Yo encontré también para mis correrías artísticas y pintorescas
mentor muy amable y solícito en cierto profesor ruso de matemáticas,
algo estrafalario, que lucía espléndida melena rubia tendida hasta la
cintura. Enamorado de España, se perecía por hablar nuestra lengua,
de la que hacía calurosos elogios. Su facilidad para los idiomas
era portentosa. Con sólo dos meses de estancia en Granada, había
aprendido el español sin olvidar el francés, el ruso, el polaco, el
alemán y el italiano, que hablaba á la perfección. Su indumentaria,
algo estrambótica, corría parejas con su fluvial y romántica melena;
pero en aquel ambiente de amable tolerancia nada chocaba. Le
amparaba, además, su gran competencia en la -teoría de los números-.
[Ilustración: Fig. 88.--Hotel de Mrs. Lawton, en Worcester. Tipo de
las deliciosas casitas habitadas por la clase media americana.]
Los días 4 de Julio y siguientes hasta el 10, fueron consagrados
á las fiestas de la -Decennial Celebration-. Consistieron en
recepciones oficiales, banquetes, giras á los Establecimientos
docentes y á los alrededores pintorescos de la ciudad y, en fin,
en las Conferencias científicas á cargo de profesores americanos y
extranjeros. Un público selecto, llegado de todos los Estados de la
Unión, congregóse en la -Clark University-, asistiendo asiduamente á
las lecciones.
Las mías, en número de tres, versaron sobre la -Estructura de la
corteza cerebral del hombre y mamíferos superiores-, tema que, según
dejo apuntado, había sido objeto de mis investigaciones durante los
años 1898 y 1899. En mi público figuraban principalmente médicos,
naturalistas y psicólogos. Deseando demostrar gráficamente mis
recientes hallazgos en tan difícil dominio, ayudéme, según costumbre,
de grandes cuadros murales policromados. Para los iniciados en
la técnica neurológica, reservé algunas sesiones de exhibición
de preparaciones micrográficas. Creo que acerté á satisfacer la
expectación de mis oyentes; en todo caso, fuí bastante aplaudido.
[Ilustración: Fig. 89.--Edificio central de la Universidad de Clark.]
El texto de las citadas Conferencias, reunido con el de todas las
pronunciadas durante las fiestas, imprimióse á expensas de la
Universidad, en lujosísimo volumen, primorosamente encuadernado[184].
Al frente de cada serie de lecciones figuraba el retrato del profesor.
[184] Clark University, 1889-1899. -Decennial Celebration.-
Worcester Mass. Printed for the University, 1899.
La -Sesión de clausura-, celebrada el 10 de Julio, fué muy solemne.
Leyéronse en ella expresivas cartas de congratulación del Presidente
de la República, Mr. MacKinley, de varios conspicuos miembros del
Senado y, en fin, de muchos sabios ilustres nacionales y extranjeros;
pronunció el Rector G. Stanley Hall, elocuente oración, en la
cual, después de narrar la historia de la Universidad, enumeró
los trabajos científicos realizados y trazó el programa de los
futuros desarrollos. Siguió luego una especie de sermón de tonos
elevados, pronunciado por el reverendo Dr. De Vinton; y, por último,
previos los sendos encomios de ritual, fuimos los cinco profesores
extranjeros investidos ceremoniosamente del grado de doctor -honoris
causa- (Doctor en Derecho, según reza el diploma), acabando el acto
con breves discursos de gracias.
El papel de huésped, más ó menos ilustre, resulta en América
singularmente comprometido. Los yankis no se contentan con aprender
del forastero; desean además ser juzgados por él. -Velis nolis-,
no tuvimos más remedio que improvisar respuestas á las siguientes
delicadas interrogaciones:
¿Qué defectos halla usted en nuestras Instituciones docentes?
¿Tendría usted la bondad de señalar las reformas urgentes ó las
medidas encaminadas á perfeccionar la obra de nuestra Universidad?
Claro es que rindiendo culto á la cortesía y á impulsos de la
gratitud, nuestros juicios fueron incondicionalmente encomiásticos;
sin embargo, al través del follaje retórico, apuntaban también
algunas reformas útiles. Yo propuse para el cuadro de enseñanza
de la Universidad, dos novedades: la creación de laboratorio de
Investigaciones bacteriológicas y la de otro de Histología y
Patología experimentales.
Mas en esto de las -encuestas- tuve peor suerte que mis compañeros.
Mi calidad de español me constituía en blanco preferente de los
reporteros políticos. Las periodistas, sobre todo, me asediaban día y
noche. Querían saber de mí --¡ahí es nada!-- los inconvenientes ó las
ventajas que para los Estados Unidos podrían derivarse de la anexión
de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. ¡Era como mentar la soga en casa
del ahorcado!
Salí del paso como pude de tan inoportunos entrometimientos, no sin
incurrir, á causa quizás del mal humor, en bastantes ligerezas.
¡Espantado quedé al leer en los periódicos locales mis declaraciones
políticas!...
Y menos mal que conseguí evitar á mi esposa los asaltos de aquellas
implacables reporteras (solteronas típicas y genuinos representantes
de lo que Ferrero llamó el -tercer sexo-), resueltas á sonsacar á
ultranza la opinión de Mistress Cajal, tanto sobre el feminismo
teórico, como sobre el estado en que se encontraba en nuestra patria
la campaña de la emancipación de la mujer.
--En nuestro país --les respondí-- vivimos por desgracia tan
atrasados, que las mujeres se contentan todavía con ser -femeninas- y
no -feministas-. Y al parecer, ello les basta para su felicidad y la
del hogar.
Por no abusar de la paciencia del lector, omitiré los festejos,
recepciones, festines y agasajos de todo género, de que fuimos
objeto, tanto los huéspedes extranjeros como los representantes de
las Universidades americanas, de parte del ilustre Rector y de los
simpáticos profesores de la -Clark University-. Por lo que á mí toca,
fuera, empero, ingratitud no consignar las atenciones y delicadezas
que merecí á Mr. A. Gordon Webster, ilustrado profesor de Física, en
cuyo hogar tuve el honor de conocer á la genuina mujer americana,
culta, fuerte, hacendosa y exenta de enfadosos feminismos; y al Dr.
A. Mayer, ferviente admirador y compatriota de A. Forel, en compañía
del cual gusté el placer de visitar los principales establecimientos
de beneficencia, y particularmente un magnífico Hospital consagrado
al tratamiento de las enfermedades nerviosas y mentales; Hospital
donde, por cierto, pude apreciar los inestimables servicios prestados
por las señoritas enfermeras, jóvenes bien educadas, instruídas en
los elementos de la medicina, y que sustituyen allí ventajosamente á
nuestras hermanas de la Caridad.
Mi despedida de Worcester fué precedida de un episodio, vulgar sin
duda en toda fiesta celebrada por jóvenes en tierras anglosajonas,
pero que á mí me produjo profunda impresión.
