El refran vino aquí como de molde:
Tal os dé Dios el sueño, mentecatas.
MOSTRENCA.
Nacidas somos: no hizo Dios á nadie,
Á quien desamparase: poco valgo;
Pero en fin, como y ceno, y á mi cuyo[25]
Le traigo mas vestido que un palmito.
Ninguna es fea, como tenga brios:
Feo es el diablo.
VADEMECUM.
Alega la Mostrenca
Muy bien de su derecho; y alegára
Mejor, si se añadiera el ser muchacha,
Y limpia, pues lo es por todo estremo.
CHIQUIZNAQUE.
En el que está Trampagos me da lástima.
TRAMPAGOS.
Vestíme este capuz: mis dos lanternas[26]
Convertí en alquitaras.
VADEMECUM.
¿De aguardiente?
TRAMPAGOS.
¿Pues tanto cuelo yo, hi[27] de malicias?
VADEMECUM.
Á cuatro lavanderas de la puente
Puede dar quince y falta en la colambre:
Miren que ha de llorar sino agua-ardiente.
JUAN.
Yo soy de parecer que el gran Trampagos
Ponga silencio á su continuo llanto,
Y vuelva al -sicut erat in principio-:
Digo á sus olvidadas alegrías,
Y tome prenda, que las suyas quite:
Que es bien que el vivo vaya á la hogaza,
Como el muerto se va á la sepultura.
REPULIDA.
Zonzorino Caton es Chiquiznaque.
PIZPITA.
Pequeña soy, Trampagos, pero grande
Tengo la voluntad para servirte:
No tengo cuyo, y tengo ochenta cobas[28].
REPULIDA.
Yo ciento, y soy dispuesta, y nada lerda.
MOSTRENCA.
Veinte y dos tengo yo, y aun veinte y cuatro,
Y no soy mema.
REPULIDA.
¡Ó mi Jezuz! ¿qué es esto?
¿Contra mí la Pizpita y la Mostrenca?
En tela quieres competir conmigo,
Culebrilla de alambre, ¿y tú, pazguata?
PIZPITA.
Por vida de los huesos de mi abuela,
Doña Mari bobales, monda níspolas,
Que no la estimo en un feluz morisco.
¡Han visto el ángel tonto almidonado,
Como quiere empinarse sobre todas!
MOSTRENCA.
Sobre mí no, á lo menos, que no sufro
Carga que no me ajuste y me convenga.
JUAN.
Adviertan que defiendo á la Pizpita.
CHIQUIZNAQUE.
Consideren que está la Repulida
Debajo de las alas de mi amparo.
VADEMECUM.
Aquí fue Troya: aquí se hacen rajas:
Los de las cachas amarillas salen:
Aquí otra vez fue Troya.
REPULIDA.
Chiquiznaque,
No he menester que nadie me defienda:
Aparta, tomaré yo la venganza,
Rasgando con mis manos pecadoras
La cara de membrillo cuartanario.
JUAN.
Repulida, respeto al gran Juan Claros.
PIZPITA.
Déjala venga: déjala que llegue
Esa cara de masa mal sobada.
-Entra uno muy alborotado.-
UNO.
Juan Claros, la justicia, la justicia,
El alguacil de la justicia viene
La calle abajo.
(-Éntrase luego.-)
JUAN.
¡Cuerpo de mi padre!
No paro mas aquí.
TRAMPAGOS.
Ténganse todos:
Ninguno se alborote: que es mi amigo
El alguacil: no hay que tenerle miedo.
-Torna á entrar.-
UNO.
No viene acá, la calle abajo cuela.
(-Váse.-)
CHIQUIZNAQUE.
El alma me temblaba ya en las carnes,
Porque estoy desterrado.
TRAMPAGOS.
Aunque viniera
No nos hiciera mal: yo lo sé cierto;
Que no puede chillar, porque está untado[29].
VADEMECUM.
Cese, pues, la pendencia; y mi sor sea
El que escoja la prenda que le cuadre,
Ó le esquine mejor.
REPULIDA.
Yo soy contenta.
PIZPITA.
Y yo tambien.
MOSTRENCA.
Y yo.
VADEMECUM.
Gracias al cielo,
Que he hallado á tan gran mal, tan gran remedio.
TRAMPAGOS.
Abúrrome y escojo.
MOSTRENCA.
Dios te guie.
Si te aburres, Trampagos, la escogida
Tambien será aburrida.
TRAMPAGOS.
Errado anduve.
Sin aburrirme escojo.
MOSTRENCA.
Dios te guie.
TRAMPAGOS.
Digo que escojo aquí á la Repulida.
JUAN.
Con su pan se la coma, Chiquiznaque.
CHIQUIZNAQUE.
Y aun sin pan, que es sabrosa en cualquier modo.
REPULIDA.
Tuya soy: pónme un clavo y una S[30]
En estas dos mejillas.
PIZPITA.
¡Ó hechicera!
MOSTRENCA.
No es sino venturosa: no la envidies,
Porque no es muy católico Trampagos;
Pues ayer enterró á la Pericona,
Y hoy la tiene olvidada.
REPULIDA.
Muy bien dices.
TRAMPAGOS.
