El Trato de Argel
Comedia
DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
ADVERTENCIA DEL EDITOR.
Esta Advertencia que pudiera parecer escusada, respecto del Viage al
Parnaso de Miguel de Cervantes, por ser mera reimpresion de un libro
tan conocido, la exige la publicacion de las dos piezas igualmente
poeticas, que ahora se dan á luz la primera vez. Una es tragica: y
otra comica. Una se intitula La Numancia: la otra El Trato de Argel.
De entrambas hace mencion, baxo estos mismos titulos en el Dialogo con
el poeta Pancracio, en el Discurso del Canonigo de Toledo con el Cura
Pero Perez, que se introduce en D. Quixote, y al fin de la comedia de
los Baños de Argel, impresa el año de 1613. Estas dos son del número
de aquellas veinte ò treinta comedias que escribió por los años de
1582. recien redimido del cautiverio de Argel, y de las quales dice
que todas se representaron en los teatros de Madrid con gusto general
del pueblo. Pero sin embargo de estos elogios, en ambas se observan
ciertas irregularidades que las mancomunan con muchas de las que
despues reprehendió tan justamente el mismo Cervantes. Porque el Trato
de Argel no tanto merece el nombre de comedia, como el de una simple
relacion lastimosa y tragica por lo comun, de los trabajos que
padecian los cautivos cristianos en poder de los infieles, en cuya
pintura entran tambien las reprobadas costumbres de unos y de otros,
cuyos sucesos son tanto mas creibles en la pluma del autor, quanto que
por él pasaron muchos de ellos; y asi se introduce en ella à sí mismo,
como historiador verdadero. Por esto refiere con tanta puntualidad las
varias calamidades de los cautivos: la venta de ellos en el zoco ò
plaza de Argel: el peligro y facilidad con que renegaban los
muchachos: los intentos y aventurados arbitrios que discurrian los
cautivos para huir: los inclementes castigos con que por esto los
atormentaban los moros: el martirio que padeció en Argel Frey Miguel
de Aranda, caballero Valenciano, de la Orden de Montesa, en venganza
de haber quemado vivo la Inquisicion de Valencia à un morisco, que
pasandose à Berberia, profesó abiertamente el mahometismo, y dandose
despues al corso, cayó en manos de aquel Tribunal: cuyo suceso refiere
largamente el Padre Ahedo en su Historia de Argel. Tampoco omite las
deshonestas aficiones con que las moras se inclinaban à los cautivos,
y los moros à las cautivas, valiendose de hechicerías y encantos, con
el vano intento de atraer y fixar las voluntades humanas: cosa
freqüente entre ellos, como dice el mismo Ahedo: cuyos amores se
complicaban con otros que los mismos cautivos se tenian. Asi Cervantes
cuenta los de Aurelio y Silvia, cautivos enamorados, y presos por Mami
Arnaut en la galera nueva de Malta llamada San Pablo, de cuya pérdida
hace mencion el citado Ahedo, atribuyendo esta y otras desgracias à
que las galeras de España eran muy pesadas, cuyo peso se aumentaba con
el demasiado carguío de mercancias, sin ayudarle en un apuro nuestra
gente, por tener a caso de menos valer echar mano al remo: todo lo
qual sucedia al contrario en los moros, que usaban de embarcaciones
mas veleras. Compraron estos esclavos Izuf y Zara, dos moros
principales. Enamorase Zara de su cautivo Aurelio, y para inclinarle
se vale de la hechicera Fátima, y no contenta con esto, hace tercera
de su amor à Silvia. Izuf por su parte se aficiona à Silvia, y para
rendirla se vale de los oficios de Aurelio. Aunque en esta comedia no
se advierte una accion principal à que estén subordinados los demas
incidentes, si algun episodio puede ocupar el lugar de ella, es esta
complicación de afectos de amos y de esclavos: cuyo desenlace consiste
en conceder el Rey Azan à Aurelio y Silvia, libertad para que vuelvan
à España à solicitar dos mil ducados en que se rescataron, fiando de
su palabra y buena fe el cumplimiento de esta condicion. Y el fin de
toda la comedia es avistarse en el puerto de Argel el navio que traia
la limosna de la Redencion, en que venia el Padre Fray Juan Gil, cuyo
suceso fue tambien verdadero, pues este Religioso fue el que rescató à
Cervantes. Tampoco se observan las unidades de tiempo ni de lugar.
