¿Qué?
AMA.
Tráeme el abanico.
MERCUTIO.
Dáselo, Pedro, que siempre será más agradable mirar su abanico que su
cara.
AMA.
Buenas tardes, señores.
MERCUTIO.
Buenas tardes, hermosa dama.
AMA.
¿Pues hemos llegado á la tarde?
MERCUTIO.
No, pero la mano lasciva del reloj está señalando las doce.
AMA.
¡Jesús, qué hombre!
MERCUTIO.
Un hombre que Dios crió, para que luego echase él mismo á perder la
obra divina.
AMA.
Bien dicho. Para que echase su obra á perder... ¿Pero me podria decir
alguno de vosotros dónde está el jóven Romeo?
ROMEO.
Yo te lo podré decir, y por cierto que ese jóven será ya más viejo
cuando le encontreis, que cuando empezabais á buscarlo. Yo soy Romeo, á
falta de otro más jóven.
AMA.
¿Lo decis de veras?
MERCUTIO.
¿Conque á falta de otro mejor, os parece jóven? Discretamente lo
entendeis.
AMA.
Si verdaderamente sois Romeo, tengo que deciros secretamente una
palabra.
BENVOLIO.
Si querrá citarle para esta noche...
MERCUTIO.
¿Es una alcahueta, una perra?... ¡Oh, oh!...
ROMEO.
¿Qué ruido es ese?
MERCUTIO.
No es que haya encontrado yo ninguna liebre, ni es cosa de seguir la
liebre, aunque como dice el cantar: «En cuaresma bien se puede comer
una liebre vieja, pero tan vieja llega á podrirse, si se la guarda, que
no hay quien la pueda mascar.» ¿Vas á casa de tu padre, Romeo? Allá
iremos á comer.
ROMEO.
Voy con vosotros.
MERCUTIO.
Adios, hermosa vieja; hermosa, hermosa, hermosa.
(-Vanse él y Benvolio.-)
AMA.
Bendito sea Dios, que ya se fué éste. ¿Me podriais decir (-á Romeo-)
quién es este majadero, tan pagado de sus chistes?
ROMEO.
Ama, es un amigo mio que se escucha á sí mismo y gusta de reirse sus
gracias, y que habla más en una hora que lo que escuchas tú en un mes.
AMA.
Pues si se atreve á hablar mal de mí, él me lo pagará, aunque vengan
en su ayuda otros veinte de su calaña. Y si yo misma no puedo,
otros sacarán la cara por mí. Pues no faltaba más. ¡El grandísimo
impertinente! ¿Si creerá que yo soy una mujer de esas?... Y tú (-á
Pedro-) que estás ahí tan reposado, y dejas que cualquiera me insulte.
PEDRO.
Yo no he visto que nadie os insulte, porque si lo viera, no tardaria un
minuto en sacar mi espada. Nadie me gana en valor cuando mi causa es
justa, y cuando me favorece la ley.
AMA.
¡Válgame Dios! todavía me dura el enojo y las carnes me tiemblan... Una
palabra sola, caballero. Como iba diciendo, mi señorita me manda con un
recado para vos. No voy á repetiros todo lo que me ha dicho. Pero si
vuestro objeto es engañarla, ciertamente que será cosa indigna, porque
mi señorita es una muchacha jóven, y el engañarla seria muy mala obra,
y no tendria perdon de Dios.
ROMEO.
Ama, puedes jurar á tu señora que...
AMA.
¡Bien, bien, así se lo diré, y ha de alegrarse mucho!...
ROMEO.
¿Y qué le vas á decir, si todavía no me has oido nada?
AMA.
Le diré que protestais, lo cual, á fe mia, es obrar como caballero.
ROMEO.
Dile que invente algun pretexto para ir esta tarde á confesarse al
convento de fray Lorenzo, y él nos confesará y casará. Toma este regalo.
AMA.
No aceptaré ni un dinero, señor mio.
ROMEO.
Yo te lo mando.
AMA.
¿Conque esta tarde? Pues no faltará.
ROMEO.
Espérame detras de las tápias del convento, y antes de una hora, mi
criado te llevará una escala de cuerdas para poder yo subir por ella
hasta la cima de mi felicidad. Adios y séme fiel. Yo te lo premiaré
todo. Mis recuerdos á Julieta.
AMA.
Bendito seais. Una palabra más.
ROMEO.
¿Qué, ama?
AMA.
¿Es de fiar vuestro criado? ¿Nunca oisteis que á nadie fia sus secretos
el varon prudente?
ROMEO.
Mi criado es fiel como el oro.
AMA.
