sensitiva central cruzada; R, raíces motrices de la médula espinal;
G, ganglios raquídeos y raíces sensitivas.]
Las cosas pasan algo diversamente en los mamíferos, en donde la
doble proyección visual copia la misma región del espacio. En
dichos animales existe, según es sabido, el -cordón homolateral-
(figura 73, -d-). Á causa de esta vía óptica, la duplicidad de
la sensación visiva, inevitable -à priori- dado el campo visual
común, ha sido ingeniosamente eludida, gracias á la concurrencia
en el mismo grupo de pirámides cerebrales, de aquellas fibras
ópticas homolaterales y oposito-laterales, correspondientes
á puntos homólogos de ambas retinas, y portadoras, por
consiguiente, del mismo detalle de la imagen.
[Ilustración: Fig. 73.--Esquema destinado á mostrar en el hombre y
mamíferos de campo visual común la imagen mental formada por síntesis
de las dos representaciones del objeto, transmitidas por ambos
nervios ópticos.-- -d-, fascículo óptico homolateral; -c-, fascículo
cruzado; -g-, ganglio geniculado externo y pulvinar; -Rv-, región
visual del cerebro, con la forma de la proyección mental.]
En todo caso, según aparece en la figura 73, la aparición
del haz directo no supone abandono de los beneficios del
entrecruzamiento; éstos subsisten, porque decusada la vía óptica
principal, siempre resulta que la imagen proyectada en el cerebro
derecho se continúa con la dibujada en el izquierdo (-Rv-).
En fin, en la figura 72, M mostramos que el reparto en ambos
cerebros de la representación visiva mental (el izquierdo
donde se proyectan los objetos situados á nuestra derecha, y
el derecho donde se pintan los de la izquierda), ha motivado
correlativamente el entrecruzamiento de la vía motriz principal
voluntaria, así como el de las vías sensitivas y sensoriales
primarias de la médula y bulbo (S). Y esto ocurre tanto en los
animales de visión panorámica como en el hombre y primates. La
mira perseguida por el organismo ha sido doble: primeramente
coordinar en un solo hemisferio cerebral las impresiones
sensoriales (acústica, olfativa, visual, táctil, etc.)
llegadas por el mismo lado del espacio, á fin de abreviar las
consiguientes vías de asociación, y después, y merced al cruce
de las vías motrices voluntarias, compensar el efecto de las
-decusaciones- sensoriales para reaccionar predilectamente, con
el aparato muscular correspondiente, por el lado de la excitación
periférica.
[Ilustración: Fig. 74.--Esquema destinado á mostrar las distintas
especies de fibras de asociación de la corteza y el camino tomado
por los residuos de la sensación para confluir en el recuerdo.--
I, imagen mental en el centro cortical de la visión; R, recuerdo
archivado en el foco correspondiente de representación; -d- y -c-,
fibras directas y cruzadas, mediante las cuales la imagen sensorial
bilateral es llevada á una región monolateral de la corteza; -Rm-,
región motriz del cerebro; -Ro-, región de representación óptica;
-Ra-, región de representación acústica; -o-, región cortical
olfativa; -Ik-, fibras de asociación iconokinéticas; -Im-, fibras de
asociación ideokinéticas; -Iioa-, fibras de asociación interideales ó
acústico-visuales; -Iiao-, fibras de asociación acústico-olfativas.]
En fin, como postulados generales interpretativos de la
organización cerebral señalamos estos cuatro: a) -Unidad de
función espacial-, ó sea que cada grupo de neuronas cerebrales
corresponde exclusivamente á un punto del espacio y nunca á dos.
b) -Simetría concéntrica sensorial.- Cada hemisferio simboliza
una mitad vertical y lateral de la superficie cutánea sensible,
incluyendo en ella los sentidos y los aparatos sensibles
orgánicos y musculares. c) -Ley de asimetría conmemorativa-.
Las esferas sensoriales y motrices de la corteza cerebral
son simétricas, pero no las zonas representativas ó ideales
(-centros de asociación- de Flechsig), las cuales residen
íntegramente en cada hemisferio (fig. 74, R). Justifícase así la
creación del cuerpo calloso (-c-) y de otras vías comisurales
é intrahemisféricas, destinadas á concentrar en cada foco
conmemorativo isodinámico y monolateral los residuos sensoriales
brotados de entrambos centros perceptivos.
Sirva de explicación la figura 74, donde mostramos con la
disposición probable de los centros perceptivos la justificación
teórica del cuerpo calloso.
En la aludida Memoria sobre el -kiasma óptico- se desarrollan
también, por incidencia, algunas consideraciones sobre el
posible mecanismo cerebral de la -percepción del relieve-; y á
título de aplicación de las mismas, descríbense algunas pequeñas
invenciones estereoscópicas, tales como: cierto aparato destinado
á contemplar á distancia el relieve de la doble imagen proyectada
por la linterna (aparato fundado en el principio de los prismas
de Nicol y de la polarización por reflexión); y determinada
disposición mecánica, con igual fin concebida, y destinada á
producir eclipses alternativos de la imagen estereoscópica,
proyectada en un telón.
Mis ideas sobre el móvil utilitario de los entrecruzamientos
alcanzaron éxito lisonjero de publicidad. Extractadas ó reproducidas
íntegramente por muchas revistas extranjeras, merecieron además
la honra de una buena traducción alemana, bajo la forma de libro,
del Dr. Bresler; versión amablemente prologada por el célebre
profesor Pablo Flechsig, de Leipzig. No obstante sus defectos, que
no desconozco[167], mi teoría sugirió interesantes trabajos. Entre
otras investigaciones, provocó la ya mentada de Kölliker[168],
rectificadora de anteriores errores; la de Havet[169], francamente
confirmatoria, recaída en el -kiasma de los crustáceos-, y la
muy interesante del Dr. Márquez[170], donde los postulados de
mi concepción fueron ingeniosa y afortunadamente aplicados al
esclarecimiento de los cruces de algunos nervios motores del globo
ocular.
[167] La sinceridad me obliga á confesar que en mi trabajo se
contienen doctrinas de valor muy desigual. Hoy, á la distancia de
veinte años y aparecidas numerosas investigaciones sobre el tema,
estimo como concepción sólidamente fundada la explicación del
cruce fundamental de los nervios ópticos; probable y plausible
nada más el corolario relativo á la decusación compensadora
de las vías motrices y sensoriales, y francamente aventurados
ciertos análisis y conclusiones tocantes á las condiciones
histológicas de la percepción del relieve, etc.
[168] -Kölliker-: Neue Beobachtungen zur Anatomie des -Chiasma
opticum-. Würzburg, 1899.