Pedro Alvarez y otro con-cautivo caminan noches y dias, huidos de sus
amos; y perdiendo el camino Alvarez, se aparece un leon que se le
enseña: cuyo extraordinario suceso atribuye à la intercesion de
nuestra Señora de Montserrate. Introduce tambien figuras morales. La
Necesidad y la Ocasion acosan à Aurelio para que condescienda con las
importunas instancias de Zara. Asi tambien en la Numancia introduce à
la España en forma de doncella, coronada de torres, informando del
sitio que la tenia puesto Scipion; y considerando que solo por la
parte por donde bañaba el rio la ciudad cercada, podia recibir
socorro, le hace una dolorosa súplica para que se le preste: y en
efecto, sale al teatro el Duero con tres muchachos que representan à
tres riachuelos que desaguan en él, y despues de una larga arenga en
que profetiza que los Godos en adelante, Atila, y el Duque de Alba D.
Fernando Alvarez de Toledo harían guerra á Roma, la desaucia de todo
remedio, y se sumerge en sus propias aguas. Facil hubiera sido y mas
natural poner estos discursos en boca de las personas. Pero esta
invencion fue tan del gusto de Cervantes, que se precia de haber sido
el primero que introduxo en el teatro las figuras morales con general
aplauso: si bien muchos años antes las vemos introducidas en la
comedia de la Duquesa de la Rosa impresa por Juan de Timoneda el año
de 1560. por Alonso de Vega, poeta y representante, como lo fue por
aquellos tiempos Lope de Rueda.
Por los años de 1598. compuso Lope de Vega una comedia intitulada: Los
Cautivos de Argel, cuyo argumento es el mismo que el del Trato de
Argel: y con efecto introduce en ella un cautivo llamado Saavedra, en
cuya introduccion tubo sin duda presente à Cervantes. A lo menos
supone sucedidos en el tiempo de su cautiverio los casos que refiere,
que casi son identicos con los que se leen en el Trato de Argel: como
son el martirio del Caballero de Montesa, las costumbres del Rey Azan,
la complicacion de los amores de amos y cautivos, que es lo que se
puede llamar la accion de la comedia. El desenlace es tambien casi
identico, y se reduce à que Azan concede libertad à los dos amantes
cautivos, que en Lope se llaman Leonardo y Marcela, con la misma
condicion, que vueltos à España adquieran el precio de su rescate, y
se lo remitan à Soliman su amo. Entre otras impropiedades, tampoco
guarda Lope la unidad de tiempo; porque suponiendo como se ha dicho,
los casos de su comedia sucedidos por los años de 1580. finge que
desde Argel se veian los fuegos del castillo de Denia, donde con
varios regocijos celebró D. Francisco de Sandoval y Roxas, Duque
despues de Lerma, el casamiento de Felipe III. con la Reyna Doña
Margarita, contraido el mencionado año de 1598. Esta conformidad de
casos, de escenas, y aun de expresiones con el Trato de Argel, que se
hallan en los Cautivos de Lope, prueba que éste tubo presente alguna
copia de aquella comedia, que disfrutó plenamente; aunque siempre se
echa de ver aquella facilidad, viveza y discrecion de Lope de Vega.
