sensitiva central cruzada; R, raíces motrices de la médula espinal; G, ganglios raquídeos y raíces sensitivas.] Las cosas pasan algo diversamente en los mamíferos, en donde la doble proyección visual copia la misma región del espacio. En dichos animales existe, según es sabido, el -cordón homolateral- (figura 73, -d-). Á causa de esta vía óptica, la duplicidad de la sensación visiva, inevitable -à priori- dado el campo visual común, ha sido ingeniosamente eludida, gracias á la concurrencia en el mismo grupo de pirámides cerebrales, de aquellas fibras ópticas homolaterales y oposito-laterales, correspondientes á puntos homólogos de ambas retinas, y portadoras, por consiguiente, del mismo detalle de la imagen. [Ilustración: Fig. 73.--Esquema destinado á mostrar en el hombre y mamíferos de campo visual común la imagen mental formada por síntesis de las dos representaciones del objeto, transmitidas por ambos nervios ópticos.-- -d-, fascículo óptico homolateral; -c-, fascículo cruzado; -g-, ganglio geniculado externo y pulvinar; -Rv-, región visual del cerebro, con la forma de la proyección mental.] En todo caso, según aparece en la figura 73, la aparición del haz directo no supone abandono de los beneficios del entrecruzamiento; éstos subsisten, porque decusada la vía óptica principal, siempre resulta que la imagen proyectada en el cerebro derecho se continúa con la dibujada en el izquierdo (-Rv-). En fin, en la figura 72, M mostramos que el reparto en ambos cerebros de la representación visiva mental (el izquierdo donde se proyectan los objetos situados á nuestra derecha, y el derecho donde se pintan los de la izquierda), ha motivado correlativamente el entrecruzamiento de la vía motriz principal voluntaria, así como el de las vías sensitivas y sensoriales primarias de la médula y bulbo (S). Y esto ocurre tanto en los animales de visión panorámica como en el hombre y primates. La mira perseguida por el organismo ha sido doble: primeramente coordinar en un solo hemisferio cerebral las impresiones sensoriales (acústica, olfativa, visual, táctil, etc.) llegadas por el mismo lado del espacio, á fin de abreviar las consiguientes vías de asociación, y después, y merced al cruce de las vías motrices voluntarias, compensar el efecto de las -decusaciones- sensoriales para reaccionar predilectamente, con el aparato muscular correspondiente, por el lado de la excitación periférica. [Ilustración: Fig. 74.--Esquema destinado á mostrar las distintas especies de fibras de asociación de la corteza y el camino tomado por los residuos de la sensación para confluir en el recuerdo.-- I, imagen mental en el centro cortical de la visión; R, recuerdo archivado en el foco correspondiente de representación; -d- y -c-, fibras directas y cruzadas, mediante las cuales la imagen sensorial bilateral es llevada á una región monolateral de la corteza; -Rm-, región motriz del cerebro; -Ro-, región de representación óptica; -Ra-, región de representación acústica; -o-, región cortical olfativa; -Ik-, fibras de asociación iconokinéticas; -Im-, fibras de asociación ideokinéticas; -Iioa-, fibras de asociación interideales ó acústico-visuales; -Iiao-, fibras de asociación acústico-olfativas.] En fin, como postulados generales interpretativos de la organización cerebral señalamos estos cuatro: a) -Unidad de función espacial-, ó sea que cada grupo de neuronas cerebrales corresponde exclusivamente á un punto del espacio y nunca á dos. b) -Simetría concéntrica sensorial.- Cada hemisferio simboliza una mitad vertical y lateral de la superficie cutánea sensible, incluyendo en ella los sentidos y los aparatos sensibles orgánicos y musculares. c) -Ley de asimetría conmemorativa-. Las esferas sensoriales y motrices de la corteza cerebral son simétricas, pero no las zonas representativas ó ideales (-centros de asociación- de Flechsig), las cuales residen íntegramente en cada hemisferio (fig. 74, R). Justifícase así la creación del cuerpo calloso (-c-) y de otras vías comisurales é intrahemisféricas, destinadas á concentrar en cada foco conmemorativo isodinámico y monolateral los residuos sensoriales brotados de entrambos centros perceptivos. Sirva de explicación la figura 74, donde mostramos con la disposición probable de los centros perceptivos la justificación teórica del cuerpo calloso. En la aludida Memoria sobre el -kiasma óptico- se desarrollan también, por incidencia, algunas consideraciones sobre el posible mecanismo cerebral de la -percepción del relieve-; y á título de aplicación de las mismas, descríbense algunas pequeñas invenciones estereoscópicas, tales como: cierto aparato destinado á contemplar á distancia el relieve de la doble imagen proyectada por la linterna (aparato fundado en el principio de los prismas de Nicol y de la polarización por reflexión); y determinada disposición mecánica, con igual fin concebida, y destinada á producir eclipses alternativos de la imagen estereoscópica, proyectada en un telón. Mis ideas sobre el móvil utilitario de los entrecruzamientos alcanzaron éxito lisonjero de publicidad. Extractadas ó reproducidas íntegramente por muchas revistas extranjeras, merecieron además la honra de una buena traducción alemana, bajo la forma de libro, del Dr. Bresler; versión amablemente prologada por el célebre profesor Pablo Flechsig, de Leipzig. No obstante sus defectos, que no desconozco[167], mi teoría sugirió interesantes trabajos. Entre otras investigaciones, provocó la ya mentada de Kölliker[168], rectificadora de anteriores errores; la de Havet[169], francamente confirmatoria, recaída en el -kiasma de los crustáceos-, y la muy interesante del Dr. Márquez[170], donde los postulados de mi concepción fueron ingeniosa y afortunadamente aplicados al esclarecimiento de los cruces de algunos nervios motores del globo ocular. [167] La sinceridad me obliga á confesar que en mi trabajo se contienen doctrinas de valor muy desigual. Hoy, á la distancia de veinte años y aparecidas numerosas investigaciones sobre el tema, estimo como concepción sólidamente fundada la explicación del cruce fundamental de los nervios ópticos; probable y plausible nada más el corolario relativo á la decusación compensadora de las vías motrices y sensoriales, y francamente aventurados ciertos análisis y conclusiones tocantes á las condiciones histológicas de la percepción del relieve, etc. [168] -Kölliker-: