DESDÉMONA.
¿Lo harias, si te dieran el mundo entero?
EMILIA.
Grande es el mundo, y comparado con él, parece pequeño ese delito.
DESDÉMONA.
Yo creo que no lo harias.
EMILIA.
Sí que lo haria, para deshacerlo despues. No lo haria por un collar ni
por una sortija ni por un manto, pero si me daban el mundo, y podia yo
hacer rey á mi marido, ¿cómo habia de dudar?
DESDÉMONA.
Pues yo, ni por todo el mundo haria tal ofensa á mi marido.
EMILIA.
Es que el mundo no la juzgaria ofensa, y si os daban el mundo, como la
ofensa era en vuestro mundo, fácil era convertirla en bien.
DESDÉMONA.
Pues yo no creo que haya tales mujeres.
EMILIA.
Más de una y más de veinte: tantas que bastarian para llenar un mundo.
Pero la culpa es de los maridos. Si ellos van á prodigar con otras el
amor que es nuestro, ó nos encierran en casa por ridículos celos, ó nos
golpean, ó gastan malamente nuestra hacienda, ¿no hemos de enfurecernos
tambien? Cierto que somos benignas de condicion, pero capaces de ira. Y
sepan los maridos que las mujeres tienen sentidos lo mismo que ellos,
y ven y tocan y saborean, y saben distinguir lo dulce de lo amargo.
Cuando ellos abandonan á su mujer por otra, ¿qué es lo que buscan sino
el placer? ¿qué les domina sino la pasion? ¿qué les vence sino la
flaqueza? ¿nosotras no tenemos tambien apetitos, pasiones y flaquezas?
Conforme nos traten, así seremos.
DESDÉMONA.
Adios. El Señor me ampare, y haga que el maltrato de mi marido produzca
en mí virtudes, y no vicios.
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO V.
ESCENA PRIMERA.
=Calle.=
YAGO y RODRIGO.
YAGO.
Escóndete, que ahora viene; en cuanto aparezca, desenvaina la espada,
y ¡á él sin miedo! Yo te guardaré las espaldas. Es cuestion de vida ó
muerte. Decídete, pues, y ten resolucion.
RODRIGO.
No te alejes, por si me sale mal mi intento.
YAGO.
Estaré detras de tí. En guardia.
(-Se va.-)
RODRIGO.
Del resultado no tengo confianza, y sin embargo, las razones que me da
me convencen. Que muera uno ¿qué importa?
(-Se retira.-)
YAGO.
Tanto me he burlado de este necio que ya empieza á conocerlo. Mate él
á Casio, mátele Casio á él ó mueran los dos, siempre saldré ganando.
Si Rodrigo escapa, comenzará á pedirme el dinero y las joyas que le he
sacado, so pretexto de seducir á Desdémona. Y si se salva Casio, su
presencia será un perpétuo acusador contra mí, y ademas el moro podrá
referir á Casio lo que ha pasado entre nosotros, y ponerme en grave
peligro. Muera, pues. Le siento llegar.
(-Sale Casio.-)
RODRIGO.
Él es. Le conozco. ¡Muere, traidor! (-Le da una estocada.-)
CASIO.
La vida me hubiera costado esta estocada, á no traer el jubon tan bien
aforrado. Veamos cómo está el tuyo. (-Hiere á Rodrigo.-)
RODRIGO.
¡Confesion! ¡Muerto soy! (-Yago hiere en las piernas á Casio y huye
luego.-)
CASIO.
¡Me han dejado cojo para siempre! ¡Asesino! ¡Favor!
(-Sale Otelo.-)
OTELO.
Voz es de Casio. Yago ha cumplido bien su palabra.
RODRIGO.
¡Qué infame he sido!
OTELO.
Sí, él es: no hay duda.
CASIO.
¡Favor! ¡Luces! ¡Un cirujano!
OTELO.
