Por mí ya los deseo.
JARRETE.
Pues yo pajas.
RANA.
¿Ellos no son gitanos? pues adviertan,
Que nos hurten las narices.
UNO.
Ellos
Sin que los llamen vienen; ya están dentro.
-Entran los músicos de gitanos, y dos gitanas bien aderezadas;
y al són de este romance, que han de cantar los músicos, ellas
dancen-:
MÚSICOS
Reverencia os hace el cuerpo,
Regidores de Daganzo,
Hombres buenos de repente,
Hombres buenos de pensado,
De caletre prevenidos
Para proveer los cargos,
Que la ambicion solicita
Entre moros y cristianos.
Parece que os hizo el cielo,
El cielo, digo, estrellado,
Sansones para las letras,
Y para las fuerzas Bártulos.
JARRETE.
Todo lo que se canta toca á historia.
HUMILLOS.
Ellas y ellos son únicos y ralos.
ALGARROBA.
Algo tienen de espesos.
BACHILLER.
Ea, -sufficit-.
MÚSICOS.
Como se mudan los vientos,
Como se mudan los ramos,
Que desnudos en invierno
Se visten en el verano,
Mudaremos nuestros bailes
Por puntos, y á cada paso;
Pues mudarse las mujeres,
No es nuevo ni estraño caso.
Vivan de Daganzo los regidores,
Que parecen palmas, puesto que son robles.
(-Bailan.-)
JARRETE.
¡Brava trova, por Dios!
HUMILLOS.
Y muy sentida.
BERROCAL.
Estas se han de imprimir, para que quede
Memoria de nosotros en los siglos
De los siglos, amen.
BACHILLER.
Callen, si pueden.
MÚSICOS.
Vivan, y revivan,
Y en siglos veloces
Del tiempo los dias
Pasen con las noches,
Sin trocar la edad,
Que treinta años forme,
Ni tocar las hojas
De sus alcornoques.
Los vientos que anegan,
Si contrarios corren,
Cual zéfiros blandos
En sus mares soplen.
Vivan de Daganzo los regidores,
Que palmas parecen, puesto que son robles.
BACHILLER.
El estrivillo en parte me desplace;
Pero con todo, es bueno.
BERROCAL.
Ea, callemos.
MÚSICOS.
Pisaré yo el polvico,
Á tan menudico,
Pisaré yo el polvó,
Á tan menudó.
PANDURO.
Estos músicos hacen pepitoria
De su cantar.
HUMILLOS.
Son diablos los gitanos.
MÚSICOS.
Pisaré yo la tierra,
Por mas que esté dura,
Puesto que me abra en ella
Amor sepultura,
Pues ya mi buena ventura
Amor la pisó;
Á tan menudó.
Pisaré yo lozana
El mas duro suelo,
Si en él acaso pisas
El mal que recelo;
Mi bien se ha pasado en vuelo,
Y el polvo dejó
Á tan menudó.
-Entra un Sota-Sacristan muy mal endeliñado.-
SACRISTAN.
Señores regidores, voto á dico,
Que es de bellacos tanto pasatiempo.
¿Asi se rige el pueblo, noramala,
Entre guitarras, bailes y bureos?
BACHILLER.
Agarradle, Jarrete.
JARRETE.
Ya le agarro.
BACHILLER.
Traigan aquí una manta, que por Cristo,
Que se ha de mantear este bellaco,
Necio, desvergonzado é insolente,
Y atrevido además.
SACRISTAN.
Oigan, señores.
ALGARROBA.
Volveré con la manta á las volandas.
(-Éntrase Algarroba haciendo gestos al sacristan.-)
SACRISTAN.
Miren que les intímo que soy présbiter.
BACHILLER.
¿Tú presbítero, infame?
SACRISTAN.
Yo presbítero.
Ó de prima tonsura, que es lo mismo.
PANDURO.
Agora lo veredes, dijo Agrages.
SACRISTAN.
No hay agrages aquí.