Neue Beobachtungen zur Anatomie des -Chiasma opticum-. Würzburg, 1899. [169] -Havet-: -Revista trimestral micrográfica-, tomo IV, 1899. [170] -Márquez-: Nuevas consideraciones acerca de los entrecruzamientos motores del aparato de la visión. -Revista trimestral micrográfica-, tomo X, 1900. Conforme era de presumir, los hechos positivos consignados en mi trabajo acogiéronse con aplauso y apreciáronse en todo su valor por los sabios especialistas. Mas en cuanto á la teoría propiamente dicha, los dictámenes discreparon. Ciertos sabios aprobaron provisoriamente la explicación utilitaria de los entrecruzamientos, en espera de mejor concepción; otros, como Lugaro, la criticaron con respeto, aceptando, empero, algunos de sus postulados y proponiendo otra hipótesis; alguno la rechazó de plano, sin aducir razones serias ni exponer concepción más plausible; cierto médico vienés la encomió hasta la hipérbole, alzando en su entusiasmo al modesto anatómico español á la altura de los más geniales pensadores; en fin, dos sabios, inglés el uno y alemán el otro, publicaron años después mi teoría como fruto de propias meditaciones: género de homenaje que, por involuntario é impersonal, hallé singularmente grato. De cualquier modo, repito, ninguno de mis impugnadores antiguos ó modernos ha logrado imaginar explicación más sencilla y satisfactoria del cruce fundamental de las vías ópticas en los vertebrados inferiores y del cruce parcial de las mismas en el hombre y mamíferos. De los demás trabajos del año 1898, me contentaré con exponer los títulos y las conclusiones: -Algunos detalles más sobre la anatomía del puente de Varolio-[171].--Contiene nuevos pormenores sobre las colaterales y bifurcaciones pontales de la -vía piramidal-, y cierta teoría poco feliz acerca del modo de acción de este sistema vector de los movimientos voluntarios. [171] Algunos detalles más sobre la anatomía del puente de Varolio y consideraciones acerca de la doble vía motriz. -Revista trimestral micrográfica-, núm. 2, Junio de 1898. Con una figura. -La estructura del cono terminal de la médula espinal-[172] encierra multitud de detalles descriptivos nuevos tocantes al comportamiento de la substancia blanca, raíces posteriores, substancia gris, etcétera, al nivel del extremo caudal del eje cerebro-raquídeo de los mamíferos, detalles en cuya exposición no podemos entrar. [172] Estructura fina del cono terminal de la médula espinal. -Revista trimestral micrográfica-, Septiembre de 1898. Con tres grabados. -La red superficial de las células nerviosas centrales-[173] confirma en los mamíferos á favor del método de Ehrlich modificado, el encuentro de Golgi, reivindicando de pasada la prioridad esencial del hecho y añadiendo algunas minucias descriptivas, etc. [173] La red superficial de las células nerviosas centrales. -Revista trimestral micrográfica.- Con un grabado. [Ilustración] CAPÍTULO XVI Mi labor durante los años 1899 y 1900. -- Nuevos estudios sobre la corteza cerebral, en los cuales se aborda el encéfalo humano. -- Elementos característicos del encéfalo del hombre. -- Estructura de la región visual. -- Estudios sobre la corteza acústica, táctil y olfativa. Dejo mencionados, en anteriores capítulos, algunos análisis afortunados de la -corteza cerebral- de los mamíferos inferiores. Marchando por este camino, natural era que, tarde ó temprano, abordase la fina anatomía del cerebro humano, con razón considerado como la obra maestra de la vida. Sentía yo entonces vivísima curiosidad --algo novelesca-- por la enigmática organización del órgano del alma. «Reina el hombre --me decía-- sobre la Naturaleza por la excelencia arquitectónica de su cerebro. Tal es su ejecutoria, su indiscutible título de nobleza y de dominio sobre los demás animales. Y si mamífero tan ruin como el roedor --el ratón, por ejemplo-- ostenta corteza cerebral de fino y complicadísimo artificio, ¿qué imponderable estructura, qué asombroso mecanismo no deben de ofrecer las circunvoluciones del encéfalo humano, singularmente en las razas civilizadas?» En mis pesquisas guiábame también cierta hipótesis directriz. Parecíame improbable y hasta un poco atentatoria á la dignidad humana, la opinión generalmente aceptada por entonces de que entre el cerebro de los mamíferos (gato, perro, mono, etc.) y el del hombre median solamente diferencias cuantitativas. En tal supuesto, la excelencia del encéfalo humano consistiría exclusivamente en el mayor número de pirámides y en la superior copiosidad de fibras asociativas. Pero el lenguaje articulado, la capacidad de abstracción, la aptitud de forjar conceptos y, en fin, el arte de inventar instrumentos ingeniosos, especie de prolongación de la mano y de los aparatos sensoriales, ¿no parecen anunciar (aun admitiendo coincidencias fundamentales de estructura con los animales) la existencia de resortes originales, de algo, en fin, cualitativamente nuevo y justificativo de la nobleza psicológica del -homo sapiens-? Microscopio en ristre lancéme, pues, con mi habitual ardor á la conquista de la pretendida característica anatómica del rey de la Creación, á la revelación de esas enigmáticas neuronas estrictamente humanas, sobre que se funda nuestra superioridad zoológica. Á decir verdad, y dada la insuficiencia de los métodos en boga, la empresa se presentaba ardua y difícil, aun poniendo en ella paciencia y perseverancia infatigables. Además, era preciso vencer ó burlar prejuicios morales y sociales, harto difundidos y arraigados. Sabido es que los métodos de coloración más exquisitamente selectivos, como el proceder de Ehrlich y el de Golgi, rinden solamente buenos resultados cuando se aplican sobre piezas nerviosas fresquísimas, casi palpitantes. Y por exigencias de la ley, consagradora de añejos infundados temores, el cadáver humano no entra en la jurisdicción del anatomista sino veinticuatro horas después de la muerte, cuando las delicadísimas y susceptibles neuronas y células neuróglicas han sufrido graves alteraciones y perdido, por ende, su preciosa apetencia por los citados reactivos (azul de metileno y cromato de plata). Á pesar de todo, recordará el lector que el método de la coloración negra había sido ya aplicado con éxito en el hombre por Golgi y sus discípulos. Es fuerza convenir, sin embargo, que tales ensayos, si acrecieron singularmente nuestro patrimonio neurológico, no