Estoy muy lejos de pretender --lo he dicho ya varias veces-- que el
hombre de ciencia sea un cartujo; antes bien, estimo necesarios los
pasatiempos, las excursiones, el teatro, el Ateneo, la literatura,
las tertulias, etc. Mas todo á su hora, con medida y como quien toma
un reconstituyente; cuando lo pida el ánimo, en fin, y no cuando lo
deseen los demás. Será egoísmo, pero egoísmo disculpable, porque sin
él no hay labor seria posible.
Precisamente, y por compensación de la excesiva concentración
de la vida de Laboratorio, he cultivado siempre en Madrid dos
distracciones: los paseos al aire libre por los alrededores de la
villa, y las tertulias de café.
¡Los alrededores de Madrid! No es cosa que yo los descubra ahora,
vindicando una vez más al calumniado Manzanares y á la austera meseta
castellana. Menester es tener sentido cromático de oruga para echar
siempre de menos el verde mojado y uniforme de los países del Norte,
y menospreciar la poesía penetrante del gris, del amarillo, del pardo
y del azul. Ni es cierto tampoco que, en el paisaje de la Corte,
falte la jugosa nota del verde. Lejos de ser páramos y eriales, los
alrededores de Madrid -- el Retiro, la Moncloa, la Casa de Campo,
Amaniel, la Dehesa de la Villa, el Pardo, etc.--, son de lo más
frondoso y pintoresco que poseemos en España. Vivimos en las faldas
de una sierra, cuyo elegante perfil embellece nuestro horizonte y
cuyas auras purifican nuestro ambiente. Y en la primavera y otoño
la llanura castellana se ofrece cubierta de césped y salpicada de
flores. En ninguna parte posee el paisaje contrastes más variados,
según las estaciones. Cualquiera que sea la preocupación del
espíritu, siempre hallaremos un rincón solitario cuya apacible
belleza apague las vibraciones del dolor y abra nuevo cauce al
pensamiento. ¡Cuántos pequeños descubrimientos asócianse en mi
memoria á tal sendero solitario de la Moncloa ó á un fresno ribereño
del Manzanares, ó alguna colina de Amaniel ó de la Dehesa de la
Villa, espléndidos miradores desde los cuales ostenta el Guadarrama,
asomado entre pinos, toda su serena majestad!
Pero además del paisaje físico, conviene también al hombre de
laboratorio el paisaje moral, la amena tertulia, donde, al calor de
la amistad y de la confianza, broten, variadas y espontáneas, las
flores del ingenio.
Á la verdad, en mis primeras tentativas exploratorias por las
tertulias matritenses, fuí poco afortunado. Hallé desde luego, en
el Café de Levante, una peña de antiguos camaradas, en su mayoría
médicos militares, que yo había conocido durante la campaña cubana.
Entre estos simpáticos compañeros reinaba franqueza fraternal,
y á ratos su conversación era viva, chispeante é instructiva.
Pero un hado adverso nos perseguía: casi todos los días, fatal,
irremediablemente, los comentarios derivaban hacia la murmuración
contra los superiores jerárquicos ó hacia el escalafón de Sanidad
Militar; ese escalafón maldito, destructor de todo estímulo noble
y de toda ambición generosa, rémora de la justicia, asilo de la
gandulería y una de las mayores calamidades que padecemos en España.
Harto ya de oir hablar del «-salto del tapón-, de -ascensos y cruces
inmerecidas-, de -carreras escandalosas-, de -retiros en buena
edad-», etc., cuadréme un día y les dije sobre poco más ó menos:
--Señores, todo eso que ustedes cuentan sobre las cruces pensionadas,
los ascensos de gracia y el escalafón, resulta muy interesante
para la familia; pero en el mundo deben existir otras cosas quizás
más interesantes todavía. Bueno es hablar de las estrellas de la
bocamanga; pero de vez en cuando convendría platicar también de las
estrellas del cielo y de las células, esas estrellas de la vida;
laudable es preocuparse de ascender en la carrera; pero no estaría de
más que procurásemos asimismo ascender algo, mediante el estudio y
la reflexión, en el concepto de la propia estima; está perfectamente
eso de prepararse para la vejez apacible y suculento retiro; pero
hallo más urgente y honrado aún trabajar, durante la juventud, para
merecerlo.
Á mis amistosos consejos contestaron con bromas y chirigotas; los
más formales prometieron, sin embargo, enmendarse, aportando para lo
sucesivo temas más variados y amenos; pero, transcurrida la semana,
el hábito restableció su imperio, y reincidimos lamentablemente
en los consabidos comentarios tocantes á los ascensos, camarillas
y escalafón. ¡El mal carecía de remedio! Aquellos beneméritos
compañeros, no exentos ciertamente de talento, aunque petrificados
por la ociosa vida de campamentos, cuarteles y casinos, sólo leían la
-Gaceta- y el -Boletín de Sanidad Militar-.
Con pena abandoné el trato de camaradas que evocaban en mi memoria
trances de guerra y juveniles aventuras transatlánticas, y busqué
otra tertulia donde esparcir el ánimo y vivificar las ociosas
barbecheras cerebrales.
Creo que fué San Martín quien me presentó á la -peña- del Café Suizo,
reunión de rancio y glorioso abolengo, pues en ella habían figurado
políticos, literatos y hasta financieros insignes.
Aunque desde el aspecto político y literario la citada -peña-
había venido á menos, gozaba todavía por aquel tiempo de
justificado renombre. De allí salieron, según es notorio, Senadores
universitarios, Catedráticos, Rectores, Consejeros y hasta
Ministros... Tan famosas y comentadas llegaron á ser las discusiones
de la peña, que ocurrió á menudo, y con grave riesgo de indiscreción,
el hecho de formarse, en las inmediatas mesas, tertulias parásitas, ó
de oyentes, las cuales, por el módico precio del café, adquirían el
derecho de conocer nuestras ideas y murmurar á mansalva.
Entre los comensales, dominaban naturalmente los galenos, á la
cabeza de los cuales figuraba D. Alejandro; mas colaboraban también
abogados, propietarios, catedráticos de Universidad y, en fin,
personas de toda laya y condición. Todo el mundo era admitido con
tal de ser presentado por un socio formal, y á condición de someterse
á las tres normas siguientes: 1.ª, guardar al discutir el debido
respeto á las personas; 2.ª, discurrir de lo que no se entiende ó se
entiende poco (tratábase de evitar las latas pedantes y académicas),
y 3.ª, olvidar á la salida todos los desatinos é incoherencias
provocados por el estímulo del café ó por los -horrores- de la
digestión. Porque importa notar que nuestra reunión se celebraba en
las primeras horas de la tarde, y pocas veces duraba más de una.
De esta suerte, al levantarse la sesión, los cerebros hallábanse
caldeados, pero ágiles todavía para la cotidiana labor. Bueno es
divagar algo todos los días; fuera, empero, peligroso prolongar el
-diástole- de la mente á expensas del -sístole- del trabajo.