[169] -Havet-: -Revista trimestral micrográfica-, tomo IV, 1899.
[170] -Márquez-: Nuevas consideraciones acerca de los
entrecruzamientos motores del aparato de la visión. -Revista
trimestral micrográfica-, tomo X, 1900.
Conforme era de presumir, los hechos positivos consignados en mi
trabajo acogiéronse con aplauso y apreciáronse en todo su valor por
los sabios especialistas. Mas en cuanto á la teoría propiamente
dicha, los dictámenes discreparon. Ciertos sabios aprobaron
provisoriamente la explicación utilitaria de los entrecruzamientos,
en espera de mejor concepción; otros, como Lugaro, la criticaron con
respeto, aceptando, empero, algunos de sus postulados y proponiendo
otra hipótesis; alguno la rechazó de plano, sin aducir razones
serias ni exponer concepción más plausible; cierto médico vienés
la encomió hasta la hipérbole, alzando en su entusiasmo al modesto
anatómico español á la altura de los más geniales pensadores; en fin,
dos sabios, inglés el uno y alemán el otro, publicaron años después
mi teoría como fruto de propias meditaciones: género de homenaje
que, por involuntario é impersonal, hallé singularmente grato. De
cualquier modo, repito, ninguno de mis impugnadores antiguos ó
modernos ha logrado imaginar explicación más sencilla y satisfactoria
del cruce fundamental de las vías ópticas en los vertebrados
inferiores y del cruce parcial de las mismas en el hombre y
mamíferos.
De los demás trabajos del año 1898, me contentaré con exponer los
títulos y las conclusiones:
-Algunos detalles más sobre la anatomía del puente de
Varolio-[171].--Contiene nuevos pormenores sobre las colaterales
y bifurcaciones pontales de la -vía piramidal-, y cierta teoría
poco feliz acerca del modo de acción de este sistema vector de
los movimientos voluntarios.
[171] Algunos detalles más sobre la anatomía del puente de
Varolio y consideraciones acerca de la doble vía motriz. -Revista
trimestral micrográfica-, núm. 2, Junio de 1898. Con una figura.
-La estructura del cono terminal de la médula espinal-[172]
encierra multitud de detalles descriptivos nuevos tocantes al
comportamiento de la substancia blanca, raíces posteriores,
substancia gris, etcétera, al nivel del extremo caudal del eje
cerebro-raquídeo de los mamíferos, detalles en cuya exposición no
podemos entrar.
[172] Estructura fina del cono terminal de la médula espinal.
-Revista trimestral micrográfica-, Septiembre de 1898. Con tres
grabados.
-La red superficial de las células nerviosas centrales-[173]
confirma en los mamíferos á favor del método de Ehrlich
modificado, el encuentro de Golgi, reivindicando de pasada
la prioridad esencial del hecho y añadiendo algunas minucias
descriptivas, etc.
[173] La red superficial de las células nerviosas centrales.
-Revista trimestral micrográfica.- Con un grabado.
[Ilustración]
CAPÍTULO XVI
Mi labor durante los años 1899 y 1900. -- Nuevos estudios
sobre la corteza cerebral, en los cuales se aborda el encéfalo
humano. -- Elementos característicos del encéfalo del hombre.
-- Estructura de la región visual. -- Estudios sobre la corteza
acústica, táctil y olfativa.
Dejo mencionados, en anteriores capítulos, algunos análisis
afortunados de la -corteza cerebral- de los mamíferos inferiores.
Marchando por este camino, natural era que, tarde ó temprano,
abordase la fina anatomía del cerebro humano, con razón considerado
como la obra maestra de la vida.
Sentía yo entonces vivísima curiosidad --algo novelesca-- por la
enigmática organización del órgano del alma. «Reina el hombre --me
decía-- sobre la Naturaleza por la excelencia arquitectónica de su
cerebro. Tal es su ejecutoria, su indiscutible título de nobleza y
de dominio sobre los demás animales. Y si mamífero tan ruin como el
roedor --el ratón, por ejemplo-- ostenta corteza cerebral de fino y
complicadísimo artificio, ¿qué imponderable estructura, qué asombroso
mecanismo no deben de ofrecer las circunvoluciones del encéfalo
humano, singularmente en las razas civilizadas?»
En mis pesquisas guiábame también cierta hipótesis directriz.
Parecíame improbable y hasta un poco atentatoria á la dignidad
humana, la opinión generalmente aceptada por entonces de que entre el
cerebro de los mamíferos (gato, perro, mono, etc.) y el del hombre
median solamente diferencias cuantitativas.
En tal supuesto, la excelencia del encéfalo humano consistiría
exclusivamente en el mayor número de pirámides y en la superior
copiosidad de fibras asociativas. Pero el lenguaje articulado, la
capacidad de abstracción, la aptitud de forjar conceptos y, en fin,
el arte de inventar instrumentos ingeniosos, especie de prolongación
de la mano y de los aparatos sensoriales, ¿no parecen anunciar
(aun admitiendo coincidencias fundamentales de estructura con los
animales) la existencia de resortes originales, de algo, en fin,
cualitativamente nuevo y justificativo de la nobleza psicológica del
-homo sapiens-?
Microscopio en ristre lancéme, pues, con mi habitual ardor á la
conquista de la pretendida característica anatómica del rey de la
Creación, á la revelación de esas enigmáticas neuronas estrictamente
humanas, sobre que se funda nuestra superioridad zoológica.
Á decir verdad, y dada la insuficiencia de los métodos en boga, la
empresa se presentaba ardua y difícil, aun poniendo en ella paciencia
y perseverancia infatigables. Además, era preciso vencer ó burlar
prejuicios morales y sociales, harto difundidos y arraigados.
Sabido es que los métodos de coloración más exquisitamente
selectivos, como el proceder de Ehrlich y el de Golgi, rinden
solamente buenos resultados cuando se aplican sobre piezas nerviosas
fresquísimas, casi palpitantes. Y por exigencias de la ley,
consagradora de añejos infundados temores, el cadáver humano no entra
en la jurisdicción del anatomista sino veinticuatro horas después
de la muerte, cuando las delicadísimas y susceptibles neuronas y
células neuróglicas han sufrido graves alteraciones y perdido,
por ende, su preciosa apetencia por los citados reactivos (azul de
metileno y cromato de plata).
