Estos curiosos sistemas de nidos y de fibras espiroideas encuéntranse también en el hombre, según demostramos años después (1905) con ayuda de un método especial. Las singulares variaciones morfológicas y las sorprendentes libraciones de distribución en cada especie animal de los referidos nidos nerviosos constituyen hoy, gracias á los trabajos anatomo-patológicos de Nageotte, Marinesco, Lugaro, Rossi, Pacheco, Schäffer, Exposito, Bielschowsky, Minea, Dustin, etc., y á los de histología comparada de Dogiel y Levis, Huber, Ranson, uno de los capítulos más interesantes de la biología ganglionar. [Ilustración] CAPÍTULO XIV Las teorías y los hechos. -- Firmeza y constancia de los hechos histológicos. -- Carácter instrumental de las hipótesis. -- Conviene de cuando en cuando cultivarlas, pero sin fiarse mucho de ellas. -- Inducciones fisiológicas sacadas de la morfología neuronal. -- Explicación histológica del hábito, del progreso mental en la escala zoológica, del talento y del genio. -- Conjeturas sobre el mecanismo del sueño, atención y asociación. -- Exquisita economía reinante en las creaciones de la vida; leyes de ahorro, de espacio, de materia y de tiempo de conducción. Cuantos cultivan, con más ó menos fortuna, la histología, ó sus ramas afines, la bacteriología y la embriología, habrán oído alguna vez, atajando entusiasmos expositivos, comentarios tan desalentadores como los siguientes: «¡Magnífica lucubración! Pero, ¿será verdad tanta belleza? Eso afirma la histología de hoy; ¿lo mantendrá también la histología de mañana? En plena evolución la biología, ¿quién se acordará, dentro de un siglo, de las actuales doctrinas histológicas?» Respondamos con franqueza. Quienes profieren tales frases, además de mostrar supina ignorancia acerca del carácter esencialmente objetivo de las ciencias micrográficas, confunden lastimosamente el hecho de observación, noción fija y perenne, con la interpretación teórica, esencialmente mudable y acomodaticia. Desconfiar de la realidad de las adquisiciones histológicas vale tanto como suponer que la especie nueva descubierta por el naturalista corre riesgo de inmediata desaparición; que el ganglio, la glándula ó el vaso discernidos por el anatómico, están en trance de evaporarse; ó que, en fin, el astro sorprendido por el astrónomo, hállase amenazado de súbita extinción. La naturaleza del instrumento de observación, ¿puede cambiar la índole de los hechos? Se argüirá acaso que, á pesar de todo, en las ciencias histológicas los hechos se discuten alguna vez. Ciertamente, la actitud revisionista y un poco escéptica hallábase plenamente justificada hace cincuenta ó sesenta años, cuando la fina anatomía, aún en cierne, carecía de métodos de coloración precisos y terminantes. Mas hoy, por fortuna, las cosas han mejorado radicalmente. Sobre que la crítica científica se ha hecho más exigente y escrupulosa, no concediendo su -exequatur- sino á los hechos estructurales conjunta y concordantemente revelados por técnicas muy diferentes, los métodos actuales de coloración, los llamados -métodos selectivos-, proporcionan imágenes tan claras, nítidas y enérgicamente contrastadas con el fondo incoloro, que fuera absurdo abrigar la menor duda acerca de su preexistencia. No. En nuestra época, los hechos morfológicos aportados por investigadores serios y competentes, por quienes, á la hora de describir ó dibujar la imagen microscópica, abstiénense prudentemente de todo subjetivismo, no son jamás negados ni regateados. Naturalmente, andando el tiempo, podrá variar su perspectiva ideal, así como el alcance fisiológico de los mismos, pero sin menoscabo de su objetivismo. Á la hora presente, discútense de preferencia (y se discutirán mientras la ciencia de la vida no alcance la plenitud ideal de sus datos ni se remonte á la esfera de las causas eficientes) las hipótesis fisiológicas y las teorías biológicas generales (mecanismo de la herencia, de la adaptación y variación, de la sexualidad, del papel fisiológico de los órganos y tejidos, etc.). Pero, repito, el dato histológico de primera mano, bien descrito y precisado, constituye algo fijo y absolutamente estable, contra lo cual ni el tiempo ni los hombres podrán nada. Para dejar bien sentada esta doctrina, citaré un ejemplo concreto tomado de mis modestas investigaciones neurológicas. Aludo á la concepción neuronal defendida actualmente por la gran mayoría de los histólogos. Imaginemos que se descubre un método de coloración exquisitamente selectivo, en cuya virtud aparece tendido entre mis -nidos-, -fibras trepadoras- ó -musgosas-, de una parte, y -el cuerpo- y -dendritas neuronales-, de otra, un sistema sutilísimo de hebras anastomóticas absolutamente invisibles con los procederes actuales. En tal supuesto, las hojas no representarían las últimas proyecciones del árbol; las arborizaciones nerviosas y espinas dendríticas señaladas por mí resultarían, en vez de -terminales-, -preterminales-. ¿Habríase perdido algo con este transcendental progreso? ¿Evaporaríanse por eso los -nidos-, las -pláculas- y -cálices finales-, las -ramificaciones- de los axones, las -espinas- de las dendritas y otras muchas disposiciones de contacto? De ninguna manera. Dichas formas conservarían íntegramente su valor objetivo y su carácter de hechos anatómicos generales. Sólo una cosa debería ser corregida: la interpretación fisiológica. Desde el punto de vista utilitario, tales disposiciones no podrían justificarse ya por la necesidad de asegurar el paso de las corrientes, multiplicando las superficies de contacto. Por consiguiente, la hipótesis de la transmisión por -contigüidad- sería reemplazada por otra: la de la propagación por -continuidad-. Y se impondría la averiguación, siguiendo otros derroteros, de la significación dinámica de las susodichas estructuras. Una vez más haríase patente el carácter provisorio de nuestras interpretaciones teóricas y la necesidad inexcusable de renovarlas y perfeccionarlas al compás de los nuevos descubrimientos. Precisamente por temor á estas posibles decepciones (la historia de la biología está llena de ellas), soy adepto ferviente de la religión de los hechos. Se ha dicho infinitas veces, y nosotros lo hemos repetido también[152], que «los hechos quedan y las teorías pasan»; que todo investigador que, confiando harto en la solidez y excelencia de las concepciones generales, desdeña la contemplación directa de la realidad, corre riesgo de no dejar huella permanente de su actividad; que los hechos constituyen exclusivamente nuestro haber positivo, nuestros bienes raíces y nuestra mejor ejecutoria; que, en fin, en la eterna mudanza de las cosas, ellos sólo se salvarán --y con ellos acaso una parte, la mejor de nuestra propia personalidad-- de los ultrajes del tiempo y de la indiferencia ó de la injusticia de los hombres. [152] -Cajal-: Reglas y consejos sobre la investigación biológica. Discurso de recepción de la Academia de Ciencias, 1894. Todo esto es evidente; pero también es cierto que, sin teorías é hipótesis, nuestro caudal de hechos positivos resultaría harto mezquino, acrecentándose muy lentamente. La hipótesis y el dato objetivo están ligados por estrecha relación etiológica. Aparte su valor conceptual ó explicativo, entraña la teoría valor instrumental. Observar sin pensar es tan peligroso como pensar sin observar. Ella es nuestra mejor herramienta intelectual; herramienta, como todas, susceptible de mellarse y de