Los tiernos hijos vuestros en los brazos
Las tristes traen: no veis con qué señales
De amor les dan los ultimos abrazos?
PRIMERA.
Dulces señores nuestros, si en los males
Hasta aqui de Numancia padecidos,
Que son menores los que son mortales,
Y en los bienes tambien que ya son idos,
Siempre mostramos ser mugeres vuestras,
Y vosotros tambien nuestros maridos,
Porqué en las ocasiones tan siniestras
Que el cielo airado agora nos ofrece,
Nos dais de aquel amor tan cortas muestras?
Hemos sabido, y claro se parece
Que en las Romanas armas arrojaros
Quereis, pues su rigor menos empece
Que no la hambre de que veis cercaros,
De cuyas flacas manos desabridas
Por imposible tengo el escaparos.
Peleando quereis dexar las vidas,
Y dexarnos tambien desamparadas,
A deshonras y muertes ofrecidas.
Nuestro cuello ofreced á las espadas
Vuestras primero, que es mejor partido,
Que vernos de enemigos deshonradas.
Yo tengo en mi intencion estatuido
Que si puedo, haré quanto en mi fuere
Por morir do muriere mi marido,
Y esto mesmo hará la que quisiere
Mostrar que no los miedos de la muerte
Le estorban, de querer á quien bien quiere
En buena, ó mala, en dulce, ó amarga suerte.
OTRA.
Qué pensais, varones claros?
Revolveis aun todavia
En la triste fantasia
De dexarnos y ausentaros?
Quereis dexar por ventura
A la Romana arrogancia
Las virgines de Numancia
Para mayor desventura?
Y á los libres hijos nuestros
Quereis esclavos dexallos?
No será mejor ahogallos
Con los propios brazos vuestros?
Quereis hartar el deseo
De la Romana codicia,
Y que triunfe su injusticia
De nuestro justo trofeo?
Serán por agenas manos
Nuestras casas derribadas:
Y las bodas esperadas
Hanlas de gozar Romanos?
En salir hareis error,
Que acarrea cien mil yerros,
Porque dexais sin los perros
El ganado, y sin señor.
Si al foso quereis salir
Llevadnos en tal salida,
Porque tendremos por vida
A vuestros lados morir.
No apresureis el camino
Al morir, porque su estambre
Cuidado tiene la hambre.
De cercenarla contino.
OTRAS.
Hijos destas tristes madres,
Qué es esto? cómo no hablais?
Y con lagrimas rogais
Que no os dexen vuestros padres?
Basta que la hambre insana
Os acabe con dolor,
Sin esperar el rigor
De la aspereza Romana.
Decildes que os engendraron
Libres, y libres nacistes,
Y que vuestras madres tristes
Tambien libres os criaron.
Decildes que pues la suerte
Nuestra va tan de caida,
Que como os dieron la vida,
Ansi mismo os den la muerte.
O muros desta ciudad,
Si podeis hablad, decid,
Y mil veces repetid:
Numantinos, libertad.
Los templos, las casas nuestras
Levantadas en concordia
Os piden misericordia,
Hijos y mugeres vuestras.
Ablandad, claros varones,
Esos pechos diamantinos,
Y mostrad qual Numantinos
Amorosos corazones:
Que no por romper el muro
Remediais un mal tamaño,
Antes en ello está el daño
Mas propincuo y mas seguro.
LIRA.
Tambien las tiernas doncellas
Ponen en vuestra defensa
El remedio de su ofensa,
Y el alivio á sus querellas.
No dexeis tan ricos robos
A las codiciosas manos,
Mirad que son los Romanos
Hambrientos y fieros lobos.
Desesperacion notoria
Es esta que hacer quereis,
A donde solo hallareis
Breve muerte y larga gloria.
Mas ya que salga mejor
Que yo pienso, esta hazaña,
Qué ciudad hay en España
Que quiera daros favor?
