DESDÉMONA. ¿Lo harias, si te dieran el mundo entero? EMILIA. Grande es el mundo, y comparado con él, parece pequeño ese delito. DESDÉMONA. Yo creo que no lo harias. EMILIA. Sí que lo haria, para deshacerlo despues. No lo haria por un collar ni por una sortija ni por un manto, pero si me daban el mundo, y podia yo hacer rey á mi marido, ¿cómo habia de dudar? DESDÉMONA. Pues yo, ni por todo el mundo haria tal ofensa á mi marido. EMILIA. Es que el mundo no la juzgaria ofensa, y si os daban el mundo, como la ofensa era en vuestro mundo, fácil era convertirla en bien. DESDÉMONA. Pues yo no creo que haya tales mujeres. EMILIA. Más de una y más de veinte: tantas que bastarian para llenar un mundo. Pero la culpa es de los maridos. Si ellos van á prodigar con otras el amor que es nuestro, ó nos encierran en casa por ridículos celos, ó nos golpean, ó gastan malamente nuestra hacienda, ¿no hemos de enfurecernos tambien? Cierto que somos benignas de condicion, pero capaces de ira. Y sepan los maridos que las mujeres tienen sentidos lo mismo que ellos, y ven y tocan y saborean, y saben distinguir lo dulce de lo amargo. Cuando ellos abandonan á su mujer por otra, ¿qué es lo que buscan sino el placer? ¿qué les domina sino la pasion? ¿qué les vence sino la flaqueza? ¿nosotras no tenemos tambien apetitos, pasiones y flaquezas? Conforme nos traten, así seremos. DESDÉMONA. Adios. El Señor me ampare, y haga que el maltrato de mi marido produzca en mí virtudes, y no vicios. [Ilustración] [Ilustración] ACTO V. ESCENA PRIMERA. =Calle.= YAGO y RODRIGO. YAGO. Escóndete, que ahora viene; en cuanto aparezca, desenvaina la espada, y ¡á él sin miedo! Yo te guardaré las espaldas. Es cuestion de vida ó muerte. Decídete, pues, y ten resolucion. RODRIGO. No te alejes, por si me sale mal mi intento. YAGO. Estaré detras de tí. En guardia. (-Se va.-) RODRIGO. Del resultado no tengo confianza, y sin embargo, las razones que me da me convencen. Que muera uno ¿qué importa? (-Se retira.-) YAGO. Tanto me he burlado de este necio que ya empieza á conocerlo. Mate él á Casio, mátele Casio á él ó mueran los dos, siempre saldré ganando. Si Rodrigo escapa, comenzará á pedirme el dinero y las joyas que le he sacado, so pretexto de seducir á Desdémona. Y si se salva Casio, su presencia será un perpétuo acusador contra mí, y ademas el moro podrá referir á Casio lo que ha pasado entre nosotros, y ponerme en grave peligro. Muera, pues. Le siento llegar. (-Sale Casio.-) RODRIGO. Él es. Le conozco. ¡Muere, traidor! (-Le da una estocada.-) CASIO. La vida me hubiera costado esta estocada, á no traer el jubon tan bien aforrado. Veamos cómo está el tuyo. (-Hiere á Rodrigo.-) RODRIGO. ¡Confesion! ¡Muerto soy! (-Yago hiere en las piernas á Casio y huye luego.-) CASIO. ¡Me han dejado cojo para siempre! ¡Asesino! ¡Favor! (-Sale Otelo.-) OTELO. Voz es de Casio. Yago ha cumplido bien su palabra. RODRIGO. ¡Qué infame he sido! OTELO. Sí, él es: no hay duda. CASIO. ¡Favor! ¡Luces! ¡Un cirujano! OTELO. Es Casio, es Casio. ¡Oh valeroso Yago, que has sentido como propia la afrenta de un amigo, tú me muestras el camino de la venganza! ¡Adúltera mujer! Ya ha sucumbido tu amante, y se acerca tu última hora. Voy á buscarte, borrando de mi corazon hasta el último recuerdo de tus hechizos y de la luz de tus ojos. Sangre de tu torpe corazon ha de purificar nuestro lecho mancillado por tí. (-Se va.