Á propósito de la citada regla «de olvidar á la salida las
conversaciones de la tertulia», solía advertirnos San Martín, siempre
circunspecto y meticuloso en sus opiniones: «Conste, señores, que no
respondo fuera de aquí de los disparates y tonterías que ustedes me
hayan obligado á decir.» Que tan prudente consejo fué rigurosamente
observado, lo persuade el hecho de que durante más de veinte años de
casi diarias controversias, algunas harto acaloradas, jamás tuvimos
un disgusto.
Con pena recuerdo ahora las renovaciones que el tiempo y la muerte
impusieron á nuestra querida peña del Suizo. Estas tertulias son
cuerpos vivos con juventud, madurez y decadencia; y, á semejanza de
todo organismo, se nutren, crecen, asimilan y desasimilan. Nuevas
células se incorporan á la colmena, mientras que otras ¡ay! perecen ó
se extravían... ¡Y los muertos son ya legión!...
Á guisa de homenaje á los simpáticos compañeros desaparecidos, con
quienes durante tantos años comulgamos diariamente «en espíritu y
en verdad», desearía yo estampar aquí sus nombres, con los títulos
éticos é intelectuales que les granjearon afecto y estima perdurables.
Pero fueron tantos, que, dada mi mala memoria, resulta imposible
enumerarlos todos. Citaré, sin embargo, á los más asiduos y
constantes: á Félix Rubio, abogado y propietario, dotado de
excelente criterio, «caballero sin tacha y sin miedo», que debió
haber sido militar, y que, no obstante su devoción por Silvela y
sus ideas enérgicamente conservadoras, renunció á toda aspiración
política, asqueado por la corrupción del sufragio y los desórdenes
de la administración; al veterano Alderete, prototipo del castizo
miliciano nacional, algo farolero y candoroso, pero de tan buenos
sentimientos, que había salvado en diversos siniestros urbanos y
ferroviarios á numerosas personas, mereciendo varias cruces de
Beneficencia, que ostentaba arrogante en las procesiones cívicas
del Dos de Mayo; á F. Aner, farmacéutico injertado en burócrata,
espíritu rectilíneo, irreductible y apasionado en las polémicas,
fervoroso de Proudhon y de Marx, tan austero que, habiendo podido
ser rico, vivió y murió pobre[115], y tan optimista que, para él, la
humanidad formaba un coro de ángeles, convertidos en demonios á causa
de la nefasta intervención de reyes, magistrados y sacerdotes; al
doctor Carlos de Vicente, carlista librepensador, algo misántropo,
agudísimo y ocurrente, y que, educado en París, lucía un -esprit
français- de la más fina especie; al Dr. López Silva, médico y
naturalista notable, llamado por antonomasia «la gran persona ó la
persona» á causa de su bondad angelical, el cual tenía la costumbre
de retratar á todas las gentes de que se hablaba, caracterizándolas
con rasgos típicos tomados de la Zoología; al sabio profesor de
Literatura don A. Sánchez Moguel, archivo inagotable de dichos y
anécdotas tocantes á personajes políticos y literarios, referidos
con viveza y gracejo insuperables, y cuyo trato resultaba á veces
algo difícil por consecuencia de una vanidad vidriosa é irritable,
impropia de talento tan sólido y brillante; al Dr. Thous, católico
ferviente, médico estudioso, y á quien, á cambio de los buenos ratos
que nos proporcionaba con su charla, ora satírica ora edificante,
sólo le reprochábamos la debilidad, harto disculpable, de insistir
demasiado en sus hazañas clínicas; á Fortanet, el conocido impresor,
republicano fogoso y de buena fe; al célebre poeta Marcos Zapata,
poco asiduo á la mesa, y cuyas agudezas y oportunidades, amén del
relato de sus aventuras de bohemio, constituían el deleite de la
reunión; al doctor B. Escribano, el último de los contertulios
desaparecidos, sobrio y austero conversador, cuyas -caídas-
inesperadas desconcertaban á los más afluentes parlanchines, etc.
[115] Fué diputado provincial durante la República y gozó de gran
predicamento entre los demócratas.
La peña del Suizo continúa hoy completamente renovada, aunque
algo decaída, después de la muerte del inolvidable San Martín.
Buenas cosas dijera de los actuales contertulios, muchos de ellos
catedráticos, si la discreción más elemental no me impusiera el
silencio. Concretareme á citar á D. Joaquín Decref, á Castro y
Pulido, á Ambrosio Rodríguez, al Dr. Isla, á Perico Valls, á Blas
Cabrera, á Odón de Buen, á F. Martí, á Antonio Vela, á J. Ramírez
Ramos, á Clodomiro Andrés, etc.
Yo debo mucho á la sabrosa tertulia del Suizo. Aparte ratos
inolvidables de esparcimiento y buen humor, en ella aprendí muchas
cosas y me corregí de algunos defectos. Allí elevamos un poco el
espíritu, exponiendo y discutiendo con calor las doctrinas de
filósofos antiguos y modernos, desde Platón y Epicuro á Schopenhauer
y Herbert Spencer; mostramos veneración y entusiasmo hacia el
evolucionismo y sus pontífices, Darwin y Häckel, y abominamos de la
soberbia satánica de Nietzsche. En el terreno literario, nuestra mesa
proclamó el naturalismo contra el romanticismo, y al revés, según
los oradores de turno y el humor del momento. En torno de ella, Pepe
Botella y San Martín, los más filarmónicos de la reunión, riñeron
descomunales batallas en favor de Wagner, cuando en España apenas
había más wagneristas que el regocijado Peña y Goñi.
Burla burlando, también nuestra peña hizo un poco de política. Sin
afiliarse abiertamente á ningún partido turnante, la mesa del Suizo
tuvo siempre espíritu político en el mejor sentido del vocablo.
Ella comentó, acaso con pasión y vehemencia, pero inspirada siempre
en el más acendrado patriotismo, todos los grandes sucesos de la
vida nacional; prorrumpió en gritos de indignación contra las
arbitrariedades é injusticias del caciquismo, y lloró con lágrimas
de rabia las inconsciencias é insensateces que prepararon las
ignominias de 1898. Allí, naturalmente, repercutió clamorosamente
la literatura de la -regeneración-; se recogieron firmas para el
célebre manifiesto de Costa y encontró alientos para su noble campaña
el malogrado apóstol de la europeización española. Persuadidos con
el «-solitario de Graus-» de que la prosperidad de nuestro país
estriba en la «-escuela y la despensa-», expusimos y contrastamos
reiteradamente los métodos de la pedagogía científica y las medidas
políticas encaminadas á desterrar, ó á limitar al menos, la
incultura de nuestras tierras y de nuestros cerebros. Allí, en fecha
recientísima, nos ha sobrecogido de horror y de asco, borrando las
últimas reliquias del optimismo juvenil, la horrenda guerra europea,
que no es, como se complacen en propalar espíritus candorosos
tocados de -abogadismo- incurable, el conflicto por los mercados
ni la pugna entre dos concepciones antitéticas del Estado, sino
muy principalmente el fruto amargo del orgullo nacional, el choque
inevitable entre oligarquías militares todopoderosas, desvanecidas
por la soberbia y codiciosas de gloria y de dominio. Allí, en
suma, si á veces nos dejamos cautivar por el frívolo placer de la
divagación ó de la chismografía, supimos también elevarnos á menudo
sobre las pequeñas miserias de la vida, sentirnos cada vez más
humanos y más españoles, y avanzar algunos pasos por senderos de paz
y de amor hacia luminosos ideales...
