Estos curiosos sistemas de nidos y de fibras espiroideas
encuéntranse también en el hombre, según demostramos años
después (1905) con ayuda de un método especial. Las singulares
variaciones morfológicas y las sorprendentes libraciones
de distribución en cada especie animal de los referidos
nidos nerviosos constituyen hoy, gracias á los trabajos
anatomo-patológicos de Nageotte, Marinesco, Lugaro, Rossi,
Pacheco, Schäffer, Exposito, Bielschowsky, Minea, Dustin, etc., y
á los de histología comparada de Dogiel y Levis, Huber, Ranson,
uno de los capítulos más interesantes de la biología ganglionar.
[Ilustración]
CAPÍTULO XIV
Las teorías y los hechos. -- Firmeza y constancia de los hechos
histológicos. -- Carácter instrumental de las hipótesis. --
Conviene de cuando en cuando cultivarlas, pero sin fiarse mucho
de ellas. -- Inducciones fisiológicas sacadas de la morfología
neuronal. -- Explicación histológica del hábito, del progreso
mental en la escala zoológica, del talento y del genio. --
Conjeturas sobre el mecanismo del sueño, atención y asociación.
-- Exquisita economía reinante en las creaciones de la vida;
leyes de ahorro, de espacio, de materia y de tiempo de conducción.
Cuantos cultivan, con más ó menos fortuna, la histología, ó sus ramas
afines, la bacteriología y la embriología, habrán oído alguna vez,
atajando entusiasmos expositivos, comentarios tan desalentadores como
los siguientes:
«¡Magnífica lucubración! Pero, ¿será verdad tanta belleza? Eso afirma
la histología de hoy; ¿lo mantendrá también la histología de mañana?
En plena evolución la biología, ¿quién se acordará, dentro de un
siglo, de las actuales doctrinas histológicas?»
Respondamos con franqueza. Quienes profieren tales frases, además de
mostrar supina ignorancia acerca del carácter esencialmente objetivo
de las ciencias micrográficas, confunden lastimosamente el hecho de
observación, noción fija y perenne, con la interpretación teórica,
esencialmente mudable y acomodaticia.
Desconfiar de la realidad de las adquisiciones histológicas
vale tanto como suponer que la especie nueva descubierta por el
naturalista corre riesgo de inmediata desaparición; que el ganglio,
la glándula ó el vaso discernidos por el anatómico, están en trance
de evaporarse; ó que, en fin, el astro sorprendido por el astrónomo,
hállase amenazado de súbita extinción. La naturaleza del instrumento
de observación, ¿puede cambiar la índole de los hechos?
Se argüirá acaso que, á pesar de todo, en las ciencias histológicas
los hechos se discuten alguna vez. Ciertamente, la actitud
revisionista y un poco escéptica hallábase plenamente justificada
hace cincuenta ó sesenta años, cuando la fina anatomía, aún en
cierne, carecía de métodos de coloración precisos y terminantes. Mas
hoy, por fortuna, las cosas han mejorado radicalmente. Sobre que
la crítica científica se ha hecho más exigente y escrupulosa, no
concediendo su -exequatur- sino á los hechos estructurales conjunta
y concordantemente revelados por técnicas muy diferentes, los
métodos actuales de coloración, los llamados -métodos selectivos-,
proporcionan imágenes tan claras, nítidas y enérgicamente
contrastadas con el fondo incoloro, que fuera absurdo abrigar la
menor duda acerca de su preexistencia.
No. En nuestra época, los hechos morfológicos aportados por
investigadores serios y competentes, por quienes, á la hora de
describir ó dibujar la imagen microscópica, abstiénense prudentemente
de todo subjetivismo, no son jamás negados ni regateados.
Naturalmente, andando el tiempo, podrá variar su perspectiva ideal,
así como el alcance fisiológico de los mismos, pero sin menoscabo
de su objetivismo. Á la hora presente, discútense de preferencia
(y se discutirán mientras la ciencia de la vida no alcance la
plenitud ideal de sus datos ni se remonte á la esfera de las causas
eficientes) las hipótesis fisiológicas y las teorías biológicas
generales (mecanismo de la herencia, de la adaptación y variación, de
la sexualidad, del papel fisiológico de los órganos y tejidos, etc.).
Pero, repito, el dato histológico de primera mano, bien descrito y
precisado, constituye algo fijo y absolutamente estable, contra lo
cual ni el tiempo ni los hombres podrán nada.
Para dejar bien sentada esta doctrina, citaré un ejemplo concreto
tomado de mis modestas investigaciones neurológicas. Aludo á la
concepción neuronal defendida actualmente por la gran mayoría de los
histólogos.
Imaginemos que se descubre un método de coloración exquisitamente
selectivo, en cuya virtud aparece tendido entre mis -nidos-, -fibras
trepadoras- ó -musgosas-, de una parte, y -el cuerpo- y -dendritas
neuronales-, de otra, un sistema sutilísimo de hebras anastomóticas
absolutamente invisibles con los procederes actuales. En tal
supuesto, las hojas no representarían las últimas proyecciones del
árbol; las arborizaciones nerviosas y espinas dendríticas señaladas
por mí resultarían, en vez de -terminales-, -preterminales-.
¿Habríase perdido algo con este transcendental progreso?
¿Evaporaríanse por eso los -nidos-, las -pláculas- y -cálices
finales-, las -ramificaciones- de los axones, las -espinas- de las
dendritas y otras muchas disposiciones de contacto? De ninguna
manera. Dichas formas conservarían íntegramente su valor objetivo y
su carácter de hechos anatómicos generales. Sólo una cosa debería
ser corregida: la interpretación fisiológica. Desde el punto de
vista utilitario, tales disposiciones no podrían justificarse ya por
la necesidad de asegurar el paso de las corrientes, multiplicando
las superficies de contacto. Por consiguiente, la hipótesis de la
transmisión por -contigüidad- sería reemplazada por otra: la de
la propagación por -continuidad-. Y se impondría la averiguación,
siguiendo otros derroteros, de la significación dinámica de las
susodichas estructuras. Una vez más haríase patente el carácter
provisorio de nuestras interpretaciones teóricas y la necesidad
inexcusable de renovarlas y perfeccionarlas al compás de los nuevos
descubrimientos.
Precisamente por temor á estas posibles decepciones (la historia de
la biología está llena de ellas), soy adepto ferviente de la religión
de los hechos. Se ha dicho infinitas veces, y nosotros lo hemos
repetido también[152], que «los hechos quedan y las teorías pasan»;
que todo investigador que, confiando harto en la solidez y excelencia
de las concepciones generales, desdeña la contemplación directa de la
realidad, corre riesgo de no dejar huella permanente de su actividad;
que los hechos constituyen exclusivamente nuestro haber positivo,
nuestros bienes raíces y nuestra mejor ejecutoria; que, en fin, en
la eterna mudanza de las cosas, ellos sólo se salvarán --y con ellos
acaso una parte, la mejor de nuestra propia personalidad-- de los
ultrajes del tiempo y de la indiferencia ó de la injusticia de los
hombres.