-) (-Salen Ludovico y Graciano.-) CASIO. ¿Dónde está la ronda? ¿Nadie acude? ¡Favor! ¿Por qué no prendeis al asesino? GRACIANO. ¡Oh qué desgracia! ¡Qué espanto causan en mí esas voces! CASIO. ¡Ayuda! LUDOVICO. ¡Silencio! RODRIGO. ¡Infame! LUDOVICO. Oigo los gemidos de dos ó tres personas. ¡Infausta noche! ¿Será alguna zalagarda? Procedamos con cautela. ¿Quién se arroja á darles auxilio sin la ronda? RODRIGO. Socorredme, que me desangro. LUDOVICO. ¿No lo oyes? (-Sale Yago en cuerpo y con una luz.-) GRACIANO. Ahí viene un hombre medio desnudo, con armas y luz. YAGO. ¿Quién es? ¿Quién grita «asesino»? LUDOVICO. No lo sabemos. YAGO. ¿No habeis oido voces? CASIO. ¡Favor de Dios! ¡Por aquí, por aquí! YAGO. ¿Qué sucede? GRACIANO. Si no me equivoco, es la voz del alférez de Otelo. LUDOVICO. No tiene duda. Y es Valentin tu mancebo. YAGO. ¿Quién eres tú que tan amargamente te quejas? CASIO. Yago, me han acometido unos asesinos, dame favor. YAGO. ¡Dios mio! ¡Mi teniente! ¿Quién os ha puesto de esa manera? CASIO. Uno de ellos está herido cerca de mí, y no puede huir. YAGO. ¡Villanos, alevosos! ¿Quién sois? ¡Favor, ayuda! RODRIGO. ¡Favor, Dios mio! CASIO. Uno de ellos es aquel. YAGO. ¡Traidor, asesino! (-Saca el puñal y hiere á Rodrigo.-) RODRIGO. ¡Maldito Yago! ¡Perro infernal! YAGO. ¡Asaltarle de noche y á traicion! ¡Bandidos! ¡Qué silencio, qué soledad! ¡Muerte! ¡Socorro! ¿Y vosotros veniais de paz ó en son de combate? LUDOVICO. Por nuestros hechos podeis conocerlo. YAGO. ¡Ilustre Ludovico! LUDOVICO. El mismo soy. YAGO. Perdon os pido. Ahí yace Casio á manos de traidores. GRACIANO. ¡Casio! YAGO. ¿Qué tal, hermano? CASIO. Tengo herida la pierna. YAGO. ¡No lo quiera Dios! ¡Luz, luz! Yo vendaré las heridas con mi ropa. (-Sale Blanca.-) BLANCA. ¿Qué pasa? ¿Qué voces son esas? YAGO. ¿De quién son las voces? BLANCA. ¡Casio, mi amado Casio, mi dulce Casio! YAGO. ¡Ramera vil! Amigo Casio, ¿y ni áun sospechais quién pudo ser el agresor? CASIO. Lo ignoro. GRACIANO. ¡Cuánto me duele veros así! Venia á buscaros. YAGO. ¡Dadme una venda! Gracias. ¡Oh si yo tuviera una silla de manos, para llevarle á casa! BLANCA. ¡Ay que pierde el sentido! ¡Casio, mi dulce Casio! YAGO. Amigos mios, yo tengo mis recelos de que esta jóven tiene parte no escasa en el delito. Esperad un momento. Que traigan luces, á ver si podremos conocer al muerto. ¡Amigo y paisano mio, Rodrigo! ¡No, no es! Sí, sí, ¡Rodrigo! ¡Qué suceso más extraño! GRACIANO. ¿Rodrigo el de Venecia? YAGO. El mismo, caballero. ¿Le conociais vos? GRACIANO. Ya lo creo que le conocia. YAGO. ¡Amigo Graciano! perdonadme. Con este lance estoy tan turbado que no sé lo que me sucede. GRACIANO. Mucho me place el veros. YAGO. ¿Cómo os sentís, Casio? ¡Que traigan una silla de manos! GRACIANO. ¡Rodrigo! YAGO. No cabe duda que es él. Lo deploro. Venga la litera. Llevadle despacio á casa de alguna persona caritativa. Me iré á llamar al médico de Otelo. No tengais cuidado, señora. El desdichado que ahí yace muerto, fué muy amigo mio. ¿Cuál seria la causa de la pendencia? CASIO. Ciertamente que no lo sé. Ni siquiera le conozco. YAGO. (-A Blanca.-) ¿Perdeis el color? Retirad el cadáver. No me abandoneis, caballeros. Mucho palideceis, señora mia. ¿No veis qué asustada y sin sosiego está? Creo que ella podria decirnos algo. Miradla, miradla de espacio. ¿No lo advertis, caballeros? La lengua calla, pero la conciencia habla á gritos. (-Sale Emilia.