fueron poderosos, acaso en virtud de las consabidas limitaciones, á esclarecer los rodajes más importantes de la máquina cerebral humana, á saber: la determinación de sus tipos celulares específicos en cada provincia encefálica, la forma general de las conexiones interneuronales, y en fin, el modo de terminar de los conductores sensitivos y sensoriales arribados de la periferia, etc. Mas por aquellos tiempos arredrábanme poco los obstáculos. Decidido á superarlos busqué material para mis trabajos en la Inclusa y Casa de Maternidad, dominios donde, por razones obvias, la tiranía de la ley y las preocupaciones de las familias actúan muy laxamente. Gracias á los buenos oficios del Cuerpo facultativo de los citados establecimientos benéficos, y sobre todo al decidido concurso del Dr. Figueroa (médico reputado arrebatado prematuramente á la ciencia), amén de la complacencia con que me favorecieron las buenísimas hermanas de la Caridad (quienes llevaron su amabilidad hasta convertirse en ayudantes de autopsia), mis investigaciones marcharon como sobre ruedas. Puedo afirmar que durante una labor de dos años dispuse libremente de cientos de fetos y de niños de diversas edades, que disecaba dos ó tres horas después de la muerte y hasta en caliente. Mi tesón alcanzó al fin su premio, y á despecho de los muchos fracasos técnicos (determinadas infecciones impiden la reacción del cromato argéntico), la colecta de hechos nuevos fué exuberante. Ante mi insistente curiosidad, el cerebro humano comenzaba á balbucear algunos de sus secretos. Por desgracia, estas confidencias resultaban todavía harto fragmentarias. Mas por algo se empieza. Sólo á grandes rasgos haré el balance de mis ganancias de entonces. Citaré, entre otros hechos de carácter general, el encuentro de varios tipos nuevos de neuronas de axon corto, característicos del cerebro humano; la averiguación, según yo deseaba, de las arborizaciones terminales de los conductores sensitivos y sensoriales; el hallazgo de -cestas- pericelulares legítimas comparables á los elegantes nidos del cerebelo y asta de Ammon; la discriminación de las varias especies neuronales de la capa molecular, etcétera. Pero mi principal objetivo consistió en desentrañar la estructura de los -centros perceptivos ó sensoriales- (-centros de proyección- de Flechsig). En cada uno de ellos, mis preparaciones mostraron, con claridad absoluta, una urdimbre específica y absolutamente inconfundible, quedando así asentada sobre bases histológicas inconmovibles la doctrina, a la sazón muy discutida, de las -localizaciones cerebrales-. Claro es que el análisis de los citados centros efectuóse por etapas. Era labor de muchos años, la cual resultó muy incompleta, á pesar de mi perseverancia. Primeramente exploré la anatomía de las -circunvoluciones visuales-[174] (-fisura calcarina- y territorios vecinos del lóbulo occipital), parajes cerebrales donde son proyectadas las imágenes recogidas por la retina. Tiempo después, escudriñé las -esferas auditiva-[175], -motriz-[176] y -olfativa-[177]. Y por causas que expondré oportunamente, sólo puse el pie en el umbral de las -esferas conmemorativas- (-centros de asociación- de Flechsig), no obstante mi ardiente curiosidad alimentada y sobreexcitada por el éxito. [174] -Cajal-: Estudios sobre la corteza cerebral humana. I -Región visual-. -Revista trimestral micrográfica-, tomo IV, 1899. Con 23 grabados. [175] -- II. -Estructura de la corteza acústica- y circunvoluciones de la ínsula. -Rev. trim. mic.-, tomo V, 1900. Con 12 figuras. [176] -- III. -Región motriz- del hombre y mamíferos superiores. -Rev. trim. mic.-, tomo IV. 1899. Con 31 grabados. [177] -- IV. -La corteza olfativa.- -Rev. trim. mic.-, tomo V, 1899. Véase el trabajo más extenso en -Trab. del Lab. de Inv. biol.-, tomo I, 1901. [Ilustración: Fig. 75.--Diversos tipos de neuronas de axon corto encontrados en la corteza cerebral del niño de pocos meses.-- A, célula bipenachada; B, elemento enano de axon corto; C, célula de -cestas-; E, pirámide de ramas colaterales arciformes; D, elemento enano de axon descompuesto en penacho; F, célula de cilindro-eje ascendente dividido en ramas horizontales larguísimas.] En la figura 75 presento los tipos neuronales específicos recogidos por mí en casi todas las provincias cerebrales del hombre. Estos son: -a-, cierto corpúsculo diminuto (A), bipenachado, cuyo axon se descompone en plexos apretados de sentido radial, compuestos de hebras finísimas; -b-, un elemento enano, también de axon corto, de brevísimas y delicadas dendritas, y cuya arborización nerviosa, apenas perceptible á causa de su extrema sutilidad, construye urdimbre tupidísima (B, B′); -c-, otra célula (C), provista de soma más robusto, y cuyo cilindro-eje genera cestas que rodean el soma de las pirámides; -d-, cierta pequeña pirámide (E), caracterizada por exhibir un axon consumido casi del todo en generar larguísimas colaterales arciformes y recurrentes; -e-, determinado corpúsculo de talla exigua, cuyo axon ascendente se arboriza como en -zarzal- en los confines de la zona molecular; -f-, en fin, numerosas variedades neuronales relativamente robustas, de expansión funcional ascendente, generadoras, en diversos pisos de la corteza, de larguísimas ramas horizontales (F). Los referidos elementos, singularmente el primero, segundo, cuarto y sexto, son sumamente numerosos y pueden estimarse privativos del cerebro del hombre. Con lo cual no excluyo en absoluto la posibilidad de que algunos de ellos inicien ya su aparición, aunque afectando formas y tamaños más groseros, en la corteza de los mamíferos superiores, singularmente en la del perro y del mono. En todo caso, mis investigaciones demostraron que -la excelencia funcional del encéfalo humano está íntimamente ligada á la prodigiosa abundancia é inusitado lujo de formas de las llamadas neuronas de axon corto-. [Ilustración: Fig. 76.--Esquema de los elementos y zonas principales de la corteza visual del hombre (fisura calcarina).-- A, capa molecular; B, zona de las pequeñas y medianas pirámides; C, zona de los gruesos corpúsculos estrellados; D, capa de los granos ó de los diminutos elementos asteriformes; E, zona de las pirámides gigantes; F, capa de las pirámides de axon arciforme; G, zona de los corpúsculos polimorfos; -a-, -b-, -d-, arborizaciones finales de las fibras visuales centrípetas.] Para los técnicos á quienes interesen algo estas cosas, referiré brevemente algunos de mis hallazgos más importantes en los -centros perceptivos-, ilustrándolos con esquemas. -Esfera visual.