sudario para Laertes, II, 96 á 100; Haliterses vaticina la vuelta de Ulises, II, 163 á 177; responde Eurímaco que Ulises murió lejos de su patria, II, 182 y 183; Ulises, al embarcarse, había encomendado su casa á Méntor, II, 225 á 227; dice Méntor que no tanto aborrece á los pretendientes como á los otros ciudadanos, pues si aquéllos devoran la casa de Ulises, ponen á ventura sus cabezas, II, 233 á 241; responde Leócrito que si Ulises volviera y luchara con los pretendientes, sería muerto por éstos, II, 246 á 250; vanse los pretendientes á la casa de Ulises, II, 259; dice Méntor (Minerva) á Telémaco que, como no le falta del todo la inteligencia de Ulises, realizará el viaje á Pilos y á Esparta, II, 274 á 280; dice uno de los pretendientes que quizás Telémaco morirá en el viaje, vagando como Ulises, II, 333; pide Telémaco á Euriclea que le ponga en ánforas el vino que sea más suave después del que guarda para Ulises, II, 340 á 352; dice Euriclea que Ulises ha muerto en un pueblo ignoto, II, 366; Minerva va al palacio de Ulises y les infunde sueño á los pretendientes, II, 393 á 395; dice Telémaco á Néstor que ha ido á Pilos por si oyere hablar de Ulises, III, 81 á 84, y le ruega que, si el héroe le cumplió algún día una promesa, le relate ahora cuanto sepa del mismo, III, 98 á 101; dice Néstor que, mientras los aqueos permanecieron en Troya, nadie se igualó en prudencia con Ulises y que éste y él siempre estuvieron de acuerdo, III, 121 á 127; desde Ténedos, Ulises y los que le acompañaban volvieron á Troya para complacer á Agamenón, III, 162 á 164; desea Néstor que Minerva proteja á Telémaco como asistía á Ulises, III, 218 á 220; dice Menelao que por nadie llora tanto como por Ulises, IV, 104 á 112; Helena, al ver á Telémaco, nota la semejanza que tiene con el hijo de Ulises, IV, 141 á 146, y responde Menelao que también la había observado, IV, 147 á 154; dice Helena que no podría referir todos los trabajos de Ulises y cuenta cómo penetró en Troya disfrazado de mendigo, IV, 240 á 264; refiere Menelao lo que hizo Ulises, dentro del caballo de madera, cuando Helena llamaba desde fuera á los caudillos griegos, IV, 269 á 289; dice Telémaco á Menelao que, si Ulises le ha cumplido algún día una promesa, le refiera cuanto sepa del mismo, IV, 328 á 331; dice Menelao que Ulises, si vuelve, se vengará de los pretendientes, IV, 340 á 346; solázanse los pretendientes ante el palacio de Ulises cuando va á encontrarlos Noemón, IV, 625, y luego penetran en el mismo, IV, 674; pregunta Penélope á Medonte si le envían los pretendientes para decirles á las esclavas de Ulises que suspendan el trabajo, IV, 681 á 683; dice Penélope que Ulises á nadie hizo agravio, IV, 689 á 691; vase Medonte por la morada de Ulises, IV, 715; desea Penélope que Laertes se queje de que los pretendientes quieran exterminar el linaje de Ulises, IV, 739 á 741; Penélope ruega á Minerva que le salve el hijo, acordándose de los sacrificios que le ofrecía Ulises, IV, 762 á 765; en el concilio de los dioses, Minerva refiere los infortunios de Ulises, y Júpiter envía á Mercurio para que ordene á Calipso que despida á Ulises, V, 5 á 42; llega Mercurio á la gruta de Calipso, sin que encuentre á Ulises dentro de la misma, traslada á Calipso la orden de Júpiter, enfurécese la ninfa, y Mercurio le recomienda que despida pronto á Ulises y no se atraiga el enojo de Júpiter, V, 81 á 147; va Calipso al encuentro de Ulises, le dice que dejará que se vaya, le jura que no maquina nada malo contra él, y le proporciona lo que ha menester para fabricar una balsa, V, 148 á 261; Ulises se hace á la mar, navega diez y siete días y lo ve Neptuno, que promueve una tempestad; deshácese la balsa, Leucotea da un velo á Ulises para que sea insumergible, y por fin sale el héroe por la desembocadura de un río, sube á un altozano y se acuesta en un montón de hojarasca, V, 269 á 493; mientras Ulises duerme, Minerva, pensando en el regreso del mismo á su patria, va á encontrar á Nausícaa, VI, 1 á 14; cuando Nausícaa y sus criadas juegan á la pelota, hace Minerva que ésta caiga en el río para que las mujeres griten y despierten á Ulises, VI, 110 á 117; sale Ulises de la hojarasca, se presenta á Nausícaa y le dirige insinuantes palabras para que le dé un vestido y lo guíe á la ciudad, VI, 127 á 185; las esclavas, por orden de Nausícaa, entregan á Ulises un manto y una túnica y le invitan á bañarse; él les ruega que se aparten; se lava; Minerva le difunde una gracia divinal por la cabeza y los hombros; Nausícaa, que lo contempla admirada, desea tenerlo por marido, y manda á las siervas que le den de comer, VI, 211 á 246; Ulises come ávidamente y luego, por indicación de Nausícaa, sigue el carro en que va ésta con sus esclavas, y, al llegar al bosque de Minerva, se detiene y ora á la deidad, VI, 248 á 331; mientras Ulises ruega, Nausícaa llega al palacio, VII, 1 á 2; encamínase Ulises á la ciudad, se le hace encontradiza Minerva, transfigurada en una joven, le da noticias del país y lo lleva al palacio de Alcínoo, VII, 14 á 49; Ulises admira el palacio, entra en el mismo, póstrase á los pies de Arete y le suplica que lo conduzcan á la patria, VII, 81 á 83, 133 á 152; Alcínoo levanta á Ulises, lo hace sentar en la silla de Laodamante y manda que le den de comer, VII, 167 á 178; Ulises, contestando á Alcínoo, dice que no es un dios, sino el más desgraciado de los hombres y pide que lo lleven á su patria, VII, 207 á 225; Ulises se queda en el palacio y, respondiendo á las preguntas de Arete, cuenta cómo llegó desde la isla Ogigia al país de los feacios y cómo se presentó á Nausícaa, VII, 230 á 297; suplica á Alcínoo que no reprendan á ésta por no haberle llevado consigo, VII, 302 á 307; al oir que Alcínoo promete llevarlo á la patria, invoca á Júpiter para que dé gloria al rey y éste cumpla su promesa, VII, 329 á 333; las criadas invitan á Ulises á acostarse en la cama, y el héroe duerme debajo del pórtico del palacio de Alcínoo, VII, 340 á 345; levántase Ulises al día siguiente y, juntamente con el rey, se encamina al