Mi pobre ingenio os advierte
Que si haceis esta salida,
Al enemigo dais vida,
Y á toda Numancia muerte.
De vuestro acuerdo gentil
Los Romanos burlarán;
Porque, decidme, qué harán
Tres mil contra ochenta mil?
Aunque estuviesen abiertos
Los muros y sin defensa,
Seriades con ofensa
Mal vengados y bien muertos.
Mejor es que la ventura
Del daño que el cielo ordene,
O nos salve, ó nos condene,
De la vida ó sepultura.
TEOGENES.
Limpiad los ojos humidos del llanto,
Mugeres tiernas, y tené entendido
Que vuestra angustia la sentimos tanto,
Que responde al amor nuestro subido,
Ora crezca el dolor, ora el quebranto,
Sea por nuestro bien diminuido,
Jamas en vida ó muerte os dejaremos,
Antes en muerte y vida os serviremos.
Pensabamos salir al foso ciertos
Antes de alli morir que de escaparnos,
Pues fuera quedar vivos aunque muertos,
Si muriendo pudieramos vengarnos;
Mas pues nuestros disignios descubiertos
Han sido, y es locura aventurarnos,
Amados hijos y mugeres nuestras,
Nuestras vidas serán de hoy mas las vuestras.
Solo se ha de mirar que el enemigo
No alcance de nosotros triunfo y gloria,
Antes ha de servir él de testigo
Que apruebe y eternice nuestra historia;
Y si todos venis en lo que digo
Mil siglos durará nuestra memoria,
Y es que no quede cosa aqui en Numancia
De do el contrario pueda haver ganancia.
En medio de la plaza se haga un fuego,
En cuya ardiente llama licenciosa
Nuestras riquezas todas se echen luego
Desde la pobre á la mas rica cosa,
Y esto podeis tener á dulce juego,
Quando os declare la intención honrosa
Que se ha de efectuar, despues que sea
Abrasada qualquier rica presea.
Y para entretener por alguna hora
La hambre que ya roe nuestros huesos,
Hareis descuartizar luego á la hora
Esos tristes Romanos que están presos,
Y sin del chico al grande hacer mejora,
Repartanse entre todos, que con esos
Será nuestra comida celebrada
Por estraña cruel necesitada.
Amigos, qué os parece? estais en esto?
CORABINO.
Digo que á mi me tiene satisfecho,
Y que á la execucion se venga presto
De tan estraño y tan honroso hecho.
TEOGENES.
Pues yo de mi intencion os diré el resto
Despues que sea lo que digo hecho.
Vamos á ser ministros todos luego
De encender el ardiente y rico fuego.
MUGER PRIMERA.
Nosotras desde aqui ya comenzamos
A dar con voluntad nuestros arreos,
Y á la vida las vuestras entregamos
Como se han entregado los deseos.
LIRA.
Ea pues, caminemos, vamos, vamos,
Y abrasense en un punto los trofeos
Que pudieran hacer ricas las manos,
Y aun hartar la codicia de Romanos.
-Vanse todos, y al salir- MORANDRO, -ase á- LIRA -por el brazo, y
detienela-.
MORANDRO.
No vayas tan de corrida,
Lira, dexame gozar
Del bien que me puede dar
En la muerte alegre vida:
Dexa que miren mis ojos
Un rato tu hermosura,
Pues tanto mi desventura
Se entretiene en mis enojos.
O dulce Lira, que sueñas
Contino en mi fantasia
Con tan suave harmonia
Que vuelve en gloria mis penas!
Qué tienes? qué estás pensando,
Gloria de mi pensamiento?
LIRA.
Pienso como mi contento
Y el tuyo se va acabando,
Y no será su homicida
El cerco de nuestra tierra,
Que primero que la guerra
Se me acabará la vida.
MORANDRO
Qué dices, bien de mi alma?
LIRA.
Que me tiene tal la hambre,
Que de mi vital estambre
Llevará presto la palma.
