No es este; pero empieza con Pirro... ¡ah!...
Pirro feroz, con pavonadas armas,
negras como su intento, reclinado
dentro en los senos del caballo enorme,
á la lóbrega noche parecía.
Ya su terrible, ennegrecido aspecto
mayor espanto da. Todo lo tiñe
de la cabeza al pie caliente sangre
de ancianos y matronas, de robustos
mancebos y de vírgenes, que abrasa
el fuego de inflamados edificios
en confuso montón; á cuya horrenda
luz que despiden, el caudillo insano
muerte y estrago esparce. Ardiendo en ira,
cubierto de cuajada sangre, vuelve
los ojos, al carbunclo semejantes,
y busca, instado de infernal venganza,
al viejo abuelo Príamo...
Prosigue tú.
POLONIO.--¡Muy bien declamado, á fe mía! con buen acento y bella
expresión.
CÓMICO 1.º-- Al momento
le ve lidiando, ¡resistencia breve!
contra los griegos; su temida espada
rebelde al brazo ya, le pesa inútil.
Pirro, de furias lleno, le provoca
á liza desigual; herirle intenta,
y el aire solo del funesto acero
postra al débil anciano. Y cual si fuese
a tanto golpe el Ilïon sensible,
al suelo desplomó sus techos altos,
ardiendo en llamas, y al rumor suspenso.
Pirro... ¿Le veis? la espada que venía
á herir del teucro la nevada frente
se detiene en los aires, y él inmoble,
absorto y mudo y sin acción su enojo,
la imagen de un tirano representa
que figuró el pincel. Mas como suele
tal vez el cielo en tempestad obscura
parar su movimiento, de los aires
el ímpetu cesar, y en silenciosa
quietud de muerte reposar el orbe,
hasta que el trueno, con horror zumbando,
rompe la alta región; así un instante
suspensa fué la cólera de Pirro,
y así, dispuesto á la venganza, el duro
combate renovó. No más tremendo
golpe en las armas de Mavorte eternas
dieron jamás los cíclopes tostados,
que sobre el triste anciano la cuchilla
sangrienta dió del sucesor de Aquiles.
¡Oh fortuna falaz!... Vos, poderosos
dioses, quitadle su dominio injusto;
romped los rayos de su rueda y calces,
y el eje circular desde el Olimpo
caiga en pedazos del abismo al centro.
POLONIO.--Es demasiado largo.
HAMLET.--Lo mismo dirá de tus barbas el barbero. Prosigue. Este sólo
gusta de ver bailar ó de oir cuentos de alcahuetas, ó si no se duerme.
Prosigue con aquello de Hécuba.
CÓMICO 1.º--Pero quien viese ¡oh vista dolorosa! la mal ceñida reina...
HAMLET.--¡La mal ceñida reina!
POLONIO.--Esto es bueno, mal ceñida reina, ¡bueno!
Cómico 1.º--Pero quien viese ¡oh vista dolorosa!
la mal ceñida reina, el pie desnudo,
girar de un lado al otro, amenazando
extinguir con sus lágrimas el fuego...
En vez de vestidura rozagante
cubierto el seno, harto fecundo un día,
con las ropas del lecho arrebatadas
(ni a más le dió lugar el susto horrible),
rasgado un velo en su cabeza, donde
antes resplandeció corona augusta...
¡Ay! quien la viese, á los supremos hados
con lengua venenosa execraría.
Los dioses mismos, si a piedad los mueve
el linaje mortal, dolor sintieran
de verla, cuando al implacable Pirro
halló esparciendo en trozos con su espada
del muerto esposo los helados miembros.
Lo ve, y exclama con gemido triste,
bastante á conturbar allá en su altura
las deidades de Olimpo, y los brillantes
ojos del cielo humedecer en lloro.
POLONIO.--Ved cómo muda de color, y se le han saltado las lágrimas. No,
no prosigáis.
HAMLET.--Basta ya, presto me dirás lo que falta. Señor mío, es menester
hacer que estos cómicos se establezcan, ¿lo entiendes? y agasajarlos
bien. Ellos son sin duda el epítome histórico de los siglos, y más te
valdrá tener después de muerto un mal epitafio que una mala reputación
entre ellos mientras vivas.
POLONIO.--Yo, señor, los trataré conforme á sus méritos.
HAMLET.--¡Qué cabeza ésta! No, señor, mucho mejor. Si a los hombres se
los hubiese de tratar según merecen, ¿quién escaparía de ser azotado?
Trátalos como corresponde á tu nobleza y á tu propio honor; cuanto menor
sea su mérito, mayor sea tu bondad. Acompáñalos.
POLONIO.--Venid, señores.
HAMLET.--Amigos, id con él. Mañana habrá comedia. Oye aquí tú, amigo,
dime, ¿no pudierais representar -la Muerte de Gonzago-?
CÓMICO 1.º--Sí, señor.
HAMLET.--Pues mañana á la noche quiero que se haga. ¿Y no podrías, si
fuese menester aprender de memoria unos doce ó diez y seis versos que
quiero escribir é insertar en la pieza? ¿Podrás?
CÓMICO 1.º--Sí, señor.
HAMLET.--Muy bien; pues vete con aquel caballero, y cuenta no hagáis
burla de él. Amigos, hasta la noche. Pasadlo bien.
RICARDO.--Señor...
HAMLET.--Id con Dios.