Bien, caballero. No hay señorita más hermosa que la mia. ¡Y si la
hubierais conocido cuando pequeña!... ¡Ah! Por cierto que hay en la
ciudad un tal Páris que de buena gana la abordaría. Pero ella, bendita
sea su alma, más quisiera á un sapo feísimo que á él. A veces me
divierto en enojarla, diciéndole que Páris es mejor mozo que vos, y ¡si
vierais cómo se pone entonces! Más pálida que la cera. Decidme ahora:
¿Romero y Romeo no tienen la misma letra inicial?
ROMEO.
Verdad es que ambos empiezan por -R-.
AMA.
Eso es burla. Yo sé que vuestro nombre empieza con otra letra menos
áspera... ¡Si vierais qué graciosos equívocos hace con vuestro nombre y
con Romero! Gusto os diera oirla.
ROMEO.
Recuerdos á Julieta.
AMA.
Sí que se los daré mil veces. ¡Pedro!
PEDRO.
¡Qué!
AMA.
Toma el abanico, y guíame.
ESCENA V.
=Jardin de Capuleto.=
JULIETA y el AMA.
JULIETA.
Las nueve eran cuando envié al ama, y dijo que antes de media hora
volveria. ¿Si no lo habrá encontrado? ¡Pero sí! ¡Qué torpe y perezosa!
Sólo el pensamiento debiera ser nuncio del amor. El corre más que
los rayos del sol cuando ahuyentan las sombras de los montes. Por eso
pintan al amor con alas. Ya llega el sol á la mitad de su carrera. Tres
horas van pasadas desde las nueve á las doce, y él no vuelve todavía.
Si ella tuviese sangre juvenil y alma, volveria con las palabras de su
boca; pero la vejez es pesada como un plomo.
(-Salen el Ama y Pedro.-)
¡Gracias á Dios que viene! Ama mia, querida ama... ¿qué noticias traes?
¿Hablaste con él? Que se vaya Pedro.
AMA.
Véte, Pedro.
JULIETA.
Y bien, ama querida. ¡Qué triste estás! ¿Acaso traes malas noticias?
Dímelas, á lo menos, con rostro alegre. Y si son buenas, no las eches á
perder con esa mirada torva.
AMA.
Muy fatigada estoy. ¡Qué quebrantados están mis huesos!
JULIETA.
¡Tuvieras tus huesos tú y yo mis noticias! Habla por Dios, ama mia.
AMA.
¡Señor, qué prisa! Aguarda un poco. ¿No me ves sin aliento?
JULIETA.
¿Cómo sin aliento, cuándo te sobra para decirme que no le tienes? Menos
que en volverlo á decir, tardarias en darme las noticias. ¿Las traes
buenas ó malas?
AMA.
¡Qué mala eleccion de marido has tenido! ¡Vaya, que el tal Romeo!
Aunque tenga mejor cara que los demas, todavía es mejor su pié y su
mano y su gallardía. No diré que la flor de los cortesanos, pero tengo
para mí que es humilde como una oveja. ¡Bien has hecho, hija! y qué
Dios te ayude. ¿Has comido en casa?
JULIETA.
Calla, calla: eso ya me lo sabia yo. ¿Pero que hay de la boda? dímelo.
[Ilustración]
AMA.
¡Jesús! ¡qué cabeza la mia! Pues, y la espalda... ¡Cómo me mortifican
los riñones! ¡La culpa es tuya que me haces andar por esos andurriales,
abriéndome la sepultura antes de tiempo!
JULIETA.
Mucho siento tus males, pero acaba de decirme, querida ama, lo que te
contestó mi amor.
AMA.
Habló cómo un caballero lleno de discrecion y gentileza; puedes
creerme. ¿Dónde está tu madre?
JULIETA.
¿Mi madre? Allá dentro. ¡Vaya una pregunta!
AMA.
¡Válgame Dios! ¿Te enojas conmigo? ¡Buen emplasto para curar mis
quebraduras! Otra vez vas tú misma á esas comisiones.
JULIETA.
Pero ¡qué confusion! ¿Qué es en suma lo que te dijo Romeo?
AMA.
¿Te dejarán ir sola á confesar?
JULIETA.
Sí.
AMA.
Pues allí mismo te casarás. Véte á la celda de fray Lorenzo. Ya se
cubren de rubor tus mejillas con tan sencilla nueva. Véte al convento.
Yo, iré por otra parte á buscar la escalera, con que tu amante ha de
escalar el nido del amor. A la celda, pues, y yo á comer.
JULIETA.
¡Y yo á mi felicidad! ama mia.
ESCENA VI.