Es Casio, es Casio. ¡Oh valeroso Yago, que has sentido como propia la
afrenta de un amigo, tú me muestras el camino de la venganza! ¡Adúltera
mujer! Ya ha sucumbido tu amante, y se acerca tu última hora. Voy
á buscarte, borrando de mi corazon hasta el último recuerdo de tus
hechizos y de la luz de tus ojos. Sangre de tu torpe corazon ha de
purificar nuestro lecho mancillado por tí.
(-Se va.-)
(-Salen Ludovico y Graciano.-)
CASIO.
¿Dónde está la ronda? ¿Nadie acude? ¡Favor! ¿Por qué no prendeis al
asesino?
GRACIANO.
¡Oh qué desgracia! ¡Qué espanto causan en mí esas voces!
CASIO.
¡Ayuda!
LUDOVICO.
¡Silencio!
RODRIGO.
¡Infame!
LUDOVICO.
Oigo los gemidos de dos ó tres personas. ¡Infausta noche! ¿Será alguna
zalagarda? Procedamos con cautela. ¿Quién se arroja á darles auxilio
sin la ronda?
RODRIGO.
Socorredme, que me desangro.
LUDOVICO.
¿No lo oyes?
(-Sale Yago en cuerpo y con una luz.-)
GRACIANO.
Ahí viene un hombre medio desnudo, con armas y luz.
YAGO.
¿Quién es? ¿Quién grita «asesino»?
LUDOVICO.
No lo sabemos.
YAGO.
¿No habeis oido voces?
CASIO.
¡Favor de Dios! ¡Por aquí, por aquí!
YAGO.
¿Qué sucede?
GRACIANO.
Si no me equivoco, es la voz del alférez de Otelo.
LUDOVICO.
No tiene duda. Y es Valentin tu mancebo.
YAGO.
¿Quién eres tú que tan amargamente te quejas?
CASIO.
Yago, me han acometido unos asesinos, dame favor.
YAGO.
¡Dios mio! ¡Mi teniente! ¿Quién os ha puesto de esa manera?
CASIO.
Uno de ellos está herido cerca de mí, y no puede huir.
YAGO.
¡Villanos, alevosos! ¿Quién sois? ¡Favor, ayuda!
RODRIGO.
¡Favor, Dios mio!
CASIO.
Uno de ellos es aquel.
YAGO.
¡Traidor, asesino! (-Saca el puñal y hiere á Rodrigo.-)
RODRIGO.
¡Maldito Yago! ¡Perro infernal!
YAGO.
¡Asaltarle de noche y á traicion! ¡Bandidos! ¡Qué silencio, qué
soledad! ¡Muerte! ¡Socorro! ¿Y vosotros veniais de paz ó en son de
combate?
LUDOVICO.
Por nuestros hechos podeis conocerlo.
YAGO.
¡Ilustre Ludovico!
LUDOVICO.
El mismo soy.
YAGO.
Perdon os pido. Ahí yace Casio á manos de traidores.
GRACIANO.
¡Casio!
YAGO.
¿Qué tal, hermano?
CASIO.
Tengo herida la pierna.
YAGO.
¡No lo quiera Dios! ¡Luz, luz! Yo vendaré las heridas con mi ropa.
(-Sale Blanca.-)
BLANCA.
¿Qué pasa? ¿Qué voces son esas?
YAGO.
¿De quién son las voces?
BLANCA.
¡Casio, mi amado Casio, mi dulce Casio!
YAGO.
¡Ramera vil! Amigo Casio, ¿y ni áun sospechais quién pudo ser el
agresor?
CASIO.
Lo ignoro.
GRACIANO.
¡Cuánto me duele veros así! Venia á buscaros.
YAGO.
¡Dadme una venda! Gracias. ¡Oh si yo tuviera una silla de manos, para
llevarle á casa!
BLANCA.
¡Ay que pierde el sentido! ¡Casio, mi dulce Casio!
YAGO.
Amigos mios, yo tengo mis recelos de que esta jóven tiene parte no
escasa en el delito. Esperad un momento. Que traigan luces, á ver si
podremos conocer al muerto. ¡Amigo y paisano mio, Rodrigo! ¡No, no es!
Sí, sí, ¡Rodrigo! ¡Qué suceso más extraño!
