ROMEO Y JULIETA William Shakespeare TRADUCCION DE D. MARCELINO MENENDEZ PELAYO. Ilustracion de -Fernando Piloty- y -Pablo Thuman-. Grabados de -H. Käseberg- y otros. PERSONAJES. ESCALA, príncipe de Verona. PÁRIS, pariente del Príncipe. MONTESCO. CAPULETO. Un Viejo de la familia Capuleto. ROMEO, hijo de Montesco. MERCUTIO, amigo de Romeo. BENVOLIO, sobrino de Montesco. TEOBALDO, sobrino de Capuleto. FR. LORENZO. } FR. JUAN. } de la Órden de S. Francisco. BALTASAR, criado de Romeo. SANSON.} GREGORIO. } criados de Capuleto. PEDRO, criado del ama de Julieta. ABRAHAM, criado de Montesco. Un boticario. Tres músicos. Dos pajes de Páris. Un Oficial. La señora de Montesco. La señora de Capuleto. JULIETA, hija de Capuleto. El Ama de Julieta. CIUDADANOS de Verona, ALGUACILES, GUARDIAS, ENMASCARADOS, etc., CORO. La escena pasa en Verona y en Mántua. [Ilustración] PRÓLOGO. CORO. En la hermosa Verona, donde acaecieron estos amores, dos familias rivales igualmente nobles habian derramado, por sus odios mutuos, mucha inculpada sangre. Sus inocentes hijos pagaron la pena de estos rencores, que trajeron su muerte y el fin de su triste amor. Sólo dos horas va á durar en la escena este odio secular de razas. Atended al triste enredo, y suplireis con vuestra atencion lo que falte á la tragedia. [Ilustración] [Ilustración] ACTO I. ESCENA PRIMERA. =Una plaza de Verona.= SANSON y GREGORIO, con espadas y broqueles. SANSON. A fe mia, Gregorio, que no hay por qué bajar la cabeza. GREGORIO. Eso seria convertirnos en bestias de carga. SANSON. Queria decirte que, si nos hostigan, debemos responder. GREGORIO. Sí: soltar la albarda. SANSON. Yo, si me pican, fácilmente salto. GREGORIO. Pero no es fácil picarte para que saltes. SANSON. Basta cualquier gozquejo de casa de los Montescos para hacerme saltar. GREGORIO. Quien salta, se va. El verdadero valor está en quedarse firme en su puesto. Eso que llamas saltar es huir. SANSON. Los perros de esa casa me hacen saltar primero y me paran despues. Cuando topo de manos á boca con hembra ó varon de casa de los Montescos, pongo piés en pared. GREGORIO. ¡Necedad insigne! Si pones piés en pared, te caerás de espaldas. SANSON. Cierto, y es condicion propia de los débiles. Los Montescos al medio de la calle, y sus mozas á la acera. GREGORIO. Esa discordia es de nuestros amos. Los criados no tenemos que intervenir en ella. SANSON. Lo mismo da. Seré un tirano. Acabaré primero con los hombres y luego con las mujeres. GREGORIO. ¿Qué quieres decir? SANSON. Lo que tú quieras. Sabes que no soy rana. GREGORIO. No eres ni pescado ni carne. Saca tu espada, que aquí vienen dos criados de casa Montesco. SANSON. Ya está fuera la espada: entra tú en lid, y yo te defenderé. [Ilustración] GREGORIO. ¿Por qué huyes, volviendo las espaldas? SANSON. Por no asustarte. GREGORIO. ¿Tú asustarme á mí? SANSON. Procedamos legalmente. Déjalos empezar á ellos. GREGORIO. Les haré una mueca al pasar, y veremos cómo lo toman. SANSON. Veremos si se atreven. Yo me chuparé el dedo, y buena vergüenza será la suya si lo toleran. (-Abraham y Baltasar.-) ABRAHAM. Hidalgo, ¿os estais chupando el dedo porque nosotros pasamos? SANSON. Hidalgo, es verdad que me chupo el dedo. ABRAHAM. Hidalgo, ¿os chupais el dedo porque nosotros pasamos? SANSON. (-A Gregorio.-) ¿Estamos dentro de la ley, diciendo que sí? GREGORIO. (-A Sanson.