Novelas ejemplares Miguel de Cervantes Saavedra NOTA DE TRANSCRIPCIÓN * Las cursivas se muestran entre -subrayados- y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS. * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. * Se ha respetado la ortografía del original, que difiere de la actual. * Se han completado los emparejamientos de comillas, paréntesis, admiraciones e interrogaciones y se han añadido tildes a las mayúsculas iniciales que las necesitan. * Para facilitar la lectura se han troceado los párrafos muy largos, introduciendo puntos y aparte y rayas de diálogo en los lugares en que los introduce la edición crítica de García López, 2005. * También se han expandido las abreviaturas de los perros «Cipion» y «Berganza» en el Coloquio correspondiente. * Las notas a pie de página se han renumerado y colocado al final del libro. COLECCION DE AUTORES ESPAÑOLES. TOMO XXV. NOVELAS EJEMPLARES DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. LEIPZIG: F. A. BROCKHAUS. -- 1883. DEDICATORIA Á D. PEDRO FERNÁNDEZ DE CASTRO, CONDE DE LEMOS, DE ANDRADE Y DE VILLALBA, etc. En dos errores casi de ordinario caen los que dedican sus obras á algun príncipe. El primero es que en la carta que llaman dedicatoria, que ha de ser breve y sucinta, muy de propósito y espacio, ya llevados de la verdad ó de la lisonja, se dilatan en ella en traerle á la memoria, no solo las hazañas de sus padres y abuelos, sino las de todos sus parientes, amigos y bienhechores. Es el segundo decirles que las ponen debajo de su proteccion y amparo, porque las lenguas maldicientes y murmuradoras no se atrevan á morderlas y lacerarlas. Yo, pues, huyendo destos dos inconvenientes, paso en silencio aquí las grandezas y títulos de la antigua y real casa de vuestra Escelencia, con sus infinitas virtudes, así naturales como adquiridas, dejándolas á que los nuevos Fidias y Lisipos busquen mármoles y bronces adonde grabarlas y esculpirlas, para que sean émulas á la duracion de los tiempos. Tampoco suplico á vuestra Escelencia reciba en su tutela este libro, porque sé que si él no es bueno, aunque le ponga debajo de las alas del hipógrifo de Astolfo, y á la sombra de la clava de Hércules, no dejarán los Zoilos, los Cínicos, los Aretinos y los Bernias de darse un filo en su vituperio, sin guardar respeto á nadie. Solo suplico que advierta vuestra Escelencia que le envío, como quien no dice nada, doce cuentos, que á no haberse labrado en la oficina de mi entendimiento, presumieran ponerse al lado de los mas pintados. Tales cuales son, allá van, y yo quedo aquí contentísimo por parecerme que voy mostrando en algo el deseo que tengo de servir á vuestra Escelencia, como á mi verdadero señor y bienhechor mio. Guarde nuestro Señor, etc. De Madrid á 13 de julio de 1613. Criado de vuestra Escelencia. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. PRÓLOGO. Quisiera yo, si fuera posible (lector amantísimo) escusarme de escribir este prólogo, porque no me fué tan bien con el que puse en mi -Don Quijote-, que quedase con gana de segundar con este. De esto tiene la culpa algun amigo de los muchos que en el discurso de mi vida he granjeado ántes con mi condicion que con mi ingenio: el cual amigo bien pudiera, como es uso y costumbre, grabarme y esculpirme en la primera hoja de este libro, pues le diera mi retrato el famoso D. Juan de Jauregui, y con esto quedara mi ambicion satisfecha, y el deseo de algunos que querrian saber qué rostro y talle tiene quien se atreve á salir con tantas invenciones en la plaza del mundo á los ojos de las gentes, poniendo debajo del retrato: Este que veis aquí de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos, y de nariz corva aunque bien proporcionada, las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes no crecidos, porque no tiene sino seis y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos estremos, ni grande ni pequeño, la color viva, ántes blanca que morena, algo cargado de espaldas, y no muy lijero de piés: este digo, que es el rostro del autor de -La Galatea- y de -Don Quijote de la Mancha-, y del que hizo el -Viaje del Parnaso- á imitacion del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas, y quizá sin el nombre de su dueño; llámase comunmente MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA: fué soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió á tener paciencia en las adversidades: perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo; herida, que aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la mas memorable y alta ocasion que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Cárlos V, de felice memoria; y cuando á la de este amigo, de quien me quejo, no ocurrieran otras cosas de las dichas que decir de mí, yo me levantara á mí mismo dos docenas de testimonios, y se los dijera en secreto; con que estendiera mi nombre y acreditara mi ingenio; porque pensar que dicen puntualmente la verdad los tales elogios, es disparate, por no tener punto preciso ni determinado las alabanzas ni los vituperios. En fin, pues ya esta ocasion se pasó, y yo he quedado en blanco y sin figura, será forzoso valerme por mi pico, que aunque tartamudo, no lo será para decir verdades, que dichas por señas suelen ser entendidas. Y así te digo (otra vez lector amable) que destas novelas que te ofrezco, en ningun modo podrás hacer pepitoria, porque no tienen piés ni cabeza, ni entrañas, ni cosa que les parezca: quiero decir, que los requiebros amorosos que en algunas hallarás, son tan honestos y tan medidos con la razon y discurso cristiano, que no podrán mover á mal pensamiento al descuidado ó cuidadoso que las leyere. Héles dado el nombre de -Ejemplares-, y si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar un ejemplo provechoso; y si no fuera por no alargar este sujeto, quizá te mostrara el sabroso y honesto fruto que se podria sacar, así de todas juntas, como de cada una de por sí. Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos, donde cada uno pueda llegar á entretenerse sin daño de barras: digo, sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables ántes aprovechan que dañan. Sí; que no siempre se está en los templos, no siempre se ocupan los oratorios, no siempre se asiste á los negocios por calificados que sean: horas hay de recreacion, donde el afligido espíritu descanse: para este efeto se plantan las alamedas, se buscan las fuentes, se allanan las cuestas, y se cultivan con curiosidad los jardines. Una cosa me atreveré á decirte: que si por algun modo alcanzara que la leccion de estas novelas pudiera inducir á quien las leyera á algun mal deseo ó pensamiento, ántes me cortara la mano con que las escribí, que sacarlas en público: mi edad no está ya para burlarse con la otra vida, que al cincuenta y cinco de los años gano por nueve mas, y por la mano. Á esto se aplicó mi ingenio, por aquí me lleva mi inclinacion, y mas que me doy á entender (y es así) que yo soy el primero que he novelado en lengua castellana; que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas estranjeras, y estas son mias propias, no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró y las parió mi pluma, y van creciendo en los brazos de la estampa. Tras ellas, si la vida no me deja, te ofrezco los -Trabajos de Pérsiles-, libro que se atreve á competir con Heliodoro, si ya por atrevido no sale con las manos en la cabeza: y primero verás, y con brevedad, dilatadas las hazañas de -Don Quijote- y donaires de Sancho Panza; y luego las -Semanas del Jardin-. Mucho prometo con fuerzas tan pocas como las mias; pero ¿quién pondrá rienda á los deseos? Solo esto quiero que consideres: que pues yo he tenido osadía de dirigir estas novelas al gran conde de Lemos, algun misterio tienen escondido, que las levanta. No mas, sino que Dios te guarde, y á mí me dé paciencia para llevar bien el mal que han de decir de mí mas de cuatro sotiles y almidonados. Vale. ÍNDICE. Pág. DEDICATORIA V PRÓLOGO VII LA JITANILLA 1 EL AMANTE LIBERAL 49 RINCONETE Y CORTADILLO 87 LA ESPAÑOLA INGLESA 116 EL LICENCIADO VIDRIERA 149 LA FUERZA DE LA SANGRE 169 EL CELOSO ESTREMEÑO 185 LA ILUSTRE FREGONA 213 LAS DOS DONCELLAS254 LA SEÑORA CORNELIA 285 EL CASAMIENTO ENGAÑOSO 314 COLOQUIO QUE PASÓ ENTRE CIPION Y BERGANZA324 LA TIA FINGIDA373 LA JITANILLA. Parece que los jitanos y jitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones, y finalmente salen con ser ladrones corrientes y molientes á todo ruedo; y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables que no se quitan sino con la muerte. Una pues de esta nacion, jitana vieja, que podia ser jubilada en la ciencia de Caco, crió una muchacha en nombre de nieta suya, á quien puso por nombre Preciosa, y á quien enseñó todas sus jitanerías y modos de embelecos y trazas de hurtar. Salió la tal Preciosa la mas única bailadora que se hallaba en todo el jitanismo, y la mas hermosa y discreta que pudiera hallarse, no entre los jitanos, sino entre cuantas hermosas y discretas pudiera pregonar la fama. Ni los soles, ni los aires, ni todas las inclemencias del cielo, á quien mas que otras gentes están sujetos los jitanos, pudieron deslustrar su rostro ni curtir sus manos; y lo que es mas, que la crianza tosca en que se criaba, no descubria en ella sino ser nacida de mayores prendas que de jitana, porque era en estremo cortés y bien razonada: y con todo esto era algo desenvuelta, pero no de modo que descubriese algun género de deshonestidad; ántes con ser aguda era tan honesta, que en su presencia no osaba alguna jitana vieja ni moza cantar cantares lascivos, ni decir palabras no buenas: y finalmente, la abuela conoció el tesoro que en la nieta tenia, y así determinó el águila vieja sacar á volar su aguilucho, y enseñarle á vivir por sus uñas. Salió Preciosa rica de villancicos, de coplas, seguidillas y zarabandas y de otros versos, especialmente de romances, que los cantaba con especial donaire; porque su taimada abuela echó de ver que tales juguetes y gracias en los pocos años y en la mucha hermosura de su nieta habian de ser felicísimos atractivos é incentivos para acrecentar su caudal; y ansí se los procuró y buscó por todas las vias que pudo; y no faltó poeta que se los diese; que tambien hay poetas que se acomodan con jitanos, y les venden sus obras, como los hay para ciegos, que les fingen milagros, y van á la parte de la ganancia: de todo hay en el mundo, y esto de la hambre tal vez hace arrojar los ingenios á cosas que no están en el mapa. Crióse Preciosa en diversas partes de Castilla, y á los quince años de su edad su abuela putativa la volvió á la corte y á su