PIEDRA.--«¡Á Dios gracias!» Galana respuesta. ¿Eres rico? GUILLERMO.--Á fe mía, señor, así... así. PIEDRA.--«Así, así;» está bien, muy bien, desmesuradamente bien; y sin embargo, no lo es; no es más que así, así. ¿Eres discreto? GUILLERMO.--Sí, señor: tengo un ingenio regular. PIEDRA.--Pues dices bien. Recuerdo ahora un dicho: «el necio se cree discreto y el discreto se tiene á sí propio en concepto de necio.» El filósofo pagano cada vez que tenía deseo de comer un racimo de uvas abría los labios al ponerlo en la boca; significando con ello que las uvas han sido hechas para comerlas y los labios para abrirse. ¿Amas á esta muchacha? GUILLERMO.--Sí, señor, la amo. PIEDRA.--Dame tu mano. ¿Eres instruído? GUILLERMO.--No, señor. PIEDRA.--Entonces aprende de mí esto: tener es tener; porque es una figura retórica que la bebida vertida de una taza á un vaso, mientras llena al uno deja vacía á la otra; pues todos vuestros autores convienen en que -ipse- es él. Ahora bien; vos no sois -ipse-, porque ese soy yo. GUILLERMO.--¿Cuál es ese? PIEDRA.--El que se ha de casar con esta mujer. Por lo cual vos, patán, abandonad--ó en lenguaje vulgar--dejad la sociedad, que en rústico es la compañía, de esta hembra--que en el trato común es esta mujer--y todo junto quiere decir, abandona la sociedad de esta hembra ó pereces ¡oh patán!; ó para que lo entiendas mejor, mueres: á saber: te mato, te hago desaparecer, cambio tu vida en muerte, tu libertad en servidumbre. Te administraré veneno, paliza ó cuchillada. Haré asonadas para pelotearte, te abrumaré con mi política, te mataré de ciento cincuenta modos. Tiembla, pues, y vete. TOMASA.--Hazlo, buen Guillermo. GUILLERMO.--Que Dios os conserve el humor, caballero. (-Sale.--Entra Corino.-) CORINO.--Nuestros amos os buscan: venid, venid. PIEDRA.--Lista, Tomasa, lista, Tomasa. Ya sigo, ya sigo. (-Sale.-) ESCENA II. La misma. Entran ORLANDO y OLIVERIO. ORLANDO.--¿Es posible que conociéndola apenas os hayáis prendado de ella? ¿Que la améis sólo con haberla visto? ¿Y amándola la pretendáis? ¿Y pretendiéndola haya ella consentido? ¿Y tendréis perseverancia en gozarla? OLIVERIO.--No os preocupe lo súbito de mi afecto, ni la pobreza de ella, ni el corto trato y repentino galanteo que me ganaron su consentimiento; sino antes bien, decid conmigo: amo á Aliena; con ella, que me ama; y con los dos, que consentís para que gocemos cada uno del otro. Y ello será en beneficio vuestro; porque transferiré á vuestro favor la casa de mi padre, junto con todas las rentas que fueron del anciano sir Rowland, y yo viviré y moriré aquí como pastor. (-Entra Rosalinda.-) ORLANDO.--Tenéis mi consentimiento. Que sean mañana las nupcias. Á ellas invitaré al duque y á todos sus joviales secuaces. Id á preparar á Aliena, pues he aquí que llega Rosalinda. ROSALINDA.--Dios os guarde, hermano. OLIVERIO.--Y á vos, hermosa hermana. ROSALINDA.--¡Oh mi querido Orlando! ¡Cuánto me duele verte llevar vendado el corazón! ORLANDO.--Es mi brazo. ROSALINDA.--Pensé que las garras de la leona te habían herido el corazón. ORLANDO.--Muy herido está; pena por los ojos de una dama. ROSALINDA.--¿Díjote tu hermano cómo fingí desmayarme cuando me mostró tu pañuelo? ORLANDO.--Sí, y aun prodigios mayores que ese. ROSALINDA.--Ya sé lo que queréis decir. Y en verdad que jamás hubo cosa tan repentina, á no ser el choque de dos carneros, y la famosa baladronada de César: «vine, ví, vencí.» Porque todo fué encontrarse vuestro hermano con mi hermana, cuando se vieron; apenas se vieron se amaron; no bien nació este amor, se dieron á suspirar; al primer suspiro se preguntaron el por qué; y en el instante de saberlo, buscaron el remedio; de modo que escalón por escalón han subido así un par de escaleras hacia el piso del matrimonio. Y lo escalarán incontinenti, so pena de ser incontinentes antes de entrar en él. Están en una verdadera furia de amor y quieren unirse. No los apartarán ni á garrotazos. ORLANDO.