Novelas ejemplares
Miguel de Cervantes Saavedra
NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* Las cursivas se muestran entre -subrayados- y las versalitas se
han convertido a MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.
* Se ha respetado la ortografía del original, que difiere de la
actual.
* Se han completado los emparejamientos de comillas, paréntesis,
admiraciones e interrogaciones y se han añadido tildes a las
mayúsculas iniciales que las necesitan.
* Para facilitar la lectura se han troceado los párrafos muy
largos, introduciendo puntos y aparte y rayas de diálogo en los
lugares en que los introduce la edición crítica de García López,
2005.
* También se han expandido las abreviaturas de los perros «Cipion»
y «Berganza» en el Coloquio correspondiente.
* Las notas a pie de página se han renumerado y colocado al final
del libro.
COLECCION DE AUTORES ESPAÑOLES.
TOMO XXV.
NOVELAS EJEMPLARES
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
LEIPZIG:
F. A. BROCKHAUS.
--
1883.
DEDICATORIA
Á D. PEDRO FERNÁNDEZ DE CASTRO,
CONDE DE LEMOS, DE ANDRADE Y DE VILLALBA, etc.
En dos errores casi de ordinario caen los que dedican sus obras á
algun príncipe. El primero es que en la carta que llaman dedicatoria,
que ha de ser breve y sucinta, muy de propósito y espacio, ya
llevados de la verdad ó de la lisonja, se dilatan en ella en traerle
á la memoria, no solo las hazañas de sus padres y abuelos, sino
las de todos sus parientes, amigos y bienhechores. Es el segundo
decirles que las ponen debajo de su proteccion y amparo, porque
las lenguas maldicientes y murmuradoras no se atrevan á morderlas
y lacerarlas. Yo, pues, huyendo destos dos inconvenientes, paso en
silencio aquí las grandezas y títulos de la antigua y real casa de
vuestra Escelencia, con sus infinitas virtudes, así naturales como
adquiridas, dejándolas á que los nuevos Fidias y Lisipos busquen
mármoles y bronces adonde grabarlas y esculpirlas, para que sean
émulas á la duracion de los tiempos. Tampoco suplico á vuestra
Escelencia reciba en su tutela este libro, porque sé que si él no es
bueno, aunque le ponga debajo de las alas del hipógrifo de Astolfo,
y á la sombra de la clava de Hércules, no dejarán los Zoilos, los
Cínicos, los Aretinos y los Bernias de darse un filo en su vituperio,
sin guardar respeto á nadie. Solo suplico que advierta vuestra
Escelencia que le envío, como quien no dice nada, doce cuentos, que
á no haberse labrado en la oficina de mi entendimiento, presumieran
ponerse al lado de los mas pintados. Tales cuales son, allá van, y yo
quedo aquí contentísimo por parecerme que voy mostrando en algo el
deseo que tengo de servir á vuestra Escelencia, como á mi verdadero
señor y bienhechor mio. Guarde nuestro Señor, etc.
De Madrid á 13 de julio de 1613.
Criado de vuestra Escelencia.
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
PRÓLOGO.
Quisiera yo, si fuera posible (lector amantísimo) escusarme de escribir
este prólogo, porque no me fué tan bien con el que puse en mi -Don
Quijote-, que quedase con gana de segundar con este. De esto tiene
la culpa algun amigo de los muchos que en el discurso de mi vida he
granjeado ántes con mi condicion que con mi ingenio: el cual amigo
bien pudiera, como es uso y costumbre, grabarme y esculpirme en la
primera hoja de este libro, pues le diera mi retrato el famoso D. Juan
de Jauregui, y con esto quedara mi ambicion satisfecha, y el deseo de
algunos que querrian saber qué rostro y talle tiene quien se atreve
á salir con tantas invenciones en la plaza del mundo á los ojos de
las gentes, poniendo debajo del retrato: Este que veis aquí de rostro
aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres
ojos, y de nariz corva aunque bien proporcionada, las barbas de plata,
que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca
pequeña, los dientes no crecidos, porque no tiene sino seis y esos
mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia
los unos con los otros; el cuerpo entre dos estremos, ni grande ni
pequeño, la color viva, ántes blanca que morena, algo cargado de
espaldas, y no muy lijero de piés: este digo, que es el rostro del
autor de -La Galatea- y de -Don Quijote de la Mancha-, y del que hizo
el -Viaje del Parnaso- á imitacion del de César Caporal Perusino, y
otras obras que andan por ahí descarriadas, y quizá sin el nombre de
su dueño; llámase comunmente MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA: fué soldado
muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió á tener paciencia
en las adversidades: perdió en la batalla naval de Lepanto la mano
izquierda de un arcabuzazo; herida, que aunque parece fea, él la tiene
por hermosa, por haberla cobrado en la mas memorable y alta ocasion
que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando
debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra,
Cárlos V, de felice memoria; y cuando á la de este amigo, de quien me
quejo, no ocurrieran otras cosas de las dichas que decir de mí, yo
me levantara á mí mismo dos docenas de testimonios, y se los dijera
en secreto; con que estendiera mi nombre y acreditara mi ingenio;
porque pensar que dicen puntualmente la verdad los tales elogios, es
disparate, por no tener punto preciso ni determinado las alabanzas ni
los vituperios.