[152] -Cajal-: Reglas y consejos sobre la investigación
biológica. Discurso de recepción de la Academia de Ciencias, 1894.
Todo esto es evidente; pero también es cierto que, sin teorías é
hipótesis, nuestro caudal de hechos positivos resultaría harto
mezquino, acrecentándose muy lentamente. La hipótesis y el dato
objetivo están ligados por estrecha relación etiológica. Aparte su
valor conceptual ó explicativo, entraña la teoría valor instrumental.
Observar sin pensar es tan peligroso como pensar sin observar. Ella
es nuestra mejor herramienta intelectual; herramienta, como todas,
susceptible de mellarse y de enmohecerse, necesitada de continuas
reparaciones y sustituciones, pero sin la cual fuera casi imposible
labrar honda brecha en el duro bloque de lo real.
Para el anatómico, el histólogo y el embriólogo, amarrados al duro
banco del análisis, la elaboración doctrinal obedece además á
tendencias lógicas y sentimentales casi irrefrenables. Dificilísimo
es contrarrestar el impulso de la imaginación postergada, que
reclama á gritos su turno de acción. Nos la impone además el juego
mismo de nuestro mecanismo pensante, esencialmente práctico y
finalista, el cual nos plantea á diario el problema de las causas
mecánicas y de los móviles utilitarios. Reconocida una disposición
estructural ó morfológica, surge invariablemente en nuestra mente
esta interrogación: ¿Qué servicio fisiológico ó psicológico presta
al organismo? En vano el buen sentido, en pugna con las citadas
tendencias, ataja nuestra curiosidad, advirtiéndonos que el problema
ha sido planteado prematuramente, mucho antes de allegados todos los
datos indispensables. Tan discreta reflexión, si nos vuelve acaso
más circunspectos, no paraliza, empero, el proceso teórico. Sigue
impertérrita la fantasía, construyendo sobre arena, como si ignorase
la irremediable caducidad de su obra.
Todo esto es profundamente contradictorio, pero es fatalmente humano.
Nunca fueron buenos amigos la razón y el sentimiento. Quienes sienten
tales anhelos especulativos, conocen de sobra cuán efímera suele ser,
en biología, la obra de los grandes sistematizadores. Y no obstante...
* * * * *
Todo el precedente preámbulo, del cual pido perdón al lector, se
encamina á disculpar, en lo posible, mis escarceos especulativos
--pocos por fortuna-- y explicar el cómo un fanático irreductible
de la religión de los hechos, ha caído, de vez en cuando, en la
debilidad de sacrificar al ídolo de la teoría deslumbrante, no
obstante hallarse íntimamente persuadido de su irreparable fugacidad,
y á despecho de haber declarado repetidamente «que, si por azares de
la suerte, nos vemos compelidos á forjar hipótesis, procuremos al
menos no creer demasiado en ellas».
Desahogada un poco mi conciencia con esta espontánea confesión,
pasaré brevemente á relatar algunas de las lucubraciones imaginadas
durante el trienio susodicho. Y vaya por delante la declaración
de que entre las conjeturas é hipótesis de mi cosecha las hay que
me parecen estimables, y cómodamente defendibles aún hoy, después
de veinte años de progresos incesantes; y las hay, en cambio,
francamente inverosímiles, temerarias é inaceptables. Sobre las
primeras insistiré, naturalmente, más que sobre las segundas,
merecedoras sólo de olvido. En fin, algunas pocas de la primera
categoría entran, á juicio mío, en la jerarquía de leyes empíricas
sólidamente fundadas.
Mi primer trabajo de tendencia teórica fué el que, con el título
de -Consideraciones generales sobre la morfología de la célula
nerviosa-, fué enviado al Congreso internacional de Medicina,
celebrado en Roma (1894).
Tratábase, sobre todo, en esta comunicación, de indagar las leyes
de la evolución del sistema nervioso en la serie animal, y de
marcar, en lo posible, cuáles centros, durante los innúmeros
incidentes del desarrollo, han conservado potencialmente la prístina
plasticidad, siendo capaces de adaptarse estructuralmente á las de
cada vez más variadas y complejas condiciones del Cosmos, y cuáles
son los centros, propiamente animales, como anquilosados por un
automatismo milenario y que, rebeldes á toda acomodación, cancelaron
irrevocablemente su historia.
En obsequio á la brevedad enumeremos rápidamente las principales
conclusiones de esta comunicación[153].
[153] -Cajal-: -Consideraciones generales sobre la morfología
de la célula nerviosa.- Comunicación enviada al Congreso médico
internacional celebrado en Roma en 1894. Publicado en las -Actas
del Congreso- y en la -Veterinaria española-, núm. 5, 2 de Junio
de 1894.
-a-) La -ontogenia- del tejido nervioso reproduce, de modo
abreviado, con algunas simplificaciones y saltos, la -filogenia-
del mismo, y eso tanto con relación á la neuroglia como á la
célula nerviosa.
-b-) Desde el punto de vista del desarrollo filogénico, se
advierte en todo vertebrado la presencia simultánea de dos
sistemas nerviosos: el -sensorial y sensitivo- (ganglios
periféricos, retina, bulbo olfatorio, médula espinal, cerebelo,
tálamo, cuerpo estriado, etc.), que ha terminado su desarrollo
por diferenciación, progresando sólo por extensión; y el -sistema
nervioso cerebro-cortical- (corteza gris y circunvoluciones
cerebrales), que continúa perfeccionándose en la serie animal,
tanto por extensión como por diferenciación estructural y
morfológica de sus elementos.
-c-) La ley del progreso morfológico, asociada á creciente
adaptación funcional, se traduce en las neuronas por la creación
y estiramiento de nuevos apéndices, y, por consiguiente, por la
multiplicación y diversificación de las conexiones intercelulares.
-d-) Afirmación, sobre la base de numerosas observaciones
comparativas, de que la dimensión del cuerpo de la célula
nerviosa y el diámetro del axon no guardan relación con la
especialización fisiológica, sino que son proporcionales á la
riqueza y extensión de la arborización nerviosa terminal, y por
consiguiente, á la amplitud y diversidad de las conexiones.
-e-) Comparando la morfología y la abundancia relativa de
colaterales nerviosas y protoplásmicas de las pirámides
cerebrales en la escala de los vertebrados, llégase á este
resultado: la excelencia intelectual, y sus más nobles
expresiones, el genio y el talento, no dependen de la talla ó del
caudal de las neuronas cerebrales, sino de la copiosidad de sus
apéndices de conexión, ó en otros términos, de la complejidad de
las vías de asociación á cortas y á largas distancias. Que la
abundancia de la substancia blanca denota riqueza de conexión y,
por tanto, superior jerarquía intelectual fué tesis defendida
ya hace tiempo por Meynert y Flechsig, quienes, naturalmente,
no pudieron basarla, en ausencia de métodos selectivos de las
expansiones celulares, sino en la grosera estructura de la
substancia gris y blanca, mostradas por procederes poco eficaces
(métodos al carmín, hematoxilina, el de Weigert, etc.).
