Con voluntad tan dañada
Procuran su pena y lloro,
Que se tuvo por mal moro,
Quien no le dió bofetada.
A la marina llegaron
Con la victima inocente,
Do con barbaria insolente
A una ancora le ligaron.
Dos ancoras á una mano
Vi yo alli en contrario zelo,
Una de hierro en el suelo,
Y otra de fe en el cristiano.
Y la una á la otra asida,
La de hierro se convierte
En dar cruda y presta muerte,
La de fe en dar larga vida.
Ved si es bien contrario el zelo
De las dos en esta guerra;
La una del suelo afierra,
La otra se ase del cielo,
Y aunque corra tal fortuna
Que asombre el cuerpo y el alma,
Como si estuviese en calma,
No hay desasirse ninguna.
Sin yerro al hierro ligado
El siervo de Dios se hallaba,
Y en el cuerpo atado, andaba
Espiritu desatado.
El cuerpo no se rodea,
Que le ata mas de un cordel,
Mas el espiritu del
Todos los cielos pasea.
La canalla, que se enseña
A hacer nueva crueldad,
Truxeron gran cantidad
De seca y nudosa leña:
Y una espaciosa corona
Hicieron luego con ella,
Dexando encerrada en ella
La santa humilde persona.
Y aunque no tienen sosiego
Hasta verle ya espirar,
Para mas le atormentar
Encienden lejos el fuego.
Quieren, como el cocinero
Que en su oficio mas mirase,
Que se ase y no se abrase
La carne de aquel cordero.
Sube el humo al ayre vano,
Y á veces le dá en los ojos,
Quema el fuego los despojos
Que le vienen á la mano.
Vase arrugando el vestido
Con el calor violento,
Y el fuego poco contento
Busca lo mas escondido.
Combatenle fuegos dos,
El uno humano y visible,
El otro santo invisible,
Que es luego de amor de Dios.
Yo no sé á qual mas debia,
Puesto que á los dos pagaba,
Al que el cuerpo le abrasaba,
O al que el alma le encendia.
Los que estaban á mirarle,
La ira ansi se les previerte,
Que mueren por darle muerte,
Y entretienense en matarle.
Y en medio deste tormento
No movió el santo varon
La lengua á formar razon
Que fuese de sentimiento.
Antes dicen, y yo he visto,
Que si alguna vez hablaba,
En el ayre resonaba
Y cielo el nombre de Cristo.
Y quando en el agonia
Ultima el santo se vio,
Cinco ó seis veces llamó
La Virgen Santa Maria.
Al fuego el ayre le atiza,
Y con tal ardor revuelve,
Que poco á poco resuelve
El santo cuerpo en ceniza.
Mas ya que morir le vieron,
Tantas piedras le tiraron,
Que con ellas acabaron
Lo que las llamas no hicieron.
O santo Esteban segundo
Que me asigura tu zelo,
Que miraste abierto el cielo
En tu muerte desde el mundo!
Queda el cuerpo en la marina
Quemado y apedreado,
Y el alma vuelo ha tomado
Acia la region divina.
Queda el moro muy gozoso
Del injusto yerro hecho,
El turco está satisfecho,
Y el cristiano temeroso.
Yo he venido á referiros
Lo que no pudistes ver,
Si os lo ha dexado entender
Mis lagrimas y suspiros.
SAAVEDRA.
Dexa el llanto, amigo, ya,
Que no es bien que se haga duelo
Por los que se van al cielo,
Sino por quien queda acá.
Que aunque parece ofendida
A humanos ojos su suerte,
El acabar con tal muerte
Es comenzar nueva vida.
Mide por otro nivel
Tu llanto, que no hay paciencia
Que las muertes de Valencia
Se venguen aqui en Argel.
Muestrase allá la justicia
En castigar la maldad,
Muestra acá la crueldad
Quanto puede la injusticia.
SEBASTIAN.
En tan amarga querella
Quién detendrá los gemidos?
Ellos con culpa punidos,
Nosotros muertos sin ella.
PEDRO ALVAREZ.
Bastabanos ser cautivos
Sin tener mas desconciertos,
Que si allá queman los muertos,
Abrasan aca los vivos.
Usa Valencia otros modos
En castigar renegados,
No en publico condenados,
Mueran á tosigo todos.
Mas un moro viene aca,
No estemos juntos aqui,
Saavedra por alli,
Yo y Sebastian por aca.
-Entranse-.