ágora, VIII, 3 á 6; Minerva, pensando en la vuelta de Ulises, exhorta á los feacios para que vayan al ágora, VIII, 7 á 14; Minerva difunde la gracia por la cabeza y los hombros de Ulises á fin de que les sea agradable á los feacios, VIII, 18 á 23; canta Demódoco la disputa de Ulises y Aquiles, y Ulises, al oirle, llora, VIII, 73 á 92; Laodamante invita á Ulises á probarse en los juegos y el héroe se excusa; pero, al reprochárselo Euríalo, toma el disco, lo tira más lejos que nadie y desafía á los feacios á probarse con él en toda clase de juegos, sin exceptuar más que á Laodamante, VIII, 143 á 233; contempla Ulises con admiración las mudanzas que hacen con los pies los danzadores feacios, VIII, 264 y 265; huélgase Ulises de oir cantar á Demódoco, que refiere los amores de Marte y Venus, VIII, 367 y 368; expresa Ulises á Alcínoo el asombro con que contempla á los danzadores feacios, VIII, 381 á 384; Ulises saluda y desea felicidades á Euríalo, que le regala una espada de bronce, VIII, 412 á 415; Ulises, por indicación de Arete, encaja la tapa y echa un nudo al arca en que le han puesto los regalos de los feacios, VIII, 446 á 448; Nausícaa se admira, al clavar los ojos en Ulises, saluda al héroe, y éste promete invocarla en su casa como á una diosa, VIII, 457 á 468; Ulises corta una tajada del espinazo de un puerco asado, se la envía como obsequio á Demódoco y le pide que cante el episodio del caballo de madera, VIII, 474 á 498; refiere el aedo cómo los caudillos griegos se hallaban con Ulises dentro del caballo de madera, cómo fué destruída la ciudad y cómo, yendo Ulises y Menelao á la casa de Deífobo, sostuvieron un terrible combate, VIII, 502 á 520; Ulises llora y se consume al escucharlo, y Alcínoo le pregunta quién es, por qué llora y á dónde ha ido en sus peregrinaciones, VIII, 521 á 586; responde Ulises dándose á conocer y ensalzando su patria, y empieza á referir sus aventuras desde que salió de Troya, IX, 1 á 38; relata sucesivamente lo que le ocurrió: a) en el país de los cícones, IX, 39 á 61; b) en el mar, hasta llegar á los lotófagos, IX, 62 á 81; c) en la tierra de éstos, IX, 82 á 104; d) en la comarca de los ciclopes, donde cegó á Polifemo, IX, 105 á 566; e) en la isla de Éolo, rey de los vientos, X, 1 á 79; f) en Telépilo de Lamos, capital de la Lestrigonia, X, 80 á 132; g) en la isla Eea, donde moraba Circe, que transformó á los compañeros de Ulises en cerdos y les devolvió luego su figura, X, 133 á 574; h) en el Orco, donde Ulises consultó á Tiresias, conversó con el alma de su madre y con algunos muertos ilustres y vió ciertos suplicios de los condenados como Ticio, Tántalo y Sísifo, XI, 1 á 640; i) en la isla de Circe, de vuelta del Orco, XII, 1 á 142; j) en el mar, al pasar junto á las Sirenas y por entre los escollos de Escila y Caribdis, XII, 142 á 259; k) en la isla de Trinacria, donde los compañeros de Ulises mataron algunas vacas del rebaño del Sol, XII, 260 á 402; y l) en el mar, hasta que Júpiter tiró un rayo á la nave, perecieron los compañeros de Ulises y el héroe, después de vagar nueve días, llegó á la isla Ogigia donde moraba Calipso, XII, 403 á 453; dice Alcínoo á Ulises que ya podrá volver á la patria, y exhorta á los presentes á que le regalen trípodes y calderos, XIII, 4 á 15; en el último banquete que le da Alcínoo, Ulises vuelve á menudo la cabeza para ver si se pone el sol, ve con agrado la puesta del mismo y se despide de Alcínoo y de los feacios, deseándoles toda clase de bienes; pone una copa en las manos de Arete, por cuya felicidad hace votos; se encamina á la nave, acompañado por un heraldo, y se acuesta en silencio sobre las tablas de popa, XIII, 28 á 75; al llegar á Ítaca, los feacios sacan del bajel á Ulises y, sin despertarlo, lo ponen en la arena, juntamente con los regalos, á cierta distancia del camino para evitar que ningún caminante le hurte nada mientras duerme, XIII, 116 á 124; Neptuno se lamenta ante Júpiter de que los feacios hayan conducido á Ulises, XIII, 126 á 138; Ulises despierta y no reconoce su patria; se queja de los feacios y llora y suspira en la playa; se le acerca Minerva, transfigurada en pastor de ovejas, le dice que está en Ítaca y oye de labios del héroe una supuesta relación; Minerva se le descubre, disipa la nube que no dejaba que Ulises reconociera su isla, y el héroe besa el suelo é invoca á las Ninfas; Ulises y Minerva depositan los regalos en la gruta, toman asiento en las raíces de un olivo, y hablan del exterminio de los pretendientes; Minerva transforma á Ulises en un mendigo y le exhorta á que se encamine á la majada de Eumeo, mientras ella va á Lacedemonia y hace volver á Telémaco, XIII, 187 á 440; Ulises endereza sus pasos á la cabaña de Eumeo, le salen al encuentro los canes, y Eumeo le hace entrar, deplora la suerte de su señor, le obsequia inmolando dos cerdos que le sirve asados, le habla de los pretendientes y le especifica la fortuna de que su amo disfrutaba, XIV, 1 á 108; Ulises come y bebe en silencio, maquinando males contra los pretendientes; pregunta á Eumeo quién lo compró, y éste responde que ya debe de haber muerto, pero le aqueja todavía el deseo de Ulises; el héroe (que está transfigurado en un mendigo), jura que Ulises volverá, pero Eumeo no lo cree y le pregunta quién es y de dónde viene, XIV, 109 á 190; cuenta Ulises á Eumeo una larga y supuesta historia, diciendo que es hijo de Cástor Hilácida, XIV, 191 á 359; dice Eumeo al mendigo (Ulises), que le ha conmovido con el relato de sus aventuras, se duele de que mienta en lo relativo á Ulises, y refiere que un etolo le engañó, asegurándole que había visto á Ulises en Creta, XIV, 360 á 389; insiste el mendigo (Ulises) en su afirmación de que Ulises volverá y dice á Eumeo que, si le engaña, lo haga despeñar, XIV, 390 á 400; el porquerizo, al ofrecer las primicias á los dioses, les ruega que Ulises consiga volver á su casa, XIV, 422 á 424; Eumeo honra al mendigo (Ulises) con el ancho lomo de un puerco asado, el mendigo manifiesta su gratitud, y aquél le invita á comer y á beber, poniéndole