-f-) Explicación de la habilidad profesional, ó sea del
perfeccionamiento funcional acarreado por el ejercicio (educación
física, actos de hablar, escribir, tocar el piano, maestría
en la esgrima, etc.), tanto por el robustecimiento progresivo
de las vías nerviosas (conjetura sugerida por Tanzi y Lugaro)
excitadas por el paso de la onda, como por la creación de
nuevos apéndices celulares (crecimiento de nuevas dendritas
y alargamiento y ramificación de colaterales nerviosas, no
congénitas), susceptibles de mejorar el ajuste y la extensión de
los contactos, y aun de organizar relaciones absolutamente nuevas
entre neuronas primitivamente inconexas.
Esta última hipótesis, bastante verosímil, y que se presta, según
adivinará el lector, á desenvolvimientos retóricos y psicológicos
muy agradables, fué también enunciada, y decorada con algunos
ejemplos y comparaciones, en nuestra conferencia de Londres del
mismo año[154].
[154] -Cajal-: Croonian Lecture, 1894.
Naturalmente, al -administrar- psicológicamente los primores de la
morfología celular, no excluíamos, ni mucho menos, la parte que,
andando el tiempo, habría de ser atribuída, á los efectos de explicar
histológicamente el hábito, el talento y el genio, á la sutilísima
urdimbre del protoplasma nervioso, cuya complejidad, siempre en
aumento, no había llegado aún á la soberana culminación de hoy.
(Ignorábanse entonces las -neurofibrillas-, el -aparato endocelular
de Golgi-, y estaba muy fresco todavía el descubrimiento de los
-grumos- de Nissl).
* * * * *
Animado de igual espíritu, lancé en 1897 á la publicidad otro
trabajo sintético, encaminado á inquirir los postulados de carácter
utilitario que, en un último esfuerzo inductivo, aparecen rigiendo
las infinitas variantes de forma, tamaño, posición y dirección de las
neuronas y de las fibras conductrices. Digamos de pasada, que sobre
el mismo asunto tuve la honra de pronunciar una conferencia en el
Ateneo de Madrid. (Por cierto que, como premio á esta disertación,
así como de un curso completo explicado en 1897 y 1898, sobre mis
modestas investigaciones científicas, el ilustre Presidente del
Ateneo, D. Segismundo Moret, que siempre me distinguió con sus
bondades, y, -la Junta directiva-, celosa en estimular y honrar á
todo entusiasta cultivador de la ciencia ó del arte, otorgáronme el
título de -socio de mérito-).
El trabajo aludido[155], que lleva por título: -Leyes de la
morfología y dinamismo de las células nerviosas-, contiene, además
de la nueva fórmula de la -polarización dinámica-, de que hemos
tratado ya en el capítulo IX, una indagación acerca del porqué
utilitario de esas curiosas variantes, al parecer caprichosas,
del punto de emergencia del axon (recuérdese que éste brota, en
ocasiones, de una dendrita, á más ó menos distancia del soma). En
sus páginas, procúranse también dilucidar los móviles utilitarios
perseguidos por el organismo con la -dislocación ó emigración- del
soma, durante la ontogenia y la filogenia. Sabido es que, al estudiar
comparativamente un tipo celular en la serie animal, sorpréndense, no
sólo variaciones de conformación, dependientes de la diversa riqueza
de sus conexiones, sino notables mudanzas de posición estratigráfica
(dislocación de las células ganglionares raquídeas, emigración
hacia adelante ó hacia atrás de los elementos bipolares, amacrinos
y gangliónicos de la retina; alteraciones topográficas de ciertos
corpúsculos de la corteza cerebelosa, del bulbo olfatorio, etc.).
Prescindiendo de la situación de ambos factores de la articulación
interneuronal (dendritas y arborización nerviosa final), que
representa algo fijo y constante, cabe afirmar que todo es variable y
acomodaticio en la actitud y topografía de las células nerviosas.
[155] -Cajal-: Leyes de la morfología y dinamismo de las células
nerviosas. -Revista trimestral micrográfica-, núm. 1, Marzo de
1897. Con 14 grabados.
Ahora bien; todas las referidas libraciones de situación y
morfología, y hasta la fórmula misma de la -polarización axípeta-,
parecen regirse, y en cierto modo explicarse, desde el punto de vista
teleológico, por estos tres postulados económicos:
-a-) Ahorro de materia (construcción de la vía más corta entre
dos territorios asociados).
-b-) Ahorro de tiempo de conducción (consecuencia dinámica de la
ley anterior).
-c-) Economía de espacio. Evítanse todos los huecos inútiles,
situándose el núcleo y, por tanto, el soma neuronal, allí donde
hay escasez de arborizaciones protoplásmicas ó nerviosas.
Con ayuda de estos principios compréndense también muchas
singularidades de la posición y dirección de las vías nerviosas
(diversa topografía de la substancia blanca en la médula y
cerebro, forma y orientación de las bifurcaciones axónicas,
marcha de las colaterales, etc.). Excusado es decir que, lejos
de excluirse, los precedentes postulados, combínanse entre
sí, representando el producto estructural algo así como una
transacción amistosa entre los mismos. He aquí el problema
arquitectónico que parece haberse planteado el organismo:
construir, -con el mínimo de materia y el menor espacio posible,
la máquina nerviosa más ricamente diferenciada y de reacciones
más súbitas, enérgicas y eficaces-: caso particular, en suma, de
la ley física tan conocida, del -efecto máximo con el esfuerzo
mínimo-.
En los trabajos anteriores, la elaboración especulativa sigue
muy de cerca al hecho de observación. Los mencionados conceptos
generales (ley del progreso morfológico neuronal, hipótesis acerca
de la adaptación funcional, normas económicas reguladoras de la
disposición del soma, etcétera), representan legítimas inducciones ó
hipótesis plausibles. Todas ellas son susceptibles de corroborarse -à
posteriori-, confrontándolas con la infinita variedad de las formas
neuronales.
Esta severa y saludable adaptación al dato empírico no resplandece,
por desgracia, en otra comunicación publicada en 1895 acerca del
-mecanismo histológico de la asociación, ideación y atención-[156].
Salvo algún concepto que considero atinado, en toda esta
aventuradísima lucubración campea, muy á su sabor y talante, la loca
de la casa.
[156] -Cajal-: Algunas conjeturas sobre el mecanismo anatómico
de la asociación, ideación y atención. -Revista de Medicina y
Cirugía prácticas.- Madrid, 1895.
Se trata de probar en este opúsculo la posibilidad de explicar,
por cambios morfológicos de las células neuróglicas, el mecanismo
(en lo orgánico) de algunos actos mentales.
Se expone, además, la teoría del -alud nervioso- y la de la
-unidad de sensación-.