* * * * *
Hora es ya de terminar esta larga digresión (que acaso habrá aliviado
al lector de la fastidiosa pero obligada narración de mis iniciativas
científicas de Barcelona) y de señalar brevemente la labor de
laboratorio efectuada en la Corte durante los años 1892 y 1893.
¿Qué temas científicos me solicitaron? Fueron, entre otros menos
apremiantes, la -estructura de la retina de los peces y aves-,
singularmente de la -foseta central-; la organización del -Asta de
Ammon y corteza occipital del cerebro-, y, en fin, la disposición
del -gran simpático visceral-. Cediendo á un hábito inveterado en
mí, tales materias fueron investigadas casi simultáneamente. En
general, semejante promiscuidad es poco recomendable. Sin embargo,
en las ciencias naturales resulta, en ocasiones, útil desparramar
alternativamente la atención por dos ó más campos de investigación:
se aprovecha mejor el material de trabajo y rinden los métodos más
rica cosecha. Aunque parezca paradójico, dos ó tres temas de estudio
cansan menos que uno solo. Teclear insistentemente la misma cuerda,
acaba por ser doloroso. Además, durante la fiebre sagrada, cuando
se siente uno en vena de producir, conviene forzar la suerte,
acaparando, á ser posible, todos los billetes de la lotería.
No tema el lector una exposición circunstanciada de mis trabajos
de 1892 y 1893 sobre las citadas materias. Concretareme á citar
solamente las adquisiciones científicas más salientes.
1. Comencemos por la -retina-. Según recordará el lector, mis
exploraciones en tan cautivador dominio comenzaron en Barcelona. Mas
deseaba yo completar y consolidar mis hallazgos anteriores, abarcando
con mis observaciones toda la serie de los vertebrados; anhelaba,
sobre todo, atacar el problema estructural de la -fovea centralis-,
paraje retiniano de la máxima sensibilidad al color y de la suma
acuidad visual. Por fortuna, en Madrid no faltaba abundante material
de trabajo. Al efecto, entablé tratos con un alimañero profesional,
que me proveyó de -culebras-, -lagartos-, -mochuelos-, -cornejas-,
-lechuzas-, -gallipatos-, -salamandras-, -percas-, -truchas-, etc.,
vivos. Y un buen amigo de Cádiz tuvo la amabilidad de enviarme
varios ejemplares del interesantísimo -camaleón-, la joya de los
reptiles, habitador constante de las dunas gaditanas. Con este
copioso material mi cartapacio llenóse de dibujos interesantes, y mis
notas rebosaban de pormenores descriptivos. Tan rica mies movióme
á adelantar una comunicación sobre la -retina de los peces-, que
se publicó, gracias á la bondad del sabio D. Ignacio Bolívar, en
los -Anales de la Sociedad de Historia Natural-[116], y á redactar
ulteriormente voluminosa monografía, aparecida en -La Cellule-[117],
reputada Revista biológica belga, ya citada en otro lugar. Esta
última Memoria, una de las más importantes brotadas de mi pluma,
resultó voluminoso libro que mereció, años después, los honores de
una traducción alemana[118].
[116] -Cajal-: La retina de los teleósteos y algunas
observaciones sobre la de los vertebrados inferiores. -Anales de
la Sociedad Española de Historia Natural-, tomo II, Junio de 1892.
[117] -Cajal-: La Rétine des vertébrés. -La Cellule-, tomo IX.
1892.
[118] -Cajal-: Die Retina der Wirbelthiere. Traducción alemana
del Dr. R. Greeff. Wiesbaden, 1894.
[Ilustración: Fig. 39.--Corte de la retina de la perca. Figura
semiesquemática destinada á mostrar los principales resultados de
mis investigaciones. --A, B, C, cauces específicos de la impresión
recogida por los bastoncitos; D, E, F, cauces de la excitación
recolectada por los conos; G, H, morfología de las células
horizontales; -a-, -i-, elementos especiales de la retina de los
peces.]
Cumpliendo mi promesa de evitar prolijidades, sólo citaré, de entre
los hechos nuevos contenidos en la citada obra, aquellos que hoy,
leyendo en frío y teniendo presente la copiosa bibliografía aparecida
después, halagan más agradablemente mi vanidad de hombre de
laboratorio.
-a-) Confirmación en la serie de los vertebrados, y muy
singularmente en los peces, cuyo modo de visión aseméjase mucho á
la de los mamíferos, de aquellos dos tipos de -células bipolares-
hallados un año antes en la membrana visual de los mamíferos,
esto es: la célula colosal de ramaje exterior articulado con los
bastones, y la célula pequeña de dendritas discretas conexionadas
con los conos. En la figura 39, que copia una sección de la
retina de los peces teleósteos, destacan claramente ambos tipos
de -bipolares-. En ella aparecen también otros hallazgos menos
importantes. Ejemplo: el de un tipo celular especial de la -capa
de los granos internos- (I) y el del axon de diversos tipos de
células horizontales (-a-, G, H).
-b-) Desentrañamiento de la estructura de la -foseta central-
de la retina de los reptiles y aves. Semejante estructura, poco
conocida hasta entonces á causa del limitado poder revelador
de los preparados comunes (cortes teñidos de hematoxilina,
soluciones de anilinas, etc.), surge clarísima en los cortes bien
impregnados por los métodos de Golgi y Ehrlich, á condición,
naturalmente, de utilizar, en vez del mono ó el hombre (únicos
mamíferos dotados de -foseta-), los pájaros y aves de rapiña
(jilguero, golondrina, cuervo, halcón, etcétera) ó el camaleón,
animales donde los citados recursos analíticos muéstranse, por
fortuna, singularmente propicios.
Esta estructura especial aparece reproducida esquemáticamente en
la figura 40, F. Aparte la delgadez é inclinación notables de
su expansión central (disposición de antiguo conocida), nótese
cómo cada pie de estos corpúsculos visuales contrae articulación
individual con un solo minúsculo penacho ascendente de -célula
bipolar- (-b-). Tan exquisita independencia de los cauces
visuales, mantiénese también en la -zona plexiforme interna-,
donde se advierte que cada arborización inferior de -bipolar de
cono- entra exclusivamente en contacto con el doble ramaje de
un corpúsculo gangliónico (-tercera neurona- visual) (C). Para
facilitar la comparación, á la izquierda de la misma figura
reproducimos los cauces visuales de las regiones periféricas de
la retina. Obsérvese cómo, en esta región, las articulaciones de
los conos con las bipolares no son individuales, sino colectivas
y bastante difusas y extensas (-c-); lo que explica perfectamente
la indistinción y vaguedad de las imágenes recogidas por dicho
territorio retiniano. Á mayor abundamiento, cada ganglionar
(C^2) recoge las impresiones transmitidas por varias bipolares
(-f-). Si, por ventura, las tres empalizadas neuronales de
la -fovea- hubiéranse organizado según este plan, habríanse
frustrado enteramente los beneficios de la longitud y finura de
los conos, condiciones anatómicas decisivas, según es notorio,
del exquisito poder diferenciador de la -foseta-. He aquí una
nueva demostración de que la naturaleza procede siempre en sus
creaciones con arreglo á la economía más estricta y á la más
severa lógica.