En fin, pues ya esta ocasion se pasó, y yo he quedado en blanco y sin
figura, será forzoso valerme por mi pico, que aunque tartamudo, no lo
será para decir verdades, que dichas por señas suelen ser entendidas. Y
así te digo (otra vez lector amable) que destas novelas que te ofrezco,
en ningun modo podrás hacer pepitoria, porque no tienen piés ni cabeza,
ni entrañas, ni cosa que les parezca: quiero decir, que los requiebros
amorosos que en algunas hallarás, son tan honestos y tan medidos con la
razon y discurso cristiano, que no podrán mover á mal pensamiento al
descuidado ó cuidadoso que las leyere.
Héles dado el nombre de -Ejemplares-, y si bien lo miras, no hay
ninguna de quien no se pueda sacar un ejemplo provechoso; y si
no fuera por no alargar este sujeto, quizá te mostrara el sabroso
y honesto fruto que se podria sacar, así de todas juntas, como
de cada una de por sí. Mi intento ha sido poner en la plaza de
nuestra república una mesa de trucos, donde cada uno pueda llegar á
entretenerse sin daño de barras: digo, sin daño del alma ni del cuerpo,
porque los ejercicios honestos y agradables ántes aprovechan que dañan.
Sí; que no siempre se está en los templos, no siempre se ocupan los
oratorios, no siempre se asiste á los negocios por calificados que
sean: horas hay de recreacion, donde el afligido espíritu descanse:
para este efeto se plantan las alamedas, se buscan las fuentes, se
allanan las cuestas, y se cultivan con curiosidad los jardines. Una
cosa me atreveré á decirte: que si por algun modo alcanzara que la
leccion de estas novelas pudiera inducir á quien las leyera á algun mal
deseo ó pensamiento, ántes me cortara la mano con que las escribí, que
sacarlas en público: mi edad no está ya para burlarse con la otra vida,
que al cincuenta y cinco de los años gano por nueve mas, y por la mano.
Á esto se aplicó mi ingenio, por aquí me lleva mi inclinacion, y
mas que me doy á entender (y es así) que yo soy el primero que he
novelado en lengua castellana; que las muchas novelas que en ella andan
impresas, todas son traducidas de lenguas estranjeras, y estas son mias
propias, no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró y las parió
mi pluma, y van creciendo en los brazos de la estampa. Tras ellas, si
la vida no me deja, te ofrezco los -Trabajos de Pérsiles-, libro que
se atreve á competir con Heliodoro, si ya por atrevido no sale con
las manos en la cabeza: y primero verás, y con brevedad, dilatadas
las hazañas de -Don Quijote- y donaires de Sancho Panza; y luego las
-Semanas del Jardin-.
Mucho prometo con fuerzas tan pocas como las mias; pero ¿quién pondrá
rienda á los deseos? Solo esto quiero que consideres: que pues yo he
tenido osadía de dirigir estas novelas al gran conde de Lemos, algun
misterio tienen escondido, que las levanta.
No mas, sino que Dios te guarde, y á mí me dé paciencia para llevar
bien el mal que han de decir de mí mas de cuatro sotiles y almidonados.
Vale.
ÍNDICE.
Pág.
DEDICATORIA V
PRÓLOGO VII
LA JITANILLA 1
EL AMANTE LIBERAL 49
RINCONETE Y CORTADILLO 87
LA ESPAÑOLA INGLESA 116
EL LICENCIADO VIDRIERA 149
LA FUERZA DE LA SANGRE 169
EL CELOSO ESTREMEÑO 185
LA ILUSTRE FREGONA 213
LAS DOS DONCELLAS254
LA SEÑORA CORNELIA 285
EL CASAMIENTO ENGAÑOSO 314
COLOQUIO QUE PASÓ ENTRE CIPION Y BERGANZA324
LA TIA FINGIDA373
LA JITANILLA.
Parece que los jitanos y jitanas solamente nacieron en el mundo para
ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian
para ladrones, y finalmente salen con ser ladrones corrientes y
molientes á todo ruedo; y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos
como accidentes inseparables que no se quitan sino con la muerte.
Una pues de esta nacion, jitana vieja, que podia ser jubilada en la
ciencia de Caco, crió una muchacha en nombre de nieta suya, á quien
puso por nombre Preciosa, y á quien enseñó todas sus jitanerías y
modos de embelecos y trazas de hurtar. Salió la tal Preciosa la mas
única bailadora que se hallaba en todo el jitanismo, y la mas hermosa
y discreta que pudiera hallarse, no entre los jitanos, sino entre
cuantas hermosas y discretas pudiera pregonar la fama. Ni los soles,
ni los aires, ni todas las inclemencias del cielo, á quien mas que
otras gentes están sujetos los jitanos, pudieron deslustrar su rostro
ni curtir sus manos; y lo que es mas, que la crianza tosca en que se
criaba, no descubria en ella sino ser nacida de mayores prendas que de
jitana, porque era en estremo cortés y bien razonada: y con todo esto
era algo desenvuelta, pero no de modo que descubriese algun género de
deshonestidad; ántes con ser aguda era tan honesta, que en su presencia
no osaba alguna jitana vieja ni moza cantar cantares lascivos, ni decir
palabras no buenas: y finalmente, la abuela conoció el tesoro que
en la nieta tenia, y así determinó el águila vieja sacar á volar su
aguilucho, y enseñarle á vivir por sus uñas.
Salió Preciosa rica de villancicos, de coplas, seguidillas y zarabandas
y de otros versos, especialmente de romances, que los cantaba con
especial donaire; porque su taimada abuela echó de ver que tales
juguetes y gracias en los pocos años y en la mucha hermosura de su
nieta habian de ser felicísimos atractivos é incentivos para acrecentar
su caudal; y ansí se los procuró y buscó por todas las vias que pudo; y
no faltó poeta que se los diese; que tambien hay poetas que se acomodan
con jitanos, y les venden sus obras, como los hay para ciegos, que les
fingen milagros, y van á la parte de la ganancia: de todo hay en el
mundo, y esto de la hambre tal vez hace arrojar los ingenios á cosas
que no están en el mapa.