Las ideas aprovechables son: la noción de -unidad de impresión-
y muy particularmente la ley del -alud nervioso-, que se formula
así: toda impresión periférica, recogida por la arborización
protoplásmica (sensitiva ó sensorial) de una sola célula, propágase
en -avalancha- hacia los centros; ó, en otros términos, el número de
neuronas interesadas en la conducción crece progresivamente desde
la periferia hasta el cerebro, en cuyas circunvoluciones (-focos
sensoriales terciarios-) reside la base del cono conductor. De esta
ley anatomo-fisiológica, basada en numerosas investigaciones sobre
la organización de las -vías visual-, -acústica-, -olfativa-, etc.,
sacaron excelente partido Tanzi y Lugaro para esclarecer el mecanismo
probable de la -alucinación-, -asociación de ideas- y otros procesos
psicológicos importantes.
Por lo contrario, estimo hoy, de acuerdo con el juicio de muchos
autores de antaño, como conjetura francamente inadmisible la
pretendida participación de la -neuroglia- en los actos mentales
de la -atención y asociación de ideas- (en la faz fisiológica ó
somática, naturalmente de estos procesos).
Á fin de comprender, y en cierto modo excusar, tesis tan
estrambótica, séame lícito recordar que allá por el año 1893, el
ilustre profesor Matías Duval imaginó, fundándose en mis trabajos
sobre las conexiones neuronales, cierta ingeniosa hipótesis
histológica, explicativa del sueño y de la vigilia. A juicio del
sabio francés, las expansiones de las células nerviosas gozan de la
propiedad de contraerse, al modo de los -amibos-, encogiéndose en
el sentido de la longitud. Durante la fase de actividad mental, las
ramillas nerviosas se estirarían, entrando en contacto y adhesión
íntimos con el soma neuronal; de este modo el impulso pasaría
fácilmente desde una célula á otra. Lo contrario ocurriría durante
el sueño: desarticuladas las proyecciones nerviosas á causa de la
retracción de reposo, suspenderíase la actividad funcional.
La seductora concepción de Duval fué acogida benévolamente por varios
histologistas. Algunos patólogos, -verbi gratia-, Mr. L’Épine,
la aplicaron al esclarecimiento del mecanismo histológico de los
estados hipnóticos, distracción, etc. En fin, en algunas escuelas
(Demoor, Stefanowska, Querton, Manoumelian, Deyber, etc.), procuróse
contrastar la hipótesis en el terreno experimental, explorando las
variaciones de forma ofrecidas por las dendritas (de las espinas
de éstas, sobre todo) consecutivamente al envenenamiento con la
morfina, cloroformo, éter, etc., y á la acción del frío, de la
fatiga, la excitación eléctrica, etc.
Por desgracia, en el terreno de la observación y experimentación,
la concepción del -amiboidismo nervioso- no halló apoyo suficiente.
Con razón la criticaron diversos autores (Kölliker, Lugaro, Azoulay,
nosotros, Soukhanoff, Reusz, etc.).
En vista del fracaso, yo me pregunté si la referida actividad
amiboide, encaminada á reestablecer los contactos ó á suspenderlos,
no podría atribuirse á la neuroglia (-glia- de la substancia gris,
naturalmente), cuyas expansiones irregulares, erizadas de espinas,
ofrecen aspecto francamente protoplásmico. Puesto que, según
la opinión, altamente verosímil, de mi hermano, los astrocitos
neuróglicos desempeñan papel aislador del impulso nervioso --para
lo cual se interponen entre las neuronas que no deben entrar en
contacto--, ¿no cabría imaginar que, durante la fase de reposo
(sueño, inactividad mental, etc.), tales apéndices se estiran ó
relajan, impidiendo, por consiguiente, contactos, y al contrario,
durante la fase de actividad se retraen, facilitando la aplicación
íntima de las ramillas nerviosas á los somas y dendritas, y por
tanto, el paso de las corrientes? De este modo, reputaba posible el
esclarecimiento histológico, no sólo del tránsito de la vigilia al
sueño, y al revés, sino el paso del estado de reposo mental al de
atención expectante, amén del complicadísimo proceso de la asociación
de ideas.
Huelga decir que tan osada concepción, cuya ingenuidad me hace hoy
sonreir, carece de fundamentos objetivos. Alegaba, sin embargo,
como indicio harto deleznable, el hecho de apreciarse en la -glia-
cerebral, en relación con el modo de muerte y las perturbaciones
fisiológicas precedentes, notables variaciones en la riqueza, espesor
y longitud de las expansiones neuróglicas[157]. Empero, de la
efectividad de estos cambios no se sigue necesariamente su conexión
causal con las diversas fases de la actividad pensante. Además,
al otorgar graciosamente á la neuroglia la jerarquía de aparato
conmutador de los contactos, regido por la voluntad ó por impulsos
inconscientes, postulábase un hecho cardinal, todavía no descubierto
ni siquiera sospechable en el estado actual de la ciencia: la
existencia en la neuroglia de terminaciones nerviosas específicas
promotoras de la contracción de las proyecciones gliomatosas.
[157] Estas variaciones, que constituyen fenómeno real, son
fácilmente comprensibles dentro del concepto fisiológico moderno
de la -glia-. Actualmente, gracias á las investigaciones de
numerosos observadores, entre los cuales me complazco en citar
al Dr. Achúcarro, considérase la neuroglia de la substancia
gris como una -glándula vascular sanguínea-. Su protoplasma,
lleno de granos secretores (los -gliosomas- de Fieandt), sufre
naturalmente esas oscilaciones de dimensión y forma propias de
toda célula glandular, según que se halle en fase de secreción ó
elaboración, ó en fase de excreción ó de expulsión.
Nada más acerca de mi estrafalaria especulación. Y si, faltando á
mi promesa de brevedad, he entrado aquí en algunos desarrollos, ha
sido para advertir al lector de los peligros que lleva consigo la
imitación de las teorías á la moda, ó la frívola vanidad de forjar á
ultranza hipótesis psicológicas.
Tales concepciones caen rápidamente en merecido olvido, porque la
ciencia sólo se interesa por las ideas susceptibles de contraste
experimental y sugerentes de acción. La mía, inspirada por la de
Duval, corrió la misma suerte que la del sabio francés; peor aún, ya
que la teoría del -amiboidismo nervioso-, plausible en principio,
suscitó algunos trabajos estimables, mientras que la del amiboidismo
neuróglico, justamente desdeñada, no dió ocasión á ninguno.
* * * * *
Para cerrar este capítulo, mencionaré dos sucesos fecundos en
consecuencias para el estímulo y prosecución de mi obra científica.
Fué el primero la creación, á costa de no pocos sacrificios
pecuniarios, de mi -Revista trimestral micrográfica-[158], al objeto
de publicar rápidamente, y sin hacer antesala en las Redacciones de
las revistas nacionales y extranjeras, los trabajos micrográficos
del Laboratorio de la Facultad de Medicina, y de estimular al mismo
tiempo los ensayos de mis discípulos. En dicha publicación vieron
la luz varias de las comunicaciones enumeradas en el presente
capítulo y casi todas las aparecidas después, hasta 1901, fecha en
que, con recursos oficiales, fundé el Anuario titulado -Trabajos
del Laboratorio de investigaciones biológicas-. Según presumirá el
lector, mi -Revista trimestral- no perseguía éxitos financieros.