ESCENA XI
HAMLET
Ya estoy solo. ¡Qué abatido, qué insensible soy! ¿No es admirable que
este actor, en una fábula, en una ficción, pueda dirigir tan á su placer
el ánimo, que así agite y desfigure el rostro en la declamación,
vertiendo de sus ojos lágrimas, débil la voz, y todas sus acciones tan
acomodadas á lo que quiere expresar? Y esto por nadie: por Hécuba. ¿Y
quién es Hécuba para él, ó él para ella, que así llora sus infortunios?
Pues ¡qué no haría si él tuviese los tristes motivos de dolor que yo
tengo! Inundaría el teatro con llanto, su terrible acento conturbaría á
cuantos le oyesen, llenaría de desesperación al culpado, de temor al
inocente, al ignorante de confusión, y sorprendería con asombro la
facultad de los ojos y los oídos. ¡Pero yo, miserable, sin vigor y
estúpido, sueño adormecido, permanezco mudo, y miro con tal indiferencia
mis agravios! Qué, ¿nada merece un rey con quien se cometió el más atroz
delito para despojarle del cetro y la vida? ¿Soy cobarde yo? ¿Quién se
atreve á llamarme villano, ó á insultarme en mi presencia, arrancarme la
barba, soplármela al rostro, asirme de la nariz, ó hacerme tragar lejía
que me llegue al pulmón? ¿Quién se atreve a tanto? ¿Sería yo capaz de
sufrirlo? Sí, que no es posible sino que yo sea como la paloma, que
carece de hiel, incapaz de acciones crueles; á no ser esto, ya se
hubieran cebado los milanos del aire en los despojos de aquel indigno,
deshonesto, homicida, pérfido seductor, feroz malvado, que vive sin
remordimientos de su culpa. Pero ¿por qué he de ser tan necio? ¿Será
generoso proceder el mío, que yo, hijo de un querido padre (de cuya
muerte alevosa el cielo y el infierno mismo me piden venganza),
afeminado y débil desahogue con palabras el corazón, prorrumpa en
execraciones vanas como una prostituta vil ó un pillo de cocina? ¡Ah!
no, ni aun sólo imaginarlo. ¡Eh!... Yo he oído que tal vez asistiendo á
una representación hombres muy culpados, han sido heridos en el alma con
tal violencia por la ilusión del teatro, que á vista de todos han
publicado sus delitos; que la culpa, aunque sin lengua, siempre se
manifestará por medios maravillosos. Yo haré que estos actores
representen delante de mi tío algún pasaje que tenga semejanza con la
muerte de mi padre. Yo le heriré en lo más vivo del corazón, observaré
sus miradas; si muda de color, si se estremece, ya sé lo que me toca
hacer. La aparición que vi pudiera ser un espíritu del infierno. Al
demonio no le es difícil presentarse bajo la más agradable forma; sí, y
acaso como él es tan poderoso sobre una imaginación perturbada,
valiéndose de mi propia debilidad y melancolía, me engaña para perderme.
Yo voy á adquirir pruebas más sólidas, y esta representación ha de ser
el lazo en que se enrede la conciencia del rey.
ACTO III
ESCENA PRIMERA
Galería de palacio
CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, OFELIA, RICARDO, GUILLERMO
CLAUDIO.--¿Y no os fué posible indagar en la conversación que con él
tuvisteis, de qué nace aquel desorden de espíritu que tan cruelmente
altera su quietud con turbulenta y peligrosa demencia?
RICARDO.--El mismo reconoce los extravíos de su razón, pero no ha
querido manifestarnos el origen de ellos.
GUILLERMO.--Ni le hallamos en disposición de ser examinado, porque
siempre huye de la cuestión con un rasgo de locura, cuando ve que le
conducimos al punto de descubrir la verdad.
GERTRUDIS.--¿Fuisteis bien recibidos de él?
RICARDO.--Con mucha cortesía.
GUILLERMO.--Pero se le conocía una cierta sujeción.
RICARDO.--Preguntó poco, pero respondía á todo con prontitud.
GERTRUDIS.--¿Le habéis convidado para alguna diversión?
RICARDO.--Sí, señora, porque casualmente habíamos encontrado una
compañía de cómicos en el camino: se lo dijimos, y mostró complacencia
al oirlo. Están ya en la corte, y creo que tienen orden de representarle
esta noche una pieza.
POLONIO.--Así es la verdad, y me ha encargado de suplicar á VV. MM. que
asistan á verla y oirla.
CLAUDIO.--Con mucho gusto: me complace en extremo saber que tiene tal
inclinación. Vosotros, señores, excitadle á ella, y aplaudid su
propensión á este género de placeres.
RICARDO.--Así lo haremos.
ESCENA II
CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, OFELIA
CLAUDIO.--Tú, mi amada Gertrudis, deberás también retirarte, porque
hemos dispuesto que Hamlet al venir aquí, como si fuera casualidad,
encuentre á Ofelia. Su padre y yo, testigos los más aptos para el fin,
nos colocaremos donde veamos sin ser vistos: así podremos juzgar de lo
que entre ambos pase, y en las acciones y palabras del príncipe
conoceremos si es pasión de amor el mal de que adolece.
GERTRUDIS.--Voy á obedeceros; y por mi parte, Ofelia, ¡oh, cuánto
desearía que tu rara hermosura fuese el dichoso origen de la demencia de
Hamlet! Entonces yo debería esperar que tus prendas amables pudieran
para vuestra mutua felicidad restituirle su salud perdida.
