Que tan prudente consejo fué rigurosamente observado, lo persuade el hecho de que durante más de veinte años de casi diarias controversias, algunas harto acaloradas, jamás tuvimos un disgusto. Con pena recuerdo ahora las renovaciones que el tiempo y la muerte impusieron á nuestra querida peña del Suizo. Estas tertulias son cuerpos vivos con juventud, madurez y decadencia; y, á semejanza de todo organismo, se nutren, crecen, asimilan y desasimilan. Nuevas células se incorporan á la colmena, mientras que otras ¡ay! perecen ó se extravían... ¡Y los muertos son ya legión!... Á guisa de homenaje á los simpáticos compañeros desaparecidos, con quienes durante tantos años comulgamos diariamente «en espíritu y en verdad», desearía yo estampar aquí sus nombres, con los títulos éticos é intelectuales que les granjearon afecto y estima perdurables. Pero fueron tantos, que, dada mi mala memoria, resulta imposible enumerarlos todos. Citaré, sin embargo, á los más asiduos y constantes: á Félix Rubio, abogado y propietario, dotado de excelente criterio, «caballero sin tacha y sin miedo», que debió haber sido militar, y que, no obstante su devoción por Silvela y sus ideas enérgicamente conservadoras, renunció á toda aspiración política, asqueado por la corrupción del sufragio y los desórdenes de la administración; al veterano Alderete, prototipo del castizo miliciano nacional, algo farolero y candoroso, pero de tan buenos sentimientos, que había salvado en diversos siniestros urbanos y ferroviarios á numerosas personas, mereciendo varias cruces de Beneficencia, que ostentaba arrogante en las procesiones cívicas del Dos de Mayo; á F. Aner, farmacéutico injertado en burócrata, espíritu rectilíneo, irreductible y apasionado en las polémicas, fervoroso de Proudhon y de Marx, tan austero que, habiendo podido ser rico, vivió y murió pobre[115], y tan optimista que, para él, la humanidad formaba un coro de ángeles, convertidos en demonios á causa de la nefasta intervención de reyes, magistrados y sacerdotes; al doctor Carlos de Vicente, carlista librepensador, algo misántropo, agudísimo y ocurrente, y que, educado en París, lucía un -esprit français- de la más fina especie; al Dr. López Silva, médico y naturalista notable, llamado por antonomasia «la gran persona ó la persona» á causa de su bondad angelical, el cual tenía la costumbre de retratar á todas las gentes de que se hablaba, caracterizándolas con rasgos típicos tomados de la Zoología; al sabio profesor de Literatura don A. Sánchez Moguel, archivo inagotable de dichos y anécdotas tocantes á personajes políticos y literarios, referidos con viveza y gracejo insuperables, y cuyo trato resultaba á veces algo difícil por consecuencia de una vanidad vidriosa é irritable, impropia de talento tan sólido y brillante; al Dr. Thous, católico ferviente, médico estudioso, y á quien, á cambio de los buenos ratos que nos proporcionaba con su charla, ora satírica ora edificante, sólo le reprochábamos la debilidad, harto disculpable, de insistir demasiado en sus hazañas clínicas; á Fortanet, el conocido impresor, republicano fogoso y de buena fe; al célebre poeta Marcos Zapata, poco asiduo á la mesa, y cuyas agudezas y oportunidades, amén del relato de sus aventuras de bohemio, constituían el deleite de la reunión; al doctor B. Escribano, el último de los contertulios desaparecidos, sobrio y austero conversador, cuyas -caídas- inesperadas desconcertaban á los más afluentes parlanchines, etc. [115] Fué diputado provincial durante la República y gozó de gran predicamento entre los demócratas. La peña del Suizo continúa hoy completamente renovada, aunque algo decaída, después de la muerte del inolvidable San Martín. Buenas cosas dijera de los actuales contertulios, muchos de ellos catedráticos, si la discreción más elemental no me impusiera el silencio. Concretareme á citar á D. Joaquín Decref, á Castro y Pulido, á Ambrosio Rodríguez, al Dr. Isla, á Perico Valls, á Blas Cabrera, á Odón de Buen, á F. Martí, á Antonio Vela, á J. Ramírez Ramos, á Clodomiro Andrés, etc. Yo debo mucho á la sabrosa tertulia del Suizo. Aparte ratos inolvidables de esparcimiento y buen humor, en ella aprendí muchas cosas y me corregí de algunos defectos. Allí elevamos un poco el espíritu, exponiendo y discutiendo con calor las doctrinas de filósofos antiguos y modernos, desde Platón y Epicuro á Schopenhauer y Herbert Spencer; mostramos veneración y entusiasmo hacia el evolucionismo y sus pontífices, Darwin y Häckel, y abominamos de la soberbia satánica de Nietzsche. En el terreno literario, nuestra mesa proclamó el naturalismo contra el romanticismo, y al revés, según los oradores de turno y el humor del momento. En torno de ella, Pepe Botella y San Martín, los más filarmónicos de la reunión, riñeron descomunales batallas en favor de Wagner, cuando en España apenas había más wagneristas que el regocijado Peña y Goñi. Burla burlando, también nuestra peña hizo un poco de política. Sin afiliarse abiertamente á ningún partido turnante, la mesa del Suizo tuvo siempre espíritu político en el mejor sentido del vocablo. Ella comentó, acaso con pasión y vehemencia, pero inspirada siempre en el más acendrado patriotismo, todos los grandes sucesos de la vida nacional; prorrumpió en gritos de indignación contra las arbitrariedades é injusticias del caciquismo, y lloró con lágrimas de rabia las inconsciencias é insensateces que prepararon las ignominias de 1898. Allí, naturalmente, repercutió clamorosamente la literatura de la -regeneración-; se recogieron firmas para el célebre manifiesto de Costa y encontró alientos para su noble campaña el malogrado apóstol de la europeización española. Persuadidos con el «-solitario de Graus-» de que la prosperidad de nuestro país estriba en la «-escuela y la despensa-», expusimos y contrastamos reiteradamente los métodos de la pedagogía científica y las medidas políticas encaminadas á desterrar, ó á limitar al menos, la incultura de nuestras tierras y de nuestros cerebros. Allí, en fecha recientísima, nos ha sobrecogido de horror y de asco, borrando las últimas reliquias del optimismo juvenil, la horrenda guerra europea, que no es, como se complacen en propalar espíritus candorosos tocados de -abogadismo- incurable, el conflicto por los mercados ni la pugna entre dos concepciones antitéticas del Estado, sino muy principalmente el fruto amargo del orgullo nacional, el choque inevitable entre oligarquías militares todopoderosas, desvanecidas