--Se casarán mañana, é invitaré al duque á la boda. Pero ¡ay! ¡qué dura cosa es mirar la felicidad por la vista de otros hombres! Tanto mas sentiré mañana en mi corazón el colmo del abatimiento, cuanto más piense en la felicidad de mi hermano al obtener lo que desea! ROSALINDA.--Pues entonces, ¿por qué no podré mañana hacer el papel de Rosalinda? ORLANDO.--No puedo vivir más tiempo de ilusiones. ROSALINDA.--Ya no os fatigaré mas con palabras ociosas. Dejadme deciros, pues (y hablo ahora con algún propósito), que os conozco por caballero bien educado. Y no lo digo por inspiraros buena opinión de mi discernimiento al expresar que os conozco así; ni tengo por objeto ganar vuestro aprecio más allá de lo necesario para que creáis aquello que podrá adquiriros algún bien más que á mí una gracia. Creed, pues, si os place, que puedo hacer cosas extrañas. Desde que tuve tres años de edad, he tratado á un mágico, eximio en su arte, y, sin embargo, no condenable. Si tan de corazón amáis á Rosalinda como parece declararlo vuestra actitud, os casaréis con ella al mismo tiempo que vuestro hermano con Aliena. Conozco bien las adversidades de fortuna en que se encuentra; y no es imposible para mí, si no os parece objecionable, hacerla aparecer en vuestra presencia mañana, en toda su humana realidad y sin peligro alguno. ORLANDO.--¿Hablas seriamente? ROSALINDA.--Te lo aseguro por mi vida, á la cual tengo un afecto muy tierno, aunque diga que soy mágico. Así, pues, vístete de gala, é invita á tus amigos; porque si quieres casarte mañana, te casarás; y con Rosalinda, si quieres. (-Entran Silvio y Febe.-) Mira, aquí vienen una que se ha enamorado de mí, y uno que se ha enamorado de ella. FEBE.--Me habéis tratado con demasiada dureza, joven, mostrando la carta que os había escrito. ROSALINDA.--Si lo he hecho, no me importa. Pongo especial cuidado en parecer adverso y rudo hacia vos. Un fiel pastor os solicita: miradle bien y amadle. Os adora. FEBE.--Buen zagal, decid á este joven lo que es amar. SILVIO.--Es volverse uno todo suspiros y lágrimas; como yo por Febe. FEBE.--Y yo por Ganimedes. ORLANDO.--Y yo por Rosalinda. ROSALINDA.--Y yo por ninguna mujer. SILVIO.--Tiene que ser todo fe y sumisión, como yo para Febe. FEBE.--Y yo para Ganimedes. ORLANDO.--Y yo para Rosalinda. ROSALINDA.--Y yo para ninguna mujer. SILVIO.--Tiene que ser todo fantasía, todo pasión, todo deseos, todo adoración, deber y observancia, todo humildad, todo paciencia é impaciencia, todo pulcritud, contradicción y obediencia, como yo por Febe. FEBE.--Y yo por Ganimedes. ORLANDO.--Y yo por Rosalinda. ROSALINDA.--Y yo por ninguna mujer. FEBE.--(-A Rosalinda.-) Y si es así ¿por qué tenéis á mal el que yo os ame? SILVIO.--(-A Febe.-) Y si es así ¿por qué tenéis á mal el que yo os ame? ORLANDO.--Y si es así ¿por qué tenéis á mal el que yo os ame? ROSALINDA.--¿De quién habláis al decir «tenéis a mal que os ame?» ORLANDO.--De aquella que no está aquí ni me oye. ROSALINDA.--Basta de esto, basta, os lo ruego. Se parece al aullido de los lobos irlandeses á la luna. (-A Silvio.-) Os ayudaré, si puedo. (-A Febe.-) Os amaría, si pudiera. Venid juntos á verme mañana. (-A Febe.-) Me casaré con vos, si he de casarme con alguna mujer, y me casaré mañana. (-A Orlando.-) Os daré satisfacción, si alguna vez he de haber podido darla á un hombre, y os casaréis mañana. (-A Silvio.