OFELIA.--Yo, señora, también quisiera que fuese así.
ESCENA III
CLAUDIO, POLONIO, OFELIA
POLONIO.--Paséate por aquí, Ofelia. Si V. M. gusta podemos ya
ocultarnos. Haz que lees en este libro (-dándole un libro-): esta
ocupación disculpará la soledad del sitio... ¡Materia es por cierto en
que tenemos mucho de que acusarnos! ¡Cuántas veces con el semblante de
la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo
mismo!
CLAUDIO.--Demasiado cierto es... (-Ap.-) ¡Qué cruelmente ha herido esa
reflexión mi conciencia! El rostro de la meretriz, hermoseada con el
arte, no es más feo despojado de los afeites, que lo es mi delito
disimulado en palabras traidoras. ¡Oh, qué pesada carga me oprime!
POLONIO.--Ya le siento llegar, señor; conviene retirarnos.
ESCENA IV
HAMLET, OFELIA
(Hamlet dirá este monólogo, creyéndose solo. Ofelia á un extremo del
teatro lee.)
HAMLET.--Existir o no existir, ésta es la cuestión. ¿Cuál es más digna
acción del ánimo: sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, ú
oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darles fin con
atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño,
diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número,
patrimonio de nuestra débil naturaleza?... Este es un término que
deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soñar. Sí,
y ved aquí el grande obstáculo; porque el considerar qué sueños podrán
ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este
despojo mortal, es razón harto poderosa para detenernos. Esta es la
consideración que hace nuestra infelicidad tan larga. ¿Quién, si esto no
fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los
empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito, de los hombres
más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y
quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los
soberbios, cuando el que esto sufre pudiera procurar su quietud con sólo
un puñal? ¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo
el peso de una vida molesta, si no fuese que el temor de que existe
alguna cosa más allá de la muerte (aquel país desconocido, de cuyos
límites ningún caminante torna) nos embaraza en dudas y nos hace sufrir
los males que nos cercan, antes que ir á buscar otros de que no tenemos
seguro conocimiento? Esta previsión nos hace á todos cobardes: así la
natural tintura de valor se debilita con los barnices pálidos de la
prudencia; las empresas de mayor importancia por esta sola consideración
mudan camino, no se ejecutan, y se reducen á designios vanos. Pero...
¡la hermosa Ofelia! Graciosa niña, espero que mis defectos no serán
olvidados en tus oraciones.
OFELIA.--¿Cómo os habéis sentido, señor, en todos estos días?
HAMLET.--Muchas gracias. Bien.
OFELIA.--Conservo en mi poder algunas expresiones vuestras que deseo
restituiros mucho tiempo ha, y os pido que ahora las toméis.
HAMLET.--No, yo nunca te di nada.
OFELIA.--Bien sabéis, señor, que os digo verdad... Y con ellas me
dísteis palabras de tan suave aliento compuestas, que alimentaron con
extremo su valor; pero ya disipado aquel perfume, recibidlas, que un
alma generosa considera como viles los más opulentos dones, si llega á
entibiarse el afecto de quien los dió. Vedlos aquí.
(-Presentándole algunas joyas. Hamlet rehusa tomarlas-).
HAMLET.--¡Oh! ¡oh! ¿Eres honesta?
OFELIA.--Señor...
HAMLET.--¿Eres hermosa?
OFELIA.--¿Qué pretendéis decir con eso?
HAMLET.--Que si eres honesta y hermosa, no debes consentir que tu
honestidad trate con tu belleza.
OFELIA.--¿Puede acaso tener la hermosura mejor compañera que la
honestidad?
HAMLET.--Sin duda alguna. El poder de la hermosura convertirá á la
honestidad en una alcahueta, antes que la honestidad logre dar á la
hermosura su semejanza. En otro tiempo se tenía esto por una paradoja;
pero en la edad presente es cosa probada... Yo te quería antes, Ofelia.
OFELIA.--Así me lo dabais á entender.
HAMLET.--Y tú no debieras haberme creído, porque nunca puede la virtud
ingerirse tan perfectamente en nuestro endurecido tronco, que nos quite
aquel resquemo original... Yo no te he querido nunca.
OFELIA.--Muy engañada estuve.
HAMLET.--Mira, vete á un convento: ¿para qué te has de exponer á ser
madre de hijos pecadores? Yo soy medianamente bueno; pero al considerar
algunas cosas de que puedo acusarme, sería mejor que mi madre no me
hubiese parido. Yo soy muy soberbio, vengativo, ambicioso, con más
pecados sobre mi cabeza que pensamientos para explicarlos, fantasía para
darles forma, ni tiempo para llevarlos á ejecución. ¿A qué fin los
miserables como yo han de existir arrastrados entre el cielo y la
tierra? Todos somos insignes malvados: no creas á ninguno de nosotros;
vete, vete á un convento... ¿En dónde está tu padre?
OFELIA.--En casa está, señor.
HAMLET.--¿Sí? pues que cierren bien todas las puertas, para que si
quiere hacer locuras las haga dentro de su casa. Adiós.
(-Hace que se va, y vuelve-)
OFELIA.--¡Oh, mi buen Dios, favorecedle!