GRACIANO.
¿Rodrigo el de Venecia?
YAGO.
El mismo, caballero. ¿Le conociais vos?
GRACIANO.
Ya lo creo que le conocia.
YAGO.
¡Amigo Graciano! perdonadme. Con este lance estoy tan turbado que no sé
lo que me sucede.
GRACIANO.
Mucho me place el veros.
YAGO.
¿Cómo os sentís, Casio? ¡Que traigan una silla de manos!
GRACIANO.
¡Rodrigo!
YAGO.
No cabe duda que es él. Lo deploro. Venga la litera. Llevadle despacio
á casa de alguna persona caritativa. Me iré á llamar al médico de
Otelo. No tengais cuidado, señora. El desdichado que ahí yace muerto,
fué muy amigo mio. ¿Cuál seria la causa de la pendencia?
CASIO.
Ciertamente que no lo sé. Ni siquiera le conozco.
YAGO.
(-A Blanca.-) ¿Perdeis el color? Retirad el cadáver. No me abandoneis,
caballeros. Mucho palideceis, señora mia. ¿No veis qué asustada y sin
sosiego está? Creo que ella podria decirnos algo. Miradla, miradla
de espacio. ¿No lo advertis, caballeros? La lengua calla, pero la
conciencia habla á gritos.
(-Sale Emilia.-)
EMILIA.
¿Qué pasa? ¡Ay, esposo mio!
YAGO.
A traicion han acometido á Rodrigo. Algunos se han escapado. Él queda
muerto y Casio herido.
EMILIA.
¡Infeliz Casio! ¡Pobre caballero!
YAGO.
¡Fruto natural de la vida que él traia! Véte, Emilia, y pregunta á
Casio dónde cenó esta noche. (-A Blanca.-) ¿Por qué temblais, señora?
BLANCA.
En mi casa cenó, pero no tiemblo por eso.
YAGO.
¿Con que en tu casa? Pues ven conmigo.
EMILIA.
¡Mala mujer, ramera!
BLANCA.
Soy tan honrada como vos. No me insulteis.
EMILIA.
¡Tan honrada como yo! ¡Perdida!
YAGO.
Vamos á cuidar de Casio, amigos mios. Señora, venid, que pronto
hablareis de otra manera. Emilia, véte á toda prisa al castillo,
refiéreselo todo al moro y á Desdémona. Venid conmigo. (-Aparte.-) Esta
noche será la de mi felicidad ó la de mi ruina.
(-Se van.-)
ESCENA II.
=Alcoba en el castillo.=
DESDÉMONA dormida. Á su lado una luz. Sale OTELO.
OTELO.
Con razon lo hago, con razon ¡alma mia! No os lo quiero contar, castas
estrellas. Tampoco quiero derramar la sangre de ella, ni ajar su cútis
más blanco que la nieve, y más tierno que mármol sepulcral. Y con todo
eso, tengo que matarla, para que no engañe á otros hombres. Apagaré
esta luz... y luego aquella. Si apago esta luz y luego me arrepiento,
puedo volver á encenderla, pero si te apago á tí, luz clarísima, primor
y ejemplar de la naturaleza, ¿dónde hallaré el fuego de Prometeo,
para volverte á dar la vida? Si arranco la flor de su tallo, ¿cómo he
de restituirla su frescura y lozanía? Necesario es que se marchite.
Quiero respirar por la última vez su deleitoso aroma. (-La besa.-) ¡Oh
regalado aliento de su boca, casi bastas para arrancar el hierro de la
mano de la justicia! Otro beso y nada más. ¡Quédate así, cuando yo te
mate: que muerta y todo te he de amar! Otro beso, el último. Nunca le
hubo más delicioso ni más fatal: lloremos. Mi llanto es feroz, y mi ira
es como la de Dios, que hiere donde más ama. Ahora se despierta.
[Ilustración: -Muerte de Desdémona.-]
DESDÉMONA.
(-Despertándose.-) ¿Eres tú, Otelo?
OTELO.
Yo soy, Desdémona.
DESDÉMONA.