Á pesar de todo, recordará el lector que el método de la coloración
negra había sido ya aplicado con éxito en el hombre por Golgi y sus
discípulos. Es fuerza convenir, sin embargo, que tales ensayos,
si acrecieron singularmente nuestro patrimonio neurológico, no
fueron poderosos, acaso en virtud de las consabidas limitaciones,
á esclarecer los rodajes más importantes de la máquina cerebral
humana, á saber: la determinación de sus tipos celulares específicos
en cada provincia encefálica, la forma general de las conexiones
interneuronales, y en fin, el modo de terminar de los conductores
sensitivos y sensoriales arribados de la periferia, etc.
Mas por aquellos tiempos arredrábanme poco los obstáculos. Decidido
á superarlos busqué material para mis trabajos en la Inclusa y Casa
de Maternidad, dominios donde, por razones obvias, la tiranía de
la ley y las preocupaciones de las familias actúan muy laxamente.
Gracias á los buenos oficios del Cuerpo facultativo de los citados
establecimientos benéficos, y sobre todo al decidido concurso del Dr.
Figueroa (médico reputado arrebatado prematuramente á la ciencia),
amén de la complacencia con que me favorecieron las buenísimas
hermanas de la Caridad (quienes llevaron su amabilidad hasta
convertirse en ayudantes de autopsia), mis investigaciones marcharon
como sobre ruedas. Puedo afirmar que durante una labor de dos años
dispuse libremente de cientos de fetos y de niños de diversas edades,
que disecaba dos ó tres horas después de la muerte y hasta en
caliente.
Mi tesón alcanzó al fin su premio, y á despecho de los muchos
fracasos técnicos (determinadas infecciones impiden la reacción del
cromato argéntico), la colecta de hechos nuevos fué exuberante. Ante
mi insistente curiosidad, el cerebro humano comenzaba á balbucear
algunos de sus secretos. Por desgracia, estas confidencias resultaban
todavía harto fragmentarias. Mas por algo se empieza.
Sólo á grandes rasgos haré el balance de mis ganancias de entonces.
Citaré, entre otros hechos de carácter general, el encuentro de
varios tipos nuevos de neuronas de axon corto, característicos
del cerebro humano; la averiguación, según yo deseaba, de las
arborizaciones terminales de los conductores sensitivos y
sensoriales; el hallazgo de -cestas- pericelulares legítimas
comparables á los elegantes nidos del cerebelo y asta de Ammon;
la discriminación de las varias especies neuronales de la capa
molecular, etcétera. Pero mi principal objetivo consistió en
desentrañar la estructura de los -centros perceptivos ó sensoriales-
(-centros de proyección- de Flechsig). En cada uno de ellos, mis
preparaciones mostraron, con claridad absoluta, una urdimbre
específica y absolutamente inconfundible, quedando así asentada
sobre bases histológicas inconmovibles la doctrina, a la sazón muy
discutida, de las -localizaciones cerebrales-.
Claro es que el análisis de los citados centros efectuóse por
etapas. Era labor de muchos años, la cual resultó muy incompleta,
á pesar de mi perseverancia. Primeramente exploré la anatomía
de las -circunvoluciones visuales-[174] (-fisura calcarina- y
territorios vecinos del lóbulo occipital), parajes cerebrales
donde son proyectadas las imágenes recogidas por la retina. Tiempo
después, escudriñé las -esferas auditiva-[175], -motriz-[176] y
-olfativa-[177]. Y por causas que expondré oportunamente, sólo puse
el pie en el umbral de las -esferas conmemorativas- (-centros
de asociación- de Flechsig), no obstante mi ardiente curiosidad
alimentada y sobreexcitada por el éxito.
[174] -Cajal-: Estudios sobre la corteza cerebral humana. I
-Región visual-. -Revista trimestral micrográfica-, tomo IV,
1899. Con 23 grabados.
[175] -- II. -Estructura de la corteza acústica- y
circunvoluciones de la ínsula. -Rev. trim. mic.-, tomo V, 1900.
Con 12 figuras.
[176] -- III. -Región motriz- del hombre y mamíferos superiores.
-Rev. trim. mic.-, tomo IV. 1899. Con 31 grabados.
[177] -- IV. -La corteza olfativa.- -Rev. trim. mic.-, tomo V,
1899. Véase el trabajo más extenso en -Trab. del Lab. de Inv.
biol.-, tomo I, 1901.
[Ilustración: Fig. 75.--Diversos tipos de neuronas de axon corto
encontrados en la corteza cerebral del niño de pocos meses.-- A,
célula bipenachada; B, elemento enano de axon corto; C, célula de
-cestas-; E, pirámide de ramas colaterales arciformes; D, elemento
enano de axon descompuesto en penacho; F, célula de cilindro-eje
ascendente dividido en ramas horizontales larguísimas.]
En la figura 75 presento los tipos neuronales específicos recogidos
por mí en casi todas las provincias cerebrales del hombre. Estos
son: -a-, cierto corpúsculo diminuto (A), bipenachado, cuyo axon
se descompone en plexos apretados de sentido radial, compuestos de
hebras finísimas; -b-, un elemento enano, también de axon corto,
de brevísimas y delicadas dendritas, y cuya arborización nerviosa,
apenas perceptible á causa de su extrema sutilidad, construye
urdimbre tupidísima (B, B′); -c-, otra célula (C), provista de soma
más robusto, y cuyo cilindro-eje genera cestas que rodean el soma
de las pirámides; -d-, cierta pequeña pirámide (E), caracterizada
por exhibir un axon consumido casi del todo en generar larguísimas
colaterales arciformes y recurrentes; -e-, determinado corpúsculo de
talla exigua, cuyo axon ascendente se arboriza como en -zarzal- en
los confines de la zona molecular; -f-, en fin, numerosas variedades
neuronales relativamente robustas, de expansión funcional ascendente,
generadoras, en diversos pisos de la corteza, de larguísimas ramas
horizontales (F).
Los referidos elementos, singularmente el primero, segundo, cuarto
y sexto, son sumamente numerosos y pueden estimarse privativos del
cerebro del hombre. Con lo cual no excluyo en absoluto la posibilidad
de que algunos de ellos inicien ya su aparición, aunque afectando
formas y tamaños más groseros, en la corteza de los mamíferos
superiores, singularmente en la del perro y del mono. En todo caso,
mis investigaciones demostraron que -la excelencia funcional del
encéfalo humano está íntimamente ligada á la prodigiosa abundancia é
inusitado lujo de formas de las llamadas neuronas de axon corto-.
[Ilustración: Fig. 76.--Esquema de los elementos y zonas principales
de la corteza visual del hombre (fisura calcarina).-- A, capa
molecular; B, zona de las pequeñas y medianas pirámides; C, zona
de los gruesos corpúsculos estrellados; D, capa de los granos ó
de los diminutos elementos asteriformes; E, zona de las pirámides
gigantes; F, capa de las pirámides de axon arciforme; G, zona de los
corpúsculos polimorfos; -a-, -b-, -d-, arborizaciones finales de las
fibras visuales centrípetas.]