la copa en la mano, XIV, 436 á 448; el mendigo (Ulises), para que Eumeo ó los demás pastores le den un manto con que abrigarse durante la noche, refiere una supuesta emboscada que acaudillaban Ulises, Menelao y el que habla; y dice que si tuviera las fuerzas de entonces, le darían un manto por respeto á un valiente, XIV, 451 á 506; dice Eumeo al mendigo (Ulises) que no carecerá de cosa alguna durante la noche y que el hijo de Ulises le dará, cuando venga, un manto y una túnica, XIV, 507 á 517; Ulises se tiende en una cama, que Eumeo ha llenado de pieles de ovejas y de cabras, cobíjale el porquerizo con un manto, y el héroe se huelga al observar con qué solicitud le cuida los bienes, pues Eumeo sale para pasar la noche junto á los puercos, XIV, 518 á 533; dice Telémaco á Menelao que ojalá, al tornar á Ítaca, pudiera contarle á Ulises las pruebas de amistad que acaba de recibir, XV, 154 á 159; Helena, interpretando un agüero, dice que así como el águila ha arrebatado al ánsar, así Ulises conseguirá vengarse XV, 174 á 178; el mendigo (Ulises) expresa su deseo de partir á la ciudad, Eumeo intenta disuadirle, aquél se lo agradece, y el porquerizo le da noticias de los padres de Ulises, XV, 301 á 379; el mendigo (Ulises) compadece á Eumeo por lo mucho que ha tenido que vagar, le pregunta cómo cayó esclavo, y el porquerizo le cuenta su historia, XV, 380 á 484; dice el mendigo (Ulises) á Eumeo que le ha conmovido con su relación, pero que Júpiter le ha puesto el bien al lado del mal, XV, 485 á 492; dice Telémaco á Teoclímeno que Eurímaco anhela casarse con Penélope y alcanzar la dignidad real que tuvo Ulises, XV, 521 y 522; el mendigo (Ulises) y el porquerizo encienden fuego en la majada y preparan el desayuno, advierte el primero que los perros mueven la cola y le dice á Eumeo que debe de venir algún amigo ó compañero suyo, XVI, 1 á 10; pregunta Telémaco al porquerizo si ya se casó Penélope y el lecho de Ulises está ocupado por las telarañas, XVI, 33 á 35; el mendigo (Ulises) quiere ceder el asiento á Telémaco, y éste no se lo permite, XVI, 42 á 46; Eumeo, después de servir á Telémaco platos de carne, se sienta en frente de Ulises, XVI, 53; Telémaco le pregunta á Eumeo quién es el huésped (Ulises), y se lamenta de no poder acogerle en su casa por los pretendientes; dice Ulises que se le desgarra el corazón al oirle y le pregunta si se ha hecho odioso á las deidades ó se queja de los hermanos; y le contesta Telémaco que no tiene hermanos y que todos los próceres de Duliquio, de Same, de Zacinto y de la propia Ítaca, pretenden á su madre y arruinan la casa, XVI, 57 á 128; dice Eumeo que Laertes, aunque pasaba gran pena por la ausencia de Ulises, aún comía y bebía con los siervos, pero desde que partió Telémaco no hace más que sollozar y lamentarse, XVI, 139 á 145; el mendigo (Ulises), al ver una seña que le hace Minerva, sale de la cabaña, oye á Minerva que le encarga se dé á conocer á Telémaco, recobra su forma primitiva y vuelve á entrar, XVI, 159 á 178; Ulises se da á conocer á Telémaco, éste se figura que es un dios que le engaña, luego padre é hijo se abrazan y lloran, Ulises refiere cómo ha llegado á Ítaca y Telémaco enumera los pretendientes, XVI, 186 á 258; dice Ulises á Telémaco que en la lucha con los pretendientes tendrán por aliados á Minerva y á Júpiter, aconseja á Telémaco que esconda las armas que hay en las paredes del palacio, y le encarga que á nadie participe que ha llegado Ulises, pues ellos dos procurarán conocer la disposición en que se hallan las mujeres y los esclavos, XVI, 258 á 307; los compañeros de Telémaco envían un heraldo al palacio de Ulises, para decirle á Penélope que ha llegado su hijo, XVI, 328 á 330; los pretendientes se encaminan á la casa de Ulises, XVI, 407; dice Eurímaco que Ulises le tomó muchas veces sobre sus rodillas y le dió carne y vino, XVI, 442 á 444; Penélope llora por Ulises, hasta que Minerva le infunde sueño, XVI, 450 y 451; el porquerizo vuelve junto á Ulises, y Minerva transforma á éste en un anciano, XVI, 452 á 457; Telémaco manda á Eumeo que lleve al mendigo á la ciudad, y éste dice que prefiere ir á la población á quedarse en la majada, XVII, 10 á 25; las esclavas de Ulises abrazan y besan á Telémaco, recién llegado de Pilos, XVII, 33 á 35; Penélope ruega á Telémaco que le diga, antes que ella se acueste en aquel lecho que siempre está regado de lágrimas desde que Ulises se fué, si ha oído hablar del héroe, XVII, 101 á 107; le contesta Telémaco que Néstor nada sabe y que Menelao, después de decirle que Ulises se vengaría de los pretendientes, le contó cómo supo por Proteo que el héroe estaba con la ninfa Calipso, XVII, 114 y 115, 124 á 146; dice Teoclímeno á Penélope que Ulises ya se halla en su patria y maquina males contra los pretendientes, XVII, 152 á 161; diviértense los pretendientes tirando discos y jabalinas ante el palacio de Ulises, XVII, 167 á 169; el mendigo (Ulises) y el porquerizo parten á la ciudad; al llegar á la fuente construída por Ítaco, Nérito y Políctor, se encuentran con Melantio, que los insulta y da una coz á Ulises, con ocasión de la cual Eumeo invoca á las ninfas y desea que torne el héroe, traído por algún dios; llegan al palacio y Ulises encarga á Eumeo que se adelante y entre en el mismo, XVII, 182 á 289; el perro Argos, ya moribundo, reconoce á Ulises é intenta ir á encontrarle, Eumeo refiere á Ulises las excelencias del can, y la Parca de la muerte se apodera de Argos después que tornara á ver á Ulises en el vigésimo año, XVII, 291 á 327; Ulises entra en el palacio y se sienta en el umbral; al recibir de Telémaco pan y carne, hace votos porque se le cumpla al mismo cuanto desee, y come mientras canta el aedo, XVII, 336 á 358; por excitación de Minerva, Ulises pide limosna á los pretendientes, Melantio dice que lo ha traído el porquerizo, y Antínoo increpa á éste, XVII, 360 á 379; dice Eumeo que Antínoo ha sido siempre el más áspero para los esclavos de Ulises, XVII, 388 y 389; dice Telémaco á Antínoo que si da algo al mendigo (Ulises), no lo llevará