JORNADA II.
-Salen- AURELIO -y- IZUF.
IZUF.
Trescientos escudos dí,
Aurelio, por la doncella,
Y estos dí al turco, que á ella
Alma y vida le rendí,
Y es poco, segun es bella.
Vendiómela de aburrido,
Diciendo que no ha podido,
Mientras la tuvo en poder,
En ningun modo traer
Al amoroso partido.
Pusela en casa de un moro,
Sin osarla traer acá,
Y alli está donde ella está
Todo mi bien y tesoro,
Y quanta gloria amor da.
Alli se ve la bondad,
Junta con la crueldad
Mayor, que se vió en la tierra,
Y juntas sin hacer guerra
Belleza y honestidad.
No pueden prometimientos
Ablandar su duro pecho;
Veme en lagrimas deshecho,
Y ofrece siempre á los vientos
Quantos servicios la he hecho.
No echa de ver su ventura,
Ni como el dolor me aprieta
Poco apoco suspirando,
Antes quando yo mas blando,
Entonces ella mas dura.
A casa quiero traella
Para entregarte en tu mano
Mi gozo mas soberano,
Quizá tu podrás movella,
Siendo como ella cristiano.
Y desde aqui te prometo,
Que si conduces á efeto
Mi amorosa voluntad,
De darte la libertad,
Y serte amigo perfeto.
AURELIO.
En todo lo que quisieres,
He, señor, de complacerte,
Por ser tu esclavo, y por verte
Que melindres de mugeres
Te traigan de aquesta suerte.
De qué nacion es la dama
Que te enciende en esa llama,
Sin mirar en su interes?
IZUF.
Española dicen que es.
AURELIO.
El nombre?
IZUF.
Silvia se llama.
AURELIO.
Silvia? Una Silvia venia
A donde yo me embarqué,
Y segun que yo miré,
No en tanto alli se tenia.
IZUF.
Esa es: yo la compré.
AURELIO.
Si es esa, yo sé decir
Que es hermosa sin mentir,
Y que no es tan cruda, altiva,
Que su condicion esquiva
A ninguno haga morir.
Traela á casa, señor, luego,
Y ten las riendas al miedo,
Y tu verás si yo puedo,
Como á mis manos y ruego
Amaine el casto denuedo.
IZUF.
Yo voy, y mientras se ordena
Su venida, por estrena
Del contento que me has dado,
Yo dire á mi renegado
Que te quite esa cadena.
-Vase-.
AURELIO.
Qué es esto, cielos, que he oido?
Es mi Silvia? Silvia es cierto;
Es posible, hado incierto!
Que he de ver quien me ha tenido
Vivo en muerte, en vida muerto?
Esta es mi Silvia, á quien llamo,
A quien sirvo, y á quien amo
Mas que todo lo del suelo.
Gracias hago y doy al cielo
Que á los dos ha dado un amo.
Tregua tengan mis enojos
Entre tanta desventura,
Pues por estraña ventura
Vendrán á mirar mis ojos
Tan singular hermosura.
Y si della está rendido
Mi amo, está conocido
Que el que la acertó á mirar,
Era imposible escapar
De preso, ó de mal herido.
Y pues tan lascivos brios
El descubre en sus amores,
Si nos vemos, sus dolores
Se encubrirán, y los mios
Le diré que son mayores.
Y mientras pudiere ver
Su hermosura y gentil ser,
Templaré mi desconsuelo,
Hasta que disponga el cielo
De los dos lo que ha de ser. -Vase-.
-Salen- DOS MERCADERES.
MERCADER.
Al fin, Aydar, que en Cerdeña
Habeis hecho la galima?
AYDAR.
Sí, y no de poca estima,
Segun salió en la reseña.
MERCADER.
Dicen que os dieron caza
De Napoles las galeras.
AYDAR.
Sí dieron, mas no de veras,
Que el peso las embaraza.
El ladron que va á hurtar,
Para no dar en el lazo
Ha de ir muy sin embarazo,
Para huir, para alcanzar.
Las galeras de cristianos,
Sabe, sino lo sabeis,
Que tienen falta de pies,
Y que no les sobran manos.
Y la causa es, porque van
Tan llenas de mercancias,
Que aunque vogasen seis dias,
Un ponton no alcanzarán.
Nosotros á la ligera,
Y sueltos como el fuego,
Y en dandonos caza, luego
Pico al viento, ropa fuera,
Las obras muertas abaxo,
Arbol y antena en crugia,
Y ansi hacemos nuestra via
Contra el viento, sin trabajo.