Qué tálamo has de esperar
De quien está en tal estremo,
Que te aseguro que temo
Antes de un hora espirar.
Mi hermano ayer espiró
De la hambre fatigado,
Y mi madre ya ha acabado,
Que la hambre la acabó.
Y si la hambre y su fuerza
No ha rendido mi salud,
Es porque la juventud
Contra su rigor se esfuerza.
Pero como ha tantos dias
Que no le hago defensa,
No pueden contra su ofensa
Las debiles fuerzas mias.
MORANDRO.
Enjuga, Lira, los ojos,
Dexa que los tristes mios
Se vuelvan corrientes rios
Nacidos de tus enojos;
Y aunque la hambre ofendida
Te tenga tan sin compas,
De hambre no morirás
Mientras yo tuviere vida.
Yo me ofrezco de saltar
El foso y el muro fuerte,
Y entrar por la misma muerte
Para la tuya escusar.
El pan que el Romano toca
Sin que el temor me destruya,
Lo quitaré de la suya
Para ponerlo en tu boca.
Con mi brazo haré carrera
A tu vida y á mi muerte,
Porque mas me mata el verte,
Señora, de esa manera.
Yo te traeré de comer
A pesar de los Romanos,
Si ya son estas mis manos
Las mismas que solian ser.
LIRA.
Hablas como enamorado,
Morandro, pero no es justo
Que ya tome gusto el gusto
Con tu peligro comprado.
Poco podrá sustentarme
Qualquier robo que harás,
Aunque mas cierto hallarás
El perderte que ganarme.
Goza de tu mocedad
En fresca edad y crecida,
Que mas importa tu vida
Que la mia, á la ciudad.
Tu podrás bien defendella
De la enemiga asechanza,
Que no la flaca pujanza
Desta tan triste doncella.
Ansi que, mi dulce amor,
Despide ese pensamiento,
Que yo no quiero sustento
Ganado con tu sudor.
Que aunque puedas alargar
Mi muerte por algun dia,
Esta hambre que porfia,
En fin nos ha de acabar.
MORANDRO.
En vano trabajas, Lira,
De impidirme este camino,
Do mi voluntad y signo
Allá me convida y tira.
Tu rogarás entretanto
A los Dioses, que me vuelvan
Con despojos que resuelvan
Tu miseria y mi quebranto.
LIRA.
Morandro, mi dulce amigo,
No vayas, que se me antoja
Que de tu sangre veo roja
La espada del enemigo.
No hagas esta jornada,
Morandro, bien de mi vida,
Que si es mala la salida,
Es muy peor la tornada.
Si quiero aplacar tu brio,
Por testigo pongo al cielo,
Que de mi daño recelo
Y no del provecho mio.
Mas si acaso, amado amigo,
Prosigues esta contienda,
Lleva este abrazo por prenda
De que me llevas contigo.
MORANDRO.
Lira, el cielo te acompañe:
Vete, que á Leoncio veo.
LIRA.
Y á ti te cumpla el deseo,
Y en ninguna parte dañe.
LEONCIO -ha de estar escuchando todo lo que ha pasado entre su amigo-
MORANDRO -y- LIRA.
LEONCIO.
Terrible ofrecimiento es el que has hecho,
Y en él, Morando, se nos muestra claro
Que no hay cobarde enamorado pecho,
Aunque de tu virtud y valor raro
Debe mas esperarse; mas yo temo
Que el hado infeliz se muestre avaro.
He estado atento al miserable estremo
En que te ha dicho Lira que se halla,
Indigno cierto á su valor supremo:
Y que tu has prometido de libralla
Deste presente daño, y arrojarte
En las armas Romanas á batalla.
Yo quiero, buen amigo, acompañarte,
Y en empresa tan justa y tan forzosa
Con mis pequeñas fuerzas ayudarte.
MORANDRO.