Pero volvamos à Cervantes. El qual pensando muchos años despues que
compuso el Trato de Argel, que todavia parecian bien sus versos,
compuso otras ocho comedias; y viendo que ni los farsantes se las
pedian, ni otros las apreciaban, se las vendió al librero Juan de
Villarroel, que las imprimió el año de 1615. Hallase entre ellas una
intitulada: Los Baños de Argel, que casi es idéntica, con la del Trato
de Argel. Conserva en ella principalmente la complicacion de amores de
amos y cautivos, aunque varía los nombres; porque estas aficiones
ilicitas y contrapuestas de amos y esclavos hicieron tal impresion en
Cervantes, que no solo las conserva en esta comedia renovada, sino que
las repite en la Novela del Amante Liberal. Introduce de nuevo el amor
de una hija de Agi Morato, moro rico de Argel, llamada Zara, que
enamorada de D. Lope, uno de los cautivos del Baño, se comunicaba con
él por medio de billetes que colgaba de una caña, con cuyo artificio
le proveyó tambien de dineros. El desenlace ò desenredo es igualmente
la libertad de los cautivos solicitada por el mismo D. Lope, que
viniendo rescatado à España, vuelve à Argel con una barca, donde trae
à todos los compañeros que caben en ella, y à Zara especialmente, con
quien recibido el bautismo, se casa: suceso que no solo dice Cervantes
fue verdadero, sino que le renovó en D. Quixote. Si en el Trato de
Argel se notan impropiedades, no menos se observan en los Baños de
Argel. Una de las mas extraordinarias de ésta es fingir que los moros
vieron una armada de mas de trescientas galeras, representada en las
nubes heridas por los rayos del sol, y oyeron los tiros, y vieron los
fuegos: y pensando los Genizaros que la enviaba Felipe II. para
conquistar aquella republica de piratas, se enfurecieron de tal modo,
que para tener menos enemigos, hirieron à mas de veinte cautivos, y
quitaron la vida à mas de treinta. Un erudito Anonimo reimprimió el
año de 1749. estas ocho comedias, acompañandolas con un dilatado
prologo en que intenta probar que las compuso su autor con el fin de
ridiculizar las de su tiempo, que tanto solian pecar contra las reglas
del arte; asi como escribió la Novela de D. Quixote con el de
ridiculizar los libros de caballerias. Ultimamente el célebre Abate D.
Xavier Lampillas pretende disculpar à Cervantes por un nuevo y
singular camino. Dice que estas ocho comedias no son suyas; -sino que
la malicia de los impresores publicó con su nombre y prologo aquellas
extravagantes comedias, correspondientes al pervertido gusto del
vulgo, suprimiendo las que verdaderamente eran de él, ò
transformandolas en un todo-. Pero como los defectos de la del Trato
de Argel, que Cervantes reconoce por suya, y de la qual dice se recitó
con general aplauso, certifican de las irregularidades de las que
despues él mismo dió à la estampa, se infiere que Cervantes no compuso
sus comedias con el fin que le supone el mencionado Anonimo, que
quiere hallar en ellas mas ingenio y artificio que el que tienen; y
que por consiguiente no es admisible el arbitrio que escogitó el Abate
Lampillas, aunque nacido de buen zelo por conservar la fama del autor
de D. Quixote. Lo primero, porque él mismo se declara autor de ellas
en la dedicatoria al Conde de Lemos, y en el prologo: y el estilo y
discurso de ambas composiciones no permite sospechar que sean de otra
pluma: lo segundo, porque no es creible que ninguno tubiese el
atrevimiento de prohijar al verdadero autor à vista suya, unas obras
agenas en lugar de las suyas propias; y quando asi hubiese sucedido,
parece imposible que no se hubiese vindicado de semejante supercheria,
habiendo sobrevivido à la publicacion mas de un año. Antes se infiere
y se comprueba con estas comedias la doctrina del Doctor Juan Huarte
alegada por el ingenioso P. Vicente de los Rios en la Vida de Miguel
de Cervantes Saavedra: que para la aplicacion de los ingenios se debe
examinar, no solo la ciencia que se adequa mas à cada uno, sino
tambien si se acomoda mejor à la teorica que à la practica de aquella
ciencia: porque estas requieren por lo comun, diferente indole de
ingenio. En Cervantes, prosigue Rios, se verificó plenamente esta
observacion. Nunca acertó à componer comedias, y poseia perfectamente
su teorica, como lo acreditan muchos lugares de sus obras, y
especialmente el Coloquio entre el Cura y el Canonigo de Toledo, que
inserta en la primera parte de D. Quixote. Por los defectos expuestos
del Trato de Argel, se puede hacer algún juicio de la Numancia, aunque
es algo mas regular.
[Illustration]
-EL TRATO DE ARGEL-
COMEDIA
DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
INTERLOCUTORES.
AURELIO.
SEBASTIAN.
SAAVEDRA.
PEDRO ALVAREZ.
FRANCISCO Y JUAN: -muchachos-.
SU PADRE Y MADRE.
SILVIA. -Todos cautivos-.
FATIMA, Y ZARA: -moras-.
LA NECESIDAD.
LA OCASION.
