Nunca voló la pluma humilde mia Por la region satirica, baxeza Que á infames premios y desgracias guia. Yo el soneto compuse que asi empieza, Por honra principal de mis escritos: -Voto á Dios que me espanta esta grandeza-. Yo he compuesto -Romances- infinitos, Y el de los zelos es aquel que estimo, Entre otros que los tengo por malditos. Por esto me congojo y me lastimo De verme solo en pie, sin que se aplique Arbol que me conceda algun arrimo. Yo estoy, qual decir suelen, puesto á pique Para dar á la estampa al gran -Persiles-, Con que mi nombre y obras multiplique. Yo en pensamientos castos y sotiles, Dispuestos en soneto de á docena, He honrado tres sugetos fregoniles. Tambien al par de -Filis- mi -Filena- Resonó por las selvas, que escucharon Mas de una y otra alegre cantilena. Y en dulces varias rimas se llevaron Mis esperanzas los ligeros vientos, Que en ellos y en la arena se sembraron. Tuve, tengo y tendré los pensamientos, Merced al cielo que á tal bien me inclina, De toda adulacion libres y esentos. Nunca pongo los pies por do camina La mentira, la fraude y el engaño, De la santa virtud total ruina. Con mi corta fortuna no me ensaño, Aunque por verme en pie, como me veo, Y en tal lugar, pondero asi mi daño. Con poco me contento, aunque deseo Mucho. A cuyas razones enojadas, Con estas blandas respondió Timbreo: Vienen las malas suertes atrasadas, Y toman tan de lejos la corriente, Que son temidas, pero no escusadas. El bien les viene á algunos derepente, A otros poco á poco y sin pensallo, Y el mal no guarda estilo diferente. El bien que está adquirido, conservallo Con maña, diligencia y con cordura Es no menor virtud, que el grangeallo. Tu mismo te has forjado tu ventura, Y yo te he visto alguna vez con ella, Pero en el imprudente poco dura. Mas si quieres salir de tu querella, Alegre, y no confuso, y consolado Dobla tu capa, y sientate sobre ella. Que tal vez suele un venturoso estado, Quando le niega sin razon la suerte, Honrar mas merecido, que alcanzado. Bien parece, señor, que no se advierte, Le respondí, que yo no tengo capa. El dixo: aunque sea asi, gusto de verte. La virtud es un manto con que tapa Y cubre su indecencia la estrecheza, Que esenta y libre de la envidia escapa. Incliné al gran consejo la cabeza. Quedeme en pie: que no hay asiento bueno, Si el favor no le labra, ó la riqueza. Alguno murmuró, viendome ageno Del honor que pensó se me debia, Del planeta de luz y virtud lleno. En esto pareció que cobró el dia Un nuevo resplandor, y el aire oyóse Herir de una dulcisima harmonia. Y en esto por un lado descubrióse Del sitio un esquadron de ninfas bellas, Con que infinito el rubio dios holgóse. Venia enfin, y por remate dellas Una resplandeciendo, como hace El sol ante la luz de las estrellas. La mayor hermosura se deshace Ante ella, y ella sola resplandece Sobre todas, y alegra y satisface. Bien asi semejaba, qual se ofrece Entre liquidas perlas y entre rosas La aurora que despunta y amanece. La rica vestidura, las preciosas Joyas que la adornaban, competian Con las que suelen ser marabillosas. Las ninfas que al querer suyo asistian En el gallardo brio y bello aspecto, Las artes liberales parecian. Todas con amoroso y tierno afecto, Con las ciencias mas claras y escogidas, Le guardaban santisimo respeto. Mostraban que en servirla eran servidas, Y que por su ocasion de todas gentes En mas veneracion eran tenidas. Su influjo y su reflujo las corrientes Del mar y su profundo le mostraban, Y el ser padre de rios y de fuentes. Las yerbas su virtud la presentaban, Los arboles sus frutos y sus flores, Las piedras el valor que en sí encerraban. El santo amor castisimos amores, La dulce paz su quietud sabrosa, La guerra amarga todos sus rigores. Mostrabasele