enmohecerse, necesitada de continuas reparaciones y sustituciones, pero sin la cual fuera casi imposible labrar honda brecha en el duro bloque de lo real. Para el anatómico, el histólogo y el embriólogo, amarrados al duro banco del análisis, la elaboración doctrinal obedece además á tendencias lógicas y sentimentales casi irrefrenables. Dificilísimo es contrarrestar el impulso de la imaginación postergada, que reclama á gritos su turno de acción. Nos la impone además el juego mismo de nuestro mecanismo pensante, esencialmente práctico y finalista, el cual nos plantea á diario el problema de las causas mecánicas y de los móviles utilitarios. Reconocida una disposición estructural ó morfológica, surge invariablemente en nuestra mente esta interrogación: ¿Qué servicio fisiológico ó psicológico presta al organismo? En vano el buen sentido, en pugna con las citadas tendencias, ataja nuestra curiosidad, advirtiéndonos que el problema ha sido planteado prematuramente, mucho antes de allegados todos los datos indispensables. Tan discreta reflexión, si nos vuelve acaso más circunspectos, no paraliza, empero, el proceso teórico. Sigue impertérrita la fantasía, construyendo sobre arena, como si ignorase la irremediable caducidad de su obra. Todo esto es profundamente contradictorio, pero es fatalmente humano. Nunca fueron buenos amigos la razón y el sentimiento. Quienes sienten tales anhelos especulativos, conocen de sobra cuán efímera suele ser, en biología, la obra de los grandes sistematizadores. Y no obstante... * * * * * Todo el precedente preámbulo, del cual pido perdón al lector, se encamina á disculpar, en lo posible, mis escarceos especulativos --pocos por fortuna-- y explicar el cómo un fanático irreductible de la religión de los hechos, ha caído, de vez en cuando, en la debilidad de sacrificar al ídolo de la teoría deslumbrante, no obstante hallarse íntimamente persuadido de su irreparable fugacidad, y á despecho de haber declarado repetidamente «que, si por azares de la suerte, nos vemos compelidos á forjar hipótesis, procuremos al menos no creer demasiado en ellas». Desahogada un poco mi conciencia con esta espontánea confesión, pasaré brevemente á relatar algunas de las lucubraciones imaginadas durante el trienio susodicho. Y vaya por delante la declaración de que entre las conjeturas é hipótesis de mi cosecha las hay que me parecen estimables, y cómodamente defendibles aún hoy, después de veinte años de progresos incesantes; y las hay, en cambio, francamente inverosímiles, temerarias é inaceptables. Sobre las primeras insistiré, naturalmente, más que sobre las segundas, merecedoras sólo de olvido. En fin, algunas pocas de la primera categoría entran, á juicio mío, en la jerarquía de leyes empíricas sólidamente fundadas. Mi primer trabajo de tendencia teórica fué el que, con el título de -Consideraciones generales sobre la morfología de la célula nerviosa-, fué enviado al Congreso internacional de Medicina, celebrado en Roma (1894). Tratábase, sobre todo, en esta comunicación, de indagar las leyes de la evolución del sistema nervioso en la serie animal, y de marcar, en lo posible, cuáles centros, durante los innúmeros incidentes del desarrollo, han conservado potencialmente la prístina plasticidad, siendo capaces de adaptarse estructuralmente á las de cada vez más variadas y complejas condiciones del Cosmos, y cuáles son los centros, propiamente animales, como anquilosados por un automatismo milenario y que, rebeldes á toda acomodación, cancelaron irrevocablemente su historia. En obsequio á la brevedad enumeremos rápidamente las principales conclusiones de esta comunicación[153]. [153] -Cajal-: -Consideraciones generales sobre la morfología de la célula nerviosa.- Comunicación enviada al Congreso médico internacional celebrado en Roma en 1894. Publicado en las -Actas del Congreso- y en la -Veterinaria española-, núm. 5, 2 de Junio de 1894. -a-) La -ontogenia- del tejido nervioso reproduce, de modo abreviado, con algunas simplificaciones y saltos, la -filogenia- del mismo, y eso tanto con relación á la neuroglia como á la célula nerviosa. -b-) Desde el punto de vista del desarrollo filogénico, se advierte en todo vertebrado la presencia simultánea de dos sistemas nerviosos: el -sensorial y sensitivo- (ganglios periféricos, retina, bulbo olfatorio, médula espinal, cerebelo, tálamo, cuerpo estriado, etc.), que ha terminado su desarrollo por diferenciación, progresando sólo por extensión; y el -sistema nervioso cerebro-cortical- (corteza gris y circunvoluciones cerebrales), que continúa perfeccionándose en la serie animal, tanto por extensión como por diferenciación estructural y morfológica de sus elementos. -c-) La ley del progreso morfológico, asociada á creciente adaptación funcional, se traduce en las neuronas por la creación y estiramiento de nuevos apéndices, y, por consiguiente, por la multiplicación y diversificación de las conexiones intercelulares. -d-) Afirmación, sobre la base de numerosas observaciones comparativas, de que la dimensión del cuerpo de la célula nerviosa y el diámetro del axon no guardan relación con la especialización fisiológica, sino que son proporcionales á la riqueza y extensión de la arborización nerviosa terminal, y por consiguiente, á la amplitud y diversidad de las conexiones. -e-) Comparando la morfología y la abundancia relativa de colaterales nerviosas y protoplásmicas de las pirámides cerebrales en la escala de los vertebrados, llégase á este resultado: la excelencia intelectual, y sus más nobles expresiones, el genio y el talento, no dependen de la talla ó del caudal de las neuronas cerebrales, sino de la copiosidad de sus apéndices de conexión, ó en otros términos, de la complejidad de las vías de asociación á cortas y á largas distancias. Que la abundancia de la substancia blanca denota riqueza de conexión y, por tanto, superior jerarquía intelectual fué tesis defendida ya hace tiempo por Meynert y Flechsig, quienes, naturalmente, no pudieron basarla, en ausencia de métodos selectivos de las expansiones celulares, sino en la grosera estructura de la substancia gris y blanca, mostradas por procederes poco eficaces (métodos al carmín, hematoxilina, el de Weigert, etc.). -f-) Explicación de la habilidad profesional, ó sea del perfeccionamiento funcional acarreado por el ejercicio (educación física, actos de hablar, escribir, tocar el piano, maestría en la esgrima, etc.), tanto por el robustecimiento progresivo de las vías nerviosas (conjetura sugerida por Tanzi y Lugaro) excitadas por el paso de la onda, como por la creación de nuevos apéndices celulares (crecimiento de nuevas dendritas y alargamiento y ramificación de colaterales nerviosas, no congénitas), susceptibles de mejorar el ajuste y la extensión de los contactos, y aun de organizar relaciones absolutamente nuevas entre neuronas primitivamente inconexas. Esta última hipótesis, bastante verosímil, y que se presta, según adivinará el lector, á desenvolvimientos retóricos y psicológicos muy agradables, fué también enunciada, y decorada con algunos ejemplos y comparaciones, en nuestra conferencia de Londres del mismo año[154]. [154] -Cajal-: Croonian Lecture, 1894. Naturalmente, al -administrar- psicológicamente los primores de la morfología celular, no excluíamos, ni mucho menos, la parte que, andando el tiempo, habría de ser atribuída, á los efectos de explicar histológicamente el hábito, el talento y el genio, á la