UN DEMONIO.
IZUF: -Rey de Argel, moro-.
BAYRAN: -moro-.
OTRO MORO.
UN CAUTIVO, -que se va-.
DOS MERCADERES.
UN PREGONERO.
UN LEON.
JORNADA I.
AURELIO, FATIMA, ZARA, SAAVEDRA, SEBASTIAN, PEDRO ALVAREZ, -cautivos
todos tres-.
AURELIO.
Triste y miserable estado,
Dura esclavitud amarga,
Donde es la pena tan larga
Quan corto el bien y abreviado!
O purgatorio en la vida,
Infierno puesto en el mundo,
Mal que no tiene sigundo,
Estrecho do no hay salida,
Cifra de quanto dolor
Se reparte en los dolores,
Daño, que entre los mayores
Se ha de tener por mayor,
Necesidad increible,
Muerte creible y palpable,
Trato misero intratable,
Mal visible é invisible,
Toque, que nuestra conciencia
Descubre si es valerosa,
Pobre vida trabajosa,
Retrato de penitencia!
Callese aqueste tormento,
Que segun me es enemigo
No llegará lo que digo
A un punto de lo que siento.
Ponderese mi dolor
Con decir, bañado en lloros,
Que mi cuerpo está entre moros,
Y el alma en poder de amor.
Del cuerpo y alma es mi pena,
El cuerpo ya veis qual va,
El alma rendida está
A la amorosa cadena.
Pense yo que no tenia
Amor poder entre esclavos;
Mas en mí sus recios clavos
Muestra mas su gallardìa.
Qué buscas en la miseria,
Amor, de gente cautiva?
Dexala que muera ó viva
Con su pobreza y laceria.
No ves que el hilo se corta
De esa tu amorosa estambre
Aqui con sed y con hambre
A la larga ó á la corta?
Mas creo, pues no has querido
Olvidarme en este estrecho,
Que has visto sano mi pecho,
Aunque tan roto el vestido.
Desde agora claro entiendo
Que el poder que en tí se encierra,
Abraza el cielo y la tierra,
Y mas que no comprehendo.
Una cosa te pidiera,
Si en esa tu condicion
Una sombra de razon
Por entre mil sombras viera,
Y es, que pues fuiste la causa
De acabarme y destruirme,
En el contino herirme
Hagas un momento pausa.
Yo no te pido que salgas
De mi pecho, pues no puedes,
Antes te pido que quedes,
Y en este trance me valgas.
Del lugar do me pusiste,
Me procuran derribar:
Pero quién podrá acabar
Lo que una vez, tú, subiste?
Ya viene Zara y su arenga.
Ay enfadosa porfia!
Como que me falte el dia
Antes que la noche venga!
Valedme, Silvia, bien mio,
Que si vos me dais ayuda,
De guerra mas ardua y cruda
Llevar la palma confio.
ZARA.
Aurelio?
AURELIO.
Señora mia?
ZARA.
Si tú por tal me tuvieses,
A fe que luego hicieses
Lo que ruego, sin porfia.
AURELIO.
Lo que tu quieres, yo quiero,
Porque al fin, te soi esclavo.
ZARA.
Esas palabras alabo,
Mas tus obras vitupero.
AURELIO.
Quál ha sido por mí hecha
Que en ella no te complaces?
ZARA.
Aquellas que no me haces,
Me tienen mal satisfecha.
AURELIO.
Señora, no paro mas:
Por agua me parto luego.
ZARA.
Otra agua pide mi fuego
Que no la que tu trairás.
No te vayas, está quedo.
AURELIO.
De leña hay falta en la casa.
ZARA.
Basta la que á mi me abrasa.
AURELIO.
Mi amo.
ZARA.
No tengas miedo.
AURELIO.
Dexame, señora, ir,
Que vendrá Izuf mi señor.
ZARA.
Quien queda con tanto amor,
Mal te dexará partir.
AURELIO.
No hay para que mas porfies:
Señora, dexame ya.
ZARA.
Aurelio, llegate acá.
AURELIO.
Mejor es que te desvies.
ZARA.
Ansi, Aurelio, me despides?
AURELIO.
Antes te hago favor,
Si con el compas de amor
Lo compasas y lo mides.
No miras que soi christiano
Con suerte y desdicha mala?