clara la espaciosa Via, por donde el sol hace contino Su natural carrera y la forzosa. La inclinacion, ó fuerza del destino, Y de qué estrellas consta y se compone, Y como influye este planeta ó sino. Todo lo sabe, todo lo dispone La santa y hermosisima doncella, Que admiracion como alegria pone. Preguntele al parlero, si en la bella Ninfa alguna deidad se disfrazaba, Que fuese justo el adorar en ella. Porque en el rico adorno que mostraba, Y en el gallardo sér que descubria, Del cielo, y no del suelo semejaba. Descubres, respondió, tu boberia, Que ha que la tratas infinitos años, Y no conoces que es la Poesia. Siempre la he visto envuelta en pobres paños, Le repliqué: jamas la vi compuesta Con adornos tan ricos y tamaños: Parece que la he visto descompuesta, Vestida de color de primavera En los dias de cutio y los de fiesta. Esta que es la poesia verdadera, La grave, la discreta, la elegante, Dixo Mercurio, la alta y la sincera, Siempre con vestidura rozagante Se muestra en qualquier acto que se halla, Quando á su profesion es importante. Nunca se inclina, ó sirve á la canalla Trobadora, maligna y trafalmeja, Que en lo que mas ignora, menos calla. Hay otra falsa, ansiosa, torpe y vieja, Amiga de sonaja y morteruelo, Que ni tabanco, ni taberna dexa. No se alza dos, ni aun un coto del suelo, Grande amiga de bodas y bautismos, Larga de manos, corta de cerbelo. Tomanla por momentos parasismos, No acierta á pronunciar, y si pronuncia, Absurdos hace, y forma solecismos. Baco donde ella esta, su gusto anuncia, Y ella derrama en coplas el poleo, Compa, y vereda, y el mastranzo, y juncia. Pero aquesta que ves, es el aseo, La gala de los cielos y la tierra, Con quien tienen las musas su bureo, Ella abre los secretos y los cierra, Toca y apunta de qualquiera ciencia La superficie y lo mejor que encierra. Mira con mas ahinco su presencia, Verás cifrada en ella la abundancia De lo que en bueno tiene la excelencia. Moran con ella en una misma estancia La divina y moral Filosofia, El estilo mas puro y la elegancia. Puede pintar en la mitad del dia La noche, y en la noche mas escura El alba bella que las perlas cria. El curso de los rios apresura, Y le detiene, el pecho á furia incita, Y le reduce luego á mas blandura. Por mitad del rigor se precipita De las lucientes armas contrapuestas, Y da vitorias, y vitorias quita. Verás como le prestan las florestas Sus sombras, y sus cantos los pastores, El mal sus lutos y el placer sus fiestas, Perlas el Sur, Sabea sus loores, El oro Tiber, Hibla su dulzura, Galas Milan, y Lusitania amores. Enfin ella es la cifra, do se apura Lo provechoso y honesto, y deleitable, Partes con quien se aumenta la ventura. Es de ingenio tan vivo y admirable, Que á veces toca en puntos que suspenden, Por tener noséque de inescrutable. Alabanse los buenos, y se ofenden Los malos con su voz, y destos tales Unos la adoran, otros no la entienden. Son sus obras heroicas inmortales, Las liricas suaves, de manera Que vuelven en divinas las mortales. Si alguna vez se muestra lisongera, Es con tanta elegancia y artificio, Que no castigo, sino premio espera. Gloria de la virtud, pena del vicio Son sus acciones, dando al mundo en ellas De su alto ingenio, y su bondad indicio. En esto estaba, quando por las bellas Ventanas de jazmines y de rosas, Que amor estaba á lo que entiendo en ellas; Divisé seis personas religiosas Al parecer de honroso y grave aspeto, De luengas togas, limpias y pomposas. Preguntele á Mercurio, por qué efeto Aquellos no parecen y se encubren, Y muestran ser personas de respeto? A lo que él respondió: no se descubren Por guardar el decoro al alto estado Que tienen, y asi el rostro todos cubren. Quién son, le repliqué, si es que te es dado