Habíamos pasado un día en el campo, á la orilla de un lago pintoresco
que sirve de depósito á las aguas potables de la ciudad; y al final
de un banquete, á que asistieron profesores y estudiantes, para poner
remate á los brindis entusiastas, todos los comensales ingleses y
americanos --pasaban de 100-- pusiéronse de pie y, con voz robusta
y vibrante entonaron acordes, primero el himno americano y después
el inglés -God save the Queen-. En el silencio y la obscuridad de la
noche, aquellas estrofas alzadas briosamente de todas las gargantas,
sonáronme á sublime cántico religioso. ¡Profundamente conmovido,
mi corazón latía con violencia, un calofrío sacudió mi piel y mis
lágrimas estuvieron á punto de correr!...
El espectáculo era tan emocionante como instructivo. Aquellos mismos
hombres, que momentos antes charlaban y reían con esa sana alegría,
inequívoco signo de fortaleza y optimismo, acordáronse todos,
antes de separarse, de que eran hijos de una misma madre, la noble
Albión, y de que debían, por tanto, sentirse hermanos en espíritu y
corazón... ¿Quién conoce el himno patriótico de la raza hispana?
Entonces comprendí muchas cosas. Y mejor que en el decantado libro
de -Des Moulins-, advertí en qué consiste la decantada superioridad
del pueblo anglo-sajón. Artífices de su grandeza son, ciertamente, la
robusta mentalidad y la rectitud y energía de carácter. Considero,
sin embargo, como principales resortes dos cosas totalmente
descuidadas en España y en los países de nuestra estirpe: la
educación del patriotismo y la inoculación intensiva del espíritu de
solidaridad.
[Ilustración: Fig. 90.--Las cataratas del Niágara vistas desde la
orilla yanqui.]
Ciencia, cultura superior, austeridad administrativa, orgullo
ciudadano, heroísmo militar, etc., representan transformaciones
de una misma energía primordial, el -amor de la raza-. En los
felices países de lengua inglesa aparece el patriotismo como algo
profundamente místico, como un fanatismo religioso inoculado en la
niñez y fortalecido después por la educación política.
Antes de mi regreso á España visité algunas ciudades americanas,
é hice también, á título de turista y de cultivador del -Kodak-,
la inevitable excursión á las maravillosas cataratas del Niágara.
Narradas, encomiadas y fotografiadas hasta la saciedad, fuera ahora
imperdonable impertinencia detenerme á describirlas.
Para amenizar y adornar el texto, doy aquí dos de las instantáneas de
mi copiosa colección (figs. 90 y 91).
[Ilustración: Fig. 91.--El brazo principal de la catarata contemplado
desde la orilla canadiense.]
Entre las grandes urbes visitadas durante mi estancia en América,
guardo, sobre todo, vivo recuerdo de Boston, capital del Estado de
-Massachusetts-, la región más poblada y exquisitamente culta de los
Estados Unidos.
Sincera admiración y noble envidia prodújome la visita á la -Harvard
University-.
Cautiváronme sus maestros, alguno tan preclaro como el profesor S.
Minot, de renombre mundial y de quien, dicho sea de pasada, tuve el
honor de ser guiado al través del inacabable dédalo de los palacios
universitarios. Estos espléndidos edificios ocupan área enorme de
la populosa barriada de Boston, llamada, en recuerdo de la célebre
Universidad inglesa, -barrio de Cambridge-.
[Ilustración: Fig. 92.--El -Memorial Hall- (Universidad de Harvard)
donde los estudiantes celebran sus reuniones. Fachada principal del
grandioso edificio.]
Imposible describir aquí estas admirables Instituciones, casi todas
fundadas y sostenidas por los donativos de hijos preclaros de la
ciudad ó de discípulos agradecidos á las enseñanzas del -Alma
mater-. Me limitaré á citar: la magnífica -Facultad de Medicina- con
sus ricas colecciones anatomo-patológicas (-Warren Anat. Museum-)
y sus excelentes Laboratorios de investigación; la -Facultad de
Ciencias-, con el bien organizado -Jefferson Physical Laboratory-;
el -Museo de la Universidad-, enorme construcción que contiene las
colecciones donadas por los célebres naturalistas Agassiz, padre
é hijo; el -Peabody Museum-, inestimable colección arqueológica;
el -Hemenway Gymnasium-, suntuosa construcción regalada á los
estudiantes por un acaudalado ciudadano de Boston; la Biblioteca
de la Universidad (-University Library-), palacio grandioso donde
estudiantes y profesores se reunen para consultar no sólo los libros
científicos, sino las revistas más importantes publicadas en el
mundo; los numerosos y suntuosos Colegios (pasan de 70), donde, á
usanza inglesa, moran los estudiantes, vigilados por profesores é
instructores especiales; los extensos campos de instrucción militar,
de juegos de -tennis-, de balompié, etc., destinados no tanto á
la formación física de los colegiales, cuanto á la educación de
la energía. Y, en fin, para acabar la lista (completa ocuparía
varias páginas), citemos el soberbio -Memorial Hall-, artístico y
monumental palacio cuajado de estatuas de hombres célebres, adornado
con retratos de bienhechores de la Universidad y de inscripciones
clásicas griegas, latinas é inglesas, edificado en memoria de los
estudiantes muertos en la terrible guerra de Secesión: en sus
dilatadas salas celébranse las Juntas de estudiantes, compran
éstos por módico precio sus refrigerios y reciben --y esto es lo
más delicadamente espiritual-- con la contemplación de los héroes
legendarios de la raza y la meditación de sus dichos y máximas,
lección permanente de elevado y confortador patriotismo.
[Ilustración: Fig. 93.--Librería de los Colegios (Gore Hall) de la
Universidad de Boston.]
Particularmente instructiva fué también mi visita á la Biblioteca
de la ciudad de Boston, acaso la más copiosa y mejor organizada
del mundo. Á pesar del dédalo inacabable de salas, corredores,
ferrocarriles aéreos por donde circulan los libros; no obstante la
legión de empleados, linotipistas, impresores y encuadernadores,
etc., á despecho, en fin, del ímprobo trabajo que supone disponer,
clasificar y catalogar varios millones de libros, folletos y
periódicos, el servicio resulta tan rápido y bien ordenado, que pocos
minutos después de hecho un pedido, llega el volumen á las manos del
lector. Á ruegos de mi acompañante hice la prueba, demandando cierto
ejemplar de las primeras ediciones del -Quijote-, conservado allí
cual joya inestimable. Trascurridos apenas tres minutos, entregáronme
el precioso ejemplar. Advertí también, contra mis presunciones,
que dicha Biblioteca es muy rica en libros españoles, antiguos y
modernos, conservándose hasta colecciones de nuestros principales
periódicos.
[Ilustración: Fig. 94.--Escuela médica de Boston (Pabellón Central).]
Y á propósito de la Prensa española y aunque amargue algo el
recuerdo, apuntaré cierta observación del amable Bibliotecario,
por cierto persona cultísima, conocedora del español y del tesoro
de nuestros clásicos (había estado dos años pensionado en Madrid,
escudriñando nuestros archivos y bibliotecas), que tuvo la bondad de
mostrarme todas las dependencias del famoso Establecimiento.