á mal ni Penélope ni ninguno de los esclavos de la casa de Ulises, XVII, 401 y 402; cuando el mendigo (Ulises) vuelve al umbral, pide á Antínoo que le dé algo y le relata su supuesta historia; Antínoo se niega; Ulises le echa en cara que su juicio no corre parejas con su presencia; y Antínoo, irritado, le tira un escabel y le acierta en el hombro derecho; Ulises se queja de Antínoo, á quien desea la muerte antes que el casamiento se lleve á término; Antínoo dice á Ulises que coma en silencio, si no quiere verse arrastrado; y los demás pretendientes reprenden á Antínoo pensando si aquel mendigo será algún dios, XVII, 411 á 487; el mendigo (Ulises) cena, Penélope lo manda llamar por el porquerizo, se lamenta de que no haya en el palacio un hombre como Ulises, capaz de echar á los pretendientes, y dice que si el héroe volviese se vengaría de los mismos, XVII, 506 á 540; Eumeo llama á Ulises en nombre de la reina; y el héroe dice que aguarde hasta la puesta del sol, pues teme á la turba de los pretendientes, XVII, 551 á 573; Iro se propone arrojar á Ulises de su casa, le amenaza, se burla de lo que le contesta Ulises, dice éste que no le provoque, pues le llenará de sangre y le dejará sin ganas de volver al palacio, y contesta aquél que se ciña para luchar con él, XVIII, 8 á 31; el mendigo (Ulises) hace jurar á los pretendientes que no le golpearán, para socorrer á Iro, ni le someterán por fuerza al mismo, XVIII, 51 á 58; cíñese el mendigo (Ulises) los andrajos; lucha con Iro y de una puñada lo derriba al suelo; lo arrastra hasta el patio, lo asienta y le pone un bastón en la mano, diciendo que ahuyente á los puercos y á los canes y no quiera ser el señor de los huéspedes y de los mendigos; vuelve al umbral, recibe la felicitación de los pretendientes y un vientre de cabra junto con dos panes, que le dan Antínoo y Anfínomo, y recomienda á este último que se vaya á su casa antes que Ulises trabe combate con los pretendientes, XVIII, 66 á 152; dice Penélope que sus atractivos destruyéronlos los inmortales cuando Ulises partió á Troya con los argivos, XVIII, 250 á 253; Ulises se huelga de que Penélope induzca á los pretendientes á que le hagan regalos, XVIII, 281 á 283; las esclavas de Ulises cuidan de mantener el fuego, el mendigo (Ulises) les dice que se vayan, pues él cuidará de hacerlo, Melanto le increpa, el mendigo la amenaza con decírselo á Telémaco, las mujeres huyen espantadas y Ulises se queda junto á los tederos, XVIII, 310 á 345; Minerva no permite que los pretendientes se abstengan de injuriar á Ulises, y Eurímaco, después de decir que no parece sino que el resplandor de las antorchas sale de la cabeza del mismo, le ofrece tomarlo á sueldo y llevarlo al campo; responde el mendigo (Ulises) que si tuvieran que segar, labrar la tierra ó combatir contra los enemigos vería cómo se portaba, y que si tornara Ulises, las puertas le parecerían estrechas á Eurímaco para salir huyendo; irrítase Eurímaco, le tira un escabel á Ulises y acierta al copero, que cae de espaldas, XVIII, 346 á 398; Anfínomo aconseja que no se maltrate al huésped (Ulises) ni á ninguno de los esclavos de Ulises, y que aquél se quede en el palacio de Ulises, al cuidado de Telémaco, XVIII, 416 á 421; el mendigo (Ulises) se queda en el palacio; Ulises y Telémaco esconden las armas, alumbrándoles Minerva; Ulises impone silencio á Telémaco, cuando dice que algún dios debe de estar con ellos, y seguidamente le manda que se acueste, XIX, 1 á 14, 27 á 52; Melanto increpa al mendigo (Ulises) y le dice que se vaya, XIX, 65 á 69, y aquél le responde que tema que vuelva Ulises, XIX, 70 á 88; Ulises se sienta en la silla que le trae Eurínome; Penélope le pregunta quién es, y el héroe se excusa de responder, alabando á Penélope y diciendo que él no debe estar llorando y lamentándose en casa ajena; Penélope contesta que sus atractivos destruyéronlos los dioses cuando partió Ulises, le habla de los pretendientes y del modo como los ha entretenido, tejiendo y destejiendo el sudario de Laertes, dice que ya no sabe qué otro pretexto hallar é insiste en que el mendigo (Ulises) le diga quién es; responde éste inventando un relato en el cual manifiesta que es Etón y que hospedó á Ulises en Creta; y á Penélope, al oirlo, le brotan las lágrimas y se le deshace el cuerpo, XIX, 102 á 212; Penélope, para probar si el mendigo dice la verdad, le pregunta qué vestido llevaba Ulises cuando estuvo en Creta y cómo eran él y sus compañeros; aquél se lo describe y le da las señas de Euríbates; Penélope promete al mendigo que en adelante será querido y venerado en el palacio; y el mendigo afirma que Ulises ha llegado al país de los tesprotos, ha ido á Dodona á consultar la voluntad de Júpiter y volverá á Ítaca al terminar el mes y comenzar el siguiente, XIX, 215 á 307; dice Penélope que Ulises no volverá y manda á las esclavas que bañen al huésped y le aparejen el lecho; pero el mendigo (Ulises) contesta que tiene aborrecidos los mantos y las colchas, y que no dejará que las esclavas le laven los pies, á no ser que haya alguna muy vieja y de honestos pensamientos, XIX, 308 á 348; dice Penélope al mendigo (Ulises) que jamás ha llegado á la casa otro varón de tan buen juicio y manda á Euriclea que lo lave, XIX, 349 á 360; Euriclea deplora la suerte de Ulises, nota en el mendigo una gran semejanza con éste, empieza á lavarle los pies y pronto da con la cicatriz que el héroe tenía en el muslo, XIX, 363 á 394; Autólico, el abuelo de Ulises, fué á Ítaca cuando éste acababa de nacer, le impuso el nombre y le prometió hacerle muchos regalos si, al llegar á mozo, iba á la casa paterna, XIX, 399 á 412; Ulises, ya joven, fué á la casa de Autólico, que lo recibió muy bien así como su esposa y sus hijos, salió á cazar con éstos, un jabalí le hirió en el muslo, y Autólico y sus hijos le curaron y le enviaron á Ítaca, XIX, 413 á 467; al tocar Euriclea la cicatriz, reconoce á Ulises y quiere decírselo á Penélope, pero el héroe se lo impide, la vieja ofrece darle á conocer cuáles son las mujeres culpables, y Ulises