por la soberbia y codiciosas de gloria y de dominio. Allí, en suma, si á veces nos dejamos cautivar por el frívolo placer de la divagación ó de la chismografía, supimos también elevarnos á menudo sobre las pequeñas miserias de la vida, sentirnos cada vez más humanos y más españoles, y avanzar algunos pasos por senderos de paz y de amor hacia luminosos ideales... * * * * * Hora es ya de terminar esta larga digresión (que acaso habrá aliviado al lector de la fastidiosa pero obligada narración de mis iniciativas científicas de Barcelona) y de señalar brevemente la labor de laboratorio efectuada en la Corte durante los años 1892 y 1893. ¿Qué temas científicos me solicitaron? Fueron, entre otros menos apremiantes, la -estructura de la retina de los peces y aves-, singularmente de la -foseta central-; la organización del -Asta de Ammon y corteza occipital del cerebro-, y, en fin, la disposición del -gran simpático visceral-. Cediendo á un hábito inveterado en mí, tales materias fueron investigadas casi simultáneamente. En general, semejante promiscuidad es poco recomendable. Sin embargo, en las ciencias naturales resulta, en ocasiones, útil desparramar alternativamente la atención por dos ó más campos de investigación: se aprovecha mejor el material de trabajo y rinden los métodos más rica cosecha. Aunque parezca paradójico, dos ó tres temas de estudio cansan menos que uno solo. Teclear insistentemente la misma cuerda, acaba por ser doloroso. Además, durante la fiebre sagrada, cuando se siente uno en vena de producir, conviene forzar la suerte, acaparando, á ser posible, todos los billetes de la lotería. No tema el lector una exposición circunstanciada de mis trabajos de 1892 y 1893 sobre las citadas materias. Concretareme á citar solamente las adquisiciones científicas más salientes. 1. Comencemos por la -retina-. Según recordará el lector, mis exploraciones en tan cautivador dominio comenzaron en Barcelona. Mas deseaba yo completar y consolidar mis hallazgos anteriores, abarcando con mis observaciones toda la serie de los vertebrados; anhelaba, sobre todo, atacar el problema estructural de la -fovea centralis-, paraje retiniano de la máxima sensibilidad al color y de la suma acuidad visual. Por fortuna, en Madrid no faltaba abundante material de trabajo. Al efecto, entablé tratos con un alimañero profesional, que me proveyó de -culebras-, -lagartos-, -mochuelos-, -cornejas-, -lechuzas-, -gallipatos-, -salamandras-, -percas-, -truchas-, etc., vivos. Y un buen amigo de Cádiz tuvo la amabilidad de enviarme varios ejemplares del interesantísimo -camaleón-, la joya de los reptiles, habitador constante de las dunas gaditanas. Con este copioso material mi cartapacio llenóse de dibujos interesantes, y mis notas rebosaban de pormenores descriptivos. Tan rica mies movióme á adelantar una comunicación sobre la -retina de los peces-, que se publicó, gracias á la bondad del sabio D. Ignacio Bolívar, en los -Anales de la Sociedad de Historia Natural-[116], y á redactar ulteriormente voluminosa monografía, aparecida en -La Cellule-[117], reputada Revista biológica belga, ya citada en otro lugar. Esta última Memoria, una de las más importantes brotadas de mi pluma, resultó voluminoso libro que mereció, años después, los honores de una traducción alemana[118]. [116] -Cajal-: La retina de los teleósteos y algunas observaciones sobre la de los vertebrados inferiores. -Anales de la Sociedad Española de Historia Natural-, tomo II, Junio de 1892. [117] -Cajal-: La Rétine des vertébrés. -La Cellule-, tomo IX. 1892. [118] -Cajal-: Die Retina der Wirbelthiere. Traducción alemana del Dr. R. Greeff. Wiesbaden, 1894. [Ilustración: Fig. 39.--Corte de la retina de la perca. Figura semiesquemática destinada á mostrar los principales resultados de mis investigaciones. --A, B, C, cauces específicos de la impresión recogida por los bastoncitos; D, E, F, cauces de la excitación recolectada por los conos; G, H, morfología de las células horizontales; -a-, -i-, elementos especiales de la retina de los peces.] Cumpliendo mi promesa de evitar prolijidades, sólo citaré, de entre los hechos nuevos contenidos en la citada obra, aquellos que hoy, leyendo en frío y teniendo presente la copiosa bibliografía aparecida después, halagan más agradablemente mi vanidad de hombre de laboratorio. -a-) Confirmación en la serie de los vertebrados, y muy singularmente en los peces, cuyo modo de visión aseméjase mucho á la de los mamíferos, de aquellos dos tipos de -células bipolares- hallados un año antes en la membrana visual de los mamíferos, esto es: la célula colosal de ramaje exterior articulado con los bastones, y la célula pequeña de dendritas discretas conexionadas con los conos. En la figura 39, que copia una sección de la retina de los peces teleósteos, destacan claramente ambos tipos de -bipolares-. En ella aparecen también otros hallazgos menos importantes. Ejemplo: el de un tipo celular especial de la -capa de los granos internos- (I) y el del axon de diversos tipos de células horizontales (-a-, G, H). -b-) Desentrañamiento de la estructura de la -foseta central- de la retina de los reptiles y aves. Semejante estructura, poco conocida hasta entonces á causa del limitado poder revelador de los preparados comunes (cortes teñidos de hematoxilina, soluciones de anilinas, etc.), surge clarísima en los cortes bien impregnados por los métodos de Golgi y Ehrlich, á condición, naturalmente, de utilizar, en vez del mono ó el hombre (únicos mamíferos dotados de -foseta-), los pájaros y aves de rapiña (jilguero, golondrina, cuervo, halcón, etcétera) ó el camaleón, animales donde los citados recursos analíticos muéstranse, por fortuna, singularmente propicios. Esta estructura especial aparece reproducida esquemáticamente en la figura 40, F. Aparte la delgadez é inclinación notables de su expansión central (disposición de antiguo conocida), nótese cómo cada pie de estos corpúsculos visuales contrae articulación individual con un solo minúsculo penacho ascendente de -célula bipolar- (-b-). Tan exquisita independencia de los cauces visuales, mantiénese también en la -zona plexiforme interna-, donde se advierte que cada arborización inferior de -bipolar de cono- entra exclusivamente en contacto con el doble ramaje de un corpúsculo gangliónico (-tercera neurona- visual) (C). Para facilitar la comparación, á la izquierda de la misma figura reproducimos los cauces visuales de las regiones periféricas de la retina. Obsérvese cómo, en esta región, las articulaciones de los conos con las bipolares no son individuales, sino colectivas y bastante difusas y extensas (-c-); lo que explica perfectamente la indistinción y vaguedad de las imágenes recogidas por dicho territorio retiniano. Á mayor abundamiento, cada ganglionar (C^2) recoge las impresiones transmitidas por varias bipolares (-f-). Si, por ventura, las tres empalizadas neuronales de la -fovea- hubiéranse organizado según este plan, habríanse frustrado enteramente los beneficios de la longitud y finura de los conos, condiciones anatómicas decisivas, según es notorio, del exquisito poder diferenciador de la -foseta-. He aquí una nueva demostración de que la naturaleza procede siempre en sus creaciones con arreglo á la economía más estricta y á la más severa lógica. [Ilustración: Fig. 40.