sutilísima urdimbre del protoplasma nervioso, cuya complejidad, siempre en aumento, no había llegado aún á la soberana culminación de hoy. (Ignorábanse entonces las -neurofibrillas-, el -aparato endocelular de Golgi-, y estaba muy fresco todavía el descubrimiento de los -grumos- de Nissl). * * * * * Animado de igual espíritu, lancé en 1897 á la publicidad otro trabajo sintético, encaminado á inquirir los postulados de carácter utilitario que, en un último esfuerzo inductivo, aparecen rigiendo las infinitas variantes de forma, tamaño, posición y dirección de las neuronas y de las fibras conductrices. Digamos de pasada, que sobre el mismo asunto tuve la honra de pronunciar una conferencia en el Ateneo de Madrid. (Por cierto que, como premio á esta disertación, así como de un curso completo explicado en 1897 y 1898, sobre mis modestas investigaciones científicas, el ilustre Presidente del Ateneo, D. Segismundo Moret, que siempre me distinguió con sus bondades, y, -la Junta directiva-, celosa en estimular y honrar á todo entusiasta cultivador de la ciencia ó del arte, otorgáronme el título de -socio de mérito-). El trabajo aludido[155], que lleva por título: -Leyes de la morfología y dinamismo de las células nerviosas-, contiene, además de la nueva fórmula de la -polarización dinámica-, de que hemos tratado ya en el capítulo IX, una indagación acerca del porqué utilitario de esas curiosas variantes, al parecer caprichosas, del punto de emergencia del axon (recuérdese que éste brota, en ocasiones, de una dendrita, á más ó menos distancia del soma). En sus páginas, procúranse también dilucidar los móviles utilitarios perseguidos por el organismo con la -dislocación ó emigración- del soma, durante la ontogenia y la filogenia. Sabido es que, al estudiar comparativamente un tipo celular en la serie animal, sorpréndense, no sólo variaciones de conformación, dependientes de la diversa riqueza de sus conexiones, sino notables mudanzas de posición estratigráfica (dislocación de las células ganglionares raquídeas, emigración hacia adelante ó hacia atrás de los elementos bipolares, amacrinos y gangliónicos de la retina; alteraciones topográficas de ciertos corpúsculos de la corteza cerebelosa, del bulbo olfatorio, etc.). Prescindiendo de la situación de ambos factores de la articulación interneuronal (dendritas y arborización nerviosa final), que representa algo fijo y constante, cabe afirmar que todo es variable y acomodaticio en la actitud y topografía de las células nerviosas. [155] -Cajal-: Leyes de la morfología y dinamismo de las células nerviosas. -Revista trimestral micrográfica-, núm. 1, Marzo de 1897. Con 14 grabados. Ahora bien; todas las referidas libraciones de situación y morfología, y hasta la fórmula misma de la -polarización axípeta-, parecen regirse, y en cierto modo explicarse, desde el punto de vista teleológico, por estos tres postulados económicos: -a-) Ahorro de materia (construcción de la vía más corta entre dos territorios asociados). -b-) Ahorro de tiempo de conducción (consecuencia dinámica de la ley anterior). -c-) Economía de espacio. Evítanse todos los huecos inútiles, situándose el núcleo y, por tanto, el soma neuronal, allí donde hay escasez de arborizaciones protoplásmicas ó nerviosas. Con ayuda de estos principios compréndense también muchas singularidades de la posición y dirección de las vías nerviosas (diversa topografía de la substancia blanca en la médula y cerebro, forma y orientación de las bifurcaciones axónicas, marcha de las colaterales, etc.). Excusado es decir que, lejos de excluirse, los precedentes postulados, combínanse entre sí, representando el producto estructural algo así como una transacción amistosa entre los mismos. He aquí el problema arquitectónico que parece haberse planteado el organismo: construir, -con el mínimo de materia y el menor espacio posible, la máquina nerviosa más ricamente diferenciada y de reacciones más súbitas, enérgicas y eficaces-: caso particular, en suma, de la ley física tan conocida, del -efecto máximo con el esfuerzo mínimo-. En los trabajos anteriores, la elaboración especulativa sigue muy de cerca al hecho de observación. Los mencionados conceptos generales (ley del progreso morfológico neuronal, hipótesis acerca de la adaptación funcional, normas económicas reguladoras de la disposición del soma, etcétera), representan legítimas inducciones ó hipótesis plausibles. Todas ellas son susceptibles de corroborarse -à posteriori-, confrontándolas con la infinita variedad de las formas neuronales. Esta severa y saludable adaptación al dato empírico no resplandece, por desgracia, en otra comunicación publicada en 1895 acerca del -mecanismo histológico de la asociación, ideación y atención-[156]. Salvo algún concepto que considero atinado, en toda esta aventuradísima lucubración campea, muy á su sabor y talante, la loca de la casa. [156] -Cajal-: Algunas conjeturas sobre el mecanismo anatómico de la asociación, ideación y atención. -Revista de Medicina y Cirugía prácticas.- Madrid, 1895. Se trata de probar en este opúsculo la posibilidad de explicar, por cambios morfológicos de las células neuróglicas, el mecanismo (en lo orgánico) de algunos actos mentales. Se expone, además, la teoría del -alud nervioso- y la de la -unidad de sensación-. Las ideas aprovechables son: la noción de -unidad de impresión- y muy particularmente la ley del -alud nervioso-, que se formula así: toda impresión periférica, recogida por la arborización protoplásmica (sensitiva ó sensorial) de una sola célula, propágase en -avalancha- hacia los centros; ó, en otros términos, el número de neuronas interesadas en la conducción crece progresivamente desde la periferia hasta el cerebro, en cuyas circunvoluciones (-focos sensoriales terciarios-) reside la base del cono conductor. De esta ley anatomo-fisiológica, basada en numerosas investigaciones sobre la organización de las -vías visual-, -acústica-, -olfativa-, etc., sacaron excelente partido Tanzi y Lugaro para esclarecer el mecanismo probable de la -alucinación-, -asociación de ideas- y otros procesos psicológicos importantes. Por lo contrario, estimo hoy, de acuerdo con el juicio de muchos autores de antaño, como conjetura francamente inadmisible la pretendida participación de la -neuroglia- en los actos mentales de la -atención y asociación de ideas- (en la faz fisiológica ó somática, naturalmente de estos procesos). Á fin de comprender, y en cierto modo excusar, tesis tan estrambótica, séame lícito recordar que allá por el año 1893, el ilustre profesor Matías Duval imaginó, fundándose en mis trabajos sobre las conexiones neuronales, cierta ingeniosa hipótesis histológica, explicativa del sueño y de la vigilia. A juicio del sabio francés, las expansiones de las células nerviosas gozan de la propiedad de contraerse, al modo de los -amibos-, encogiéndose en el sentido de la longitud. Durante la fase de actividad mental, las ramillas nerviosas se estirarían, entrando en contacto y adhesión íntimos con el soma neuronal; de este modo el impulso pasaría fácilmente desde una célula á otra. Lo contrario ocurriría durante el sueño: desarticuladas las proyecciones nerviosas á causa de la retracción de reposo, suspenderíase la actividad funcional. La seductora concepción de Duval fué acogida benévolamente por varios histologistas. Algunos patólogos, -verbi gratia-, Mr. L’Épine, la aplicaron al esclarecimiento del mecanismo histológico de los