le encarga el silencio, XIX, 467 á 502; el mendigo (Ulises) acerca nuevamente la silla al fuego, Penélope le refiere un ensueño que ha tenido, y aquél le dice que es inminente la ruina de todos los pretendientes, XIX, 506 á 558; le manifiesta Penélope al mendigo (Ulises) que ya pronto dejará la casa de Ulises, pues quiere poner en manos de los pretendientes el arco y las segures del héroe para irse con quien venza en el certamen, XIX, 571 á 581; el mendigo (Ulises) exhorta á Penélope á que no difiera tal certamen, pues Ulises vendrá antes que los pretendientes armen el arco, XIX, 582 á 587; Penélope sube á su habitación, se acuesta en el lecho, siempre regado de lágrimas desde que Ulises partió, y llora por el mismo hasta que Minerva le difunde en los párpados el dulce sueño, XIX, 596 á 604; Ulises se acuesta en el vestíbulo del palacio, ve como ciertas esclavas van á ayuntarse con algunos de los pretendientes, reprende á su corazón, se le acerca Minerva, el héroe le pregunta adónde podrá refugiarse después de matar á los pretendientes, y la diosa le tranquiliza y le infunde sueño, XX, 1 á 54; Penélope desea que Diana la mate ó se la lleven las borrascas, á fin de penetrar en la tierra teniendo ante sus ojos á Ulises, XX, 79 á 82; añade que aquella noche se ha acostado á su lado un fantasma muy semejante á Ulises, XX, 88 á 90; Ulises oye los sollozos de Penélope, recoge el manto y las pieles en que estaba echado, pide á Júpiter que le envíe un presagio y haga aparecer otro prodigio, el dios le complace, y el héroe se alegra, XX, 92 á 121; las esclavas encienden fuego en el palacio de Ulises, XX, 122 y 123; llegan los pastores: Eumeo pregunta al mendigo (Ulises), si ya le tratan mejor y éste responde deseando que un dios castigue á los pretendientes; Melantio le increpa, y Ulises, sin contestarle, agita en su alma siniestros propósitos; Filetio pregunta á Eumeo quién es el forastero, y en seguida va á saludarle, dice que le ha hecho recordar á Ulises y manifiesta que ya se hubiese ido él á otro país, pero aguarda todavía á su señor, XX, 162 á 225; el mendigo (Ulises) dice á Filetio que Ulises volverá, responde el boyero que entonces verían qué fuerza y qué brazos tiene, y Eumeo suplica asimismo á los dioses que vuelva Ulises, XX, 226 á 239; encamínanse los pretendientes al palacio de Ulises, XX, 248; Telémaco hace sentar al mendigo (Ulises) junto al umbral, le sirve carne y vino, y le promete que le librará de las manos de todos los pretendientes pues aquella casa no es pública sino de Ulises, que la adquirió para él, XX, 257 á 265; sírvenle á Ulises una parte igual á la de los demás comensales, XX, 281 y 282; Minerva no permite que los pretendientes se abstengan de injuriar á Ulises: Ctesipo le tira una pata de buey, y el héroe logra evitar el golpe y se sonríe con risa sardonia, XX, 284 á 302; Agelao aconseja que no se maltrate al huésped ni á ningún esclavo de la casa de Ulises, y luego, dirigiéndose á Telémaco y á su madre, dice que con razón entretenían á los pretendientes mientras conservaban la esperanza de que el héroe tornara; pero, que siendo evidente que no ha de volver, debe Telémaco aconsejar á su madre que se case, XX, 322 á 337; vaticina Teoclímeno la muerte de los pretendientes, que en el palacio de Ulises maquinan inicuas acciones, XX, 368 á 370; Minerva inspira á Penélope que en la propia casa de Ulises les saque á los pretendientes el arco y las segures para celebrar el certamen, XXI, 1 á 4; el arco se lo había dado á Ulises su huésped Ífito, y el héroe lo dejó en el palacio al partir para Ilión, XXI, 11 á 41; Penélope lleva á los pretendientes el arco de Ulises y promete irse con quien logre armarlo y hacer pasar la flecha por el ojo de las segures, XXI, 68 á 79; Antínoo declara que no hay entre los pretendientes un hombre como fué Ulises; y había de ser Antínoo quien primero gustara la saeta despedida por la mano de éste, XXI, 93 á 100; cuando Telémaco va á tender el arco, Ulises se lo prohibe haciéndole una seña, XXI, 128 y 129; dice Liodes que todos desean casarse con la esposa de Ulises, pero así que prueben el arco tendrán que dedicarse á pretender á otras aquivas, XXI, 157 á 161; salen del palacio el boyero y el porquerizo de Ulises, sígueles éste, les pregunta cómo se portarían si volviera su señor, se da á conocer, lloran y se abrazan; Ulises recomienda á Eumeo que le dé el arco, aunque los pretendientes se opongan, y á Filetio que cierre las puertas del patio, vuelve Ulises al palacio y poco después entran también ambos esclavos, XXI, 188 á 204; Eurímaco deplora que las fuerzas de los pretendientes sean tan inferiores á las de Ulises, XXI, 253 y 254; propone Antínoo que se dejen clavadas las segures, pues no se las llevará ninguno de los que frecuentan el palacio de Ulises, y al día siguiente intentarán armar el arco de este héroe, XXI, 260 á 268; pide el mendigo (Ulises) que le permitan probar el arco, todos se oponen y Antínoo le amenaza con enviarlo al rey Équeto; Penélope dice que no es justo que se ultraje á los huéspedes de Penélope; Eurímaco contesta que les avergonzaría el mendigo si llegaba á tender el arco, y Penélope ofrece dar al mendigo un manto y una túnica si logra su propósito, XXI, 274 á 342; Penélope llora por Ulises hasta que Minerva le difunde en los párpados el dulce sueño, XXI, 356 á 358; Eumeo lleva el arco al mendigo (Ulises), los pretendientes le increpan, Telémaco le amenaza si no sigue adelante y, por fin, lo pone en las manos del héroe, XXI, 359 á 379; Filetio cierra las puertas del patio y vuelve á sentarse, clavando los ojos en Ulises, XXI, 389 á 393; Ulises examina minuciosamente el arco, lo arma, prueba la cuerda, huélgase de oir un trueno que despide como presagio el propio Júpiter, hace pasar una flecha por el ojo de las segures, dice á Telémaco que no le afrenta el huésped que tiene en su casa y que ya es hora de aparejar la cena á los aqueos, y Telémaco toma las armas y se pone al lado de su padre, XXI, 393 á 434; Ulises se desnuda de sus harapos, salta al umbral, dice