Crióse Preciosa en diversas partes de Castilla, y á los quince años de
su edad su abuela putativa la volvió á la corte y á su antiguo rancho,
que es donde ordinariamente le tienen los jitanos, en los campos de
Santa Bárbara, pensando en la corte vender su mercadería, donde todo
se compra y todo se vende. Y la primera entrada que hizo Preciosa en
Madrid, fué un dia de Santa Ana, patrona y abogada de la villa, con una
danza en que iban ocho jitanas, cuatro ancianas y cuatro muchachas, y
un jitano, gran bailarin, que las guiaba; y aunque todas iban limpias
y bien aderezadas, el aseo de Preciosa era tal que poco á poco fué
enamorando los ojos de cuantos la miraban. De entre el son del tamboril
y castañetas y fuga del baile salió un rumor que encarecia la belleza y
donaire de la Jitanilla, y corrian los muchachos á verla, y los hombres
á mirarla; pero cuando la oyeron cantar, por ser la danza cantada, allí
fué ello, allí sí que cobró aliento la fama de la Jitanilla, y de comun
consentimiento de los diputados de la fiesta desde luego le señalaron
el premio y joya de la mejor danza; y cuando llegaron á hacerla en la
iglesia de Santa María delante de la imágen de la gloriosa Sta. Ana,
despues de haber bailado todas, tomó Preciosa unas sonajas, al son de
las cuales, dando en redondo largas y lijerísimas vueltas, cantó el
romance siguiente:
Árbol preciosísimo,
Que tardó en dar fruto
Años que pudieron
Cubrirle de luto,
Y hacer los deseos
Del consorte puros,
Contra su esperanza
No muy bien seguros:
De cuyo tardarse
Nació aquel disgusto,
Que lanzó del templo
Al varon mas justo:
Santa tierra estéril,
Que al cabo produjo
Toda la abundancia
Que sustenta el mundo:
Casa de moneda
Do se forjó el cuño
Que dió á Dios la forma,
Que como hombre tuvo:
Madre de una hija,
En quien quiso y pudo
Mostrar Dios grandezas
Sobre humano curso:
Por vos y por ella
Sois, Ana, el refugio,
Do van por remedio
Nuestros infortunios.
En cierta manera
Teneis, no lo dudo,
Sobre el nieto imperio
Piadoso y justo.
Á ser comunera
Del alcázar sumo,
Fueran mil parientes
Con vos de consuno.
¡Qué hija! ¡qué nieto!
Y ¡qué yerno! Al punto,
Á ser causa justa,
Cantárades triunfos.
Pero vos humilde
Fuisteis el estudio,
Donde vuestra Hija
Hizo humildes cursos.
Y ahora á su lado
Á Dios el mas junto
Gozais del alteza
Que apénas barrunto.
El cantar de Preciosa fué para admirar á cuantos la escuchaban. Unos
decian: Dios te bendiga, la muchacha. Otros: Lástima es que esta
mozuela sea jitana; en verdad, en verdad que merecia ser hija de un
gran señor. Otros habia mas groseros que decian: Dejen crecer á la
rapaza, que ella hará de las suyas; á fe que se va añudando en ella
gentil barredera para pescar corazones. Otro mas humano, mas basto y
mas modorro, viéndola andar tan lijera en el baile, le dijo: Á ello,
hija, á ello, andad, amores, y pisad el polvito á tan menudito. Y ella
respondió sin dejar el baile: Y pisarélo yo á tan menudó.
Acabáronse las vísperas y la fiesta de Sta. Ana, y quedó Preciosa
algo cansada, pero tan celebrada de hermosa, de aguda y de discreta
y bailadora, que á corrillos se hablaba della en toda la corte. De
allí á quince dias volvió á Madrid, como tenia de costumbre, con otras
tres muchachas con sonajas y con un baile nuevo, todas apercebidas
de romances y de cantarcillos alegres, pero todos honestos; que no
consentia Preciosa que las que fuesen en su compañía cantasen cantares
descompuestos, ni ella los cantó jamas, y muchos miraron en ello, y la
tuvieron en mucho. Nunca se apartaba della la jitana vieja, hecha su
Argos, temerosa no se la despabilasen y traspusiesen; llamábala nieta,
y ella la tenia por abuela. Pusiéronse á bailar á la sombra en la calle
de Toledo por complacer á los que las miraban, y de los que las venian
siguiendo se hizo luego un gran corro; y en tanto que bailaban, la
vieja pedia limosna á los circunstantes, y llovian en ella ochavos y
cuartos como piedras á tablado; que tambien la hermosura tiene fuerza
de despertar la caridad dormida.
Acabado el baile, dijo Preciosa:
--Si me dan cuatro cuartos, les cantaré un romance yo sola, lindísimo
en estremo, que trata de cuando la reina nuestra señora Doña Margarita
salió á misa de parida en Valladolid, y fué á San Llorente: dígoles que
es famoso, y compuesto por un poeta de los del número, como capitan del
batallon.
Apénas hubo dicho esto cuando casi todos los que en la rueda estaban
dijeron á voces:
--¡Cántale, Preciosa, y ves aquí mis cuatro cuartos!
Y así granizaron sobre ella cuartos, que la vieja no se daba manos
á cogerlos. Hecho pues su agosto y su vendimia, repicó Preciosa sus
sonajas, y al tono correntío y loquesco cantó el siguiente romance:
Salió á misa de parida
La mayor reina de Europa,
En el valor y en el nombre
Rica y admirable joya.