HAMLET.--Si te casas, quiero darte esta maldición en dote. Aunque seas
un hielo en la castidad, aunque seas tan pura como la nieve, no podrás
librarte de la calumnia. Vete á un convento. Adiós. Pero... escucha: si
tienes necesidad de casarte, cásate con un tonto; porque los hombres
avisados saben muy bien que vosotras los convertís en fieras... Al
convento, y pronto. Adiós.
(-Hace, que se va, y vuelve-).
OFELIA.--¡El cielo con su poder le alivie!
HAMLET.--He oído hablar mucho de vuestros afeites y embelecos. La
naturaleza os dió una cara, y vosotras os hacéis otra distinta. Con esos
brinquillos, ese pasito corto, ese hablar aniñado, pasáis por inocentes
y convertís en gracia vuestros defectos mismos. Pero no hablemos más de
esta materia, que me ha hecho perder la razón... Digo sólo que de hoy en
adelante no habrá más casamientos; los que ya están casados (exceptuando
uno) permanecerán así; los otros se quedarán solteros... Véte al
convento, véte.
ESCENA V
OFELIA
¡Oh, qué trastorno ha padecido esa alma generosa! La penetración del
cortesano, la lengua del sabio, la espada del guerrero, la esperanza y
delicias del estado, el espejo de la cultura, el modelo de la gentileza
que estudiaban los más advertidos, todo, todo se ha aniquilado. Y yo, la
más desconsolada é infeliz de las mujeres, que gusté algún día la miel
de sus promesas suaves, veo ahora aquel noble y sublime entendimiento
desacordado, como la campana sonora que se hiende; aquella incomparable
presencia, aquel semblante de florida juventud, alterado con el frenesí.
¡ Oh, cuánta, cuánta es mi desdicha de haber visto lo que vi, para ver
ahora lo que veo!
ESCENA VI
CLAUDIO, POLONIO, OFELIA
CLAUDIO.--¡Amor! ¡Qué! No van por este camino sus afectos; ni en lo que
ha dicho, aunque algo falto de orden, hay nada que parezca locura.
Alguna idea tiene en el ánimo que cubre y fomenta su melancolía, y
recelo que ha de ser un mal el fruto que produzca. A fin de prevenirlo,
he resuelto que salga prontamente para Inglaterra á pedir en mi nombre
los atrasados tributos. Acaso el mar y los países diferentes podrán con
la variedad de objetos alejar esta pasión que le ocupa, sea la que
fuere, sobre la cual su imaginación sin cesar golpea. ¿Qué te parece?
POLONIO.--Que así es lo mejor. Pero yo creo, no obstante, que el origen
y principio de su aflicción provengan de un amor mal correspondido. Tú,
Ofelia, no hay para qué nos cuentes lo que te ha dicho el príncipe, que
todo lo hemos oído.
ESCENA VII
CLAUDIO, POLONIO
POLONIO.--Haced lo que os parezca, señor; pero si lo juzgáis á
propósito, sería bien que la reina retirada á solas con él, luego que se
acabe el espectáculo le inste a que le manifieste sus penas, hablándole
con entera libertad. Yo, si lo permitís, me pondré en paraje de donde
pueda oir toda la conversación. Si no logra su madre descubrir este
arcano, enviadle á Inglaterra, ó desterradle adonde vuestra prudencia os
dicte.
CLAUDIO.--Así se hará. La locura de los poderosos debe ser examinada con
escrupulosa atención.
ESCENA VIII
Salón de palacio
El salón estará iluminado; habrá asientos que formen semicírculo
para el concurso que ha de asistir al espectáculo. Ha de haber en
el foro una gran puerta con pabellones y cortina, por donde saldrán
á su tiempo los actores que deben representar.
HAMLET y dos cómicos
HAMLET.--Dirás este pasaje en la forma que te le he declamado yo: con
soltura de lengua, no con voz desentonada, como lo hacen muchos de
nuestros cómicos; más valdría entonces dar mis versos al pregonero para
que los dijese. Ni manotees así acuchillando el aire; moderación en
todo, puesto que aun en el torrente, la tempestad, y por mejor decir, el
huracán de las pasiones, se debe conservar aquella templanza que hace
suave y elegante la expresión. A mí me desazona en extremo ver á un
hombre muy cubierta la cabeza con su cabellera, que á fuerza de gritos
estropea los afectos que quiere exprimir, y rompe y desgarra los oídos
del vulgo rudo, que sólo gusta de gesticulaciones insignificantes y de
estrépito. Yo mandaría azotar á un energúmeno de tal especie; Herodes de
farsa, más furioso que el mismo Herodes. Evita, evita este vicio.
CÓMICO 1.º--Así os lo prometo.
HAMLET.--Ni seas tampoco demasiado frío; tu misma prudencia debe
guiarte. La acción debe corresponder á la palabra, y ésta á la acción,
cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la naturaleza. No
hay defecto que más se oponga al fin de la representación, que desde el
principio hasta ahora ha sido y es ofrecer á la naturaleza un espejo en
que vea la virtud su propia forma, el vicio su imagen, cada nación y
cada siglo sus principales caracteres. Si esta pintura se exagera ó se
debilita, excitará la risa de los ignorantes; pero no puede menos de
disgustar á los hombres de buena razón, cuya censura debe ser para
vosotros de más peso que la de toda la multitud que llena el teatro. Yo
he visto representar á algunos cómicos, que otros aplaudían con
entusiasmo, por no decir con escándalo, los cuales no tenían acento ni
figura de cristianos, ni de gentiles, ni de hombres; que al verlos
hincharse y bramar no los juzgué de la especie humana, sino unos
simulacros rudos de hombres, hechos por algún mal aprendiz. Tan
inicuamente imitaban la naturaleza.