--- -a-) Descubrimiento de las arborizaciones terminales de las fibras de la vía óptica central (las llegadas del -cuerpo geniculado externo-). En la figura 76, -b-, -d-, mostramos una representación del conjunto del plexo terminal. -b-) Hallazgo, en la zona en que acaban dichas fibras, de unas células especiales, desprovistas de tallo radial y con figura estrellada. El axon de tales elementos va á la substancia blanca después de suministrar robustas colaterales ascendentes (fig. 76, C). -c-) Encuentro, en las zonas profundas de la corteza visual, de ciertas diminutas células (granos profundos), cuyo axon descendente recoda bruscamente, formando arco, para distribuirse en las zonas superpuestas (figs. 76, F, y 75, E). -d-) Descubrimiento de un tipo menudísimo de célula de axon corto (-células bipenachadas-), cuya expansión funcional, delicadísima, se descompone en hacecillos radiales de hebras que se aplican al tallo y cuerpo de las pirámides (figs. 76, -e-, y 75, A). Continuación de la anterior fué la siguiente monografía, donde se persigue más de cerca la resolución del problema estructural de la corteza visual, añadiendo: -a-) Una nomenclatura y división racionales de las capas de la substancia gris cerebral. -b-) El estudio detallado de las células horizontales (-Cajalsche zellen- de Retzius) de la -zona plexiforme- (fig. 76, A). -c-) Demostración de la existencia en esta capa de numerosos elementos de axon corto. -d-) Hallazgo en las zonas segunda y tercera de varios tipos de corpúsculos de axon corto, peculiares del cerebro humano (células de asociación vertical, horizontal á pequeñas distancias, etc.). De ellos damos esquemas en la figura 75. -e-) Señalamiento de ciertas células cuyo axon fino y ascendente genera plexos tupidísimos pericelulares en la zona segunda. -f-) Análisis detallado de la -estría de Gennari- y capa de las -células estrelladas-, y demostración de que en esta zona habitan varios tipos celulares de axon largo y de axon corto. (-Subzona externa ó de las células estrelladas gigantes-; -subzona interna ó de los corpúsculos estrellados enanos-; -células de axon corto ascendente-; -células de axon resuelto en arborizaciones próximas y delicadísimas-, etc., etc.). -g-) Descubrimiento de arborizaciones pericelulares ó de cestas semejantes á las que rodean las células de Purkinje del cerebelo, en los cuerpos de pirámides de la corteza motriz y visual. -h-) Análisis detallado del comportamiento de las fibras componentes del plexo ó -estría de Gennari-, en cuya formación participan: -a-) plexo en donde se patentiza la existencia de varias especies de fibras terminales ó fibras ópticas; -b-) axones de los granos de la zona de las células estrelladas pequeñas; -c-) axones ascendentes de los elementos de cayado de las capas subyacentes, etc. [Ilustración: Fig. 77.--Conjunto de las arborizaciones terminales de la vía sensitiva en la corteza motriz del gato.] De esta Memoria hay una buena traducción alemana, en forma de folleto, del Dr. Bresler[178]. [178] -Cajal-: Studien über die Hirnrinde des Menschen. -Übersetzt von Dr. J. Bresler.- Leipzig. Verlag von A. Barth, 1900. El trabajo sobre la -corteza motriz- encierra: -a-) Un análisis detallado, á favor del método de Nissl, de las circunvoluciones centrales con determinación de sus analogías y diferencias y exposición de una nomenclatura racional de sus capas. Se demuestra, contra el sentir general, que la circunvolución parietal ascendente carece de función motriz, perteneciendo estructuralmente al sistema de asociación (dictamen confirmado por todos los autores modernos) (figura 78). [Ilustración: Fig. 78.--Cortes comparativos de las dos circunvoluciones limitantes de la cisura de Rolando. Adviértase, que mientras la figura de la derecha, correspondiente á la corteza frontal ascendente, posee tipo motor, la de la izquierda, correspondiente á la circunvolución parietal ascendente, afecta estructura y estratigrafía de corteza conmemorativa ó asociativa.] -b-) La afirmación de que las gruesas fibras tangenciales meduladas representan axones de células horizontales. -c-) Demostración de los fenómenos de atrofia acaecidos en las dendritas ascendentes de estas últimas células después del nacimiento. -d-) Hallazgo de diversos tipos de corpúsculos de axon corto, habitantes, tanto en la capa plexiforme como en las zonas segunda y tercera, y descripción de un elemento nervioso menudísimo, parecido á las células de neuroglia, de las cuales se distingue por exhibir un axon delicadísimo y arborizado á cortísima distancia. -e-) Demostración de que todas las pirámides y células de tallo radial, aunque residan en las zonas más profundas, envían un penacho ó fibra protoplásmicos á la zona plexiforme. -f-) Hallazgo de varias células, cuyo axon forma, en torno de las pirámides, nidos nerviosos terminales. -g-) Descripción detallada de la morfología de las pirámides gigantes. -h-) Encuentro en la corteza motriz de granos ó elementos pequeños semejantes á los propios de la región visual. -i-) Descubrimiento de las fibras sensitivas terminales, cuyas arborizaciones forman un plexo tupidísimo alojado en la zona de las medianas pirámides (fig. 77). -j-) Señalamiento de estas mismas fibras terminales en la corteza de los mamíferos de pequeña talla y demostración de su continuidad con tubos perforantes del cuerpo estriado. -k-) Adopción de un nuevo criterio para la determinación de las esferas sensoriales de la corteza: la característica de éstas no sería, como se ha considerado hasta aquí, la presencia de fibras de proyección, sino la existencia de plexos constituídos por fibras exógenas, llegadas del cuerpo estriado y continuadas con las vías sensoriales de segundo orden. -l-) Se hace una crítica de la conocida clasificación de las circunvoluciones en -centros de asociación y de proyección-, y se defiende también para los pequeños mamíferos la existencia de regiones de -asociación ó conmemorativas-. De este trabajo existe una traducción alemana del Dr. J. Bresler. En otra comunicación, aparecida en Marzo de 1900[179], prosigo mis exploraciones sobre la -corteza motriz- del hombre y mamíferos superiores, y añado algunos datos relativos á las -fibras callosas-, de -asociación- y -proyección-, etc. [179] -Cajal-: Estudios sobre la corteza cerebral humana. II. Corteza motriz. -Revista trimestral micrográfica-, tomo V, Marzo de 1900. Después abordé la -corteza acústica- y las circunvoluciones de la -ínsula de Reil-[180]. [180] Estructura de la corteza acústica, etc. -Revista trimestral micrográfica-, tomo V, núm. 2.