Decirlo? Respondióme: no por cierto, Porque Apolo lo tiene asi mandado. No son poetas? Sí. Pues yo no acierto A pensar por qué causa se desprecian De salir con su ingenio á campo abierto. Para qué se embobecen y se anecian, Escondiendo el talento que da el cielo A los que mas de ser suyos se precian? Aqui del Rey: qué es esto? qué recelo, O zelo les impele á no mostrarse Sin miedo ante la turba vil del suelo? Puede ninguna ciencia compararse Con esta universal de la poesia, Que limites no tiene do encerrarse? Pues siendo esto verdad, saber querria Entre los de la carda, cómo se usa Este miedo, ó melindre, ó hipocresia? Hace Monseñor versos, y rehusa Que no se sepan, y él los comunica Con muchos, y á la lengua agena acusa Y mas que siendo buenos, multiplica La fama su valor, y al dueño canta Con voz de gloria, y de alabanza rica. Qué mucho pues? sino se le levanta Testimonio á un Pontifice poeta, Que digan que lo es? por Dios que espanta. Por vida de Lanfusa la discreta, Que si no se me dice quien son estos Togados de bonete y de muceta: Que con trazas y modos descompuestos Tengo de reducir á behetria, Estos tan sosegados y compuestos. Por Dios, dixo Mercurio, y á fe mia, Que no puedo decirlo, y si lo digo, Tengo de dar la culpa á tu porfia. Dilo, señor, que desde aqui me obligo De no decir que tu me lo dixiste, Le dixe: por la fe de buen amigo. El dixo: no nos cayan en el chiste, Llegate á mí, dirételo al oido, Pero creo que hay mas de los que viste. Aquel que has visto alli del cuello erguido, Lozano, rozagante y de buen talle, De honestidad y de valor vestido: Es el DOTOR DON FRANCISCO SANCHEZ: dalle Puede qual debe Apolo la alabanza, Que pueda sobre el cielo levantalle. Y aun mas su famoso ingenio alcanza, Pues en las verdes hojas de sus dias Nos dá de santos frutos esperanza. Aquel que en elevadas fantasias, Y en éstasis sabrosos se regala, Y tanto imita las acciones mias, Es el MAESTRO ORENSE, que la gala Se lleva de la mas rara eloquencia Que en las aulas de Atenas se señala. Su natural ingenio con la ciencia, Y ciencias aprendidas le levanta Al grado que le nombra la excelencia. Aquel de amarillez marchita y santa, Que le encubre de lauro aquella rama, Y aquella hojosa y acopada planta: FRAY JUAN BAPTISTA CAPATAZ se llama, Descalzo y pobre, pero bien vestido, Con el adorno que le da la fama. Aquel que del rigor fiero de olvido Libra su nombre con eterno gozo, Y es de Apolo y las musas bien querido, Anciano en el ingenio, y nunca mozo, Humanista divino, es segun pienso El insigne DOCTOR ANDRES DEL POZO. Un Licenciado de un ingenio inmenso Es aquel, y aunque en trage Mercenario Como á señor le dan las musas censo: RAMON se llama, auxilio necesario Con que Delio se esfuerza y vé rendidas Las obstinadas fuerzas del contrario. El otro, cuyas sienes ves ceñidas Con los brazos de Dafne en triunfo honroso, Sus glorias tiene en Alcalá esculpidas. En su ilustre teatro vitorioso Le nombra el cisne en canto no funesto, Siempre el primero como á mas famoso. A los donayres suyos echó el resto Con propiedades al gorron debidas, Por haverlos compuesto ó descompuesto. Aquestas seis personas referidas, Como están en divinos puestos puestas, Y en sacra religion constituidas: Tienen las alabanzas por molestas, Que les dan por poetas y holgarian Llevar la loa sin el nombre acuestas. Porqué, le pregunté, señor porfian Los tales á escribir y dar noticia De los versos, que paren y que crian? Tambien tiene el ingenio su codicia, Y nunca la alabanza se desprecia, Que al bueno se le debe de justicia, Aquel que de poeta no se precia, Para qué escribe versos y los dice? Porqué desdeña lo que mas aprecia? Jamas me contenté, ni satisfice De hipocritas melindres. Llanamente Quise alabanzas de lo que bien