Esposo mio, ¿quieres descansar?
OTELO.
¿Has rezado esta noche, Desdémona?
DESDÉMONA.
Sí.
OTELO.
Pues pide á Dios perdon, si te acuerdas de algun crímen, que Dios no te
haya perdonado todavía.
DESDÉMONA.
¡Dios mio! ¿Qué me quieres decir, esposo?
OTELO.
Hazlo, y pronto. Yo me alejaré entre tanto. No quiero que mueras sin
confesion. No quiero condenar tu alma.
DESDÉMONA.
¿Qué? ¿Quieres matarme?
OTELO.
Sí, por cierto.
DESDÉMONA.
¡Perdon, Dios mio!
OTELO.
¡Así sea! Dilo con todas las fuerzas de tu alma.
DESDÉMONA.
Tú que así hablas no puedes matarme.
OTELO.
¿Qué?
DESDÉMONA.
Con todo eso, te tiemblo. Tu mirada me aterra. Y no sé por qué es mi
temor, pues de ningun crímen me reconozco culpable. Y sin embargo,
tiemblo.
OTELO.
Acuérdate de tus pecados.
DESDÉMONA.
Será el amor que te profeso.
OTELO.
Por ese amor te mato.
DESDÉMONA.
¿Matarme porque te amo? ¡Oh indigna muerte! ¿Por qué te muerdes los
labios? ¡Ciega pasion te descamina! Agüeros son de mal suceso; pero yo
espero que no me amenazan á mí.
OTELO.
¡Calla, calla!
DESDÉMONA.
Sí callaré, ¿pero qué pasa?
OTELO.
¿Tú diste á Casio aquel pañuelo, regalo mio y que yo tanto apreciaba?
DESDÉMONA.
¡No, te lo juro por mi vida! Pregúntaselo á él.
OTELO.
No jures en falso, amada mia, que ya estás en el tálamo de la muerte.
DESDÉMONA.
¿Tan pronto?
OTELO.
En seguida. Confiesa, pues, tus culpas, una por una, que aunque las
niegues con los más firmes juramentos, no has de disminuir en un ápice
mi firme conviccion. De todas maneras, morirás.
DESDÉMONA.
Entonces, Dios tenga compasion de mí.
OTELO.
Así sea.
DESDÉMONA.
Y tenla tú tambien. Jamas te falté, ni áun de pensamiento. Nunca puse
mi corazon en Casio ni le dí prenda alguna de amor. Quísele sólo con la
amistad que Dios aprueba.
OTELO.
¡Dios mio! ¡Y yo que he visto el pañuelo en sus manos! ¡Tú quieres
volverme loco, y hacer que trueque en asesinato lo que quiero que sea
sacrificio! Yo he visto el pañuelo.
DESDÉMONA.
Él lo encontró en el suelo. Yo no se le dí. Que él venga y nos declare
la verdad.
OTELO.
Ya la ha confesado.
DESDÉMONA.
¿Y qué confesó?
OTELO.
Que alcanzó favores tuyos.
DESDÉMONA.
¿Ilícitos?
OTELO.
Sí.
DESDÉMONA.
Falso. No lo repetirá delante de mí.
OTELO.
No, porque Yago le ha cerrado la boca.
DESDÉMONA.
¡Ah! Tiemblo. ¿Casio ha muerto?
OTELO.
¡Ojalá hubiera tenido tantas vidas como cabellos, para que mi venganza
las hubiera devorado una por una!
DESDÉMONA.
¡Calumnia, calumnia atroz, que nos ha perdido!
OTELO.
¡Infame! ¿Y te atreves á llorarle delante de mí?
DESDÉMONA.
¡Esposo mio, destiérrame de tu presencia, pero no me mates!
OTELO.
Apártate, vil adúltera.
DESDÉMONA.
Déjame vivir siquiera esta noche. Mátame mañana.
OTELO.
¿Aún te defiendes?
DESDÉMONA.
Siquiera una hora de vida.
OTELO.
La hora inevitable ha llegado.
DESDÉMONA.
Dejadme rezar una oracion.