º y 3.º, Septiembre de 1900. [Ilustración: Fig. 79.--Células estrelladas gigantes con axon serpenteante dirigido á la substancia blanca, situadas exclusivamente en el centro acústico del cerebro.-- -a-, axon.] Como rasgos peculiares de la -corteza acústica- señalamos aparte la existencia de pormenores estructurales imposibles de resumir: -a-, la presencia constante de ciertas células gigantes estrelladas de axon largo (fig. 79); y -b-, la forma específica de las pirámides (fusiformes, bipenachadas, etc.) (fig. 80). [Ilustración: Fig. 80.--Tipos de células piramidales características de la ínsula de Reil, territorio que pasa por acústico.] Séame permitido completar esta serie sistemática de trabajos mencionando todavía, no obstante haber sido publicadas en 1900 y 1901[181], dos extensas monografías concernientes á la -corteza olfativa- del hombre y mamíferos. Citemos los hechos esenciales en ellas contenidos: [181] -Cajal-: Estructura de la corteza olfativa del hombre y de los mamíferos superiores. -Revista trimestral micrográfica-, núm. 4, Diciembre de 1900. Á esta monografía siguió, en 1901, otra complementaria, aparecida en mi nueva revista -Trabajos del Laboratorio de Investigaciones biológicas-, tomo I. 1.º Confirmación y ampliación de algunos hallazgos hechos antes en la corteza olfativa frontal (región subyacente á la -raíz externa- del nervio olfatorio), singularmente en lo tocante á la manera de terminar las fibras olfativas de segundo orden dentro de la -zona molecular- del cerebro. En la figura 83, A, que reproduce un corte de la -raíz olfativa externa- del gato y de la substancia gris subyacente, aparece este interesante plexo terminal, en contacto con el penacho periférico de las células piramidales (fig. 83, D). [Ilustración: Fig. 81.--Elegantes células piramidales características de la corteza olfativa del hombre, residentes en el lóbulo piriforme y en la circunvolución del hipocampo.] 2.º Demostración de la existencia de tipos piramidales característicos (provistos de penacho ó borla descendente) en la circunvolución del hipocampo y lóbulo piriforme del hombre (fig. 81, G), y señalamiento en otras regiones de la citada circunvolución de variedades neuronales específicas, así como de sistemas peculiares de agrupación de pirámides enanas, alternando con elementos asteriformes gigantes (fig. 82, A). 3.º Descubrimiento, en lo alto del -lóbulo olfativo- ó piriforme de los mamíferos -leiencéfalos- y -girencéfalos-, de un foco especial (fig. 84), de textura singular, al cual viene á parar importante vía olfativa, y del cual emana la corriente principal de fibras exógenas destinada al asta de Ammon. En virtud de este hallazgo, quedó establecida la existencia de tres focos olfativos escalonados: el -foco olfativo primario ó corteza esfenoidal inferior- (fig. 83, A), donde se terminan las fibras de la -raíz externa- del bulbo olfatorio; el -foco olfativo secundario- (que hemos llamado -angular ó esfeno-occipital-), donde acaban fibras nacidas en el núcleo precedente; y el -foco olfativo terciario-, representado por el asta de Ammon y -fascia dentata-, punto de arborización final de las fibras emanadas del citado núcleo angular. [Ilustración: Fig. 82.--Trozo de un corte de la región olfativa central ó principal de la circunvolución del hipocampo humano. Repárense islotes de células menudas separados por fajas de neuronas gigantes.] 4.º Se reconoce que la corriente importante brotada de este último foco y desembocada en el asta de Ammon, consta de varias vías, y principalmente de estas dos: a) -Haz esfeno-amónico cruzado- ó -psalterio dorsal- de los autores, el cual, dirigiéndose al rafe por debajo del cuerpo calloso, se arboriza en el asta de Ammon y -fascia dentata- del lado opuesto, después de suministrar no pocas fibras al -presubículo-. b) -El haz esfeno-amónico directo- ó -vía perforante-, cuyos axones distribuídos en hacecillos escalonados de arriba abajo, cruzan el subículo y se reparten por las capas moleculares del asta de Ammon y -fascia dentata- del mismo lado, poniéndose, respectivamente, en contacto con el penacho de las pirámides y granos de estos centros. En la figura 85 mostramos un corte transversal del foco -esfeno-occipital- ó -angular- (A) y de la región contigua del asta de Ammon y -subículo-. Adviértase en B, D, E la importantísima corriente de fibras que enlaza aquel ganglio con la capa molecular del asta de Ammon y la de la -fascia dentata-. [Ilustración: Fig. 83.--Sección de la corteza olfativa frontal, según la dirección de la raíz externa olfativa.-- A, raíz externa; B, trozo de bulbo olfativo; D, plexo de colaterales olfativas; F, pirámides, etc.] 5.º Diferenciación de varias regiones de la corteza esfenoidal dotadas de peculiar estructura y en conexión con particulares sistemas de fibras. Tales son el -foco presubicular-, situado por fuera del subículo, la -región esfenoidal central ó principal- y la -región esfenoidal externa-. 6.º Descripción en cada uno de estos focos de numerosísimos tipos de neuronas, y examen de sus plexos específicos y vías aferentes y eferentes. Muchos de estos estudios se refieren al hombre, habiendo sido utilizados al efecto los métodos de Nissl, Golgi y Weigert. 7.º Descripción de la textura de la -corteza interhemisférica- ó región próxima al cuerpo calloso, esfera cortical cuya textura contrasta con la del resto de la región fisural. 8.º Determinación precisa del origen y terminación de las fibras del -cíngulo-, vía de proyección anteroposterior, provista de colaterales de asociación. 9.º En fin, análisis estructural de las -estrías longitudinales y supra-callosas-, de los -nervios de Lancisio- y del -fornix longus- de Forel, con muchos detalles nuevos referentes al origen y marcha de las fibras. [Ilustración: Fig. 84.