hice. Con todo quiere Apolo, que esta gente Religiosa se tenga aqui secreta, Dixo el dios que presume de eloquente. Oyose en esto el son de una corneta, Y un trapa, trapa, aparta, afuera, afuera, Que viene un gallardisimo poeta. Volví la vista y vi por la ladera. Del monte un postillon y un caballero Correr, como se dice, á la ligera. Servia el postillon de pregonero Mucho mas que de guia, á cuyas voces En pie se puso el esquadron entero. Preguntóme Mercurio: no conoces Quien es este gallardo, este brioso? Imagino que ya le reconoces. Bien, le respondi: que es el famoso Gran DON SANCHO DE LEIVA, cuya espada Y pluma harán á Delio venturoso. Venceráse sin duda esta jornada Con tal socorro: y en el mismo instante, Cosa que parecia imaginada, Otro favor no menos importante Para el caso temido se nos muestra, De ingenio, y fuerzas, y valor bastante. Una tropa gentil por la siniestra Parte del monte se descubrió: ó cielos, Que dais de vuestra providencia muestra! Aquel discreto JUAN DE VASCONCELOS Venia delante en un caballo vayo, Dando á las musas Lusitanas zelos. Tras él el capitan PEDRO TAMAYO Venia, y aunque enfermo de la gota, Fue al enemigo asombro, fue desmayo. Que por él se vió en fuga, y puesto en rota, Que en los dudosos trances de la guerra Su ingenio admira y su valor se nota. Tambien llegaron á la rica tierra, Puestos debaxo de una blanca seña, Por la parte derecha de la sierra Otros, de quien tomó luego reseña Apolo: y era dellos el primero El joven DON FERNANDO DE LODEÑA: Poeta primerizo insigne, empero En cuyo ingenio Apolo deposita Sus glorias para el tiempo venidero. Con magestad real, con inaudita Pompa llegó, y al pie del monte para Quien los bienes del monte solicita: El Licenciado fue JUAN DE VERGARA El que llegó, con quien la turba ilustre En sus vecinos medios se repara. De Esculapio y de Apolo gloria, y lustre, Sino digalo el santo bien partido, Y su fama la misma envidia ilustre. Con él fue con aplauso recebido El docto JUAN ANTONIO DE HERRERA, Que puso en fil el desigual partido. O quien con lengua en nada lisongera, Sino con puro afecto en grande exceso, Dos que llegaron alabar pudiera! Pero no es de mis hombros este peso, Fueron los que llegaron los famosos Los dos Maestros CALVO Y VALDIVIESO. Luego se descubrió por los undosos Llanos del mar una pequeña barca Impelida de remos presurosos: Llegó, y al punto della desembarca El gran DON JUAN DE ARGOTE Y DE GAMBOA En compañia de DON DIEGO ABARCA, Sugetos dinos de incesable loa, Y DON DIEGO XIMENEZ Y DE ENCISO Dió un salto á tierra desde la alta proa. En estos tres la gala y el aviso Cifró quanto de gusto en sí contienen, Como su ingenio y obras dan aviso. Con JUAN LOPEZ DEL VALLE otros dos vienen Juntos alli, y es PAMONES el uno, Con quien las musas ogeriza tienen. Porque pone sus pies por do ninguno Los puso, y con sus nuevas fantasias Mucho mas que agradable es importuno. De lexas tierras por incultas vias Llegó el brabo Irlandes DON JUAN BATEO, Xerxes nuevo en memoria en nuestros dias, Vuelvo la vista, á MANTUANO veo, Que tiene al gran Velasco por Mecenas, Y ha sido acertadisimo su empleo. Dexarán estos dos en las agenas Tierras, como en las proprias dilatados Sus nombres, que tú, Apolo, asi lo ordenas. Por entre dos fructiferos collados (Habrá quien esto crea, aunque lo entienda?) De palmas y laureles coronados, El grave aspecto del ABAD MALUENDA Pareció, dando al monte luz y gloria, Y esperanzas de triunfo en la contienda. Pero de qué enemigos la vitoria No alcanzará un ingenio tan florido? Y una bondad tan digna de memoria? DON ANTONIO GENTIL DE VARGAS, pido Espacio para verte, que llegaste De gala y arte, y de valor vestido; Y aunque de patria Ginoves, mostraste Ser en las musas castellanas