Contaba, ciertamente, en España con algunos suscriptores generosos,
que pusieron patriótico empeño en sostenerla; pero los -abonados- del
extranjero escaseaban, no sólo por ignorancia de nuestro idioma, sino
porque yo regalaba mi publicación á casi todos los micrógrafos de
nombradía.
[158] El primer fascículo vió la luz en Marzo de 1897.
Los primeros fascículos de dicha -Revista- fueron casi exclusivamente
redactados por su director. Poco después, creado un germen de
escuela, ayudáronme eficazmente, entre otros discípulos entusiastas,
mi hermano Pedro Ramón Cajal, á la sazón Catedrático de Histología
de Cádiz, que contribuyó nada menos que con ocho extensas
monografías, recaídas sobre variados temas de neurología comparada
(peces, reptiles, aves y batracios); el malogrado alumno interno
R. Terrazas[159], con sus interesantes estudios de -neurogénesis
cerebelosa- y los referentes al -tejido cartilaginoso-; el joven
mallorquín Blanes Viale, alumno aventajadísimo (muerto también en
flor, antes del término de la carrera), con cierta concienzuda
indagación acerca del -bulbo olfatorio-; Sala Pons, antiguo discípulo
de Barcelona, con sus estudios relativos á la -corteza cerebral de
las aves y médula espinal de los batracios-; Olóriz Aguilera, cuya
colaboración en mis indagaciones sobre la -estructura ganglionar-
dejo ya consignada; Carlos Calleja, por entonces ayudante de la
Facultad, y autor de valiosa comunicación acerca de la -corteza
cerebral olfativa-; y en fin, Isidoro Lavilla, actual Catedrático de
Valladolid, que aportó dos estudios importantes: uno sobre el -gran
simpático intestinal- y otro concerniente á los -focos acústicos- de
los mamíferos.
[159] Este brillante discípulo murió, apenas graduado de doctor,
á consecuencia de una fiebre tifoidea contraída en el primer
partido de que fué médico titular.
El segundo acontecimiento, muy lisonjero para mí, fué mi elección
espontánea de miembro de la -Real Academia de Ciencias-, de Madrid.
Esta designación tiene su anécdota, que referiré, porque honra mucho
al patriotismo é independencia de la sabia Corporación.
Uno de los más conspicuos académicos, á la sazón recién llegado de
Berlín, contó á sus compañeros que el gran Virchow, entonces en todo
el resplandor de su gloria, habíale sorprendido con una pregunta á
que no pudo responder: «¿En qué se ocupa ahora Cajal? ¿Continúa sus
interesantes descubrimientos?»
Confuso y algo avergonzado nuestro prócer académico, de que en
Berlín inspirara interés la labor de un español de quien él no
sabía palabra, procuró, de regreso á la península, satisfacer su
curiosidad. Y de sus conversaciones con el sabio astrónomo D. Miguel
Merino, el inolvidable secretario perpetuo, surgió el acuerdo de
iniciar y defender mi candidatura para cierta vacante, á la sazón
en litigio. Tengo, pues, el singular privilegio de ser académico á
-propuesta- de R. Virchow y de D. Miguel Merino.
La redacción del discurso de ingreso, ocurrida en 1897[160], dióme
ocasión de exponer, -ex abundantia cordis-, algunas reglas y consejos
destinados á despertar en nuestra distraída juventud docente el
gusto y la pasión hacia la investigación científica. Puse especial
empeño en hacer amables y atractivas las tareas del laboratorio,
y para lograrlo empleé un lenguaje llano, sincero y rebosante de
entusiasmo comunicativo y de ferviente patriotismo. Y el éxito
superó á mis esperanzas. Tan lisonjera acogida halló mi fogosa
arenga en el público universitario y en la prensa, que, agotada
rápidamente la tirada oficial del discurso, mi excelente amigo el
Dr. Lluria, supliendo mi dejadez, estimó necesario reeditarla por su
cuenta, destinando generosamente la nueva y copiosísima tirada á ser
gratuitamente distribuída entre los estudiantes y diversos centros de
enseñanza. Años más tarde, yo mismo, requerido vivamente por algunas
entidades docentes y ciertos lectores entusiastas, hube de publicar,
con nuevas ampliaciones y mejoras, la tercera edición (la cuarta
hállase actualmente en prensa).
[160] -Cajal-: Reglas y consejos sobre la investigación
biológica. -Discurso de ingreso en la Real Academia de
Ciencias-, etc., 5 de Diciembre de 1897. Este discurso incluye
la contestación del doctor Calleja, decano de la Facultad de
Medicina, quien, aparte elogios exagerados y amables de ritual
acerca de mi obra científica, expone en brillante forma algunas
atinadas y prudentes reflexiones sobre el tema.
Y si la índole de mi folleto, pensado y escrito exclusivamente para
España, y enderezado, por tanto, á corregir, acaso con excesiva
viveza, vicios, rutinas y abandonos genuinamente españoles, no
me lo vedara, habría á estas fechas saboreado la satisfacción de
verlo traducido á varios idiomas, por ser muchas las solicitudes
de versión á lenguas extrañas, cortésmente denegadas. Acaso algún
día, si me asisten salud y vagares suficientes, corrija el texto,
universalizándolo en lo posible y purgándolo de ciertos pasajes
que sonarían inoportuna ó estridentemente en el oído de franceses,
ingleses ó alemanes, ciudadanos de felices naciones donde la ciencia
no requiere, para ser celosa y abnegadamente cultivada, el empleo de
ciertos excitantes.
Ya en vena de enumerar distinciones y honores, recordaré también que
en 1897 fuí elegido numerario de la -Real Academia de Medicina-, de
Madrid; que esta misma ilustre Corporación me galardonó, meses antes,
con el premio Rubio (1.000 pesetas), á causa de la publicación de una
obra de texto, entonces reciente, -Elementos de Histología-; que en
1896 la -Société de Biologie-, de París, recompensó espontáneamente
mis trabajos, adjudicándome el premio -Fauvelle- (1.500 francos);
que por la misma época, la famosa Universidad de Würzburgo[161],
con ocasión de la inauguración del nuevo Palacio Universitario,
me otorgó, en compañía de algunos Profesores ilustres, el grado
de doctor -honoris causa-; que años antes (1895), la -Sociedad
Fisico-Médica- de la misma ciudad bávara, por iniciativa, sin
duda, de mi ilustre amigo el Dr. A. Kölliker, nombróme -miembro
corresponsal-; que, en fin, con igual distinción honráronme,
por entonces, la -Academia de Medicina- de Berlín, la -Sociedad
de Psichatría- de Viena, la -Sociedad de Biología- de París, la
-Sociedad Frenática Italiana-, la -Academia de Ciencias- de Lisboa,
etc.