ZARA.
El amor todo lo iguala,
Dame, por señas la mano.
FATIMA.
Zara, señora mía,
Digote que me he admirado,
Mirando lo que ha pasado
Tu altivez y fantasia:
Ver, por cierto es gentil cosa
Indigna de ser notada,
De un cristiano enamorada
Una mora tan hermosa;
Y lo que mas llega al cabo
Tu aficion tan sin medida
Es de ver que estás rendida
A un cristiano que es tu esclavo.
Y monta que corresponde
El galan á lo que quieres:
Perdoname, fragil eres.
ZARA.
Dónde vas?
FATIMA.
Bien sé yo adonde.
ZARA.
Dulce amiga verdadera,
Lo que dices no lo niego;
Mas qué haré? que amor es fuego
Y mi voluntad es cera.
Y puesto que el daño veo
Y el fin do habré de parar,
Imposible es contrastar
Las fuerzas de mi deseo.
Vuelve tu lengua é intento
A combatir esta roca,
Que no será gloria poca
Gozar de su vencimiento.
FATIMA.
Quiero en esto complacerte,
Pues al fin puedes mandarme.
Cristiano, vuelve á mirarme,
Que no es mi rostro de muerte.
AURELIO.
Mas que muerte me causais
Con vuestros inducimientos;
Dexame con mis tormentos,
Porque en vano trabajais.
FATIMA.
No veis como se retira
El bravo en su pundonor:
Ansi entiende él del amor
Como el asno de la lira.
AURELIO.
Cómo quieres que yo entienda
De amor en esta cadena?
ZARA.
Eso no te cause pena,
Que luego se hará la enmienda:
Las dos te la quitaremos.
AURELIO.
Muy mijor será dexalla,
Que no quiero con quitalla
Pasar de un estremo á estremo.
FATIMA.
A qué estremo pasarás?
AURELIO.
Quitando al cuerpo este hierro,
Cairé en otro mayor yerro,
Que al alma lastime mas.
FATIMA.
Almas teneis los cristianos?
AURELIO.
Sí, y tan ricas y estremadas,
Quanto por Dios rescatadas.
FATIMA.
Qué! son pensamientos vanos.
Pero si almas teneis,
De diamante es su labor,
Pues en la fragua de amor
Muy mas os endureceis.
Aurelio, resolucion:
Ten cuenta en lo que te digo,
No quieras ser tan amigo
De tu ostinada opinion.
Ya te ves sin libertad,
Entre hierros apretado,
Pobre, desnudo, cansado,
Lleno de necesidad,
Sujeto á mil desventuras,
A palos, á bofetones,
A mazmorras, á prisiones
Donde estás de dia á escuras.
Libertad se te promete,
Los hierros te quitarán,
De paño te vestirán,
No hay temor de oscuro brete.
Cuzcuz, pan blanco á comer,
Gallinas en abundancia,
Y aun havrá vino de Francia,
Si vino quieres beber.
No te piden lo imposible,
Ni trabajos demasiados,
Sino blandos, regalados,
Dulces lo mas que es posible.
Goza de la coyuntura
Que se te pone delante,
No hagas del inorante,
Pues muestras tener cordura.
Mira tu señora Zara,
Y lo mucho que merece,
Mira que al sol escurece
La luz de su rostro clara.
Contempla su juventud,
Su riqueza, nombre y fama,
Mira bien que agora llama
A tu puerta la salud.
Considera el interes
Que en hacer esto te toca,
Que hay mil que pondrán la boca
Donde ella pone los pies.
AURELIO.
Has dicho, Fatima?
FATIMA.
Sí.
AURELIO.
Quiéres que responda yo?
FATIMA.
Responde.
AURELIO.
Digo que no.
ZARA.
Ay Ala! qué es lo que oí?
AURELIO.
Yo digo que no conviene
Pedirme lo que pedís,
Porque muy poco advertís
El peligro que contiene.
FATIMA.
Qué peligro puede haver,
Queriéndolo tu señora?
AURELIO.
La ofensa, que siendo mora
A Mahoma viene á hacer.
ZARA.
Dexame ya con Mahoma,
Que agora no es mi señor,
Porque soy sierva de amor,
Que el alma sujeta y doma.