[Ilustración: Fig. 40.--Esquema de los cauces de conducción de la
impresión cromática en la retina de los pájaros. Á la derecha,
aparecen las vías de la foseta central, y á la izquierda, las
homónimas del resto de la retina. --A, conos; B, célula bipolar
para cono; C, corpúsculo ganglionar; -a-, células amacrinas; -b-,
articulación entre el cono y bipolar en la foseta; -c-, articulación
entre el cono y las bipolares en los territorios periféricos de la
retina; -d-, -f-, articulación entre una célula gangliónica y varias
bipolares.]
-c-) Confirmación en la retina embrionaria de la evolución de
los neuroblastos, señalada por His, nosotros y v. Lenhossék en
la médula espinal, y exposición de una hipótesis encaminada á
explicar, ó al menos á hacer imaginable, el establecimiento
en el adulto de conexiones interneuronales específicas. De
esta concepción, llamada -teoría quimiotáctica neurotrópica-,
trataré oportunamente. Consignaré ahora solamente que, según
la referida hipótesis, se asigna al -cono de crecimiento- del
axon embrionario la misma propiedad amiboidea atribuída á los
leucocitos. Á semejanza de estos elementos, que marchan hacia
los microbios orientándose por la dirección de las corrientes de
difusión de las -toxinas-, el -cono de crecimiento-, impresionado
por ciertas substancias estimulantes derramadas en el plasma
intersticial, marcha también, crece y se orienta hacia los
elementos productores de las mismas (corpúsculos musculares,
neuronas situadas en planos distintos de los centros, etc.),
acabando por establecer con ellos conexiones íntimas y estables.
Admitida la diversidad y especificidad de las fuentes de
-materias reclamos- ó -quimiotácticas positivas-, esclarécese
no sólo el automatismo de la asociación interneuronal ó entre
neuronas y elementos extranerviosos (por ejemplo, con las -fibras
musculares-), sino el hecho sorprendente de que semejantes
alianzas dinámicas se establezcan sin errores, no dándose jamás
el caso de que un corpúsculo muscular, por ejemplo, carezca de
terminación nerviosa adecuada ni de que una arborización terminal
axónica esté privada de conexión celular específica.
2. Otro de los temas en cuya elucidación puse toda mi atención,
fué la estructura del -asta de Ammon-, el centro asociativo más
antiguo del cerebro, el almacén de los recuerdos olfativos y de las
reacciones motrices correspondientes.
Ha dicho B. Croce «que toda obra científica es también una obra de
arte», afirmación afín del pensamiento, tantas veces repetido, de
que «la naturaleza es la obra de un artista divino». Y esta hermosura
no toca solamente al orden intelectual, á la exquisita adecuación
entre los medios y los fines; en las ciencias naturales reviste á
menudo formas plásticas admirables, según dejamos notado en capítulos
anteriores. De donde resulta que, por pobre é incompleta que sea la
visión objetiva del científico, siempre conservará un reflejo de la
belleza natural. Y aún podría afirmarse que los elementos ilógicos y
antiestéticos contenidos en la concepción científica de un fenómeno
implican necesariamente error ó incompresión ideal del copista.
[Ilustración: Fig. 41.--Esquema de la arquitectura del asta de Ammon
y -fascia dentata-, tal como aparece en los cortes transversales;
en esta figura se han reproducido los principales tipos neuronales
descritos por Golgi y Sala. --A, asta de Ammon; B, cuerpo abollonado
ó -fascia dentata-; D, subículo; C, fimbria; -a-, pirámide superior;
-b-, pirámide de la región inferior.]
Mas, dejando á un lado este linaje de consideraciones, recordaré que
uno de los estímulos que me llevaron á escudriñar el -asta de Ammon-
y -fascia dentata-, fué la elegante arquitectura ofrecida por las
células y estratos de estos centros, revelada por el ilustre Golgi
en su obra magistral[119]. Adornan, en efecto, al -asta de Ammon-
y -cuerpo abollonado-, muchos rasgos de la sencilla belleza de la
corteza cerebelosa. Sus células piramidales, comparables á plantas de
jardín --algo así como series de jacintos--, alinéanse en setos vivos
que dibujan curvas graciosas. El examen de la figura 41 dará alguna
idea de esta graciosa estratificación de las neuronas ammónicas.
Inútil es notar que, aprovechando el privilegio de primer ocupante,
el célebre investigador de Pavía hubo de recoger los datos anatómicos
más valiosos respecto á la forma y disposición celulares de los
mencionados órganos nerviosos. Y la obra del maestro fué completada
en algunos puntos por sus discípulos Sala y Lugaro, así como por
Schäffer, histólogo alemán.
[119] -C. Golgi-: Sulla minuta anatomia degli organi centrali del
sistema nervoso. Milano, 1886.
[Ilustración: Fig. 42.--Esquema destinado á presentar la conexión
establecida entre el axon de los granos de la -fascia dentata- y las
gruesas pirámides del asta de Ammon (región inferior de ésta). --A,
capa molecular de la -fascia dentata-; B, axon de los granos; C,
pirámides grandes; D, fimbria; -c-, -b-, fibras aferentes llegadas de
los centros olfativos secundarios; -a-, axon. Las flechas señalan la
dirección de las corrientes.]
Sin embargo, quedaba aún mucho filón virgen para los trabajadores de
refresco. Era, sobre todo, indispensable explorar los -corpúsculos
de axon corto-, insuficientemente estudiados por los susodichos
sabios, y urgía además abordar el problema de las -conexiones
interneuronales-, estableciendo en lo posible las vías recorridas
por los impulsos sensoriales ó aferentes, tarea interesante apenas
desflorada por los sabios de la escuela italiana.
Tales fueron los objetivos perseguidos por mí durante el año 1892,
creo que con alguna fortuna. Los resultados obtenidos motivaron
la redacción de extensa monografía, publicada primeramente en los
-Anales de la Sociedad Española de Historia Natural-[120]. En el
mismo año, mi trabajo mereció la honra inestimable de ser traducido
al alemán por el ilustre Kölliker, para su reputada Revista:
-Zeitschrift f. wissensch. Zoologie-[121].
[120] -S. Ramón y Cajal-: Estructura del asta de Ammon y -fascia
dentata-. -Anales de la Sociedad Española de Historia Natural-,
tomo XXII, 1893.
[121] Esta traducción lleva por título: «Beiträge zur feineren
Anatomie des grossen Hirns. I. Über die feinere Struktur des
Ammonshornes. -Zeitschrift f. wissensch. Zoologie.- Bd. LVI,
1893. Más adelante, el histólogo de Würzburgo confirmó, en
trabajo especial, casi todos nuestros hallazgos.
Como hechos interesantes, fruto de propias pesquisas, mencionamos los
siguientes:
1.º Demostración de que el axon de los granos de la -fascia
dentata- emite, durante todo su trayecto por la zona de las
pirámides grandes, un sistema de rosáceas ó de excrecencias
colaterales que se articulan con ciertos golfos y desigualdades
características del tallo radial de las citadas células. En la
figura 42, B, mostramos muy esquemáticamente (se ha prescindido
de casi todos los elementos) esta interesante conexión entre los
-granos- y las -pirámides gigantes-.