CÓMICO 1.º--Yo creo que en nuestra compañía se ha corregido bastante ese
defecto.
HAMLET.--Corregidle del todo, y cuidad también que los que hacen de
payos no añadan nada á lo que está escrito en su papel; porque algunos
de ellos, para hacer reir á los oyentes más adustos, empiezan á dar
risotadas, cuando el interés del drama debería ocupar toda la atención.
Esto es indigno, y manifiesta en los necios que lo practican el ridículo
empeño de lucirlo. Id á prepararos.
ESCENA IX
HAMLET, POLONIO, RICARDO, GUILLERMO
HAMLET.--Y bien, Polonio, ¿gustará al rey de oir esta pieza?
POLONIO.--Sí, señor, al instante, y la reina también.
HAMLET.--Ve á decir á los cómicos que se despachen. ¿Queréis ir vosotros
á darles prisa?
RICARDO.--Con mucho gusto.
ESCENA X
HAMLET, HORACIO
HAMLET.--¿Quién es?... ¡Ah! Horacio.
HORACIO.--Veisme aquí, señor, á vuestras órdenes.
HAMLET.--Tú, Horacio, eres un hombre cuyo trato me ha agradado siempre.
HORACIO.--¡Oh! señor...
HAMLET.--No creas que pretendo adularte; ¿ni qué utilidades puedo yo
esperar de ti, que exceptuando tus buenas prendas, no tienes otras
rentas para alimentarte y vestirte? ¿Habrá quien adule al pobre? No...
Los que tienen almibarada la lengua, váyanse á lamer con ella la
grandeza estúpida, y doblen los goznes de sus rodillas donde la lisonja
encuentre galardón. ¿Me has entendido? Desde que mi alma se halló capaz
de conocer á los hombres y pudo elegirlos, tú fuiste el escogido y
marcado para ella; porque siempre, ó desgraciado ó feliz, has recibido
con igual semblante los premios y los reveses de la fortuna. Dichosos
aquéllos cuyo temperamento y juicio se combinan con tal acuerdo, que no
son entre los dedos de la fortuna una flauta dispuesta á sonar según
ella guste. Dame un hombre que no sea esclavo de sus pasiones, y yo le
colocaré en el centro de mi corazón: sí, en el corazón de mi corazón,
como lo hago contigo. Pero yo me dilato demasiado en esto. Esta noche se
representa un drama delante del rey; una de sus escenas contiene
circunstancias muy parecidas á las de la muerte de mi padre, de que ya
te hablé. Te encargo que cuando este paso se represente observes á mi
tío con la más viva atención del alma; si al ver uno de aquellos lances
su oculto delito no se descubre por sí solo, sin duda el que hemos visto
es un espíritu infernal, y son todas mis ideas más negras que los
yunques de Vulcano. Examínale cuidadosamente: yo también fijaré mi vista
en su rostro, y después uniremos nuestras observaciones para juzgar lo
que su exterior nos anuncie.
HORACIO.--Está bien, señor; y si durante el espectáculo logra hurtar á
nuestra indagación el menor arcano, yo pago el hurto.
HAMLET.--Ya vienen á la función; vuélvome á hacer el loco, y tú busca
asiento.
ESCENA XI
CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, HORACIO, POLONIO, OFELIA, RICARDO,
GUILLERMO y acompañamiento de damas, caballeros, pajes y guardias.
(-Suena marcha dánica-).
CLAUDIO.--¿Cómo estás, mi querido Hamlet?
HAMLET.--Muy bueno, señor; me mantengo del aire como el camaleón,
engordo de esperanzas. No podréis vos cebar así á vuestros capones.
CLAUDIO.--No comprendo esa respuesta, Hamlet, ni tales razones son para
mí.
HAMLET.--Ni para mí tampoco. ¿No dices tú que una vez representaste en
la universidad? ¿eh?
POLONIO.--Sí, señor, así es; y fuí reputado por muy buen actor.
HAMLET.--¿Y qué hiciste?
POLONIO.--El papel de Julio César. Bruto me asesinaba en el Capitolio.
HAMLET.--Muy bruto fué el que cometió en el Capitolio tan capital
delito. ¿Están ya prevenidos los cómicos?
RICARDO.--Sí, señor, y esperan sólo vuestras órdenes.
GERTRUDIS.--Ven aquí, mi querido Hamlet, ponte á mi lado.
(-Gertrudis y Claudio se sientan junto á la puerta por donde han de
salir los actores. Siguen por su orden las damas y caballeros.
Hamlet se sienta en el suelo á los pies de Ofelia-).
HAMLET.--No, señora; aquí hay un imán de más atracción para mí.
POLONIO.--¡Ah! ¡ah! ¿habéis notado eso?
HAMLET.--¿Permitiréis que me ponga sobre vuestra rodilla?
OFELIA.--No, señor.
HAMLET.--Quiero decir, apoyar mi cabeza en vuestra rodilla.
OFELIA.--Sí, señor.
HAMLET.--¿Pensáis que yo quisiera cometer alguna indecencia?
OFELIA.--No, no pienso nada de eso.
HAMLET.--¡Qué dulce cosa es...!