-) No por cierto. SANSON. Hidalgo, no me chupaba el dedo porque vosotros pasabais, pero la verdad es que me lo chupo. GREGORIO. ¿Quereis armar cuestion, hidalgo? ABRAHAM. Ni por pienso, señor mio. SANSON. Si quereis armarla, aquí estoy á vuestras órdenes. Mi amo es tan bueno como el vuestro. ABRAHAM. Pero mejor, imposible. SANSON. Está bien, hidalgo. GREGORIO. (-A Sanson.-) Dile que el nuestro es mejor, porque aquí se acerca un pariente de mi amo. SANSON. Es mejor el nuestro, hidalgo. ABRAHAM. Mentira. SANSON. Si sois hombre, sacad vuestro acero. Gregorio: acuérdate de tu sábia estocada. (-Pelean.-) (-Llegan Benvolio y Teobaldo.-) BENVOLIO. Envainad, majaderos. Estais peleando, sin saber por qué. TEOBALDO. ¿Por qué desnudais los aceros? Benvolio, ¿quieres ver tu muerte? BENVOLIO. Los estoy poniendo en paz. Envaina tú, y no busques quimeras. TEOBALDO. ¡Hablarme de paz, cuando tengo el acero en la mano! Más odiosa me es tal palabra que el infierno mismo, más que Montesco, más que tú. Ven, cobarde. (-Reúnese gente de uno y otro bando. Trábase la riña.-) CIUDADANOS. Venid con palos, con picas, con hachas. ¡Mueran Capuletos y Montescos! (-Entran Capuleto y la señora de Capuleto.-) CAPULETO. ¿Qué voces son esas? Dadme mi espada. SEÑORA. ¿Qué espada? Lo que te conviene es una muleta. CAPULETO. Mi espada, mi espada, que Montesco viene blandiendo contra mí la suya tan vieja como la mia. (-Entran Montesco y su mujer.-) MONTESCO. ¡Capuleto infame, déjame pasar, aparta! SEÑORA. No te dejaré dar un paso más. (-Entra el Príncipe con su séquito.-) PRÍNCIPE. ¡Rebeldes, enemigos de la paz, derramadores de sangre humana! ¿No quereis oir? Humanas fieras que apagais en la fuente sangrienta de vuestras venas el ardor de vuestras iras, arrojad en seguida á tierra las armas fratricidas, y escuchad mi sentencia. Tres veces, por vanas quimeras y fútiles motivos, habeis ensangrentado las calles de Verona, haciendo á sus habitantes, áun los más graves é ilustres, empuñar las enmohecidas alabardas, y cargar con el hierro sus manos envejecidas por la paz. Si volveis á turbar el sosiego de nuestra ciudad, me respondereis con vuestras cabezas. Basta por ahora; retiraos todos. Tú, Capuleto, vendrás conmigo. Tú, Montesco, irás á buscarme dentro de poco á la Audiencia, donde te hablaré más largamente. Pena de muerte á quien permanezca aquí. (-Vase.-) MONTESCO. ¿Quién ha vuelto á comenzar la antigua discordia? ¿Estabas tú cuando principió, sobrino mio? BENVOLIO. Los criados de tu enemigo estaban ya lidiando con los nuestros cuando llegué, y fueron inútiles mis esfuerzos para separarlos. Teobaldo se arrojó sobre mí, blandiendo el hierro que azotaba el aire despreciador de sus furores. Al ruido de las estocadas acorre gente de una parte y otra, hasta que el Príncipe separó á unos y otros. SEÑORA DE MONTESCO. ¿Y has visto á Romeo? ¡Cuánto me alegro de que no se hallara presente! BENVOLIO. Sólo faltaba una hora para que el sol amaneciese por las doradas puertas del Oriente, cuando salí á pasear, solo con mis cuidados, al bosque de sicomoros que crece al poniente de la ciudad. Allí estaba tu hijo. Apenas le ví me dirigí á él, pero se internó en lo más profundo del bosque. Y como yo sé que en ciertos casos la compañía estorba, seguí mi camino y mis cavilaciones, huyendo de él con tanto gusto como él de mí. SEÑORA DE MONTESCO. Dicen que va allí con frecuencia á juntar su llanto con el rocío de la mañana y contar á las nubes sus querellas, y apenas el sol, alegría del mundo, descorre los sombríos pabellones del tálamo de la aurora, huye Romeo de la luz y torna á casa, se encierra sombrío en su cámara, y para esquivar la luz del dia, crea artificialmente una noche. Mucho me