BACHILLER.
Pues habrá grajos
Que te piquen la lengua y aun los ojos.
RANA.
Dime, desventurado, ¿qué demonio
Se revistió en tu lengua? ¿Quién te mete
Á tí en reprender á la justicia?
¿Has tú de gobernar á la república?
Métete en tus campanas y en tu oficio:
Deja á los que gobiernan, que ellos saben
Lo que han de hacer, mejor que no nosotros:
Si fueren malos, ruega por su enmienda;
Si buenos, porque Dios no nos los quite.
BACHILLER.
Nuestro Rana es un santo y un bendito.
-Vuelve Algarroba, que trae la manta al hombro arrastrando por
detrás.-
ALGARROBA.
No ha de quedar por manta.
BACHILLER.
Asgan, pues, todos,
Sin que queden gitanos ni gitanas:
Arriba, amigos.
SACRISTAN.
Por Dios que va de veras.
Vive Dios, si me enojo, que bonito
Soy yo para estas burlas: por san Pedro,
Que están descomulgados todos cuantos
Han tocado los pelos de la manta.
RANA.
Basta, no mas: aquí cese el castigo,
Que el pobre debe estar arrepentido.
SACRISTAN.
Y molido, que es mas. De aquí adelante
Me coseré la boca con dos cabos
De zapatero.
RANA.
Aqueso es lo que importa.
BACHILLER.
Vénganse los gitanos á mi casa,
Que tengo que decilles.
GITANO.
Tras tí vamos.
BACHILLER.
Quedarse ha la eleccion para mañana;
Y desde luego doy mi voto á Rana.
GITANO.
¿Cantaremos, señor?
BACHILLER.
Lo que quisiéredes.
PANDURO.
No hay quien cante cual nuestra Rana canta.
JARRETE.
No solamente canta, sino encanta.
(-Éntranse cantando- Pisaré yo el polvico.)
FIN DE ESTE ENTREMES.
[Ilustración]
ENTREMES
-DE LA CÁRCEL DE SEVILLA-.[41]
-Suena adentro ruido de grillos, cárcel y presos, y dicen, sin
salir afuera:-
GARAY.
Abre aquí, Alcaide; que nos comen chinches.
SOLAPO.
Abra aquí, so Alcaide; que nos comen garrapatas.
PAISANO.
Sáquenos á mear, seor Alcaide.
-Salen Garay y Solapo y Paisano, con grillos en los pies, y
guitarras.-
GARAY.
Loado sea Dios, que veo el cielo de Cristo.
SOLAPO.
Loado sea Dios, que veo el nubífero.
PAISANO.
Loado sea Dios, que veo el Sempiterno.
SOLAPO.
Seores mios, todos con guitarras, ¿qué es esto?
PAISANO.
Ya sabrá voacé que compuse sobre aquella letrilla, que dice: Cantando
reniego.
GARAY.
¿Que voacé compuso?
PAISANO.
Sí, seor.
GARAY.
Yo tambien.
PAISANO.
¿Y voacé y todo? Pues escuche voacé la mia.
(-Tañen, y canta Paisano.-)
PAISANO.
Alta mar esquiva,
de tí doy querella:
siete años anduve
por fuerza en galeras,
ni comí pan tierno,
ni la carne fresca;
siempre anduve en corso,
nunca salté en tierra,
sino en una isla
llamada Cerdeña;
¡y agora en prision,
que es la mayor pena!
La mayor que siento
son celos de aquella
Beltrana la brava,
que fue la primera
que me hinchó este gusto,
y la faltriquera.
Alzóla Goróseo,
llevóla á Antequera,
y al padre ordinario
la entrega y empeña;
y alguno que canta,
«cantando reniega.»
(-Dicen todos á una.-)
TODOS.
¡Bueno, víctor, bueno!
GARAY.
Agora va la mia, escuchen voacedes.
Peor es la mia,
porque es otra queja:
estoy sentenciado
á diez de galeras,
del fiscal padrastro.