Pero alli tiene la honra
El cristiano en tanto estremo,
Que asir en un trance el remo
Le parece que es deshonra.
Y mientras ellos allá
En sus trece estan honrados,
Nosotros dellos cargados
Venimos sin honra acá.
MERCADER.
Esa honra y ese engaño
Nunca les salga del pecho,
Pues nuestro mayor provecho
Nace de su propio daño.
Un mozo de poca edad
De esos Sardos, comprar quiero.
AYDAR.
Ya los trae el pregonero
Vendiendo por la ciudad.
-Entra el- PREGONERO -moro vendiendo los dos- MUCHACHOS, -y la- MADRE
-y el- PADRE.
PREGONERO.
Hay quien compre los chiquitos,
Y el viejo que es el grandazo,
Y la vieja y su embarazo?
Pues á fe que son bonitos.
Deste me dan ciento y dos,
Deste docientos me dan.
Pero no le llevarán.
Pasa acá, perrazo, vos.
JUAN.
Qué es esto, madre? por dicha
Vendennos aquestos moros?
MADRE.
Sí, hijo, que sus tesoros
Les crece nuestra desdicha.
PREGONERO.
Hay quien á comprar acierte
El niño y la madre juntos?
MADRE.
O terribles tristes puntos,
Mas amargos que la muerte!
PADRE.
Sosegad, señora, el pecho,
Que pues mi Dios lo ha ordenado
Ponernos en este estado,
El sabe por que lo ha hecho.
MADRE.
Destos hijos tengo pena,
Que no sé por donde han de ir.
PADRE.
Señora, dexad cumplir
Lo que el alto cielo ordena.
MERCADER.
Quanto dan deste? decid.
PREGONERO.
Ciento y dos escudos dan.
MERCADER.
Por ciento y diez darle han?
PREGONERO.
No, sino pasais de ahi.
MERCADER.
Está sano?
PREGONERO.
Sano está.
-Abrele la boca-.
MERCADER.
Abre, no tengas temor.
JUAN.
No me la saque, señor,
Que ella mesma se cairá.
MERCADER.
Piensa que sacalle quiero
El rapaz alguna muela?
JUAN.
Paso, señor, no me duela,
Tenga, paso, que me muero.
AYDAR.
Destotro quánto dan dél?
PREGONERO.
Ducientos escudos dan.
AYDAR.
Y por quanto le darán?
PREGONERO.
Trecientos piden por él.
AYDAR.
Si te compro, serás bueno?
FRANCISCO.
Aunque vos no me compreis,
Seré bueno.
AYDAR.
Serlo heis?
FRANCISCO.
Ya lo soi, sin ser ageno.
MERCADER.
Por este doi ciento y treinta.
PREGONERO.
Vuestro es, venga el dinero.
MERCADER.
En casa daroslos quiero.
MADRE.
El corazon me revienta!
MERCADER.
Comprad, compañero, esotro.
Ven, niño, vente á holgar.
JUAN.
Señor, no he de dexar
Mi madre por ir con otro.
MADRE.
Ve, hijo, que ya no eres
Sino del que te ha comprado.
JUAN.
Ay madre! haveisme dexado?
MADRE.
Ay cielo, quan cruel eres!
MERCADER.
Anda, rapaz, ven conmigo.
JUAN.
Vamonos juntos, hermano?
FRANCISCO.
No puedo, ni está en mi mano,
El cielo vaya contigo.
MADRE.
O mi bien, y mi alegria,
No se olvide de ti Dios!
JUAN.
Dónde me llevan sin vos,
Padre mio, y madre mia?
MADRE.
Quieres que hable, señor,
A mi hijo un momento?
Dame ese breve contento,
Pues será eterno el dolor.
MERCADER.
Quanto quisieres le dí,
Pues será la vez postrera.
MADRE.
Sí, pues esta es la primera
Que en este trance me vi.
JUAN.
Tenéme con vos aqui,
Madre, que voy no sé donde.
MADRE.
La ventura se te asconde,
Hijo, pues yo te parí.
Hase escurecido el cielo,
Turbado los elementos,
Conjurado mar y vientos
Todos en mi desconsuelo.
No conoces tu desdicha,
Aunque estas bien dentro della,
Puesto que el no conocella
Lo puedes tener por dicha.