apena su estado, y seria un dolor que su razon no llegase á dominar sus caprichos. BENVOLIO. ¿Sospechais la causa, tio? MONTESCO. No la sé ni puedo indagarla. BENVOLIO. ¿No has podido arrancarle ninguna explicacion? MONTESCO. Ni yo, ni nadie. No sé si pienso bien ó mal, pero él es el único consejero de sí mismo. Guarda con avaricia su secreto y se consume en él, como el gérmen herido por el gusano antes de desarrollarse y encantar al sol con su hermosura. Cuando yo sepa la causa de su mal, procuraré poner remedio. BENVOLIO. Aquí está. O me engaña el cariño que le tengo, ó voy á saber pronto la causa de su mal. MONTESCO. ¡Oh si pudieses con habilidad descubrir el secreto! Ven, esposa. (-Entra Romeo.-) BENVOLIO. Muy madrugador estás. ROMEO. ¿Tan jóven está el dia? BENVOLIO. Aún no han dado las nueve. ROMEO. ¡Tristes horas, cuán lentamente caminais! ¿No era mi padre quien salia ahora de aquí? BENVOLIO. Sí por cierto. Pero ¿qué dolores son los que alargan tanto las horas de Romeo? ROMEO. El carecer de lo que las haria cortas. BENVOLIO. ¿Cuestion de amores? ROMEO. Desvíos. BENVOLIO. ¿De amores? ROMEO. Mi alma padece el implacable rigor de sus desdenes. BENVOLIO. ¿Por qué el amor que nace de tan débiles principios, impera luego con tanta tiranía? ROMEO. ¿Por qué, si pintan ciego al Amor, sabe elegir tan extrañas sendas á su albedrío? ¿Dónde vamos á comer hoy? ¡Válgame Dios! Cuéntame lo que ha pasado. Pero no, ya lo sé. Hemos encontrado el Amor junto al odio; amor discorde, odio amante; rara confusion de la naturaleza, cáos sin forma, materia grave á la vez que ligera, fuerte y débil, humo y plomo, fuego helado, salud que fallece, sueño que vela, esencia incógnita. No puedo acostumbrarme á tal amor. ¿Te ries? ¡Vive Dios!... BENVOLIO. No, primo. No me rio, antes lloro. ROMEO. ¿De qué, alma generosa? BENVOLIO. De tu desesperacion. ROMEO. Es prenda del amor. Se agrava el peso de mis penas, sabiendo que tú tambien las sientes. Amor es fuego aventado por el aura de un suspiro; fuego que arde y centellea en los ojos del amante. O más bien es torrente desbordado que las lágrimas acrecen. ¿Qué más podré decir de él? Diré que es locura sábia, hiel que emponzoña, dulzura embriagadora. Quédate adios, primo. BENVOLIO. Quiero ir contigo. Me enojaré si me dejas así, y no te enojes. ROMEO. Calla, que el verdadero Romeo debe andar en otra parte. BENVOLIO. Dime el nombre de tu amada. ROMEO. ¿Quieres oir gemidos? BENVOLIO. ¡Gemidos! ¡Donosa idea! Dime formalmente quién es. ROMEO. ¿Dime formalmente?... ¡Oh, qué frase tan cruel! Decid que haga testamento al que está padeciendo horriblemente. Primo, estoy enamorado de una mujer. BENVOLIO. Hasta ahí ya lo comprendo. ROMEO. Has acertado. Estoy enamorado de una mujer hermosa. BENVOLIO. ¿Y será fácil dar en ese blanco tan hermoso? ROMEO. Vanos serian mis tiros, porque ella, tan casta como Diana la cazadora, burlará todas las pueriles flechas del rapaz alado. Su recato la sirve de armadura. Huye de las palabras de amor, evita el encuentro de otros ojos, no la rinde el oro. Es rica, porque es hermosa. Pobre, porque cuando muera, sólo quedarán despojos de su perfeccion soberana. BENVOLIO. ¿Está ligada á Dios por algun voto de castidad? ROMEO. No es ahorro el suyo, es desperdicio, porque esconde avaramente su belleza, y priva de ella al mundo. Es tan discreta y tan hermosa, que no debiera complacerse en mi tormento, pero aborrece el amor, y ese voto es la causa de mi muerte. BENVOLIO. Déjate de pensar en ella. ROMEO. Enséñame á dejar de pensar. BENVOLIO. Hazte libre. Fíjate en otras. ROMEO. Así brillará más y más su hermosura. Con el negro antifaz resalta más la blancura de la tez. Nunca olvida el don de la vista quien una vez la perdió. La beldad más perfecta que yo viera, sólo seria un libro donde leer que era mayor la perfeccion de mi adorada. ¡Adios! No sabes enseñarme á olvidar. BENVOLIO. Me comprometo á destruir tu opinion. ESCENA II. =Calle.