--Esquema de los cauces de conducción de la impresión cromática en la retina de los pájaros. Á la derecha, aparecen las vías de la foseta central, y á la izquierda, las homónimas del resto de la retina. --A, conos; B, célula bipolar para cono; C, corpúsculo ganglionar; -a-, células amacrinas; -b-, articulación entre el cono y bipolar en la foseta; -c-, articulación entre el cono y las bipolares en los territorios periféricos de la retina; -d-, -f-, articulación entre una célula gangliónica y varias bipolares.] -c-) Confirmación en la retina embrionaria de la evolución de los neuroblastos, señalada por His, nosotros y v. Lenhossék en la médula espinal, y exposición de una hipótesis encaminada á explicar, ó al menos á hacer imaginable, el establecimiento en el adulto de conexiones interneuronales específicas. De esta concepción, llamada -teoría quimiotáctica neurotrópica-, trataré oportunamente. Consignaré ahora solamente que, según la referida hipótesis, se asigna al -cono de crecimiento- del axon embrionario la misma propiedad amiboidea atribuída á los leucocitos. Á semejanza de estos elementos, que marchan hacia los microbios orientándose por la dirección de las corrientes de difusión de las -toxinas-, el -cono de crecimiento-, impresionado por ciertas substancias estimulantes derramadas en el plasma intersticial, marcha también, crece y se orienta hacia los elementos productores de las mismas (corpúsculos musculares, neuronas situadas en planos distintos de los centros, etc.), acabando por establecer con ellos conexiones íntimas y estables. Admitida la diversidad y especificidad de las fuentes de -materias reclamos- ó -quimiotácticas positivas-, esclarécese no sólo el automatismo de la asociación interneuronal ó entre neuronas y elementos extranerviosos (por ejemplo, con las -fibras musculares-), sino el hecho sorprendente de que semejantes alianzas dinámicas se establezcan sin errores, no dándose jamás el caso de que un corpúsculo muscular, por ejemplo, carezca de terminación nerviosa adecuada ni de que una arborización terminal axónica esté privada de conexión celular específica. 2. Otro de los temas en cuya elucidación puse toda mi atención, fué la estructura del -asta de Ammon-, el centro asociativo más antiguo del cerebro, el almacén de los recuerdos olfativos y de las reacciones motrices correspondientes. Ha dicho B. Croce «que toda obra científica es también una obra de arte», afirmación afín del pensamiento, tantas veces repetido, de que «la naturaleza es la obra de un artista divino». Y esta hermosura no toca solamente al orden intelectual, á la exquisita adecuación entre los medios y los fines; en las ciencias naturales reviste á menudo formas plásticas admirables, según dejamos notado en capítulos anteriores. De donde resulta que, por pobre é incompleta que sea la visión objetiva del científico, siempre conservará un reflejo de la belleza natural. Y aún podría afirmarse que los elementos ilógicos y antiestéticos contenidos en la concepción científica de un fenómeno implican necesariamente error ó incompresión ideal del copista. [Ilustración: Fig. 41.--Esquema de la arquitectura del asta de Ammon y -fascia dentata-, tal como aparece en los cortes transversales; en esta figura se han reproducido los principales tipos neuronales descritos por Golgi y Sala. --A, asta de Ammon; B, cuerpo abollonado ó -fascia dentata-; D, subículo; C, fimbria; -a-, pirámide superior; -b-, pirámide de la región inferior.] Mas, dejando á un lado este linaje de consideraciones, recordaré que uno de los estímulos que me llevaron á escudriñar el -asta de Ammon- y -fascia dentata-, fué la elegante arquitectura ofrecida por las células y estratos de estos centros, revelada por el ilustre Golgi en su obra magistral[119]. Adornan, en efecto, al -asta de Ammon- y -cuerpo abollonado-, muchos rasgos de la sencilla belleza de la corteza cerebelosa. Sus células piramidales, comparables á plantas de jardín --algo así como series de jacintos--, alinéanse en setos vivos que dibujan curvas graciosas. El examen de la figura 41 dará alguna idea de esta graciosa estratificación de las neuronas ammónicas. Inútil es notar que, aprovechando el privilegio de primer ocupante, el célebre investigador de Pavía hubo de recoger los datos anatómicos más valiosos respecto á la forma y disposición celulares de los mencionados órganos nerviosos. Y la obra del maestro fué completada en algunos puntos por sus discípulos Sala y Lugaro, así como por Schäffer, histólogo alemán. [119] -C. Golgi-: Sulla minuta anatomia degli organi centrali del sistema nervoso. Milano, 1886. [Ilustración: Fig. 42.--Esquema destinado á presentar la conexión establecida entre el axon de los granos de la -fascia dentata- y las gruesas pirámides del asta de Ammon (región inferior de ésta). --A, capa molecular de la -fascia dentata-; B, axon de los granos; C, pirámides grandes; D, fimbria; -c-, -b-, fibras aferentes llegadas de los centros olfativos secundarios; -a-, axon. Las flechas señalan la dirección de las corrientes.] Sin embargo, quedaba aún mucho filón virgen para los trabajadores de refresco. Era, sobre todo, indispensable explorar los -corpúsculos de axon corto-, insuficientemente estudiados por los susodichos sabios, y urgía además abordar el problema de las -conexiones interneuronales-, estableciendo en lo posible las vías recorridas por los impulsos sensoriales ó aferentes, tarea interesante apenas desflorada por los sabios de la escuela italiana. Tales fueron los objetivos perseguidos por mí durante el año 1892, creo que con alguna fortuna. Los resultados obtenidos motivaron la redacción de extensa monografía, publicada primeramente en los -Anales de la Sociedad Española de Historia Natural-[120]. En el mismo año, mi trabajo mereció la honra inestimable de ser traducido al alemán por el ilustre Kölliker, para su reputada Revista: -Zeitschrift f. wissensch. Zoologie-[121]. [120] -S. Ramón y Cajal-: Estructura del asta de Ammon y -fascia dentata-. -Anales de la Sociedad Española de Historia Natural-, tomo XXII, 1893. [121] Esta traducción lleva por título: «Beiträge zur feineren Anatomie des grossen Hirns. I. Über die feinere Struktur des Ammonshornes. -Zeitschrift f. wissensch. Zoologie.