antiguo rancho, que es donde ordinariamente le tienen los jitanos, en los campos de Santa Bárbara, pensando en la corte vender su mercadería, donde todo se compra y todo se vende. Y la primera entrada que hizo Preciosa en Madrid, fué un dia de Santa Ana, patrona y abogada de la villa, con una danza en que iban ocho jitanas, cuatro ancianas y cuatro muchachas, y un jitano, gran bailarin, que las guiaba; y aunque todas iban limpias y bien aderezadas, el aseo de Preciosa era tal que poco á poco fué enamorando los ojos de cuantos la miraban. De entre el son del tamboril y castañetas y fuga del baile salió un rumor que encarecia la belleza y donaire de la Jitanilla, y corrian los muchachos á verla, y los hombres á mirarla; pero cuando la oyeron cantar, por ser la danza cantada, allí fué ello, allí sí que cobró aliento la fama de la Jitanilla, y de comun consentimiento de los diputados de la fiesta desde luego le señalaron el premio y joya de la mejor danza; y cuando llegaron á hacerla en la iglesia de Santa María delante de la imágen de la gloriosa Sta. Ana, despues de haber bailado todas, tomó Preciosa unas sonajas, al son de las cuales, dando en redondo largas y lijerísimas vueltas, cantó el romance siguiente: Árbol preciosísimo, Que tardó en dar fruto Años que pudieron Cubrirle de luto, Y hacer los deseos Del consorte puros, Contra su esperanza No muy bien seguros: De cuyo tardarse Nació aquel disgusto, Que lanzó del templo Al varon mas justo: Santa tierra estéril, Que al cabo produjo Toda la abundancia Que sustenta el mundo: Casa de moneda Do se forjó el cuño Que dió á Dios la forma, Que como hombre tuvo: Madre de una hija, En quien quiso y pudo Mostrar Dios grandezas Sobre humano curso: Por vos y por ella Sois, Ana, el refugio, Do van por remedio Nuestros infortunios. En cierta manera Teneis, no lo dudo, Sobre el nieto imperio Piadoso y justo. Á ser comunera Del alcázar sumo, Fueran mil parientes Con vos de consuno. ¡Qué hija! ¡qué nieto! Y ¡qué yerno! Al punto, Á ser causa justa, Cantárades triunfos. Pero vos humilde Fuisteis el estudio, Donde vuestra Hija Hizo humildes cursos. Y ahora á su lado Á Dios el mas junto Gozais del alteza Que apénas barrunto. El cantar de Preciosa fué para admirar á cuantos la escuchaban. Unos decian: Dios te bendiga, la muchacha. Otros: Lástima es que esta mozuela sea jitana; en verdad, en verdad que merecia ser hija de un gran señor. Otros habia mas groseros que decian: Dejen crecer á la rapaza, que ella hará de las suyas; á fe que se va añudando en ella gentil barredera para pescar corazones. Otro mas humano, mas basto y mas modorro, viéndola andar tan lijera en el baile, le dijo: Á ello, hija, á ello, andad, amores, y pisad el polvito á tan menudito. Y ella respondió sin dejar el baile: Y pisarélo yo á tan menudó. Acabáronse las vísperas y la fiesta de Sta. Ana, y quedó Preciosa algo cansada, pero tan celebrada de hermosa, de aguda y de discreta y bailadora, que á corrillos se hablaba della en toda la corte. De allí á quince dias volvió á Madrid, como tenia de costumbre, con otras tres muchachas con sonajas y con un baile nuevo, todas apercebidas de romances y de cantarcillos alegres, pero todos honestos; que no consentia Preciosa que las que fuesen en su compañía cantasen cantares descompuestos, ni ella los cantó jamas, y muchos miraron en ello, y la tuvieron en mucho. Nunca se apartaba della la jitana vieja, hecha su Argos, temerosa no se la despabilasen y traspusiesen; llamábala nieta, y ella la tenia por abuela. Pusiéronse á bailar á la sombra en la calle de Toledo por complacer á los que las miraban, y de los que las venian siguiendo se hizo luego un gran corro; y en tanto que bailaban, la vieja pedia limosna á los circunstantes, y llovian en ella ochavos y cuartos como piedras á tablado; que tambien la hermosura tiene fuerza de despertar la caridad dormida. Acabado el baile, dijo Preciosa: --Si me dan cuatro cuartos, les cantaré un romance yo sola, lindísimo en estremo, que trata de cuando la reina nuestra señora Doña Margarita salió á misa de parida en Valladolid, y fué á San Llorente: dígoles que es famoso, y compuesto por un poeta de los del número, como capitan del batallon. Apénas hubo dicho esto cuando casi todos los que en la rueda estaban dijeron á voces: --¡Cántale, Preciosa, y ves aquí mis cuatro cuartos! Y así granizaron sobre ella cuartos, que la vieja no se daba manos á cogerlos. Hecho pues su agosto y su vendimia, repicó Preciosa sus sonajas, y al tono correntío y loquesco cantó el siguiente romance: Salió á misa de parida La mayor reina de Europa, En el valor y en el nombre Rica y admirable joya. Como los ojos se lleva, Se lleva las almas todas De cuantos miran y admiran Su devocion y su pompa. Y para mostrar que es parte Del cielo en la tierra toda, Á un lado lleva el sol de Austria, Al otro la tierna aurora. Á sus espaldas la sigue Un lucero que á deshora Salió la noche del dia Que el cielo y la tierra lloran. Y si en el cielo hay estrellas Que lucientes carros forman, En otros carros su cielo Vivas estrellas adornan. Aquí el anciano Saturno La barba pule y remoza, Y aunque tardo, va lijero; Que el placer cura la gota. El dios parlero va en lenguas Lisonjeras y amorosas, Y Cupido en cifras varias, Que rubíes y perlas bordan. Allí va el furioso Marte En la