= CAPULETO, PÁRIS y un CRIADO. CAPULETO. La misma órden que á mí obliga á Montesco, y á nuestra edad no debia ser difícil vivir en paz. PÁRIS. Los dos sois iguales en nobleza, y no debierais estar discordes. ¿Qué respondeis á mi peticion? CAPULETO. Ya he respondido. Mi hija acaba de llegar al mundo. Aún no tiene más que catorce años, y no estará madura para el matrimonio, hasta que pasen lo menos dos veranos. PÁRIS. Otras hay más jóvenes y que son ya madres. CAPULETO. Los árboles demasiado tempranos no prosperan. Yo he confiado mis esperanzas á la tierra y ellas florecerán. De todas suertes, Páris, consulta tú su voluntad. Si ella consiente, yo consentiré tambien. No pienso oponerme á que elija con toda libertad entre los de su clase. Esta noche, segun costumbre inmemorial, recibo en casa á mis amigos, uno de ellos vos. Deseo que piseis esta noche el modesto umbral de mi casa, donde vereis brillar humanas estrellas. Vos, como jóven lozano, que no hollais como yo las pisadas del invierno frio, disfrutareis de todo. Allí oireis un coro de hermosas doncellas. Oidlas, vedlas, y elegid entre todas la más perfecta. Quizá despues de maduro exámen, os parecerá mi hija una de tantas. Tú (-al criado-) véte recorriendo las calles de Verona, y á todos aquellos cuyos nombres verás escritos en este papel, invítalos para esta noche en mi casa. (-Vanse Capuleto y Páris.-) CRIADO. ¡Pues es fácil encontrarlos á todos! El zapatero está condenado á usar la vara, el sastre la horma, el pintor el pincel, el pescador las redes, y yo á buscar á todos aquellos cuyos nombres están escritos aquí, sin saber qué nombres son los que aquí están escritos. Dénme su favor los sabios. Vamos. (-Benvolio y Romeo.-) BENVOLIO. No digas eso. Un fuego apaga otro, un dolor mata otro dolor, á una pena antigua otra nueva. Un nuevo amor puede curarte del antiguo. ROMEO. Curarán las hojas del plátano. BENVOLIO. ¿Y qué curarán? ROMEO. Las desolladuras. BENVOLIO. ¿Estás loco? ROMEO. ¡Loco! Estoy atado de piés y manos como los locos, encerrado en cárcel asperísima, hambriento, azotado y atormentado.--Buenos dias, hombre. (-Al criado.-) CRIADO. Buenos dias. ¿Sabeis leer, hidalgo? ROMEO. Ciertamente que sí. CRIADO. ¡Raro alarde! ¿Sabeis leer sin haberlo aprendido? ¿Sabreis leer lo que ahí dice? ROMEO. Si el concepto es claro y la letra tambien. CRIADO. ¿De verdad? Dios os guarde. [Ilustración] ROMEO. Espera, que probaré á leerlo. «El señor Martin, y su mujer é hijas, el conde Anselmo y sus hermanas, la viuda de Viturbio, el señor Plasencio y sus sobrinas, Mercutio y su hermano Valentin, mi tio Capuleto con su mujer é hijas, Rosalía mi sobrina, Livia, Valencio y su primo Teobaldo, Lucía y la hermosa Elena.» ¡Lucida reunion! ¿Y dónde es la fiesta? CRIADO. Allí. ROMEO. ¿Dónde? CRIADO. En mi casa, á cenar. ROMEO. ¿En qué casa? CRIADO. En la de mi amo. ROMEO. Lo primero que debí preguntarte es su nombre. CRIADO. Os lo diré sin ambages. Se llama Capuleto y es generoso y rico. Si no sois Montesco, podeis ir á beber á la fiesta. Id, os lo ruego. (-Vase.