Llegados á la sala de los periódicos extranjeros, detúvose de
pronto, y haciendo una mueca de disgusto, señalóme dos diarios
españoles de gran circulación y cierto periódico satírico, extendidos
sobre una mesa.
[Ilustración: Fig. 95.--Comedor de estudiantes del -Memorial Hall-,
de Boston.]
--¡Esos periódicos --exclamó-- son responsables de la mitad de
la culpa de la pasada guerra! ¡Nos provocaron imprudentemente,
calificándonos de -mercachifles-, -choriceros- y -cobardes-!...
¡Telegrafiados, traducidos y comentados tan soeces insultos por
nuestra Prensa, causaron profunda indignación hasta en los amigos
y admiradores de España, entre los cuales tenía yo la honra de
contarme!...
¡Qué pena oir tales censuras y tener que reconocer su justicia!...
Terminadas mis excursiones, tomé la vuelta de Nueva York, á fin
de disponer el viaje de regreso. Debiendo aguardar algunos días
la llegada del vapor, procuré aprovecharlos, estudiando mejor las
Instituciones docentes y curioseando las novedades y atracciones
industriales de la grandiosa urbe neoyorquina.
[Ilustración: Fig. 96.--Vista de conjunto de la Universidad de
Columbia de Nueva York; el edificio central es la biblioteca.]
Mi primera visita fué para la -Columbia University-, enorme
agrupación de magníficas y amplias construcciones donde, aparte los
edificios destinados á la enseñanza, figuran: copiosa biblioteca,
situada en el centro, según aparece en el dibujo adjunto; la capilla,
el gimnasio, el teatro académico, salones de lectura, colegios,
Museo de Historia natural, campos de juegos, etc. En otras barriadas
de la ciudad álzanse la Facultad de Medicina y la de Farmacia,
con admirables Laboratorios, bibliotecas, colegios, y en fin, la
-Universidad de Nueva York- ó -University Heights-, como allí la
llaman, ilustrada por el célebre profesor Morse, inventor del
telégrafo de su nombre. Fuera interminable describir estas admirables
fundaciones debidas, como la mayoría de las Instituciones docentes
americanas, á la munificencia particular.
Objetos de mi atención fueron también los pintorescos alrededores
de Nueva York y muy singularmente la famosa Escuela militar de
-West Point-, edificada en una altura, con espléndido panorama
sobre el Hudson. En esta Academia modelo, aislada y alejada de las
distracciones y vicios de la ciudad, llevan los cadetes austera vida
conventual, de estudio intensivo y de recia vigorización muscular;
austeridad mitigada por la visita de sus familias y las de muchas
personas de la buena sociedad neoyorquina, que, en determinados días
del mes, toman parte en las fiestas íntimas de la Escuela, conversan
amablemente con los jóvenes oficiales y les dan la impresión
halagadora de que son los hijos predilectos de la patria y la
esperanza de su futuro engrandecimiento.
Quise conocer también las nuevas invenciones industriales del pueblo
más genialmente dotado para el cultivo de la mecánica, y comprobar
de paso los nuevos perfeccionamientos del -fonógrafo- y -grafófono-,
con las mejoras introducidas en el genial invento de Edison por el
italiano Bettini. Según se verá, mi curiosidad en este punto envolvía
algún interés personal. Aunque ello parezca extraño, quien esto
escribe, incubaba también, por entonces, cierto perfeccionamiento de
la máquina parlante. Según achaque de todos los inventores, seres
radicalmente egoístas, deseaba yo que el instrumento se mantuviera
invariado é inmóvil sobre los principios propuestos por el célebre
mago de Mungo-Park.
Mas para justificarme, necesito retroceder en mi relato y hacer una
digresión que sabrá dispensarme el lector en gracia de la moraleja
que encierra. Allá por los años 1895 y 1896, el fonógrafo de Edison
y sus variantes (el -grafófono- de cierta casa de Washington y los
famosos -diafragmas- amplificadores de Bettini), hacían furor en
Madrid. Gracias á la propaganda activa del francés M. Hugens, y sobre
todo á las facilidades de venta de la casa Aramburo, que era como el
casino de los cultivadores del cilindro, la afición á la fonografía
cundió cual epidemia, atacando aun á los que, como yo, fueron siempre
refractarios á los encantos de la música. El invento de Edison nos
proporcionó, sin duda, deliciosas veladas invernales; pero nos llevó
también á cometer muchos abusos. Sin la menor aprensión acometíamos
á los artistas eminentes, cuya bondad poníamos á prueba obligándoles
á impresionar romanzas, canciones y parlamentos cómicos. Recuerdo
que en compañía del simpático Pepe Zahonero --un águila en el arte
de seducir cómicos, poetas y parlamentarios--, llevamos nuestra
impertinencia hasta abordar al famoso Romero Robledo, quien lleno de
bondad honró nuestra bocina declamando trozos de sus discursos, entre
otros, uno pronunciado en defensa de la Duquesa de Castro-Enríquez,
considerado por él como el mejor de sus éxitos parlamentarios[185].
[185] Por cierto que habiendo cierto médico forense oído en
mi casa éste elocuente alegato, exclamó: ¡Así se escribe la
historia!...
--¿Cómo?... ¿Sospecha usted acaso que la Duquesa maltrató
realmente á la infeliz niña?
--De ello tengo absoluta certidumbre. Hice el examen de la
víctima, cuya piel estaba salpicada de cardenales y contusiones.
En un rapto de cólera la tal Duquesa la golpeó y pateó
horriblemente.
¡Vaya con los abogados!... ¡Por algo decía el despierto Romero
que el tal discurso, por cuya virtud quedó la Duquesa absuelta y
limpia de toda sospecha de sevicia, fué el más resonante de sus
triunfos!
Pero las máquinas parlantes de entonces adolecían de un grave
defecto. Los aficionados al fonógrafo recordarán que, cuando se
impresionaba débilmente la cera del cilindro receptor, la voz se
reproducía con timbre y modulación casi naturales, pero con gran
tenuidad de volumen, justificándose la frase de Letamendi, que
llamaba al fonógrafo el -conejo parlante-. Si, por el contrario,
deseando intensificar la impresión, se cantaba ó hablaba cerca de la
bocina, la voz resultaba chirriante, estridente é insoportable para
todo oído delicado.
Previo análisis minucioso de las condiciones físicas de tan
desagradable defecto[186], ocurrióseme la idea de que si el zafiro
grabador, en vez de inscribir la ondulación sonora en el sentido de
la profundidad, pudiera desarrollarla en plano, trazando sobre placa
de cristal ó metal raya continua ó sinuosa, sería dable intensificar
poderosamente el sonido, mejorar la pureza del timbre y, en fin,
descartar ó aminorar al menos el desapacible estridor.