Echa ya el pecho por tierra,
Y levantate á mi cielo.
AURELIO.
Señora, tengo un recelo
Que me consume y atierra.
FATIMA.
Dí, qué recelas de mí?
AURELIO.
Señora, de que no veo
Ningun atajo ó rodeo
Como complacerte á tí.
En mi ley no se recibe
Hacer yo lo que me ordenas,
Antes con muy graves penas
Y amenazas se prohibe.
Y aun si bautismo tuvieras,
Siendo como eres casada,
Fuera cosa harto escusada
Si lo que pides pidieras.
Por eso yo determino
Antes morir, que hacer
Lo que pide tu querer,
Y en esto estaré contino.
ZARA.
Aurelio, estás en tu seso?
AURELIO.
Antes por estar en él,
Soi para tí tan cruel.
ZARA.
Ay desdichado subceso!
Es posible que tan poco
Valgan mis ruegos contigo?
FATIMA.
Sin duda que este enemigo
Es muy cuerdo, o es muy loco -Aparte.-
Ruin, sin razón ni compas,
Nacido de vil canalla,
Pensabades ya triunfalla,
Holgando sin mas ni mas?
Necio, tanta fantasia
Pensais que hablamos de veras?
Antes de mal rayo mueras
Primero que pase el dia.
Conmigo las has de haber,
Y de modo, que te aviso
Que dirá el que nunca quiso:
Mas me valiera querer.
No estés, Zara, descontenta,
Dexa el remedio en mi mano,
Que á este falso cristiano,
Yo le haré que se arrepienta.
ZARA.
No es bien que por mal se lleve.
FATIMA.
Ni bien llevallo por bien.
ZARA.
Cese, Aurelio, tu desden.
FATIMA.
Con eso el falso se atreve.
Ve, señora, al aposento,
Que en esta pena crecida
O yo perderé la vida,
O tu tendrás tu contento.
-Vanse las moras, y queda- AURELIO.
AURELIO.
Padre del cielo, en cuya fuerte diestra
Está el gobierno de la tierra y cielo,
Cuyo poder acá y allá se muestra
Con amoroso, justo, y santo zelo;
Si tu luz, si tu mano no me adiestra
A salir deste caos, temo y recelo
Que como el cuerpo está en prisión esquiva,
Tambien el alma ha de quedar cautiva.
Do estás, Silvia hermosa? qué distino,
Qué fuerza insana de inplacable hado
El curso de aquel prospero camino
Tan sin causa y razon nos ha cortado?
O estrella! ó suerte! ó fortuna! ó signo!
Si alguno de vosotros ha causado
Tamaña perdicion, desde aqui digo
Que mil cuentos de veces os maldigo.
Yo morire por lo que al alma toca,
Antes de hacer lo que mi ama quiere.
Firme he de estar qual bien fundada roca,
Que en torno el viento y mar combate y hiere:
Que sea mi vida mucha, que sea poca
Importa poco, solo el que bien muere
Puede decir que tuvo larga vida,
Y el que mal, una muerte sin medida.
-Entrase- AURELIO, -y sale- SAAVEDRA -y- PEDRO ALVAREZ, -y- SEBASTIAN
-á su tiempo-.
SAAVEDRA.
En la veloz carrera apresuradas
Las horas del ligero tiempo veo
Contra mí con el cielo conjuradas.
Queda atras la esperanza y no el deseo,
Y ansi la vida de la muerte della
El mal, el daño augmentan que poseo.
Ay dura, iniqua, inexorable estrella!
Como por los cabellos me has traido
Al terrible dolor que me atropella!
PEDRO ALVAREZ.
El llanto en tales tiempos es perdido,
Pues si llorando el cielo se ablandara,
Ya le huvieran mis lagrimas movido.
A la adversa fortuna alegre cara
Debe mostrar el pecho generoso,
Que á qualquier mal buen animo repara.
SAAVEDRA.
El cuello enflaquecido al trabajoso
Yugo de esclavitud amarga puesto,
Bien ves que á cuerpo y alma es peligroso;
Y mas aquel que tiene presupuesto
De dexarse morir, antes que pase
Un punto al modo del vivir honesto.
PEDRO ALVAREZ.
Si acaso yo tus obras imitase,
Forzoso me seria que al momento
En brazos de la hambre me entregase.