OFELIA.--¿Qué decís, señor?
HAMLET.--Nada.
OFELIA.--Se conoce que estáis de fiesta.
HAMLET.--¿Quién yo?
OFELIA.--Sí, señor.
HAMLET.--Lo hago sólo por divertiros. Y bien mirado, ¿qué debe hacer un
hombre sino vivir alegre? Ved mi madre qué contenta está, y mi padre
murió ayer.
OFELIA.--¡Eh! no, señor, que ya hace dos meses.
HAMLET.--¿Tanto ha? ¡Oh! pues quiero vestirme todo de armiños, y llévese
el diablo el luto. ¡Dios mío! ¿dos meses há que murió, y todavía se
acuerdan de él? De esa manera ya puede esperarse que la memoria de un
grande hombre le sobreviva quizás medio año; bien que es menester que
haya sido fundador de iglesias, que si no, por la Virgen santa no habrá
nadie que de él se acuerde, como del caballo de palo, de quien dice
aquel epitafio:
Ya murió el caballito de palo,
Y ya le olvidaron así que murió.
(Suenan trompetas, y se da principio á la escena muda.--Salen el
duque y la duquesa (que lo harán los cómicos primero y segundo); al
encontrarse, se saludan y abrazan afectuosamente; ella se arrodilla
mostrando el mayor respeto; él la levanta y reclina la cabeza
sobre el pecho de su esposa. Acuéstase el duque en un lecho de
flores, y ella se retira al verle dormido. Sale el cómico tercero
(que hace el papel de Luciano, sobrino del duque), se acerca, le
quita al duque la corona, la besa, le derrama en el oído una
porción de licor que lleva en un frasco, y hecho esto se va. Vuelve
la duquesa, y hallando muerto á su marido, manifiesta gran
sentimiento. Sale Luciano con dos ó tres que le acompañan, y hace
ademanes de dolor; manda retirar el cadáver, y quedando á solas con
la duquesa, la solicita y la ofrece dádivas; ella resiste un poco y
le desdeña, pero al fin admite su amor. Vanse.)
OFELIA.--¿Qué significa esto, señor?
HAMLET.--Esto es un asesinato oculto, y anuncia grandes maldades.
OFELIA.--Según parece, la escena muda contiene el argumento del drama.
ESCENA XII
Cómico cuarto y dichos
HAMLET.--Ahora lo sabremos por lo que nos diga ese actor; los cómicos no
pueden callar un secreto, todo lo cuentan.
OFELIA.--¿Nos dirá éste lo que significa la escena que hemos visto?
HAMLET.--Sí, por cierto, y cualquiera otra escena que le hagáis ver.
Como no os avergoncéis de representársela, él no se avergonzará de
deciros lo que significa.
OFELIA.--¡Qué malo, qué malo sois! Pero dejadme atender á la pieza.
CÓMICO 4.º--Humildemente os pedimos
que escuchéis esta tragedia,
disimulando las faltas
que haya en nosotros y en ella.
HAMLET.--¿Es esto prólogo, ú mote de sortija?
OFELIA.--¡Qué corto ha sido!
HAMLET.--Como cariño de mujer.
ESCENA XIII
Cómico primero, cómico segundo y dichos
CÓMICO 1.º--Ya treinta vueltas dió de Febo el carro á las ondas
saladas de Nereo y al globo de la tierra, y treinta veces con luz
prestada han alumbrado el suelo doce lunas, en giros repetidos,
después que el dios de amor y el himeneo nos enlazaron, para dicha
nuestra, en nudo santo el corazón y el cuello.
CÓMICO 2.º--Y ¡oh! quiera el cielo que otros tantos giros á la luna
y al sol, señor, contemos antes que el fuego; de este amor se
apague. Pero es mi pena inconsolable al veros doliente, triste y
tan diverso ahora de aquel que fuisteis... Tímida recelo... Mas
toda mi aflicción nada os conturbe; que en pecho femenil llega al
exceso el temor y el amor. Allí residen en igual proporción ambos
afectos, ó no existe ninguno, ó se combinan éste y aquél con el
mayor extremo. Cuán grande es el amor que á vos me inclina, las
pruebas lo dirán que dadas tengo; pues tal es mi temor. Si un fino
amante, sin motivo tal vez vive temiendo, la que al veros así toda
es temores, muy puro amor abrigará en el pecho.
CÓMICO 1.º--Sí, yo debo dejarte, amada mía; inevitable es ya;
cederán presto á la muerte mis fuerzas fatigadas; tú vivirás,
gozando del obsequio y el amor de la tierra. Acaso entonces un
digno esposo...
CÓMICO 2.º--No, dad al silencio esos anuncios. ¿Yo? Pues ¿no serían
traición culpable en mí tales afectos? ¿Yo un nuevo esposo? No; la
que se entrega al segundo señor, mató al primero.
HAMLET.--Esto es zumo de ajenjos.
CÓMICO 2.º--Motivos de interés tal vez inducen á renovar los nudos
de himeneo, no motivos de amor; yo causaría segunda muerte á mi
difunto dueño, cuando del nuevo esposo recibiera en tálamo nupcial
amantes besos.