Como los ojos se lleva,
Se lleva las almas todas
De cuantos miran y admiran
Su devocion y su pompa.
Y para mostrar que es parte
Del cielo en la tierra toda,
Á un lado lleva el sol de Austria,
Al otro la tierna aurora.
Á sus espaldas la sigue
Un lucero que á deshora
Salió la noche del dia
Que el cielo y la tierra lloran.
Y si en el cielo hay estrellas
Que lucientes carros forman,
En otros carros su cielo
Vivas estrellas adornan.
Aquí el anciano Saturno
La barba pule y remoza,
Y aunque tardo, va lijero;
Que el placer cura la gota.
El dios parlero va en lenguas
Lisonjeras y amorosas,
Y Cupido en cifras varias,
Que rubíes y perlas bordan.
Allí va el furioso Marte
En la persona curiosa
De mas de un gallardo jóven
Que de su sombra se asombra.
Junto á la casa del sol
Va Júpiter; que no hay cosa
Difícil á la privanza
Fundada en prudentes obras.
Va la luna en las mejillas
De una y otra humana diosa,
Vénus casta en la belleza
De las que este cielo forman.
Pequeñuelos Ganimédes
Cruzan, van, vuelven y tornan
Por el cinto tachonado
Desta esfera milagrosa.
Y para que todo admire
Y todo asombre, no hay cosa
Que de liberal no pase
Hasta el estremo de pródiga.
Milan con sus ricas telas
Allí va en vista curiosa,
Las Indias con sus diamantes,
Y Arabia con sus aromas.
Con los mal intencionados
Va la envidia mordedora,
Y la bondad en los pechos
De la lealtad española.
La alegría universal
Huyendo de la congoja,
Calles y plazas discurre,
Descompuesta y casi loca.
Á mil mudas bendiciones
Abre el silencio la boca,
Y repiten los muchachos
Lo que los hombres entonan.
Cuál dice:--Fecunda vid,
Crece, sube, abraza y toca
El olmo felice tuyo,
Que mil siglos te haga sombra.
Para gloria de tí misma,
Para bien de España y honra,
Para arrimo de la Iglesia,
Para asombro de Mahoma.--
Otra lengua clama y dice:
--Vivas, ó blanca paloma
Que nos has dado por crias
Águilas de dos coronas,
Para ahuyentar de los aires
Las de rapiña furiosas,
Para cubrir con sus alas
Á las virtudes medrosas.--
Otra mas discreta y grave,
Mas aguda y mas curiosa
Dice, vertiendo alegría
Por los ojos y la boca:
--Esta perla que nos diste,
Nácar de Austria, única y sola,
¡Qué de máquinas que rompe!
¡Qué de designios que corta!
¡Qué de esperanzas que infunde!
¡Qué de deseos malogra!
¡Qué de temores aumenta!
¡Qué de preñados aborta!--
En esto se llegó al templo
Del fénix santo que en Roma
Fué abrasado, y quedó vivo
En la fama y en la gloria.
Á la imágen de la vida,
Á la del cielo Señora,
Á la que por ser humilde,
Las estrellas pisa ahora:
Á la Madre y Vírgen junto,
Á la Hija y á la Esposa
De Dios, hincada de hinojos
Margarita así razona:
--Lo que me has dado te doy,
Mano siempre dadivosa;
Que á do falta el favor tuyo
Siempre la miseria sobra.
Las primicias de mis frutos
Te ofrezco, Vírgen hermosa:
Tales cuales son las mira,
Recibe, ampara y mejora.
Á su padre te encomiendo;
Que humano Atlante se encorva
Al peso de tantos reinos
Y de climas tan remotas.
Sé que el corazon del Rey
En las manos de Dios mora,
Y sé que puedes con Dios
Cuánto pidieres piadosa.--
Acabada esta oracion,
Otra semejante entonan
Himnos y voces que muestran
Que está en el suelo su gloria.
Acabados los oficios,
Con reales ceremonias
Volvió á su punto este cielo
Y esfera maravillosa.
Apénas acabó Preciosa su romance, cuando del ilustre auditorio y grave
senado que la oia, de muchas se formó una voz sola que dijo:
--Torna á cantar, Preciosa, que no faltarán cuartos como tierra.
Mas de doscientas personas estaban mirando el baile, y escuchando el
canto de las jitanas, y en la mayor fuga dél acertó á pasar por allí
uno de los tinientes de la villa, y viendo tanta gente junta, preguntó
qué era: y fuéle respondido que estaban escuchando á la Jitanilla
hermosa que cantaba. Llegóse el tiniente, que era curioso, y escuchó un
rato, y por no ir contra su gravedad, no escuchó el romance hasta la
fin: y habiéndole parecido por estremo bien la Jitanilla, mandó á un
paje suyo dijese á la jitana vieja que al anochecer fuese á su casa con
las jitanillas, que queria que las oyese Doña Clara su mujer. Hízolo
así el paje, y la vieja dijo que sí iria.
Acabaron el baile y el canto, y mudaron lugar; y en esto llegó un paje
muy bien aderezado á Preciosa, y dándole un papel doblado, le dijo:
--Preciosica, canta el romance que aquí va, porque es muy bueno, y yo
te daré otros de cuando en cuando, con que cobres fama de la mejor
romancera del mundo.
--Eso aprenderé yo de muy buena gana, respondió Preciosa; y mire,
señor, que no me deje de dar los romances que dice, con tal condicion
que sean honestos; y si quiere que se los pague, concertémonos por
docenas, y docena cantada docena pagada; porque pensar que le tengo de
pagar adelantado, es pensar lo imposible.