doto, Tanto que al esquadron todo admiraste. Desde el Indio apartado del remoto Mundo llegó mi amigo MONTESDOCA, Y el que anudó de Arauco el nudo roto. Dixo Apolo á los dos: á entrambos toca Defender esta vuestra rica estancia De la canalla de verguenza poca. La qual de error armada y de arrogancia Quiere canonizar y dar renombre Inmortal y divino á la ignorancia. Que tanto puede la aficion, que un hombre Tiene á sí mismo, que ignorante siendo, De buen poeta quiere alcanzar nombre. En esto otro milagro, otro estupendo Prodigio se descubre en la marina, Que en pocos versos declarar pretendo Una nave á la tierra tan vecina Llegó, que desde el sitio donde estaba, Se ve quanto hay en ella, y determina. Demás de quatro mil salmas pasaba, Que otros suelen llamarlas toneladas, Ancha de vientre y de estatura brava: Asi como las naves que cargadas Llegan de la oriental india á Lisboa, Que son por las mayores estimadas. Esta llegó desde la popa á proa Cubierta de poetas, mercancia De quien hay saca en Calicut y en Goa. Tomole al roxo dios alferecia Por ver la muchedumbre impertinente, Que en socorro del monte le venia. Y en silencio rogó devotamente, Que el vaso naufragase en un momento Al que gobierna el humido tridente. Uno de los del numero hambriento Se puso en esto al borde de la nave, Al parecer mohino y mal contento: Y en voz, que ni de tierna ni suave Tenia un solo adarme, gritando (Dixo tal vez colerico, y tal grave) Lo que impaciente estuve yo escuchando, Porque vi sus razones ser saetas, Que iban mi alma y corazon clavando. O tú, dixo, traidor, que los poetas Canonizaste de la larga lista, Por causas y por vias indiretas: Dónde tenias, Magancés, la vista Aguda de tu ingenio, que asi ciego Fuiste tan mentiroso coronista? Yo te confieso, ó barbaro, y no niego Que algunos de los muchos que escogiste Sin que el respeto te forzase ó el ruego, En el debido punto los pusiste; Pero con los demas sin duda alguna Prodigo de alabanzas anduviste. Has alzado á los cielos la fortuna De muchos, que en el centro del olvido Sin ver la luz del sol, ni de la luna, Yacian: ni llamado, ni escogido Fue el gran pastor de Iberia, el gran BERNARDO, Que de la VEGA tiene el apellido. Fuiste envidioso, descuidado y tardo, Y á las Ninfas de Henares y Pastores, Como á enemigos les tiraste un dardo, Y tienes tu poetas tan peores Que estos en tu rebaño, que imagino Que han de sudar, si quieren ser mejores. Que si este agravio no me turba el tino, Siete trobistas desde aqui diviso, A quien suelen llamar de torbellino, Con quien la gala, discrecion y aviso Tienen poco que ver, y tu los pones Dos leguas mas allá del paraiso. Estas quimeras, estas invenciones Tuyas te han de salir al rostro un dia, Si mas no te mesuras y compones. Esta amenaza y gran descortesia Mi blando corazon llenó de miedo, Y dió al traves con la paciencia mia. Y volviendome á Apolo con denuedo Mayor del que esperaba de mis años, Con voz turbada y con semblante acedo, Le dixe: con bien claros desengaños Descubro, que el servirte me grangea Presentes miedos de futuros daños. Haz, ó señor, que en publico se lea La lista que Cilenio llevó á España, Porque mi culpa poca aqui se vea. Si tu deidad en escoger se engaña, Y yo solo aprobé lo que él me dixo, Porqué este simple contra mí se ensaña? Con justa causa y con razon me aflixo, De ver como estos barbaros se inclinan A tenerme en temor duro y prolixo. Unos, porque los puse me abominan: Otros, porque he dexado de ponellos, De darme pesadumbre determinan. Yo no sé como me avendré con ellos, Los puestos se lamentan, los no puestos Gritan, yo tiemblo destos y de aquellos. Tú, señor, que eres dios, dales los puestos Que piden sus ingenios: llama, y nombra Los que fueren mas habiles y