-) BENVOLIO. Rosalía á quien adoras, asistirá á esta fiesta con todas las bellezas de Verona. Allí podrás verla y compararla con otra que yo te enseñaré, y el cisne te parecerá grajo. ROMEO. No permite tan indigna traicion la santidad de mi amor. Ardan mis verdaderas lágrimas, ardan mis ojos (que antes se ahogaban) si tal herejía cometen. ¿Puede haber otra más hermosa que ella? No la ha visto desde la creacion del mundo, el sol que lo ve todo. BENVOLIO. Tus ojos no ven más que lo que les halaga. Vas á pesar ahora en tu balanza á una mujer más bella que esa, y verás cómo tu señora pierde de los quilates de su peso, cotejada con ella. ROMEO. Iré, pero no quiero ver tal cosa, sino gozarme en la contemplacion de mi cielo. ESCENA III. =En casa de Capuleto.= La señora de CAPULETO y el AMA. SEÑORA. Ama, ¿dónde está mi hija? AMA. Sea en mi ayuda mi probada paciencia de doce años. Ya la llamé. Cordero, Mariposa. Válgame Dios. ¿Dónde estará esta niña? Julieta... JULIETA. ¿Quién me llama? AMA. Tu madre. JULIETA. Señora, aquí estoy. Dime qué sucede. SEÑORA. Sucede que... Ama, déjanos á solas un rato... Pero no, quédate. Deseo que oigas nuestra conversacion. Mi hija está en una edad decisiva. AMA. Ya lo creo. No me acuerdo qué edad tiene exactamente. SEÑORA. Todavía no ha cumplido los catorce. AMA. Apostaria catorce dientes (¡ay de mí, no tengo más que cuatro!) á que no son catorce. ¿Cuándo llega el dia de los Ángeles? SEÑORA. Dentro de dos semanas. AMA. Sean pares ó nones, ese dia, en anocheciendo, cumple Julieta años. ¡Válgame Dios! La misma edad tendrian ella y mi Susana. Pero Susana está en el cielo. No merecia yo tanta dicha. Pues como iba diciendo, cumplirá catorce años la tarde de los Ángeles. ¡Vaya si los cumplirá! Me acuerdo bien. Hace once años, cuando el terremoto, la quitamos el pecho. Jamas confundo aquel dia con ningun otro del año. Debajo del palomar, sentada al sol, unté mi pecho con acíbar. Vos y mi amo estabais en Mántua. ¡Me acuerdo tan bien! Pues como digo, la tonta de ella, apenas probó el pecho y lo halló tan amargo, ¡qué furiosa se puso contra mí! ¡Temblaba el palomar! Once años van de esto. Ya se tenia en pié, ya corria... tropezando á veces. Por cierto que el dia antes se habia hecho un chichon en la frente, y mi marido (¡Dios le tenga en gloria!) ¡con qué gracia levantó á la niña! y le dijo: «Vaya, ¿te has caido de frente? No caerás así cuando te entre el juicio. ¿Verdad, Julieta?» Sí, respondió la inocente limpiándose las lágrimas. El tiempo hace verdades las burlas. Mil años que viviera, me acordaria de esto. «¿No es verdad, Julieta?» y ella lloraba y decia que sí. SEÑORA. Basta ya. Cállate, por favor te lo pido. AMA. Me callaré, señora; pero no puedo menos de reirme, acordándome que dijo -sí-, y creo que tenia en la frente un chichon tamaño como un huevo, y lloraba que no habla consuelo para ella. JULIETA. Cállate ya; te lo suplico. AMA. Bueno, me callaré. Dios te favorezca, porque eres la niña más hermosa que he criado nunca. ¡Qué grande seria mi placer en verla casada! JULIETA. Aún no he pensado en tanta honra. AMA. ¡Honra! Pues si no fuera por haberte criado yo á mis pechos, te diria que habias mamado leche de discrecion y sabiduría. SEÑORA. Ya puedes pensar en casarte. Hay en Verona madres de familia menores que tú, y yo misma lo era cuando apenas tenia tu edad. En dos palabras, aspira á tu mano el gallardo Páris. AMA. ¡Niña mia! ¡Vaya un pretendiente! Si parece de cera. SEÑORA. No tiene flor más linda la primavera de Verona. AMA. ¡Eso una flor! Sí que es flor, ciertamente. SEÑORA. Quiero saber si le amarás. Esta