2.º Hallazgo por debajo de la -zona de los granos- (-fascia
dentata-) de varios tipos de corpúsculos piramidales cuyo axon
corto ascendente constituye, ramificándose, elegantes y tupidas
cestas envolventes del soma y tallos de los granos (véase la
fig. 43, B, C, donde aparece también otro elemento, cuyo axon se
ramifica en el espesor de la capa molecular) (A).
[Ilustración: Fig. 43.--Figura semiesquemática donde reproducimos
nuestros principales hallazgos en la -fascia dentata-. --A, célula
de axon ascendente; B y C, pirámides cuyo axon (-a-) se termina,
mediante nidos ó cestas (-e-), que rodean el cuerpo de los granos;
D, zona molecular; F, capa de los granos; E, zona plexiforme; -e-,
cestas.
-Nota.---La región copiada en la presente figura corresponde al
pequeño cuadrado trazado en el grabado precedente.]
3.º Encuentro en el asta de Ammon (región superior del -stratum
oriens-) de multitud de neuronas de axon corto, cuyas ramas
nerviosas generan también nidos complicados en torno del soma de
las pirámides. En la figura 44, A, B, C, D, mostramos las dos
principales variedades de corpúsculos de esta clase.
[Ilustración: Fig. 44.--Mis principales hallazgos en el asta de Ammon
(región superior), mostrados esquemáticamente.-- A, B, neuronas cuyo
axon ascendente se descompone en ramas arciformes, formadoras de
nidos para los somas más profundos de la capa de las pirámides.-- D,
C, neuronas de axon tangencial constructores de nidos destinados á
los cuerpos de las neuronas piramidales más superficiales; E, célula
de axon ascendente (-a-); F, K, G, células de axon corto distribuído
por el -stratum radiatum-; J, H, pirámides dislocadas cortas. La
figura actual corresponde al cuadrado grande del esquema de la página
250.]
4.º Señalamiento, por primera vez, de las ramas colaterales de
la substancia blanca y de las fibras terminales llegadas del
-Alveus-, ó conductores arborizados en las zonas plexiformes del
asta de Ammon y -fascia dentata- (fig. 44, -b-).
5.º Encuentro en el -stratum radiatum- de numerosas células de
axon corto (fig. 44, F, G), así como algunas pirámides dislocadas
(figura 44, H, J).
6.º Determinación de las variantes morfológicas que separan las
pirámides de la región inferior de la constitutiva de la superior
del asta de Ammon. Caracterízanse estas últimas por exhibir
tallo liso; mientras que las primeras muéstranlo erizado de
excrecencias verrugosas para conexionarse con las rosáceas del
axon de los granos.
7.º Descripción de la neuroglia de dichos órganos.
8.º Análisis detallado de los plexos nerviosos de los mismos y,
en fin, estudio estructural del -subiculum-, etc.
El citado folleto contiene, además, un estudio de la fina
anatomía de la -corteza esfenoidal- del cerebro de los pequeños
mamíferos.
[Ilustración: Fig. 45.--Tipo especial de neurona multipolar exenta
de cilindro-eje, que habita en torno de los ganglios de Auerbach
y Meissner, entre las capas de fibras musculares y circulares del
intestino, en la túnica externa de las arterias, y en fin, allí donde
existe tejido muscular de fibra lisa.]
3. Nuestra exploración acerca del gran simpático intestinal tuvo
menos importancia[122]. Encierra, sin embargo, bastantes hechos
nuevos, entre los cuales citaremos:
[122] -Cajal-: Los ganglios y plexos nerviosos del intestino de
los mamíferos, etc., con 13 grabados. Madrid, Noviembre de 1893.
-a-) El hallazgo, en los ganglios de Meissner y Auerbach, de
ciertas células estrelladas de largas expansiones, las cuales
ingresan en los haces del plexo de igual nombre (confirmado por
Dogiel, Lavilla y Kölliker).
-b-) Descubrimiento de una variedad especial de células
estrelladas pequeñas, yacentes en las mallas de dichos plexos
y entre las capas de fibras musculares (confirmado por
Dogiel, Lavilla y Kölliker) y caracterizadas por su carencia
de cilindro-eje (fig. 45). Estos elementos fueron también
demostrados en la rana por el método de Ehrlich[123].
[123] -Cajal-: Nota sobre el plexo de Auerbach de la rana.
Barcelona, Febrero de 1892.
-c-) La presencia de colaterales nacidas de las fibras de paso de
los ganglios y terminadas por arborizaciones libres en torno de
las células de éstos (confirmado por Dogiel).
[Ilustración: Fig. 46.--Plexos de neuronas asteriformes, generadoras
de plexos en la zona glandular del intestino (B) y en el interior de
las vellosidades (A).]
-d-) La existencia de corpúsculos nerviosos especiales entre las
glándulas y en el espesor de las vellosidades, etc., etc. (fig.
46).
-e-) Análisis de las terminaciones nerviosas en las fibras lisas.
-f-) Impregnación de las glándulas intestinales y de las
fibrillas nerviosas de las vellosidades, etc., etc.
En el año de 1893 publicamos todavía otros trabajos de menor cuantía
referentes á la -corteza cerebral occipital- de los pequeños
mamíferos[124], y á los -tumores malignos- del hígado[125]. En fin,
dimos á la estampa nuevas observaciones sobre la estructura de la
-médula espinal- y -gran simpático-[126].
[124] -Cajal-: Estructura de la corteza occipital de los pequeños
mamíferos. -Anales de la Sociedad Española de Historia Natural-,
tomo II, 1893, con cuatro grabados.
[125] -Cajal-: Adenoma primitivo del hígado. -Revista de Ciencias
Médicas de Barcelona-, 10 de Mayo de 1893.
[126] -Cajal-: Pequeñas adiciones á nuestros trabajos sobre la
médula y gran simpático general. Madrid, Noviembre de 1893.
[Ilustración]
CAPÍTULO XII
La -Sociedad Real- de Londres me encarga la -Croonian Lecture-.
-- Mi conferencia ante dicha Sociedad. -- Banquetes oficiales y
otros agasajos. -- Visita á los Institutos científicos de Londres
y gira á las Universidades de Cambridge y Oxford. -- Se me nombra
Doctor en Ciencias, -honoris causa-. -- Impresión personal acerca
de la ciencia inglesa y la organización de sus Centros docentes.
Allá por Febrero de 1894 llegó á mis manos una comunicación del Dr.
Foster, Secretario de la -Sociedad Real- de Londres, invitándome, por
acuerdo de tan ilustre Corporación, á pronunciar el discurso llamado
-Croonian Lecture-. Tratábase de una conferencia sobre asuntos
biológicos, remunerada con 50 libras esterlinas, é instituída por
cierto sabio inglés con la mira de traer á Londres á un investigador
nacional ó extranjero, autor de algún descubrimiento señalado.