O mitad de mi alma! ó venturosa
Amistad no en trabajos dividida,
Ni en la ocasion mas prospera y dichosa!
Goza, Leoncio, de la dulce vida,
Quedate en la ciudad, que yo no quiero
Ser de tus verdes años homicida:
Yo solo tengo de ir, yo solo espero
Volver con los despojos merecidos
A mi inviolable fe y amor sincero.
LEONCIO.
Pues ya tienes, Morandro, conocidos
Mis deseos, que en buena ó mala suerte
Al sabor de los tuyos van medidos.
Sabrás que no los miedos de la muerte
De ti me apartarán un solo punto,
Ni otra cosa (si la hay) que sea mas fuerte.
Contigo tengo de ir, contigo junto
He de volver, si ya el cielo no ordena
Que quede en tu defensa allá difunto.
MORANDRO.
Quedate, amigo! queda enhorabuena,
Porque si yo acabáre aqui la vida
En esta empresa de peligro llena,
Tu puedas á mi madre dolorida
Consolar en el trance riguroso,
Y á la esposa de mí tanto querida.
LEONCIO.
Cierto que estás, amigo, muy donoso
En pensar que tú muerto, quedaria
Yo con tal quietud y tal reposo,
Que de consuelo alguno serviria
A la doliente madre y triste esposa:
Pues en la tuya está la muerte mia,
Seguirte tengo en la ocasion dudosa,
Mira como ha de ser, Morandro, amigo,
Y en el quedarme no me hables cosa.
MORANDRO.
Pues no puedo estorvarte el ir conmigo,
En el silencio de la noche oscura
Tenemos de asaltar al enemigo;
Lleva ligeras armas, que ventura
Es la que ha de ayudar al alto intento,
Que no la malla entretegida y dura:
Lleva ansi mismo puesto el pensamiento
En robar y traer á buen recado
Lo que pudieres mas de bastimento.
LEONCIO.
Vamos, que no saldré de tu mandado.
SCENA II.
DOS NUMANTINOS.
PRIMERO.
Derrama, ó dulce hermano, por los ojos
El alma en llanto amargo convertida,
Venga la muerte y lleve los despojos
De nuestra miserable y triste vida.
SEGUNDO.
Bien poco durarán estos enojos,
Que ya la muerte viene apercebida
Para llevar en presto y breve vuelo
A quantos pisan de Numancia el suelo:
Principios veo que prometen presto
Amargo fin á nuestra dulce tierra,
Sin que tengan cuidado de hacer esto
Los contrarios ministros de la guerra;
Nosotros mismos á quien ya es molesto
Y enfadoso el vivir que nos atierra,
Hemos dado sentencia inrevocable
De nuestra muerte, aunque cruel, loable.
En la plaza mayor ya levantada
Queda una ardiente codiciosa hoguera,
Que de nuestras riquezas ministrada
Sus llamas sube hasta la quarta esfera:
Alli con triste priesa acelerada
Y con mortal y timida carrera,
Acuden todos, como á santa ofrenda,
A sustentar sus llamas con su hacienda.
Alli la perla del rosado Oriente,
Y el oro en mil vasijas fabricado,
Y el diamante y rubí mas excelente,
Y la extremada purpura y brocado
En medio del rigor fogoso ardiente
De la encendida llama es arrojado:
Despojos do pudieran los Romanos
Henchir los senos y ocupar las manos.
-Aqui salen algunos cargados de ropa, y entran por una puerta y salen
por otra-.
Vuelve al triste espectáculo la vista,
Verás con quanta priesa y quanta gana
Toda Numancia en numerosa lista
Aguija á sustentar la llama insana;
Y no con verde leño y seca arista,
No con materia al consumir liviana,
Sino con sus haciendas mal gozadas,
Pues se ganaron para ser quemadas.
PRIMERO.