[186] La causa del estridor es, según es sabido, puramente
mecánica. Conforme revela la más somera exploración microscópica
de los surcos, depende de que el estilete grabador, en vez de
labrar en la cera canal continuo, ondulado en el sentido de la
profundidad, esculpe fosetas aisladas y profundas, separadas
mediante espacios limpios de toda impresión. De donde se
infiere que el diafragma, durante su enérgico vaivén, graba
exclusivamente la mitad, y á veces menos, de la ondulación
sonora, sin las curvas secundarias de las notas armónicas
indispensables á la buena traducción del timbre. Y tal defecto
resulta irremediable á causa de la dureza del material de
inscripción. El empleo de amplio cilindro atenúa algo, pero no
corrige, el referido defecto.
Entusiasmado con la idea encargué á un maquinista inhábil (á falta
de mecánico de precisión) la construcción de mi fonógrafo de disco,
mientras ensayaba métodos prácticos de moldear en gelatina, cera ó
celuloide. Por desgracia, el aparato, si confirmó plenamente el nuevo
principio de inscripción y las ventajas presupuestas, funcionaba
deplorablemente. Y solicitado por más apremiantes ocupaciones, olvidé
el desdichado artefacto, que arrumbé en el desván en espera de un
mecánico capaz de comprenderme[187].
[187] Sólo en disposiciones cinemáticas accesorias y en el
material usado para el moldeamiento de los discos (ebonita)
difería mi aparato del lanzado por la -Gramophone Company-. Yo
comenzaba por grabar sobre metal ó cristal recubiertos por capa
de cera, y procedía después á obtener un galvano del que tomaba
copias en gelatina ó celoidina. El movimiento del diafragma
reproductor, inclinado naturalmente en ángulo recto sobre el
disco impresionado, era movido, no por el disco mismo según
ocurre en el gramófono de aguja, sino mediante mecanismo de
relojería; disposición, sin duda, menos elegante y sencilla, pero
que tiene la ventaja de conservar mejor los finos trozos de la
inscripción.
Posteriormente, imaginé otro invento fonográfico más complicado
y de difícil ejecución, el -fotofonógrafo amplificador-, cuya
descripción podrá ver el lector curioso en -La Naturaleza-, año
1903. El registro de la ondulación del sonido hacíase sobre placa
fotográfica merced á doble espejo fijo en membrana vibrante. Y
de esta especie de prueba negativa se sacaba una positiva sobre
cristal gelatinado y sensibilizado, siguiendo el proceder clásico
de Poitevin para la obtención de pruebas al carbón dotadas de
relieve. La sensibilidad del diafragma era tal (el rayo de luz
hacía veces de palanca), que podían registrarse á distancia
normal discursos y obras musicales.
Disponíame ya á ejecutar este nuevo aparato cuando llegó á mi
noticia que el mismo Edison había obtenido patente, poco tiempo
antes, para un invento, si no igual, fundado al menos en el
mismo principio. Mi mala estrella, ó por mejor decir, mi crasa
ignorancia de las patentes fonográficas registradas durante
los últimos años, me arrebataron, sin remedio, el mérito de la
prioridad.
Pues bien; el aparato imaginado por mí, y en parte construído durante
los años 1895 y 1896, me lo encontré flamante y recién lanzado al
público con el nombre de -gramófono- en cierto comercio de Nueva
York. Divulgado después por el mundo entero y explotado por la
Sociedad Americana del -Gramophone- y sus hijuelas de Europa, dicho
aparato sirvió de base á un negocio espléndido, cifrado en muchísimos
millones.
No por vanidad pueril refiero estas cosas, sino para que mis lectores
biólogos, médicos ó naturalistas, aprendan á mi costa á no malgastar
el tiempo persiguiendo invenciones fuera del círculo de la propia
competencia. Al abandonar el tajo habitual chocamos siempre con
el escollo de ignorar ó de conocer somera ó incompletamente los
antecedentes bibliográficos é industriales (patentes de invención
registradas, etc.) del asunto, así como la labor intensa y sigilosa
desarrollada por hábiles ingenieros á sueldo de los grandes
establecimientos industriales de Europa y de América.
En condiciones tales --agravadas todavía en nuestro país por la casi
imposibilidad de hallar talleres donde se construyan instrumentos
delicados y de gran precisión--, el invento acariciado, caso de
realizarse plenamente, suele llegar al mercado con deplorable
retraso, y siempre con mengua de nuestras energías é intereses.
Por otra parte, conviene desconfiar mucho de las invenciones de
sentido común. ¡La lógica es don tan corriente, tan generosamente
repartido! Y aunque sea humillante para el orgullo del investigador,
fuerza es confesar que sólo los hallazgos casuales son completa y
absolutamente nuestros. ¡Precisamente aquellos en que menos parte
hemos tomado!...
[Ilustración]
CAPÍTULO XVI -bis-
Aquejado de una crisis cardíaca, resuelvo vivir en el campo,
donde organizo mi Laboratorio. -- En mi casita de Amaniel
sorpréndeme la noticia de la concesión del -premio internacional-
llamado -de Moscou-. -- Felicitaciones calurosas de los amigos
y compañeros, homenajes entusiastas de los discípulos y fiesta
conmemorativa en la Universidad. -- Mi discurso á la juventud
en la solemnidad académica. -- Por iniciativas de la Prensa,
el Gobierno acuerda crear un Laboratorio de investigaciones
biológicas. -- Algunos trabajos emprendidos durante el bienio de
1900 y 1901.
El año de 1900 ocurrió un suceso que tuvo capital influencia en mi
porvenir científico. El -Congreso internacional de Medicina-, reunido
en París, tuvo la bondad de adjudicarme el importante y codiciado
-premio internacional- (6.000 francos). Instituído por la ciudad de
Moscou para conmemorar el Congreso médico celebrado pocos años antes
en tal ciudad, dicho galardón debía otorgarse al trabajo médico ó
biológico más importante publicado en el mundo entero, durante cada
trienio ó intervalo entre dos Asambleas médicas. Y á propuesta del
Dr. Albrecht, de Viena, y con el voto unánime de los miembros del
-Comité directivo-, se convino en galardonar con él mis modestas
investigaciones. En la misma sesión acordóse también celebrar en
Madrid el siguiente Congreso de 1903.
Según refirieron testigos presenciales, el entusiasmo de los
delegados y congresistas de los países latinos fué grande y
sincero. Los plácemes á nuestros representantes oficiales y los
vivas á España atronaban la sala. En nombre de nuestro país y de la
ciencia española, el Dr. Calleja, balbuciente de emoción, pronunció
elocuente y sentidísimo discurso de gracias. Fué casi --permítaseme
lo excesivo del comentario-- una fiesta cordial de la raza hispana;
porque del inesperado triunfo se congratularon, con noble y generosa
unanimidad, todos los congresistas de España y de las Repúblicas
hispano-americanas.
Cuando allá por el mes de Agosto de dicho año, sucedía esto en París,
hallábame yo veraneando en mi recién construída casita de los Cuatro
Caminos, prosiguiendo tranquilamente mis atrayentes exploraciones
sobre la estructura cerebral.