que quiere apuntar á otro blanco y, asestando el arco á Antínoo, le clava una flecha en la garganta, y lo mata, XXII, 1 á 19; los pretendientes increpan á Ulises, éste se da á conocer, Eurímaco ofrece resarcirle lo comido á razón de veinte bueyes por cada uno de los pretendientes, y el héroe declara que no se abstendrá de matar hasta que todos hayan pagado sus demasías, XXII, 26 á 64; Eurímaco arremete contra Ulises y éste le clava una saeta en el hígado, XXII, 80 á 83; Anfínomo se va derecho á Ulises y Telémaco le previene con hundirle la lanza en la espalda, XXII, 89 á 94; manda Ulises á Telémaco que le traiga armas mientras tiene saetas para rechazar á los pretendientes, XXII, 105 á 107; ármanse Telémaco, Eumeo y Filetio, y se colocan á ambos lados de Ulises, XXII, 113 á 115; manda Ulises que Eumeo guarde el postigo, XXII, 129 y 130; Melantio dice que va á buscar armas al aposento donde cree que las colocaron Ulises y su hijo, sube á la estancia de Ulises, da las armas á los pretendientes, y desfallecen las rodillas y el corazón de Ulises, al verles tomar las armas; dice el héroe á Telémaco que alguna mujer ó Melantio atiza el combate, y Telémaco se declara el único culpable por haber dejado abierta la habitación, XXII, 139 á 156; Eumeo ve que es Melantio quien proporciona las armas á los pretendientes y, por orden de Ulises, él y Filetio echan por tierra al cabrero, le atan con una soga los pies y las manos, y lo levantan á la parte superior de una columna, XXII, 162 á 191; vuelven Eumeo y Filetio al lado de Ulises, XXII, 201 á 203; preséntase Minerva, transfigurada en Méntor: Ulises se huelga de verla y le pide que aparte de ellos el infortunio; los pretendientes la increpan y amenazan; y Minerva, después de reprender á Ulises, diciéndole que ya no tiene el vigor y la fortaleza que demostró en la guerra de Troya, se transforma en golondrina y se posa en una de las vigas, XXII, 205 á 240; recomienda Agelao que tiren la pica seis pretendientes, por si Júpiter les concede herir á Ulises, XXII, 251 á 253; Ulises invita á los suyos á tirar las lanzas contra la turba de los pretendientes, mata á Demoptólemo, y el héroe y sus compañeros sacan de los cadáveres las lanzas que les han clavado, XXII, 261 á 271; vuelve Ulises á despedir la lanza y mata á Euridamante, XXII, 281 á 283; dice Eumeo á Ctesipo, al herirle en el pecho, que reciba aquel presente de hospitalidad por la pata de buey que dió á Ulises, XXII, 290 y 291; mata Ulises á Agelao Damastórida, XXII, 292 y 293, Liodes ruega á Ulises que no lo mate, y el héroe le corta la cabeza, XXII, 310 á 329; Femio vacila entre refugiarse en el altar de Júpiter, donde tantos muslos de buey habían quemado Laertes y Ulises, ó suplicar á éste y abrazarle las rodillas; parécele mejor lo último é implora á Ulises, alegando que un dios le inspira canciones de toda especie; Telémaco intercede en favor del aedo y de Medonte; y Ulises se abstiene de matar á entrambos y les ordena que vayan á sentarse al patio, XXII, 330 á 377; Ulises registra la sala, ve que todos los pretendientes están muertos y manda á Telémaco que llame á Euriclea, XXII, 381 á 392; al hallar á Ulises entre los cadáveres, Euriclea profiere exclamaciones de alegría, pero el héroe le impone silencio, diciendo que no es piadoso regocijarse por la muerte de aquellos varones, y le manda que, sin despertar á Penélope, haga venir las mujeres culpables, XXII, 401 á 432; Ulises manda á Telémaco, á Eumeo y á Filetio que hagan trasladar los cadáveres, pongan en orden la estancia y maten á las mujeres culpables, XXII, 435 á 445; Ulises da prisa á las mujeres para que trasladen los cadáveres al pórtico, XXII, 450 y 451; consumada la obra, Telémaco, Eumeo y Filetio vuelven á entrar en el palacio de Ulises, XXII, 478 y 479; Ulises ordena á Euriclea que le traiga fuego y azufre, y mande á Penélope y á las esclavas que se presenten, XXII, 480 á 484; Ulises vuelve á pedir el fuego y en seguida azufra la casa, mientras la vieja se va por la hermosa mansión de Ulises á llamar á las mujeres, XXII, 490 á 496; las esclavas abrazan y besan á Ulises, que las reconoce á todas, XXII, 498 á 501; Euriclea dice á Penélope que ha llegado Ulises y ha dado muerte á los pretendientes; la reina no lo cree, y, como Euriclea insiste en su afirmación, se figura que algún dios los habrá castigado y decide bajar para ver muertos á los pretendientes y á quien los ha matado, XXIII, 5 á 84; siéntase Penélope en frente de Ulises, sin hablarle, Telémaco la reprende por su frialdad, contesta aquélla que, si es Ulises, ya se reconocerán por ciertas señales que ellos saben, y Ulises encarga á Telémaco que deje que su madre le pruebe, XXIII, 89 á 114; consulta Ulises á Telémaco sobre lo que conviene hacer, responde éste que lo vea él mismo, y aquél ordena que el aedo toque y los demás bailen, para que los vecinos y transeuntes crean que se ha casado la reina; y que, al amanecer, se vayan Ulises, Telémaco, Eumeo y Filetio á la casa que Laertes tiene en el campo, XXIII, 117 á 140; Eurínome lava á Ulises, Minerva le da hermosura, y el héroe se sienta frente á su esposa y le echa en cara su frialdad; Penélope, para probarle, dice á Euriclea que saque del cuarto la cama de Ulises, éste se extraña porque la cama (que describe) está sujeta á un pie de olivo, y sigue una tierna escena de reconocimiento, alargando Minerva aquella noche para que la Aurora no halle á los dos esposos llorando todavía, XXIII, 153 á 246; dice Ulises á Penélope que aún falta llevar al cabo otra empresa grande, larga y difícil, y, accediendo á sus súplicas, relata lo que Tiresias le mandó que hiciera al llegar á Ítaca, XXIII, 247 á 284; Ulises y Penélope se van á la cama, alumbrados por Eurínome; disfrutan del deseable amor, Penélope refiere cuánto padeció en la ausencia de su marido, y Ulises cuenta sus aventuras y se duerme, XXIII, 293 á 343; así que se descubre la Aurora, Ulises se levanta del lecho, recomienda á Penélope que se quede en lo alto de la casa, y sale al campo con Telémaco, Eumeo y Filetio, XXIII, 