Si con esto acabára nuestro daño,
Pudieramos llevallo con paciencia,
Mas ay! que se ha de dar, si no me engaño,
De que muramos todos, cruel sentencia.
Primero que el rigor barbaro estraño
Muestre en nuestras gargantas su inclemencia,
Verdugos de nosotros nuestras manos
Serán, y no los perfidos Romanos.
Han acordado que no quede alguna
Muger, niño, ni viejo con la vida,
Pues al fin la cruel hambre importuna
Con mas fiero rigor es su homicida.
Mas ves alli do asoma, hermano, una,
Que como sabes, fue de mí querida
Un tiempo, con estremo tal de amores,
Qual es el que ella tiene de dolores.
-Sale una muger con una criatura en los brazos, y otra de la mano-.
MADRE.
O duro vivir molesto!
Terrible y triste agonia!
HIJO.
Madre, por ventura habria
Quién nos diese pan por esto?
MADRE.
Pan, hijo, ni aun otra cosa
Que semeje de comer!
HIJO.
Pues tengo de perecer
De dura hambre rabiosa?
Con poco pan que me deis,
Madre, no os pediré mas.
MADRE.
Hijo, qué penas me das!
HIJO.
Pues qué, madre, no quereis?
MADRE.
Sí quiero; mas qué haré
Que no sé donde buscallo?
HIJO.
Bien podeis, madre, comprallo,
Si no yo lo compraré:
Mas por quitarme de afan,
Si alguno conmigo topa,
Le daré toda esta ropa
Por un mendrugo de pan.
MADRE.
Qué mamas, triste criatura!
No sientes que á mi despecho
Sacas ya del flaco pecho
Por leche, la sangre pura?
Lleva la carne á pedazos,
Y procura de hartarte,
Que no pueden mas llevarte
Mis floxos, cansados brazos!
Hijos del anima mia,
Con qué os podré sustentar,
Si apenas tengo que os dar
De la propia carne mia?
O hambre terrible y fuerte,
Cómo me acabas la vida!
O guerra, solo venida
Para causarme la muerte!
HIJO.
Madre mia, que me fino,
Aguijemos á do vamos,
Que parece que alargamos
La hambre con el camino.
MADRE.
Hijo, cerca está la casa
Adonde echarémos luego
En mitad del vivo fuego
El peso que te embaraza.
-Entrase-.
JORNADA IV.
SCENA I.
-Tocase al arma con gran priesa, y á este rumor salen- CIPION -con-
JUGURTA -y- GAYO MARIO -al tablado-.
CIPION.
Qué es esto, capitanes? quién nos toca
Al arma en tal sazon? es por ventura
Alguna gente desmandada y loca
Que viene á procurar su sepultura?
O no sea algun motin el que provoca
Tocar al arma en recia coyuntura:
Que tan seguro estoy del enemigo,
Que tengo mas temor al que es amigo.
-Sale- QUINTO FABIO -con la espada desnuda, y dice:-
QUINTO FABIO.
Sosiega el pecho, General prudente,
Que ya desta arma la ocasion se sabe,
Puesto que ha sido á costa de tu gente,
De aquella en quien mas brio y fuerza cabe;
Dos Numantinos con soberbia fuerte,
Cuyo valor será razon se alabe,
Saltando el ancho foso y la muralla
Han movido á tu campo cruel batalla.
A las primeras guardias invistieron,
Y en medio de mil lanzas se arrojaron,
Y con tal furia y rabia arremetieron,
Que libre paso al campo les dexaron:
Las tiendas de Fabricio acometieron,
Y alli su fuerza y su valor mostraron
De modo, que en un punto seis soldados
Fueron de agudas puntas traspasados.
No con tanta presteza el rayo ardiente
Pasa rompiendo el ayre en presto vuelo,
Ni tanto la cometa reluciente
Se muestra ir presurosa por el cielo,
Como estos dos por medio de tu gente
Pasaron, colorando el duro suelo
Con la sangre Romana, que sacaban
Sus espadas do quiera que llegaban.