OTELO.
Ya es tarde. (-La estrangula.-)
EMILIA.
(-Dentro.-) ¡Abrid, señor, abrid!
OTELO.
¿Quién llama? ¿Estará muerta del todo? En medio de todo, la tengo
lástima, y no quiero alargar su agonía.
EMILIA.
(-Dentro.-) ¡Abrid, señor!
OTELO.
¿Quién es?
EMILIA.
(-Dentro.-) Señor, dejadme deciros dos palabras.
OTELO.
Es Emilia.--Voy á abrirla.--Ya ha muerto Desdémona.--¿Vendrá Emilia á
contarme la muerte de Casio?--Aquí era el ruido.--Está inmóvil, yerta
como la losa de un sepulcro.--¿Abriré? ¿Será una imprudencia?--¡Me
parece que se mueve!--No es nada.--¿Qué haré? Si entra, preguntará por
mi mujer. ¡Mi mujer, mi mujer!--¿Y quién es mi mujer? Yo no la tengo.
¡Hora tristísima! ¡Ojalá hubiese ahora un eclipse de sol y de luna, y
se abriera el centro de la tierra!
EMILIA.
¡Abrid, señor! Que es muy importante lo que tengo que deciros.
OTELO.
Ya no me acordaba de tí, Emilia. Entra, pero despacio. Voy á cerrar
las cortinas del lecho. (-Abre la puerta.-) (-A Emilia.-) ¿Qué nuevas
traes? Dímelas.
EMILIA.
Señor, cerca de aquí acaban de matar á uno.
OTELO.
En este instante.
EMILIA.
Ahora mismo.
OTELO.
Influjos son de la luna, que anda ahora muy cerca de la tierra, y hace
sentir aquí sus efectos.
EMILIA.
Casio ha dado muerte á un mancebo veneciano llamado Rodrigo.
OTELO.
¿Muerto Rodrigo? Y Casio muerto tambien.
EMILIA.
No. Casio no ha muerto.
OTELO.
¡Casio no ha muerto! Entonces ese homicidio, lejos de serme grato, me
es aborrecible.
DESDÉMONA.
¡Oh muerte cruel!
EMILIA.
¿Qué grito ha sonado?
OTELO.
¿Grito? ¿Dónde?
EMILIA.
Grito de mi señora. Amparadme, por Dios. Decidme algo, señora, amada
Desdémona.
OTELO.
Muere sin culpa.
EMILIA.
¿Y quién la mató?
DESDÉMONA.
Nadie. Yo me maté. Que Otelo me conserve en su recuerdo. Adios, esposo
mio.
OTELO.
¿Pues cómo ha muerto?
EMILIA.
¿Quién lo sabe?
OTELO.
Ya has oido que ella misma dice que yo no fuí.
EMILIA.
Vos fuisteis. Y es preciso que digais la verdad.
OTELO.
Por la mentira se ha condenado y baja al infierno. Yo la maté.
EMILIA.
¡Ella era un ángel, vos sois un demonio!
OTELO.
Ella fué pecadora y adúltera.
EMILIA.
La estais calumniando infame y diabólicamente.
OTELO.
Fué falsa y mudable como el agua que corre.
EMILIA.
Y tú violento y rápido como el fuego. Siempre te guardó fidelidad, y
fué tan casta como los ángeles del cielo.
OTELO.
Casio gozó de su amor. Que te lo cuente tu marido. ¡Oh, mereceria
yo pagar mi necio crímen en lo más hondo del infierno, si antes de
arrojarme á la venganza, no hubiera examinado bien la justicia de los
motivos! Yago lo averiguó.
EMILIA.
¿Mi marido?
OTELO.
Tu marido.
EMILIA.
¿Él averiguó que Desdémona te habia sido infiel?
OTELO.
Sí, con Casio. Y si no me hubiera sido traidora, te juro que no la
hubiera trocado ni por un mundo que el cielo hubiese fabricado para mí
de un crisólito íntegro y sin mancha.
EMILIA.
¡Mi marido!
OTELO.