noche ha de venir. Verás escrito en su cara todo el amor que te profesa. Fíjate en su rostro y en la armonía de sus facciones. Sus ojos servirán de comentario á lo que haya de confuso en el libro de su persona. Este libro de amor, desencuadernado todavía, merece una espléndida cubierta. La mar se ha hecho para el pez. Toda belleza gana en contener otra belleza. Los áureos broches del libro esmaltan la áurea narracion. Todo lo que él tenga será tuyo. Nada perderás en ser su mujer. AMA. ¿Nada? Disparate será el pensarlo. SEÑORA. Dí si podrás llegar á amar á Páris. JULIETA. Lo pensaré, si es que el ver predispone á amar. Pero el dardo de mis ojos sólo tendrá la fuerza que le preste la obediencia. (-Entra un criado.-) CRIADO. Los huéspedes se acercan. La cena está pronta. Os llaman. La señorita hace falta. En la cocina están diciendo mil pestes del ama. Todo está dispuesto. Os suplico que vengais en seguida. SEÑORA. Vámonos tras tí, Julieta. El Conde nos espera. AMA. Niña, piensa bien lo que haces. ESCENA IV. =Calle.= ROMEO, MERCUTIO, BENVOLIO, y máscaras con teas encendidas. ROMEO. ¿Pronunciaremos el discurso que traíamos compuesto, ó entraremos sin preliminares? BENVOLIO. Nada de rodeos. Para nada nos hace falta un Amorcillo de laton con venda por pañuelo, y con arco, espanta pájaros de doncellas. Para nada repetir con el apuntador, en voz medrosa, un prólogo inútil. Mídannos por el compas que quieran, y hagamos nosotros unas cuantas mudanzas de baile. [Ilustración] ROMEO. Dadme una tea. No quiero bailar. El que está á oscuras necesita luz. MERCUTIO. Nada de eso, Romeo; tienes que bailar. ROMEO. No por cierto. Vosotros llevais zapatos de baile, y yo estoy como tres en un zapato, sin poder moverme. MERCUTIO. Pídele sus alas al Amor, y con ellas te levantarás de la tierra. ROMEO. Sus flechas me han herido de tal modo, que ni siquiera sus plumas bastan para levantarme. Me ha atado de tal suerte, que no puedo pasar la raya de mis dolores. La pesadumbre me ahoga. MERCUTIO. No has debido cargar con tanto peso al amor, que es muy delicado. ROMEO. ¡Delicado el amor! Antes duro y fuerte y punzante como el cardo. MERCUTIO. Si es duro, sé tú duro con él. Si te hiere, hiérele tú, y verás cómo se da por vencido. Dadme un antifaz para cubrir mi rostro. ¡Una máscara sobre otra máscara! BENVOLIO. Llamad á la puerta, y cuando estemos dentro, cada uno baile como pueda. ROMEO. ¡Una antorcha! Yo, imitando la frase de mi abuelo, seré quien lleve la luz en esta empresa, porque el gato escaldado huye del agua. MERCUTIO. De noche todos los gatos son pardos, como decia muy bien el Condestable. Nosotros te sacaremos de esa caldera de amor en que te escaldaste. ¡Vamos, que la luz se va acabando! ROMEO. No por cierto. MERCUTIO. Mientras andamos en vanas palabras, se gastan las antorchas. Entiende tú bien lo que quiero decir. ROMEO. ¿Tienes ganas de entrar en el baile? ¿Crees que eso tiene sentido? MERCUTIO. ¿Y lo dudas? ROMEO. Tuve anoche un sueño. MERCUTIO. Y yo otro esta noche. ROMEO. ¿Y á qué se reduce tu sueño? MERCUTIO. Comprendí la diferencia que hay del sueño á la realidad. ROMEO. En la cama fácilmente se sueña. MERCUTIO. Sin duda te ha visitado la reina Mab, nodriza de las hadas. Es tan pequeña como el ágata que brilla en el anillo de un regidor. Su carroza va arrastrada por caballos leves como átomos, y sus rádios son patas de tarántula, las correas son de gusano de seda, los frenos de rayos de luna: huesos de grillo é hilo de araña forman el látigo; y un mosquito de oscura