estados hipnóticos, distracción, etc. En fin, en algunas escuelas (Demoor, Stefanowska, Querton, Manoumelian, Deyber, etc.), procuróse contrastar la hipótesis en el terreno experimental, explorando las variaciones de forma ofrecidas por las dendritas (de las espinas de éstas, sobre todo) consecutivamente al envenenamiento con la morfina, cloroformo, éter, etc., y á la acción del frío, de la fatiga, la excitación eléctrica, etc. Por desgracia, en el terreno de la observación y experimentación, la concepción del -amiboidismo nervioso- no halló apoyo suficiente. Con razón la criticaron diversos autores (Kölliker, Lugaro, Azoulay, nosotros, Soukhanoff, Reusz, etc.). En vista del fracaso, yo me pregunté si la referida actividad amiboide, encaminada á reestablecer los contactos ó á suspenderlos, no podría atribuirse á la neuroglia (-glia- de la substancia gris, naturalmente), cuyas expansiones irregulares, erizadas de espinas, ofrecen aspecto francamente protoplásmico. Puesto que, según la opinión, altamente verosímil, de mi hermano, los astrocitos neuróglicos desempeñan papel aislador del impulso nervioso --para lo cual se interponen entre las neuronas que no deben entrar en contacto--, ¿no cabría imaginar que, durante la fase de reposo (sueño, inactividad mental, etc.), tales apéndices se estiran ó relajan, impidiendo, por consiguiente, contactos, y al contrario, durante la fase de actividad se retraen, facilitando la aplicación íntima de las ramillas nerviosas á los somas y dendritas, y por tanto, el paso de las corrientes? De este modo, reputaba posible el esclarecimiento histológico, no sólo del tránsito de la vigilia al sueño, y al revés, sino el paso del estado de reposo mental al de atención expectante, amén del complicadísimo proceso de la asociación de ideas. Huelga decir que tan osada concepción, cuya ingenuidad me hace hoy sonreir, carece de fundamentos objetivos. Alegaba, sin embargo, como indicio harto deleznable, el hecho de apreciarse en la -glia- cerebral, en relación con el modo de muerte y las perturbaciones fisiológicas precedentes, notables variaciones en la riqueza, espesor y longitud de las expansiones neuróglicas[157]. Empero, de la efectividad de estos cambios no se sigue necesariamente su conexión causal con las diversas fases de la actividad pensante. Además, al otorgar graciosamente á la neuroglia la jerarquía de aparato conmutador de los contactos, regido por la voluntad ó por impulsos inconscientes, postulábase un hecho cardinal, todavía no descubierto ni siquiera sospechable en el estado actual de la ciencia: la existencia en la neuroglia de terminaciones nerviosas específicas promotoras de la contracción de las proyecciones gliomatosas. [157] Estas variaciones, que constituyen fenómeno real, son fácilmente comprensibles dentro del concepto fisiológico moderno de la -glia-. Actualmente, gracias á las investigaciones de numerosos observadores, entre los cuales me complazco en citar al Dr. Achúcarro, considérase la neuroglia de la substancia gris como una -glándula vascular sanguínea-. Su protoplasma, lleno de granos secretores (los -gliosomas- de Fieandt), sufre naturalmente esas oscilaciones de dimensión y forma propias de toda célula glandular, según que se halle en fase de secreción ó elaboración, ó en fase de excreción ó de expulsión. Nada más acerca de mi estrafalaria especulación. Y si, faltando á mi promesa de brevedad, he entrado aquí en algunos desarrollos, ha sido para advertir al lector de los peligros que lleva consigo la imitación de las teorías á la moda, ó la frívola vanidad de forjar á ultranza hipótesis psicológicas. Tales concepciones caen rápidamente en merecido olvido, porque la ciencia sólo se interesa por las ideas susceptibles de contraste experimental y sugerentes de acción. La mía, inspirada por la de Duval, corrió la misma suerte que la del sabio francés; peor aún, ya que la teoría del -amiboidismo nervioso-, plausible en principio, suscitó algunos trabajos estimables, mientras que la del amiboidismo neuróglico, justamente desdeñada, no dió ocasión á ninguno. * * * * * Para cerrar este capítulo, mencionaré dos sucesos fecundos en consecuencias para el estímulo y prosecución de mi obra científica. Fué el primero la creación, á costa de no pocos sacrificios pecuniarios, de mi -Revista trimestral micrográfica-[158], al objeto de publicar rápidamente, y sin hacer antesala en las Redacciones de las revistas nacionales y extranjeras, los trabajos micrográficos del Laboratorio de la Facultad de Medicina, y de estimular al mismo tiempo los ensayos de mis discípulos. En dicha publicación vieron la luz varias de las comunicaciones enumeradas en el presente capítulo y casi todas las aparecidas después, hasta 1901, fecha en que, con recursos oficiales, fundé el Anuario titulado -Trabajos del Laboratorio de investigaciones biológicas-. Según presumirá el lector, mi -Revista trimestral- no perseguía éxitos financieros. Contaba, ciertamente, en España con algunos suscriptores generosos, que pusieron patriótico empeño en sostenerla; pero los -abonados- del extranjero escaseaban, no sólo por ignorancia de nuestro idioma, sino porque yo regalaba mi publicación á casi todos los micrógrafos de nombradía. [158] El primer fascículo vió la luz en Marzo de 1897. Los primeros fascículos de dicha -Revista- fueron casi exclusivamente redactados por su director. Poco después, creado un germen de escuela, ayudáronme eficazmente, entre otros discípulos entusiastas, mi hermano Pedro Ramón Cajal, á la sazón Catedrático de Histología de Cádiz, que contribuyó nada menos que con ocho extensas monografías, recaídas sobre variados temas de neurología comparada (peces, reptiles, aves y batracios); el malogrado alumno interno R. Terrazas[159], con sus interesantes estudios de -neurogénesis cerebelosa- y los referentes al -tejido cartilaginoso-; el joven mallorquín Blanes Viale, alumno aventajadísimo (muerto también en flor, antes del término de la carrera), con cierta concienzuda indagación acerca del -bulbo olfatorio-; Sala Pons, antiguo discípulo de Barcelona, con sus estudios relativos á la -corteza cerebral de las aves y médula espinal de los batracios-; Olóriz Aguilera, cuya colaboración en mis indagaciones sobre la -estructura ganglionar- dejo ya consignada; Carlos Calleja, por entonces ayudante de la Facultad, y autor de valiosa comunicación acerca de la -corteza cerebral olfativa-; y en fin, Isidoro Lavilla, actual Catedrático de Valladolid, que aportó dos estudios importantes: uno sobre el -gran simpático intestinal- y otro concerniente á los -focos acústicos- de los mamíferos. [159] Este brillante discípulo murió, apenas graduado de doctor, á consecuencia de una fiebre tifoidea contraída en el primer partido de que fué médico titular. El segundo acontecimiento, muy lisonjero para mí, fué mi elección espontánea de miembro de la -Real Academia de Ciencias-, de Madrid. Esta designación tiene su anécdota, que referiré, porque honra mucho al patriotismo é independencia de la sabia Corporación. Uno de los más conspicuos académicos, á la sazón recién llegado de Berlín, contó á sus compañeros que el gran Virchow, entonces en todo el resplandor de su gloria, habíale sorprendido con una pregunta á que no pudo responder: «¿En qué se ocupa ahora Cajal? ¿Continúa sus interesantes descubrimientos?» Confuso y algo avergonzado nuestro prócer académico, de que en Berlín inspirara interés la labor de un