Aunque el hecho carezca de importancia, permítaseme explicar por
qué escogí para la edificación de mi casa de campo un barrio pobre,
habitado casi exclusivamente por obreros.
Durante el otoño é invierno de 1899, mi salud dejaba harto que
desear. Invadióme la neurastenia, acompañada de palpitaciones,
arritmias cardíacas, insomnios, etc., con el consiguiente abatimiento
de ánimo. Semejantes crisis cardíacas atacan frecuentemente á las
personas nerviosas fatigadas, sobre todo durante esa fase de la vida
en que declina la madurez y asoman los primeros desfallecimientos
precursores de la vejez. Fuera de que mi carácter, aun en las
épocas de salud floreciente, propendió siempre, según dejo dicho,
á la soledad y al recogimiento. Yo he sido siempre un melancólico,
empeñado en conquistar la alegría y el sueño con la cháchara jovial
del café y con las fatigas y emociones del Laboratorio. Naturalmente,
mis dolencias agriaron aun mi natural triste é hipocondríaco. Y,
por reacción fisiológica y moral, acometióme violenta pasión por
el campo. Todo mi afán cifrábase en disponer de quinta modesta y
solitaria, rodeada de jardín, y de cuyas ventanas se descubrieran, de
día, las ingentes cimas del Guadarrama, y de noche, sector celeste
dilatadísimo, no mermado por aleros ni empañado por chimeneas. Aparte
la ansiada -ración de infinito-, deseaba oponer á mi -spleen-, á
guisa de contraste sentimental, la oleada de bulliciosa alegría que
se desborda los domingos y tardes soleadas desde las guardillas de
Madrid hasta los democráticos merenderos de Amaniel. Allí, lejos del
tumulto cortesano, trabajaría á mi sabor durante los meses estivales,
rodeado de árboles y flores y en medio de un vivero de animales
de Laboratorio --las pobres víctimas de la Ciencia--, amén de los
humildes seres que gratuita y pródigamente nos ofrece cualquier
cercado (lagartijas, lombrices, orugas, caracoles, etcétera). Allí,
en fin, sumergido en aquella calma sedante, aplacaríanse mis nervios
y tejería en paz la tela de mis ideas.
Poco hay que escoger en los alrededores de Madrid para nido de un
espíritu romántico, enamorado de cuadros pintorescos. Sólo las
frondosas hondonadas y las vertientes vecinas del puente de Amaniel,
con espléndidas vistas á la Moncloa, al Guadarrama y á El Escorial,
prometían adecuado marco á mi casita, que á ser posible hubiera
emplazado en lo alto del Guadarrama.
Compré, pues, en dicha barriada de los Cuatro Caminos huerta no muy
extensa, y mandé construir modesta quinta, circundada de jardín,
emparrado é invernadero liliputienses, escalonados en cuesta y
expuestos al sol del mediodía. Y procediendo á lo temerario puse
todos mis ahorros en la obra. Los libros de texto, tan maldecidos
por el padre de familia, y obsesión permanente del Marqués de
Villaviciosa --conste que los míos se vendían á 30 reales--,
transfiguráronse en ladrillos y baldosas y sublimáronse después en
flores, frutas, abejas y palomas.
Mi curación honró poco á la Farmacopea. Una vez más triunfó el
mejor de los médicos: el instinto, es decir, la incansable -vis
medicatrix-. Porque luego de instalado con la familia en la
campestre residencia, mi salud mejoró notablemente. Al fin alboreó
en mi espíritu, con la nueva savia, hecha de sol, oxígeno y aromas
silvestres, alentador optimismo. Y, por añadidura, llovieron sobre mí
impensadas satisfacciones y venturas.
Fué, pues, como decía antes, en mi modesto cigarral de Amaniel,
situado en la calle de Almansa y frontero del canalillo (que con
sus puentes rústicos y algo de imaginación evocan los románticos
canales de Venecia), donde me sorprendieron el sentido telegrama
de felicitación del doctor Calleja y las benévolas y esperadas
ampliaciones noticieriles de la Prensa.
Grande fué mi alegría al recibir la fausta nueva y más al advertir
que la honra venía acompañada de algunos miles de francos, dádiva
no despreciable para un bolsillo exhausto. «-Ce qui ne gâte rien-»
como dicen los franceses. Y quedaran colmadas las medidas del
deseo, si deberes elementales de cortesía no me hubieran obligado á
contestar á miles de telegramas de felicitación, tarjetas postales y
cartas congratulatorias. Aquel chaparrón de plácemes --cordialmente
agradecidos, naturalmente-- duró más de un mes, obligándome á aplazar
-sine die- mis favoritas ocupaciones y á exprimir mi pobre magín
--casi vacío de fórmulas corteses-- en aderezar y matizar en lo
posible las obligadas expresiones de agradecimiento y las inevitables
manifestaciones de modestia.
Entre las felicitaciones, debo recordar, por la calidad de sus
autores, el sentido telegrama de S. M. la Reina Cristina; la carta
afectuosa del Presidente del Consejo de Ministros, D. Francisco
Silvela; la no menos cariñosa del Ministro de Fomento, el Mensaje del
Ayuntamiento de Zaragoza, etc., etc. Ni es lícito pasar por alto los
artículos encomiásticos de la Prensa política y profesional. En mi
memoria viven, con rasgos indelebles, la elocuente biografía escrita
para el -Heraldo- por mi eminente compañero, el Dr. Amalio Gimeno; la
primorosa Crónica de -El Imparcial- ofrendada por Mariano de Cavia,
el maestro del buen decir y del patriótico pensar; los artículos
laudatorios de -El Liberal-, -La Época- y -La Correspondencia-, etc.;
y, en fin, cierto panegírico, tan entusiasta como cariñoso, inserto
por mi amigo el Dr. Márquez en un periódico médico.
Y omito la visita de Comisiones, los banquetes oficiales, los
homenajes privados[188], los ágapes de los amigos.
[188] No quisiera dejarme en el tintero el delicado y tiernísimo
rasgo de los esposos Tolosa Latour, ángeles tutelares de la
infancia, quienes, después de consultar los gustos de mis hijos,
obsequiáronles con lindos juguetes y hasta con objetos de valor
(un -kodak-, las obras de Campoamor, caja de música, etc.), para
que asociaran en su memoria el recuerdo del impensado triunfo del
padre con las dulzuras de un deseo satisfecho.
Aun pecando de prolijo, séame permitido mencionar todavía algunas
distinciones y consagraciones oficiales.
S. M. la Reina me agració, por iniciativa del Gobierno, con la -Gran
Cruz de Isabel la Católica-, cuyas insignias costearon generosos los
estudiantes de la Facultad de Medicina, en la cual, dicho sea de
pasada, se celebró solemne sesión conmemorativa. Meses después se me
concedía la -Gran Cruz de Alfonso XII- y se me nombraba Consejero de
Instrucción pública.