Para los técnicos á quienes interesen algo estas cosas, referiré
brevemente algunos de mis hallazgos más importantes en los -centros
perceptivos-, ilustrándolos con esquemas.
-Esfera visual.--- -a-) Descubrimiento de las arborizaciones
terminales de las fibras de la vía óptica central (las llegadas
del -cuerpo geniculado externo-). En la figura 76, -b-, -d-,
mostramos una representación del conjunto del plexo terminal.
-b-) Hallazgo, en la zona en que acaban dichas fibras, de unas
células especiales, desprovistas de tallo radial y con figura
estrellada. El axon de tales elementos va á la substancia blanca
después de suministrar robustas colaterales ascendentes (fig. 76,
C).
-c-) Encuentro, en las zonas profundas de la corteza visual,
de ciertas diminutas células (granos profundos), cuyo axon
descendente recoda bruscamente, formando arco, para distribuirse
en las zonas superpuestas (figs. 76, F, y 75, E).
-d-) Descubrimiento de un tipo menudísimo de célula de axon corto
(-células bipenachadas-), cuya expansión funcional, delicadísima,
se descompone en hacecillos radiales de hebras que se aplican al
tallo y cuerpo de las pirámides (figs. 76, -e-, y 75, A).
Continuación de la anterior fué la siguiente monografía, donde se
persigue más de cerca la resolución del problema estructural de la
corteza visual, añadiendo:
-a-) Una nomenclatura y división racionales de las capas de la
substancia gris cerebral.
-b-) El estudio detallado de las células horizontales (-Cajalsche
zellen- de Retzius) de la -zona plexiforme- (fig. 76, A).
-c-) Demostración de la existencia en esta capa de numerosos
elementos de axon corto.
-d-) Hallazgo en las zonas segunda y tercera de varios tipos de
corpúsculos de axon corto, peculiares del cerebro humano (células
de asociación vertical, horizontal á pequeñas distancias, etc.).
De ellos damos esquemas en la figura 75.
-e-) Señalamiento de ciertas células cuyo axon fino y ascendente
genera plexos tupidísimos pericelulares en la zona segunda.
-f-) Análisis detallado de la -estría de Gennari- y capa de las
-células estrelladas-, y demostración de que en esta zona habitan
varios tipos celulares de axon largo y de axon corto. (-Subzona
externa ó de las células estrelladas gigantes-; -subzona interna
ó de los corpúsculos estrellados enanos-; -células de axon corto
ascendente-; -células de axon resuelto en arborizaciones próximas
y delicadísimas-, etc., etc.).
-g-) Descubrimiento de arborizaciones pericelulares ó de cestas
semejantes á las que rodean las células de Purkinje del cerebelo,
en los cuerpos de pirámides de la corteza motriz y visual.
-h-) Análisis detallado del comportamiento de las fibras
componentes del plexo ó -estría de Gennari-, en cuya formación
participan:
-a-) plexo en donde se patentiza la existencia de varias especies
de fibras terminales ó fibras ópticas; -b-) axones de los granos
de la zona de las células estrelladas pequeñas; -c-) axones
ascendentes de los elementos de cayado de las capas subyacentes,
etc.
[Ilustración: Fig. 77.--Conjunto de las arborizaciones terminales de
la vía sensitiva en la corteza motriz del gato.]
De esta Memoria hay una buena traducción alemana, en forma de
folleto, del Dr. Bresler[178].
[178] -Cajal-: Studien über die Hirnrinde des Menschen.
-Übersetzt von Dr. J. Bresler.- Leipzig. Verlag von A. Barth,
1900.
El trabajo sobre la -corteza motriz- encierra:
-a-) Un análisis detallado, á favor del método de Nissl, de las
circunvoluciones centrales con determinación de sus analogías
y diferencias y exposición de una nomenclatura racional de
sus capas. Se demuestra, contra el sentir general, que la
circunvolución parietal ascendente carece de función motriz,
perteneciendo estructuralmente al sistema de asociación (dictamen
confirmado por todos los autores modernos) (figura 78).
[Ilustración: Fig. 78.--Cortes comparativos de las dos
circunvoluciones limitantes de la cisura de Rolando. Adviértase,
que mientras la figura de la derecha, correspondiente á la
corteza frontal ascendente, posee tipo motor, la de la izquierda,
correspondiente á la circunvolución parietal ascendente, afecta
estructura y estratigrafía de corteza conmemorativa ó asociativa.]
-b-) La afirmación de que las gruesas fibras tangenciales
meduladas representan axones de células horizontales.
-c-) Demostración de los fenómenos de atrofia acaecidos en las
dendritas ascendentes de estas últimas células después del
nacimiento.
-d-) Hallazgo de diversos tipos de corpúsculos de axon corto,
habitantes, tanto en la capa plexiforme como en las zonas segunda
y tercera, y descripción de un elemento nervioso menudísimo,
parecido á las células de neuroglia, de las cuales se distingue
por exhibir un axon delicadísimo y arborizado á cortísima
distancia.
-e-) Demostración de que todas las pirámides y células de tallo
radial, aunque residan en las zonas más profundas, envían un
penacho ó fibra protoplásmicos á la zona plexiforme.
-f-) Hallazgo de varias células, cuyo axon forma, en torno de las
pirámides, nidos nerviosos terminales.
-g-) Descripción detallada de la morfología de las pirámides
gigantes.
-h-) Encuentro en la corteza motriz de granos ó elementos
pequeños semejantes á los propios de la región visual.
-i-) Descubrimiento de las fibras sensitivas terminales, cuyas
arborizaciones forman un plexo tupidísimo alojado en la zona de
las medianas pirámides (fig. 77).
-j-) Señalamiento de estas mismas fibras terminales en la
corteza de los mamíferos de pequeña talla y demostración de su
continuidad con tubos perforantes del cuerpo estriado.
-k-) Adopción de un nuevo criterio para la determinación de las
esferas sensoriales de la corteza: la característica de éstas no
sería, como se ha considerado hasta aquí, la presencia de fibras
de proyección, sino la existencia de plexos constituídos por
fibras exógenas, llegadas del cuerpo estriado y continuadas con
las vías sensoriales de segundo orden.
-l-) Se hace una crítica de la conocida clasificación de las
circunvoluciones en -centros de asociación y de proyección-, y
se defiende también para los pequeños mamíferos la existencia de
regiones de -asociación ó conmemorativas-.