=Celda de Fray Lorenzo.=
FRAY LORENZO y ROMEO.
FRAY LORENZO.
¡El cielo mire con buenos ojos la ceremonia que vamos á cumplir, y no
nos castigue por ella en adelante!
ROMEO.
¡Así sea, así sea! Pero por muchas penas que vengan no bastarán á
destruir la impresion de este momento de ventura. Junta nuestras manos,
y con tal que yo pueda llamarla mia, no temeré ni siquiera á la muerte,
verdugo del amor.
FRAY LORENZO.
Nada violento es duradero: ni el placer ni la pena: ellos mismos se
consumen como el fuego y la pólvora al usarse. La excesiva dulcedumbre
de la miel empalaga al labio. Ama, pues, con templanza. Aquí está la
dama; (-sale Julieta-) su pié es tan leve que no desgastará nunca la
eterna roca; tan ligera que puede correr sobre las telas de araña sin
romperlas.
JULIETA.
Buenas tardes, reverendo confesor.
FRAY LORENZO.
Romeo te dará las gracias en nombre de los dos.
JULIETA.
Por eso le he incluido en el saludo. Si no, pecaria él de exceso de
cortesía.
ROMEO.
¡Oh, Julieta! Si tu dicha es cómo la mia y puedes expresarla con más
arte, alegra con tus palabras el aire de este aposento y deja que tu
voz proclame la ventura que hoy agita el alma de los dos.
JULIETA.
El verdadero amor es más prodigo de obras que de palabras: más rico en
la esencia que en la forma. Sólo el pobre cuenta su caudal. Mi tesoro
es tan grande que yo no podria contar ni siquiera la mitad.
FRAY LORENZO.
Acabémos pronto. No os dejaré solos hasta que os ligue la bendicion
nupcial.
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO III.
ESCENA PRIMERA.
=Plaza de Verona.=
MERCUTIO, BENVOLIO.
BENVOLIO.
Amigo Mercutio, pienso que debíamos refrenarnos, porque hace mucho
calor, y los Capuletos andan encalabrinados, y ya sabes que en verano
hierve mucho la sangre.
MERCUTIO.
Tú eres uno de esos hombres que cuando entran en una taberna, ponen
la espada sobre la mesa, como diciendo: «ojalá que no te necesite», y
luego, á los dos tragos, la sacan, sin que nadie les provoque.
BENVOLIO.
¿Dices que yo soy de esos?
MERCUTIO.
Y de los más temibles espadachines de Italia, tan fácil de entrar en
cólera como de provocar á los demas.
BENVOLIO.
¿Por qué dices eso?
MERCUTIO.
Si hubiera otro como tú, pronto os matariais. Capaz eres de reñir por
un solo pelo de la barba. Donde nadie veria ocasion de camorra, la ves
tú. Llena está de riña tu cabeza, como de yema un huevo, y eso que á
porrazos te han puesto tan blanda como una yema, la cabeza. Reñiste
con uno porque te vió en la calle y despertó á tu perro que estaba
durmiendo al sol. Y con un sastre porque estrenó su ropa nueva antes
de Pascua, y con otro porque ataba sus zapatos con cintas viejas. ¿Si
vendrás tú á enseñarme moderacion y prudencia?
BENVOLIO.
Si yo fuera tan camorrista como tú, ¿quién me aseguraria la vida ni
siquiera un cuarto de hora?... Mira, aquí vienen los Capuletos.
MERCUTIO.
¿Y qué se me da á mí, vive Dios?
(-Teobaldo y otros.-)
TEOBALDO.
Estad cerca de mí, que tengo que decirles dos palabras. Buenas tardes,
hidalgos. Quisiera hablar con uno de vosotros.
MERCUTIO.
¿Hablar sólo? Más valiera que la palabra viniese acompañada de algo, v.
g., de un golpe.
TEOBALDO.
Hidalgo, no dejaré de darle si hay motivo.
MERCUTIO.
¿Y no podeis encontrar motivo sin que os lo dén?
TEOBALDO.
Mercutio, tú estás de acuerdo con Romeo.
MERCUTIO.
¡De acuerdo! ¿Has creido que somos músicos? Pues aunque lo seamos, no
dudes que en esta ocasion vamos á desafinar. Yo te haré bailar con mi
arco de violin. ¡De acuerdo! ¡Válgame Dios!
BENVOLIO.
Estamos entre gentes. Buscad pronto algun sitio retirado, donde
satisfaceros, ó desocupad la calle, porque todos nos están mirando.
MERCUTIO.
Para eso tienen ojos. No me voy de aquí por dar gusto á nadie.
TEOBALDO.