--Corte del foco esfeno-occipital del gato. Coloración de Nissl.] La reunión de las citadas monografías constituyó un libro que tradujo al alemán el Dr. Bresler, y que me valió halagüeños elogios de las grandes autoridades de la neurología. Quien desee conocer los detalles descriptivos, abrumadores por lo prolijos y variados, recogidos pacientemente por mí en el dominio de la corteza cerebral durante los años 1899, 1900 y 1901, debe consultar dicha traducción alemana, ó mejor aún, mi Tratado en tres gruesos volúmenes: -Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados-, en cuyo tercer tomo expongo más ceñida y ordenadamente y con esquemas y figuras aclaratorias no contenidas en las memorias correspondientes, mis ideas y hallazgos sobre el plan estructural del encéfalo del hombre y mamíferos afines. Pero de este extenso libro --la obra de mi vida-- comenzado en 1899 y terminado en 1904, me ocuparé oportunamente. [Ilustración] CAPÍTULO XVII Con ocasión de conmemorar el decenario de su fundación la Universidad de Clark (Estados Unidos), centro de estudios superiores, soy invitado, juntamente con otros profesores europeos, á dar algunas conferencias. -- Tórrido calor de Nueva York. -- Mi viaje á Boston y Worcester (Mass.), donde se celebró la fiesta universitaria. -- El patriotismo anglo-sajón. -- Algunas causas morales de la guerra suscitada entre los Estados Unidos y España. -- Las instituciones docentes de Boston y de Nueva York. Hallábame, allá por Junio de 1899, enfrascado en las antedichas exploraciones del cerebro humano, cuando llegó á mis manos una cortés invitación de la Universidad americana de Worcester (-Clark University-), Centro de investigaciones superiores, comparable con el -Colegio de Francia-, para dar varias conferencias acerca de mis investigaciones sobre la corteza cerebral. Tratábase de celebrar cierta fiesta académica solemne, con asistencia de muchos sabios americanos y europeos, al objeto de conmemorar el X año de la fundación de la citada Universidad, obra de la generosidad privada, como suelen serlo entre los yanquis las escuelas profesionales y los Establecimientos de alta cultura. Para costear gastos de viaje, el oficio de invitación incluía un cheque de 600 dólares. Profundamente sorprendido y perplejo quedé al recibir semejante mensaje. No me explicaba cómo en los Estados Unidos habíanse acordado de un humilde investigador español, de un profesor perteneciente á la raza vencida y humillada. [Ilustración: Fig. 85.--Corte horizontal del asta de Ammon y corteza esfenoidal vecina.-- A, núcleo esfeno-occipital ó angular; R, subículo; J, asta de Ammon; F, capa molecular de la -fascia dentata-; B, sección de la vía esfeno-amónica cruzada; D, vía esfeno-amónica directa.] Asaltóme una duda. ¿Podía yo, razonablemente, pocos meses después de la guerra, vibrantes todavía en España la indignación y el encono por el inicuo despojo colonial, aceptar tan comprometida misión? Consulté el caso con el ministro de Fomento, Marqués de Pidal, y con algunas personas cuyos consejos tenía en mucho; y contra lo presumible, el Gobierno, los amigos y hasta la Prensa política (que comentó el suceso con palabras muy halagadoras para mí), aconsejáronme unánimemente la aceptación del delicado y difícil honor. De buena gana lo habría declinado. Cuanto más que mi salud distaba mucho de ser por aquella fecha floreciente. De resultas de gripe tenaz ó acaso por consecuencia de las emociones excesivas del laboratorio (cada descubrimiento interesante ó que me lo parece, cuéstame noches de insomnio), padecía de palpitaciones y arritmias cardíacas, con las consiguientes preocupaciones é inquietudes. Dócil, sin embargo, á los ruegos de los amigos y alentado por el ministro, que me señaló decoroso viático, púseme en camino, acompañado de mi esposa, para que cuidase de mis achaques. Después de pasar por París, donde tuve el gusto de saludar á los profesores M. Duval y M. Dejerine, y de abrazar á mis buenos amigos M. Azoulay y M. Nageotte, nos embarcamos en el Havre con dirección á Nueva York, en un buque de la -Compañía Trasatlántica- francesa. Á bordo tuve la grata sorpresa de encontrar al ilustre Dr. A. Mosso, profesor de Fisiología de Turín, al gran matemático francés M. E. Picard, profesor del Colegio de Francia, y al famoso Dr. A. Forel, consagrado por entonces á interesantes estudios sobre la psicología de las hormigas. Todos estos sabios habían sido invitados como yo para la -Clark Celebration-. Excusado es decir que, en tan selecta compañía, se nos hicieron brevísimos los doce días de travesía. Los profesores Mosso y Forel, con quienes intimé mucho durante el viaje, se me revelaron como personas agradabilísimas, al par que conversadores deliciosos. En nuestros gratos coloquios de á bordo discurrimos sobre todo lo divino y humano: filosofía, ciencia, artes, política, etc. Mediado el mes de Julio, arribábamos á Nueva York, la estupenda ciudad de los -rasca-cielos-, de los multimillonarios, de los -trusts- avasalladores y del calor sofocante. Esto último fué para mí desagradable sorpresa. Creía que los -países de hierba- y las ciudades marítimas poseen el privilegio de gozar durante la canícula de moderada temperatura. Y yo, que en nuestro Madrid, la típica ciudad del sol y del cielo azul, siéntome enervado cuando el termómetro marca en las habitaciones 27° y 35° en la calle, tuve, mal de mi grado, que soportar 32° ó 33° centígrados en el hotel y 45° ó 46° en las rúas. Y no obstante, los yanquis lo soportan como si tal cosa. Aunque sudando la gota gorda, veíanse por las calles trajinar afanosamente faquines y albañiles. ¡Oh, la fibra acerada de la raza anglo-sajona!... Con aquel sol de fuego y con la profusión de instalaciones domésticas de gas y electricidad, compréndese que los incendios sean allí el pan nuestro de cada día. Mal de mi grado hube de presenciar uno de estos desagradables contratiempos. Cierto día, y á deshora, inicióse el fuego en el cuarto de un huésped del principal. Cundió súbitamente la alarma en los hombres y la nerviosidad y el terror en la mujeres. Algunos huían despavoridos hacia la escalera principal, interceptada por densa y asfixiante humareda. Otros, más avisados, nos dirigimos á los balcones, donde la previsión americana, aleccionada por trágica experiencia, ha dispuesto ciertas grandes escaleras de salvamento. Pero ¿quién hace bajar á una señora tímida y nerviosa, como buena española, por aquellos aéreos peldaños? Por suerte, los bomberos acudieron á tiempo, sofocando rápidamente el incendio. Pasado el susto, consideré los curiosos incidentes provocados por el terror. Desde el punto de vista de la psicología individual, nada hay más instructivo que un siniestro. Al huir, cada cual abraza á su ídolo: las madres á sus hijos, los recién casados á sus esposas, las cómicas á sus joyas y preseas, los comerciantes y banqueros á sus carteras y maletines. No hay como el espanto, para denunciar el verdadero carácter y valorar rápidamente los bienes de la vida. [Ilustración: Fig. 86.