-) EMILIA. ¿Qué pasa? ¡Ay, esposo mio! YAGO. A traicion han acometido á Rodrigo. Algunos se han escapado. Él queda muerto y Casio herido. EMILIA. ¡Infeliz Casio! ¡Pobre caballero! YAGO. ¡Fruto natural de la vida que él traia! Véte, Emilia, y pregunta á Casio dónde cenó esta noche. (-A Blanca.-) ¿Por qué temblais, señora? BLANCA. En mi casa cenó, pero no tiemblo por eso. YAGO. ¿Con que en tu casa? Pues ven conmigo. EMILIA. ¡Mala mujer, ramera! BLANCA. Soy tan honrada como vos. No me insulteis. EMILIA. ¡Tan honrada como yo! ¡Perdida! YAGO. Vamos á cuidar de Casio, amigos mios. Señora, venid, que pronto hablareis de otra manera. Emilia, véte á toda prisa al castillo, refiéreselo todo al moro y á Desdémona. Venid conmigo. (-Aparte.-) Esta noche será la de mi felicidad ó la de mi ruina. (-Se van.-) ESCENA II. =Alcoba en el castillo.= DESDÉMONA dormida. Á su lado una luz. Sale OTELO. OTELO. Con razon lo hago, con razon ¡alma mia! No os lo quiero contar, castas estrellas. Tampoco quiero derramar la sangre de ella, ni ajar su cútis más blanco que la nieve, y más tierno que mármol sepulcral. Y con todo eso, tengo que matarla, para que no engañe á otros hombres. Apagaré esta luz... y luego aquella. Si apago esta luz y luego me arrepiento, puedo volver á encenderla, pero si te apago á tí, luz clarísima, primor y ejemplar de la naturaleza, ¿dónde hallaré el fuego de Prometeo, para volverte á dar la vida? Si arranco la flor de su tallo, ¿cómo he de restituirla su frescura y lozanía? Necesario es que se marchite. Quiero respirar por la última vez su deleitoso aroma. (-La besa.-) ¡Oh regalado aliento de su boca, casi bastas para arrancar el hierro de la mano de la justicia! Otro beso y nada más. ¡Quédate así, cuando yo te mate: que muerta y todo te he de amar! Otro beso, el último. Nunca le hubo más delicioso ni más fatal: lloremos. Mi llanto es feroz, y mi ira es como la de Dios, que hiere donde más ama. Ahora se despierta. [Ilustración: -Muerte de Desdémona.-] DESDÉMONA. (-Despertándose.-) ¿Eres tú, Otelo? OTELO. Yo soy, Desdémona. DESDÉMONA. Esposo mio, ¿quieres descansar? OTELO. ¿Has rezado esta noche, Desdémona? DESDÉMONA. Sí. OTELO. Pues pide á Dios perdon, si te acuerdas de algun crímen, que Dios no te haya perdonado todavía. DESDÉMONA. ¡Dios mio! ¿Qué me quieres decir, esposo? OTELO. Hazlo, y pronto. Yo me alejaré entre tanto. No quiero que mueras sin confesion. No quiero condenar tu alma. DESDÉMONA. ¿Qué? ¿Quieres matarme? OTELO. Sí, por cierto. DESDÉMONA. ¡Perdon, Dios mio! OTELO. ¡Así sea! Dilo con todas las fuerzas de tu alma. DESDÉMONA. Tú que así hablas no puedes matarme. OTELO. ¿Qué? DESDÉMONA. Con todo eso, te tiemblo. Tu mirada me aterra. Y no sé por qué es mi temor, pues de ningun crímen me reconozco culpable. Y sin embargo, tiemblo. OTELO. Acuérdate de tus pecados. DESDÉMONA. Será el amor que te profeso. OTELO. Por ese amor te mato. DESDÉMONA. ¿Matarme porque te amo? ¡Oh indigna muerte! ¿Por qué te muerdes los labios? ¡Ciega pasion te descamina! Agüeros son de mal suceso; pero yo espero que no me amenazan á mí. OTELO. ¡Calla, calla! DESDÉMONA. Sí callaré, ¿pero qué pasa? OTELO. ¿Tú diste á Casio aquel pañuelo, regalo mio y que yo tanto apreciaba? DESDÉMONA. ¡No, te lo juro por mi vida! Pregúntaselo á