CÓMICO 1.º--No dudaré que el corazón te dicta lo que aseguras hoy;
fácil creemos cumplir lo prometido, y fácilmente se quebranta y se
olvida. Los deseos del hombre á la memoria están sumisos, que nace
activa y desfallece presto. Así pende del ramo acerbo el fruto, y
así maduro, sin impulso ajeno, se desprende después. Difícilmente
nos acordamos de llevar á efecto promesas hechas á nosotros mismos,
que al cesar la pasión cesa el empeño. Cuando de la aflicción y la
alegría se moderan los ímpetus violentos, con ellos se disipan las
ideas á que dieron lugar, y el más ligero acaso los placeres en
afanes muda tal vez, y en risa los lamentos. Amor, como la suerte,
es inconstante: que en este mundo al fin nada hay eterno, y aun se
ignora si él manda á la fortuna, ó si ésta del amor cede al
imperio. Si el poderoso del lugar sublime se precipita, le
abandonan luego cuantos gozaron su favor; si el pobre sube á
prosperidad, los que le fueron más enemigos su amistad procuran (y
el amor sigue á la fortuna en esto) que nunca al venturoso amigos
faltan, ni al pobre desengaños y desprecios. Por diferente senda se
encaminan los destinos del hombre y sus afectos, y sólo en él la
voluntad es libre, mas no la ejecución; y así el suceso nuestros
designios todos desvanece. Tú me prometes no rendir á nuevo yugo
tu libertad... Esas ideas ¡ay! morirán cuando me vieres muerto.
CÓMICO 2.º--Luces me niegue el sol, frutos la tierra, sin descanso
y placer viva muriendo, desesperada y en prisión obscura, su mesa
envidie al eremita austero; cuantas penas el ánimo entristecen,
todas turben el fin de mis deseos y los destruyan, ni quietud
encuentre en parte alguna con afán eterno; si ya difunto mi primer
esposo, segundas bodas pérfida celebro.
HAMLET.--Si ella no cumpliese lo que promete...
CÓMICO 1.º--Mucho juraste... Aquí gozar quisiera
solitaria quietud; rendido siento
al cansancio mi espíritu. Permite
que alguna parte le conceda al sueño
de las molestas horas.
(-Se acuesta en un lecho de flores-)
Cómico 2.º--El te halague
con tranquilo descanso, y nunca el cielo
en unión tan feliz pesares mezcle.(-Vase-).
HAMLET.--Y bien, señora, ¿qué tal os va pareciendo la pieza?
GERTRUDIS.--Me parece que esa mujer promete demasiado.
HAMLET.--Sí, pero lo cumplirá.
CLAUDIO.--¿Te has enterado bien del asunto? ¿Tiene algo que sea de mal
ejemplo?
HAMLET.--No, señor, no. Si todo ello es mera ficción; un veneno...
fingido; pero mal ejemplo, ¡qué! no, señor.
CLAUDIO.--¿Cómo se intitula este drama?
HAMLET.---La Ratonera.- Cierto que sí... es un título metafórico. En
esta pieza se trata de un homicidio cometido en Viena... el duque se
llama Gonzago, y su mujer Baptista... Ya, ya veréis presto... ¡Oh! ¡es
un enredo maldito! ¿Y qué importa? A V. M. y á mí, que no tenemos
culpado el ánimo, no nos puede incomodar; al rocín que esté lleno de
mataduras le hará dar coces; pero á bien que nosotros no tenemos
desollado el lomo.
ESCENA XIV
Cómico tercero y dichos
HAMLET.--Este que sale ahora se llama Luciano, sobrino del duque.
OFELIA.--Vos suplís perfectamente la falta del coro.
HAMLET.--Y aun pudiera servir de intérprete entre vos y vuestro amante,
si viese puestos en acción entrambos títeres.
OFELIA.--¡Vaya, que tenéis una lengua que corta!
HAMLET.--Con un buen suspiro que deis, se le quita el filo.
OFELIA.--Eso es; siempre de mal en peor.
HAMLET.--Así hacéis vosotras en la elección de marido: de mal en peor...
Empieza, asesino... Déjate de poner ese gesto de condenado, y empieza.
Vamos... el cuervo graznador está ya gritando venganza.
CÓMICO 3.º--Negros designios, brazo ya dispuesto
á ejecutarlos, tósigo oportuno,
sitio remoto, favorable el tiempo,
y nadie que lo observe. Tú, extraído
de la profunda noche en el silencio,
atroz veneno de mortales hierbas
(invocada Prosérpina) compuesto;
infectadas tres veces, y otras tantas
exprimidas después, sirve á mi intento;
pues á tu actividad mágica, horrible,
la robustez vital cede tan presto.
(-Acércase adonde está durmiendo el cómico primero; destapa un
frasquillo, y le echa una porción de licor en el oído-).
HAMLET.--¿Veis? Ahora le envenena en el jardín para usurparle el cetro.
El duque se llama Gonzago... Es historia cierta, y corre escrita en muy
buen italiano. Presto veréis cómo la mujer de Gonzago se enamora del
matador.
(-Levántase Claudio lleno de indignación. Gertrudis, los
caballeros, damas y acompañamiento hacen lo mismo, y se van según
lo indica el diálogo-).
OFELIA.--El rey se levanta.
HAMLET.--Qué, ¿le atemoriza un fuego aparente?
GERTRUDIS.--¿Qué tenéis, señor?
POLONIO.--No paséis adelante, dejadlo.
CLAUDIO.--Traed luces. Vamos de aquí.
TODOS.--Luces, luces.