--Para papel siquiera que me dé la señora Preciosica, dijo el paje,
estaré contento: y mas, que el romance que no saliere bueno y honesto,
no ha de entrar en cuenta.
--Á la mia queda el escogerlos, respondió Preciosa.
Y con esto se fueron la calle adelante, y desde una reja llamaron unos
caballeros á las jitanas. Asomó Preciosa á la reja, que era baja, y vió
en una sala muy bien aderezada y muy fresca muchos caballeros que, unos
paseándose, y otros jugando á diversos juegos, se entretenian.
--¿Quiérenme dar barato, zeñores? dijo Preciosa, que como jitana
hablaba ceceoso, y esto es artificio en ellas que no naturaleza.
Á la voz de Preciosa y á su rostro dejaron los que jugaban el juego, y
el paseo los paseantes: y los unos y los otros acudieron á la reja por
verla, que ya tenian noticia della, y dijeron:
--Entren, entren las jitanillas, que aquí les daremos barato.
--Caro seria ello, respondió Preciosa, si nos pellizcasen.
--No, á fe de caballeros, respondió uno; bien puedes entrar, niña,
segura que nadie te tocará á la vira de tu zapato; no, por el hábito
que traigo en el pecho.
Y púsose la mano sobre uno de Calatrava.
--Si tú quieres entrar, Preciosa, dijo una de las tres jitanillas que
iban con ella, entra enhorabuena, que yo no pienso entrar adonde hay
tantos hombres.
--Mira, Cristina, respondió Preciosa: de lo que te has de guardar es de
un hombre solo y á solas, y no de tantos juntos; porque ántes el ser
muchos quita el miedo y recelo de ser ofendidas. Advierte, Cristinica,
y está cierta de una cosa: que la mujer que se determina á ser honrada,
entre un ejército de soldados lo puede ser. Verdad es que es bueno huir
de las ocasiones; pero han de ser de las secretas y no de las públicas.
--Entremos, Preciosa, dijo Cristina, que tú sabes mas que un sabio.
Animólas la jitana vieja, y entraron: y apénas hubo entrado Preciosa,
cuando el caballero del hábito vió el papel que traia en el seno, y
llegándose á ella, se le tomó, y dijo Preciosa:
--Y no me le tome, señor, que es un romance que me acaban de dar ahora,
que aun no le he leido.
--Y ¿sabes tú leer, hija? dijo uno.
--Y escribir, respondió la vieja, que á mi nieta la he criado yo como
si fuera hija de un letrado.
Abrió el caballero el papel, y vió que venia dentro dél un escudo de
oro, y dijo:
--En verdad, Preciosa, que trae esta carta el porte dentro: toma este
escudo que en el romance viene.
--Basta, dijo Preciosa, que me ha tratado de pobre el poeta; pues
cierto que es mas milagro darme á mí un poeta un escudo, que yo
recebirle: si con esta añadidura han de venir sus romances, traslade
todo el Romancero general, y enviémelos uno á uno, que yo les tentaré
el pulso, y si vinieren duros, seré yo blanda en recebillos.
Admirados quedaron los que oian á la jitanica, así de su discrecion
como del donaire con que hablaba.
--Lea, señor, dijo ella, y lea alto, veremos si es tan discreto ese
poeta, como es liberal.
Y el caballero leyó así:
Jitanica, que de hermosa
Te pueden dar parabienes,
Por lo que de piedra tienes
Te llama el mundo Preciosa.
De esta verdad me asegura
Esto, como en tí verás:
Que no se apartan jamas
La esquivez y la hermosura.
Si como en valor subido,
Vas creciendo en arrogancia,
No le arriendo la ganancia
Á la edad en que has nacido.
Que un basilisco se cria
En tí que mata mirando,
Y un imperio, que aunque blando,
Nos parezca tiranía.
Entre pobres y aduares
¿Cómo nació tal belleza?
¿Ó cómo crió tal pieza
El humilde Manzanares?
Por esto será famoso
Á par del Tajo dorado,
Y por Preciosa preciado
Mas que el Gánges caudaloso.
Dices la buenaventura,
Y dasla mala contino;
Que no van por un camino
Tu intencion y tu hermosura.
Porque en el peligro fuerte
De mirarte ó contemplarte,
Tu intencion va á desculparte,
Y tu hermosura á dar muerte.
Dicen que son hechiceras
Todas las de tu nacion;
Pero tus hechizos son
De mas fuerzas y mas veras;
Pues por llevar los despojos
De todos cuantos te ven,
Haces, ó niña, que estén
Los hechizos en tus ojos.
En sus fuerzas te adelantas,
Pues bailando nos admiras,
Y nos matas, si nos miras,
Y nos encantas, si cantas.
De cien mil modos hechizas,
Hables, calles, cantes, mires,
Ó te acerques ó retires,
El fuego de amor atizas.
Sobre el mas exento pecho
Tienes mando y señorío;
De lo que es testigo el mio,
De tu imperio satisfecho.
Preciosa joya de amor,
Esto humildemente escribe
El que por tí muere y vive
Pobre, aunque humilde amador.
--En pobre acaba el último verso, dijo á esta sazon Preciosa, mala
señal; nunca los enamorados han de decir que son pobres, porque á los
principios á mi parecer la pobreza es muy enemiga del amor.
--¿Quién te enseña eso, rapaza? dijo uno.