--Algunos -rasca-cielos- de la calle ancha ó -Broadway-, de Nueva York.] No caeré en la tentación de describir la gran metrópoli americana. Me limitaré á expresar que admiré la famosa estatua de la libertad de Bartholdi, el barrio comercial de Brooklyn, el puente audaz sobre el East River, los suntuosos palacios de la V Avenida, la famosa catedral de San Patricio, de que tomé por cierto excelentes fotografías, los colosales -buildings- albergadores de fábricas, sociedades industriales y grandes rotativos, las deliciosas playas de Brighton y de Manhattan, el incomparable -parque central- salpicado de alcores coronados de rocas y cubierto de magníficos árboles, y, en fin, los espléndidos comercios donde todo se sirve á máquina y en los cuales, á favor de ingeniosos artificios, la mercancía demandada circula por carriles aéreos, al través de inacabables corredores y pisos, llegando en pocos segundos, convenientemente empaquetada, á las manos del cliente. En la figura adjunta copio una fotografía que da idea de lo enorme de las construcciones de muchos pisos. Por cierto que, con ocasión de estos curioseos por los grandes almacenes, hube de comprobar, con pena, cierta sospecha que yo tenía sobre los sentimientos instigadores de la agresión de los Estados Unidos á España. Por consecuencia de la cruel, impolítica y contraproducente medida de -concentrar en campamentos- toda la población rural de la gran Antilla, los cubanos supervivientes que, por falta de ánimos, no engrosaron las huestes de Maceo, huyeron en masa á los Estados Unidos (Cayo Hueso, Tampa, Nueva Orleans, Nueva York, etc.), buscando trabajo en campos, fábricas y comercios. Algunos de estos desventurados, hembras en su mayoría, con quienes conversamos en los obradores y comercios de Nueva York, nos refirieron miserias y crueldades desgarradoras. Huelga notar, que las lamentaciones de tantos millares de prófugos, pregonando y agravando hasta lo inverosímil la vieja leyenda anglo-sajona de la crueldad española, crearon en los Estados Unidos un estado emocional, que fué hábilmente explotado por los laborantes cubanos y por el partido imperialista ó intervencionista[182]. [182] En descargo de esta inhábil conducta de las autoridades cubanas, se ha dicho que también fué empleada por la cultísima Inglaterra en su contienda con los boers. Pero sobre que una crueldad no se justifica jamás con otra crueldad precedente ó subsiguiente, quienes así discurren parecen olvidar que sólo las naciones fuertes pueden cometer impunemente ciertos excesos. Nuestro Gobierno, autorizando en Cuba las referidas medidas, procedió como si España viviera sola en el planeta, ó como si las naciones poderosas y dominantes, vecinas de los Estados débiles, no hubieran en todo tiempo invocado para sus expoliaciones pretextos de humanidad y civilización. Aproximábase la fecha de la fiesta académica de Worcester. Dí, pues, de mano á mis callejeos y visitas á Institutos científicos y Museos --algo inferiores entonces á los similares de Inglaterra y Alemania-- y púseme en camino para Boston, ciudad no lejana del término del viaje. Durante todo el trayecto, hecho en tren expreso, me acompañó el mismo sofocante calor de Nueva York. Dicho sea en alabanza de la cultura yanki, las empresas de ferrocarriles hacen lo posible para mitigar las molestias del viajero. Á este propósito y entre otras comodidades, cada coche dispone de un gran depósito de agua helada, servida gratuitamente á los pasajeros, por camareros negros, muy amables y solícitos. Á nuestro arribo á Worcester la -ola de calor-, lejos de ceder, habíase hecho formidable. El hálito abrasador de la atmósfera, apenas mitigado durante la noche, según ocurre en los climas muy húmedos, no dejaba respirar. Yo estaba febricitante y semi-congestionado. Por tal motivo y por haber llegado á deshora, no osé avisar al Rector. Y así pasé la noche --toledana, en verdad-- tratando de aliviar mi angustiosa cefalalgia con compresas de agua fría. Para colmo de contrariedad, celebrábase aquel día la Fiesta de la Independencia, y un estruendo ensordecedor subía de las calles. Oíanse himnos patrióticos, vivas estentóreos, estallido de cohetes y, sobre todo, tiros, ya sueltos, ya en descarga cerrada. Asomadas á ventanas y azoteas, descubrí muchas personas como frenéticas, disparando al aire sus rifles. En la calle, hasta las mujeres enarbolaban banderas y gritaban desaforadamente. Dulces expansiones monjiles son nuestras castizas broncas de la Plaza de Toros, comparadas con el estruendo y bullanga del pueblo americano durante el famoso -Independence day-, en el cual, dicho sea de pasada, ocurren siempre lamentables desgracias. ¡Triste cosa es que los hombres sólo acierten á mostrar su júbilo haciendo ruido! Á propósito de lo cual, cabría preguntar: ¿Alborota el pueblo porque está alegre, ó alborota para alegrarse? Lo segundo paréceme más cierto que lo primero. Porque, dígase lo que se quiera, el trabajador manual --y aún más el intelectual-- son en el fondo animales tristes y soberanamente aburridos. Pero descartemos reflexiones impertinentes. Con el alba pasó, al fin, aquella racha de locura y desenfreno. Ya entrada la mañana, y aliviado un tanto de los efectos del insomnio, participé mi llegada al honorable Rector de la -Clark University-, el ilustre psicólogo y educador G. Stanley Hall. Poco después vino á saludarme y á ponerse á mis órdenes el simpático Secretario y profesor de la Universidad, mozo de tanta cultura como bríos, según demuestra el suceso siguiente: Encargada la busca de un carruaje y avisado el cochero para que, conforme á usanza americana, acomodara el equipaje en el vehículo, atajóme cortésmente el elegante Secretario con estas inesperadas frases: --¡No vale la pena de molestar al cochero!... Aquí estoy yo para cargar con el baúl. Y sin oir nuestros ruegos, el flamante funcionario ladeó garbosamente su inmaculada