persona curiosa De mas de un gallardo jóven Que de su sombra se asombra. Junto á la casa del sol Va Júpiter; que no hay cosa Difícil á la privanza Fundada en prudentes obras. Va la luna en las mejillas De una y otra humana diosa, Vénus casta en la belleza De las que este cielo forman. Pequeñuelos Ganimédes Cruzan, van, vuelven y tornan Por el cinto tachonado Desta esfera milagrosa. Y para que todo admire Y todo asombre, no hay cosa Que de liberal no pase Hasta el estremo de pródiga. Milan con sus ricas telas Allí va en vista curiosa, Las Indias con sus diamantes, Y Arabia con sus aromas. Con los mal intencionados Va la envidia mordedora, Y la bondad en los pechos De la lealtad española. La alegría universal Huyendo de la congoja, Calles y plazas discurre, Descompuesta y casi loca. Á mil mudas bendiciones Abre el silencio la boca, Y repiten los muchachos Lo que los hombres entonan. Cuál dice:--Fecunda vid, Crece, sube, abraza y toca El olmo felice tuyo, Que mil siglos te haga sombra. Para gloria de tí misma, Para bien de España y honra, Para arrimo de la Iglesia, Para asombro de Mahoma.-- Otra lengua clama y dice: --Vivas, ó blanca paloma Que nos has dado por crias Águilas de dos coronas, Para ahuyentar de los aires Las de rapiña furiosas, Para cubrir con sus alas Á las virtudes medrosas.-- Otra mas discreta y grave, Mas aguda y mas curiosa Dice, vertiendo alegría Por los ojos y la boca: --Esta perla que nos diste, Nácar de Austria, única y sola, ¡Qué de máquinas que rompe! ¡Qué de designios que corta! ¡Qué de esperanzas que infunde! ¡Qué de deseos malogra! ¡Qué de temores aumenta! ¡Qué de preñados aborta!-- En esto se llegó al templo Del fénix santo que en Roma Fué abrasado, y quedó vivo En la fama y en la gloria. Á la imágen de la vida, Á la del cielo Señora, Á la que por ser humilde, Las estrellas pisa ahora: Á la Madre y Vírgen junto, Á la Hija y á la Esposa De Dios, hincada de hinojos Margarita así razona: --Lo que me has dado te doy, Mano siempre dadivosa; Que á do falta el favor tuyo Siempre la miseria sobra. Las primicias de mis frutos Te ofrezco, Vírgen hermosa: Tales cuales son las mira, Recibe, ampara y mejora. Á su padre te encomiendo; Que humano Atlante se encorva Al peso de tantos reinos Y de climas tan remotas. Sé que el corazon del Rey En las manos de Dios mora, Y sé que puedes con Dios Cuánto pidieres piadosa.-- Acabada esta oracion, Otra semejante entonan Himnos y voces que muestran Que está en el suelo su gloria. Acabados los oficios, Con reales ceremonias Volvió á su punto este cielo Y esfera maravillosa. Apénas acabó Preciosa su romance, cuando del ilustre auditorio y grave senado que la oia, de muchas se formó una voz sola que dijo: --Torna á cantar, Preciosa, que no faltarán cuartos como tierra. Mas de doscientas personas estaban mirando el baile, y escuchando el canto de las jitanas, y en la mayor fuga dél acertó á pasar por allí uno de los tinientes de la villa, y viendo tanta gente junta, preguntó qué era: y fuéle respondido que estaban escuchando á la Jitanilla hermosa que cantaba. Llegóse el tiniente, que era curioso, y escuchó un rato, y por no ir contra su gravedad, no escuchó el romance hasta la fin: y habiéndole parecido por estremo bien la Jitanilla, mandó á un paje suyo dijese á la jitana vieja que al anochecer fuese á su casa con las jitanillas, que queria que las oyese Doña Clara su mujer. Hízolo así el paje, y la vieja dijo que sí iria. Acabaron el baile y el canto, y mudaron lugar; y en esto llegó un paje muy bien aderezado á Preciosa, y dándole un papel doblado, le dijo: --Preciosica, canta el romance que aquí va, porque es muy bueno, y yo te daré otros de cuando en cuando, con que cobres fama de la mejor romancera del mundo. --Eso aprenderé yo de muy buena gana, respondió Preciosa; y mire, señor, que no me deje de dar los romances que dice, con tal condicion que sean honestos; y si quiere que se los pague, concertémonos por docenas, y docena cantada docena pagada; porque pensar que le tengo de pagar adelantado, es pensar lo imposible. --Para papel siquiera que me dé la señora Preciosica, dijo el paje, estaré contento: y mas, que el romance que no saliere bueno y honesto, no ha de entrar en cuenta. --Á la mia queda el escogerlos, respondió Preciosa. Y con esto se fueron la calle adelante, y desde una reja llamaron unos caballeros á las jitanas. Asomó Preciosa á la reja, que era baja, y vió en una sala muy bien aderezada y muy fresca muchos caballeros que, unos paseándose, y otros jugando á diversos juegos, se entretenian. --¿Quiérenme dar barato, zeñores? dijo Preciosa, que como jitana hablaba ceceoso, y esto es artificio en ellas que no naturaleza. Á la voz de Preciosa y á su rostro dejaron los que jugaban el juego, y el paseo los paseantes: y los unos y los otros acudieron á la reja por verla, que ya tenian noticia della, y dijeron: --Entren, entren las jitanillas, que aquí les daremos barato. --Caro seria ello, respondió Preciosa, si nos pellizcasen. --No, á fe de caballeros, respondió uno; bien puedes entrar, niña, segura que nadie te tocará á la vira de tu zapato; no, por el hábito que traigo en el pecho. Y púsose la mano sobre uno de Calatrava. --Si tú quieres entrar, Preciosa, dijo una de las tres jitanillas que iban con ella, entra enhorabuena, que yo no pienso