De este trabajo existe una traducción alemana del Dr. J. Bresler.
En otra comunicación, aparecida en Marzo de 1900[179], prosigo mis
exploraciones sobre la -corteza motriz- del hombre y mamíferos
superiores, y añado algunos datos relativos á las -fibras callosas-,
de -asociación- y -proyección-, etc.
[179] -Cajal-: Estudios sobre la corteza cerebral humana. II.
Corteza motriz. -Revista trimestral micrográfica-, tomo V, Marzo
de 1900.
Después abordé la -corteza acústica- y las circunvoluciones de la
-ínsula de Reil-[180].
[180] Estructura de la corteza acústica, etc. -Revista trimestral
micrográfica-, tomo V, núm. 2.º y 3.º, Septiembre de 1900.
[Ilustración: Fig. 79.--Células estrelladas gigantes con axon
serpenteante dirigido á la substancia blanca, situadas exclusivamente
en el centro acústico del cerebro.-- -a-, axon.]
Como rasgos peculiares de la -corteza acústica- señalamos
aparte la existencia de pormenores estructurales imposibles de
resumir: -a-, la presencia constante de ciertas células gigantes
estrelladas de axon largo (fig. 79); y -b-, la forma específica
de las pirámides (fusiformes, bipenachadas, etc.) (fig. 80).
[Ilustración: Fig. 80.--Tipos de células piramidales características
de la ínsula de Reil, territorio que pasa por acústico.]
Séame permitido completar esta serie sistemática de trabajos
mencionando todavía, no obstante haber sido publicadas en 1900 y
1901[181], dos extensas monografías concernientes á la -corteza
olfativa- del hombre y mamíferos. Citemos los hechos esenciales en
ellas contenidos:
[181] -Cajal-: Estructura de la corteza olfativa del hombre y
de los mamíferos superiores. -Revista trimestral micrográfica-,
núm. 4, Diciembre de 1900. Á esta monografía siguió, en 1901,
otra complementaria, aparecida en mi nueva revista -Trabajos del
Laboratorio de Investigaciones biológicas-, tomo I.
1.º Confirmación y ampliación de algunos hallazgos hechos antes
en la corteza olfativa frontal (región subyacente á la -raíz
externa- del nervio olfatorio), singularmente en lo tocante
á la manera de terminar las fibras olfativas de segundo orden
dentro de la -zona molecular- del cerebro. En la figura 83, A,
que reproduce un corte de la -raíz olfativa externa- del gato y
de la substancia gris subyacente, aparece este interesante plexo
terminal, en contacto con el penacho periférico de las células
piramidales (fig. 83, D).
[Ilustración: Fig. 81.--Elegantes células piramidales características
de la corteza olfativa del hombre, residentes en el lóbulo piriforme
y en la circunvolución del hipocampo.]
2.º Demostración de la existencia de tipos piramidales
característicos (provistos de penacho ó borla descendente) en
la circunvolución del hipocampo y lóbulo piriforme del hombre
(fig. 81, G), y señalamiento en otras regiones de la citada
circunvolución de variedades neuronales específicas, así como de
sistemas peculiares de agrupación de pirámides enanas, alternando
con elementos asteriformes gigantes (fig. 82, A).
3.º Descubrimiento, en lo alto del -lóbulo olfativo- ó piriforme
de los mamíferos -leiencéfalos- y -girencéfalos-, de un foco
especial (fig. 84), de textura singular, al cual viene á parar
importante vía olfativa, y del cual emana la corriente principal
de fibras exógenas destinada al asta de Ammon. En virtud de este
hallazgo, quedó establecida la existencia de tres focos olfativos
escalonados: el -foco olfativo primario ó corteza esfenoidal
inferior- (fig. 83, A), donde se terminan las fibras de la -raíz
externa- del bulbo olfatorio; el -foco olfativo secundario- (que
hemos llamado -angular ó esfeno-occipital-), donde acaban fibras
nacidas en el núcleo precedente; y el -foco olfativo terciario-,
representado por el asta de Ammon y -fascia dentata-, punto de
arborización final de las fibras emanadas del citado núcleo
angular.
[Ilustración: Fig. 82.--Trozo de un corte de la región olfativa
central ó principal de la circunvolución del hipocampo humano.
Repárense islotes de células menudas separados por fajas de neuronas
gigantes.]
4.º Se reconoce que la corriente importante brotada de este
último foco y desembocada en el asta de Ammon, consta de varias
vías, y principalmente de estas dos:
a) -Haz esfeno-amónico cruzado- ó -psalterio dorsal- de los
autores, el cual, dirigiéndose al rafe por debajo del cuerpo
calloso, se arboriza en el asta de Ammon y -fascia dentata-
del lado opuesto, después de suministrar no pocas fibras al
-presubículo-.
b) -El haz esfeno-amónico directo- ó -vía perforante-, cuyos
axones distribuídos en hacecillos escalonados de arriba abajo,
cruzan el subículo y se reparten por las capas moleculares del
asta de Ammon y -fascia dentata- del mismo lado, poniéndose,
respectivamente, en contacto con el penacho de las pirámides
y granos de estos centros. En la figura 85 mostramos un corte
transversal del foco -esfeno-occipital- ó -angular- (A) y de la
región contigua del asta de Ammon y -subículo-. Adviértase en
B, D, E la importantísima corriente de fibras que enlaza aquel
ganglio con la capa molecular del asta de Ammon y la de la
-fascia dentata-.
[Ilustración: Fig. 83.--Sección de la corteza olfativa frontal, según
la dirección de la raíz externa olfativa.-- A, raíz externa; B, trozo
de bulbo olfativo; D, plexo de colaterales olfativas; F, pirámides,
etc.]
5.º Diferenciación de varias regiones de la corteza esfenoidal
dotadas de peculiar estructura y en conexión con particulares
sistemas de fibras. Tales son el -foco presubicular-, situado por
fuera del subículo, la -región esfenoidal central ó principal- y
la -región esfenoidal externa-.
6.º Descripción en cada uno de estos focos de numerosísimos tipos
de neuronas, y examen de sus plexos específicos y vías aferentes
y eferentes. Muchos de estos estudios se refieren al hombre,
habiendo sido utilizados al efecto los métodos de Nissl, Golgi y
Weigert.
7.º Descripción de la textura de la -corteza interhemisférica- ó
región próxima al cuerpo calloso, esfera cortical cuya textura
contrasta con la del resto de la región fisural.
8.º Determinación precisa del origen y terminación de las fibras
del -cíngulo-, vía de proyección anteroposterior, provista de
colaterales de asociación.