- Bd. LVI, 1893. Más adelante, el histólogo de Würzburgo confirmó, en trabajo especial, casi todos nuestros hallazgos. Como hechos interesantes, fruto de propias pesquisas, mencionamos los siguientes: 1.º Demostración de que el axon de los granos de la -fascia dentata- emite, durante todo su trayecto por la zona de las pirámides grandes, un sistema de rosáceas ó de excrecencias colaterales que se articulan con ciertos golfos y desigualdades características del tallo radial de las citadas células. En la figura 42, B, mostramos muy esquemáticamente (se ha prescindido de casi todos los elementos) esta interesante conexión entre los -granos- y las -pirámides gigantes-. 2.º Hallazgo por debajo de la -zona de los granos- (-fascia dentata-) de varios tipos de corpúsculos piramidales cuyo axon corto ascendente constituye, ramificándose, elegantes y tupidas cestas envolventes del soma y tallos de los granos (véase la fig. 43, B, C, donde aparece también otro elemento, cuyo axon se ramifica en el espesor de la capa molecular) (A). [Ilustración: Fig. 43.--Figura semiesquemática donde reproducimos nuestros principales hallazgos en la -fascia dentata-. --A, célula de axon ascendente; B y C, pirámides cuyo axon (-a-) se termina, mediante nidos ó cestas (-e-), que rodean el cuerpo de los granos; D, zona molecular; F, capa de los granos; E, zona plexiforme; -e-, cestas. -Nota.---La región copiada en la presente figura corresponde al pequeño cuadrado trazado en el grabado precedente.] 3.º Encuentro en el asta de Ammon (región superior del -stratum oriens-) de multitud de neuronas de axon corto, cuyas ramas nerviosas generan también nidos complicados en torno del soma de las pirámides. En la figura 44, A, B, C, D, mostramos las dos principales variedades de corpúsculos de esta clase. [Ilustración: Fig. 44.--Mis principales hallazgos en el asta de Ammon (región superior), mostrados esquemáticamente.-- A, B, neuronas cuyo axon ascendente se descompone en ramas arciformes, formadoras de nidos para los somas más profundos de la capa de las pirámides.-- D, C, neuronas de axon tangencial constructores de nidos destinados á los cuerpos de las neuronas piramidales más superficiales; E, célula de axon ascendente (-a-); F, K, G, células de axon corto distribuído por el -stratum radiatum-; J, H, pirámides dislocadas cortas. La figura actual corresponde al cuadrado grande del esquema de la página 250.] 4.º Señalamiento, por primera vez, de las ramas colaterales de la substancia blanca y de las fibras terminales llegadas del -Alveus-, ó conductores arborizados en las zonas plexiformes del asta de Ammon y -fascia dentata- (fig. 44, -b-). 5.º Encuentro en el -stratum radiatum- de numerosas células de axon corto (fig. 44, F, G), así como algunas pirámides dislocadas (figura 44, H, J). 6.º Determinación de las variantes morfológicas que separan las pirámides de la región inferior de la constitutiva de la superior del asta de Ammon. Caracterízanse estas últimas por exhibir tallo liso; mientras que las primeras muéstranlo erizado de excrecencias verrugosas para conexionarse con las rosáceas del axon de los granos. 7.º Descripción de la neuroglia de dichos órganos. 8.º Análisis detallado de los plexos nerviosos de los mismos y, en fin, estudio estructural del -subiculum-, etc. El citado folleto contiene, además, un estudio de la fina anatomía de la -corteza esfenoidal- del cerebro de los pequeños mamíferos. [Ilustración: Fig. 45.--Tipo especial de neurona multipolar exenta de cilindro-eje, que habita en torno de los ganglios de Auerbach y Meissner, entre las capas de fibras musculares y circulares del intestino, en la túnica externa de las arterias, y en fin, allí donde existe tejido muscular de fibra lisa.] 3. Nuestra exploración acerca del gran simpático intestinal tuvo menos importancia[122]. Encierra, sin embargo, bastantes hechos nuevos, entre los cuales citaremos: [122] -Cajal-: Los ganglios y plexos nerviosos del intestino de los mamíferos, etc., con 13 grabados. Madrid, Noviembre de 1893. -a-) El hallazgo, en los ganglios de Meissner y Auerbach, de ciertas células estrelladas de largas expansiones, las cuales ingresan en los haces del plexo de igual nombre (confirmado por Dogiel, Lavilla y Kölliker). -b-) Descubrimiento de una variedad especial de células estrelladas pequeñas, yacentes en las mallas de dichos plexos y entre las capas de fibras musculares (confirmado por Dogiel, Lavilla y Kölliker) y caracterizadas por su carencia de cilindro-eje (fig. 45). Estos elementos fueron también demostrados en la rana por el método de Ehrlich[123]. [123] -Cajal-: Nota sobre el plexo de Auerbach de la rana. Barcelona, Febrero de 1892. -c-) La presencia de colaterales nacidas de las fibras de paso de los ganglios y terminadas por arborizaciones libres en torno de las células de éstos (confirmado por Dogiel). [Ilustración: Fig. 46.--Plexos de neuronas asteriformes, generadoras de plexos en la zona glandular del intestino (B) y en el interior de las vellosidades (A).] -d-) La existencia de corpúsculos nerviosos especiales entre las glándulas y en el espesor de las vellosidades, etc., etc. (fig. 46). -e-) Análisis de las terminaciones nerviosas en las fibras lisas. -f-) Impregnación de las glándulas intestinales y de las fibrillas nerviosas de las vellosidades, etc., etc. En el año de 1893 publicamos todavía otros trabajos de menor cuantía referentes á la -corteza cerebral occipital- de los pequeños mamíferos[124], y á los -tumores malignos- del hígado[125]. En fin, dimos á la estampa nuevas observaciones sobre la estructura de la -médula espinal- y -gran simpático-[126]. [124] -Cajal-: Estructura de la corteza occipital de los pequeños mamíferos. -Anales de la Sociedad Española de Historia Natural-, tomo II, 1893, con cuatro grabados. [125] -Cajal-: Adenoma primitivo del hígado. -Revista de Ciencias Médicas de