Pero el homenaje de que guardo más profundo agradecimiento fué la
fiesta académica celebrada, meses después, en el paraninfo de la
Universidad, con asistencia de los profesores y alumnos. En ella
pronunciaron elocuentes y sentidísimos discursos el Ministro de
Fomento, que se dignó honrar el acto con su presencia; el Rector, Sr.
Fernández y González; y, en fin, D. Julián Calleja y D. Alejandro San
Martín.
Mi ingénita cortedad sufrió entonces durísima prueba. Aquel chaparrón
de elogios exagerados, en cuyo fondo latía noble sentimiento de
patriótico regocijo, me emocionó profundamente. Previendo que, en
tan difíciles circunstancias, mi corazón habría de paralizar mi
pobre palabra, dí las gracias en discurso escrito, que fué bastante
celebrado y mereció la honra de ser reproducido, acompañado de
agradables comentarios, por la Prensa política y profesional.
He aquí los principales párrafos de esta oración, que reproduzco
porque, además de contener algunos datos autobiográficos (motivos
de mi actuación científica, etc.), reflejan con bastante fidelidad
los anhelos fervientes de resurgimiento intelectual que el reciente
infortunio nacional había despertado en la juventud universitaria
española:
«Señores: El homenaje tan cariñoso como sincero que el Claustro
de la ilustre Universidad de Madrid, presidido por el jefe
supremo de la enseñanza y dignísimo representante del Gobierno
de S. M., ha querido rendirme en el día de hoy, me coloca en
un trance apuradísimo. La más elemental cortesía me obliga á
mostrarme agradecido á la inusitada honra que me dispensáis;
pero me impone también, con la obligación de contestaros, un
sosiego de espíritu y una quietud del corazón, de todo punto
incompatibles con la solemnidad del acto y su extraordinaria
significación en mi vida profesional. Permitidme, pues, que en
esta ocasión, rompiendo con la costumbre, para evitar la emoción
paralizante de la palabra hablada, recurra á la palabra escrita.
El cerebro turbado por la emoción es como el lago agitado por
la tormenta: éste no refleja bien las estrellas del cielo y los
árboles de sus orillas; aquél no acierta á traducir las ideas y
los sentimientos surgidos en la mente. Existen sin duda ánimos
de tal temple, que saben sentir y pensar á un tiempo; yo tengo,
desgraciadamente, el cerebro esclavo del corazón, y sólo me
permito pensar á hurtadillas de éste.
Sírvanme, pues, estas cuartillas de antifaz que oculta semblante
demudado ó descompuesto. Parapetado tras de ellas, os diré sin
más preámbulos, que vuestros sinceros y entusiastas plácemes me
llegan á lo más vivo é íntimo del alma, y que los inusitados
testimonios de consideración y simpatía con que os habéis
complacido en enaltecerme y confundirme, quedarán grabados
perennemente en mi memoria, en el archivo de los recuerdos
sagrados, junto á las placenteras memorias de la edad juvenil, y
entretejidos con la imagen adorada de mi madre.
... Exageráis sin duda el alcance de mis trabajos y la fortuna
de mi obra científica. No rayan tan alto ni van tan lejos como
vuestra benevolencia imagina. Aunque bien se me alcanza que lo
extremado de vuestros encomios encamínase á fin más alto: al
premiar al modesto investigador de hoy, habéis querido sobre todo
estimular la investigación científica del mañana. Con patriótica
previsión os proponéis, sin duda, lo que podríamos llamar -la
ejemplaridad del aplauso-. Patente hoy á los ojos de la juventud
estudiosa la generosidad del Gobierno y de la Universidad para
conmigo, cuantos sientan en sí el acicate de la emulación,
podrán decir: «Si esto se hace con Cajal, humilde explorador de
la naturaleza viva, ¿qué no harán con nosotros si alcanzamos la
fortuna de igualar algún día á los más eminentes impulsores del
progreso científico?».
Habéis cariñosamente aludido á lo singular de mis facultades y
á lo peregrino de mis aptitudes para el cultivo de la Ciencia;
y en todo ello habéis mostrado más bondad que justicia. No soy
en realidad un sabio, sino un patriota; tengo más de obrero
infatigable que de arquitecto calculador... La historia de
mis méritos es muy sencilla: es la vulgarísima historia de
una voluntad indomable resuelta á triunfar á toda costa. Al
considerar melancólicamente, allá en mis mocedades, cuánto
habían decaído la Anatomía y Biología en España y cuán escasos
habían sido los compatriotas que habían pasado á la historia de
la Medicina científica, formé el firme propósito de abandonar
para siempre mis ambiciones artísticas, dorado ensueño de mi
juventud, y lanzarme osadamente al palenque internacional de la
investigación biológica. Mi fuerza fué el sentimiento patriótico;
mi norte el enaltecimiento de la toga universitaria; mi ideal,
aumentar el caudal de ideas españolas circulantes por el mundo,
granjeando respeto y simpatía para nuestra Ciencia, colaborando,
en fin, en la grandiosa empresa de descubrir la Naturaleza, que
es tanto como descubrirnos á nosotros mismos.
Lo conseguido constituye, por tanto, ofrenda de amor á mi país,
fruto del culto ferviente á la gloriosa aula española; pero obra
incompleta, mezquina, que deploro sinceramente sea tan inferior
á vuestros homenajes, tan desproporcionada con las tradiciones
de la Universidad, y tan indigna de los merecimientos de nuestro
infortunado país.
... Harto modestos son los lauros conquistados; mas si en
algo los estimáis, bríndolos de todo corazón á la Universidad
española, como ofrenda del discípulo reverente al -alma mater-,
y con ese noble orgullo con que el soldado consagra á la Virgen,
que le amparó en trances difíciles, el humilde trofeo ganado en
playas remotas.
Y bien miradas las cosas, os devuelvo lo que en justicia os
pertenece. Hijo soy de la Universidad; á ella le debo lo que
sé y todo lo que valgo; ella me enseñó á amar la Ciencia y á
reverenciar á sus cultivadores; ella me guió y alentó en mis
primeros ensayos experimentales, ofreciéndome generosamente, en
la medida de sus pobres recursos, los medios materiales para
mis trabajos; ella, en fin, al mostrarme un pasado espléndido
y glorioso al través de un presente poco consolador, despertó
en mi ánimo juvenil la fibra del patriotismo, sugiriéndome la
inquebrantable resolución de consagrar mi vida á las tareas
redentoras del Laboratorio, para reanudar en suma, hasta
donde mis fuerzas alcanzaran, la casi olvidada tradición de
originalidad de la Medicina española.
Afortunadamente, la Universidad española de hoy siente ya ansias
de vida y de renovación, y desea caminar resueltamente por la
vía del progreso. Revélase en algunos de sus maestros, atenidos
antes á su misión meramente docente, loable emulación por sacudir
la tutela intelectual extranjera, y por cooperar, con propio y
personal esfuerzo, á la conquista pacífica de la naturaleza y del
arte. Por fortuna, nuestras aulas, calificadas más de una vez
de fortalezas de la autoridad de los textos y de la rutina del
pensamiento, se han abierto ya al oreo vivificador del espíritu
crítico y del pensar universal, y en ellas brilla con luz propia
lucida pléyade de estadistas, científicos, humanistas y literatos
ilustres.