[161] Según registra la -Neue Würzburger Zeitung-, diario
que dió cuenta detallada de la fiesta, la ceremonia de la
inauguración del suntuoso edificio del -Alma Julia- fué muy
solemne. Asistieron varios Ministros de la Corona, el Rector,
los Decanos de las cuatro Facultades y representantes de todas
las Universidades alemanas. Pronunciáronse muchos discursos,
entre ellos uno muy elocuente del Rector, profesor von Leube. Al
final del acto, fueron proclamados los -doctores honorarios-,
participando conmigo de esta honra, por la Facultad de Medicina,
el ilustre maestro de Estocolmo Dr. G. Retzius y el gran
renovador de la Química orgánica Dr. Fischer, de Leipzig.
[Ilustración]
CAPÍTULO XV
Mi producción en 1898 y 1899. -- Abatido por el desastre
colonial, amengua mi fuerza productiva. -- Literatura de la
regeneración: su infecundidad en la corrección de los vicios
nacionales. -- Teoría de los entrecruzamientos nerviosos y
estructura del -kiasma óptico- en la serie animal. -- Otros
trabajos menos importantes.
Mi obra científica durante el año de 1898, fué bastante parca y pobre
en hechos nuevos. Compréndese fácilmente: fué el año de la funesta
guerra con los Estados Unidos; guerra preparada por la codicia
de nuestros industriales exportadores, la rapacidad de nuestros
empleados ultramarinos y el orgullo y egoísmo de nuestros políticos.
Á ella dieron ocasión, sin duda, defectos hereditarios del carácter
nacional, entre otros, un errado sentimiento del honor y cierta
puntillosidad caballeresca, excusable en los individuos, absurda y
antinacional en los pueblos; pero más que nada nos arrastró á la
catástrofe la vergonzosa ignorancia en que vivían nuestros políticos
de la magnitud y eficiencia reales de las propias y de las ajenas
fuerzas. Porque, aunque parezca absurdo, por entonces, diputados,
periodistas, militares, etc., creían de buena fe que nuestros
instrumentos bélicos --buques de madera y ejército de enfermos--,
podían medirse ventajosamente con los formidables de que disponía
el enemigo. Que lo malo de un país no consiste en su debilidad, sino
en que ésta sea ignorada de quienes tienen inexcusable obligación de
conocerla.
Justo, sin embargo, es reconocer que tan peligroso desconocimiento de
la realidad internacional tuvo excepciones. Prescindiendo del pueblo
--quien, por haber vertido estérilmente su sangre en dos cruelísimas
campañas, anhelaba la paz á todo trance-- existían, hasta en el
Ministerio, hombres, como Sagasta y Moret, que vieron el abismo á que
el egoísmo de los plutócratas y la inconsciencia de las autoridades
militares nos conducían. Y, sin embargo...
¡Pena da recordar cómo á políticos tan perspicaces y cultos
como Moret, Sagasta y Canalejas, penetrados de la salvadora
verdad[162], faltóles en la hora suprema el valor cívico necesario
para proclamarla, imponiéndose enérgicamente á las opiniones y
sentimientos de la Corona, del Ejército y de la Prensa! ¡Tan
peligroso y arduo resultaba patentizar á los ojos del pueblo, como
lo hizo austeramente Pí y Margall, que una nación de 90 millones de
habitantes, con riquezas inmensas, recursos industriales y aprestos
bélicos inagotables, había de aplastar irremediablemente á un país
pobrísimo, de 17 millones de almas, y anemiado, además, por cuatro
asoladoras guerras civiles!
[162] El tan elocuente como malogrado estadista D. José
Canalejas, acababa por entonces de regresar de un viaje de
estudio por los Estados Unidos, de cuyos increíbles progresos,
asombroso poder y prosperidad industrial y financiera, hablaba en
privado como de algo insuperable y monstruoso; y, sin embargo,
llegada la hora del conflicto, inspirándose acaso en los
escrúpulos de Moret, reservó juicios y avisos que, proclamados
pública y solemnemente en la prensa, hubieran quizás logrado
modificar los extraviados sentimientos de la opinión.
Pero no renovemos tristes recuerdos y volvamos á nuestro asunto.
El recuerdo del desastre colonial hállase vinculado en mi memoria,
por asociación cronológica, á la redacción de un trabajo de
tendencias filosóficas acerca de la organización fundamental de las
-vías ópticas- y la probable -significación de los entrecruzamientos
nerviosos-[163], una de las disposiciones anatómicas más singulares y
enigmáticas de los vertebrados.
[163] -S. R. Cajal-: Estructura del quiasma óptico y teoría
general de los entrecruzamientos nerviosos. -Revista trimestral
micrográfica-, tomo III, 1898, con 18 grabados.
[Ilustración: Fig. 69.--El Dr. Olóriz y el que escribe estas líneas,
distrayendo sus ocios con el juego del ajedrez (verano de 1898).]
Estábamos á la sazón veraneando en compañía del inolvidable Olóriz,
en el pintoresco pueblo de Miraflores de la Sierra. Vecinos eran los
pequeños hoteles en que nos albergábamos, y así, nuestras sendas
familias formaban como una sola. Á menudo, fatigados de paliquear ó
de leer, nos entregábamos al juego del ajedrez, al que D. Federico
era muy aficionado. (En recuerdo del llorado maestro, inserto aquí
una fotografía íntima, sacada por uno de mis hijos durante cierta
partida empeñadísima) (fig. 69). Al atardecer, ahitos de lecturas
ó vibrantes con las peripecias del juego, solíamos descongestionar
el cerebro paseando por la carretera que, serpenteando al pie de
la Najarra, remóntase á la Morcuera, para morir en el maravilloso
Monasterio del Paular. Durante tan saludables correrías, placíame
comunicar á mi compañero el fruto de mis meditaciones. Y alentado y
autorizado con la aprobación del amigo, estaba á punto de terminar
la redacción de mi trabajo, cuando en nuestro apacible retiro cayó
como una bomba la nueva infausta de la destrucción de la escuadra de
Cervera y de la inminente rendición de Santiago de Cuba.
La trágica noticia interrumpió bruscamente mi labor, despertándome
á la amarga realidad. Caí en profundo desaliento. ¿Cómo filosofar
cuando la patria está en trance de morir?... Y mi flamante teoría de
los entrecruzamientos ópticos quedó aplazada -sine die-.
Aquel desfallecimiento de la voluntad --que fué general entre las
clases cultas de la nación-- sacóme del laboratorio, llevándome meses
después, cuando la conciencia nacional sacudió su estupor, á la
palestra política. La prensa solicitaba apremiantemente la opinión
de todos, grandes y chicos, acerca de las causas preparatorias de la
dolorosa caída, con la panacea de nuestros males. Y yo, al igual de
muchos, jóvenes entonces, escuché la voz de la sirena periodística. Y
contribuí modestamente á la vibrante literatura de la regeneración,
cuyos elocuentes apóstoles fueron, según es notorio, el gran Costa,
Macías Picavea, Paraíso y Alba. Más adelante sumáronse á la falange
de los veteranos algunos literatos brillantes: Maeztu, Baroja, Bueno,
Valle-Inclán, -Azorín-, etc.