Barcelona-, 10 de Mayo de 1893. [126] -Cajal-: Pequeñas adiciones á nuestros trabajos sobre la médula y gran simpático general. Madrid, Noviembre de 1893. [Ilustración] CAPÍTULO XII La -Sociedad Real- de Londres me encarga la -Croonian Lecture-. -- Mi conferencia ante dicha Sociedad. -- Banquetes oficiales y otros agasajos. -- Visita á los Institutos científicos de Londres y gira á las Universidades de Cambridge y Oxford. -- Se me nombra Doctor en Ciencias, -honoris causa-. -- Impresión personal acerca de la ciencia inglesa y la organización de sus Centros docentes. Allá por Febrero de 1894 llegó á mis manos una comunicación del Dr. Foster, Secretario de la -Sociedad Real- de Londres, invitándome, por acuerdo de tan ilustre Corporación, á pronunciar el discurso llamado -Croonian Lecture-. Tratábase de una conferencia sobre asuntos biológicos, remunerada con 50 libras esterlinas, é instituída por cierto sabio inglés con la mira de traer á Londres á un investigador nacional ó extranjero, autor de algún descubrimiento señalado. Prácticas en todo, las Corporaciones científicas inglesas, no se satisfacen con estimular de lejos la investigación personal, adjudicando al conquistador de una nueva verdad el diploma honorífico de rúbrica; desean, además, conocer al autor, oir de sus labios la exposición de sus trabajos y, sobre todo, examinar y comprobar -de visu- los métodos de indagación con ayuda de los cuales el hecho nuevo fué descubierto. Respondiendo á finalidad tan discretamente utilitaria, las Academias inglesas han creado muchos premios, todos debidos á iniciativa particular. El acuerdo de la referida -Sociedad Real- cogióme de sorpresa. Estaba en realidad confundido y avergonzado por la lisonjera invitación, dudando entre aceptarla de plano ó declinarla cortésmente, temeroso de no corresponder de modo decoroso á la honra que se me dispensaba. En disculpa de mis vacilaciones, importa notar que la -Real Sociedad de Londres- constituye la Institución científica más importante de la Gran Bretaña y acaso de todo el mundo. Á ella han pertenecido los sabios y pensadores más ilustres de Inglaterra. Para un profesor francés ó alemán merecer el título de -Fellow- de tan prestigiosa Institución, poder añadir en las tarjetas las codiciadas iniciales F. R. S., representa suprema aspiración, de muy pocos satisfecha. Además, la -Croonian Lecture- había sido siempre encomendada á investigadores de primera fuerza, entre los cuales recuerdo ahora al ilustre Kölliker[127]. En fin, para colmo de contrariedad, una de mis hijas cayó, por aquellos días, enferma de bastante cuidado, y mi instinto de padre se inquietaba, resistiéndose á abandonar á la paciente, no obstante los alentadores vaticinios que, para tranquilizarme, hacía el Dr. Hernando, médico de cabecera y amigo generoso de mi familia, según dejo dicho páginas atrás. [127] Por carta del profesor de Würzburgo, se me informaba amablemente del carácter de la ceremonia, y se me aconsejaba imprimir á mi oración un giro esencialmente fisiológico. El ilustre Kölliker había pronunciado la -Croonian Lecture- en Mayo de 1862; en ella disertó acerca de las «Terminaciones nerviosas en los músculos». Las piadosas seguridades del compañero, la entereza de mi mujer que me aconsejaba aceptar á todo trance la invitación, una carta sumamente agradable de M. Foster y otra no menos halagadora del profesor Ch. Sherrington, acabaron por decidirme. Este último reclamaba amablemente, á título de neurólogo, el derecho de hospedarme en su casa, á lo que me instó vivamente también el Secretario de la -Sociedad Real-. Comencé, pues, en medio de mis inquietudes, á redactar en francés la Conferencia, pues no dominaba el inglés lo bastante para expresarme decorosamente en este idioma; reuní después mis mejores preparaciones del -cerebelo-, -médula espinal-, -retina-, -cerebro-, -bulbo olfatorio-, etc., y previa licencia de mis superiores jerárquicos, emprendí el viaje á Inglaterra. Al pasar por París, saludé cordialmente á mi ilustre amigo Mr. Matías Duval y tuve el gusto de conocer personalmente á mi traductor, el Dr. Léon Azoulay, quien, lleno de bondad, revisó y corrigió el dudoso francés de mis cuartillas. En fin, arribado á Londres, púseme á disposición de la -Sociedad Real-. Como me anunció ya el simpático Secretario de dicha Academia, la hospitalidad que merecí de Ch. Sherrington y de su admirable compañera fué agradabilísima y llena de atenciones y finezas. No fué menos benévola y cordial la acogida dispensada al modesto investigador español por Mr. Foster y otros ilustres miembros de la consabida Sociedad, entre los cuales recuerdo á Mr. Schäfer, á M. Klein, á Bourdon-Sanderson, á Horsley, á Mott y, en fin, al eximio Presidente Sir W. Thomson (Lord -Kelvin-), descubridor, según es notorio, de la telegrafía transatlántica, y uno de los hombres más campechanos, sencillos y modestos que he conocido. Á la verdad, la llaneza y cordialidad de trato de aquellos sabios, los más eminentes de Inglaterra; su total ausencia de empaque y de orgullo profesional; la placidez y alegría de sus pláticas privadas, en contraste con la elevación y profundidad de su obra científica, teníanme embobado. En su hidalga generosidad, Mr. Sherrington, á la sazón profesor de Fisiología en una de las Facultades de Medicina de Londres (creo que en el -Bartholomew’s Hospital-), tuvo empeño, no solamente en agasajarme y guiarme al través de la formidable Babel inglesa, sino en prestarme eficaz y directo concurso en la preparación de mi Conferencia. Á este propósito, efectuó con los preparados más demostrativos de mi colección, soberbias microfotografías, destinadas á la proyección, amén de proporcionarme todo lo necesario para dibujar en colores varios esquemas de gran tamaño. Con tales elementos demostrativos, la lección resultó, á despecho de mi emoción, bastante clara y persuasiva. Si no falla mi memoria, fué pronunciada el 8 de Marzo, en el palacio llamado -Burlington House-, casa social de la Sociedad Real. Comprendió mi discurso lo más fundamental de mis pesquisas en orden á la morfología y conexiones de las células nerviosas de la médula espinal, ganglios, cerebelo, retina, bulbo olfatorio, etc. Y para ponerme á tono con el auditorio, donde predominaban fisiólogos y médicos, y satisfacer al mismo tiempo el gusto inglés, que exige á cada cosa un valor práctico ó doctrinal, terminé mi oración desprendiendo de los hechos expuestos algunas interpretaciones fisiológicas