Bien sé que en el cautivo no hay contento,
Mas no quiero crecer yo mi fatiga,
Teniendo siempre en ella el pensamiento.
A mi patrona tengo por amiga,
Tratame qual me ves, huelgo y paseo,
Cautivo soi, el que quisiere diga.
SAAVEDRA.
Triunfa, hermano, y goza ese trofeo,
Que si por ser cautivo te hermoseas,
Yo sé que es torpe, desgraciado y feo.
PEDRO ALVAREZ.
Hermano Saavedra, si te arreas
De ser predicador, esta no es tierra
Do alcanzarás el fruto que deseas.
Dexate deso, escucha de la guerra
Que el gran Felipe hace, nueva cierta,
Y un poco el pesar de ti destierra.
Dicen que una fragata de Biserta
Llegó esta noche, y alli viene un cautivo
Que ha dado vida á mi esperanza muerta.
Quitole libertad el hado esquivo
De Malaga pasando á Barcelona,
Cautivólo Mamí, cosario altivo.
En su manera muestra ser persona
De calidad, y que es exercitado
En el duro exercicio de Belona.
Dice el numero cierto que ha pasado
De soldados á España, forasteros,
Sin los tres tercios nuestros que han baxado:
Los Principes, señores, caballeros
Que á servir á Filipo van de gana;
Los naturales y los estrangeros.
Y la muestra hermosisima lozana
Que en Badajoz el Rey hacer pretende,
De la pujanza de la union cristiana.
Dicen en esto, que ninguno entiende
El disignio del Rey, y el hablar desto
El grande y el pequeño se defiende.
SAAVEDRA.
Rompeos ya, cielos, y inviadnos presto
El librador de nuestra amarga guerra,
Si ya en el suelo no le teneis puesto.
Quando llegué vencido en esta tierra
Tan nombrada en el mundo, que en su seno
Tanto pirata encubre, acoge y cierra,
No pude al llanto detener el freno:
Que á pesar mio, sin saber lo que era,
Me vi el marchito rostro de agua lleno,
Ofreciendo á mis ojos la rivera,
Y el monte, donde el grande Carlos tuvo
Levantada en el ayre su bandera,
Y el mar que tanto esfuerzo no sostuvo,
Pues movido de invidia de su gloria,
Airado entonces mas que nunca estuvo;
Y estas cosas moviendo en mi memoria,
Las lagrimas truxeron á los ojos,
Forzadas de desgracia tan notoria.
Pero si el alto cielo en darme enojos
No está con mi ventura conjurado,
Y aqui no lleva muerte mis despojos,
Quando me vea en mas felice estado,
O si la suerte, ó si el favor me ayuda
A verme ante Filipo arrodillado,
Mi temerosa lengua casi muda
Pienso mover en la real presencia,
De adulacion y de mentir desnuda,
Diciendo: alto señor, cuya potencia
Sugetas trae las barbaras naciones
Al desabrido yugo de obediencia:
A quien los negros indios con sus dones
Reconocen honesto vasallage,
Trayendo el oro acá de sus rincones,
Despierte en tu real pecho coraje
La desverguenza con que una bicoca
Aspira de contino á hacerte ultraje.
Su gente es mucha, mas su fuerza es poca,
Desnuda, mal armada, que no tiene
En su defensa fuerte, muro ó roca.
Cada uno mira si tu armada viene,
Para dar á los pies el cargo y cura
De conservar la vida que sostiene.
De la esquiva prisión amarga y dura,
Adonde mueren quince mil cristianos,
Tienes la llave de su cerradura.
Todos de allá, qual yo, puestas las manos,
Las rodillas por tierra, sollozando,
Cercados de tormentos inhumanos,
Poderoso señor, te están rogando
Vuelvas los ojos de misericordia
A los suyos, que están siempre llorando:
Y pues te dexa agora la discordia,
Que tanto te ha oprimido y fatigado,
Y á mas andar te sigue la concordia,
Haz, buen Rey, que sea por tí acabado
Lo que con tanta audacia y valor tanto
Fue por tu amado padre comenzado.
Con solo ver que vas, pondrá un espanto
A la barbara gente, que adivino
Yo desde aqui su perdida y quebranto.