español de quien él no sabía palabra, procuró, de regreso á la península, satisfacer su curiosidad. Y de sus conversaciones con el sabio astrónomo D. Miguel Merino, el inolvidable secretario perpetuo, surgió el acuerdo de iniciar y defender mi candidatura para cierta vacante, á la sazón en litigio. Tengo, pues, el singular privilegio de ser académico á -propuesta- de R. Virchow y de D. Miguel Merino. La redacción del discurso de ingreso, ocurrida en 1897[160], dióme ocasión de exponer, -ex abundantia cordis-, algunas reglas y consejos destinados á despertar en nuestra distraída juventud docente el gusto y la pasión hacia la investigación científica. Puse especial empeño en hacer amables y atractivas las tareas del laboratorio, y para lograrlo empleé un lenguaje llano, sincero y rebosante de entusiasmo comunicativo y de ferviente patriotismo. Y el éxito superó á mis esperanzas. Tan lisonjera acogida halló mi fogosa arenga en el público universitario y en la prensa, que, agotada rápidamente la tirada oficial del discurso, mi excelente amigo el Dr. Lluria, supliendo mi dejadez, estimó necesario reeditarla por su cuenta, destinando generosamente la nueva y copiosísima tirada á ser gratuitamente distribuída entre los estudiantes y diversos centros de enseñanza. Años más tarde, yo mismo, requerido vivamente por algunas entidades docentes y ciertos lectores entusiastas, hube de publicar, con nuevas ampliaciones y mejoras, la tercera edición (la cuarta hállase actualmente en prensa). [160] -Cajal-: Reglas y consejos sobre la investigación biológica. -Discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias-, etc., 5 de Diciembre de 1897. Este discurso incluye la contestación del doctor Calleja, decano de la Facultad de Medicina, quien, aparte elogios exagerados y amables de ritual acerca de mi obra científica, expone en brillante forma algunas atinadas y prudentes reflexiones sobre el tema. Y si la índole de mi folleto, pensado y escrito exclusivamente para España, y enderezado, por tanto, á corregir, acaso con excesiva viveza, vicios, rutinas y abandonos genuinamente españoles, no me lo vedara, habría á estas fechas saboreado la satisfacción de verlo traducido á varios idiomas, por ser muchas las solicitudes de versión á lenguas extrañas, cortésmente denegadas. Acaso algún día, si me asisten salud y vagares suficientes, corrija el texto, universalizándolo en lo posible y purgándolo de ciertos pasajes que sonarían inoportuna ó estridentemente en el oído de franceses, ingleses ó alemanes, ciudadanos de felices naciones donde la ciencia no requiere, para ser celosa y abnegadamente cultivada, el empleo de ciertos excitantes. Ya en vena de enumerar distinciones y honores, recordaré también que en 1897 fuí elegido numerario de la -Real Academia de Medicina-, de Madrid; que esta misma ilustre Corporación me galardonó, meses antes, con el premio Rubio (1.000 pesetas), á causa de la publicación de una obra de texto, entonces reciente, -Elementos de Histología-; que en 1896 la -Société de Biologie-, de París, recompensó espontáneamente mis trabajos, adjudicándome el premio -Fauvelle- (1.500 francos); que por la misma época, la famosa Universidad de Würzburgo[161], con ocasión de la inauguración del nuevo Palacio Universitario, me otorgó, en compañía de algunos Profesores ilustres, el grado de doctor -honoris causa-; que años antes (1895), la -Sociedad Fisico-Médica- de la misma ciudad bávara, por iniciativa, sin duda, de mi ilustre amigo el Dr. A. Kölliker, nombróme -miembro corresponsal-; que, en fin, con igual distinción honráronme, por entonces, la -Academia de Medicina- de Berlín, la -Sociedad de Psichatría- de Viena, la -Sociedad de Biología- de París, la -Sociedad Frenática Italiana-, la -Academia de Ciencias- de Lisboa, etc. [161] Según registra la -Neue Würzburger Zeitung-, diario que dió cuenta detallada de la fiesta, la ceremonia de la inauguración del suntuoso edificio del -Alma Julia- fué muy solemne. Asistieron varios Ministros de la Corona, el Rector, los Decanos de las cuatro Facultades y representantes de todas las Universidades alemanas. Pronunciáronse muchos discursos, entre ellos uno muy elocuente del Rector, profesor von Leube. Al final del acto, fueron proclamados los -doctores honorarios-, participando conmigo de esta honra, por la Facultad de Medicina, el ilustre maestro de Estocolmo Dr. G. Retzius y el gran renovador de la Química orgánica Dr. Fischer, de Leipzig. [Ilustración] CAPÍTULO XV Mi producción en 1898 y 1899. -- Abatido por el desastre colonial, amengua mi fuerza productiva. -- Literatura de la regeneración: su infecundidad en la corrección de los vicios nacionales. -- Teoría de los entrecruzamientos nerviosos y estructura del -kiasma óptico- en la serie animal. -- Otros trabajos menos importantes. Mi obra científica durante el año de 1898, fué bastante parca y pobre en hechos nuevos. Compréndese fácilmente: fué el año de la funesta guerra con los Estados Unidos; guerra preparada por la codicia de nuestros industriales exportadores, la rapacidad de nuestros empleados ultramarinos y el orgullo y egoísmo de nuestros políticos. Á ella dieron ocasión, sin duda, defectos hereditarios del carácter nacional, entre otros, un errado sentimiento del honor y cierta puntillosidad caballeresca, excusable en los individuos, absurda y antinacional en los pueblos; pero más que nada nos arrastró á la catástrofe la vergonzosa ignorancia en que vivían nuestros políticos de la magnitud y eficiencia reales de las propias y de las ajenas fuerzas. Porque, aunque parezca absurdo, por entonces, diputados, periodistas, militares, etc., creían de buena fe que nuestros instrumentos bélicos --buques de madera y ejército de enfermos--, podían medirse ventajosamente con los formidables de que disponía el enemigo. Que lo malo de un país no consiste en su debilidad, sino en que ésta sea ignorada de quienes tienen inexcusable obligación de conocerla. Justo, sin embargo, es reconocer que tan peligroso desconocimiento de la realidad internacional tuvo excepciones. Prescindiendo del pueblo --quien, por haber vertido estérilmente su sangre en dos cruelísimas campañas, anhelaba la paz á todo trance-- existían, hasta en el Ministerio, hombres, como Sagasta y Moret, que vieron el abismo á que el egoísmo de los plutócratas y la inconsciencia de las autoridades militares nos conducían. Y, sin embargo... ¡Pena da recordar cómo á políticos tan perspicaces y cultos como Moret, Sagasta y Canalejas, penetrados de la salvadora verdad[162], faltóles en la hora suprema el valor cívico necesario para proclamarla, imponiéndose enérgicamente á las opiniones y sentimientos de la Corona, del Ejército y de la Prensa! ¡Tan peligroso y arduo resultaba patentizar á los ojos del pueblo, como lo hizo austeramente Pí y Margall, que una nación de 90 millones de habitantes, con riquezas inmensas, recursos industriales y aprestos bélicos inagotables, había de aplastar irremediablemente á un país pobrísimo, de 17 millones de almas, y anemiado, además, por cuatro asoladoras guerras civiles! [162] El tan elocuente como malogrado estadista D. José Canalejas, acababa por entonces de regresar de un viaje de estudio por los Estados Unidos, de cuyos increíbles progresos, asombroso poder y prosperidad industrial y financiera, hablaba en privado como de algo insuperable y monstruoso; y, sin embargo, llegada la hora del conflicto, inspirándose acaso en los escrúpulos de Moret, reservó juicios y avisos que, proclamados pública y solemnemente en la prensa, hubieran quizás logrado modificar los extraviados sentimientos de la opinión. Pero no renovemos tristes recuerdos y volvamos á nuestro asunto. El recuerdo del desastre colonial hállase vinculado en mi memoria, por asociación cronológica, á la redacción de un trabajo de tendencias filosóficas acerca de la organización fundamental de las -vías ópticas- y la probable -significación de los entrecruzamientos nerviosos-[163], una de las disposiciones anatómicas más singulares y enigmáticas de los vertebrados. [163] -S. R. Cajal-: Estructura del quiasma óptico y teoría general de los entrecruzamientos nerviosos. -Revista trimestral micrográfica-, tomo III, 1898, con 18 grabados. [Ilustración: Fig. 69.