Prosigamos todos con ardor creciente en esta tarea salvadora;
trabajemos para que la Universidad sea lo que debe ser, tanto
fábrica de ideas como foco de educación y cultura nacionales.
Hoy más que nunca urge este supremo llamamiento al heroísmo del
pensar hondo y del esfuerzo viril. Me dirijo á vosotros, los
jóvenes, esperanza del mañana. En estos últimos luctuosos tiempos
la patria se ha achicado; pero vosotros debéis decir: «Á patria
chica, alma grande». El territorio de España ha menguado; juremos
todos dilatar su geografía moral é intelectual. Combatamos
al extranjero con ideas, con hechos nuevos, con invenciones
originales y útiles. Y cuando los hombres de las naciones
más civilizadas no puedan discurrir ni hablar en materias
filosóficas, científicas, literarias ó industriales, sin tropezar
á cada paso con expresiones ó conceptos españoles, la defensa de
la patria llegará á ser cosa superflua; su honor, su poderío y su
prestigio estarán firmemente garantidos, porque nadie atropella á
lo que ama, ni insulta ó menosprecia lo que admira y respeta.
He nombrado á la patria y deseo que, en tan solemne ocasión, sea
ésta la última palabra de mi desaliñado discurso. Amemos á la
patria, aunque no sea más que por sus inmerecidas desgracias.
Porque «el dolor une más que la alegría», ha dicho Renan.
Inculquemos reiteradamente á la juventud que la cultura superior,
la producción artística y científica originales constituyen labor
de elevado patriotismo. Tan digno de loa es quien se bate con el
fusil como el que esgrime la pluma del pensador, la retorta ó
el microscopio. ¡Honremos al guerrero que nos ha conservado el
solar fundado por nuestros mayores! Pero enaltezcamos también al
filósofo, al literato, al jurista, al naturalista y al médico,
que defienden en el noble palenque de la cultura internacional
el sagrado depósito de nuestra tradición intelectual, de nuestra
lengua y cultura, en fin, de nuestra personalidad histórica y
moral, tan discutida y á veces tan agraviada entre los extraños.»
En aquella ocasión, la prensa, siempre buenísima conmigo, prestóme
servicio inestimable. En sus bondadosos elogios, exageró, sin duda,
la penuria de mis medios instrumentales, y la desproporción entre
mis recursos económicos y los resultados obtenidos. En todo caso,
sus campañas, tanto más agradecidas cuanto más espontáneas, crearon
cierto estado de opinión, recogido diligente y generosamente por
el Gobierno de D. Francisco Silvela, quien propuso al Consejo de
Ministros, después de amable consulta con el interesado, la fundación
de un -Instituto de investigaciones científicas-, donde el humilde
laureado de París pudiera desarrollar ampliamente y sin cortapisas
económicas sus trabajos biológicos. Singularmente entusiastas del
pensamiento mostráronse, y así me lo manifestaron, el Ministro
de Instrucción pública, García Alix, y F. Villaverde, á la sazón
encargado de la cartera de Hacienda.
Decidido el Gobierno á realizar prontamente el pensamiento, tramitóse
inmediatamente la indispensable consulta al Consejo de Estado --las
Cortes estaban cerradas-- y se consignaron para la compra de material
é instalación del Laboratorio 80.000 pesetas, dejando para las
Cortes la legalización del proyecto, así como la aprobación de los
créditos de material y personal. Con verdadera munificencia fijó el
Sr. Silvela la gratificación del Director en 10.000 pesetas, cifra
excesiva que, á mis ruegos, fué rebajada por el Conde de Romanones,
sucesor del Sr. García Alix, cuando en 1901 subió al Poder la
situación liberal. Obtenida la sanción de los Cuerpos Colegisladores,
el nuevo Centro de estudios, designado -Laboratorio de
Investigaciones biológicas-, instalóse provisionalmente en un hotel
de la calle de Ventura de la Vega. Meses después, y por iniciativa
del nuevo Ministro de Instrucción pública, trasladóse definitivamente
al Museo del Dr. Velasco. Á título de ayudante, prestóme su concurso
el Dr. Sala Pons, alumno brillante de la escuela de Barcelona, del
cual he hablado ya, con ocasión de enumerar los colaboradores de
mi -Revista trimestral micrográfica-. En fin, transcurridos dos ó
tres años, aumentóse la plantilla con otro ayudante y un preparador
competente en las artes del dibujo.
[Ilustración: Fig. 97.--Conjunto de la arborización terminal del
nervio coclear en los ganglios acústicos del gato.-- A, tronco del
nervio; B, rama ascendente; C, rama descendente y posterior. Nótese
el diverso comportamiento de cada rama.]
Excusado es decir que la creación del referido Laboratorio satisfizo
plenamente mis aspiraciones. Sobre proporcionarme instrumental
copioso y modernísimo, hizo desaparecer el -déficit-, que, no
obstante los recursos de la Facultad y la generosidad del Dr. Busto,
me ocasionaban la compra de libros y Archivos científicos, y sobre
todo la publicación de mi -Revista trimestral-, de que vino á ser
continuación el nuevo Anuario titulado -Trabajos del Laboratorio de
Investigaciones biológicas-. Excelente papel, grabados y litografías
sin tasa, extensión ilimitada del texto en proporción con el original
disponible, fueron las ganancias materiales logradas; y como
provechos docentes la colaboración cada día más intensa y reiterada
de mis ayudantes y discípulos. Séame lícito notar que en los citados
-Trabajos-, creados en 1902, han visto la luz hasta hoy más de 140
monografías originales, lo que me da el derecho y la satisfacción de
pensar que el sacrificio hecho por el Estado no ha sido estéril para
el progreso de la Ciencia y el crédito de España en el extranjero.
Todo lo cual demuestra algo que tengo manifestado ya en otra
parte[189], á saber: que no hay país en donde el trabajo honrado
y los esfuerzos en pro de la Investigación sean más cordial y
-prácticamente- agradecidos que en España. Estoy por decir, si se
me apura, que nuestro calumniado país es acaso la nación europea en
donde el cultivo de la Ciencia constituye más saneado y decoroso
negocio.
[189] -R. Cajal-: Reglas y Consejos sobre la Investigación
biológica, 4.ª edición, 1916.
Durante el bienio de 1900 y 1901, dí á la estampa algunos trabajos
dignos de ser notados, además de las ya mentadas comunicaciones sobre
la corteza acústica y olfativa. He aquí algunos de ellos:
1.º -Disposición terminal de las fibras acústicas ó del nervio
coclear-[190] (figura 97).--Se demuestra en este trabajo que
las fibras del coclear exhiben dos clases de arborizaciones:
las -terminales- ó conos de Held, espesas y pobres en ramas,
que se aplican sobre las células del foco ventral; y las
-colaterales-, representadas por ramitas finas, que constituyen
plexos delicados, situados entre las células. Se señalan,
también, diferencias en la disposición de las ramas terminales,
según la profundidad en el foco ventral (B y C), y se consignan
algunas inducciones fisiológicas sacadas de los nuevos hechos de
estructura de los ganglios acústicos. En la figura 97 puede verse
el conjunto de la arborización terminal del citado nervio.