Quién dubda que el real pecho benigno
No se muestre, en oyendo la tristeza
Donde están estos miseros contino?
Mas ay! como se muestra la baxeza
De mi tan rudo ingenio, pues pretendo
Hablar tan baxo ante tan alta alteza.
Mas la ocasion es tal, que me defiende.
Mas á todo silencio poner quiero,
Que temo que mi platica te ofende,
Y al trabajo me llaman, á do muero.
-Sale- SEBASTIAN, -Cautivo-.
SEBASTIAN.
Hase visto cosa igual?
Hay tierra tan sin concordia,
Do falta misericordia,
Y sobra la crueldad?
Donde se hallará disculpa
De maldad tan insolente,
Que pague el que es inocente,
Por el que tuvo la culpa?
O cielos! qué es lo que he visto!
Este sí que es pueblo injusto,
Donde se tiene por gusto
Matar los siervos de Cristo.
O España! patria querida,
Mira qual es nuestra suerte,
Que si allá das justa muerte,
Quitan acá justa vida.
PEDRO ALVAREZ.
Sebastian, dinos que tienes,
Que hablas razones tales?
SEBASTIAN.
Una infinidad de males,
Y una pobreza de bienes.
SAAVEDRA.
En ser, como eres esclavo,
Se encierra todo dolor.
SEBASTIAN.
Otra pena muy mayor
Me tiene á mí tan al cabo.
PEDRO ALVAREZ.
De donde puede causarse
La pena que dices brava?
SEBASTIAN.
De una vida que hoy se acaba,
Para jamas acabarse.
Ya sabeis que aqui en Argel
Se supo como en Valencia
Murió por justa sentencia
Un morisco de Sargel.
Digo que en Sargel vivia,
Puesto que era de Aragon,
Y al olor de su nacion
Pasó el perro á Berberia:
Y aqui cosario se hizo
Con tan prestas crueles manos,
Que con sangre de cristianos
La suya bien satisfizo.
Andando en corso, fue preso,
Y como fue conocido,
Fue en la Inquisicion metido,
Do le formaron proceso,
Y alli se le averiguó
Como siendo bautizado,
De Cristo havia renegado,
Y en Africa se pasó:
Y que por su industria y mañas,
Traidores tratos esquivos
Havian sido cautivos
Mas de seiscientos cristianos.
Y como se le probaron
Tantas maldades y errores,
Los justos Inquisidores
Al fuego le condenaron.
Supose del moro acá,
Y la muerte que le dieron,
Porque luego lo escribieron
Los moriscos que hay allá.
La triste nueva sabida
Por los parientes del muerto,
Juran y hacen concierto
De dar al fuego otra vida.
Buscaron luego un cristiano
Para pagar este escote,
Y hallaronlo sacerdote,
Y de nacion Valenciano.
Pidieron este á gran priesa
Para executar su hecho,
Porque vieron que en el pecho
Traia la cruz de Montesa.
La qual señal de victoria
Que le cupo en buena suerte,
Si en el suelo le dió muerte,
En el cielo le dió gloria.
Porque esta gente sin luz,
Que en él tal señal han visto,
Pensando matar á Cristo
Matan al que trae su cruz.
A su amo le compraron,
Y aunque eran pobres, á un punto
El dinero todo junto
De limosna le allegaron.
En nuestro pueblo cristiano
Por Dios se pide á la gente,
Para sanar al doliente,
No para matar al sano.
Mas entre esta descreida
Gente y maldito lugar,
No piden para sanar,
Mas para quitar la vida.
Hoy en poder de sayones
He visto al siervo de Dios
No solamente entre dos,
Pero entre dos mil ladrones.
Iba el sacerdote justo,
Entre injusta gente puesto,
Marchito y humilde el gesto,
A morir por Dios con gusto.
Todo el pueblo se desvela
En darle penas dobladas,
Qual le da mil bofetadas,
Qual sus blancas canas pela.
Las manos que á Dios tuvieron
Mil veces, hoy son tenidas
De dos sogas retorcidas,
Con que atras se las asieron.
Al yugo de otro cordel,
El humilde cuello lleva,
Haciendo mil moros prueba,
Quanto pueden tirar del.
A ningun lado miraba
Que descubra un solo amigo,
Que todo el pueblo enemigo
Entorno le rodeaba.
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