--El Dr. Olóriz y el que escribe estas líneas, distrayendo sus ocios con el juego del ajedrez (verano de 1898).] Estábamos á la sazón veraneando en compañía del inolvidable Olóriz, en el pintoresco pueblo de Miraflores de la Sierra. Vecinos eran los pequeños hoteles en que nos albergábamos, y así, nuestras sendas familias formaban como una sola. Á menudo, fatigados de paliquear ó de leer, nos entregábamos al juego del ajedrez, al que D. Federico era muy aficionado. (En recuerdo del llorado maestro, inserto aquí una fotografía íntima, sacada por uno de mis hijos durante cierta partida empeñadísima) (fig. 69). Al atardecer, ahitos de lecturas ó vibrantes con las peripecias del juego, solíamos descongestionar el cerebro paseando por la carretera que, serpenteando al pie de la Najarra, remóntase á la Morcuera, para morir en el maravilloso Monasterio del Paular. Durante tan saludables correrías, placíame comunicar á mi compañero el fruto de mis meditaciones. Y alentado y autorizado con la aprobación del amigo, estaba á punto de terminar la redacción de mi trabajo, cuando en nuestro apacible retiro cayó como una bomba la nueva infausta de la destrucción de la escuadra de Cervera y de la inminente rendición de Santiago de Cuba. La trágica noticia interrumpió bruscamente mi labor, despertándome á la amarga realidad. Caí en profundo desaliento. ¿Cómo filosofar cuando la patria está en trance de morir?... Y mi flamante teoría de los entrecruzamientos ópticos quedó aplazada -sine die-. Aquel desfallecimiento de la voluntad --que fué general entre las clases cultas de la nación-- sacóme del laboratorio, llevándome meses después, cuando la conciencia nacional sacudió su estupor, á la palestra política. La prensa solicitaba apremiantemente la opinión de todos, grandes y chicos, acerca de las causas preparatorias de la dolorosa caída, con la panacea de nuestros males. Y yo, al igual de muchos, jóvenes entonces, escuché la voz de la sirena periodística. Y contribuí modestamente á la vibrante literatura de la regeneración, cuyos elocuentes apóstoles fueron, según es notorio, el gran Costa, Macías Picavea, Paraíso y Alba. Más adelante sumáronse á la falange de los veteranos algunos literatos brillantes: Maeztu, Baroja, Bueno, Valle-Inclán, -Azorín-, etc. En el coro de lamentaciones patrióticas, mis palabras fueron acaso las más estridentes y apasionadas. Sólo lo acerbo del desengaño podía excusar mis vehemencias. Había soñado con un renacimiento espiritual que incorporara definitivamente nuestra patria á la comunidad de las grandes naciones europeas, colaborando con ellas en la magna empresa de la civilización; y en mi despertar doloroso, encontréme con que España continuaba, sin posible remedio, su desconsoladora secular decadencia. ¡Qué amargo desencanto!... Creo sinceramente que mis declaraciones de -El Liberal-, -Vida Nueva- y de otros diarios[164], contenían algunas censuras justas y apuntaban tal cual remedio atinado. Sin embargo, hoy, á la distancia de dieciocho años, no puedo releer aquellas ardientes soflamas sin sentir algún rubor. Me disgustan algunas recriminaciones exageradas ó injustas, el tono general declamatorio y cierto aire patriarcal y autoritario impropio de un humilde obrero de la ciencia. ¿Qué autoridad tenía un pobre profesor, ajeno á los problemas sociales y políticos, para censurar y corregir? [164] Como remedios morales apuntábamos: renunciar al matonismo internacional, á la ilusión de tomar por progreso real lo que no es más que reflejo pálido de la civilización extranjera; desterrar el empleo de adjetivos hiperbólicos, de que tan pródigos fuimos siempre con nuestras medianías; y en fin, crear á todo trance cultura original. En el orden pedagógico, proponíamos: el pensionado de profesores y doctores aventajados en el extranjero; la incorporación á nuestros claustros de investigadores de renombre mundial; el abandono del régimen enervador del escalafón, sustituído por el sistema alemán de reclutamiento del profesorado, etc., etc. Fuera de que la retórica no detuvo nunca la decadencia de un país. Los regeneradores del 98 sólo fuimos leídos por nosotros mismos: al modo de los sermones, las austeras predicaciones políticas edifican tan sólo á convencidos. La masa permanece inerte. ¡Triste es reconocer que la verdad no llega á los perezosos, porque no leen ni sienten, y deja fríos, cuando no irritados, á los vividores y logreros! Advierto que recaigo en enfadosas digresiones. Anudando el hilo de mi narración, repito que el desenlace de la tragedia colonial interrumpió mis meditaciones sobre la significación del -kiasma- de los vertebrados. Mas, al fin, las aguas volvieron á su cauce. Y recobrando el equilibrio me incorporé al tajo con sin igual ardor. Humillado mi patriotismo de español, quedó vivo y pujante, y aún diré que exaltado, mi patriotismo de raza. Y dí cima, al fin, al aludido trabajo, sin perjuicio de planear nueva labor para lo futuro. Encierra la susodicha Memoria sobre el -kiasma- dos partes: la primera, exclusivamente anatómica, conservará siempre su valor; la otra, de tendencias psicológicas, sustenta concepciones que fueron blanco, y lo son aún, de vivas discusiones. La indagación anatómica fué motivada por dos Memorias, radicalmente revolucionarias, entonces recientes, de Michel y de Kölliker. Prodúcese á veces entre los científicos algo así como cansancio de la verdad consagrada. El furor iconoclasta y revisionista gana hasta á los viejos. ¡Es tan tentador para el amor propio dejar mentirosas varias generaciones de sabios!... Algo de esto debió pasar por el espíritu de Michel cuando proclamó, contra lo que desde la época de Newton era general creencia, é imponen además postulados fisiológicos indeclinables, que el -kiasma óptico- del hombre y vertebrados superiores (-visión binocular de campo común-), -consta exclusivamente de fibras ópticas entrecruzadas-; en consecuencia, el clásico -cordón óptico homolateral-, que junta cada ojo con el hemisferio cerebral de su mismo lado, sería mera ilusión anatómica[165]. [165] -Michel-: Lehrbuch der Augenheilkunde, 2 Auf., 1890. Á pesar del aparato de pruebas histológicas con que el citado sabio autorizó sus osadas afirmaciones, la tesis de Michel causó general estupefacción. Pero lo más grave fué, que algunos investigadores de renombre, y sobre todo el venerable Kölliker[166], la ampararon con su prestigio y hasta procuraron fortalecerla con nuevas demostraciones anatómicas. Los dibujos del maestro de Würzburgo, calcados sobre irreprochables preparaciones del método de Weigert, parecían concluyentes. Quedábamos, pues, privados del indispensable -cordón homolateral-, y, por