-) Os dejaré contento, si os contenta lo que os agrada, y os casaréis mañana. (-A Orlando.-) Pues amáis á Rosalinda, venid á la cita. (-A Silvio.-) Pues amáis á Febe, venid á la cita. Y pues no amo á ninguna, vendré á la cita. Así, quedad con Dios. Ya os daré mis órdenes. SILVIO.--No faltaré, si vivo. FEBE.--Ni yo. ORLANDO.--Ni yo. (-Salen.-) ESCENA III. La misma. Entran PIEDRA-DE-TOQUE y TOMASA. PIEDRA.--Mañana es el día de júbilo, Tomasa: mañana nos casaremos. TOMASA.--Con todo mi corazón lo deseo, y espero que no sea malhonesto el desear ser mujer de mundo. He aquí á dos pajes del desterrado duque. (-Entran dos pajes.-) PAJE 1.º--Buen encuentro, honrado caballero. PIEDRA.--Buen encuentro, por vida mía. Vamos, asiento, asiento, y una canción. PAJE 2.º--Estamos á vuestras órdenes: sentaos entre los dos. PAJE 1.º--¿Entraremos en ello de rondón, sin limpiar el pecho, ni escupir, ni decir que estamos roncos, que es el prólogo obligado de toda mala voz? PAJE 2.º--Por cierto, por cierto; y ambos en un solo tono, como dos gitanos en un mismo caballo. CANCIÓN. Iba un amante con su doncella, con el ¡eh! con el ¡oh! y el ¡qué gusto me da!, por los maizales dejando huella, cuando florece la estación bella, la primavera dulce y feráz. Las aves cantan de dos en dos, y los amantes se echan por esos trigos á la buena de Dios. Entre los surcos de los maices, con el ¡eh! con el ¡oh! y el ¡qué gusto me da!, sobre los verdes blandos tapices se recostaron los dos felices bajo la sombra de aquel maizal. Las aves cantan de dos en dos, etc., etc. Y principiaron una tonada, con el ¡eh! con el ¡oh! y el ¡qué gusto me da!, de que la vida no dura nada, como una rosa que á la alborada se abre, y de noche marchita está. Las aves cantan de dos en dos, etc., etc. Disfruta la hora cuando es propicia, con el ¡eh! con el ¡oh! y el ¡qué gusto me da!; porque en amores es la delicia ser coronado con la primicia que en primavera más bella está. Las aves cantan de dos en dos, etc., etc. PIEDRA.--En verdad, caballeritos, que aunque la letra no valía gran cosa, la entonación era insoportable. PAJE 1.º--Os equivocáis, señor. Hemos guardado el tiempo; no hemos perdido el tiempo. PIEDRA.--Á fe mía que sí; pues el tiempo pasado en oir tan necia canción no es más que tiempo perdido. Que Dios os guarde y remiende vuestras voces. Ven, Tomasa. (-Salen.-) ESCENA IV. Otra parte del bosque. Entran el DUQUE (MAYOR), AMIENS, JAQUES, ORLANDO, OLIVERIO Y CELIA. DUQUE (M.)--¿Crees, Orlando, que el mancebo podrá cumplir todo lo que ha prometido? ORLANDO.--Á veces lo creo y á veces no, como aquellos que temen esperar y saben que temen. (-Entran Rosalinda, Silvio y Febe.-) ROSALINDA.--Paciencia una vez más, mientras llega el momento de cumplir nuestro pacto. (-Al Duque.-) ¿Decís, señor, que si os traigo á vuestra Rosalinda la daréis aquí por esposa á Orlando? DUQUE (M.)--Así lo haría, aunque tuviera que dar reinos con ella. ROSALINDA.--(-A Orlando.-) ¿Y vos decís que la tomaréis por esposa en el momento en que la traiga? ORLANDO.--Así lo haría, aunque fuese soberano de todos los reinos. ROSALINDA.--(-A Febe.-) ¿Decís que os casaréis conmigo si lo deseo? FEBE.--Así lo haría aunque tuviera que morir una hora después. ROSALINDA.--Pero si rehusáis el casaros conmigo, ¿seréis la esposa de este fidelísimo pastor? FEBE.--Es lo convenido. ROSALINDA.--(-A Silvio.-) ¿Decís que tomaréis por esposa á Febe, si consiente? SILVIO.--Aunque tomarla y morir fuese todo uno. ROSALINDA.