Él me lo descubrió todo. Es hombre de bien, y aborrece toda infamia y
torpeza.
EMILIA.
¡Mi marido!
OTELO.
¿Por qué repites tanto: «mi marido»?
EMILIA.
¡Ay pobre señora mia, cómo la maldad se burla del amor! ¡Qué negra
iniquidad! ¿Y mi marido te dijo que ella habia sido infiel?
OTELO.
Sí, tu marido. ¿Lo entiendes bien ahora? Yago, mi fiel amigo Yago.
EMILIA.
Pues si tales cosas te ha dicho, consúmase su alma, un átomo cada dia.
¡Ha mentido como un infame! Bien deseaba el puesto que tan caro ha
comprado.
OTELO.
¡Por Dios vivo!...
EMILIA.
Puedes matarme: será un hecho tan indigno de memoria como lo eres tú.
OTELO.
Debias callar.
EMILIA.
Áun mayor que tu poder es mi valor. ¡Necio, más estúpido que el polvo
de la tierra! ¡Vaya una bravata! Me rio de tu acero. Voy á contar á
gritos quién eres, aunque me cueste la vida y cien vidas. ¡Socorro, que
el moro ha asesinado á mi señora! ¡Socorro!
MONTANO.
¿Qué pasa, general?
EMILIA.
¿Ahí estás, Yago? ¡Qué habilidad tienes! ¡Dejar que un infame te acuse
para disculpar sus crímenes!
GRACIANO.
¿Pero qué ha pasado?
EMILIA.
Si eres hombre, desmiéntele. Él cuenta que tú le dijiste que su mujer
le era infiel. Yo sé bien que no lo has dicho, porque no eres tan
malvado. Habla, respóndele, que el corazon quiere saltárseme.
YAGO.
Le dije lo que yo tenia por cierto, y lo que luego él ha averiguado.
EMILIA.
¿Y tú le dijiste que mi señora no era honrada?
YAGO.
Sí que se lo dije.
EMILIA.
Pues dijiste una mentira odiosa, infernal y diabólica. ¡Poder de Dios!
¿Y le dijiste que era infiel con Casio, con Casio?
YAGO.
Sí, con Casio. Cállate, mujer.
EMILIA.
No he de callar. Es necesario que yo hable. Mi pobre señora yace muerta
en su lecho.
TODOS.
¡No lo consienta Dios!
EMILIA.
Y tus delaciones son causa de su muerte.
OTELO.
No os asombreis, señores. Así ha sucedido.
GRACIANO.
¡Horrenda verdad!
MONTANO.
¡Espantoso crímen!
EMILIA.
Aquí se esconde alguna infernal añagaza... Y empiezo á sospechar...
¡Ah, sí: ya caigo!... Lo que siempre recelé... ¡Infame! ¡Me ahoga la
ira! ¡Oh trama inicua!
YAGO.
¿Estás loca? Véte á casa. Te lo mando.
EMILIA.
Caballeros, dejadme hablar. Otra vez le obedeceré, no ahora. Y quizá
nunca volveré á tu casa, Yago.
OTELO.
¡Ay! ¡Ay!
EMILIA.
¿Al fin lo sientes? Ruge, ruge. Has asesinado á la más santa y hermosa
criatura que ha visto nunca la luz del sol.
OTELO.
(-Levantándose.-) ¡Fué adúltera! No os habia conocido, tio. (-A
Graciano.-) Ahí teneis muerta á vuestra sobrina, y muerta á mis manos.
Sé que esto os parecerá horrible...
GRACIANO.