Queda Fabricio traspasado el pecho,
Abierta la cabeza tiene Oracio,
Olmida ya perdió el brazo derecho,
Y de vivir le queda poco espacio.
Fuele ansi mismo poco de provecho
La ligereza al valeroso Estacio,
Pues el correr al Numantino fuerte
Fue abreviar el camino de su muerte.
Con presta ligereza discurriendo
Iban de tienda en tienda; hasta que hallaron
Un poco de bizcocho, el qual cogieron;
El paso y no el furor atras volvieron;
El uno dellos se escapó huyendo,
Al otro mil espadas le acabaron,
Por donde infiero que la hambre ha sido
Quien les dió atrevimiento tan subido.
CIPION.
Si estando deshambridos y encerrados
Muestran tan demasiado atrevimiento,
Qué hicieran siendo libres, y enterados
En sus fuerzas primeras y ardimiento?
Indomitos, al fin sereis domados,
Porque contra el furor vuestro violento
Se tiene de poner la industria nuestra,
Que de domar soberbios es maestra.
-Entrase- CIPION -y los suyos, y luego tocase al arma en la ciudad, y
al rumor sale- MORANDRO -herido y lleno de sangre, con una cestilla
blanca en el brazo izquierdo con algun poco de vizcocho ensangrentado,
y dice:-
MORANDRO.
No vienes, Leoncio, di?
Qué es esto, mi dulce amigo?
Si tú no vienes conmigo,
Cómo vengo yo sin tí?
Amigo, qué? te has quedado?
Amigo, qué? te quedaste?
No eres tú el que me dexaste,
Sino yo el que te he dexado!
Qué es posible que ya dan
Tus carnes despedazadas
Señales averiguadas
De lo que cuesta este pan!
Y es posible que la herida
Que á tí te dexó difunto,
En aqueste instante y punto
No me quitó á mí la vida!
No quiso el hado cruel
Acabarme en paso tal
Por hacerme á mí mas mal,
Y hacerte á tí mas bien!
Tú enfin llevarás la palma
De mas verdadero amigo,
Yo á desculparme contigo
Enviaré bien presto el alma:
Y tan presto, que el afan
A morir me llama y tira,
En dando á mi dulce Lira
Este tan amargo pan:
Pan ganado de enemigos,
Pero no ha sido ganado,
Sino con sangre comprado
De dos sin ventura amigos.
-Sale- LIRA -con alguna ropa, como que la lleva á quemar, y dice:-
LIRA.
Qué es esto que ven mis ojos!
MORANDRO.
Lo que presto no verán
Segun la priesa se dan
De acabarme mis enojos:
Ves aqui, Lira; cumplida
Mi palabra y mis porfias
De que tú no moririas
Mientras yo tuviese vida.
Y aun podré mejor decir
Que presto vendrás á ver
Que á tí sobrará el comer,
Y á mí faltará el vivir.
LIRA.
Qué dices, Morandro amado?
MORANDRO.
Lira, que acortes la hambre,
Entretanto que la estambre
De mi vida corta el hado.
Pero mi sangre vertida
Y con este pan mezclada,
Te ha de dar, mi dulce amada,
Triste y amarga comida.
Ves aqui el pan que guardaban
Ochenta mil enemigos,
Que cuesta de dos amigos
Las vidas que mas amaban.
Y porque lo entiendas cierto
Y quanto tu amor merezco,
Ya yo, señora, perezco,
Y Leoncio ya está muerto.
Mi voluntad sana y justa
Recibela con amor,
Que es la comida mejor
Y de que el alma mas gusta.
Y pues en tormenta y calma
Siempre has sido mi señora,
Recibe este cuerpo agora
Como recibiste el alma.
-Caese muerto, y cogele en las faldas- LIRA.
LIRA.
Morandro? dulce bien mio?