Lo que te ruego, alma mia,
Pues ya el verte se me impide,
Es que nunca se te olvide
Rezar el Ave Maria.
Que esta Reyna de bondad,
De virtud y gracia llena,
Ha de librar tu cadena,
Y ponerte en libertad.
AYDAR.
Mira la mala cristiana
Que consejo dá al muchacho,
Sí, que no estaba borracho
Como tú, falsa, liviana.
JUAN.
Madre, alfin que no me quedo?
Qué me llevan estos moros?
MADRE.
Contigo van mis tesoros.
JUAN.
A fe que me ponen miedo.
MADRE.
Mas miedo me queda á mí
De verte ir á do vas,
Que nunca te acordarás
De Dios, de tí, ni de mí;
Porque estos tus tiernos años
Qué prometen sino aquesto?
Entre iniqua gente puesto,
Fabricadora de engaños.
PREGONERO.
Calla vieja, mala pieza,
Sino quieres por mas mengua,
Que lo que dice tu lengua
Venga á pagar tu cabeza.
Destotro hay quién dé mas,
Que es mas bello y mas lozano,
Que no su pequeño hermano?
AYDAR.
Dí, por quanto le darás?
PREGONERO.
No os he dicho, que trecientos
Escudos de oro por cuenta?
AYDAR.
Quiés ducientos y cinquenta?
PREGONERO.
Eso es dar voces al viento.
AYDAR.
Enamorado me ha
El donaire del garzon;
Yo los doi en conclusion.
PREGONERO.
Dinero, y señal me da.
AYDAR.
Como te llamas me dí.
FRANCISCO.
Señor, Francisco me llamo.
AYDAR.
Pues has mudado de amo,
Muda el Francisco en Maami.
FRANCISCO.
Eso no, señor patron,
Francisco me has de llamar.
AYDAR.
El palo os hará mudar
El nombre, y aun la intencion.
FRANCISCO.
Pues me aparta el hado insano
De vos, señor, qué mandais?
PADRE.
Hijo mio, que vivais
Como bueno y fiel cristiano.
MADRE.
Hijo, no las amenazas,
No los gustos y regalos,
No los azotes ni palos,
No los conciertos ni trazas,
No todo quanto tesoro
Cubre el cielo, y sol ha visto
Te mueva dexar á Cristo
Por seguir al pueblo moro.
FRANCISCO.
En mí se verá si puedo,
Pues mi buen Jesús me ayuda,
Como en mi alma no muda
La fe, la promesa y miedo.
PREGONERO.
O qué cristiano se muestra
El rapaz! pues yo os prometo
Que alceis á tantico aprieto
El brazo, y la mano diestra.
Estos rapaces cristianos
Al principio muchos lloros,
Y despues se vuelven moros
Mejor que los mas ancianos.
-Vanse-.
JORNADA III.
-Salen- IZUF, SILVIA, -y- ZARA, -y un- MORO.
IZUF.
Dexad, Silvia, el llanto ahora,
Poned tregua al ansia brava,
Que no os compré para esclava,
Sino para ser señora.
Mira que imagino y creo
Que vuestra gran desventura,
Para daros mas ventura
Ha traido este rodeo.
Con vos fortuna en su ley
No usa de nuevas leyes,
Que esclavos se han visto reyes,
Pero vos sois mas que rey.
Limpiad ya esos bellos ojos
Que sujetan quanto miran,
Y al tiempo que se retiran,
De alma llevan los despojos.
Y no cubra el blanco velo
Esa divina hermosura,
Que es como la nieve pura.
Que impide la luz del cielo.
SILVIA.
Esme ya tan natural,
Señor, el llanto y tormento,
Que si me dexa un momento,
Lo tengo por mayor mal;
Aunque sí estoi y estaré
Alegre al obedeceros,
Pues distes tantos dineros
Por mí, sin saber por que.
Porque os prometo, señor,
Que de miseria y pobreza
Tengo quanto de riqueza,
Si la riqueza es dolor.
Y de dolor soi tan rica,
Quanto por darme pasion
Este caudal, la ocasion
Por puntos le multiplica.
IZUF.
Silvia, vives engañada,
Que yo no quiero de tí,
Sino que quieras de mí
Ser servida y regalada.
Que el provecho que yo espero,
Silvia, de haverte comprado,
Es ver tu rostro estremado,
Y no doblar el dinero.
Que el amor que se mejora
En mostrar su fuerza brava,
Me ha hecho esclavo de esclava,
Esclava que es mi señora.