9.º En fin, análisis estructural de las -estrías longitudinales
y supra-callosas-, de los -nervios de Lancisio- y del -fornix
longus- de Forel, con muchos detalles nuevos referentes al origen
y marcha de las fibras.
[Ilustración: Fig. 84.--Corte del foco esfeno-occipital del gato.
Coloración de Nissl.]
La reunión de las citadas monografías constituyó un libro que tradujo
al alemán el Dr. Bresler, y que me valió halagüeños elogios de las
grandes autoridades de la neurología.
Quien desee conocer los detalles descriptivos, abrumadores por lo
prolijos y variados, recogidos pacientemente por mí en el dominio
de la corteza cerebral durante los años 1899, 1900 y 1901, debe
consultar dicha traducción alemana, ó mejor aún, mi Tratado en tres
gruesos volúmenes: -Textura del sistema nervioso del hombre y de los
vertebrados-, en cuyo tercer tomo expongo más ceñida y ordenadamente
y con esquemas y figuras aclaratorias no contenidas en las memorias
correspondientes, mis ideas y hallazgos sobre el plan estructural del
encéfalo del hombre y mamíferos afines. Pero de este extenso libro
--la obra de mi vida-- comenzado en 1899 y terminado en 1904, me
ocuparé oportunamente.
[Ilustración]
CAPÍTULO XVII
Con ocasión de conmemorar el decenario de su fundación la
Universidad de Clark (Estados Unidos), centro de estudios
superiores, soy invitado, juntamente con otros profesores
europeos, á dar algunas conferencias. -- Tórrido calor de Nueva
York. -- Mi viaje á Boston y Worcester (Mass.), donde se celebró
la fiesta universitaria. -- El patriotismo anglo-sajón. --
Algunas causas morales de la guerra suscitada entre los Estados
Unidos y España. -- Las instituciones docentes de Boston y de
Nueva York.
Hallábame, allá por Junio de 1899, enfrascado en las antedichas
exploraciones del cerebro humano, cuando llegó á mis manos una
cortés invitación de la Universidad americana de Worcester (-Clark
University-), Centro de investigaciones superiores, comparable con
el -Colegio de Francia-, para dar varias conferencias acerca de mis
investigaciones sobre la corteza cerebral. Tratábase de celebrar
cierta fiesta académica solemne, con asistencia de muchos sabios
americanos y europeos, al objeto de conmemorar el X año de la
fundación de la citada Universidad, obra de la generosidad privada,
como suelen serlo entre los yanquis las escuelas profesionales y los
Establecimientos de alta cultura. Para costear gastos de viaje, el
oficio de invitación incluía un cheque de 600 dólares.
Profundamente sorprendido y perplejo quedé al recibir semejante
mensaje. No me explicaba cómo en los Estados Unidos habíanse acordado
de un humilde investigador español, de un profesor perteneciente á la
raza vencida y humillada.
[Ilustración: Fig. 85.--Corte horizontal del asta de Ammon y corteza
esfenoidal vecina.-- A, núcleo esfeno-occipital ó angular; R,
subículo; J, asta de Ammon; F, capa molecular de la -fascia dentata-;
B, sección de la vía esfeno-amónica cruzada; D, vía esfeno-amónica
directa.]
Asaltóme una duda. ¿Podía yo, razonablemente, pocos meses después de
la guerra, vibrantes todavía en España la indignación y el encono por
el inicuo despojo colonial, aceptar tan comprometida misión?
Consulté el caso con el ministro de Fomento, Marqués de Pidal, y
con algunas personas cuyos consejos tenía en mucho; y contra lo
presumible, el Gobierno, los amigos y hasta la Prensa política
(que comentó el suceso con palabras muy halagadoras para mí),
aconsejáronme unánimemente la aceptación del delicado y difícil
honor.
De buena gana lo habría declinado. Cuanto más que mi salud distaba
mucho de ser por aquella fecha floreciente. De resultas de gripe
tenaz ó acaso por consecuencia de las emociones excesivas del
laboratorio (cada descubrimiento interesante ó que me lo parece,
cuéstame noches de insomnio), padecía de palpitaciones y arritmias
cardíacas, con las consiguientes preocupaciones é inquietudes. Dócil,
sin embargo, á los ruegos de los amigos y alentado por el ministro,
que me señaló decoroso viático, púseme en camino, acompañado de mi
esposa, para que cuidase de mis achaques.
Después de pasar por París, donde tuve el gusto de saludar á los
profesores M. Duval y M. Dejerine, y de abrazar á mis buenos amigos
M. Azoulay y M. Nageotte, nos embarcamos en el Havre con dirección á
Nueva York, en un buque de la -Compañía Trasatlántica- francesa. Á
bordo tuve la grata sorpresa de encontrar al ilustre Dr. A. Mosso,
profesor de Fisiología de Turín, al gran matemático francés M. E.
Picard, profesor del Colegio de Francia, y al famoso Dr. A. Forel,
consagrado por entonces á interesantes estudios sobre la psicología
de las hormigas. Todos estos sabios habían sido invitados como yo
para la -Clark Celebration-.
Excusado es decir que, en tan selecta compañía, se nos hicieron
brevísimos los doce días de travesía. Los profesores Mosso y Forel,
con quienes intimé mucho durante el viaje, se me revelaron como
personas agradabilísimas, al par que conversadores deliciosos. En
nuestros gratos coloquios de á bordo discurrimos sobre todo lo divino
y humano: filosofía, ciencia, artes, política, etc.
Mediado el mes de Julio, arribábamos á Nueva York, la estupenda
ciudad de los -rasca-cielos-, de los multimillonarios, de los
-trusts- avasalladores y del calor sofocante. Esto último fué
para mí desagradable sorpresa. Creía que los -países de hierba- y
las ciudades marítimas poseen el privilegio de gozar durante la
canícula de moderada temperatura. Y yo, que en nuestro Madrid, la
típica ciudad del sol y del cielo azul, siéntome enervado cuando el
termómetro marca en las habitaciones 27° y 35° en la calle, tuve, mal
de mi grado, que soportar 32° ó 33° centígrados en el hotel y 45° ó
46° en las rúas.
Y no obstante, los yanquis lo soportan como si tal cosa.
Aunque sudando la gota gorda, veíanse por las calles trajinar
afanosamente faquines y albañiles. ¡Oh, la fibra acerada de la raza
anglo-sajona!...
Con aquel sol de fuego y con la profusión de instalaciones domésticas
de gas y electricidad, compréndese que los incendios sean allí el pan
nuestro de cada día. Mal de mi grado hube de presenciar uno de estos
desagradables contratiempos.