--¿Quién me lo ha de enseñar? respondió Preciosa; ¿no tengo yo mi alma
en mi cuerpo? ¿no tengo ya quince años? No soy manca, ni ronca, ni
estropeada del entendimiento: los ingenios de las jitanas van por otro
norte que los de las demas gentes; siempre se adelantan á sus años,
no hay jitano necio, ni jitana lerda; que como el sustentar su vida
consiste en ser agudos, astutos y embusteros, despabilan el ingenio
á cada paso, y no dejan que crie moho en ninguna manera. ¿Ven estas
muchachas mis compañeras, que están callando, y parecen bobas? pues
éntrenles el dedo en la boca, y tiéntenlas las cordales, y verán lo
que verán: no hay muchacha de doce que no sepa lo que de veinticinco,
porque tienen por maestros y preceptores al diablo y al uso, que les
enseña en una hora lo que habian de aprender en un año.
Con esto que la Jitanilla decia, tenia suspensos á los oyentes, y los
que jugaban le dieron barato, y aun los que no jugaban. Cogió la hucha
de la vieja treinta reales, y mas rica y mas alegre que una pascua de
flores, antecogió sus corderas, y fuese en casa del señor tiniente,
quedando que otro dia volveria con su manada á dar contento á aquellos
tan liberales señores.
Ya tenia aviso la señora Doña Clara, mujer del señor tiniente, como
habian de ir á su casa las jitanillas, y estábalas esperando como agua
de mayo ella y sus doncellas y dueñas, con las de otra señora vecina
suya, que todas se juntaron para ver á Preciosa; y apénas hubieron
entrado las jitanas, cuando entre las demas resplandeció Preciosa,
como la luz de una antorcha entre otras luces menores; y así corrieron
todas á ella: unas la abrazaban, otras la miraban, estas la bendecian,
aquellas la alababan. Doña Clara decia:
--Este sí que se puede decir cabello de oro, estos sí que son ojos de
esmeraldas.
La señora su vecina la desmenuzaba toda, y hacia pepitoria de todos sus
miembros y coyunturas; y llegando á alabar un pequeño hoyo que Preciosa
tenia en la barba, dijo:
--¡Ay qué hoyo! en este hoyo han de tropezar cuantos ojos le miraren.
Oyó esto un escudero de brazo de la señora Doña Clara, que allí estaba,
de luenga barba y largos años, y dijo:
--¿Ese llama vuesa merced hoyo, señora mia? pues yo sé poco de hoyos,
ó ese no es hoyo, sino sepultura de deseos vivos: por Dios tan linda
es la Jitanilla, que hecha de plata ó de alcorza no podria ser mejor.
¿Sabes decir la buenaventura, niña?
--De tres ó cuatro maneras, respondió Preciosa.
--Y ¿eso mas? dijo Doña Clara, por vida del tiniente mi señor, que me
la has de decir, niña de oro, y niña de plata, y niña de perlas, y niña
de carbunclos, y niña del cielo, que es lo mas que puedo decir.
--Denle, denle la palma de la mano á la niña, y con qué haga la cruz,
dijo la vieja, y verán qué de cosas les dice; que sabe mas que un dotor
de melecina.
Echó mano á la faldriquera la señora tinienta, y halló que no tenia
blanca: pidió un cuarto á sus criadas, y ninguna le tuvo, ni la señora
vecina tampoco. Lo cual, visto por Preciosa, dijo:
--Todas las cruces en cuanto cruces son buenas; pero las de plata ó de
oro son mejores, y el señalar la cruz en la palma de la mano con moneda
de cobre, sepan vuesas mercedes que menoscaba la buenaventura, por lo
ménos la mia: y así tengo aficion á hacer la cruz primera con algun
escudo de oro, ó con algun real de á ocho, ó á lo ménos de á cuatro;
que soy como los sacristanes que cuando hay buena ofrenda se regocijan.
--Donaire tienes, niña, por tu vida, dijo la señora vecina.
Y volviéndose al escudero le dijo:
--Vos, señor Contreras, ¿tendréis á mano algun real de á cuatro?
dádmele, que en viniendo el dotor mi marido os le volveré.
--Sí tengo, respondió Contreras, pero téngole empeñado en veinte y dos
maravedís que cené anoche: dénmelos, que yo iré por él en volandas.
--No tenemos entre todas un cuarto, dijo Doña Clara, ¿y pedís veinte y
dos maravedís? Andad, Contreras, que siempre fuisteis impertinente.
Una doncella de las presentes, viendo la esterilidad de la casa, dijo á
Preciosa:
--Niña, ¿hará algo al caso que se haga la cruz con un dedal de plata?
Antes, respondió Preciosa, se hacen las cruces mejores del mundo con
dedales de plata, como sean muchos.
--Uno tengo yo, replicó la doncella; si este basta, héle aquí, con
condicion que tambien se me ha de decir á mí la buenaventura.
--¡Por un dedal tantas buenasventuras! dijo la jitana vieja: nieta,
acaba presto, que se hace noche.
Tomó Preciosa el dedal, y la mano de la señora tinienta, y dijo:
Hermosita, hermosita,
La de las manos de plata,
Mas te quiere tu marido
Que al rey de las Alpujarras.
Eres paloma sin hiel,
Pero á veces eres brava
Como leona de Oran,
Ó como tigre de Ocaña.
Pero en un tras, en un tris,
El enojo se te pasa,
Y quedas como alfeñique,
Ó como cordera mansa.
Riñes mucho, y comes poco;
Algo celosita andas;
Que es jugueton el tiniente,
Y quiere arrimar la vara.
Cuando doncella te quiso
Uno de una buena cara;
Que mal hayan los terceros
Que los gustos desbaratan.