ESCENA XV
HAMLET, HORACIO, cómico primero, cómico tercero
(-Hamlet canta estos versos en voz baja, y representa los que
siguen después. Los cómicos primero y tercero estarán retirados á
un extremo del teatro, esperando sus órdenes-).
HAMLET.--El ciervo herido llora,
y el corzo no tocado
de flecha voladora,
se huelga por el prado;
duerme aquel, y á deshora
veis éste desvelado;
que tanto el mundo va desordenado.
Y dígame, señor mío: si en adelante la fortuna me tratase mal, con esta
gracia que tengo para la música y un bosque de plumas en la cabeza, y un
par de lazos provenzales en mis zapatos rayados, ¿no podría hacerme
lugar entre un coro de comediantes?
HORACIO.--Mediano papel.
HAMLET.--¿Mediano? excelente.
Tú sabes, Damón querido,
que esta nación ha perdido
al mismo Jove y violento
tirano le ha sucedido
en el trono mal habido,
un... ¿quién diré yo? un... un sapo.
HORACIO.--Bien pudierais haber conservado el consonante.
HAMLET.--¡Oh! mi buen Horacio; cuanto aquel espíritu dijo es demasiado
cierto. ¿Lo has visto ahora?
HORACIO.--Sí, señor, bien lo he visto.
HAMLET.--¿Cuando se trató del veneno?
HORACIO.--Bien, bien le observé entonces.
HAMLET.--¡Ah! quisiera algo de música (-A los cómicos-:) traedme unas
flautas... Si el rey no gusta de la comedia, será sin duda porque...
porque no le gusta. Vaya un poco de música.
ESCENA XVI
HAMLET, HORACIO, RICARDO, GUILLERMO
GUILLERMO.--Señor, ¿permitiréis que os diga una palabra?
HAMLET.--Y una historia entera.
GUILLERMO.--El rey...
HAMLET.--Muy bien: ¿qué le sucede?
GUILLERMO.--Se ha retirado á su cuarto con mucha destemplanza.
HAMLET.--¿De vino, eh?
GUILLERMO.--No, señor, de cólera.
HAMLET.--Pero ¿no sería más acertado írselo á contar al médico? ¿No veis
que si yo me meto en hacerle purgar ese humor bilioso, puede ser que se
le aumente?
GUILLERMO.--¡Oh! señor, dad algún sentido á lo que habláis, sin
desentenderos con tales extravagancias de lo que os vengo á decir.
HAMLET.--Estamos de acuerdo. Prosigue pues.
GUILLERMO.--La reina vuestra madre, llena de la mayor aflicción, me
envía á buscaros.
HAMLET.--Seáis muy bien venido.
GUILLERMO.--Esos cumplimientos no tienen nada de sinceridad. Si queréis
darme una respuesta sensata, desempeñaré el cargo de la reina; si no,
con pediros perdón y retirarme se acabó todo.
HAMLET.--Pues, señor, no puedo.
GUILLERMO.--¿Cómo?
HAMLET.--Me pides una respuesta, y mi razón está un poco achacosa: no
obstante, responderé del modo que pueda á cuanto me mandes, ó por mejor
decir, á lo que mi madre me manda. Con que nada hay que añadir en esto.
Vamos al caso. Tú has dicho que mi madre...
RICARDO.--Señor, lo que dice es que vuestra conducta la ha llenado de
sorpresa y admiración.
HAMLET.--¡Oh maravilloso hijo, que así ha podido aturdir á su madre!
Pero díme, ¿esa admiración no ha traído otra consecuencia? ¿No hay algo
más?
RICARDO.--Sólo que desea hablaros en su gabinete antes que os vayáis a
recoger.
HAMLET.--La obedeceré, si diez veces fuera mi madre. ¿Tienes algún otro
negocio que tratar conmigo?
RICARDO.--Señor, yo me acuerdo de que en otro tiempo me estimabais
mucho.
HAMLET.--Y ahora también. Te lo juro por estas manos rateras.
RICARDO.--Pero ¿cuál puede ser el motivo de vuestra indisposición? Eso,
por cierto, es cerrar vos mismo las puertas á vuestra libertad, no
queriendo comunicar con vuestros amigos los pesares que sentís.
HAMLET.--Estoy muy atrasado.
RICARDO.--¿Cómo es posible, cuando tenéis el voto del rey mismo para
sucederle en el trono de Dinamarca?
HAMLET.--Sí, pero mientras nace la hierba... Ya es un poco antiguo el
tal refrán. ¡Ah! ya están aquí las flautas.
ESCENA XVII
Cómico tercero y dichos
HAMLET.--Dejadme ver una.... ¿A qué tengo de ir ahí? (-Guillermo y
Ricardo se acercan á Hamlet con ademán obsequioso, siguiéndole adonde
quiera que se vuelve, hasta que viendo su enfado se apartan-) Parece que
me quieres hacer caer en alguna trampa, según me cercas por todos lados.
GUILLERMO.--Ya veo, señor, que si el deseo de cumplir con mi obligación
me da osadía, acaso el amor que os tengo me hace grosero también é
importuno.
HAMLET.--No entiendo bien eso. ¿Quieres tocar esta flauta?
GUILLERMO.--Yo no puedo, señor.
HAMLET.--Vamos.
GUILLERMO.--De veras que no puedo.
HAMLET.--Yo te lo suplico.
GUILLERMO.--Pero si no sé palabra de eso...
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