consiguiente, incapacitados para explicar cómo, recibiendo el cerebro dos imágenes visuales casi idénticas (exigencia de la visión del relieve), sólo percibimos una. [166] -A. Kölliker-: Handbuch der Gewebelehre des Menschen, Bd. II, 1896. Ocupado yo entonces en el análisis de los centros visuales de los mamíferos, tan insólita conclusión prodújome invencible repugnancia. Ello no podía ser, no debía ser; á menos que la naturaleza, divorciada de toda ley de armonía, se complazca en lo superfluo ó en lo absurdo. Y, acudiendo á la observación, me propuse estudiar á fondo el asunto, abordándolo con los métodos más apropiados; cuanto más, que por entonces me rondaban por la imaginación algunas conjeturas encaminadas á esclarecer el enigma de los entrecruzamientos nerviosos. Claro es que antes de hilvanar mi teoría necesitaba saber, á punto fijo, si existían ó no en el kiasma del hombre y primates, fibras homolaterales. Puse, pues, manos á la obra, auxiliándome de copioso material de estudio (peces, batracios, reptiles, aves y mamíferos). Y, en sustitución del método de Weigert usado por Kölliker (cortes finos seriados en donde las fibras aparecen truncadas y difícilmente perseguibles), me serví del de Ehrlich, al azul de metileno, y del de Marchi (degeneraciones secundarias tras la ablación de un ojo). Ambos procederes permiten allegar datos decisivos para el esclarecimiento del problema: el primero, por consentir el examen de cortes muy espesos donde los axones del kiasma pueden seguirse durante larguísimos trayectos; y el segundo, porque revela con claridad en los cortes seriados, á favor de ristras de gotas grasientas ennegrecidas, el trayecto real de las fibras visuales nacidas en cada retina. El resultado de tales pesquisas fué absolutamente conforme con la doctrina tradicional. Entrambos recursos demostraron en los mamíferos de -visión binocular- la existencia de robustísima vía óptica homolateral; en los animales donde se indica apenas dicho campo visual común (conejo, cavia, ratón, etc.), la presencia de algunas fibras homolaterales, predominando enormemente las cruzadas; y, en fin, en los vertebrados de campo visual diferente (peces, batracios, reptiles y aves, donde la visión es panorámica), la existencia de un entrecruzamiento total. El error de Michel y de Kölliker nació, como nacen siempre los errores histológicos, de haber exigido del método (el de Weigert) más de lo que buenamente podía dar, completando lo truncado de sus revelaciones con interpretaciones aventuradísimas. Exactos eran los dibujos, pero erradas las conclusiones. De pasada y para hacer bueno el adagio de que en las ciencias experimentales cuando se busca con fe y perseverancia siempre se encuentra algo fuera de programa, tropecé con un hecho interesante. El kiasma de algunos roedores (conejo, por ejemplo) encierra, además de los conocidos conductores -cruzados- y -directos-, ciertos tubos -bifurcados-, esto es, fibras que, brotadas en la retina (células gangliónicas), divídense en dos ramas (fig. 70), destinadas á entrambas cintas ópticas. Para Kölliker (que en vista de mi trabajo rectificó después noblemente su opinión) y para otros autores que trataron de interpretar fisiológicamente el inesperado hallazgo, las citadas fibras bifurcadas provendrían de la región retiniana llamada -mácula lútea-, territorio correspondiente á la -foseta central del hombre- y primates. Por lo demás, tales dicotomías fueron confirmadas ulteriormente en el gato y ciertos animales por el maestro bávaro. [Ilustración: Fig 70.--Trozo del kiasma óptico del conejo. Método de Ehrlich.-- A, nervio óptico; B, trozo de -kiasma- con el arranque de la -cinta óptica-; -a-, bifurcaciones de tubos nerviosos.] Fijado ya el primer punto importante, ó sea la realidad indiscutible del cruce parcial de las vías ópticas primarias, era llegada la hora de ver cuál de las conjeturas imaginadas acerca de la significación de los entrecruzamientos cuadraba mejor con las variantes de organización del kiasma y retina en la serie animal, y con los datos y postulados de la fisiología de la visión. Planteemos el problema tal como lo planteaba entonces mi curiosidad. Notemos de pasada que para la ciencia anatómica de entonces --cerrada de horizontes y atenida á la mera descripción morfológica--, no había tal problema. El anatómico puro, como el zoologista descriptivo, es ajeno á toda inquietud filosófica. Con proclamar que el cruzamiento óptico constituye ley anatómica de los vertebrados, queda plenamente satisfecho. Inercia mental incomprensible, porque si la anatomía y la histología deben aspirar á la jerarquía de verdaderas ciencias, es fuerza que, al modo de la Química ó de la Astronomía, se preocupen de la evolución de los fenómenos y se tornen de cada vez más dinámicas y más causales. Por sentir yo de esta suerte pude abandonar esa conformidad pasiva y como beatífica, obra del hábito y apagadora de toda curiosidad etiológica. Sorprendíme profundamente de una cosa de que nadie se mostraba al parecer sorprendido. Y el kiasma óptico se me presentó como algo absurdo ó inútil, que agravia nuestro sentido de la simetría y del ahorro, puesto que merced á aquél los conductores ópticos alargan inútilmente su trayecto y crean en los centros infinitas complicaciones compensadoras. «¿No fuera más sencillo --me preguntaba-- que cada cordón óptico desembocara directamente en los centros cerebrales de su lado, ya que la impresión recibida por cada retina provoca predilectamente reacciones motrices en las regiones correspondientes de la cabeza, tronco y extremidad superior?» Pero las incongruencias aparentes continúan en el encéfalo y bulbo. También la vía -piramidal- del cerebro ó de los movimientos voluntarios, los -cordones sensitivos- llegados de la médula y del bulbo, los manojos centrífugos nacidos en el cerebelo, se entrecruzan total ó casi totalmente. ¡Y luego, la absoluta generalidad, la irreductible pertinacia de tales -decusaciones-, iniciadas en los peces y proseguidas tenazmente hasta el hombre!... En realidad, no faltan en ningún animal de visión lenticular, es decir, provisto de ojos sencillos, en los cuales la imagen sintética es proyectada por una lente convergente. Recientemente, hemos reconocido dicho cruce hasta en los cefalópodos, cuyo ojo obedece también á la norma estructural del vertebrado. «Quizás --discurría-- el cruce fundamental de las vías ópticas está fatalmente ligado al mecanismo físico de la visión. Busquemos, pues, en este mecanismo la razón lógica de tal organización. Una vez averiguada, nada será más fácil que explicar, á título de disposiciones compensadoras y correctoras, las decusaciones primordiales de las vías motrices y sensitivas.» Y dando de mano á otras conjeturas, se apoderó de mí, obsesionante, el siguiente pensamiento: -Todo tendría llana explicación, admitiendo que la percepción correcta de un objeto implica la congruencia de las superficies cerebrales de proyección ó representativas de cada punto del espacio-. Por tanto, para que la percepción mental se unifique y concuerde exactamente con la realidad exterior, ó, en otros términos, para que la imagen aportada por el ojo derecho, se continúe con la aportada por el ojo izquierdo, es de todo punto necesario el entrecruzamiento lateral de las vías ópticas: -cruce total- en los animales de -visión panorámica-; -cruce parcial- en los animales dotados de -campo visivo común-. Los siguientes esquemas explican claramente la precedente teoría. [Ilustración: Fig. 71.