348 á 372; mientras están hablando Aquiles y Agamenón, llegan al Orco las almas de los pretendientes á quienes matara Ulises, XXIV, 98 á 100; Agamenón recuerda á Anfimedonte que estuvo en su casa, allá en Ítaca, cuando fué con Menelao á exhortar á Ulises para que les siguiera á Ilión, le pregunta qué ha ocurrido y Anfimedonte cuenta que pretendían á la esposa de Ulises, que ella los entretuvo con tejer y destejer el sudario de Laertes, y que cuando lo acabó presentóse Ulises y dió muerte á los pretendientes, XXIV, 106 á 190; Agamenón considera feliz á Ulises por tener una esposa virtuosísima, y vaticina que los inmortales inspirarán á los hombres graciosos cantos en loor de la discreta Penélope, XXIV, 191 á 198; Ulises llega con los suyos al predio de Laertes, encamínase al huerto y se le saltan las lágrimas al ver á Laertes abrumado por la vejez; le habla burlonamente diciendo que cultiva bien el huerto pero está sucio y mal vestido; le dice que en su patria tuvo un huésped, que era hijo de Laertes; relata una fingida historia, según la cual es Epérito, hijo de Afidante; y, al notar el dolor de su padre, da un salto, le besa, se da á conocer, enseñando á Laertes la cicatriz y diciéndole cuantos árboles le había dado en cierta ocasión, y lloran y se abrazan; Ulises tranquiliza á su padre del temor de que vengan los itacenses á acometerles, y padre é hijo se van á la casería y hallan á Telémaco, al boyero y al porquerizo preparando la comida, XXIV, 205 á 364; Ulises dirige dulces palabras á Dolio y sus hijos, éstos lo abrazan, dice aquél á Dolio que ya Penélope tiene noticia de su regreso, y se sientan todos á la mesa, XXIV, 391 á 411; al saberse la noticia de la matanza de los pretendientes, los ciudadanos acuden á la mansión de Ulises y sacan los muertos, XXIV, 413 á 417; Eupites, padre de Antínoo, que fué el primero á quien mató Ulises, incita á los itacenses á ir contra el héroe, XXIV, 422 á 438; salen del palacio de Ulises, Medonte y Femio; y el primero dice á los itacenses que no sin la voluntad de los dioses ha realizado Ulises su hazaña, pues estaba junto á él un dios que había tomado la figura de Méntor, XXIV, 439 á 449; Minerva explora la voluntad de Júpiter y éste le dice que cumpla el plan que ella misma trazó y, pues Ulises se ha vengado de los pretendientes, olvídese lo sucedido, ámense los unos á los otros como antes, y haya paz y riqueza en gran abundancia, XXIV, 472 á 486; manda Ulises que salga alguien á ver si se acercan los itacenses, obedece uno de los hijos de Dolio, vuelve á entrar diciendo que ya los enemigos están próximos, y se arman todos los varones, incluso Laertes y Dolio, XXIV, 490 á 501; huélgase Ulises de ver á Minerva, que comparece transfigurada en Méntor, y exhorta á Telémaco á que sea valiente, XXIV, 502 á 509; Ulises y Telémaco hieren á los itacenses con espadas y lanzas de doble filo; y á todos los mataran, si Minerva no hubiese suspendido el combate, XXIV, 526 á 532; Ulises se lanza á perseguir á los enemigos, puestos en fuga; Minerva le exhorta á detenerse, el héroe obedece gustoso, y la deidad hace jurar la paz á entrambas partes, XXIV, 537 á 548. VENUS (Ἀφροδίτη): Diosa, hija de Júpiter y de Dione, y esposa de Vulcano. Á Hermione se la compara con Venus por su hermosura, IV, 14; deplora Helena el error en que la puso Venus cuando la llevó á Troya, IV, 261 á 264; ayuntóse Venus con Marte, pero el Sol se lo dijo á Vulcano, y éste colocó unos lazos finísimos alrededor de la cama, aprisionó á los amantes y no los dejó en libertad hasta que Neptuno afianzó el pago de la multa por Marte; entonces Venus se fué á Chipre, donde las Gracias la lavaron, la ungieron y le pusieron lindas vestiduras, VIII, 266 á 366; á Penélope se la compara con Diana ó con Venus, XVII, 36 y 37; XIX, 54; la diosa se lava el rostro con ambrosía cuando va al coro de las Gracias, XVIII, 193 y 194; crió á las hijas de Pandáreo con queso, miel y vino, y fué al Olimpo á pedir á Júpiter florecientes bodas para estas doncellas, XX, 68 á 75; manda Ulises que mueran las mujeres culpables para que se olviden de Venus, de cuyos placeres disfrutaban con los pretendientes, XXII, 443 á 445. VULCANO (Ἥφαιστος): Dios, hijo de Júpiter y de Juno. Construyó la cratera que Menelao regala á Telémaco, IV, 615 á 619; XV, 115 á 119; junto con Minerva enseña á los hombres toda clase de artes, VI, 233; fabricó unos perros de plata y oro que había en la puerta del palacio de Alcínoo, VII, 91 á 94; tenía por esposa á Venus, y, como á ésta la sedujese Marte, aprisionó á entrambos culpables merced á unos lazos finísimos que puso en la cama, llamó á todos los dioses y no soltó á aquéllos hasta que Neptuno salió fiador de Marte, VIII, 266 á 359. YAOLCO (Ἰαωλκός): Ciudad de Tesalia, donde vivió Pelias, XI, 255. YÁRDANO (Ἰάρδανος): Río de la isla de Creta, III, 292. YÁSIDA (Ἰασίδης): Hijo de Yasio. Nombre patronímico de Anfión, XI, 283; y de Dmétor, XVII, 443. YASIÓN (Ἰασίων): Héroe. Unióse con Ceres en una tierra noval, labrada tres veces y Jove lo mató con el rayo, V, 125 á 128. YASO (Ἴασος): 1) Padre de Anfión, XI, 283. 2) Padre de Dmétor, XVII, 443. 3) Antiguo rey del Peloponeso, XVIII, 246. ZACINTO (Ζάκυνθος): Isla del mar Jónico. Todos sus próceres pretenden á Penélope, I, 246; XVI, 123; XIX, 131; está situada cerca de Ítaca, IX, 24; de la misma proceden veinte pretendientes XVI, 250. ZETO (Ζῆτος): Hijo de Júpiter y de Antíope, hermano de Anfión, marido de Aedón y padre de Ítilo. Anfión y Zeto fundaron y torrearon á Tebas, XI, 260 á 265; Aedón, hija de Pandáreo, mató por imprudencia á Ítilo, el vástago que tuvo del rey Zeto, XIX, 521 á 523. ÍNDICE DE GRABADOS Páginas CABECERAS DE FLAXMAN Minerva propone á Júpiter que Mercurio se llegue á Calipso y le mande que despida á Ulises.11 Los pretendientes sorprenden á Penélope cuando está destejiendo la finísima tela. 23 Néstor ha reconocido á Minerva, al partir esta diosa, y le ofrece un sacrificio.35 Minerva manda á Penélope un fantasma semejante á Iftima, para decirle que Telémaco volverá sano y salvo.47 Mercurio, enviado por Júpiter, manda á Calipso que deje partir á Ulises.68 Nausícaa guía á Ulises, que se le ha presentado cerca del río, al palacio de Alcínoo. 