y aun psicológicas más ó menos verosímiles[128]. De ellas trataré en otro lugar. [128] Esta conferencia fué publicada con el título de «La fine structure des centres nerveux», en -Proceedings of the Royal Society-, vol. 55, 1894. Contiene muchos grabados, copias de los esquemas utilizados para la lección dada ante la -Sociedad Real-. La Prensa inglesa dió también cuenta de ella, publicando extractos bastante precisos. El lector curioso podrá consultar, entre otras Revistas, -The Ilustrated London News- de 7 de Abril de 1894. Mencionemos un detalle que tiene su valor. Para no perder la hilación del discurso, cada oyente tenía en las manos, según costumbre inglesa, un resumen impreso de lo más importante de aquél. Ni debo olvidar otra particularidad reveladora de la exquisita cortesía anglo-sajona: sobre el estrado presidencial, ocupado por Lord Kelvin y varias autoridades académicas, flameaban entrelazadas las banderas inglesa y española. Terminado el acto, fuí calurosamente felicitado. Entre los que estrecharon efusivamente mi mano, reconocí con satisfacción al ministro de España, D. Cipriano del Mazo, acompañado del Secretario, del simpático hijo de D. Facundo Riaño, agregado entonces de Embajada, y de algunos más representantes distinguidos de la colonia española. Fué un día de grata y noble emoción, de los que viven en la memoria asociados al dulce sentimiento de la patria. Sucediéronse luego en serie ininterrumpida numerosos agasajos, donde se puso de realce la afectuosa esplendidez de la hospitalidad anglo-sajona. Imposible fuera recordar todas las invitaciones recibidas y los banquetes celebrados. Mención particular merece, sin embargo, el banquete de la Sociedad Real, al cual asistieron muchos invitados llegados de Cambridge y Oxford. Á la hora del -champagne-, brindóse calurosamente en honor de las ciencias inglesa y española, y se hicieron votos por la confraternidad cordial é intelectual de ambas naciones. Recuerdo todavía parte del elocuente discurso de Mr. Foster, orador agudo y ocurrente, que sazonaba sus frases con esa fina sal del -humour- anglo-sajón, casi desconocida entre nosotros. Dijo, entre otras cosas halagadoras para España y para mí, «que gracias á mis trabajos, el bosque impenetrable del sistema nervioso se había convertido en parque regular y deleitoso, y que mis investigaciones habían establecido -colaterales de conexión- y -placas motrices- entre las almas de España y de Inglaterra, antes apartadas por siglos de incomprensión y desvío.» Más íntimo y menos solemne fué el banquete celebrado en casa del Dr. Paget, donde tuve el gusto de conocer á los neurólogos y médicos más famosos de la capital inglesa. Recuerdo asimismo la deliciosa gira al -cottage- de mi amigo el Dr. Schäfer, profesor de Fisiología é Histología de una de las Facultades médicas de Londres. En esta quinta, rodeada de praderas y bosquecillos, que animaban el juego de los niños y la voz autoritaria de las -nurses-, tuve la primera visión de la holgura, comodidad y elegancia del -home- inglés, así como del decoro con que en la opulenta Albión viven los sabios y educan á sus hijos. Ingrato fuera en este momento omitir la fiesta familiar y el espléndido banquete celebrados en la Embajada española, con asistencia de lo más distinguido de la colonia (figuraba entre los invitados el sabio y venerable Gayangos). Llegada la hora de los brindis, el anfitrión, D. Cipriano del Mazo, después de encomiar hasta la paradoja mis escasos merecimientos, entonó un cántico elocuentísimo á la ciencia y filosofía hispanas. Sus vibrantes y sentidas palabras nos conmovieron á todos, y á mí, especialmente, que apenas tuve la serenidad suficiente para agradecer sus elogios[129]. [129] Entre otras frases, hiperbólicamente corteses, recuerdo ruboroso la siguiente: «En mis repetidos viajes por el mundo, tres veces he sido vivamente impresionado: una, en presencia de las cataratas del Niágara; otra, en Roma, contemplando el Coliseo, y otra, oyendo la conferencia de Cajal ante la Sociedad Real.» Claro es que, terminados recepciones y banquetes, dediqué algunos días á admirar las curiosidades y bellezas de la estupenda capital inglesa: sus suntuosos y artísticos monumentos, el puerto y los muelles del Támesis, el -Museo británico-, la -Ciudad de Cristal-, los parques incomparables, etc. No sin viva emoción contemplé en Westminster la estatua de Newton y el sepulcro de Darwin. Excusado es decir que, aprovechando los buenos oficios de mi huésped, que se desvivía por complacerme, giré también visitas instructivas á las principales Instituciones docentes de la ciudad, entre otras, al -King’s College Hospital-, al -Bartholomew’s Hospital-, al -London Hospital-, Centros todos de enseñanza médica, al -Royal College of Surgeons-, en fin, á la -Royal Medical and Chirurgical Society-. Sin embargo, lo que más atrajo mi atención fueron los laboratorios. En ellos tuve la fortuna de presenciar experimentos fisiológicos de Ferrier, de Horsley y de Mott, y de examinar las preparaciones histológicas de Schäfer y de Sherrington. Á este propósito no holgará dar algunos detalles: En los laboratorios ingleses estaba entonces muy en boga aplicar el método de las -degeneraciones secundarias-, asociado á la llamada -coloración- de Marchi (teñido de las piezas nerviosas en ácido ósmico, etc.). Este proceder, que empleaban con la mira de precisar el origen y curso de las principales vías que asocian el cerebro y cerebelo con el bulbo y médula espinal, exige, según es sabido, como condición previa, la ejecución de arriesgadas y difíciles vivisecciones en monos ó perros. Una de las practicadas por el profesor Ferrier en el macaco, impresionóme profundamente, así por la maestría de la manipulación como por la brillantez del resultado: tratábase de la extirpación total de ambos lóbulos occipitales del cerebro. Gracias á la habilidad incomparable del operador y á las exquisitas asepsia y hemostasia logradas, el animal sobrevivió á tan radical mutilación y fué posible explorar, en su día, las degeneraciones secundarias sobrevenidas. Verdad es que los fisiólogos ingleses y particularmente Ferrier, el sabio eminente que comparte con Hirtzig y Munk el descubrimiento de las -localizaciones cerebrales-, son prodigiosos experimentadores. Cuando un profesor extranjero de cierta notoriedad viaja por Inglaterra y se pone al habla con sus sabios, es de rigor convidarle á visitar las prestigiosas é históricas Universidades de Cambridge y