él. OTELO. No jures en falso, amada mia, que ya estás en el tálamo de la muerte. DESDÉMONA. ¿Tan pronto? OTELO. En seguida. Confiesa, pues, tus culpas, una por una, que aunque las niegues con los más firmes juramentos, no has de disminuir en un ápice mi firme conviccion. De todas maneras, morirás. DESDÉMONA. Entonces, Dios tenga compasion de mí. OTELO. Así sea. DESDÉMONA. Y tenla tú tambien. Jamas te falté, ni áun de pensamiento. Nunca puse mi corazon en Casio ni le dí prenda alguna de amor. Quísele sólo con la amistad que Dios aprueba. OTELO. ¡Dios mio! ¡Y yo que he visto el pañuelo en sus manos! ¡Tú quieres volverme loco, y hacer que trueque en asesinato lo que quiero que sea sacrificio! Yo he visto el pañuelo. DESDÉMONA. Él lo encontró en el suelo. Yo no se le dí. Que él venga y nos declare la verdad. OTELO. Ya la ha confesado. DESDÉMONA. ¿Y qué confesó? OTELO. Que alcanzó favores tuyos. DESDÉMONA. ¿Ilícitos? OTELO. Sí. DESDÉMONA. Falso. No lo repetirá delante de mí. OTELO. No, porque Yago le ha cerrado la boca. DESDÉMONA. ¡Ah! Tiemblo. ¿Casio ha muerto? OTELO. ¡Ojalá hubiera tenido tantas vidas como cabellos, para que mi venganza las hubiera devorado una por una! DESDÉMONA. ¡Calumnia, calumnia atroz, que nos ha perdido! OTELO. ¡Infame! ¿Y te atreves á llorarle delante de mí? DESDÉMONA. ¡Esposo mio, destiérrame de tu presencia, pero no me mates! OTELO. Apártate, vil adúltera. DESDÉMONA. Déjame vivir siquiera esta noche. Mátame mañana. OTELO. ¿Aún te defiendes? DESDÉMONA. Siquiera una hora de vida. OTELO. La hora inevitable ha llegado. DESDÉMONA. Dejadme rezar una oracion. OTELO. Ya es tarde. (-La estrangula.-) EMILIA. (-Dentro.-) ¡Abrid, señor, abrid! OTELO. ¿Quién llama? ¿Estará muerta del todo? En medio de todo, la tengo lástima, y no quiero alargar su agonía. EMILIA. (-Dentro.-) ¡Abrid, señor! OTELO. ¿Quién es? EMILIA. (-Dentro.-) Señor, dejadme deciros dos palabras. OTELO. Es Emilia.--Voy á abrirla.--Ya ha muerto Desdémona.--¿Vendrá Emilia á contarme la muerte de Casio?--Aquí era el ruido.--Está inmóvil, yerta como la losa de un sepulcro.--¿Abriré? ¿Será una imprudencia?--¡Me parece que se mueve!--No es nada.--¿Qué haré? Si entra, preguntará por mi mujer. ¡Mi mujer, mi mujer!--¿Y quién es mi mujer? Yo no la tengo. ¡Hora tristísima! ¡Ojalá hubiese ahora un eclipse de sol y de luna, y se abriera el centro de la tierra! EMILIA. ¡Abrid, señor! Que es muy importante lo que tengo que deciros. OTELO. Ya no me acordaba de tí, Emilia. Entra, pero despacio. Voy á cerrar las cortinas del lecho. (-Abre la puerta.-) (-A Emilia.-) ¿Qué nuevas traes? Dímelas. EMILIA. Señor, cerca de aquí acaban de matar á uno. OTELO. En este instante. EMILIA. Ahora mismo. OTELO. Influjos son de la luna, que anda ahora muy cerca de la tierra, y hace sentir aquí sus efectos. EMILIA. Casio ha dado muerte á un mancebo veneciano llamado Rodrigo. OTELO. ¿Muerto Rodrigo? Y Casio muerto tambien. EMILIA. No. Casio no ha muerto. OTELO. ¡Casio no ha muerto! Entonces ese homicidio, lejos de serme grato, me es aborrecible. DESDÉMONA. ¡Oh muerte cruel! EMILIA. ¿Qué grito ha sonado? OTELO. ¿Grito? ¿Dónde? EMILIA. Grito de mi señora. Amparadme, por Dios. Decidme algo, señora, amada Desdémona. OTELO. Muere sin culpa. EMILIA. ¿Y quién la mató? DESDÉMONA. Nadie. Yo me maté. Que Otelo me conserve en su recuerdo. Adios, esposo mio. OTELO. ¿Pues