Cierto día, y á deshora, inicióse el fuego en el cuarto de un huésped
del principal. Cundió súbitamente la alarma en los hombres y la
nerviosidad y el terror en la mujeres. Algunos huían despavoridos
hacia la escalera principal, interceptada por densa y asfixiante
humareda. Otros, más avisados, nos dirigimos á los balcones, donde
la previsión americana, aleccionada por trágica experiencia, ha
dispuesto ciertas grandes escaleras de salvamento. Pero ¿quién
hace bajar á una señora tímida y nerviosa, como buena española,
por aquellos aéreos peldaños? Por suerte, los bomberos acudieron á
tiempo, sofocando rápidamente el incendio.
Pasado el susto, consideré los curiosos incidentes provocados por el
terror. Desde el punto de vista de la psicología individual, nada
hay más instructivo que un siniestro. Al huir, cada cual abraza á su
ídolo: las madres á sus hijos, los recién casados á sus esposas,
las cómicas á sus joyas y preseas, los comerciantes y banqueros á
sus carteras y maletines. No hay como el espanto, para denunciar el
verdadero carácter y valorar rápidamente los bienes de la vida.
[Ilustración: Fig. 86.--Algunos -rasca-cielos- de la calle ancha ó
-Broadway-, de Nueva York.]
No caeré en la tentación de describir la gran metrópoli americana.
Me limitaré á expresar que admiré la famosa estatua de la libertad
de Bartholdi, el barrio comercial de Brooklyn, el puente audaz
sobre el East River, los suntuosos palacios de la V Avenida, la
famosa catedral de San Patricio, de que tomé por cierto excelentes
fotografías, los colosales -buildings- albergadores de fábricas,
sociedades industriales y grandes rotativos, las deliciosas playas de
Brighton y de Manhattan, el incomparable -parque central- salpicado
de alcores coronados de rocas y cubierto de magníficos árboles, y,
en fin, los espléndidos comercios donde todo se sirve á máquina y en
los cuales, á favor de ingeniosos artificios, la mercancía demandada
circula por carriles aéreos, al través de inacabables corredores y
pisos, llegando en pocos segundos, convenientemente empaquetada, á
las manos del cliente. En la figura adjunta copio una fotografía que
da idea de lo enorme de las construcciones de muchos pisos.
Por cierto que, con ocasión de estos curioseos por los grandes
almacenes, hube de comprobar, con pena, cierta sospecha que yo
tenía sobre los sentimientos instigadores de la agresión de los
Estados Unidos á España. Por consecuencia de la cruel, impolítica
y contraproducente medida de -concentrar en campamentos- toda la
población rural de la gran Antilla, los cubanos supervivientes que,
por falta de ánimos, no engrosaron las huestes de Maceo, huyeron en
masa á los Estados Unidos (Cayo Hueso, Tampa, Nueva Orleans, Nueva
York, etc.), buscando trabajo en campos, fábricas y comercios.
Algunos de estos desventurados, hembras en su mayoría, con quienes
conversamos en los obradores y comercios de Nueva York, nos
refirieron miserias y crueldades desgarradoras. Huelga notar, que las
lamentaciones de tantos millares de prófugos, pregonando y agravando
hasta lo inverosímil la vieja leyenda anglo-sajona de la crueldad
española, crearon en los Estados Unidos un estado emocional, que fué
hábilmente explotado por los laborantes cubanos y por el partido
imperialista ó intervencionista[182].
[182] En descargo de esta inhábil conducta de las autoridades
cubanas, se ha dicho que también fué empleada por la cultísima
Inglaterra en su contienda con los boers. Pero sobre que una
crueldad no se justifica jamás con otra crueldad precedente ó
subsiguiente, quienes así discurren parecen olvidar que sólo las
naciones fuertes pueden cometer impunemente ciertos excesos.
Nuestro Gobierno, autorizando en Cuba las referidas medidas,
procedió como si España viviera sola en el planeta, ó como si las
naciones poderosas y dominantes, vecinas de los Estados débiles,
no hubieran en todo tiempo invocado para sus expoliaciones
pretextos de humanidad y civilización.
Aproximábase la fecha de la fiesta académica de Worcester. Dí, pues,
de mano á mis callejeos y visitas á Institutos científicos y Museos
--algo inferiores entonces á los similares de Inglaterra y Alemania--
y púseme en camino para Boston, ciudad no lejana del término del
viaje. Durante todo el trayecto, hecho en tren expreso, me acompañó
el mismo sofocante calor de Nueva York. Dicho sea en alabanza de la
cultura yanki, las empresas de ferrocarriles hacen lo posible para
mitigar las molestias del viajero. Á este propósito y entre otras
comodidades, cada coche dispone de un gran depósito de agua helada,
servida gratuitamente á los pasajeros, por camareros negros, muy
amables y solícitos.
Á nuestro arribo á Worcester la -ola de calor-, lejos de ceder,
habíase hecho formidable. El hálito abrasador de la atmósfera, apenas
mitigado durante la noche, según ocurre en los climas muy húmedos,
no dejaba respirar. Yo estaba febricitante y semi-congestionado. Por
tal motivo y por haber llegado á deshora, no osé avisar al Rector.
Y así pasé la noche --toledana, en verdad-- tratando de aliviar mi
angustiosa cefalalgia con compresas de agua fría.
Para colmo de contrariedad, celebrábase aquel día la Fiesta de la
Independencia, y un estruendo ensordecedor subía de las calles.
Oíanse himnos patrióticos, vivas estentóreos, estallido de cohetes
y, sobre todo, tiros, ya sueltos, ya en descarga cerrada. Asomadas
á ventanas y azoteas, descubrí muchas personas como frenéticas,
disparando al aire sus rifles. En la calle, hasta las mujeres
enarbolaban banderas y gritaban desaforadamente. Dulces expansiones
monjiles son nuestras castizas broncas de la Plaza de Toros,
comparadas con el estruendo y bullanga del pueblo americano durante
el famoso -Independence day-, en el cual, dicho sea de pasada,
ocurren siempre lamentables desgracias. ¡Triste cosa es que los
hombres sólo acierten á mostrar su júbilo haciendo ruido! Á propósito
de lo cual, cabría preguntar: ¿Alborota el pueblo porque está alegre,
ó alborota para alegrarse? Lo segundo paréceme más cierto que lo
primero. Porque, dígase lo que se quiera, el trabajador manual
--y aún más el intelectual-- son en el fondo animales tristes y
soberanamente aburridos. Pero descartemos reflexiones impertinentes.