prestos. Y porque el turbio miedo que me asombra, No me acabe, acabada esta contienda, Cubreme con tu manto y con tu sombra. O ponme una señal, por do se entienda Que soy hechura tuya y de tu casa: Y asi no havrá ninguno que me ofenda. Vuelve la vista, y mira lo que pasa, Fue de Apolo enojado la respuesta, Que ardiendo en ira el corazon le abrasa. Volvila, y vi la mas alegre fiesta, Y la mas desdichada y compasiva, Que el mundo vió, ni aun la verá qual esta. Mas no se espere que yo aqui la escriba, Sino en la parte quinta, en quien espero Cantar con voz tan entonada y viva, Que piensen que soy cisne, y que me muero. VIAGE AL PARNASO. CAPITULO V. Oyó el señor del humido tridente Las plegarias de Apolo, y escuchólas Con alma tierna y corazon clemente. Hizo de ojo, y dió del pie á las olas, Y sin que lo entendiesen los poetas En un punto hasta el cielo levantólas. Y él por ocultas vias y secretas Se agazapó debaxo del navio, Y usó con él de sus traidoras tretas. Hirió con el tridente en lo vacio Del buco, y el estomago le llena De un copioso corriente amargo rio. Advertido el peligro, al aire suena Una confusa voz, la qual resulta De otras mil que el temor forma y la pena. Poco á poco el bagel pobre se oculta En las entrañas del ceruleo y cano Vientre, que tantas animas sepulta. Suben los llantos por el aire vano De aquellos miserables, que suspiran Por ver su irreparable fin cercano. Trepan y suben por las jarcias, miran Qual del navio es el lugar mas alto, Y en él muchos se apiñan y retiran. La confusion, el miedo, el sobresalto Les turba los sentidos, que imaginan Que desta á la otra vida es grande el salto. Con ningun medio ni remedio atinan; Pero creyendo dilatar su muerte Algun tanto á nadar se determinan. Saltan muchos al mar de aquella suerte, Que al charco de la orilla saltan ranas Quando el miedo, ó el ruido las advierte. Hienden las olas del romperse canas, Menudean las piernas y los brazos, Aunque enfermos estan, y ellas no sanas. Y en medio de tan grandes embarazos La vista ponen en la amada orilla, Deseosos de darla mil abrazos. Y sé yo bien, que la fatal quadrilla Antes que alli, holgara de hallarse En el compas famoso de Sevilla. Que no tienen por gusto el ahogarse, Discreta gente al parecer en esto, Pero valioles poco el esforzarse. Que el padre de las aguas echó el resto De su rigor, mostrandose en su carro Con rostro airado y ademan funesto. Quatro delfines, cada qual bizarro, Con cuerdas hechas de tegidas obas Le tiraban con furia y con desgarro. Las ninfas en sus humidas alcobas Sienten tu rabia, ó vengativo Nume, Y de sus rostros la color les robas. El nadante poeta que presume Llegar á la ribera defendida, Sus ayes pierde y su teson consume. Que su corta carrera es impedida De las agudas puntas del tridente, Entonces fiero y aspero homicida. Quien ha visto muchacho diligente Que en goloso á si mesmo sobrepuja Que no hay comparacion mas conveniente, Picar en el sombrero la granuja, Que el hallazgo le puso alli ó la sisa, Con punta alfileresca, ó ya de aguja: Pues no con menor gana, ó menor prisa Poetas ensartaba el Nume airado Con gesto infame, y con dudosa risa. En carro de cristal venia sentado, La barba luenga y llena de marisco, Con dos gruesas lampreas coronado. Hacian de sus barbas firme aprisco La Almeja, el Morsillon, Pulpo y Cangrejo, Qual le suelen hacer en peña ó risco. Era de aspecto venerable y viejo, De verde, azul y plata era el vestido, Robusto al parecer y de buen rejo. Aunque como enojado, denegrido Se mostraba en el rostro, que la saña Asi turba el color como el sentido. Airado contra aquellos mas se ensaña Que nadan mas, y saleles al paso, Juzgando á gloria tan cobarde hazaña. En esto, ó nuevo y milagroso caso, Dino de que se cuente poco