Mi Dios me defienda
de los soplavivos
y la corchetea,
de los centenarios,
verdugo y la penca;
y alguno que canta,
«cantando reniega.»
TODOS.
¡Víctor, bueno, víctor!
SOLAPO.
Agora, pues, vaya la mia; escuchen voacedes.
Peor es la mia,
que es otra querella
que tienen conmigo
presos de la trena.
Cuchillos de cachas,
taladro y barrena,
el ojo avizor
todo el hombre tenga;
porque si acometen,
tengamos defensa
y mis camaradas
hagan resistencia.
Suenen los valientes
de la cárcel fuera.
Y alguno que canta,
«cantando reniega.»
-Suena ruido dentro de presos y grillos, á modo de pendencia,
y salen afuera, unos por una parte, y otros por otra, riñendo
con almaradas y cuchillos; y saldrá el Alcaide, y ellos huirán
dentro. Y quedan solos Barragan, el Paisano y el Alcaide.-
ALCAIDE.
¿Qué ruido es éste? Por vida del Rey, que he de pasar alguno á la
otra cárcel, ó que ha de dormir en el cepo.
BARRAGAN.
Cuando voacé haga pasar alguno á la otra cárcel, hay aquí hombres que
no se les da ésta.
(-Da una castañeta.-)
PAISANO.
Cuando voacé haga pasar alguno á la otra cárcel, hay aquí alguno que
no se le dará nada; y voto á Cristo, que ha de soterrar alguno algun
puñal, que no se le saque del cuerpo otro que Dios.
ALCAIDE.
Por vida de quien soy, que si yo puedo, que no ha de haber en mi
cárcel horro de ladrones.
PAISANO.
Seor Alcaide, que todos hurtamos, todos entendemos de la manifatura,
estender la cerra, y meter el dinero en la faltriquera, y decir: «No
hay para qué[42].»
ALCAIDE.
¿Qué es esto, Barragan? ¿Ya tomais vos las mañas del Paisano?
BARRAGAN.
Á lo menos, no dirá voacé, seor Alcaide, que no hay en la cárcel
hombre mas pacífico que yo y el señor Paisano.
ALCAIDE.
Pues sois la principal causa de la pendencia, ¿y decís eso?
PAISANO.
Calle, seor Alcaide, que no sabe nada, aunque perdone: ésta no era
pendencia, era un juguete y una manera de retozo; déme voacé, que
ésta fuera pendencia redomada, que en entendiéndolo los dos cónsules
que estamos aquí, no hubiera cirujano en Sevilla que no estuviera en
la cárcel ocupado, devanando tripas y remendando asaduras.
ALCAIDE.
¡Vean aquí éstos de la braveza, y vienen despues á parar como los
melones de invierno! Agora bien, yo quiero tener mi cárcel quieta:
dénme las manos, iré á tomar las de los otros.
BARRAGAN.
So Alcaide, advierta voacé, que yo y el seor Paisano tenemos alguna
carga desta pesadumbre; pero aclárome que, en la calle y en la
libertad, cada uno volverá por su persona.
ALCAIDE.
Digo que en el navío y cárcel, ni en cuerpo de guardia, no hay hombre
cargado, que esto lo he sido por mis pecados; que yo tambien he sido
carga de muladar.
PAISANO.
Calle, seor Alcaide, que no sabe nada; tiempla muy á lo viejo. Basta
agora la mano de amigos; pero en saliendo del purgatorio desta cárcel
al cielo de la calle, todo hombre, avizor: porque ha de haber el
punto de almarada, como barbas.
ALCAIDE.
Agora bien, esténse quietos y sosegados.
(-Váse.-)
PAISANO.
¿Quién tiene bueyes, para quitar esta pesadumbre?
BARRAGAN.
En mi rancho los hay. ¡Hola, Coplilla!
-Sale Coplilla, pícaro.-
COPLILLA.
¿Qué manda voacé?