cómo ha muerto? EMILIA. ¿Quién lo sabe? OTELO. Ya has oido que ella misma dice que yo no fuí. EMILIA. Vos fuisteis. Y es preciso que digais la verdad. OTELO. Por la mentira se ha condenado y baja al infierno. Yo la maté. EMILIA. ¡Ella era un ángel, vos sois un demonio! OTELO. Ella fué pecadora y adúltera. EMILIA. La estais calumniando infame y diabólicamente. OTELO. Fué falsa y mudable como el agua que corre. EMILIA. Y tú violento y rápido como el fuego. Siempre te guardó fidelidad, y fué tan casta como los ángeles del cielo. OTELO. Casio gozó de su amor. Que te lo cuente tu marido. ¡Oh, mereceria yo pagar mi necio crímen en lo más hondo del infierno, si antes de arrojarme á la venganza, no hubiera examinado bien la justicia de los motivos! Yago lo averiguó. EMILIA. ¿Mi marido? OTELO. Tu marido. EMILIA. ¿Él averiguó que Desdémona te habia sido infiel? OTELO. Sí, con Casio. Y si no me hubiera sido traidora, te juro que no la hubiera trocado ni por un mundo que el cielo hubiese fabricado para mí de un crisólito íntegro y sin mancha. EMILIA. ¡Mi marido! OTELO. Él me lo descubrió todo. Es hombre de bien, y aborrece toda infamia y torpeza. EMILIA. ¡Mi marido! OTELO. ¿Por qué repites tanto: «mi marido»? EMILIA. ¡Ay pobre señora mia, cómo la maldad se burla del amor! ¡Qué negra iniquidad! ¿Y mi marido te dijo que ella habia sido infiel? OTELO. Sí, tu marido. ¿Lo entiendes bien ahora? Yago, mi fiel amigo Yago. EMILIA. Pues si tales cosas te ha dicho, consúmase su alma, un átomo cada dia. ¡Ha mentido como un infame! Bien deseaba el puesto que tan caro ha comprado. OTELO. ¡Por Dios vivo!... EMILIA. Puedes matarme: será un hecho tan indigno de memoria como lo eres tú. OTELO. Debias callar. EMILIA. Áun mayor que tu poder es mi valor. ¡Necio, más estúpido que el polvo de la tierra! ¡Vaya una bravata! Me rio de tu acero. Voy á contar á gritos quién eres, aunque me cueste la vida y cien vidas. ¡Socorro, que el moro ha asesinado á mi señora! ¡Socorro! MONTANO. ¿Qué pasa, general? EMILIA. ¿Ahí estás, Yago? ¡Qué habilidad tienes! ¡Dejar que un infame te acuse para disculpar sus crímenes! GRACIANO. ¿Pero qué ha pasado? EMILIA. Si eres hombre, desmiéntele. Él cuenta que tú le dijiste que su mujer le era infiel. Yo sé bien que no lo has dicho, porque no eres tan malvado. Habla, respóndele, que el corazon quiere saltárseme. YAGO. Le dije lo que yo tenia por cierto, y lo que luego él ha averiguado. EMILIA. ¿Y tú le dijiste que mi señora no era honrada? YAGO. Sí que se lo dije. EMILIA. Pues dijiste una mentira odiosa, infernal y diabólica. ¡Poder de Dios! ¿Y le dijiste que era infiel con Casio, con Casio? YAGO. Sí, con Casio. Cállate, mujer. EMILIA. No he de callar. Es necesario que yo hable. Mi pobre señora yace muerta en su lecho. TODOS. ¡No lo consienta Dios! EMILIA. Y tus delaciones son causa de su muerte. OTELO. No os asombreis, señores. Así ha sucedido. GRACIANO. ¡Horrenda verdad! MONTANO. ¡Espantoso crímen! EMILIA. Aquí se esconde alguna infernal añagaza... Y empiezo á sospechar... ¡Ah, sí: ya caigo!... Lo que siempre recelé... ¡Infame! ¡Me ahoga la ira! ¡Oh trama inicua! YAGO. ¿Estás loca? Véte á casa. Te lo mando. EMILIA. Caballeros, dejadme hablar. Otra vez le obedeceré, no ahora. Y quizá nunca volveré á tu casa, Yago. OTELO. ¡Ay! ¡Ay! EMILIA. ¿Al fin lo sientes? Ruge, ruge. Has asesinado á la más santa y hermosa criatura que ha visto nunca la luz del sol. OTELO. (-Levantándose.