En el coro de lamentaciones patrióticas, mis palabras fueron acaso
las más estridentes y apasionadas. Sólo lo acerbo del desengaño podía
excusar mis vehemencias. Había soñado con un renacimiento espiritual
que incorporara definitivamente nuestra patria á la comunidad de las
grandes naciones europeas, colaborando con ellas en la magna empresa
de la civilización; y en mi despertar doloroso, encontréme con que
España continuaba, sin posible remedio, su desconsoladora secular
decadencia. ¡Qué amargo desencanto!...
Creo sinceramente que mis declaraciones de -El Liberal-, -Vida
Nueva- y de otros diarios[164], contenían algunas censuras justas y
apuntaban tal cual remedio atinado. Sin embargo, hoy, á la distancia
de dieciocho años, no puedo releer aquellas ardientes soflamas sin
sentir algún rubor. Me disgustan algunas recriminaciones exageradas
ó injustas, el tono general declamatorio y cierto aire patriarcal
y autoritario impropio de un humilde obrero de la ciencia. ¿Qué
autoridad tenía un pobre profesor, ajeno á los problemas sociales y
políticos, para censurar y corregir?
[164] Como remedios morales apuntábamos: renunciar al matonismo
internacional, á la ilusión de tomar por progreso real lo que
no es más que reflejo pálido de la civilización extranjera;
desterrar el empleo de adjetivos hiperbólicos, de que tan
pródigos fuimos siempre con nuestras medianías; y en fin,
crear á todo trance cultura original. En el orden pedagógico,
proponíamos: el pensionado de profesores y doctores aventajados
en el extranjero; la incorporación á nuestros claustros de
investigadores de renombre mundial; el abandono del régimen
enervador del escalafón, sustituído por el sistema alemán de
reclutamiento del profesorado, etc., etc.
Fuera de que la retórica no detuvo nunca la decadencia de un país.
Los regeneradores del 98 sólo fuimos leídos por nosotros mismos:
al modo de los sermones, las austeras predicaciones políticas
edifican tan sólo á convencidos. La masa permanece inerte. ¡Triste
es reconocer que la verdad no llega á los perezosos, porque no leen
ni sienten, y deja fríos, cuando no irritados, á los vividores y
logreros!
Advierto que recaigo en enfadosas digresiones. Anudando el hilo
de mi narración, repito que el desenlace de la tragedia colonial
interrumpió mis meditaciones sobre la significación del -kiasma-
de los vertebrados. Mas, al fin, las aguas volvieron á su cauce. Y
recobrando el equilibrio me incorporé al tajo con sin igual ardor.
Humillado mi patriotismo de español, quedó vivo y pujante, y aún diré
que exaltado, mi patriotismo de raza. Y dí cima, al fin, al aludido
trabajo, sin perjuicio de planear nueva labor para lo futuro.
Encierra la susodicha Memoria sobre el -kiasma- dos partes: la
primera, exclusivamente anatómica, conservará siempre su valor; la
otra, de tendencias psicológicas, sustenta concepciones que fueron
blanco, y lo son aún, de vivas discusiones.
La indagación anatómica fué motivada por dos Memorias, radicalmente
revolucionarias, entonces recientes, de Michel y de Kölliker.
Prodúcese á veces entre los científicos algo así como cansancio
de la verdad consagrada. El furor iconoclasta y revisionista gana
hasta á los viejos. ¡Es tan tentador para el amor propio dejar
mentirosas varias generaciones de sabios!... Algo de esto debió
pasar por el espíritu de Michel cuando proclamó, contra lo que
desde la época de Newton era general creencia, é imponen además
postulados fisiológicos indeclinables, que el -kiasma óptico-
del hombre y vertebrados superiores (-visión binocular de campo
común-), -consta exclusivamente de fibras ópticas entrecruzadas-; en
consecuencia, el clásico -cordón óptico homolateral-, que junta cada
ojo con el hemisferio cerebral de su mismo lado, sería mera ilusión
anatómica[165].
[165] -Michel-: Lehrbuch der Augenheilkunde, 2 Auf., 1890.
Á pesar del aparato de pruebas histológicas con que el citado sabio
autorizó sus osadas afirmaciones, la tesis de Michel causó general
estupefacción. Pero lo más grave fué, que algunos investigadores
de renombre, y sobre todo el venerable Kölliker[166], la ampararon
con su prestigio y hasta procuraron fortalecerla con nuevas
demostraciones anatómicas. Los dibujos del maestro de Würzburgo,
calcados sobre irreprochables preparaciones del método de Weigert,
parecían concluyentes. Quedábamos, pues, privados del indispensable
-cordón homolateral-, y, por consiguiente, incapacitados para
explicar cómo, recibiendo el cerebro dos imágenes visuales casi
idénticas (exigencia de la visión del relieve), sólo percibimos una.
[166] -A. Kölliker-: Handbuch der Gewebelehre des Menschen, Bd.
II, 1896.
Ocupado yo entonces en el análisis de los centros visuales de los
mamíferos, tan insólita conclusión prodújome invencible repugnancia.
Ello no podía ser, no debía ser; á menos que la naturaleza,
divorciada de toda ley de armonía, se complazca en lo superfluo ó
en lo absurdo. Y, acudiendo á la observación, me propuse estudiar
á fondo el asunto, abordándolo con los métodos más apropiados;
cuanto más, que por entonces me rondaban por la imaginación
algunas conjeturas encaminadas á esclarecer el enigma de los
entrecruzamientos nerviosos. Claro es que antes de hilvanar mi teoría
necesitaba saber, á punto fijo, si existían ó no en el kiasma del
hombre y primates, fibras homolaterales.
Puse, pues, manos á la obra, auxiliándome de copioso material de
estudio (peces, batracios, reptiles, aves y mamíferos). Y, en
sustitución del método de Weigert usado por Kölliker (cortes finos
seriados en donde las fibras aparecen truncadas y difícilmente
perseguibles), me serví del de Ehrlich, al azul de metileno, y del de
Marchi (degeneraciones secundarias tras la ablación de un ojo). Ambos
procederes permiten allegar datos decisivos para el esclarecimiento
del problema: el primero, por consentir el examen de cortes muy
espesos donde los axones del kiasma pueden seguirse durante
larguísimos trayectos; y el segundo, porque revela con claridad
en los cortes seriados, á favor de ristras de gotas grasientas
ennegrecidas, el trayecto real de las fibras visuales nacidas en cada
retina.
El resultado de tales pesquisas fué absolutamente conforme con la
doctrina tradicional. Entrambos recursos demostraron en los mamíferos
de -visión binocular- la existencia de robustísima vía óptica
homolateral; en los animales donde se indica apenas dicho campo
visual común (conejo, cavia, ratón, etc.), la presencia de algunas
fibras homolaterales, predominando enormemente las cruzadas; y, en
fin, en los vertebrados de campo visual diferente (peces, batracios,
reptiles y aves, donde la visión es panorámica), la existencia de un
entrecruzamiento total. El error de Michel y de Kölliker nació, como
nacen siempre los errores histológicos, de haber exigido del método
(el de Weigert) más de lo que buenamente podía dar, completando lo
truncado de sus revelaciones con interpretaciones aventuradísimas.