Adios, señor. Aquí está el doncel que buscábamos.
(-Entra Romeo.-)
MERCUTIO.
Mátenme si él lleva los colores de vuestro escudo. Aunque de fijo os
seguirá al campo, y por eso le llamais doncel.
TEOBALDO.
Romeo, sólo una palabra me consiente decirte el odio que te profeso.
Eres un infame.
ROMEO.
Teobaldo, tales razones tengo para quererte que me hacen perdonar hasta
la bárbara grosería de ese saludo. Nunca he sido infame. No me conoces.
Adios.
TEOBALDO.
Mozuelo imberbe, no intentes cobardemente excusar los agravios que me
has hecho. No te vayas, y defiéndete.
ROMEO.
Nunca te agravié. Te lo afirmo con juramento. Al contrario hoy te amo
más que nunca, y quizá sepas pronto la razon de este cariño. Véte en
paz, buen Capuleto, nombre que estimo tanto como el mio.
MERCUTIO.
¡Qué extraña cobardía! Decídanlo las estocadas. Teobaldo, espadachin,
¿quieres venir conmigo?
TEOBALDO.
¿Qué me quieres?
MERCUTIO.
Rey de los gatos, sólo quiero una de tus siete vidas, y luego
aporrearte á palos las otras seis. ¿Quieres tirar de las orejas á tu
espada, y sacarla de la vaina? Anda presto, porque si no, la mia te
calentará tus orejas antes que la saques.
TEOBALDO.
Soy contigo.
ROMEO.
Detente, amigo Mercutio.
MERCUTIO.
Adelante, hidalgo. Enseñadme ese quite. (-Se baten.-)
ROMEO.
Saca la espada, Benvolio. Separémoslos. ¡Qué afrenta, hidalgos! ¡Oid,
Teobaldo! ¡Oye, Mercutio! ¿No sabeis que el Príncipe ha prohibido sacar
la espada en las calles de Verona? Deteneos, Teobaldo y Mercutio.
(-Se van Teobaldo y sus amigos.-)
MERCUTIO.
Mal me han herido. ¡Mala peste á Capuletos y Montescos! Me hirieron y
no los herí.
ROMEO.
¿Te han herido?
MERCUTIO.
Un arañazo, nada más, un arañazo, pero necesita cura. ¿Dónde está mi
paje, para que me busque un cirujano?
(-Se va el paje.-)
ROMEO.
No temas. Quizá sea leve la herida.
MERCUTIO.
No es tan honda como un pozo, ni tan ancha como el pórtico de una
iglesia, pero basta. Si mañana preguntas por mí, verásme tan callado
como un muerto. Ya estoy escabechado para el otro mundo. Mala landre
devore á vuestras dos familias. ¡Vive Dios! ¡Que un perro, una rata,
un raton, un gato mate así á un hombre! Un maton, un pícaro, que pelea
contra los ángulos y reglas de la esgrima. ¿Para qué te pusiste á
separarnos? Por debajo de tu brazo me ha herido.
ROMEO.
Fué con buena intencion.
MERCUTIO.
Llévame de aquí, Benvolio, que me voy á desmayar. ¡Mala landre devore
á entrambas casas! Ya soy una gusanera. ¡Maldita sea la discordia de
Capuletos y Montescos! (-Vanse.-)
ROMEO.
Por culpa mia sucumbe este noble caballero, tan cercano deudo del
Príncipe. Estoy afrentado por Teobaldo, por Teobaldo que ha de ser mi
pariente dentro de poco. Tus amores, Julieta, me han quitado el brio y
ablandado el temple de mi acero.
BENVOLIO.
(-Que vuelve.-) ¡Ay, Romeo! Mercutio ha muerto. Aquella alma audaz, que
hace poco despreciaba la tierra, se ha lanzado ya á las nubes.
ROMEO.
Y de este dia sangriento nacerán otros que extremarán la copia de mis
males.
BENVOLIO.
Por allí vuelve Teobaldo.
ROMEO.
Vuelve vivo y triunfante. ¡Y Mercutio muerto! Huye de mí, dulce
templanza. Sólo la ira guie mi brazo. Teobaldo, ese mote de -infame-
que tú me diste, yo te le devuelvo ahora, porque el alma de Mercutio
está desde las nubes llamando á la tuya, y tú ó yo ó los dos hemos de
seguirle forzosamente.
TEOBALDO.
Pues véte á acompañarle tú, necio, que con él ibas siempre.
ROMEO.
Ya lo decidirá la espada. (-Se baten, y cae herido Teobaldo.-)
[Ilustración]
BENVOLIO.