Con el alba pasó, al fin, aquella racha de locura y desenfreno. Ya
entrada la mañana, y aliviado un tanto de los efectos del insomnio,
participé mi llegada al honorable Rector de la -Clark University-,
el ilustre psicólogo y educador G. Stanley Hall. Poco después vino
á saludarme y á ponerse á mis órdenes el simpático Secretario y
profesor de la Universidad, mozo de tanta cultura como bríos, según
demuestra el suceso siguiente:
Encargada la busca de un carruaje y avisado el cochero para que,
conforme á usanza americana, acomodara el equipaje en el vehículo,
atajóme cortésmente el elegante Secretario con estas inesperadas
frases:
--¡No vale la pena de molestar al cochero!... Aquí estoy yo para
cargar con el baúl.
Y sin oir nuestros ruegos, el flamante funcionario ladeó garbosamente
su inmaculada chistera, y haciendo alarde de vigor y agilidad
insospechables, bajó en un santiamén el baúl-mundo y la maleta (en
junto pesaban cerca de 90 kilos) y los acomodó diestramente en el
coche.
Azorada estaba mi mujer al contemplar las manchas de polvo y los
inelegantes pliegues que tan precipitada y ruda faena habían
producido en la irreprochable levita. Y exclamó:
--Pero ¿por qué se ha molestado usted? Eso es cosa del camarero...
--No --replicó el atildado -gentleman---; esto es obligación de
todos. Vivimos en América, patria de la democracia, donde nadie toma
á bochorno ó á deshonra el trabajo manual. Aquí sólo reconocemos la
nobleza del talento y del saber...
He aquí una excelente lección de legítima y sana democracia.
Convengamos, empero, en que tan persuasiva propaganda no está al
alcance de todo el mundo. No basta abandonar aristocráticos humos y
señoriles melindres; hacen falta también músculos de acero.
Guiado por el Secretario, el carruaje nos condujo á casa del
huésped, opulento prócer, entusiasta protector de la Universidad y
prototipo de esa especie de filántropos patriotas de que solamente
en Inglaterra y en los Estados Unidos se dan perfectos ejemplares,
quiero decir limpios de egoísmo confesional y de sectarismo político.
Nuestro patrón Mr. Stephen Salisbury, vivía casi modestamente, si se
tiene en cuenta su gran fortuna, que consagraba á obras de civismo,
cultura y beneficencia. Inspirándose en sentimientos de tolerancia y
altruísmo que sorprenderían á nuestros orondos y fanáticos ricachos,
fundó dos hospitales con sendas iglesias: uno para protestantes
(él profesaba la religión reformada) y otro para católicos. Además,
para deleite y enseñanza de sus conciudadanos, erigió un suntuoso
Museo de Arte, cuyo palacio, así como la mayoría de los cuadros,
regaló al Municipio; donó al pueblo cierto parque dilatado, valuado
en millones, y, además, pasaba por ser, según dejo dicho, uno de los
más devotos y generosos protectores de la -Clark University-, donde
costeaba cátedras é instituía premios. ¡Qué hombres!...
El benemérito Mr. Salisbury descendía de un noble inglés arribado á
América con los primeros conquistadores, y moraba en cómoda villa,
donde, ocioso es decirlo, nos alojó y trató á cuerpo de rey. Frisaba
nuestro huésped en los sesenta y cinco, y permanecía soltero, por
horror, nos decía, á la mujer americana, cuyas tendencias varoniles
y excesiva libertad de movimientos (la locura feminista culminaba
entonces) repugnábanle invenciblemente.
Había viajado por España y chapurreaba algo el español. Por cierto,
que al recordar las picantes aventuras de sus viajes por Andalucía
y encarecer la gracia y donaire de las hembras de Cádiz, Sevilla
y Granada, solía decirnos que en España «sólo las mujeres tienen
talento». Á sus ojos, nuestros hombres resultaban deplorablemente
insignificantes.
--Me complazco, exclamaba á veces, en alojar en mi casa á un español
dotado de sentido común...[183].
[183] Por desgracia, este juicio despectivo hacia los españoles
no puede considerarse como chuscada de comensal amable y
chancero. Traduce un sentimiento real, sumamente generalizado
entre los pueblos anglosajones, sobre el cual debieran meditar
mucho peninsulares é hispano-americanos. De mis conversaciones
con yanquis, ingleses y alemanes, he sacado la convicción --no
descubro ningún secreto--, de que, á juicio de los enérgicos
y laboriosos hijos del Norte, las naciones mediterráneas,
y singularmente la portuguesa y la española, constituímos
razas decadentes, degeneradas moral y físicamente, á quienes
debe tratarse sin ninguna contemplación. «Por los americanos
del Sud no sentimos ninguna especie de simpatía», decíame
confidencialmente cierto profesor yanqui, poniendo en su
pensamiento velos de eufemismo.
Creo sinceramente que somos calumniados; pero creo también
que españoles, portugueses é hispano-americanos, con nuestras
grotescas asonadas y pronunciamientos, nuestro desdén por la
ciencia y las grandes iniciativas industriales --que sólo
prosperan cuando se apoyan en descubrimientos científicos
originales--, nuestra secular ausencia de solidaridad política
(rodeados de naciones de fuerza poderosísima y unificadas vivimos
fragmentados en 21 estaditos que se miran con recelo ó se odian
cordialmente) hacemos cuanto es posible para justificar el
desprecio y la codicia de las grandes nacionalidades.
En el adjunto grabado (fig. 87) reproduzco la fotografía de Mr.
Salisbury y de sus dos huéspedes españoles, hecha por un ayuda de
cámara aficionado al arte de Daguerre.
En su afán de sernos agradable y de que mi esposa pudiera penetrar en
la grata intimidad del -home- americano, Mr. Salisbury tuvo la bondad
de presentarnos á una de sus amigas, Mistress Lawton, señora viuda
(uno de sus hijos se había batido en Cavite contra España), dotada de
positivos talentos musicales. Conocía algo el español y para poder
intimar con mi mujer, reforzó aquellos días su escaso léxico merced
á trabajo supraintensivo. Juntas y convertidas en cordiales amigas,
visitaron asilos, iglesias católicas y hospitales (en uno de los
cuales la madre de Mrs. Lawton, con ese noble altruísmo tan general
en América, había legado la renta necesaria para costear una sala),
el -Club de las señoras-, con magníficos salones de conversación y
lectura, los grandes bazares de la ciudad, etc. Como muestra de los
deliciosos y cómodos hoteles habitados por la clase media americana,
reproduzco en la figura 88 la mansión de la citada señora.
[Ilustración: Fig. 87.--Mr. Stephen Salisbury y sus huéspedes
españoles.]
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