á poco, Y con los versos de Torcato Taso. Hasta aqui no he invocado, ahora invoco Vuestro favor, ó musas! necesario Para los altos puntos en que toco. Descerrajad vuestro mas rico almario, Y el aliento me dad que el caso pide, No humilde, no ratero, ni ordinario. Las nubes hiende el aire, pisa y mide La hermosa Venus Acidalia, y baxa Del cielo que ninguno se lo impide. Traia vestida de pardilla raja Una gran saya entera hecha al uso, Que le dice muy bien, quadra y encaja. Luto que por su Adonis se le puso, Luego que el gran colmillo del berraco A atravesar sus ingles se dispuso. A fe que si el mocito fuera Maco, Que él guardára la cara al colmilludo, Que dió á su vida, y su belleza saco. O valiente garzon, mas que sesudo, Cómo estándo avisado, tu mal tomas, Entrando en trance tan horrendo y crudo? En esto las mansisimas palomas Que el carro de la diosa conducian Por el llano del mar, y por las lomas: Por unas y otras partes discurrian, Hasta que con Neptuno se encontraron, Que era lo que buscaban y querian. Los dioses que se ven, se respetaron, Y haciendo sus zalemas á lo moro, De verse juntos en estremo holgaron. Guardaronse real grave decoro, Y procuró Ciprinia en aquel punto Mostrar de su belleza el gran tesoro. Ensanchó el verdugado, y dióle el punto Con ciertos puntapies que fueron coces Para el dios que las vió y quedó difunto. Un poeta llamado DON QUINCOCES Andaba semivivo en las saladas Ondas dando gemidos y no voces. Con todo dixo, en mal articuladas Palabras: o, señora, la de Pafo, Y de las otras dos islas nombradas, Muevate á compasion el verme gafo De pies y manos, y que ya me ahogo, En otras Linfas que las del Garrafo. Aqui será mi Pira, aqui mi rogo, Aqui será QUINCOCES sepultado, Que tuvo en su crianza Pedagogo. Esto dixo el mezquino, esto escuchado Fue de la diosa con ternura tanta, Que volvió á componer el verdugado. Y luego en pie y piadosa se levanta, Y poniendo los ojos en el viejo, Desembudó la voz de la garganta: Y con cierto desden y sobrecejo, Entre enojada y grave, y dulce dixo Lo que al humido dios tuvo perplejo. Y aunque no fue su razonar prolixo, Todavia le truxo á la memoria Hermano de quien era y de quien hijo. Representole quan pequeña gloria Era llevar de aquellos miserables El triunfo infausto, y la cruel vitoria. El dixo: si los hados inmudables No huvieran dado la fatal sentencia Destos en su ignorancia siempre estables. Una brizna no mas de tu presencia Que viera yo, bellisima señora, Fuera de mi rigor la resistencia. Mas ya no puede ser, que ya la hora Llegó donde mi blanda y mansa mano Ha de mostrar que es dura y vencedora. Que estos de proceder siempre inhumano, En sus versos han dicho cien mil veces, Azotando las aguas del mar cano. Ni azotado, ni viejo me pareces, Replicó Venus, y él le dixo á ella: Puesto que me enamoras no enterneces. Que de tal modo la fatal estrella, Influye destos tristes, que no puedo Dar felice despacho á tu querella. Del querer de los hados solo un dedo, No me puedo apartar, ya tu lo sabes, Ellos han de acabar, y ha de ser cedo. Primero acabarás que los acabes, Le respondió madama, la que tiene De tantas voluntades puerta y llaves. Que aunque el hado feroz su muerte ordene, El modo no ha de ser á tu contento, Que muchas muertes el morir contiene. Turbóse en esto el liquido elemento, De nuevo renovóse la tormenta, Sopló mas vivo y mas apriesa el viento. La hambrienta mesnada, y no sedienta, Se rinde al uracan recien venido, Y por mas no penar muere contenta. O raro caso y por jamas oido, Ni visto! ó nuevas y admirables trazas De la gran reina obedecida en Gnido! En un instante el mar de calabazas Se vió quajado, algunas tan potentes, Que pasaban de dos, y aun de tres brazas. Tambien hinchados odres y