--He prometido allanar todo esto. Cumplid vuestra palabra ¡oh duque! de dar vuestra hija; vos, Orlando, la vuestra de recibir su hija; cumplid vuestra palabra, Febe, de desposaros conmigo; ó si lo rehusáis, de ser la esposa de este pastor. Cumplid vuestra palabra, Silvio, de casaros con ella, si me rehusa; y yo me aparto de aquí para que todas estas perplejidades se aclaren. (-Salen Rosalinda y Celia.-) DUQUE (M.)--Este joven zagal me trae vivamente á la memoria ciertos rasgos de la fisonomía de mi hija. ORLANDO.--Señor, la primera vez que le ví me pareció hermano de vuestra hija; pero, benévolo señor, este joven es nativo de este bosque, y ha sido educado en los rudimentos de muchos aventurados estudios por un tío suyo, de quien dice que era gran mágico y que vivía oscuramente en el recinto de este bosque. (-Entran Piedra-de-toque y Tomasa.-) JAQUES.--De seguro que se aproxima algún nuevo diluvio y estas parejas vienen en busca del arca. He aquí que llega un par de las más extrañas bestias, que en todos los idiomas se conocen con el nombre de imbéciles. PIEDRA.--Salud y buenaventura á todos. JAQUES.--Acogedle benignamente, señor. Éste es el caballero de estrambótica imaginación, que tantas veces he encontrado en el bosque, y jura que ha sido cortesano. PIEDRA.--Y si hay quien lo dude, á la prueba me remito. He bailado una contradanza: he adulado á una señora: he sido político con mi amigo y suave con mi enemigo: he estafado á tres sastres: he tenido cuatro desafíos, y uno de ellos casi acaba á estocadas. JAQUES.--¿Pues cómo vino á acabar? PIEDRA.--Llegando al terreno, y descubriendo que la disputa versaba sobre la séptima causa. JAQUES.--¿Qué séptima causa es esa? Duque mío, vale la pena de gustar de este perillán. DUQUE.--No me desagrada en manera alguna. PIEDRA.--Dios os premie, y otro tanto deseo para vos. Vengo aquí, señor, entre la muchedumbre de paisanos copulativos, á jurar y perjurar, según como liga el matrimonio y como la sangre quebranta. Una pobre doncella, señor, nada agraciada, pero mía. Con ella cargo, señor, por un humilde capricho mío, de tener lo que nadie querría. La honestidad oculta su riqueza, como los avaros, señor, en un pobre alojamiento; así como la perla dentro de una fea ostra. DUQUE.--Á fe mía que es agudo y sentencioso. PIEDRA.--Conforme á la coyunda de los necios, señor, y á tales dulzainas dolencias. JAQUES.--Pero vamos á la séptima causa. ¿Cómo descubristeis que la querella era sobre la séptima causa? PIEDRA.--Por una mentira contradecida siete veces.--No te pongas en tan mala postura, Tomasa.--Y es como sigue, señor. No me gustaba el corte de la barba de cierto cortesano, y él hizo que me dijeran de su parte que si yo decía que su barba no estaba bien cortada, él era de parecer que sí lo estaba: esto se llama -la réplica cortés-. Si yo le enviaba á decir que no estaba bien cortada, él replicaría que la cortaba á su gusto: y esto se llama -el sarcasmo modesto-. Si todavía, que no estaba bien cortada, me calificaría de juez incapaz; y esto es -la réplica grosera-. Si una vez aún, que no estaba bien cortada, me respondería que yo faltaba á la verdad; y esto se llama -la repulsa valiente-. Y si tornase á decir que no estaba bien cortada, me diría que miento; y esto es -el rechazo turbulento-. Y así sucesivamente se llega al -mentís condicional- y al -mentís directo-. JAQUES.--¿Y cuántas veces dijisteis que su barba no estaba bien cortada? PIEDRA.--No me animé á pasar del -mentís condicional-, ni él se atrevió á darme -el mentís directo-. Así, medimos las armas y nos despedimos. JAQUES.--¿Podríais enumerar ahora por su orden los grados de la mentira? PIEDRA.