Si á dicha tú fueras monja,
Hoy tu convento mandaras,
Porque tienes de abadesa
Mas de cuatrocientas rayas.
No te lo quiero decir,
Pero poco importa, vaya,
Enviudarás otra vez,
Y otras dos serás casada.
No llores, señora mia,
Que no siempre las jitanas
Decimos el Evangelio;
No llores, señora, acaba.
Como te mueras primero
Que el señor tiniente, basta
Para remediar el daño
De la viudez que amenaza.
Has de heredar y muy presto
Hacienda en mucha abundancia;
Tendrás un hijo canónigo,
La iglesia no se señala,
De Toledo no es posible.
Una hija rubia y blanca
Tendrás, que si es religiosa,
Tambien vendrá á ser prelada.
Si tu esposo no se muere
Dentro de cuatro semanas,
Verásle corregidor
De Búrgos ó Salamanca.
Un lunar tienes: ¡qué lindo!,
¡Ay Jesus, qué luna clara!
¡Qué sol, que allá en los antipodas
Escuros valles aclara!
Mas de dos ciegos por verle
Dieran mas de cuatro blancas:
Agora si es la risica;
¡Ay, que bien haya esa gracia!
Guárdate de las caidas,
Principalmente de espaldas;
Que suelen ser peligrosas
En las principales damas.
Cosas hay mas que decirte:
Si para el viérnes me aguardas,
Las oirás, que son de gusto,
Y algunas hay de desgracias.
Acabó su buenaventura Preciosa, y con ella encendió el deseo de todas
las circunstantes en querer saber la suya, y así se lo rogaron todas;
pero ella las remitió para el viérnes venidero, prometiéndole que
tendrian reales de plata para hacer las cruces.
En esto vino el señor tiniente, á quien contaron maravillas de la
Jitanilla: él las hizo bailar un poco, y confirmó por verdaderas y bien
dadas las alabanzas que á Preciosa habian dado: y poniendo la mano en
la faldriquera, hizo señal de querer darle algo; y habiéndola espulgado
y sacudido, y rascado muchas veces, al cabo sacó la mano vacía, y dijo:
--Por Dios que no tengo blanca, dadle vos, doña Clara, un real á
Preciosica, que os le daré despues.
--Bueno es eso, señor, por cierto; sí, ahí está el real de manifiesto:
no hemos tenido entre todas nosotras un cuarto para hacer la señal de
la cruz, ¿y quiere que tengamos un real?
--Pues dadle alguna valoncica vuestra, ó alguna cosa, que otro dia nos
volverá á ver Preciosa, y la regalaremos mejor.
Á lo cual dijo Doña Clara:
--Pues porque otra vez venga, no quiero dar nada ahora á Preciosa.
--Antes si no me dan nada, dijo Preciosa, nunca mas volveré acá: mas,
sí, volveré á servir á tan principales señores; pero traeré tragado que
no me han de dar nada, y ahorraréme la fatiga del esperarlo. Coheche
vuesa merced, señor tiniente, coheche y tendrá dineros, y no haga usos
nuevos, que morirá de hambre. Mire, señor; por ahí he oido decir (y
aunque moza, entiendo que no son buenos dichos) que de los oficios se
ha de sacar dineros para pagar las condiciones de las residencias, y
para pretender otros cargos.
--Así lo dicen y lo hacen los desalmados, replicó el tiniente; pero el
juez que da buena residencia, no tendrá que pagar condenacion alguna, y
el haber usado bien su oficio, será el valedor para que le den otro.
--Habla vuesa merced muy á lo santo, señor tiniente, respondió
Preciosa; ándese á eso, y cortarémosle de los harapos para reliquias.
--Mucho sabes, Preciosa, dijo el tiniente: calla, que yo daré traza que
sus Majestades te vean, porque eres pieza de reyes.
--Querránme para truhana, respondió Preciosa, y yo no lo sabré ser, y
todo irá perdido; si me quisiesen para discreta, aun llevarmeian; pero
en algunos palacios mas medran los truhanes que los discretos: yo me
hallo bien con ser jitana y pobre, y corra la suerte por donde el cielo
quisiere.
--Ea, niña, dijo la jitana vieja, no hables mas, que has hablado mucho,
y sabes mas de lo que yo te he enseñado; no te asotiles tanto, que te
despuntarás: habla de aquello que tus años permiten, y no te metas en
altanerías, que no hay ninguna que no amenace caida.
--El diablo tienen estas jitanas en el cuerpo, dijo á esta sazon el
tiniente.
Despidiéronse las jitanas, y al irse dijo la doncella del dedal:
--Preciosa, díme la buenaventura, ó vuélveme mi dedal, que no me queda
con que hacer labor.
--Señora doncella, respondió Preciosa, haga cuenta que se la he dicho,
y provéase de otro dedal, ó no haga vainillas hasta el viérnes, que yo
volveré, y le diré mas venturas y aventuras que las que tiene un libro
de caballerías.
Fuéronse, y juntáronse con las muchas labradoras que á la hora de las
Avemarías suelen salir de Madrid, para volverse á sus aldeas, y entre
otras vuelven muchas, con quien siempre se acompañaban las jitanas, y
volvian seguras; porque la jitana vieja vivia en continuo temor no le
salteasen á su Preciosa.