Qué sentis, ó qué teneis?
Cómo tan presto perdeis
Vuestro acostumbrado brio?
Mas ay triste sin ventura!
Que ya está muerto mi esposo!
O caso el mas lastimoso
Que se vió en la desventura!
Quién os hizo, dulce amado,
Con valor tan excelente,
Enamorado valiente,
Y soldado desdichado?
Hicistes una salida,
Esposo mio, de suerte,
Que por escusar mi muerte
Me haveis quitado la vida!
O pan de la sangre lleno
Que por mí se derramó.
No te tengo en cuenta yo
De pan, sino de veneno!
No te llegaré á mi boca
Por poderme sustentar,
Si ya no es para besar
Esta sangre que te toca.
-A este punto ha de entrar un muchacho hablando desmayadamente, el
qual es- HERMANO -de- LIRA.
HERMANO.
Lira, hermana, ya espiró
Mi padre, y mi madre está
En terminos que ya, ya
Morira qual muero yo.
La hambre los ha acabado.
Hermana mia, pan tienes?
O pan, y quan tarde vienes
Que ya no hay pasar bocado!
Tiene la hambre apretada
Mi garganta en tal manera,
Que aunque este pan agua fuera,
No pudiera pasar nada.
Tomalo, hermana querida,
Que por mas crecer mi afan,
Veo que me sobra el pan
Quando me falta la vida.
-Caese muerto-.
LIRA.
Espiraste, hermano amado?
Ni aliento ni vida tiene:
Bien es el mal quando viene
Sin venir acompañado!
Fortuna, por qué me aquejas
Con un daño y otro junto?
Y por qué en un solo punto
Huerfana y viuda me dexas?
O duro esquadron Romano!
Cómo me tiene tu espada
De dos muertos rodeada,
Uno esposo y otro hermano!
A qual volveré la cara
En este trance importuno,
Si en la vida cada uno
Fue prenda del alma cara!
Dulce esposo, hermano tierno,
Yo os igualaré en quereros,
Porque pienso presto veros
En el cielo ó el infierno!
En el modo de morir
A entrambos he de imitar,
Porque el hierro ha de acabar
Y la hambre mi vivir!
Primero dare á mi pecho
Una daga que este pan,
Que á quien vive con afan
Es la muerte de provecho.
Qué aguardo? cobarde estoy!
Brazo, ya os haveis turbado?
Dulce esposo, hermano amado,
Esperadme que ya voy!
-A este punto sale una- MUGER -huyendo, y tras ella un- SOLDADO
NUMANTINO -con una daga en la mano para matarla-.
MUGER.
Eterno padre, Jupiter piadoso,
Favorecedme en tan adversa suerte!
SOLDADO.
Aunque mas lleves vuelo presuroso
Mi dura mano te ha de dar la muerte.
-Entrase la- MUGER -adentro, y dice- LIRA
LIRA.
El hierro agudo, el brazo belicoso
Contra mi, buen soldado, le convierte;
Dexa vivir á quien la vida agrada,
Y quitame la mia que me enfada.
SOLDADO.
Puesto que es el decreto del Senado
Que ninguna muger quede con vida,
Quál será el bravo pecho acelerado
Que en ese hermoso vuestro dé herida?
Yo, señora, no soy tan mal mirado
Que me precie de ser vuestro homicida:
Otra mano, otro hierro ha de acabaros,
Que yo solo naci para adoraros.
LIRA.
Esa piedad que quies usar conmigo,
Valeroso soldado, yo te juro
Y al alto cielo pongo por testigo,
Que yo la estimo por rigor muy duro:
Tuvierate yo entonces por amigo
Quando con pecho y animo seguro
Este mio afligido traspasáras,
Y de la amarga vida me priváras.