Exactos eran los dibujos, pero erradas las conclusiones.
De pasada y para hacer bueno el adagio de que en las ciencias
experimentales cuando se busca con fe y perseverancia siempre
se encuentra algo fuera de programa, tropecé con un hecho
interesante. El kiasma de algunos roedores (conejo, por ejemplo)
encierra, además de los conocidos conductores -cruzados- y
-directos-, ciertos tubos -bifurcados-, esto es, fibras que,
brotadas en la retina (células gangliónicas), divídense en
dos ramas (fig. 70), destinadas á entrambas cintas ópticas.
Para Kölliker (que en vista de mi trabajo rectificó después
noblemente su opinión) y para otros autores que trataron de
interpretar fisiológicamente el inesperado hallazgo, las citadas
fibras bifurcadas provendrían de la región retiniana llamada
-mácula lútea-, territorio correspondiente á la -foseta central
del hombre- y primates. Por lo demás, tales dicotomías fueron
confirmadas ulteriormente en el gato y ciertos animales por el
maestro bávaro.
[Ilustración: Fig 70.--Trozo del kiasma óptico del conejo. Método de
Ehrlich.-- A, nervio óptico; B, trozo de -kiasma- con el arranque de
la -cinta óptica-; -a-, bifurcaciones de tubos nerviosos.]
Fijado ya el primer punto importante, ó sea la realidad indiscutible
del cruce parcial de las vías ópticas primarias, era llegada la hora
de ver cuál de las conjeturas imaginadas acerca de la significación
de los entrecruzamientos cuadraba mejor con las variantes de
organización del kiasma y retina en la serie animal, y con los datos
y postulados de la fisiología de la visión.
Planteemos el problema tal como lo planteaba entonces mi curiosidad.
Notemos de pasada que para la ciencia anatómica de entonces --cerrada
de horizontes y atenida á la mera descripción morfológica--, no había
tal problema. El anatómico puro, como el zoologista descriptivo, es
ajeno á toda inquietud filosófica. Con proclamar que el cruzamiento
óptico constituye ley anatómica de los vertebrados, queda plenamente
satisfecho. Inercia mental incomprensible, porque si la anatomía y la
histología deben aspirar á la jerarquía de verdaderas ciencias, es
fuerza que, al modo de la Química ó de la Astronomía, se preocupen de
la evolución de los fenómenos y se tornen de cada vez más dinámicas y
más causales.
Por sentir yo de esta suerte pude abandonar esa conformidad pasiva
y como beatífica, obra del hábito y apagadora de toda curiosidad
etiológica. Sorprendíme profundamente de una cosa de que nadie se
mostraba al parecer sorprendido. Y el kiasma óptico se me presentó
como algo absurdo ó inútil, que agravia nuestro sentido de la
simetría y del ahorro, puesto que merced á aquél los conductores
ópticos alargan inútilmente su trayecto y crean en los centros
infinitas complicaciones compensadoras.
«¿No fuera más sencillo --me preguntaba-- que cada cordón óptico
desembocara directamente en los centros cerebrales de su lado, ya
que la impresión recibida por cada retina provoca predilectamente
reacciones motrices en las regiones correspondientes de la cabeza,
tronco y extremidad superior?»
Pero las incongruencias aparentes continúan en el encéfalo y
bulbo. También la vía -piramidal- del cerebro ó de los movimientos
voluntarios, los -cordones sensitivos- llegados de la médula y del
bulbo, los manojos centrífugos nacidos en el cerebelo, se entrecruzan
total ó casi totalmente.
¡Y luego, la absoluta generalidad, la irreductible pertinacia de
tales -decusaciones-, iniciadas en los peces y proseguidas tenazmente
hasta el hombre!... En realidad, no faltan en ningún animal de
visión lenticular, es decir, provisto de ojos sencillos, en los
cuales la imagen sintética es proyectada por una lente convergente.
Recientemente, hemos reconocido dicho cruce hasta en los cefalópodos,
cuyo ojo obedece también á la norma estructural del vertebrado.
«Quizás --discurría-- el cruce fundamental de las vías ópticas está
fatalmente ligado al mecanismo físico de la visión. Busquemos,
pues, en este mecanismo la razón lógica de tal organización.
Una vez averiguada, nada será más fácil que explicar, á título
de disposiciones compensadoras y correctoras, las decusaciones
primordiales de las vías motrices y sensitivas.»
Y dando de mano á otras conjeturas, se apoderó de mí, obsesionante,
el siguiente pensamiento: -Todo tendría llana explicación, admitiendo
que la percepción correcta de un objeto implica la congruencia de las
superficies cerebrales de proyección ó representativas de cada punto
del espacio-. Por tanto, para que la percepción mental se unifique y
concuerde exactamente con la realidad exterior, ó, en otros términos,
para que la imagen aportada por el ojo derecho, se continúe con
la aportada por el ojo izquierdo, es de todo punto necesario el
entrecruzamiento lateral de las vías ópticas: -cruce total- en los
animales de -visión panorámica-; -cruce parcial- en los animales
dotados de -campo visivo común-.
Los siguientes esquemas explican claramente la precedente teoría.
[Ilustración: Fig. 71.--Esquema destinado á mostrar la incongruencia
de la proyección mental de las imágenes de ambos ojos, en el supuesto
de que no existiera entrecruzamiento de los nervios ópticos.-- L,
lóbulos ópticos.]
El primer esquema (fig. 71) muestra la forma y dirección de
la imagen óptica mental, en el supuesto de que no hubiese
cruzamiento de los nervios ópticos. La incongruencia de ambas
imágenes salta á la vista: la proyectada por el ojo derecho no
conviene con la del izquierdo, y sería imposible que el animal
pudiera sintetizar ambas imágenes en una representación continua.
El horizonte se le presentaría como una vista panorámica formada
con dos fotografías: derecha é izquierda, invertidas lateralmente.
Examinemos ahora la imagen mental resultante del entrecruzamiento
de los nervios ópticos, entrecruzamiento adoptado por la
naturaleza en los ojos lenticulares. La figura 72, C revela con
la mayor evidencia que, gracias á dicho cruce, ambas imágenes,
derecha é izquierda, se corresponden, componiendo un panorama
continuo y desapareciendo la inversión lateral.
[Ilustración: Fig. 72.--Esquema destinado á mostrar el efecto del
entrecruzamiento total de los nervios ópticos en un vertebrado
inferior (pez, anfibio, reptil, ave ó mamífero de visión panorámica).
Obsérvese que, gracias á este cruzamiento, las dos imágenes mentales
forman un todo continuo.-- O, nervios ópticos cruzados; C, centros
ópticos primarios y secundarios; M, vía motriz cruzada; S, vía
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