entrar adonde hay tantos hombres. --Mira, Cristina, respondió Preciosa: de lo que te has de guardar es de un hombre solo y á solas, y no de tantos juntos; porque ántes el ser muchos quita el miedo y recelo de ser ofendidas. Advierte, Cristinica, y está cierta de una cosa: que la mujer que se determina á ser honrada, entre un ejército de soldados lo puede ser. Verdad es que es bueno huir de las ocasiones; pero han de ser de las secretas y no de las públicas. --Entremos, Preciosa, dijo Cristina, que tú sabes mas que un sabio. Animólas la jitana vieja, y entraron: y apénas hubo entrado Preciosa, cuando el caballero del hábito vió el papel que traia en el seno, y llegándose á ella, se le tomó, y dijo Preciosa: --Y no me le tome, señor, que es un romance que me acaban de dar ahora, que aun no le he leido. --Y ¿sabes tú leer, hija? dijo uno. --Y escribir, respondió la vieja, que á mi nieta la he criado yo como si fuera hija de un letrado. Abrió el caballero el papel, y vió que venia dentro dél un escudo de oro, y dijo: --En verdad, Preciosa, que trae esta carta el porte dentro: toma este escudo que en el romance viene. --Basta, dijo Preciosa, que me ha tratado de pobre el poeta; pues cierto que es mas milagro darme á mí un poeta un escudo, que yo recebirle: si con esta añadidura han de venir sus romances, traslade todo el Romancero general, y enviémelos uno á uno, que yo les tentaré el pulso, y si vinieren duros, seré yo blanda en recebillos. Admirados quedaron los que oian á la jitanica, así de su discrecion como del donaire con que hablaba. --Lea, señor, dijo ella, y lea alto, veremos si es tan discreto ese poeta, como es liberal. Y el caballero leyó así: Jitanica, que de hermosa Te pueden dar parabienes, Por lo que de piedra tienes Te llama el mundo Preciosa. De esta verdad me asegura Esto, como en tí verás: Que no se apartan jamas La esquivez y la hermosura. Si como en valor subido, Vas creciendo en arrogancia, No le arriendo la ganancia Á la edad en que has nacido. Que un basilisco se cria En tí que mata mirando, Y un imperio, que aunque blando, Nos parezca tiranía. Entre pobres y aduares ¿Cómo nació tal belleza? ¿Ó cómo crió tal pieza El humilde Manzanares? Por esto será famoso Á par del Tajo dorado, Y por Preciosa preciado Mas que el Gánges caudaloso. Dices la buenaventura, Y dasla mala contino; Que no van por un camino Tu intencion y tu hermosura. Porque en el peligro fuerte De mirarte ó contemplarte, Tu intencion va á desculparte, Y tu hermosura á dar muerte. Dicen que son hechiceras Todas las de tu nacion; Pero tus hechizos son De mas fuerzas y mas veras; Pues por llevar los despojos De todos cuantos te ven, Haces, ó niña, que estén Los hechizos en tus ojos. En sus fuerzas te adelantas, Pues bailando nos admiras, Y nos matas, si nos miras, Y nos encantas, si cantas. De cien mil modos hechizas, Hables, calles, cantes, mires, Ó te acerques ó retires, El fuego de amor atizas. Sobre el mas exento pecho Tienes mando y señorío; De lo que es testigo el mio, De tu imperio satisfecho. Preciosa joya de amor, Esto humildemente escribe El que por tí muere y vive Pobre, aunque humilde amador. --En pobre acaba el último verso, dijo á esta sazon Preciosa, mala señal; nunca los enamorados han de decir que son pobres, porque á los principios á mi parecer la pobreza es muy enemiga del amor. --¿Quién te enseña eso, rapaza? dijo uno. --¿Quién me lo ha de enseñar? respondió Preciosa; ¿no tengo yo mi alma en mi cuerpo? ¿no tengo ya quince años? No soy manca, ni ronca, ni estropeada del entendimiento: los ingenios de las jitanas van por otro norte que los de las demas gentes; siempre se adelantan á sus años, no hay jitano necio, ni jitana lerda; que como el sustentar su vida consiste en ser agudos, astutos y embusteros, despabilan el ingenio á cada paso, y no dejan que crie moho en ninguna manera. ¿Ven estas muchachas mis compañeras, que están callando, y parecen bobas? pues éntrenles el dedo en la boca, y tiéntenlas las cordales, y verán lo que verán: no hay muchacha de doce que no sepa lo que de veinticinco, porque tienen por maestros y preceptores al diablo y al uso, que les enseña en una hora lo que habian de aprender en un año. Con esto que la Jitanilla decia, tenia suspensos á los oyentes, y los que jugaban le dieron barato, y aun los que no jugaban. Cogió la hucha de la vieja treinta reales, y mas rica y mas alegre que una pascua de flores, antecogió sus corderas, y fuese en casa del señor tiniente, quedando que otro dia volveria con su manada á dar contento á aquellos tan liberales señores. Ya tenia aviso la señora Doña Clara, mujer del señor tiniente, como habian de ir á su casa las jitanillas, y estábalas esperando como agua de mayo ella y sus doncellas y dueñas, con las de otra señora vecina suya, que todas se juntaron para ver á Preciosa; y apénas hubieron entrado las jitanas, cuando entre las demas resplandeció Preciosa, como la luz de una antorcha entre otras luces menores; y así corrieron todas á ella: unas la abrazaban, otras la miraban, estas la bendecian, aquellas la alababan. Doña Clara decia: --Este sí que se puede decir cabello de oro, estos sí que son ojos de esmeraldas. La señora su vecina la desmenuzaba toda, y hacia pepitoria de todos sus miembros y coyunturas; y llegando á alabar un pequeño hoyo que