Y quedo tan satisfecho
De perder la libertad,
Que alabo la crueldad
Deste crudo y nuevo pecho.
Y porque lo que aqui digo
Lo entiendas, Silvia, mejor,
Nunca me llames señor,
Sino siervo ó caro amigo.
SILVIA.
Aunque tamaña mudanza
Ha hecho el cielo en mi estado,
No entiendas se me ha olvidado
El termino de crianza.
Bien sé como he de llamarte,
Y sé que es de obligacion,
Que en lo que fuere razon,
Procure de contentarte.
IZUF.
Tu habla tan comedida,
Tu donaire, y gracia, y ser
Claro me dá á entender
Que eres, Silvia, bien nacida.
Y aunque pudiera esperar
De tí un rescate crecido,
A tal termino he venido,
Que tu me has de rescatar.
Mas entanto que á la clara
Veas quanto hago por tí,
Ven, Silvia, vente tras mí,
Verás á tu ama Zara.
SILVIA.
Vamos, señor, en buena hora.
IZUF.
Silvia, no tanto señor,
Pues la ventura y amor
Os ha hecho á vos mi señora.
ZARA.
Seais, Izuf, bien llegado:
Cuya es la esclava?
IZUF.
Mia.
SILVIA.
Vuestra soi, señora mia.
IZUF.
Vuestra es, yo la he comprado.
ZARA.
Por cierto la compra es bella,
Si qual hermosa, es honesta.
Decid, señor, quanto cuesta?
IZUF.
Dado he mil doblas por ella.
ZARA.
Espera ser rescatada?
IZUF.
De muy rica tiene fama.
ZARA.
Su nombre?
IZUF.
Silvia se llama.
ZARA.
Es doncella, ó es casada?
SILVIA.
Casada soy, y doncella.
ZARA.
Cómo es eso, Silvia, dí?
SILVIA.
Señora, ello es ansi,
Que ansi lo quiso mi estrella.
El cielo me dió marido
No para que le gozase,
Sino para que quedase
Yo perdida, y él perdido.
MORO.
Izuf, á llamar te invia
El Rey apriesa nuestro Azan.
IZUF.
Dónde está?
MORO.
En el Duan,
Metido en grande agonia.
Amés, Xemí, Zaragá,
Y los Balucos Baxies,
Y todos los Debaxies,
Y el Daxés están allá.
Hanse juntado á consejo
Sobre que se ha averiguado
Que el Rey de España ha juntado
De guerra grande aparejo.
Dicen que va á Portugal,
Mas temese no sea maña,
Y es bien que tema su saña
Argel, que le hace mas mal.
En la guerra hay mil ensayos,
De fraudes y astucias llenos,
Acullá suenan los truenos,
Aca disparan los rayos.
IZUF.
Vamos, que el cielo que toma
Por suya nuestra defensa,
A España hará con su ofensa
Sujeta y sierva á Mahoma.
Y vos, señora, ordenad
A Silvia lo que ha de hacer;
Y vos, Silvia, á su querer
Sujetad la voluntad.
ZARA.
Cristiana, de donde eres?
Eres pobre, ó eres rica?
De suerte ensalzada ó chica?
No me lo niegues, si quieres;
Porque soi qual tú muger,
Y no de entrañas tan duras,
Que tus tristes desventuras
No me hayan de enternecer.
SILVIA.
Señora, soi de Granada,
Y de suerte ansi abatida,
Qual lo muestra el ser vendida,
Y á cada paso comprada.
Dicen que fui rica un tiempo,
Pero toda mi riqueza
Se ha vuelto en mayor pobreza,
Y ha pasado con el tiempo.
ZARA.
Has algun tiempo tenido
Enamorado deseo?
SILVIA.
Al estado en que me veo
El crudo amor me ha traido.
ZARA.
Fuiste acaso bien querida?
SILVIA.
Fuilo, y quise con ventaja
Tal, que apenas la mortaja
Borrará fe tan subida.
ZARA.
Fuiste querida primero,
U empezó el amor de tí?
SILVIA.
Primero querida fui
Del que quise, querre, y quiero.
ZARA.
Es mozo?
SILVIA.
Y aun gentilhombre.
ZARA.
Es cristiano?
SILVIA.
Pues qué moro?
No sale de su decoro
Quien ha de cristiano nombre.
ZARA.
Y es pecado querer bien
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