BARRAGAN.
Daca el libro real, impreso con licencia de su magestad.
COPLILLA.
Véle aquí.
BARRAGAN.
¡Qué á mano le tenias, ladron! ¿Quién tiene granos que jugar?
PAISANO.
Seis granos tengo, y esos juego.
(-Pónense á jugar.-)
BARRAGAN.
Alcé voacé por mano.
PAISANO.
Yo la doy.
BARRAGAN.
Ahí la gano.
PAISANO.
Váyase voacé, y deje que barahe, que quiero quitar esos encuentros.
BARRAGAN.
Alcé voacé.
PAISANO.
Sácola.
BARRAGAN.
Meto el corazon y las barbas, en saliendo suerte, de lo que fuere, ¿y
dice eso?
PAISANO.
¡Ah, sotas putas! Á la despedida.
-Sale Garay con la ropilla de Solapo, que se la ha ganado, y sale
Solapo con él.-
SOLAPO.
Seor Garay, voacé tiene obligacion de jugar hasta ganarme las prendas
que me quedan; y si no, dígalo el seor Paisano, que es de los taures
de la prima.
PAISANO.
¿Voacé jugó?
GARAY.
Seor, sí.
PAISANO.
¿Ganóse?
GARAY.
Sí, seor.
PAISANO.
Pues dé la sentencia el seor Barragan, que es hombre que á todos los
hombres del mundo les puede meter la baraha en la boca.
BARRAGAN.
Á pagar de mi dinero, está obligado voacé á jugar con él hasta
dejarle en carnes como Adan.
SOLAPO.
Pues vayan las prendas que me quedan.
GARAY.
Si esto me gana, me voy á mi rancho, y me cubro la delantera con una
hoja de higuera.
-Sale el Alcaide y el Escribano.-
ALCAIDE.
Paisano, aquí os vienen á notificar una sentencia; pésame, que es de
muerte.
ESCRIBANO.
Oid, hermano, lo que os quiero notificar.
PAISANO.
Barahe voacé, y quite esos encuentros.
ESCRIBANO.
¿Oye lo que le digo, hermano?
PAISANO.
Aguarde voacé; que mas me va en esto que en esotro.
ESCRIBANO.
¡Y si bien lo supiésedes! Señores, vuesas mercedes sean testigos cómo
el juez que entiende de su causa le condena á muerte.
PAISANO.
¿Á quién? ¿Á mí?
ESCRIBANO.
¡No, sino á mí!
PAISANO.
¡Digo la parte!
ESCRIBANO.
Oid, hermano, lo que os vengo á notificar.
PAISANO.
Veamos esta barahunda. ¿Qué buenas pascuas nos viene á notificar?
(-Lee el Escribano la sentencia en voz alta.-)
ESCRIBANO.
«Fallo que por la culpa que contra Paisano resulta, le debo condenar,
y condeno, á que, de la cárcel do está, sea sacado públicamente en
un asno de albarda, y un pregonero delante que manifieste su delito;
y sea llevado por las calles acostumbradas, y de allí sea llevado
á la plaza, donde estará una horca hecha; y della será colgado del
pescuezo, donde naturalmente muera. Y nadie sea osado á quitarle sin
mi licencia. Y mando, so pena de la vida, etc.»
PAISANO.
¿Quién dió esta sentencia?
ESCRIBANO.
El juez que entiende de vuestra causa.
PAISANO.
Puédelo hacer, que es mi juez. Mas dígale voacé que sea tan honrado,
que nos veamos en el campo solos, él con su fallo y yo con una espada
de siete palmos; veamos quién mata. Estos juecicos, en tiniendo un
hombre embanastado como besugo, luego le fallan, como espada de la
maesa: «Fallo que debo de condenar, y condeno, que sea sacado por las
calles acostumbradas, en un asno de albarda... que todo lo diga.»
¡Válgate el diablo, sentencia de pepitoria! ¿no es mejor decir que
muera este hombre, y ahorrar de tanta guarnicion?