Preciosa tenia en la barba, dijo: --¡Ay qué hoyo! en este hoyo han de tropezar cuantos ojos le miraren. Oyó esto un escudero de brazo de la señora Doña Clara, que allí estaba, de luenga barba y largos años, y dijo: --¿Ese llama vuesa merced hoyo, señora mia? pues yo sé poco de hoyos, ó ese no es hoyo, sino sepultura de deseos vivos: por Dios tan linda es la Jitanilla, que hecha de plata ó de alcorza no podria ser mejor. ¿Sabes decir la buenaventura, niña? --De tres ó cuatro maneras, respondió Preciosa. --Y ¿eso mas? dijo Doña Clara, por vida del tiniente mi señor, que me la has de decir, niña de oro, y niña de plata, y niña de perlas, y niña de carbunclos, y niña del cielo, que es lo mas que puedo decir. --Denle, denle la palma de la mano á la niña, y con qué haga la cruz, dijo la vieja, y verán qué de cosas les dice; que sabe mas que un dotor de melecina. Echó mano á la faldriquera la señora tinienta, y halló que no tenia blanca: pidió un cuarto á sus criadas, y ninguna le tuvo, ni la señora vecina tampoco. Lo cual, visto por Preciosa, dijo: --Todas las cruces en cuanto cruces son buenas; pero las de plata ó de oro son mejores, y el señalar la cruz en la palma de la mano con moneda de cobre, sepan vuesas mercedes que menoscaba la buenaventura, por lo ménos la mia: y así tengo aficion á hacer la cruz primera con algun escudo de oro, ó con algun real de á ocho, ó á lo ménos de á cuatro; que soy como los sacristanes que cuando hay buena ofrenda se regocijan. --Donaire tienes, niña, por tu vida, dijo la señora vecina. Y volviéndose al escudero le dijo: --Vos, señor Contreras, ¿tendréis á mano algun real de á cuatro? dádmele, que en viniendo el dotor mi marido os le volveré. --Sí tengo, respondió Contreras, pero téngole empeñado en veinte y dos maravedís que cené anoche: dénmelos, que yo iré por él en volandas. --No tenemos entre todas un cuarto, dijo Doña Clara, ¿y pedís veinte y dos maravedís? Andad, Contreras, que siempre fuisteis impertinente. Una doncella de las presentes, viendo la esterilidad de la casa, dijo á Preciosa: --Niña, ¿hará algo al caso que se haga la cruz con un dedal de plata? Antes, respondió Preciosa, se hacen las cruces mejores del mundo con dedales de plata, como sean muchos. --Uno tengo yo, replicó la doncella; si este basta, héle aquí, con condicion que tambien se me ha de decir á mí la buenaventura. --¡Por un dedal tantas buenasventuras! dijo la jitana vieja: nieta, acaba presto, que se hace noche. Tomó Preciosa el dedal, y la mano de la señora tinienta, y dijo: Hermosita, hermosita, La de las manos de plata, Mas te quiere tu marido Que al rey de las Alpujarras. Eres paloma sin hiel, Pero á veces eres brava Como leona de Oran, Ó como tigre de Ocaña. Pero en un tras, en un tris, El enojo se te pasa, Y quedas como alfeñique, Ó como cordera mansa. Riñes mucho, y comes poco; Algo celosita andas; Que es jugueton el tiniente, Y quiere arrimar la vara. Cuando doncella te quiso Uno de una buena cara; Que mal hayan los terceros Que los gustos desbaratan. Si á dicha tú fueras monja, Hoy tu convento mandaras, Porque tienes de abadesa Mas de cuatrocientas rayas. No te lo quiero decir, Pero poco importa, vaya, Enviudarás otra vez, Y otras dos serás casada. No llores, señora mia, Que no siempre las jitanas Decimos el Evangelio; No llores, señora, acaba. Como te mueras primero Que el señor tiniente, basta Para remediar el daño De la viudez que amenaza. Has de heredar y muy presto Hacienda en mucha abundancia; Tendrás un hijo canónigo, La iglesia no se señala, De Toledo no es posible. Una hija rubia y blanca Tendrás, que si es religiosa, Tambien vendrá á ser prelada. Si tu esposo no se muere Dentro de cuatro semanas, Verásle corregidor De Búrgos ó Salamanca. Un lunar tienes: ¡qué lindo!, ¡Ay Jesus, qué luna clara! ¡Qué sol, que allá en los antipodas Escuros valles aclara! Mas de dos ciegos por verle Dieran mas de cuatro blancas: Agora si es la risica; ¡Ay, que bien haya esa gracia! Guárdate de las caidas, Principalmente de espaldas; Que suelen ser peligrosas En las principales damas. Cosas hay mas que decirte: Si para el viérnes me aguardas, Las oirás, que son de gusto, Y algunas hay de desgracias. Acabó su buenaventura Preciosa, y con ella encendió el deseo de todas las circunstantes en querer saber la suya, y así se lo rogaron todas; pero ella las remitió para el viérnes venidero, prometiéndole que tendrian reales de plata para hacer las cruces. En esto vino el señor tiniente, á quien contaron maravillas de la Jitanilla: él las hizo bailar un poco, y confirmó por verdaderas y bien dadas las alabanzas que á Preciosa habian dado: y poniendo la mano en la faldriquera, hizo señal de querer darle algo; y habiéndola espulgado y sacudido, y rascado muchas veces, al cabo sacó la mano vacía, y dijo: --Por Dios que no tengo blanca, dadle vos, doña Clara, un real á Preciosica, que os le daré despues. --Bueno es eso, señor, por cierto; sí, ahí está el real de manifiesto: no hemos tenido entre todas nosotras un cuarto para hacer la señal de la cruz, ¿y quiere que tengamos un real? --Pues dadle alguna valoncica vuestra, ó alguna cosa, que otro dia nos volverá á ver Preciosa, y la regalaremos mejor. Á lo cual dijo Doña Clara: --Pues porque otra vez venga, no quiero dar nada ahora á Preciosa. --Antes si no me dan