Huye, Romeo. La gente acude y Teobaldo está muerto. Si te alcanzan,
vas á ser condenado á muerte. No te detengas como pasmado. Huye, huye.
ROMEO.
Soy triste juguete de la suerte.
BENVOLIO.
Huye, Romeo.
(-Acude gente.-)
CIUDADANO 1.º
¿Por dónde habrá huido Teobaldo, el asesino de Mercutio?
BENVOLIO.
Ahí yace muerto Teobaldo.
CIUDADANO 1.º
Seguidme todos. En nombre del Príncipe lo mando.
(-Entran el Príncipe con sus guardias, Montescos, Capuletos, etc.-)
EL PRÍNCIPE.
¿Dónde están los promovedores de esta reyerta?
BENVOLIO.
Ilustre Príncipe, yo puedo referiros todo lo que aconteció. Teobaldo
mató al fuerte Mercutio, vuestro deudo, y Romeo mató á Teobaldo.
LA SEÑORA DE CAPULETO.
¡Teobaldo! ¡Mi sobrino, hijo de mi hermano! ¡Oh, Príncipe! un Montesco
ha asesinado á mi deudo. Si sois justo, dadnos sangre por sangre. ¡Oh,
sobrino mio!
PRÍNCIPE.
Dime con verdad, Benvolio. ¿Quién comenzó la pelea?
BENVOLIO.
Teobaldo, que luego murió á manos de Romeo. En vano Romeo con dulces
palabras le exhortaba á la concordia, y le traia al recuerdo vuestras
ordenanzas: todo esto con mucha cortesía y apacible ademan. Nada bastó
á calmar los furores de Teobaldo, que ciego de ira, arremetió con el
acero desnudo contra el infeliz Mercutio. Mercutio le resiste primero
á hierro, y apartando de sí la suerte, quiere arrojarla del lado de
Teobaldo. Este le esquiva con ligereza. Romeo se interpone, clamando:
«Paz, paz, amigos.» En pos de su lengua va su brazo á interponerse
entre las armas matadoras, pero de súbito, por debajo de ese brazo,
asesta Teobaldo una estocada que arrebata la vida al pobre Mercutio;
Teobaldo huye á toda prisa, pero á poco rato vuelve, y halla á Romeo,
cuya cólera estalla. Arrójanse como rayos al combate, y antes de poder
atravesarme yo, cae Teobaldo y huye Romeo. Esta es la verdad lisa y
llana, por vida de Benvolio.
LA SEÑORA DE CAPULETO.
No ha dicho verdad. Es pariente de los Montescos, y la aficion que les
tiene le ha obligado á mentir. Más de veinte espadas se desenvainaron
contra mi pobre sobrino. Justicia, Príncipe. Si Romeo mató á Teobaldo,
que muera Romeo.
PRÍNCIPE.
Él mató á Mercutio, segun se infiere del relato. ¿Y quién pide
justicia, por una sangre tan cara?
MONTESCO.
No era Teobaldo el deudor, aunque fuese amigo de Mercutio, ni debia
haberse tomado la justicia por su mano, hasta que las leyes decidiesen.
PRÍNCIPE.
En castigo, yo te destierro. Vuestras almas están cegadas por el
encono, y á pesar vuestro he de haceros llorar la muerte de mi deudo.
Seré inaccesible á lágrimas y á ruegos. No me digais palabra. Huya
Romeo; porque si no huye, le alcanzará la muerte. Levantad el cadáver.
No seria clemencia perdonar al homicida.
ESCENA II.
=Jardin en casa de Capuleto.=
JULIETA y el AMA.
JULIETA.
Corred, corred á la casa de Febo, alados corceles del sol. El látigo de
Faeton os lance al ocaso. Venga la dulce noche á tender sus espesas
cortinas. Cierra ¡oh sol! tus penetrantes ojos, y deja que en el
silencio venga á mí mi Romeo, é invisible se lance en mis brazos. El
amor es ciego y ama la noche, y á su luz misteriosa cumplen sus citas
los amantes. Ven, majestuosa noche, matrona de humilde y negra túnica,
y enséñame á perder en el blando juego, donde las vírgenes empeñan su
castidad. Cubre con tu manto la pura sangre que arde en mis mejillas.
Ven, noche; ven, Romeo, tú que eres mi dia en medio de esta noche, tú
que ante sus tinieblas pareces un copo de nieve sobre las negras alas
del cuervo. Ven, tenebrosa noche, amiga de los amantes, y vuélveme á
mi Romeo. Y cuando muera, convierte tú cada trozo de su cuerpo en una
estrella relumbrante, que sirva de adorno á tu manto, para que todos
se enamoren de la noche, desenamorándose del sol. Ya he adquirido el
castillo de mi amor, pero aún no le poseo. Ya estoy vendida, pero no
entregada á mi señor. ¡Qué dia tan largo! tan largo como víspera de
domingo para el niño que ha de estrenar en él un traje nuevo. Pero aquí
viene mi ama, y me traerá noticias de él.