[190] -Cajal-: Disposición terminal de las fibras del nervio
coclear. -Revista trimestral micrográfica-, núms. 2, 3 y 4. Con 2
figuras, 1900.
[Ilustración: Fig. 98.--Corte que muestra la terminación de la
vía central sensitiva en el ratón.-- A, foco sensitivo ó lateral
del tálamo; B, vía sensitiva; E, cuerpo de Luys; G, pedúnculo
cerebral; F, fascículo lenticular de Forel; J, campo de Forel; -a-,
arborizaciones terminales de las fibras sensitivas.]
2.º -Contribución al estudio de la vía sensitiva central y
de la estructura del tálamo óptico-[191].--Algunos autores
(Monakov, Dejerine, Mahaim, etc.), habían sospechado que las
fibras del lemnisco interno ó vía sensitiva poseían una estación
intermediaria en el tálamo; pero la existencia de semejante
interrupción no había podido ser anatómicamente demostrada.
[191] -Cajal-: Contribución al estudio de la vía sensitiva
central y de la estructura del tálamo óptico. (Con 4 grabados).
-Revista trimestral micrográfica-, tomo V, 1900.
Nuestras observaciones en el tálamo de ratas y ratones probaron
definitivamente que las fibras del lemnisco interno se terminan
todas, á favor de arborizaciones libres complicadas, en el
espesor del -foco talámico ventral- (Nissl) ó -núcleo lateral-
(Kölliker) (A). Dentro de cada arborización yace un islote de
células, cuyos axones dirígense hacia el cerebro, engendrando la
vía -sensitiva superior ó talámico-cortical-. En la figura 98, A,
B, mostramos estos interesantes hallazgos.
Por primera vez se demuestra también en este trabajo la presencia
de fibras centrífugas ó -cortico-talámicas-, que, naciendo en la
corteza cerebral y cruzando el cuerpo estriado, se arborizan en
los susodichos islotes talámicos.
Otro hecho nuevo se consigna además: La mayoría de los autores
que se han ocupado del -cordón de Forel- lo reputan nacido en
el cuerpo estriado (Dejerine, etc.) ó de procedencia óptica
(Kölliker). Nuestras investigaciones probaron incontestablemente
que sus fibras representan colaterales de la vía piramidal,
nacidas detrás del cuerpo de Luys, y dirigidas, por encima de la
-substancia nigra- y en sentido anteroposterior, á la región de
la -calota- (véase la fig. 98, F).
En fin, se precisa además el origen y la terminación de las
fibras exógenas del -núcleo de Luys-, señaladas por Mirto y
Kölliker (E).
-Textura del lóbulo olfativo accesorio-[192].--Gudden, Gansen y
Kölliker descubrieron en los roedores un departamento superior
del bulbo olfatorio que consideraron como un lóbulo peculiar
de este centro, pero sin asignarle propiedades estructurales
específicas.
[192] -Cajal-: Textura del lóbulo olfativo accesorio. (Con 5
figuras). -Trab. del Lab. de invest. biol.-, tomo I, 1901.
Nuestras investigaciones probaron que dicho foco posee una
estructura propia distinta de la del resto del lóbulo y que en él
penetra un manojo particular de fibras olfativas. Prescindiendo
de pormenores descriptivos, nos concretaremos á decir que dicho
lóbulo, por lo fino y delicado de su organización, podría
compararse con la foseta central de la retina; es decir, que
representaría el lugar de la máxima acuidad olfativa de los
roedores. En la figura 99, D, reproducimos un corte donde se ve
penetrar el fascículo olfativo especial.
[Ilustración: Fig. 99.--Sección en el cavia del lóbulo olfativo
accesorio; D, cordón especial destinado á este núcleo; -a-,
arborizaciones de estas fibras olfativas; -b- y -c-, células
especiales de esta región del bulbo.]
-Significación probable de las células de axon
corto-[193].--Después de revisar la repartición y conexiones
de tales neuronas en los diversos focos nerviosos, se concluye
que no pueden estimarse como anillos intercalares obligados
entre las fibras aferentes y las neuronas de axon largo, sino
como cadenas laterales anejas á las vías principales, á quienes
proporcionarían energía nerviosa almacenada. En suma, tales
elementos vendrían á ser algo así como condensadores de potencial
destinado á aumentar la tensión del impulso nervioso en las vías
principales aferentes y eferentes. Trabajos ulteriores recaídos
sobre la retina de vertebrados é invertebrados (insectos,
cefalópodos, etc.) nos confirman en tal opinión.
[193] -Cajal-: Significación probable de las células de axon
corto. -Trab. del Lab. de invest. biol.-, tomo I. (Con 3
esquemas), 1901.
-Estructura del tubérculo cuadrigémino posterior-[194].--Entre
los hallazgos comunicados en este trabajo, tengo por más
importantes los siguientes:
[194] -Cajal-: Estructura del tubérculo cuadrigémino posterior,
cuerpo geniculado interno y vías acústicas centrales. -Trab. del
Lab. de invest. biol.-, tomo I. (Con 6 grabados), 1901.
1.º La demostración de que, en los roedores, una buena parte
de las fibras del -lemnisco externo- ó vía acústica central se
bifurcan, suministrando una rama posterior arborizada en el
núcleo del tubérculo distal y otra anterior ramificada en el
-cuerpo geniculado interno ó posterior- (fig. 100, A, -a-, -b-).
[Ilustración: Fig. 100.--Figura esquemática encaminada á mostrar
el comportamiento en los roedores del -lemnisco externo-, ó vía
acústica secundaria.-- A, lemnisco externo; B, tubérculo cuadrigémino
posterior; C, cuerpo geniculado interno; D, cuerpo geniculado
externo; -e-, vía acústica talamo-cortical ó terminal; -b-,
bifurcación de la vía acústica secundaria.]
2.º Descubrimiento de que la -vía acústica central- descripta por
diversos autores, y sobre todo por Held, no marcha directamente
al cerebro, sino que se termina en el cuerpo geniculado interno,
á favor de arborizaciones libres en contacto con neuronas, cuyos
axones forman la vía acústica superior ó -tálamo cortical- (fig.
100, C).
3.º Aportación de nuevos datos estructurales acerca del -cuerpo
geniculado interno- y -corteza del tubérculo cuadrigémino
posterior- (núcleo, corteza lateral, comisuras, etc.). Imposible
dar aquí detalles de estas aportaciones. En la figura 100
reproducimos cierto esquema donde aparecen las vías esenciales
del -cuerpo geniculado interno-, -tubérculo cuadrigémino
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