valientes, Sin deshacer del mar la blanca espuma, Nadaban de mil talles diferentes. Esta trasmutacion fue hecha en suma Por Venus de los languidos poetas, Porque Neptuno hundirlos no presuma. El qual le pidió á Febo sus saetas, Cuya arma arrojadiza desde aparte A Venus defraudara de sus tretas. Negóselas Apolo; y veis do parte Enojado el vejon con su tridente, Pensandolos pasar de parte á parte; Mas este se resbala, aquel no siente La herida, y dando esguince se desliza, Y él queda de la colera impaciente. En esto Boreas su furor atiza, Y lleva antecogida la manada, Que con la de los cerdas simboliza. Pidióselo la diosa aficionada A que vivan poetas zarabandos, De aquellos de la seta almidonada: De aquellos blancos, tiernos, dulces, blandos, De los que por momentos se dividen En varias setas, y en contrarios vandos. Los contrapuestos vientos se comiden A complacer la bella rogadora, 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201 202 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247 248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 297 298 299 300 301 302 303 304 305 306 307 308 309 310 311 312 313 314 315 316 317 318 319 320 321 322 323 324 325 326 327 328 329 330 331 332 333 334 335 336 337 338 339 340 341 342 343 344 345 346 347 348 349 350 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 401 402 403 404 405 406 407 408 409 410 411 412 413 414 415 416 417 418 419 420 421 422 423 424 425 426 427 428 429 430 431 432 433 434 435 436 437 438 439 440 441 442 443 444 445 446 447 448 449 450 451 452 453 454 455 456 457 458 459 460 461 462 463 464 465 466 467 468 469 470 471 472 473 474 475 476 477 478 479 480 481 482 483 484 485 486 487 488 489 490 491 492 493 494 495 496 497 498 499 500 501 502 503 504 505 506 507 508 509 510 511 512 513 514 515 516 517 518 519 520 521 522 523 524 525 526 527 528 529 530 531 532 533 534 535 536 537 538 539 540 541 542 543 544 545 546 547 548 549 550 551 552 553 554 555 556 557 558 559 560 561 562 563 564 565 566 567 568 569 570 571 572 573 574 575 576 577 578 579 580 581 582 583 584 585 586 587 588 589 590 591 592 593 594 595 596 597 598 599 600 601 602 603 604 605 606 607 608 609 610 611 612 613 614 615 616 617 618 619 620 621 622 623 624 625 626 627 628 629 630 631 632 633 634 635 636 637 638 639 640 641 642 643 644 645 646 647 648 649 650 651 652 653 654 655 656 657 658 659 660 661 662 663 664 665 666 667 668 669 670 671 672 673 674 675 676 677 678 679 680 681 682 683 684 685 686 687 688 689 690 691 692 693 694 695 696 697 698 699 700 701 702 703 704 705 706 707 708 709 710 711 712 713 714 715 716 717 718 719 720 721 722 723 724 725 726 727 728 729 730 731 732 733 734 735 736 737 738 739 740 741 742 743 744 745 746 747 748 749 750 751 752 753 754 755 756 757 758 759 760 761 762 763 764 765 766 767 768 769 770 771 772 773 774 775 776 777 778 779 780 781 782 783 784 785 786 787 788 789 790 791 792 793 794 795 796 797 798 799 800 801 802 803 804 805 806 807 808 809 810 811 812 813 814 815 816 817 818 819 820 821 822 823 824 825 826 827 828 829 830 831 832 833 834 835 836 837 838 839 840 841 842 843 844 845 846 847 848 849 850 851 852 853 854 855 856 857 858 859 860 861 862 863 864 865 866 867 868 869 870 871 872 873 874 875 876 877 878 879 880 881 882 883 884 885 886 887 888 889 890 891 892 893 894 895 896 897 898 899 900 901 902 903 904 905 906 907 908 909 910 911 912 913 914 915 916 917 918 919 920 921 922 923 924 925 926 927 928 929 930 931 932 933 934 935 936 937 938 939 940 941 942 943 944 945 946 947 948 949 950 951 952 953 954 955 956 957 958 959 960 961 962 963 964 965 966 967 968 969 970 971 972 973 974 975 976 977 978 979 980 981 982 983 984 985 986 987 988 989 990 991 992 993 994 995 996 997 998 999 1000