Pero pues quies mostrarte piadoso
Tan en daño, señor, de mi contento,
Muestralo agora en que á mi triste esposo
Demos el funeral, ultimo asiento:
Tambien á este mi hermano, que en reposo
Yace, ya libre del vital aliento:
Mi esposo feneció por darme vida,
De mi hermano la hambre fue homicida.
SOLDADO.
Hacer lo que me mandas está llano
Con condicion que en el camino cuentes,
Quién á tu amado esposo y caro hermano
Truxo á los postrimeros accidentes.
LIRA.
Amigo, ya el hablar no está en mi mano.
SOLDADO.
Qué tan al cabo estas? qué tal te sientes?
Lleva á tu hermano, pues que es menor carga,
Y yo á tu esposo, que mas pesa y carga.
-Salense llevando los dos cuerpos-.
SCENA II.
-Sale una muger armada, con un escudo en el brazo izquierdo, y una
lancilla en la mano, que significa la- GUERRA, -trae consigo á la-
ENFERMEDAD, -arrimada á una muleta, y rodeada de paños la cabeza, con
una mascara amarilla, y la- HAMBRE -saldrá vestida con una ropa de
bocací amarillo, y una mascara amarilla ó descolorida: pueden estas
figuras hacellas hombres, pues llevan mascaras-.
GUERRA.
Hambre y Enfermedad, executoras
De mis terribles mandos y severos,
De vidas y salud consumidoras,
Con quien no vale ruego, mando, ó fueros,
Pues ya de mi intencion sois sabidoras,
No hay para que de nuevo encareceros
De quanto gusto me será y contento,
Que luego, luego, hagais mi mandamiento:
La fuerza incontrastable de los hados,
Cuyos efectos nunca salen vanos,
Me fuerza á que de mí sean ayudados
Estos sagaces milites Romanos,
Ellos serán un tiempo levantados,
Y abatidos tambien estos Hispanos;
Pero tiempo vendrá en que yo me mude,
Y dañe al alto, y al pequeño ayude
Que yo que soy la poderosa Guerra,
De tantas madres detestada en vano,
Aunque quien me maldice, á veces yerra,
Pues no sabe el valor desta mi mano,
Sé bien que en todo el orbe de la tierra
Sere llevada del valor Hispano,
En la dulce sazon que esten reynando
Un Carlos, un Filipo, y un Fernando.
ENFERMEDAD.
Si ya la Hambre, nuestra amiga fida,
No tuviera tomado con instancia
A su cargo, de ser fiera homicida
De todos quantos viven en Numancia,
Fuera de mí tu voluntad cumplida,
De modo que se viera la ganancia
Facil y rica que el Romano huviera,
Harto mejor de aquella que se espera.
Mas ella, en quanto su poder alcanza,
Ya tiene tal al pueblo Numantino
Que de esperar alguna buena andanza
Le ha tomado las sendas y el camino;
Mas del furor la rigurosa lanza,
Y la influencia del contrario signo
Le trata con tan aspera violencia,
Que no es menester hambre ni dolencia.
El furor y la rabia, tus sequaces,
Han tomado en sus pechos tal asiento,
Que qual si fuese de Romanas haces,
Cada qual de su sangre está sediento.
Muertes, incendios, iras, son sus paces,
En el morir han puesto su contento,
Y por quitar el triunfo á los Romanos,
Ellos mesmos se matan con sus manos.
HAMBRE.
Volved los ojos, y vereis ardiendo
De la ciudad los encumbrados techos,
Escuchad los suspiros que saliendo
Van de mil tristes lastimados pechos;
Oid la voz y lamentable estruendo
De bellas damas, á quien, ya deshechos
Los tiernos miembros en ceniza y fuego,
No valen padre, amigo, amor, ni ruego.
Qual suelen las ovejas descuidadas,
Siendo del fiero lobo acometidas,
Andar aqui y alli descarriadas
Con temor de perder las simples vidas:
Tal niños y mugeres delicadas,
Huyendo las espadas homicidas
Andan de calle en calle, ó hado insano!
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