--¡Oh señor! Así como tenéis libros para los buenos modales, tenemos también las querellas en letra de molde, en libro. Os enumeraré los grados. Primero, -la réplica cortés-; segundo, -el sarcasmo modesto-; tercero, -la réplica grosera-; cuarto, -la repulsa valiente-; quinto, -el rechazo turbulento-; sexto, -el mentís condicional-; séptimo, -el mentís directo-. Podéis evadir todos estos, excepto el -mentís directo-; y aun este se puede evadir por medio de un -si- hipotético. Supe de una querella que siete jueces no habían podido arreglar; pero cuando los contendientes se encontraron uno frente á otro en el terreno, ocurriósele á uno de ellos aquel -si-, como por ejemplo: «Si dijisteis tal cosa, entonces dije tal otra;» y se dieron la mano y se juraron amistad eterna. Es increíble lo que puede el -si- hipotético. JAQUES.--Alteza: ¿no es éste un curioso sujeto? Lo mismo sirve para todo; y, sin embargo, es un bufón. DUQUE.--De esa calidad se sirve como de una emboscada, y escondido desde ella dispara sus agudezas. (-Entran Himeneo, conduciendo á Rosalinda en traje de mujer, y Celia.-) HIMENEO. Hay regocijo en el cielo cuando las cosas del suelo acordes y unidas son. Recibe á tu hija querida ¡oh duque! y une su vida al que está en su corazón. Para cumplir tal deseo te la ha traído Himeneo de la celeste región. ROSALINDA (-al duque.-)--Á vos me entrego, pues soy vuestra.--(-A Orlando.-) Á vos me entrego, pues soy vuestra. DUQUE.--Si no engaña la vista, sois mi hija. ORLANDO.--Si no engaña la vista, sois mi Rosalinda. FEBE.--Si la vista y la forma no engañan, ¡adios mi amor! ROSALINDA (-al duque.-)--No tendré padre, si no lo sois vos. (-A Orlando.-) No tendré esposo, si no lo sois vos. (-A Febe.-) Ni me casaré con mujer, si no es con vos. HIMENEO. ¡Silencio! No haya algazara. Yo de esta historia tan rara deduzco una conclusión. Aquí veo cuatro pares que juntar en mis altares, de mano y de corazón. (-A Rosalinda y Orlando.-) Seréis felices unidos. (-A Oliverio y Celia.-) Dos en uno confundidos como ellos, habréis de ser. (-A Febe.-) Al zagal tu amor escoja, si tener no se te antoja por marido una mujer. (-A Piedra y Tomasa.-) Vosotros en firme nudo seréis el invierno rudo y el granizar y el llover. Entre nupciales canciones, averiguad las razones del suceso singular que aquí nos ha reunido, y veréis cómo ha nacido y cómo pudo acabar. CANTO. La diadema de Juno fueron las bodas, que en mesa y lecho junta las almas todas. Honremos á Himeneo que puebla al mundo y es en todas las zonas el dios fecundo. DUQUE.--Bienvenida eres ¡oh amada sobrina! No menos bienvenida que propia hija. FEBE (-á Silvio-).--No faltaré á mi palabra, ahora que eres mío. Tu constancia te ha conciliado mi afecto. (-Entra Jaques de Bois.-) JAQUES DE B.--Concededme audiencia para unas pocas palabras. Soy el hijo segundo de sir Rowland de Bois, y traigo á la digna Asamblea estas nuevas: El duque Federico, informado del considerable número de hombres de valer que diariamente afluyen á este bosque, se puso á la cabeza de un grande ejército para apoderarse aquí de su hermano y darle muerte. Había llegado ya á los linderos de este bosque, cuando se encontró con un anciano religioso, y después de una conferencia con él, quedó resuelto á abandonar su empresa y á retirarse del mundo. La corona queda devuelta á su hermano, y restituídos a sus compañeros de destierro todas las propiedades que poseían. De la verdad de estas noticias respondo con mi vida. DUQUE.--Sed bienvenido, joven. Traes hermosos presentes á las bodas de tu hermano. Al uno, sus tierras confiscadas, y al otro todo un territorio, un poderoso ducado. Ante todo, acabemos en este bosque lo que fué tan felizmente comenzado; y en seguida, todos los que han compartido con nosotros acerbos días, participen de la vuelta de nuestra buena fortuna, conforme á su jerarquía. Y al mismo tiempo, olvidemos por un momento esta nueva dignidad, y volvamos á nuestros regocijos campestres. Suene la música, y vosotros, novios y novias, medid por nuestra alegría los compases de la danza. JAQUES.