Prácticas en todo, las Corporaciones científicas inglesas, no
se satisfacen con estimular de lejos la investigación personal,
adjudicando al conquistador de una nueva verdad el diploma honorífico
de rúbrica; desean, además, conocer al autor, oir de sus labios la
exposición de sus trabajos y, sobre todo, examinar y comprobar -de
visu- los métodos de indagación con ayuda de los cuales el hecho
nuevo fué descubierto. Respondiendo á finalidad tan discretamente
utilitaria, las Academias inglesas han creado muchos premios, todos
debidos á iniciativa particular.
El acuerdo de la referida -Sociedad Real- cogióme de sorpresa. Estaba
en realidad confundido y avergonzado por la lisonjera invitación,
dudando entre aceptarla de plano ó declinarla cortésmente, temeroso
de no corresponder de modo decoroso á la honra que se me dispensaba.
En disculpa de mis vacilaciones, importa notar que la -Real Sociedad
de Londres- constituye la Institución científica más importante de
la Gran Bretaña y acaso de todo el mundo. Á ella han pertenecido los
sabios y pensadores más ilustres de Inglaterra. Para un profesor
francés ó alemán merecer el título de -Fellow- de tan prestigiosa
Institución, poder añadir en las tarjetas las codiciadas iniciales
F. R. S., representa suprema aspiración, de muy pocos satisfecha.
Además, la -Croonian Lecture- había sido siempre encomendada á
investigadores de primera fuerza, entre los cuales recuerdo ahora
al ilustre Kölliker[127]. En fin, para colmo de contrariedad, una
de mis hijas cayó, por aquellos días, enferma de bastante cuidado,
y mi instinto de padre se inquietaba, resistiéndose á abandonar
á la paciente, no obstante los alentadores vaticinios que, para
tranquilizarme, hacía el Dr. Hernando, médico de cabecera y amigo
generoso de mi familia, según dejo dicho páginas atrás.
[127] Por carta del profesor de Würzburgo, se me informaba
amablemente del carácter de la ceremonia, y se me aconsejaba
imprimir á mi oración un giro esencialmente fisiológico. El
ilustre Kölliker había pronunciado la -Croonian Lecture- en Mayo
de 1862; en ella disertó acerca de las «Terminaciones nerviosas
en los músculos».
Las piadosas seguridades del compañero, la entereza de mi mujer
que me aconsejaba aceptar á todo trance la invitación, una carta
sumamente agradable de M. Foster y otra no menos halagadora del
profesor Ch. Sherrington, acabaron por decidirme. Este último
reclamaba amablemente, á título de neurólogo, el derecho de
hospedarme en su casa, á lo que me instó vivamente también el
Secretario de la -Sociedad Real-.
Comencé, pues, en medio de mis inquietudes, á redactar en francés
la Conferencia, pues no dominaba el inglés lo bastante para
expresarme decorosamente en este idioma; reuní después mis mejores
preparaciones del -cerebelo-, -médula espinal-, -retina-, -cerebro-,
-bulbo olfatorio-, etc., y previa licencia de mis superiores
jerárquicos, emprendí el viaje á Inglaterra. Al pasar por París,
saludé cordialmente á mi ilustre amigo Mr. Matías Duval y tuve el
gusto de conocer personalmente á mi traductor, el Dr. Léon Azoulay,
quien, lleno de bondad, revisó y corrigió el dudoso francés de mis
cuartillas. En fin, arribado á Londres, púseme á disposición de la
-Sociedad Real-.
Como me anunció ya el simpático Secretario de dicha Academia,
la hospitalidad que merecí de Ch. Sherrington y de su admirable
compañera fué agradabilísima y llena de atenciones y finezas. No
fué menos benévola y cordial la acogida dispensada al modesto
investigador español por Mr. Foster y otros ilustres miembros de la
consabida Sociedad, entre los cuales recuerdo á Mr. Schäfer, á M.
Klein, á Bourdon-Sanderson, á Horsley, á Mott y, en fin, al eximio
Presidente Sir W. Thomson (Lord -Kelvin-), descubridor, según es
notorio, de la telegrafía transatlántica, y uno de los hombres más
campechanos, sencillos y modestos que he conocido. Á la verdad, la
llaneza y cordialidad de trato de aquellos sabios, los más eminentes
de Inglaterra; su total ausencia de empaque y de orgullo profesional;
la placidez y alegría de sus pláticas privadas, en contraste con la
elevación y profundidad de su obra científica, teníanme embobado.
En su hidalga generosidad, Mr. Sherrington, á la sazón profesor de
Fisiología en una de las Facultades de Medicina de Londres (creo
que en el -Bartholomew’s Hospital-), tuvo empeño, no solamente en
agasajarme y guiarme al través de la formidable Babel inglesa,
sino en prestarme eficaz y directo concurso en la preparación de
mi Conferencia. Á este propósito, efectuó con los preparados más
demostrativos de mi colección, soberbias microfotografías, destinadas
á la proyección, amén de proporcionarme todo lo necesario para
dibujar en colores varios esquemas de gran tamaño.
Con tales elementos demostrativos, la lección resultó, á despecho de
mi emoción, bastante clara y persuasiva. Si no falla mi memoria, fué
pronunciada el 8 de Marzo, en el palacio llamado -Burlington House-,
casa social de la Sociedad Real. Comprendió mi discurso lo más
fundamental de mis pesquisas en orden á la morfología y conexiones
de las células nerviosas de la médula espinal, ganglios, cerebelo,
retina, bulbo olfatorio, etc. Y para ponerme á tono con el auditorio,
donde predominaban fisiólogos y médicos, y satisfacer al mismo
tiempo el gusto inglés, que exige á cada cosa un valor práctico ó
doctrinal, terminé mi oración desprendiendo de los hechos expuestos
algunas interpretaciones fisiológicas y aun psicológicas más ó menos
verosímiles[128]. De ellas trataré en otro lugar.
[128] Esta conferencia fué publicada con el título de «La fine
structure des centres nerveux», en -Proceedings of the Royal
Society-, vol. 55, 1894. Contiene muchos grabados, copias de
los esquemas utilizados para la lección dada ante la -Sociedad
Real-. La Prensa inglesa dió también cuenta de ella, publicando
extractos bastante precisos. El lector curioso podrá consultar,
entre otras Revistas, -The Ilustrated London News- de 7 de Abril
de 1894.
Mencionemos un detalle que tiene su valor. Para no perder la
hilación del discurso, cada oyente tenía en las manos, según
costumbre inglesa, un resumen impreso de lo más importante de aquél.
Ni debo olvidar otra particularidad reveladora de la exquisita
cortesía anglo-sajona: sobre el estrado presidencial, ocupado por
Lord Kelvin y varias autoridades académicas, flameaban entrelazadas
las banderas inglesa y española.
Terminado el acto, fuí calurosamente felicitado. Entre los que
estrecharon efusivamente mi mano, reconocí con satisfacción al
ministro de España, D. Cipriano del Mazo, acompañado del Secretario,
del simpático hijo de D. Facundo Riaño, agregado entonces de
Embajada, y de algunos más representantes distinguidos de la colonia
española. Fué un día de grata y noble emoción, de los que viven en la
memoria asociados al dulce sentimiento de la patria.