ESCRIBANO.
Por Dios, que estoy por ponello asi, visto tanta desvergüenza.
ALCAIDE.
Váyase vuesa merced, señor Escribano, y no haga caso desta gente
desalmada.
GARAY.
Señor Paisano, llámele voacé, y dígale que apela.
PAISANO.
Á él digo: ¡ah, seor Escribano! venga acá voacé.
ESCRIBANO.
¿Qué quereis, hermano?
PAISANO.
¿Cómo se va voacé, despues que queda un hombre cargado hasta las
entrañas? Ponga ahí voacé que apelo treinta veces.
ESCRIBANO.
Con una basta. ¿Y para quién diremos que apelais?
PAISANO.
Apelo para Dios, que si yo apelo para esos señores padres de la
audiencia, remediadores de los fallos, pienso que no tendré ningun
remedio.
ESCRIBANO.
Señor Alcaide, oiga vuesa merced una palabra al oido.
(-Háblale al oido, y váse.-)
PAISANO.
Ea, ¿qué se quiere hablar al oido?
ALCAIDE.
Hermano, esto va muy de rota; el Escribano me ha notificado que os
suba á la enfermería, y que os ponga el hábito de la Caridad.
PAISANO.
¿Y no se puede hacer otra cosa, señor Alcaide?
ALCAIDE.
No, hermano; llamad á vuestro procurador, y decid que apelais, por
si esos señores os oyeren, que yo me holgaré en el alma.
PAISANO.
Pues, señor Alcaide, voacé me haga merced de que no se me ponga el
hábito de la Caridad que sacó el ahorcado del otro dia, que estaba
viejo y apolillado, y no me le he de poner por ninguna cosa: que ya
que haya de salir, quiero salir como hombre honrado, y no hecho un
pícaro; que antes me quedaré en la cárcel.
ALCAIDE.
Yo os daré gusto en eso.
PAISANO.
Y voacedes me harán merced de visitarme en la enfermería, y decirme
las ledanías que se suelen decir á los presos honrados; y de camino
avisarán á la Beltrana, á ver si tiene remedio esta desgracia. Me
recomiendo, reyes mios: no haya lloros, lágrimas ni barahundas, que
me voy á poner bien con el Sempiterno.
(-Vánse el Paisano y el Alcaide.-)
SOLAPO.
Por Dios, seor Barragan, que si el Paisano muere, que no queda hombre
que sepa dar un antubion de noche. ¿Digo algo, seor mio?
BARRAGAN.
Por cierto, seor Solapo, que si Paisano muere, que pierde Barragan
el mayor amigo del mundo; porque era grande archivo y cubil de
flores[43] para pobretos. Oiga lo que faltará si muere: la corónica
de los jayanes, murcios, madrugones, cerdas, calabazas, águilas,
aguiluchos, levas, chanzas, descuernos, clareos, guzpátaros,
traineles[44];
y al fin, para desconsuelo
que nos aumenta el dolor,
faltará un difinidor
al trato airado y al duelo.
GARAY.
No queda hombre honrado en todo el mundo, en faltando el Paisano.
-Sale Torbellina y Beltrana, mujeres de la casa, con mantos
doblados y mandiles blancos, y su Procurador con ellas.-
BELTRANA.
Déjame, hermana, con este ladron de Procurador; que yo le arañaré
toda la cara.
TORBELLINA.
Ténte, hermana, mal haya yo; y vamos á lo que importa.
BELTRANA.
¡Ay, hermana, que yo me tengo la culpa: que me he dejado engañar
deste ladron de Procurador; pues me ha traido engañada, diciendo que
habia de meter un escrito; y agora le mete, agora le saca; y está
el Paisano condenado á muerte! Déjame que le haga rajas entre estas
manos.
PROCURADOR.
Ténte, mujer de los diablos; que te quebraré la cabeza con estas
escribanías.
BELTRANA.