--Con vuestra venia, señor. Si no os he oído mal, el joven duque ha abrazado la vida religiosa, renunciando á las pompas de la corte? JAQUES DE B.--Así es. JAQUES.--Pues me marcho á donde él. Hay mucho que oir y aprender oyendo á estos nuevos convertidos. (-Al duque.-) Os lego vuestros antiguos honores. Bien los merecen vuestra virtud y paciencia. (-A Orlando.-) Á vos, el amor que con verdadera fe habéis conquistado. (-A Oliverio.-) Á vos vuestras tierras, vuestro amor y vuestros poderosos aliados. (-A Silvio.-) Á vos larga duración en un lecho bien merecido. (-A Piedra.-) Y á ti el eterno disputar: porque el viaje de tu amor no lleva víveres ni para dos meses.--Y con esto, entregaos á vuestros placeres. Yo, no estoy para fiestas. DUQUE.--Quedaos, Jaques, quedaos. JAQUES.--No para ver pasatiempos. Para saber lo que os acontezca, permaneceré en la cueva que abandonáis. (-Sale.-) DUQUE.--Adelante, pues, y principiaremos las ceremonias, que confío terminarán en la ventura de todos. (-Baile.-) EPÍLOGO. ROSALINDA.--No es costumbre ver á la dama en el epílogo; pero no es mejor ver al galán en el prólogo. Si es verdad que «el buen vino no necesita enseñas,» también lo es que una buena comedia no ha menester epílogo. Sin embargo, en buenas enseñas se anuncian buenos vinos, y los buenos epílogos mejoran las buenas comedias. ¿Cuál es, pues, mi situación, no siendo yo un buen epílogo, ni pudiendo insinuar cosa alguna para que toméis por buena esta comedia? No estoy aparejada como los mendigos, y por lo tanto no me cumple mendigar. No me queda otro camino que el de conjuraros; y principiaré por las mujeres. Os recomiendo ¡oh mujeres! por el amor que tenéis á los hombres, que os guste de esta comedia todo lo que á ellos agradare; y de igual modo os recomiendo ¡oh varones! por el amor que tenéis á las mujeres (y creo percibir que ninguno de vosotros las tiene aversión) que entre vosotros y ellas, encontréis que la comedia os agrada. Á ser yo mujer, besaría á todos aquellos de vosotros que tengan barbas que me gusten, caras que me plazcan y alientos que no me repugnen: y estoy segura de que todos cuantos tienen buenas barbas, ó hermosas caras ó aliento puro, querrán en pago de mi oferta despedirme afectuosamente cuando les haga mi reverencia. (-Sale.-) [Illustration] * * * * * 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201 202 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247 248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 297 298 299 300 301 302 303 304 305 306 307 308 309 310 311 312 313 314 315 316 317 318 319 320 321 322 323 324 325 326 327 328 329 330 331 332 333 334 335 336 337 338 339 340 341 342 343 344 345 346 347 348 349 350 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 401 402 403 404 405 406 407 408 409 410 411 412 413 414 415 416 417 418 419 420 421 422 423 424 425 426 427 428 429 430 431 432 433 434 435 436 437 438 439 440 441 442 443 444 445 446 447 448 449 450 451 452 453 454 455 456 457 458 459 460 461 462 463 464 465 466 467 468 469 470 471 472 473 474 475 476 477 478 479 480 481 482 483 484 485 486 487 488 489 490 491 492 493 494 495 496 497 498 499 500 501 502 503 504 505 506 507 508 509 510 511 512 513 514 515 516 517 518 519 520 521 522 523 524 525 526 527 528 529 530 531 532 533 534 535 536 537 538 539 540 541 542 543 544 545 546 547 548 549 550 551 552 553 554 555 556 557 558 559 560 561 562 563 564 565 566 567 568 569 570 571