(-Llega el ama con una escala de cuerdas.-)
Ama, ¿qué noticias traes? ¿Esa es la escala que te dijo Romeo?
AMA.
Sí, esta es la escala.
JULIETA.
¡Ay, Dios! ¿Qué sucede? ¿Por qué tienes las manos cruzadas?
AMA.
¡Ay, señora! murió, murió. Perdidas somos. No hay remedio... Murió. Le
mataron... Está muerto.
JULIETA.
¿Pero cabe en el mundo tal maldad?
AMA.
En Romeo cabe. ¿Quién pudiera pensar tal cosa de Romeo?
JULIETA.
¿Y quién eres tú, demonio, que así vienes á atormentarme? Suplicio
igual sólo debe de haberle en el infierno. Dime, ¿qué pasa? ¿Se ha
matado Romeo? Dime que -sí-, y esta palabra basta. Será más homicida
que mirada de basilisco. Dí que sí ó que -no-, que vive ó que muere.
Con una palabra puedes calmar ó serenar mi pena.
AMA.
Sí: yo he visto la herida. La he visto por mis ojos. Estaba muerto:
amarillo como la cera, cubierto todo de grumos de sangre cuajada. Yo me
desmayé al verle.
JULIETA.
¡Estalla, corazon mio, estalla! ¡Ojos mios, yacereis desde ahora en
prision tenebrosa, sin tornar á ver la luz del dia! ¡Tierra, vuelve á
la tierra! Sólo resta morir, y que un mismo túmulo cubra mis restos y
los de Romeo.
AMA.
¡Oh, Teobaldo amigo mio, caballero sin igual, Teobaldo! ¿Por qué he
vivido yo para verte muerto?
JULIETA.
Pero ¡qué confusion es esta en que me pones! ¿Dices que Romeo ha
muerto, y que ha muerto Teobaldo, mi dulce primo? Toquen, pues, la
trompeta del juicio final. Si esos dos han muerto, ¿qué importa que
vivan los demas?
AMA.
A Teobaldo mató Romeo, y éste anda desterrado.
JULIETA.
¡Válgame Dios! ¿Conque Romeo derramó la sangre de Teobaldo? ¡Alma
de sierpe, oculta bajo capa de flores! ¿Qué dragon tuvo jamas tan
espléndida gruta? Hermoso tirano, demonio angelical, cuervo con plumas
de paloma, cordero rapaz como lobo, materia vil de forma celeste,
santo maldito, honrado criminal, ¿en qué pensabas, naturaleza de los
infiernos, cuando encerraste en el paraíso de ese cuerpo el alma de
un condenado? ¿Por qué encuadernaste tan bellamente un libro de tan
perversa lectura? ¿Cómo en tan magnífico palacio pudo habitar la
traicion y el dolo?
AMA.
Los hombres son todos unos. No hay en ellos verdad, ni fe, ni
constancia. Malvados, pérfidos, trapaceros... ¿Dónde está mi escudero?
Dame unas gotas de licor. Con tantas penas voy á envejecer antes de
tiempo. ¡Qué afrenta para Romeo!
JULIETA.
¡Maldita la lengua que tal palabra osó decir! En la noble cabeza de
Romeo no es posible deshonra. En su frente reina el honor como soberano
monarca. ¡Qué necia yo que antes decia mal de él!
AMA.
¿Cómo puedes disculpar al que mató á tu primo?
JULIETA.
¿Y cómo he de decir mal de quien es mi esposo? Mató á mi primo, porque
si no, mi primo le hubiera matado á él. ¡Atras, lágrimas mias, tributo
que erradamente ofrecí al dolor, en vez de ofrecerle al gozo! Vive mi
esposo, á quien querian dar muerte, y su matador yace por tierra. ¿A
qué es el llanto? Pero creo haberte oido otra palabra que me angustia
mucho más que la muerte de Teobaldo. En vano me esfuerzo por olvidarla.