nada, dijo Preciosa, nunca mas volveré acá: mas, sí, volveré á servir á tan principales señores; pero traeré tragado que no me han de dar nada, y ahorraréme la fatiga del esperarlo. Coheche vuesa merced, señor tiniente, coheche y tendrá dineros, y no haga usos nuevos, que morirá de hambre. Mire, señor; por ahí he oido decir (y aunque moza, entiendo que no son buenos dichos) que de los oficios se ha de sacar dineros para pagar las condiciones de las residencias, y para pretender otros cargos. --Así lo dicen y lo hacen los desalmados, replicó el tiniente; pero el juez que da buena residencia, no tendrá que pagar condenacion alguna, y el haber usado bien su oficio, será el valedor para que le den otro. --Habla vuesa merced muy á lo santo, señor tiniente, respondió Preciosa; ándese á eso, y cortarémosle de los harapos para reliquias. --Mucho sabes, Preciosa, dijo el tiniente: calla, que yo daré traza que sus Majestades te vean, porque eres pieza de reyes. --Querránme para truhana, respondió Preciosa, y yo no lo sabré ser, y todo irá perdido; si me quisiesen para discreta, aun llevarmeian; pero en algunos palacios mas medran los truhanes que los discretos: yo me hallo bien con ser jitana y pobre, y corra la suerte por donde el cielo quisiere. --Ea, niña, dijo la jitana vieja, no hables mas, que has hablado mucho, y sabes mas de lo que yo te he enseñado; no te asotiles tanto, que te despuntarás: habla de aquello que tus años permiten, y no te metas en altanerías, que no hay ninguna que no amenace caida. --El diablo tienen estas jitanas en el cuerpo, dijo á esta sazon el tiniente. Despidiéronse las jitanas, y al irse dijo la doncella del dedal: --Preciosa, díme la buenaventura, ó vuélveme mi dedal, que no me queda con que hacer labor. --Señora doncella, respondió Preciosa, haga cuenta que se la he dicho, y provéase de otro dedal, ó no haga vainillas hasta el viérnes, que yo volveré, y le diré mas venturas y aventuras que las que tiene un libro de caballerías. Fuéronse, y juntáronse con las muchas labradoras que á la hora de las Avemarías suelen salir de Madrid, para volverse á sus aldeas, y entre otras vuelven muchas, con quien siempre se acompañaban las jitanas, y volvian seguras; porque la jitana vieja vivia en continuo temor no le salteasen á su Preciosa. Sucedió pues que la mañana de un dia que volvian á Madrid á coger la garrama con las demas jitanillas, en un valle pequeño que está obra de quinientos pasos ántes que se llegue á la villa, vieron un mancebo gallardo y ricamente aderezado de camino: la espada y daga que traia eran, como decir se suele, un ascua de oro: sombrero con rico cintillo, y con plumas de diversas colores adornado. Repararon las jitanas en viéndole, y pusiéronsele á mirar muy despacio, admiradas de que á tales horas un tan hermoso mancebo estuviese en tal lugar á pié y solo. Él se llegó á ellas, y hablando con la jitana mayor, le dijo: --Por vida vuestra, amiga, que me hagais placer que vos y Preciosa me oyais aquí aparte dos palabras, que serán de vuestro provecho. --Como no nos desviemos mucho, ni nos tardemos mucho, sea en buen hora, respondió la vieja. Y llamando á Preciosa, se desviaron de las otras obra de veinte pasos, y así en pié como estaban, el mancebo les dijo: --Yo vengo de manera rendido á la discrecion y belleza de Preciosa, que despues de haberme hecho mucha fuerza para escusar llegar á este punto, al cabo he quedado mas rendido, y mas imposibilitado de escusallo. Yo, señoras mias (que siempre os he dar este nombre, si el cielo mi pretension favorece), soy caballero, como lo puede mostrar el hábito; y apartando el herreruelo, descubrió en el pecho uno de los mas calificados que hay en España: soy hijo de fulano (que por buenos respetos aquí no se declara su nombre), estoy debajo de su tutela y amparo: soy hijo único, y el que espera un razonable mayorazgo: mi padre está aquí en la corte pretendiendo un cargo, y ya está consultado, y tiene casi ciertas esperanzas de salir con él; y con ser de la calidad y nobleza que os he referido, y de la que casi se os debe ya de ir trasluciendo, con todo eso quisiera ser un gran señor para levantar á mi grandeza la humildad de Preciosa, haciéndola mi igual y mi señora: yo no la pretendo para burlalla, ni en las veras del amor que la tengo puede caber género de burla alguna: solo quiero servirla del modo que ella mas gustare: su voluntad es la mia; pero con ella es de cera mi alma, donde podrá imprimir lo que quisiere, y para conservarlo y guardarlo, no será como impreso en cera, sino como esculpido en mármoles, cuya dureza se opone á la duracion de los tiempos: si creeis esta verdad, no admitirá ningun desmayo mi esperanza; pero si no me creeis, siempre me tendrá temeroso vuestra duda: mi nombre es este, y díjoselo: el de mi padre ya os le he dicho: la casa donde vive es en tal calle, y tiene tales y tales señas: vecinos tiene de quien podréis informaros, y aun de los que no son vecinos tambien; que no es tan escura la calidad y el nombre de mi padre, y el mio, que no le sepan en los patios de Palacio, y aun en toda la corte: cien escudos traigo aquí en oro para daros en arras y señal de lo que pienso daros; porque no ha de negar la hacienda el que da el alma. En tanto que el caballero esto decia, le estaba mirando Preciosa atentamente, y sin