Oxford, donde, según es notorio, se adoctrinan la juventud dorada y la aristocracia intelectual de la raza anglo-sajona. Y si el forastero distinguido ha sido designado además para la -Croonian Lecture- ó ha sido agraciado con alguna otra merced académica, entonces suele proponérsele el honor de conferirle en Oxford ó en Cambridge, según los estudios del candidato, el grado de Doctor en Ciencias, -honoris causa-, ceremonia académica que se celebra con gran solemnidad. Tal me ocurrió á mí. Ya desde los primeros días de mi estancia en Londres recibí atentas misivas del -Vice chancellor- de la Universidad de Cambridge y del infatigable Secretario M. Foster (que pertenecía al Claustro de dicho Centro), requiriéndome amablemente para que aceptase honor tan señalado. Á este propósito, varios profesores, entre ellos el citado Secretario de la -Sociedad Real-, me condujeron á la histórica ciudad del Cam, alojándome en un espléndido pabellón del -King’s College-. Y después de descansar un día visitando y admirando la estupenda capilla gótica del colegio, sus excelentes laboratorios, amplias aulas, riquísimas colecciones, extensos campos de juego dilatados por ambas márgenes del río, etc., etc., llegó la hora de la solemne fiesta académica. Celebróse, si mal no recuerdo, el 5 de Marzo, días antes de mi Conferencia de la -Sociedad Real-, en el magnífico salón de actos del -Senate House-. Conocida la devoción inglesa por la tradición, ocioso parece advertir que la ceremonia se desarrolló con arreglo á los más rancios cánones. Á ella asistieron el V. Canciller, las autoridades locales y académicas, el claustro de Doctores y muchos internos de los colegios aristocráticos adscritos á la Universidad. Maestros y alumnos vistieron los tradicionales trajes de doctor, consistentes en una especie de toga ú hopalanda roja y un birrete especial, en cuya cúspide sobresale apéndice piramidal de base cuadrada. Rindiendo á su vez homenaje á la costumbre, el candidato, un poco azorado, vistió también la original indumentaria. Hubo música de Beethoven y discurso latino del -orator-, á estilo medioeval[130]. Acabado el discurso de ritual, el Vicecanciller, dirigiéndose al candidato, declaró que, atendiendo á sus merecimientos, la Universidad le otorgaba el -Grado de doctor en Ciencias-. Durante el acto hube de estampar mi firma --con pluma de ave, para no romper ni aun en cosa nimia los usos tradicionales-- en el gran libro de honor donde figuraban los nombres de todos los graduados -ad honorem-. Y, en fin, acabada la solemnidad académica, celebróse un gran banquete en el -King’s College-, seguido un día después de una comida íntima y familiar en el precioso hotel que extramuros de la villa poseía el Dr. Foster. [130] He aquí la curiosa oración del -orator- oficial, que se repartió impresa durante la ceremonia. Contiene algunos datos biográficos que hube de facilitar yo mismo para este efecto. Hodie laudis genus novum libenter auspicati, Hispanae gentis civem nunc primum salutamus. Salutamus virum de physiologiae scientia optime meritum, qui inter flumen Hiberum montesque Pyrenaeos duo et quadraginta abhinc annos natus et fluminis eiusdem in ripa Caesaraugustae educatus, primum ibidem, deinde Valentiae, deinceps Barcelonae munere Academico functus, tot honorum spatio feliciter decurso, nunc denique in urbe, quod gentis totius caput est, histologiae scientiam praeclare profitetur. Fere decem abhinc annos professoris munus Valentiae auspicatus, fore auguratus est, ut intra annos decem studiorum suorum in honorem etiam inter exteras gentes nomem suum notesceret. Non fefellit augurium; etenim nuper etiam nostras ad oras a Societate Regia Londinensi honoris causa vocatus, muneri oratorio, virorum insignium nominibus iampridem ornato, in hunc annum destinatus est. Omitto opera eius maiora de histologia et de anatomia conscripta; praetereo etiam opuscula eiusdem quadraginta intra lustra duo in lucem missa; haec enim omnia ad ipsa scientiae penetralia pertinent. Quid vero dicam de artificio pulcherrimo quo primum auri, deinde argenti ope, in corpore humano fila quaedam tenuissima sensibus motibusque ministrantia per ambages suas inextricabiles aliquatenus explorari poterant? In artificio illo argenti usum, inter Italos olim inventum, inter Hispanos ab hoc viro in melius mutatum et ad exitum feliciorem perductum esse constat. Si poeta quidam Romanus regione in eadem penitus, si Valerius Martialis, inquam, qui expertus didicit fere nihil in vita sine argento posse perfici, hodie ipse adesset, procul dubio popularem suum verbis suis paululum mutatis non sine superbia appellaret:-- «Vir Celtiberis non tacende gentibus Nostraeque laus Hispaniae,... Te -nostri Hiberi ripa- gloriabitur, Nec me tacebit Bilbilis»[131]. Duco ad vos virum et in Hispania et inter exteras gentes laudem meritu adeptum, histologiae professorem insignem, SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL. [131] Martial, i 49, 1-2; 61, 11-12. De mi visita á Oxford, la admirable ciudad gótica, inestimable joya medioeval, donde cada casa es un relicario histórico y cada colegio compite en riqueza y grandiosidad con una mansión real, sólo diré que, ante tantas maravillas, estaba como embelesado. ¡Qué Bibliotecas, qué Museos, qué Capillas góticas, qué amplitud, riqueza y comodidad en las habitaciones destinadas á los colegiales! En parangón del -King’s College-, filigrana del renacimiento, del -Baliol College-, del -Corpus Christi College- y del -Magdalen College-, exquisitos modelos del estilo gótico, ó del grandioso -John’s College-, medio oculto entre cortinas de yedra, etcétera, el mejor de nuestros edificios docentes oficiales semeja destartalado y sórdido caserón. Huelga expresar que fuí muy atendido por los profesores, y singularmente por el sabio Bourdon-Sanderson. Acerca de este maestro, me es grato expresar que tan encantado quedé de la actividad y sabia organización de su laboratorio de Fisiología, como de sus talentos y demás prendas personales. Para evitar enfadosas prolijidades, omito la narración de otras muchas cosas que, tanto en Oxford como en Cambridge, excitaron mi admiración ó despertaron mi interés. Mencionaré no más dos fiestas de carácter docente, de que guardo grato recuerdo. Como obsequio á los profesores de Fisiología forasteros congregados en Cambridge, con ocasión de la citada solemnidad, el sabio Langley, que ha ilustrado su nombre con importantes descubrimientos relativos á la actividad del -Gran