Ella pesa sobre mi conciencia, como puede pesar en el alma de un
culpable el remordimiento. Tú dijiste que Teobaldo habia sido muerto y
Romeo desterrado. Esta palabra -desterrado- me pesa más que la muerte
de diez mil Teobaldos. ¡No bastaba con la muerte de Teobaldo, ó es
que las penas se deleitan con la compañía y nunca vienen solas! ¿Por
qué cuando dijiste: «ha muerto Teobaldo», no añadiste: «tu padre ó tu
madre, ó los dos»? Áun entonces no hubiera sido mayor mi pena. ¡Pero
decir: -Romeo desterrado-! Esta palabra basta á causar la muerte á mi
padre y á mi madre, y á Romeo y á Julieta. «¡Desterrado Romeo!» Dime,
¿podrá encontrarse término ó límite á la profundidad de este abismo?
¿Dónde están mi padre y mi madre? Dímelo.
AMA.
Llorando sobre el cadáver de Teobaldo. ¿Quieres que te acompañe allá?
JULIETA.
Ellos con su llanto enjugarán las heridas. Yo entre tanto lloraré por
el destierro de Romeo. Toma tú esa escalera, á quien su ausencia priva
de su dulce objeto. Ella debia haber sido camino para mi lecho nupcial.
Pero yo moriré vírgen y casada. ¡Adios, escala de cuerda! ¡Adios,
nodriza! Me espera el tálamo de la muerte.
AMA.
Retírate á tu aposento. Voy á buscar á Romeo sin pérdida de tiempo.
Está escondido en la celda de Fray Lorenzo. Esta noche vendrá á verte.
JULIETA.
Dale en nombre mio esta sortija, y dile que quiero oir su postrera
despedida.
ESCENA III.
=Celda de Fray Lorenzo.=
FRAY LORENZO y ROMEO.
FRAY LORENZO.
Ven, pobre Romeo. La desgracia se ha enamorado de tí, y el dolor se ha
desposado contigo.
ROMEO.
Decidme, padre. ¿Qué es lo que manda el Príncipe? ¿Hay alguna pena
nueva que yo no haya sentido?
FRAY LORENZO.
Te traigo la sentencia del Príncipe.
ROMEO.
¿Y cómo ha de ser si no es de muerte?
FRAY LORENZO.
No. Es algo menos dura. No es de muerte sino de destierro.
ROMEO.
¡De destierro! Clemencia, padre. Decid de muerte. El destierro me
infunde más temor que la muerte. No me hableis de destierro.
FRAY LORENZO.
Te manda salir de Verona, pero no temas: ancho es el mundo.
ROMEO.
Fuera de Verona no hay mundo, sino purgatorio, infierno y
desesperacion. Desterrarme de Verona es como desterrarme de la tierra.
Lo mismo da que digais muerte que destierro. Con una hacha de oro
cortais mi cabeza, y luego os reís del golpe mortal.
FRAY LORENZO.
¡Oh, qué negro pecado es la ingratitud! Tu crímen merecia muerte, pero
la indulgencia del Príncipe trueca la muerte en destierro, y aún no se
lo agradeces.
ROMEO.
Tal clemencia es crueldad. El cielo está aquí donde vive Julieta. Un
perro, un raton, un gato pueden vivir en este cielo y verla. Sólo
Romeo no puede. Más prez, más gloria, más felicidad tiene una mosca
ó un tábano inmundo que Romeo. Ellos pueden tocar aquella blanca y
maravillosa mano de Julieta, ó posarse en sus benditos labios, en esos
labios tan llenos de virginal modestia que juzgan pecado el tocarse. No
lo hará Romeo. Le mandan volar y tiene envidia á las moscas que vuelan.
¿Por qué decis que el destierro no es la muerte? ¿No teniais algun
veneno sutil, algun hierro aguzado que me diese la muerte más pronto
que esa vil palabra, «desterrado»? Eso es lo que en el infierno se
dicen unos á otros los condenados. ¿Y tú, sacerdote, confesor mio y mi
amigo mejor, eres el que vienes á matarme con esa palabra?
FRAY LORENZO.
Oye, jóven loco y apasionado.
ROMEO.
¿Vais á hablarme otra vez del destierro?
FRAY LORENZO.
Yo te daré tal filosofía que te sirva de escudo y vaya aliviándote.
ROMEO.
¡Destierro! ¡Filosofía! Si no basta para crear otra Julieta, para
arrancar un pueblo de su lugar, ó para hacer variar de voluntad á un
príncipe, no me sirve de nada, ni la quiero, ni os he de oir.
FRAY LORENZO.
¡Ah, hijo mio! Los locos no oyen.
ROMEO.
¿Y cómo han de oir, si los que están en su seso no tienen ojos?
FRAY LORENZO.
Te daré un buen consejo.
ROMEO.