-) ¡Fué adúltera! No os habia conocido, tio. (-A Graciano.-) Ahí teneis muerta á vuestra sobrina, y muerta á mis manos. Sé que esto os parecerá horrible... GRACIANO. ¡Pobre Desdémona! Cuán feliz es tu padre en haber pasado ya de esta vida. Tu boda le mató: el pesar de ella bastó á cortar el hilo de sus dias. Pero si hoy viviera, y la viese muerta, pienso que habia de maldecir hasta de su ángel de guarda, provocando la indignacion del 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201 202 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247 248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 297 298 299 300 301 302 303 304 305 306 307 308 309 310 311 312 313 314 315 316 317 318 319 320 321 322 323 324 325 326 327 328 329 330 331 332 333 334 335 336 337 338 339 340 341 342 343 344 345 346 347 348 349 350 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 401 402 403 404 405 406 407 408 409 410 411 412 413 414 415 416 417 418 419 420 421 422 423 424 425 426 427 428 429 430 431 432 433 434 435 436 437 438 439 440 441 442 443 444 445 446 447 448 449 450 451 452 453 454 455 456 457 458 459 460 461 462 463 464 465 466 467 468 469 470 471 472 473 474 475 476 477 478 479 480 481 482 483 484 485 486 487 488 489 490 491 492 493 494 495 496 497 498 499 500 501 502 503 504 505 506 507 508 509 510 511 512 513 514 515 516 517 518 519 520 521 522 523 524 525 526 527 528 529 530 531 532 533 534 535 536 537 538 539 540 541 542 543 544 545 546 547 548 549 550 551 552 553 554 555 556 557 558 559 560 561 562 563 564 565 566 567 568 569 570 571 572 573 574 575 576 577 578 579 580 581 582 583 584 585 586 587 588 589 590 591 592 593 594 595 596 597 598 599 600 601 602 603 604 605 606 607 608 609 610 611 612 613 614 615 616 617 618 619 620 621 622 623 624 625 626 627 628 629 630 631 632 633 634 635 636 637 638 639 640 641 642 643 644 645 646 647 648 649 650 651 652 653 654 655 656 657 658 659 660 661 662 663 664 665 666 667 668 669 670 671 672 673 674 675 676 677 678 679 680 681 682 683 684 685 686 687 688 689 690 691 692 693 694 695 696 697 698 699 700 701 702 703 704 705 706 707 708 709 710 711 712 713 714 715 716 717 718 719 720 721 722 723 724 725 726 727 728 729 730 731 732 733 734 735 736 737 738 739 740 741 742 743 744 745 746 747 748 749 750 751 752 753 754 755 756 757 758 759 760 761 762 763 764 765 766 767 768 769 770 771 772 773 774 775 776 777 778 779 780 781 782 783 784 785 786 787 788 789 790 791 792 793 794 795 796 797 798 799 800 801 802 803 804 805 806 807 808 809 810 811 812 813 814 815 816 817 818 819 820 821 822 823 824 825 826 827 828 829 830 831 832 833 834 835 836 837 838 839 840 841 842 843 844 845 846 847 848 849 850 851 852 853 854 855 856 857 858 859 860 861 862 863 864 865 866 867 868 869 870 871 872 873 874 875 876 877 878 879 880 881 882 883 884 885 886 887 888 889 890 891 892 893 894 895 896 897 898 899 900 901 902 903 904 905 906 907 908 909 910 911 912 913 914 915 916 917 918 919 920 921 922 923 924 925 926 927 928 929 930 931 932 933 934 935 936 937 938 939 940 941 942 943 944 945 946 947 948 949 950 951 952 953 954 955 956 957 958 959 960 961 962 963 964 965 966 967 968 969 970 971 972 973 974 975 976 977 978 979 980 981 982 983 984 985 986 987 988 989 990 991 992 993 994 995 996 997 998 999 1000