Sucedió pues que la mañana de un dia que volvian á Madrid á coger la
garrama con las demas jitanillas, en un valle pequeño que está obra
de quinientos pasos ántes que se llegue á la villa, vieron un mancebo
gallardo y ricamente aderezado de camino: la espada y daga que traia
eran, como decir se suele, un ascua de oro: sombrero con rico cintillo,
y con plumas de diversas colores adornado. Repararon las jitanas en
viéndole, y pusiéronsele á mirar muy despacio, admiradas de que á tales
horas un tan hermoso mancebo estuviese en tal lugar á pié y solo. Él se
llegó á ellas, y hablando con la jitana mayor, le dijo:
--Por vida vuestra, amiga, que me hagais placer que vos y Preciosa me
oyais aquí aparte dos palabras, que serán de vuestro provecho.
--Como no nos desviemos mucho, ni nos tardemos mucho, sea en buen hora,
respondió la vieja.
Y llamando á Preciosa, se desviaron de las otras obra de veinte pasos,
y así en pié como estaban, el mancebo les dijo:
--Yo vengo de manera rendido á la discrecion y belleza de Preciosa,
que despues de haberme hecho mucha fuerza para escusar llegar á
este punto, al cabo he quedado mas rendido, y mas imposibilitado
de escusallo. Yo, señoras mias (que siempre os he dar este nombre,
si el cielo mi pretension favorece), soy caballero, como lo puede
mostrar el hábito; y apartando el herreruelo, descubrió en el pecho
uno de los mas calificados que hay en España: soy hijo de fulano (que
por buenos respetos aquí no se declara su nombre), estoy debajo de
su tutela y amparo: soy hijo único, y el que espera un razonable
mayorazgo: mi padre está aquí en la corte pretendiendo un cargo, y ya
está consultado, y tiene casi ciertas esperanzas de salir con él; y
con ser de la calidad y nobleza que os he referido, y de la que casi
se os debe ya de ir trasluciendo, con todo eso quisiera ser un gran
señor para levantar á mi grandeza la humildad de Preciosa, haciéndola
mi igual y mi señora: yo no la pretendo para burlalla, ni en las veras
del amor que la tengo puede caber género de burla alguna: solo quiero
servirla del modo que ella mas gustare: su voluntad es la mia; pero
con ella es de cera mi alma, donde podrá imprimir lo que quisiere,
y para conservarlo y guardarlo, no será como impreso en cera, sino
como esculpido en mármoles, cuya dureza se opone á la duracion de
los tiempos: si creeis esta verdad, no admitirá ningun desmayo mi
esperanza; pero si no me creeis, siempre me tendrá temeroso vuestra
duda: mi nombre es este, y díjoselo: el de mi padre ya os le he dicho:
la casa donde vive es en tal calle, y tiene tales y tales señas:
vecinos tiene de quien podréis informaros, y aun de los que no son
vecinos tambien; que no es tan escura la calidad y el nombre de mi
padre, y el mio, que no le sepan en los patios de Palacio, y aun en
toda la corte: cien escudos traigo aquí en oro para daros en arras y
señal de lo que pienso daros; porque no ha de negar la hacienda el que
da el alma.
En tanto que el caballero esto decia, le estaba mirando Preciosa
atentamente, y sin duda que no le debieron de parecer mal ni sus
razones ni su talle; y volviéndose á la vieja, le dijo:
--Perdóneme, abuela, de que me tome licencia para responder á este tan
enamorado señor.
--Responde lo que quisieres, nieta, respondió la vieja, que yo sé que
tienes discrecion para todo.
Y Preciosa dijo:
--Yo, señor caballero, aunque soy jitana, pobre y humildemente nacida,
tengo un cierto espiritillo fantástico acá dentro, que á grandes cosas
me lleva: á mí ni me mueven promesas, ni me desmoronan dádivas, ni me
inclinan sumisiones, ni me espantan finezas enamoradas: y aunque de
quince años (que segun la cuenta de mi abuela para este San Miguel los
haré), soy ya vieja en los pensamientos, y alcanzo mas de aquello que
mi edad promete, mas por mi buen natural que por la esperiencia; pero
con lo uno ó con lo otro sé que las pasiones amorosas en los recien
enamorados son como ímpetus indiscretos que hacen salir á la voluntad
de sus quicios, la cual atropellando inconvenientes, desatinadamente
se arroja tras su deseo, y pensando dar con la gloria de sus ojos, da
con el infierno de sus pesadumbres: si alcanza lo que desea, mengua el
deseo con la posesion de la cosa deseada, y quizá abriéndose entónces
los ojos del entendimiento, se ve ser bien que se aborrezca lo que
ántes se adoraba: este temor engendra en mí un recato tal, que ningunas
palabras creo, y de muchas obras dudo: una sola joya tengo, que la
estimo en mas que á la vida, que es la de mi entereza y virginidad, y
no la tengo de vender á precio de promesas ni dádivas, porque en fin
será vendida, y si puede ser comprada, será de muy poca estima: ni me
la han de llevar trazas ni embelecos, ántes pienso irme con ella á la
sepultura, y quizá al cielo, que ponerla en peligro que quimeras y
fantasías soñadas la embistan ó manoseen: flor es la de la virginidad
que á ser posible aun con la imaginacion no habia de dejar ofenderse:
cortada la rosa del rosal, ¡con qué brevedad y facilidad se marchita!
Este la toca, aquel la huele, el otro la deshoja, y finalmente, entre
las manos rústicas se deshace: si vos, señor, por sola esta prenda
venís, no la habeis de llevar sino atada con las ligaduras y lazos del
matrimonio; que si la virginidad se ha de inclinar, ha de ser á este
santo yugo, que entónces no seria perderla, sino emplearla en ferias
que felices ganancias prometen: si quisiéredes ser mi esposo, yo lo
seré vuestra; pero han de proceder muchas condiciones y averiguaciones
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