Sucediéronse luego en serie ininterrumpida numerosos agasajos,
donde se puso de realce la afectuosa esplendidez de la hospitalidad
anglo-sajona. Imposible fuera recordar todas las invitaciones
recibidas y los banquetes celebrados.
Mención particular merece, sin embargo, el banquete de la Sociedad
Real, al cual asistieron muchos invitados llegados de Cambridge y
Oxford. Á la hora del -champagne-, brindóse calurosamente en honor
de las ciencias inglesa y española, y se hicieron votos por la
confraternidad cordial é intelectual de ambas naciones. Recuerdo
todavía parte del elocuente discurso de Mr. Foster, orador agudo y
ocurrente, que sazonaba sus frases con esa fina sal del -humour-
anglo-sajón, casi desconocida entre nosotros. Dijo, entre otras cosas
halagadoras para España y para mí, «que gracias á mis trabajos,
el bosque impenetrable del sistema nervioso se había convertido
en parque regular y deleitoso, y que mis investigaciones habían
establecido -colaterales de conexión- y -placas motrices- entre
las almas de España y de Inglaterra, antes apartadas por siglos de
incomprensión y desvío.»
Más íntimo y menos solemne fué el banquete celebrado en casa del Dr.
Paget, donde tuve el gusto de conocer á los neurólogos y médicos más
famosos de la capital inglesa.
Recuerdo asimismo la deliciosa gira al -cottage- de mi amigo el
Dr. Schäfer, profesor de Fisiología é Histología de una de las
Facultades médicas de Londres. En esta quinta, rodeada de praderas y
bosquecillos, que animaban el juego de los niños y la voz autoritaria
de las -nurses-, tuve la primera visión de la holgura, comodidad
y elegancia del -home- inglés, así como del decoro con que en la
opulenta Albión viven los sabios y educan á sus hijos.
Ingrato fuera en este momento omitir la fiesta familiar y el
espléndido banquete celebrados en la Embajada española, con
asistencia de lo más distinguido de la colonia (figuraba entre los
invitados el sabio y venerable Gayangos). Llegada la hora de los
brindis, el anfitrión, D. Cipriano del Mazo, después de encomiar
hasta la paradoja mis escasos merecimientos, entonó un cántico
elocuentísimo á la ciencia y filosofía hispanas. Sus vibrantes y
sentidas palabras nos conmovieron á todos, y á mí, especialmente, que
apenas tuve la serenidad suficiente para agradecer sus elogios[129].
[129] Entre otras frases, hiperbólicamente corteses, recuerdo
ruboroso la siguiente: «En mis repetidos viajes por el mundo,
tres veces he sido vivamente impresionado: una, en presencia
de las cataratas del Niágara; otra, en Roma, contemplando el
Coliseo, y otra, oyendo la conferencia de Cajal ante la Sociedad
Real.»
Claro es que, terminados recepciones y banquetes, dediqué algunos
días á admirar las curiosidades y bellezas de la estupenda capital
inglesa: sus suntuosos y artísticos monumentos, el puerto y los
muelles del Támesis, el -Museo británico-, la -Ciudad de Cristal-,
los parques incomparables, etc. No sin viva emoción contemplé en
Westminster la estatua de Newton y el sepulcro de Darwin.
Excusado es decir que, aprovechando los buenos oficios de mi huésped,
que se desvivía por complacerme, giré también visitas instructivas á
las principales Instituciones docentes de la ciudad, entre otras, al
-King’s College Hospital-, al -Bartholomew’s Hospital-, al -London
Hospital-, Centros todos de enseñanza médica, al -Royal College of
Surgeons-, en fin, á la -Royal Medical and Chirurgical Society-.
Sin embargo, lo que más atrajo mi atención fueron los laboratorios.
En ellos tuve la fortuna de presenciar experimentos fisiológicos
de Ferrier, de Horsley y de Mott, y de examinar las preparaciones
histológicas de Schäfer y de Sherrington. Á este propósito no holgará
dar algunos detalles:
En los laboratorios ingleses estaba entonces muy en boga aplicar
el método de las -degeneraciones secundarias-, asociado á la
llamada -coloración- de Marchi (teñido de las piezas nerviosas en
ácido ósmico, etc.). Este proceder, que empleaban con la mira de
precisar el origen y curso de las principales vías que asocian el
cerebro y cerebelo con el bulbo y médula espinal, exige, según
es sabido, como condición previa, la ejecución de arriesgadas y
difíciles vivisecciones en monos ó perros. Una de las practicadas
por el profesor Ferrier en el macaco, impresionóme profundamente,
así por la maestría de la manipulación como por la brillantez del
resultado: tratábase de la extirpación total de ambos lóbulos
occipitales del cerebro. Gracias á la habilidad incomparable del
operador y á las exquisitas asepsia y hemostasia logradas, el animal
sobrevivió á tan radical mutilación y fué posible explorar, en su
día, las degeneraciones secundarias sobrevenidas. Verdad es que los
fisiólogos ingleses y particularmente Ferrier, el sabio eminente que
comparte con Hirtzig y Munk el descubrimiento de las -localizaciones
cerebrales-, son prodigiosos experimentadores.
Cuando un profesor extranjero de cierta notoriedad viaja por
Inglaterra y se pone al habla con sus sabios, es de rigor convidarle
á visitar las prestigiosas é históricas Universidades de Cambridge
y Oxford, donde, según es notorio, se adoctrinan la juventud dorada
y la aristocracia intelectual de la raza anglo-sajona. Y si el
forastero distinguido ha sido designado además para la -Croonian
Lecture- ó ha sido agraciado con alguna otra merced académica,
entonces suele proponérsele el honor de conferirle en Oxford ó en
Cambridge, según los estudios del candidato, el grado de Doctor en
Ciencias, -honoris causa-, ceremonia académica que se celebra con
gran solemnidad.
Tal me ocurrió á mí. Ya desde los primeros días de mi estancia
en Londres recibí atentas misivas del -Vice chancellor- de la
Universidad de Cambridge y del infatigable Secretario M. Foster (que
pertenecía al Claustro de dicho Centro), requiriéndome amablemente
para que aceptase honor tan señalado.
Á este propósito, varios profesores, entre ellos el citado Secretario
de la -Sociedad Real-, me condujeron á la histórica ciudad del Cam,
alojándome en un espléndido pabellón del -King’s College-. Y después
de descansar un día visitando y admirando la estupenda capilla gótica
del colegio, sus excelentes laboratorios, amplias aulas, riquísimas
colecciones, extensos campos de juego dilatados por ambas márgenes
del río, etc., etc., llegó la hora de la solemne fiesta académica.
Celebróse, si mal no recuerdo, el 5 de Marzo, días antes de mi
Conferencia de la -Sociedad Real-, en el magnífico salón de actos del
-Senate House-. Conocida la devoción inglesa por la tradición, ocioso
parece advertir que la ceremonia se desarrolló con arreglo á los más
rancios cánones. Á ella asistieron el V. Canciller, las autoridades
locales y académicas, el claustro de Doctores y muchos internos de
los colegios aristocráticos adscritos á la Universidad. Maestros y
alumnos vistieron los tradicionales trajes de doctor, consistentes en
una especie de toga ú hopalanda roja y un birrete especial, en cuya
cúspide sobresale apéndice piramidal de base cuadrada.