--Esquema destinado á mostrar la incongruencia de la proyección mental de las imágenes de ambos ojos, en el supuesto de que no existiera entrecruzamiento de los nervios ópticos.-- L, lóbulos ópticos.] El primer esquema (fig. 71) muestra la forma y dirección de la imagen óptica mental, en el supuesto de que no hubiese cruzamiento de los nervios ópticos. La incongruencia de ambas imágenes salta á la vista: la proyectada por el ojo derecho no conviene con la del izquierdo, y sería imposible que el animal pudiera sintetizar ambas imágenes en una representación continua. El horizonte se le presentaría como una vista panorámica formada con dos fotografías: derecha é izquierda, invertidas lateralmente. Examinemos ahora la imagen mental resultante del entrecruzamiento de los nervios ópticos, entrecruzamiento adoptado por la naturaleza en los ojos lenticulares. La figura 72, C revela con la mayor evidencia que, gracias á dicho cruce, ambas imágenes, derecha é izquierda, se corresponden, componiendo un panorama continuo y desapareciendo la inversión lateral. [Ilustración: Fig. 72.--Esquema destinado á mostrar el efecto del entrecruzamiento total de los nervios ópticos en un vertebrado inferior (pez, anfibio, reptil, ave ó mamífero de visión panorámica). Obsérvese que, gracias á este cruzamiento, las dos imágenes mentales forman un todo continuo.-- O, nervios ópticos cruzados; C, centros ópticos primarios y secundarios; M, vía motriz cruzada; S, vía 1 , 2 ( ) . 3 4 5 , 6 - , , , , 7 , , , , , , . , 8 , , , 9 . 10 11 12 13 14 [ ] 15 16 17 18 19 20 21 . - - 22 . - - . - - 23 , 24 . - - 25 . - - , 26 , . - - 27 , . 28 - - ; 29 , , . 30 31 32 , , , 33 , , , 34 , 35 : 36 37 « ¡ ! , ¿ ? 38 ; ¿ ? 39 , ¿ , 40 , ? » 41 42 . , 43 44 , 45 , , , 46 . 47 48 49 50 ; , 51 , 52 ; , , , 53 . 54 , ¿ ? 55 56 , , 57 . , 58 59 , , 60 , . 61 , , . 62 , 63 - - 64 , 65 , - - , 66 , 67 , 68 . 69 70 . , 71 , , 72 , 73 , . 74 , , , 75 , 76 . , 77 ( 78 79 ) 80 ( , , 81 , , . ) . 82 , , , 83 , , 84 . 85 86 , 87 . 88 89 . 90 91 92 , - - , - 93 - - - , , - - - 94 - , , 95 . 96 , 97 ; 98 , - - , - - . 99 100 ¿ ? 101 ¿ - - , - - - 102 - , - - , - - 103 ? 104 . 105 . 106 : . 107 , 108 , 109 . , 110 - - : 111 - - . , 112 , 113 . 114 115 116 . 117 118 ( 119 ) , 120 . , 121 [ ] , « » ; 122 , 123 , 124 , ; 125 , 126 ; , , 127 , - - 128 , - - 129 130 . 131 132 [ ] - - : 133 . , . 134 135 ; , 136 , 137 , . 138 . 139 , . 140 . 141 ; , , 142 , 143 , 144 . 145 146 , , 147 , 148 . 149 , 150 . 151 , 152 , 153 . 154 , 155 : ¿ 156 ? , 157 , , 158 , 159 . , 160 , , , . 161 , , 162 . 163 164 , . 165 . 166 , , 167 , . . . . 168 169 * * * * * 170 171 , , 172 , , 173 - - - - 174 , , , 175 , 176 , 177 « , 178 , , 179 » . 180 181 , 182 183 . 184 185 , , 186 ; , , 187 , . 188 , , , 189 . , 190 , , 191 . 192 193 , 194 - 195 - , , 196 ( ) . 197 198 , , , 199 , 200 , , , 201 , 202 , 203 , 204 , , 205 , , 206 . 207 208 209 [ ] . 210 211 [ ] - - : - 212 . - 213 . - 214 - - - , . , 215 . 216 217 - - ) - - , 218 , , - - 219 , 220 . 221 222 - - ) , 223 224 : - - ( 225 , , , , , 226 , , . ) , 227 , ; - 228 - - ( 229 ) , , 230 231 . 232 233 - - ) , 234 , 235 , , , 236 . 237 238 - - ) , 239 , 240 241 , 242 , 243 , . 244 245 - - ) 246 247 , 248 : , 249 , , 250 , 251 , , 252 . 253 , 254 , 255 , , , 256 , 257 , 258 , 259 ( , , , . ) . 260 261 - - ) , 262 ( 263 , , , , 264 , . ) , 265 ( ) 266 , 267 ( 268 , 269 ) , 270 , 271 . 272 273 , , , 274 , 275 , , 276 , 277 [ ] . 278 279 [ ] - - : , . 280 281 , - - 282 , , , , 283 , , 284 , , 285 , , 286 , . 287 ( - - , - 288 - , 289 - - ) . 290 291 * * * * * 292 293 , 294 , 295 , , 296 , , 297 . , 298 299 . 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[ ] , - 531 - - - ; 532 , ( 533 , ) , 534 - - ; , 535 , - 536 - ; , 537 - - 538 ; , 539 , - 540 - ; , , 541 , : - 542 - - - 543 . 544 545 [ ] , , 546 547 . 548 549 , , 550 - - , . 551 , , 552 . 553 554 , 555 , , 556 , 557 : « ¿ ? ¿ 558 ? » 559 560 , 561 562 , , , 563 . . 564 , , 565 , 566 . , , 567 - - . . . 568 569 , [ ] , 570 , - - , 571 572 . 573 , 574 , 575 . 576 . 577 , , 578 , 579 . , , 580 , 581 582 . , , 583 , , 584 , ( 585 ) . 586 587 [ ] - - : 588 . - 589 - , . , . 590 , 591 , , 592 , 593 . 594 595 , 596 , , , , 597 , , , 598 , 599 , 600 , . 601 , , , 602 603 , 604 , 605 , , 606 . 607 608 , 609 - - , 610 ; , , 611 ( . ) , 612 , , - - ; 613 - - , , 614 , - - ( . ) ; 615 , [ ] , 616 , 617 , , 618 - - ; ( ) , - 619 - - , , 620 , . . , - 621 - ; , , , 622 , - - , - 623 - , - - , 624 - - , - - , 625 . 626 627 [ ] - - , 628 , 629 - - 630 . , , 631 632 . , 633 , . 634 , - - , 635 , , 636 . . 637 . , . 638 639 640 641 642 [ ] 643 644 645 646 647 648 649 . - - 650 , . - - 651 : 652 . - - 653 - - . - - 654 . 655 656 657 , 658 . : 659 ; 660 , 661 . 662 , , 663 , , 664 , , 665 ; 666 667 668 . , , , , 669 , , . , 670 - - - - , 671 672 . , 673 674 . 675 676 , , 677 . 678 - - , 679 , - - , 680 , , , 681 682 . , . . . 683 684 ¡ 685 , , 686 [ ] , 687 , 688 , ! ¡ 689 , 690 , 691 , , 692 , 693 , , , , 694 ! 695 696 [ ] . 697 , 698 , , 699 , 700 ; , , 701 , 702 , , 703 , 704 . 705 706 . 707 708 , 709 , 710 711 - - - 712 - [ ] , 713 . 714 715 [ ] - . . - : 716 . - 717 - , , , . 718 719 [ : . . - - . , 720 ( ) . ] 721 722 , 723 . 724 , , 725 . , 726 , , . 727 . ( , 728 , 729 ) ( . ) . , 730 , 731 , 732 , , 733 . , 734 . 735 , 736 , 737 738 . 739 740 , 741 . . ¿ 742 ? . . . 743 - - . 744 745 - - 746 - - , 747 , , 748 . 749 , , 750 , . , 751 , , . 752 , 753 , , , 754 , . 755 : , , , 756 - , - - , . 757 758 , 759 . 760 . 761 762 , 763 ; , 764 , , 765 . ¡ ! . . . 766 767 - - , - 768 - [ ] , 769 . , , 770 , 771 . 772 , 773 . ¿ 774 , 775 , ? 776 777 [ ] : 778 , 779 ; 780 , 781 ; , 782 . , 783 : 784 ; 785 ; 786 , 787 , . , . 788 789 . 790 : 791 , 792 . . ¡ 793 , 794 , , , 795 ! 796 797 . 798 , 799 - - 800 . , , . 801 . 802 , , 803 , . , , 804 , . 805 806 - - : 807 , , ; 808 , , 809 , , . 810 811 , 812 , , . 813 814 . 815 . ¡ 816 ! . . . 817 , 818 , 819 , - - 820 ( - 821 - ) , - - ; 822 , - - , 823 , 824 [ ] . 825 826 [ ] - - : , . , . 827 828 829 , 830 . , 831 , [ ] , 832 833 . , 834 , 835 . , , 836 - - , , , 837 , 838 ( ) , . 839 840 [ ] - . - : , . 841 , . 842 843 844 , . 845 , ; , 846 , 847 . , , 848 , ; 849 , 850 851 . 852 , , 853 , . 854 855 , , , 856 ( , , , ) . , 857 ( 858 859 ) , , , 860 ( ) . 861 862 : , 863 864 ; , 865 , 866 , 867 . 868 869 870 . 871 - - 872 ; 873 ( , , , . ) , 874 , ; , 875 , ( , , 876 , ) , 877 . , 878 , 879 ( ) , 880 . 881 , . 882 883 884 885 , 886 . ( , ) 887 , - - 888 - - , - - , , , 889 ( ) , 890 ( . ) , . 891 ( 892 ) 893 , 894 895 - - , - 896 - . , 897 898 . 899 900 [ : . - - . 901 . - - , ; , - - 902 - - ; - - , . ] 903 904 , 905 , 906 907 908 , 909 . 910 911 . 912 - - 913 - - , 914 . , , 915 . 916 , 917 . , 918 , 919 , , 920 921 . 922 923 924 , 925 . 926 . 927 , 928 , 929 930 . 931 932 « ¿ - - - - 933 , 934 935 , 936 ? » 937 938 939 . - - 940 , - - 941 , , 942 . 943 944 ¡ , , 945 - - , 946 ! . . . , 947 , , , 948 . 949 , , 950 . 951 952 « - - - - 953 . , 954 , . 955 , , 956 , 957 . » 958 959 , , , 960 : - , 961 962 963 - . , 964 , , , 965 , 966 , 967 : - - 968 - - ; - - 969 - - . 970 971 . 972 973 [ : . . - - 974 , 975 . - - , 976 . ] 977 978 ( . ) 979 , 980 . 981 : 982 , 983 . 984 985 : , . 986 987 988 , 989 . , 990 , , , 991 , , 992 . 993 994 [ : . . - - 995 996 ( , , , ) . 997 , , 998 . - - , ; , 999 ; , ; , 1000