chistera, y haciendo alarde de vigor y agilidad insospechables, bajó en un santiamén el baúl-mundo y la maleta (en junto pesaban cerca de 90 kilos) y los acomodó diestramente en el coche. Azorada estaba mi mujer al contemplar las manchas de polvo y los inelegantes pliegues que tan precipitada y ruda faena habían producido en la irreprochable levita. Y exclamó: --Pero ¿por qué se ha molestado usted? Eso es cosa del camarero... --No --replicó el atildado -gentleman---; esto es obligación de todos. Vivimos en América, patria de la democracia, donde nadie toma á bochorno ó á deshonra el trabajo manual. Aquí sólo reconocemos la nobleza del talento y del saber... He aquí una excelente lección de legítima y sana democracia. Convengamos, empero, en que tan persuasiva propaganda no está al alcance de todo el mundo. No basta abandonar aristocráticos humos y señoriles melindres; hacen falta también músculos de acero. Guiado por el Secretario, el carruaje nos condujo á casa del huésped, opulento prócer, entusiasta protector de la Universidad y prototipo de esa especie de filántropos patriotas de que solamente en Inglaterra y en los Estados Unidos se dan perfectos ejemplares, quiero decir limpios de egoísmo confesional y de sectarismo político. Nuestro patrón Mr. Stephen Salisbury, vivía casi modestamente, si se tiene en cuenta su gran fortuna, que consagraba á obras de civismo, cultura y beneficencia. Inspirándose en sentimientos de tolerancia y altruísmo que sorprenderían á nuestros orondos y fanáticos ricachos, fundó dos hospitales con sendas iglesias: uno para protestantes (él profesaba la religión reformada) y otro para católicos. Además, para deleite y enseñanza de sus conciudadanos, erigió un suntuoso Museo de Arte, cuyo palacio, así como la mayoría de los cuadros, regaló al Municipio; donó al pueblo cierto parque dilatado, valuado en millones, y, además, pasaba por ser, según dejo dicho, uno de los más devotos y generosos protectores de la -Clark University-, donde costeaba cátedras é instituía premios. ¡Qué hombres!... El benemérito Mr. Salisbury descendía de un noble inglés arribado á América con los primeros conquistadores, y moraba en cómoda villa, donde, ocioso es decirlo, nos alojó y trató á cuerpo de rey. Frisaba nuestro huésped en los sesenta y cinco, y permanecía soltero, por horror, nos decía, á la mujer americana, cuyas tendencias varoniles y excesiva libertad de movimientos (la locura feminista culminaba entonces) repugnábanle invenciblemente. Había viajado por España y chapurreaba algo el español. Por cierto, que al recordar las picantes aventuras de sus viajes por Andalucía y encarecer la gracia y donaire de las hembras de Cádiz, Sevilla y Granada, solía decirnos que en España «sólo las mujeres tienen talento». Á sus ojos, nuestros hombres resultaban deplorablemente insignificantes. --Me complazco, exclamaba á veces, en alojar en mi casa á un español dotado de sentido común...[183]. [183] Por desgracia, este juicio despectivo hacia los españoles no puede considerarse como chuscada de comensal amable y chancero. Traduce un sentimiento real, sumamente generalizado entre los pueblos anglosajones, sobre el cual debieran meditar mucho peninsulares é hispano-americanos. De mis conversaciones con yanquis, ingleses y alemanes, he sacado la convicción --no descubro ningún secreto--, de que, á juicio de los enérgicos y laboriosos hijos del Norte, las naciones mediterráneas, y singularmente la portuguesa y la española, constituímos razas decadentes, degeneradas moral y físicamente, á quienes debe tratarse sin ninguna contemplación. «Por los americanos del Sud no sentimos ninguna especie de simpatía», decíame confidencialmente cierto profesor yanqui, poniendo en su pensamiento velos de eufemismo. Creo sinceramente que somos calumniados; pero creo también que españoles, portugueses é hispano-americanos, con nuestras grotescas asonadas y pronunciamientos, nuestro desdén por la ciencia y las grandes iniciativas industriales --que sólo prosperan cuando se apoyan en descubrimientos científicos originales--, nuestra secular ausencia de solidaridad política (rodeados de naciones de fuerza poderosísima y unificadas vivimos fragmentados en 21 estaditos que se miran con recelo ó se odian cordialmente) hacemos cuanto es posible para justificar el desprecio y la codicia de las grandes nacionalidades. En el adjunto grabado (fig. 87) reproduzco la fotografía de Mr. Salisbury y de sus dos huéspedes españoles, hecha por un ayuda de cámara aficionado al arte de Daguerre. En su afán de sernos agradable y de que mi esposa pudiera penetrar en la grata intimidad del -home- americano, Mr. Salisbury tuvo la bondad de presentarnos á una de sus amigas, Mistress Lawton, señora viuda (uno de sus hijos se había batido en Cavite contra España), dotada de positivos talentos musicales. Conocía algo el español y para poder intimar con mi mujer, reforzó aquellos días su escaso léxico merced á trabajo supraintensivo. Juntas y convertidas en cordiales amigas, visitaron asilos, iglesias católicas y hospitales (en uno de los cuales la madre de Mrs. Lawton, con ese noble altruísmo tan general en América, había legado la renta necesaria para costear una sala), el -Club de las señoras-, con magníficos salones de conversación y lectura, los grandes bazares de la ciudad, etc. Como muestra de los deliciosos y cómodos hoteles habitados por la clase media americana, reproduzco en la figura 88 la mansión de la citada señora. [Ilustración: Fig. 87.--Mr. Stephen Salisbury y sus huéspedes españoles.] ; , ; 1 , . ] 2 3 , 4 . 5 , , - - 6 ( , - - ) . , 7 , - - 8 , , 9 , 10 - , 11 , , 12 , . 13 14 [ : . . - - 15 16 , 17 . - - - - , ; - - , 18 ; - - , ; - - , 19 , . ] 20 21 , , 22 23 ; , 24 , 25 ( - - ) . 26 27 , , 28 ( 29 , 30 ) , 31 32 , 33 ( ) . 34 . 35 : 36 37 ( , , , , . ) 38 , 39 , , 40 , 41 - - , 42 , 43 . 44 45 [ : . . - - 46 47 . - - 48 , ; , 49 ; - - - - , 50 , 51 ; - - , 52 ; - - , ; 53 - - , ; - - , 54 ; - - , ; - - , 55 ; - - , 56 - ; - - , - . ] 57 58 , 59 : ) - 60 - , 61 . 62 ) - . - 63 , 64 65 . ) - - . 66 67 , 68 ( - - ) , 69 ( . , ) . 70 ( - - ) 71 , 72 73 . 74 75 , 76 77 . 78 79 - - 80 , , 81 - - ; 82 , 83 , : 84 85 ( 86 ) ; 87 , , 88 , 89 . 90 91 92 . 93 , 94 , , 95 . ; 96 , . , 97 [ ] , . 98 , [ ] , 99 ; [ ] , 100 , - - , 101 . 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