librea, dos veces más pequeño que el insecto que la aguja sutil extrae del dedo de ociosa dama, guia el espléndido equipaje. Una cáscara de avellana forma el coche elaborado por la ardilla, eterna carpintera de las hadas. En ese carro discurre de noche y dia por cabezas enamoradas, y les hace concebir vanos deseos, y anda por las cabezas de los cortesanos, y les inspira vanas cortesías. Corre por los dedos de los abogados, y sueñan con procesos. Recorre los labios de las damas, y sueñan con besos. Anda por las narices de los pretendientes, y sueñan que han alcanzado un empleo. Azota con la punta de un rabo de puerco las orejas del cura, produciendo en ellas sabroso cosquilleo, 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201 202 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247 248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 297 298 299 300 301 302 303 304 305 306 307 308 309 310 311 312 313 314 315 316 317 318 319 320 321 322 323 324 325 326 327 328 329 330 331 332 333 334 335 336 337 338 339 340 341 342 343 344 345 346 347 348 349 350 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 401 402 403 404 405 406 407 408 409 410 411 412 413 414 415 416 417 418 419 420 421 422 423 424 425 426 427 428 429 430 431 432 433 434 435 436 437 438 439 440 441 442 443 444 445 446 447 448 449 450 451 452 453 454 455 456 457 458 459 460 461 462 463 464 465 466 467 468 469 470 471 472 473 474 475 476 477 478 479 480 481 482 483 484 485 486 487 488 489 490 491 492 493 494 495 496 497 498 499 500 501 502 503 504 505 506 507 508 509 510 511 512 513 514 515 516 517 518 519 520 521 522 523 524 525 526 527 528 529 530 531 532 533 534 535 536 537 538 539 540 541 542 543 544 545 546 547 548 549 550 551 552 553 554 555 556 557 558 559 560 561 562 563 564 565 566 567 568 569 570 571 572 573 574 575 576 577 578 579 580 581 582 583 584 585 586 587 588 589 590 591 592 593 594 595 596 597 598 599 600 601 602 603 604 605 606 607 608 609 610 611 612 613 614 615 616 617 618 619 620 621 622 623 624 625 626 627 628 629 630 631 632 633 634 635 636 637 638 639 640 641 642 643 644 645 646 647 648 649 650 651 652 653 654 655 656 657 658 659 660 661 662 663 664 665 666 667 668 669 670 671 672 673 674 675 676 677 678 679 680 681 682 683 684 685 686 687 688 689 690 691 692 693 694 695 696 697 698 699 700 701 702 703 704 705 706 707 708 709 710 711 712 713 714 715 716 717 718 719 720 721 722 723 724 725 726 727 728 729 730 731 732 733 734 735 736 737 738 739 740 741 742 743 744 745 746 747 748 749 750 751 752 753 754 755 756 757 758 759 760 761 762 763 764 765 766 767 768 769 770 771 772 773 774 775 776 777 778 779 780 781 782 783 784 785 786 787 788 789 790 791 792 793 794 795 796 797 798 799 800 801 802 803 804 805 806 807 808 809 810 811 812 813 814 815 816 817 818 819 820 821 822 823 824 825 826 827 828 829 830 831 832 833 834 835 836 837 838 839 840 841 842 843 844 845 846 847 848 849 850 851 852 853 854 855 856 857 858 859 860 861 862 863 864 865 866 867 868 869 870 871 872 873 874 875 876 877 878 879 880 881 882 883 884 885 886 887 888 889 890 891 892 893 894 895 896 897 898 899 900 901 902 903 904 905 906 907 908 909 910 911 912 913 914 915 916 917 918 919 920 921 922 923 924 925 926 927 928 929 930 931 932 933 934 935 936 937 938 939 940 941 942 943 944 945 946 947 948 949 950 951 952 953 954 955 956 957 958 959 960 961 962 963 964 965 966 967 968 969 970 971 972 973 974 975 976 977 978 979 980 981 982 983 984 985 986 987 988 989 990 991 992 993 994 995 996 997 998 999 1000