82 Refiere Ulises cómo partió de la isla Ogigia y llegó al país de los feacios.91 Ulises se entristece y derrama lágrimas al oirle cantar á Demódoco la toma de Troya.101 Ulises embriaga al ciclope Polifemo. 116 Ulises, compadeciéndose de la suerte de sus compañeros, suplica á Circe que les torne su anterior figura. 131 Ulises desciende al Orco, por consejo de Circe, á fin de consultar el alma de Tiresias. 146 Circe con algunas de sus criadas va á la orilla del mar al encuentro de Ulises.162 Los feacios dejan en la playa de Ítaca á Ulises dormido.174 Ulises, transfigurado en un anciano, conversa con el porquerizo Eumeo.186 Cuando en la isla Siria envejecen los individuos de una generación, Apolo y Diana los matan con suaves flechas. 201 Minerva toca á Ulises con la vara y le devuelve su primitiva figura. 215 Ulises, al llegar á su palacio, es reconocido por el perro Argos, que muere en seguida. 228 Túrbasele el ánimo á Iro, después de haber provocado á Ulises, y los criados lo sacan á viva fuerza para que luche con el héroe. 244 Euriclea reconoce á Ulises al tocarle la cicatriz del muslo. 256 Las hijas de Pandáreo son arrebatadas por las Harpías. 271 Penélope, por inspiración de Minerva, les saca á los pretendientes el arco y las segures de Ulises y promete casarse con el que venza en el certamen. 282 Ulises, valiéndose del arco, mata á los pretendientes de Penélope. 294 Penélope reconoce á Ulises. 307 Mercurio conduce al Orco las almas de los pretendientes.317 LÁMINAS DE WAL PAGET Volvieron á solazarse los pretendientes con la danza y el canto.--(Canto I, versos 421 y 422).21 Acomodáronse en la popa Minerva y Telémaco, los marineros soltaron las amarras y el navío echó á andar al soplo del Céfiro.--(Canto II, versos 416 á 421). 33 Salvóme una diosa, Idotea, la cual me salió al encuentro y me dijo...--(Canto IV, versos 364 á 370). 57 ¡Desdichado! No llores más, ni consumas tu vida, pues de muy buen grado dejaré que partas.--(Canto V, versos 160 y 161). 73 Vaga por el ponto, le dijo Neptuno, hasta que llegues á juntarte con esos hombres alumnos de Júpiter.--(Canto V, versos 377 y 378).79 ¡Yo te imploro, oh reina, seas diosa ó mortal!--(Canto VI, verso 149). 87 Al entrar Ulises en la población, se le hizo encontradiza Minerva, transfigurada en una doncella, y se detuvo ante él.--(Canto VII, versos 18 á 21).93 Demódoco deje de tocar la melodiosa cítara, dijo el rey, pues quizás lo que canta no les sea grato á todos los oyentes.--(Canto VIII, versos 537 y 538).113 El Ciclope arrancó la cumbre de una montaña y la arrojó delante de nuestra embarcación.--(Canto IX, versos 480 y 481).127 Circe, tocándolos con su varita, los convirtió en cerdos y los encerró en pocilgas.--(Canto X, versos 237 á 240).137 ¿Por qué, oh infeliz, dejaste la luz del sol y vienes á ver á los muertos y esta región desapacible?--(Canto XI, versos 93 y 94). 149 Lampetia fué á decirle al Sol que habíamos dado muerte á sus vacas.--(Canto XII, versos 374 y 375).171 La deidad disipó la nube y Ulises, holgándose de reconocer su patria, besó el fértil suelo.--(Canto XIII, versos 352 á 354).183 Al llegar Ulises á la majada, los canes ladraron y corrieron á encontrarle.--(Canto XIV, versos 29 y 30). 189 Eumeo fué á acostarse en la concavidad de una peña, donde dormían los puercos al abrigo del Bóreas.--(Canto XIV, versos 532 y 533).199 Minerva, tocando á Ulises con la varita de oro, le cubrió con una túnica y un manto, y le aumentó la talla y el vigor juvenil.--(Canto XVI, versos 172 á 174). 221 Ulises, como viera que Argos le halagaba con la cola y ya no tenía fuerzas para ir á encontrarle, enjugóse una lágrima que ocultó á Eumeo.--(Canto XVII, versos 301 á 305). 237 Retírate del umbral, oh viejo, para que no hayas de verte asido de un pie y arrastrado afuera.--(Canto XVIII, verso 10).247 Forjaba su relato refiriendo á Penélope muchas cosas falsas que parecían verdaderas.--(Canto XIX, verso 203). 263 Veinte esclavas se encaminaron á la fuente de aguas profundas.--(Canto XX, verso 158). 277 Sentóse Penélope y lloró ruidosamente teniendo en sus rodillas el arco del rey.--(Canto XXI, versos 55 y 56). 285 ¡Anciana! ¡Regocíjate en tu espíritu, pero no profieras exclamaciones de alegría!...--(Canto XXII, verso 411). 305 Penélope, derramando lágrimas, corrió á encontrarle, le echó los brazos al cuello, le besó la cabeza y le dijo...--(Canto XXIII, versos 207 y 208). 313 ¿Quién eres, le preguntó Laertes, y de qué país procedes?--(Canto XXIV, verso 298).325 ÍNDICE GENERAL Páginas AL LECTOR.5 CANTO I.--Concilio de los dioses.--Exhortación de Minerva á Telémaco.11 --II.--Ágora de los itacenses.--Partida de Telémaco. 23 -- III.--Lo de Pilos. 35 --IV.--Lo de Lacedemonia. 47 -- V.--La balsa de Ulises.68 --VI.--Llegada de Ulises al país de los feacios. 82 -- VII.--Entrada de Ulises en el palacio de Alcínoo.91 -- VIII.--Presentación de Ulises á los feacios. 101 --IX.--Relatos á Alcínoo.--Ciclopea. 116 -- X.--Lo relativo á Éolo, á los lestrigones y á Circe.131 --XI.--Evocación de los muertos. 146 -- XII.--Las Sirenas, Escila, Caribdis, las vacas del Sol. 162 -- XIII.--Partida de Ulises del país de los feacios y su llegada á Ítaca. 174 -- XIV.--Conversación de Ulises con Eumeo.186 --XV.--Llegada de Telémaco á la majada de Eumeo. 201 -- XVI.--Reconocimiento de Ulises por Telémaco. 215 -- XVII.--Vuelta de Telémaco á Ítaca.228 --XVIII.--Pugilato de Ulises con Iro.244 -- XIX.--Coloquio de Ulises y Penélope.--El lavatorio ó reconocimiento de Ulises por Euriclea.256 --XX.--Lo que precedió á la matanza de los pretendientes. 271 -- XXI.--La propuesta del arco. 282 -- XXII.--Matanza de los pretendientes. 294 --XXIII.--Reconocimiento de Ulises por Penélope. 307 -- XXIV.--Las paces. 317 ÍNDICE DE NOMBRES PROPIOS.333 ÍNDICE DE GRABADOS. 405 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 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