¡Pobre Desdémona! Cuán feliz es tu padre en haber pasado ya de esta
vida. Tu boda le mató: el pesar de ella bastó á cortar el hilo de sus
dias. Pero si hoy viviera, y la viese muerta, pienso que habia de
maldecir hasta de su ángel de guarda, provocando la indignacion del
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
151
152
153
154
155
156
157
158
159
160
161
162
163
164
165
166
167
168
169
170
171
172
173
174
175
176
177
178
179
180
181
182
183
184
185
186
187
188
189
190
191
192
193
194
195
196
197
198
199
200
201
202
203
204
205
206
207
208
209
210
211
212
213
214
215
216
217
218
219
220
221
222
223
224
225
226
227
228
229
230
231
232
233
234
235
236
237
238
239
240
241
242
243
244
245
246
247
248
249
250
251
252
253
254
255
256
257
258
259
260
261
262
263
264
265
266
267
268
269
270
271
272
273
274
275
276
277
278
279
280
281
282
283
284
285
286
287
288
289
290
291
292
293
294
295
296
297
298
299
300
301
302
303
304
305
306
307
308
309
310
311
312
313
314
315
316
317
318
319
320
321
322
323
324
325
326
327
328
329
330
331
332
333
334
335
336
337
338
339
340
341
342
343
344
345
346
347
348
349
350
351
352
353
354
355
356
357
358
359
360
361
362
363
364
365
366
367
368
369
370
371
372
373
374
375
376
377
378
379
380
381
382
383
384
385
386
387
388
389
390
391
392
393
394
395
396
397
398
399
400
401
402
403
404
405
406
407
408
409
410
411
412
413
414
415
416
417
418
419
420
421
422
423
424
425
426
427
428
429
430
431
432
433
434
435
436
437
438
439
440
441
442
443
444
445
446
447
448
449
450
451
452
453
454
455
456
457
458
459
460
461
462
463
464
465
466
467
468
469
470
471
472
473
474
475
476
477
478
479
480
481
482
483
484
485
486
487
488
489
490
491
492
493
494
495
496
497
498
499
500
501
502
503
504
505
506
507
508
509
510
511
512
513
514
515
516
517
518
519
520
521
522
523
524
525
526
527
528
529
530
531
532
533
534
535
536
537
538
539
540
541
542
543
544
545
546
547
548
549
550
551
552
553
554
555
556
557
558
559
560
561
562
563
564
565
566
567
568
569
570
571
572
573
574
575
576
577
578
579
580
581
582
583
584
585
586
587
588
589
590
591
592
593
594
595
596
597
598
599
600
601
602
603
604
605
606
607
608
609
610
611
612
613
614
615
616
617
618
619
620
621
622
623
624
625
626
627
628
629
630
631
632
633
634
635
636
637
638
639
640
641
642
643
644
645
646
647
648
649
650
651
652
653
654
655
656
657
658
659
660
661
662
663
664
665
666
667
668
669
670
671
672
673
674
675
676
677
678
679
680
681
682
683
684
685
686
687
688
689
690
691
692
693
694
695
696
697
698
699
700
701
702
703
704
705
706
707
708
709
710
711
712
713
714
715
716
717
718
719
720
721
722
723
724
725
726
727
728
729
730
731
732
733
734
735
736
737
738
739
740
741
742
743
744
745
746
747
748
749
750
751
752
753
754
755
756
757
758
759
760
761
762
763
764
765
766
767
768
769
770
771
772
773
774
775
776
777
778
779
780
781
782
783
784
785
786
787
788
789
790
791
792
793
794
795
796
797
798
799
800
801
802
803
804
805
806
807
808
809
810
811
812
813
814
815
816
817
818
819
820
821
822
823
824
825
826
827
828
829
830
831
832
833
834
835
836
837
838
839
840
841
842
843
844
845
846
847
848
849
850
851
852
853
854
855
856
857
858
859
860
861
862
863
864
865
866
867
868
869
870
871
872
873
874
875
876
877
878
879
880
881
882
883
884
885
886
887
888
889
890
891
892
893
894
895
896
897
898
899
900
901
902
903
904
905
906
907
908
909
910
911
912
913
914
915
916
917
918
919
920
921
922
923
924
925
926
927
928
929
930
931
932
933
934
935
936
937
938
939
940
941
942
943
944
945
946
947
948
949
950
951
952
953
954
955
956
957
958
959
960
961
962
963
964
965
966
967
968
969
970
971
972
973
974
975
976
977
978
979
980
981
982
983
984
985
986
987
988
989
990
991
992
993
994
995
996
997
998
999
1000