No podeis hablar de lo que no sentís. Si fuerais jóven, y recien casado
con Julieta, y la adoraseis ciegamente como yo, y hubierais dado muerte
á Teobaldo, y os desterrasen, os arrancariais los cabellos al hablar,
y os arrastrariais por el suelo como yo, midiendo vuestra sepultura.
(-Llaman dentro.-)
FRAY LORENZO.
Llaman. Levántate y ocúltate, Romeo.
ROMEO.
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
151
152
153
154
155
156
157
158
159
160
161
162
163
164
165
166
167
168
169
170
171
172
173
174
175
176
177
178
179
180
181
182
183
184
185
186
187
188
189
190
191
192
193
194
195
196
197
198
199
200
201
202
203
204
205
206
207
208
209
210
211
212
213
214
215
216
217
218
219
220
221
222
223
224
225
226
227
228
229
230
231
232
233
234
235
236
237
238
239
240
241
242
243
244
245
246
247
248
249
250
251
252
253
254
255
256
257
258
259
260
261
262
263
264
265
266
267
268
269
270
271
272
273
274
275
276
277
278
279
280
281
282
283
284
285
286
287
288
289
290
291
292
293
294
295
296
297
298
299
300
301
302
303
304
305
306
307
308
309
310
311
312
313
314
315
316
317
318
319
320
321
322
323
324
325
326
327
328
329
330
331
332
333
334
335
336
337
338
339
340
341
342
343
344
345
346
347
348
349
350
351
352
353
354
355
356
357
358
359
360
361
362
363
364
365
366
367
368
369
370
371
372
373
374
375
376
377
378
379
380
381
382
383
384
385
386
387
388
389
390
391
392
393
394
395
396
397
398
399
400
401
402
403
404
405
406
407
408
409
410
411
412
413
414
415
416
417
418
419
420
421
422
423
424
425
426
427
428
429
430
431
432
433
434
435
436
437
438
439
440
441
442
443
444
445
446
447
448
449
450
451
452
453
454
455
456
457
458
459
460
461
462
463
464
465
466
467
468
469
470
471
472
473
474
475
476
477
478
479
480
481
482
483
484
485
486
487
488
489
490
491
492
493
494
495
496
497
498
499
500
501
502
503
504
505
506
507
508
509
510
511
512
513
514
515
516
517
518
519
520
521
522
523
524
525
526
527
528
529
530
531
532
533
534
535
536
537
538
539
540
541
542
543
544
545
546
547
548
549
550
551
552
553
554
555
556
557
558
559
560
561
562
563
564
565
566
567
568
569
570
571
572
573
574
575
576
577
578
579
580
581
582
583
584
585
586
587
588
589
590
591
592
593
594
595
596
597
598
599
600
601
602
603
604
605
606
607
608
609
610
611
612
613
614
615
616
617
618
619
620
621
622
623
624
625
626
627
628
629
630
631
632
633
634
635
636
637
638
639
640
641
642
643
644
645
646
647
648
649
650
651
652
653
654
655
656
657
658
659
660
661
662
663
664
665
666
667
668
669
670
671
672
673
674
675
676
677
678
679
680
681
682
683
684
685
686
687
688
689
690
691
692
693
694
695
696
697
698
699
700
701
702
703
704
705
706
707
708
709
710
711
712
713
714
715
716
717
718
719
720
721
722
723
724
725
726
727
728
729
730
731
732
733
734
735
736
737
738
739
740
741
742
743
744
745
746
747
748
749
750
751
752
753
754
755
756
757
758
759
760
761
762
763
764
765
766
767
768
769
770
771
772
773
774
775
776
777
778
779
780
781
782
783
784
785
786
787
788
789
790
791
792
793
794
795
796
797
798
799
800
801
802
803
804
805
806
807
808
809
810
811
812
813
814
815
816
817
818
819
820
821
822
823
824
825
826
827
828
829
830
831
832
833
834
835
836
837
838
839
840
841
842
843
844
845
846
847
848
849
850
851
852
853
854
855
856
857
858
859
860
861
862
863
864
865
866
867
868
869
870
871
872
873
874
875
876
877
878
879
880
881
882
883
884
885
886
887
888
889
890
891
892
893
894
895
896
897
898
899
900
901
902
903
904
905
906
907
908
909
910
911
912
913
914
915
916
917
918
919
920
921
922
923
924
925
926
927
928
929
930
931
932
933
934
935
936
937
938
939
940
941
942
943
944
945
946
947
948
949
950
951
952
953
954
955
956
957
958
959
960
961
962
963
964
965
966
967
968
969
970
971
972
973
974
975
976
977
978
979
980
981
982
983
984
985
986
987
988
989
990
991
992
993
994
995
996
997
998
999
1000