Rindiendo á su vez homenaje á la costumbre, el candidato, un poco
azorado, vistió también la original indumentaria. Hubo música de
Beethoven y discurso latino del -orator-, á estilo medioeval[130].
Acabado el discurso de ritual, el Vicecanciller, dirigiéndose
al candidato, declaró que, atendiendo á sus merecimientos, la
Universidad le otorgaba el -Grado de doctor en Ciencias-. Durante el
acto hube de estampar mi firma --con pluma de ave, para no romper ni
aun en cosa nimia los usos tradicionales-- en el gran libro de honor
donde figuraban los nombres de todos los graduados -ad honorem-. Y,
en fin, acabada la solemnidad académica, celebróse un gran banquete
en el -King’s College-, seguido un día después de una comida íntima
y familiar en el precioso hotel que extramuros de la villa poseía el
Dr. Foster.
[130] He aquí la curiosa oración del -orator- oficial, que se
repartió impresa durante la ceremonia. Contiene algunos datos
biográficos que hube de facilitar yo mismo para este efecto.
Hodie laudis genus novum libenter auspicati, Hispanae gentis
civem nunc primum salutamus. Salutamus virum de physiologiae
scientia optime meritum, qui inter flumen Hiberum montesque
Pyrenaeos duo et quadraginta abhinc annos natus et fluminis
eiusdem in ripa Caesaraugustae educatus, primum ibidem, deinde
Valentiae, deinceps Barcelonae munere Academico functus, tot
honorum spatio feliciter decurso, nunc denique in urbe, quod
gentis totius caput est, histologiae scientiam praeclare
profitetur. Fere decem abhinc annos professoris munus Valentiae
auspicatus, fore auguratus est, ut intra annos decem studiorum
suorum in honorem etiam inter exteras gentes nomem suum
notesceret. Non fefellit augurium; etenim nuper etiam nostras ad
oras a Societate Regia Londinensi honoris causa vocatus, muneri
oratorio, virorum insignium nominibus iampridem ornato, in hunc
annum destinatus est. Omitto opera eius maiora de histologia
et de anatomia conscripta; praetereo etiam opuscula eiusdem
quadraginta intra lustra duo in lucem missa; haec enim omnia ad
ipsa scientiae penetralia pertinent. Quid vero dicam de artificio
pulcherrimo quo primum auri, deinde argenti ope, in corpore
humano fila quaedam tenuissima sensibus motibusque ministrantia
per ambages suas inextricabiles aliquatenus explorari poterant?
In artificio illo argenti usum, inter Italos olim inventum, inter
Hispanos ab hoc viro in melius mutatum et ad exitum feliciorem
perductum esse constat. Si poeta quidam Romanus regione in eadem
penitus, si Valerius Martialis, inquam, qui expertus didicit fere
nihil in vita sine argento posse perfici, hodie ipse adesset,
procul dubio popularem suum verbis suis paululum mutatis non sine
superbia appellaret:--
«Vir Celtiberis non tacende gentibus
Nostraeque laus Hispaniae,...
Te -nostri Hiberi ripa- gloriabitur,
Nec me tacebit Bilbilis»[131].
Duco ad vos virum et in Hispania et inter exteras gentes laudem
meritu adeptum, histologiae professorem insignem, SANTIAGO RAMÓN
Y CAJAL.
[131] Martial, i 49, 1-2; 61, 11-12.
De mi visita á Oxford, la admirable ciudad gótica, inestimable
joya medioeval, donde cada casa es un relicario histórico y cada
colegio compite en riqueza y grandiosidad con una mansión real,
sólo diré que, ante tantas maravillas, estaba como embelesado.
¡Qué Bibliotecas, qué Museos, qué Capillas góticas, qué amplitud,
riqueza y comodidad en las habitaciones destinadas á los colegiales!
En parangón del -King’s College-, filigrana del renacimiento, del
-Baliol College-, del -Corpus Christi College- y del -Magdalen
College-, exquisitos modelos del estilo gótico, ó del grandioso
-John’s College-, medio oculto entre cortinas de yedra, etcétera, el
mejor de nuestros edificios docentes oficiales semeja destartalado
y sórdido caserón. Huelga expresar que fuí muy atendido por los
profesores, y singularmente por el sabio Bourdon-Sanderson. Acerca
de este maestro, me es grato expresar que tan encantado quedé de la
actividad y sabia organización de su laboratorio de Fisiología, como
de sus talentos y demás prendas personales.
Para evitar enfadosas prolijidades, omito la narración de otras
muchas cosas que, tanto en Oxford como en Cambridge, excitaron mi
admiración ó despertaron mi interés. Mencionaré no más dos fiestas de
carácter docente, de que guardo grato recuerdo.
Como obsequio á los profesores de Fisiología forasteros congregados
en Cambridge, con ocasión de la citada solemnidad, el sabio Langley,
que ha ilustrado su nombre con importantes descubrimientos relativos
á la actividad del -Gran simpático-, invitónos á presenciar uno
de sus favoritos experimentos. Tratábase de un gato envenenado
con nicotina, en el cual, con insuperable habilidad, había dicho
profesor puesto al descubierto casi todos los ganglios de la cadena
simpática de un lado. Estos ganglios, no obstante su pequeñez,
mostrábanse clarísimos, limpios de sangre y libres de las vísceras
torácicas y abdominales, que habían sido pulcramente, y sin daño de
su integridad, apartadas lateralmente y sujetas con pinzas y cordones
asépticos. El cómo, después de tan formidable traumatismo, latía
todavía el corazón y se conservaban casi íntegras todas las funciones
vitales del animal, constituye para mí misterio impenetrable. Aplicó
á seguida la excitación farádica á los ganglios (lo que equivale
prácticamente á estimular aisladamente las fibras simpáticas, porque
la cocaína paraliza el cuerpo de las células nerviosas), y la
contracción de los músculos lisos de los pelos (-arrectores pili-),
desarrollada en fajas cutáneas ó anillos regulares y sucesivos,
demostró elegantemente, no sólo que cada ganglio inerva un área
especial periférica, sino que esta zona cutánea tiene significación
metamérica, á semejanza de las áreas de distribución de los ganglios
sensitivos.
Á la otra fiesta, igualmente instructiva, aunque de índole mundana
y social, asistí por feliz casualidad. Acertó por aquellos días
á celebrarse en Cambridge lo que allí se llama una -conversación
científica-, especie de tertulia interuniversitaria, destinada
á la exposición popular de los descubrimientos efectuados por
los profesores ingleses y á promover entre ellos ese espíritu
de solidaridad intelectual que tanto se echa de menos entre
los investigadores de las naciones latinas. Á este propósito,
congregáronse en un gran salón del -King’s College- profesores
llegados de todos los centros científicos del Reino Unido,
acompañados de sus familias y de numerosos invitados. Antes de
la sesión, cada investigador dispuso en una mesa el instrumental
necesario para sus demostraciones. Los histólogos y embriólogos
aportaron sus preparaciones microscópicas; los físicos, sus
recientes invenciones científicas; los químicos, muestras de las
substancias descubiertas y esquemas del mecanismo de su producción;
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