duda que no le debieron de parecer mal ni sus razones ni su talle; y volviéndose á la vieja, le dijo: --Perdóneme, abuela, de que me tome licencia para responder á este tan enamorado señor. --Responde lo que quisieres, nieta, respondió la vieja, que yo sé que tienes discrecion para todo. Y Preciosa dijo: --Yo, señor caballero, aunque soy jitana, pobre y humildemente nacida, tengo un cierto espiritillo fantástico acá dentro, que á grandes cosas me lleva: á mí ni me mueven promesas, ni me desmoronan dádivas, ni me inclinan sumisiones, ni me espantan finezas enamoradas: y aunque de quince años (que segun la cuenta de mi abuela para este San Miguel los haré), soy ya vieja en los pensamientos, y alcanzo mas de aquello que mi edad promete, mas por mi buen natural que por la esperiencia; pero con lo uno ó con lo otro sé que las pasiones amorosas en los recien enamorados son como ímpetus indiscretos que hacen salir á la voluntad de sus quicios, la cual atropellando inconvenientes, desatinadamente se arroja tras su deseo, y pensando dar con la gloria de sus ojos, da con el infierno de sus pesadumbres: si alcanza lo que desea, mengua el deseo con la posesion de la cosa deseada, y quizá abriéndose entónces los ojos del entendimiento, se ve ser bien que se aborrezca lo que ántes se adoraba: este temor engendra en mí un recato tal, que ningunas palabras creo, y de muchas obras dudo: una sola joya tengo, que la estimo en mas que á la vida, que es la de mi entereza y virginidad, y no la tengo de vender á precio de promesas ni dádivas, porque en fin será vendida, y si puede ser comprada, será de muy poca estima: ni me la han de llevar trazas ni embelecos, ántes pienso irme con ella á la sepultura, y quizá al cielo, que ponerla en peligro que quimeras y fantasías soñadas la embistan ó manoseen: flor es la de la virginidad que á ser posible aun con la imaginacion no habia de dejar ofenderse: cortada la rosa del rosal, ¡con qué brevedad y facilidad se marchita! Este la toca, aquel la huele, el otro la deshoja, y finalmente, entre las manos rústicas se deshace: si vos, señor, por sola esta prenda venís, no la habeis de llevar sino atada con las ligaduras y lazos del matrimonio; que si la virginidad se ha de inclinar, ha de ser á este santo yugo, que entónces no seria perderla, sino emplearla en ferias que felices ganancias prometen: si quisiéredes ser mi esposo, yo lo seré vuestra; pero han de proceder muchas condiciones y averiguaciones 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201 202 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247 248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 297 298 299 300 301 302 303 304 305 306 307 308 309 310 311 312 313 314 315 316 317 318 319 320 321 322 323 324 325 326 327 328 329 330 331 332 333 334 335 336 337 338 339 340 341 342 343 344 345 346 347 348 349 350 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 401 402 403 404 405 406 407 408 409 410 411 412 413 414 415 416 417 418 419 420 421 422 423 424 425 426 427 428 429 430 431 432 433 434 435 436 437 438 439 440 441 442 443 444 445 446 447 448 449 450 451 452 453 454 455 456 457 458 459 460 461 462 463 464 465 466 467 468 469 470 471 472 473 474 475 476 477 478 479 480 481 482 483 484 485 486 487 488 489 490 491 492 493 494 495 496 497 498 499 500 501 502 503 504 505 506 507 508 509 510 511 512 513 514 515 516 517 518 519 520 521 522 523 524 525 526 527 528 529 530 531 532 533 534 535 536 537 538 539 540 541 542 543 544 545 546 547 548 549 550 551 552 553 554 555 556 557 558 559 560 561 562 563 564 565 566 567 568 569 570 571 572 573 574 575 576 577 578 579 580 581 582 583 584 585 586 587 588 589 590 591 592 593 594 595 596 597 598 599 600 601 602 603 604 605 606 607 608 609 610 611 612 613 614 615 616 617 618 619 620 621 622 623 624 625 626 627 628 629 630 631 632 633 634 635 636 637 638 639 640 641 642 643 644 645 646 647 648 649 650 651 652 653 654 655 656 657 658 659 660 661 662 663 664 665 666 667 668 669 670 671 672 673 674 675 676 677 678 679 680 681 682 683 684 685 686 687 688 689 690 691 692 693 694 695 696 697 698 699 700 701 702 703 704 705 706 707 708 709 710 711 712 713 714 715 716 717 718 719 720 721 722 723 724 725 726 727 728 729 730 731 732 733 734 735 736 737 738 739 740 741 742 743 744 745 746 747 748 749 750 751 752 753 754 755 756 757 758 759 760 761 762 763 764 765 766 767 768 769 770 771 772 773 774 775 776 777 778 779 780 781 782 783 784 785 786 787 788 789 790 791 792 793 794 795 796 797 798 799 800 801 802 803 804 805 806 807 808 809 810 811 812 813 814 815 816 817 818 819 820 821 822 823 824 825 826 827 828 829 830 831 832 833 834 835 836 837 838 839 840 841 842 843 844 845 846 847 848 849 850 851 852 853 854 855 856 857 858 859 860 861 862 863 864 865 866 867 868 869 870 871 872 873 874 875 876 877 878 879 880 881 882 883 884 885 886 887 888 889 890 891 892 893 894 895 896 897 898 899 900 901 902 903 904 905 906 907 908 909 910 911 912 913 914 915 916 917 918 919 920 921 922 923 924 925 926 927 928 929 930 931 932 933 934 935 936 937 938 939 940 941 942 943 944 945 946 947 948 949 950 951 952 953 954 955 956 957 958 959 960 961 962 963 964 965 966 967 968 969 970 971 972 973 974 975 976 977 978 979 980 981 982 983 984 985 986 987 988 989 990 991 992 993 994 995 996 997 998 999 1000