simpático-, invitónos á presenciar uno de sus favoritos experimentos. Tratábase de un gato envenenado con nicotina, en el cual, con insuperable habilidad, había dicho profesor puesto al descubierto casi todos los ganglios de la cadena simpática de un lado. Estos ganglios, no obstante su pequeñez, mostrábanse clarísimos, limpios de sangre y libres de las vísceras torácicas y abdominales, que habían sido pulcramente, y sin daño de su integridad, apartadas lateralmente y sujetas con pinzas y cordones asépticos. El cómo, después de tan formidable traumatismo, latía todavía el corazón y se conservaban casi íntegras todas las funciones vitales del animal, constituye para mí misterio impenetrable. Aplicó á seguida la excitación farádica á los ganglios (lo que equivale prácticamente á estimular aisladamente las fibras simpáticas, porque la cocaína paraliza el cuerpo de las células nerviosas), y la contracción de los músculos lisos de los pelos (-arrectores pili-), desarrollada en fajas cutáneas ó anillos regulares y sucesivos, demostró elegantemente, no sólo que cada ganglio inerva un área especial periférica, sino que esta zona cutánea tiene significación metamérica, á semejanza de las áreas de distribución de los ganglios sensitivos. Á la otra fiesta, igualmente instructiva, aunque de índole mundana y social, asistí por feliz casualidad. Acertó por aquellos días á celebrarse en Cambridge lo que allí se llama una -conversación científica-, especie de tertulia interuniversitaria, destinada á la exposición popular de los descubrimientos efectuados por los profesores ingleses y á promover entre ellos ese espíritu de solidaridad intelectual que tanto se echa de menos entre los investigadores de las naciones latinas. Á este propósito, congregáronse en un gran salón del -King’s College- profesores llegados de todos los centros científicos del Reino Unido, acompañados de sus familias y de numerosos invitados. Antes de la sesión, cada investigador dispuso en una mesa el instrumental necesario para sus demostraciones. Los histólogos y embriólogos aportaron sus preparaciones microscópicas; los físicos, sus recientes invenciones científicas; los químicos, muestras de las substancias descubiertas y esquemas del mecanismo de su producción; 1 - - - - 2 ; , 3 , , , , , 4 , . , 5 ; , , 6 . , , 7 . 8 9 , 10 , 11 : 12 , . 13 14 ¡ ! , 15 16 . 17 , 18 , , 19 . , , 20 . , 21 - - , , , 22 , , , . - - , 23 . 24 , 25 . 26 27 . , 28 . 29 , 30 31 . ¡ 32 33 , 34 , , 35 , ! 36 37 , 38 , , , 39 , , , 40 . 41 42 , 43 , . , 44 , , 45 , . 46 , 47 , . 48 : , , 49 , 50 51 ; , 52 , , 53 . 54 55 « - - , - 56 - , - - , - 57 - » , . , : 58 59 - - , , 60 , 61 ; 62 . 63 ; 64 , ; 65 ; 66 , 67 , ; 68 ; 69 , , 70 . 71 72 ; 73 , , , 74 ; , , 75 , 76 , 77 . ¡ ! 78 , , 79 , , 80 - - - - . 81 82 83 , 84 85 . 86 87 - - , 88 , 89 , . 90 91 - - 92 , 93 . , , 94 , , , 95 . . . 96 , , , 97 , , , 98 , , , 99 . 100 101 , , 102 . ; 103 , , , , 104 . 105 , 106 : . , 107 ; . , 108 ( ) , 109 . , 110 - - 111 . 112 , . 113 , , 114 , . 115 ; , , 116 - - - - . 117 118 « 119 » , , 120 : « , , 121 122 . » 123 , 124 , , 125 . 126 127 128 . 129 , ; , 130 , , , . 131 , ¡ ! 132 . . . ¡ ! . . . 133 134 , 135 « 136 » , , 137 . 138 139 , , , 140 . , , 141 : , , 142 , « » , 143 , , 144 , 145 , 146 ; , 147 , , 148 , 149 , 150 , 151 ; . , , 152 , , 153 , , 154 , [ ] , , , 155 , 156 , ; 157 , , , 158 , , , - 159 - ; . , 160 , « 161 » , 162 , 163 ; 164 . , 165 , 166 , 167 , 168 ; . , 169 , , , 170 , , 171 , , 172 ; , , 173 ; , 174 , , 175 , 176 ; . , 177 , , - - 178 , . 179 180 [ ] 181 . 182 183 , 184 , . 185 , 186 , 187 . . , 188 , , . , , 189 , , . , , . 190 , , . 191 192 . 193 , 194 . 195 , 196 , 197 ; 198 , , 199 . , 200 , , 201 . , 202 , , 203 , 204 . 205 206 , . 207 , 208 . 209 , , 210 , 211 ; 212 , 213 214 . , , 215 - - ; 216 217 . 218 « - - » 219 « - - » , 220 221 , , 222 . , 223 , , 224 , , 225 , 226 - - , 227 , 228 , 229 , 230 . , 231 , 232 , 233 , 234 , 235 . . . 236 237 * * * * * 238 239 ( 240 241 ) 242 . 243 244 ¿ ? , 245 , - - , 246 - - ; - 247 - , , , 248 - - . 249 , . 250 , . , 251 , , 252 : 253 254 . , 255 . , 256 . , , 257 , , 258 , , . 259 260 261 . 262 . 263 264 . - - . , 265 . 266 , 267 ; , 268 , - - , 269 270 . , 271 . , , 272 - - , - - , - - , - - , 273 - - , - - , - - , - - , - - , . , 274 . 275 - - , 276 , . 277 , 278 . 279 - - , 280 , . , 281 - - [ ] , 282 , - - [ ] , 283 , . 284 , , 285 , , 286 [ ] . 287 288 [ ] - - : 289 . - 290 - , , . 291 292 [ ] - - : . - - , . 293 . 294 295 [ ] - - : . 296 . . . , . 297 298 [ : . . - - . 299 300 . - - , , , 301 ; , , , 302 ; , , 303 ; - - , - - , 304 . ] 305 306 , , 307 , , 308 309 , 310 . 311 312 - - ) , 313 , 314 , - - 315 , 316 : 317 , 318 . , 319 , 320 - - . 321 . : - 322 - ( ) 323 ( - - , , ) . 324 325 - - ) - - 326 . , 327 328 ( , 329 , . ) , 330 , , 331 , , ( 332 - - ) , 333 ( , , , , ) , 334 , 335 , . 336 337 338 , . 339 ( ) , 340 341 - 342 - ( - - ) . 343 , - - , 344 - 345 - 346 ( - - ) ( ) . 347 , 348 349 . , , 350 , 351 ( - - ) ; 352 353 . , 354 ( ) 355 ( - - ) . , , 356 - - , 357 358 , , , 359 - - . 360 361 362 . 363 364 [ : . . - - 365 . , 366 , , 367 . - - , ; , 368 ; , ; - - , ; - - , 369 ; - - , 370 371 ; - - , - - , 372 . ] 373 374 - - ) 375 , , . 376 , 377 , , 378 . 379 , - - , 380 . , 381 , - - 382 383 . , 384 385 - - , - - , 386 387 , , 388 ( , 389 , . ) , 390 . 391 392 - - - - , 393 394 ( , - 395 - ) , 396 , 397 , , 398 399 . 400 401 . , 402 - - , 403 , 404 . 405 406 . « 407 » , , , 408 « » . 409 , 410 ; 411 , 412 . , 413 , 414 . 415 416 . 417 418 [ : . . - - 419 - - , ; 420 421 . - - , ; , 422 - - ; , ; , ; - - , ; 423 - - , . ] 424 425 , , 426 - - 427 - - , 428 , 429 [ ] . , , - - 430 - - , 431 . , 432 - - - - , 433 . 434 . 435 , , 436 437 438 . 439 , 440 , . 441 442 [ ] - . - : 443 . , . 444 445 [ : . . - - 446 - - 447 ( ) . - - , 448 - - ; , ; , 449 ; , ; - - , - - , 450 ; - - , . 451 . ] 452 453 , 454 . , , - 455 - , 456 , - 457 - , 458 , 459 . 460 461 , 462 . 463 , 464 - - [ ] . 465 , 466 , : 467 - . . - [ ] . 468 469 [ ] - . - : - 470 - . - - , 471 , . 472 473 [ ] : « 474 . . 475 . - . . . - . , 476 . , , 477 , . 478 479 , , 480 : 481 482 . - 483 - , 484 , 485 486 . 487 , , ( 488 ) 489 - - - - . 490 491 . - - ( - 492 - ) 493 , , 494 ( 495 . , , , , 496 ) ( ) . 497 498 [ : . . - - 499 - - . - - , 500 ; , ( - - ) , 501 ( - - ) , ; 502 , ; , ; , ; - - , 503 . 504 505 - . - - - 506 . ] 507 508 . 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