¡Ay, hermana! ¿Qué es esto? ¡Jesus, que me muero!
(-Desmáyase.-)
TORBELLINA.
Téngala, señor Procurador; mire que se ha desmayado.
PROCURADOR.
Ténte, mujer de los diablos: ¿aun no basta tener el pleito á cuestas,
sino servir de rodrigon?
-Sale el Paisano, vestido de ahorcado, y una cruz en la mano, y
el Alcaide con él.-
ALCAIDE.
Ea, Paisano, llamad á Dios, que os ayude en este trance.
BELTRANA.
¡Ay, sentenciado de mis ojos! ¿qué es esto?
ALCAIDE.
¡Hola! ¡hola!
(-Mucha grita dentro.-)
DENTRO.
¡Hola! ¡hola!
ALCAIDE.
¿Quién ha dejado entrar aquí estas mujeres? Echaldas fuera; si no,
por vida de quien soy, que las deje presas.
BELTRANA.
¡Ay, sentenciado de mi ánima y de mi vida!
(-Llora.-)
PAISANO.
¿Quién me ha traido aquí estas ayudas de costa de mal morir?
TORBELLINA.
¿Qué es esto, Paisano de mis ojos?
(-Llora.-)
PAISANO.
¿Quién ha traido aquí estos teatinos infernales?
BELTRANA.
¡Ay, que se acaba ya mi regocijo!
TORBELLINA.
¡Ay, que no tendremos quien nos consuele ya en nuestras borrascas y
naufragios!
PAISANO.
Hoios, bujarras; no me esteis ladrando á las orejas.
ALCAIDE.
Salíos allá fuera noramala.
PAISANO.
Beltrana, no me digas nada. El alma te encargo, pues el cuerpo te ha
servido en tantas ocasiones; y una de tus amigas (no lo hagas tú por
el escándalo que puede haber), cuando estuviere ahorcado, me limpiará
el rostro, porque no quede feo como otros probetos. Y me traerás un
cuello almidonado y mas de la marca, y advierto, con bolo y puntas, y
todo negocio; que quiero ver, antes que deste mundo vaya, quién hace
esta denunciacion.
BELTRANA.
Aun hasta en la muerte fue limpio mi amor; yo apostaré que no ha
habido mejor ahorcado en el mundo.
TORBELLINA.
¡Oh, qué de envidiosos ha de haber!
PAISANO.
Seora Torbellina, voacé será testigo ó testiga, lo que mejor le
pareciere, cómo á esta mujer la hago heredera de todos mis bienes,
muebles y raices, de mi calabozo. Item, de cuatro ó cinco platos y
escudillas, taladro, barreno, un candelero de barro, una sarten y un
asador. Item, una manta y un jergon, servicio y pulidor.
Quien te lo quitare, hija,
la mi maldicion le caiga.
TORBELLINA.
Muy bueno ha andado el seor Paisano.
PAISANO.
Beltrana, antes que deste mundo vaya, te quiero dejar acomodada.
Solapo es mi amigo, háme pedido que te hable; es hombre que pelea y
peleará, y te defenderá. En rindiendo yo el alma, le entregarás tú el
cuerpo.
BELTRANA.
Hermano de mi vida, eso hiciera yo muy de buena gana por mandármelo
tú; pero tengo dada la palabra á otro.
PAISANO.
Pues, badana, ¡aun no he salido de este mundo, y das la palabra á
otro! No te lograrás; ¿tú no ves que éste es desposorio clandestino?
ALCAIDE.
Ea, echad esas mujeres de ahí, vayan noramala.
(-Vánse las mujeres.-)
PAISANO.
Seor Procurador, ¿qué haremos si este juez me quisiese ahorcar tan de
repente, sin oirme mi apelacion?
PROCURADOR.
Calle, que no hará. No tenga pena de nada dello, que nunca el derecho
quedó sin él; y pluviese á Dios que le ahorcase, que yo le haria...
PAISANO.
¿Y si me ahorcase?
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