Este capuz arruga, Vademecum;
Y dile al padre, que sobre él te preste
Una docena de reales.
VADEMECUM.
Creo
Que tengo yo catorce.
TRAMPAGOS.
Luego, luego,
Parte, y trae seis azumbres de lo caro[31]:
Alas pon en los pies y en las espaldas.
-Éntrase Vademecum con el capuz, y queda en cuerpo Trampagos.-
TRAMPAGOS.
Por Dios que si durára la bayeta,
Que me pudieran enterrar mañana.
REPULIDA.
¡Ay lumbre de estas lumbres, que son tuyas!
Y cuán mejor estás en este trage,
Que en el otro sombrío, y melancólico.
-Entran dos músicos sin guitarras.-
MÚSICO 1.º
Tras el olor del jarro nos venimos
Yo y mi compadre.
TRAMPAGOS.
En hora buena sea;
¿Y las guitarras?
MÚSICO 1.º
En la tienda quedan:
Vaya por ellas Vademecum.
MÚSICO 2.º
Vaya:
Mas yo quiero ir por ellas.
MÚSICO 1.º
De camino
(-Éntrase el músico 2.º-)
Diga á mi oislo, que si viene alguno
Al rapio rapis, que me aguarde un poco,
Que no haré sino colar seis tragos,
Y cantar dos tonadas, y partirme:
Que ya el señor Trampagos, segun muestra,
Está para tomar armas de gusto.
-Vuelve Vademecum.-
VADEMECUM.
Ya está en el antesala el jarro.
TRAMPAGOS.
Tráile.
VADEMECUM.
No tengo taza.
TRAMPAGOS.
Ni Dios te la depare:
El cuerno de orinar no está estrenado,
Tráele: que te maldiga el cielo santo:
Que eres bastante á deshonrar á un duque.
VADEMECUM.
Sosiéguese, que no ha de faltar copa,
Y aun copas, aunque sean de sombreros.
Á buen seguro que este es churrullero.
-Entra uno como cautivo, con una cadena al hombro, y pónese á
mirar á todos muy atento, y todos á él.-
REPULIDA.
¡Jesus! ¿es vision esta? ¿qué es aquesto?
¿No es este Escarramán? él es sin duda:
¡Escarramán del alma! dame, amores,
Esos brazos, coluna de la hampa.
TRAMPAGOS.
¡Ó Escarramán, Escarramán amigo!
¿Cómo es esto? ¿á dicha eres estátua?
Rompe el silencio y habla á tus amigos.
PIZPITA.
¿Qué trage es este, y qué cadena es esta?
¿Eres fantasma á dicha? Yo te toco,
Y eres de carne y hueso.
MOSTRENCA.
Él es, amiga:
No lo puede negar, aunque mas calle.
ESCARRAMÁN.
Yo soy Escarramán; y estén atentos
Al cuento breve de mi larga historia.
(-Vuelve el barbero con dos guitarras, y da la una al compañero.-)
Dió la galera al traste en Berbería,
Donde la furia de un juez me puso
Por espalder de la siniestra banda.
Mudé de cautiverio y de ventura:
Quedé en poder de turcos por esclavo;
De allí á dos meses, como al cielo plugo,
Me levanté con una galeota:
Cobré mi libertad, y ya soy mio.
Hice voto y promesa inviolable
De no mudar de ropa ni de carga,
Hasta colgarla de los muros santos
De una devota ermita, que en mi tierra
Llaman de San Millan de la Cogolla;
Y este es el cuento de mi estraña historia,
Digna de atesorarla en la memoria.
La Mendez no estará ya de provecho:
¿Vive?
JUAN.
Y está en Granada á sus anchuras.
CHIQUIZNAQUE.
Allí le duele al pobre todavía.
ESCARRAMÁN.
¿Qué se ha dicho de mí en aqueste mundo,
En tanto que en el otro me han tenido
Mis desgracias y gracia?
MOSTRENCA.
Cien mil cosas:
Ya te han puesto en la horca los farsantes.
PIZPITA.
Los muchachos han hecho pepitoria
De todas tus medulas y tus huesos.
REPULIDA.
Hánte vuelto divino: ¿qué mas quieres?
CHIQUIZNAQUE.
Cántante por las plazas, por las calles:
Báilante en los teatros, y en las casas:
Has dado que hacer á los poetas,
Mas que dió Troya al mantuano Títiro.
JUAN.
Óyente resonar en los establos.
REPULIDA.
Las fregonas te lavan en el rio:
Los mozos de caballos te almohazan.
CHIQUIZNAQUE.
Túndete el tundidor con sus tijeras:
Muy mas que el potro rucio eres famoso.
MOSTRENCA.
Han pasado á las Indias tus palmeos:
En Roma se han sentido tus desgracias,
Y hánte dado botines sine número.
VADEMECUM.
Por Dios que te han molido como alheña:
Y te han desmenuzado como flores:
Y que eres mas sonado y mas mocoso,
Que un relox y que un niño de doctrina.
De tí han dado querella todos cuantos
Bailes pasaron en la edad del gusto,
Con apretada y dura residencia;
Pero llevóse el tuyo la escelencia.
ESCARRAMÁN.
Tenga yo fama y háganme pedazos:
De Éfeso el templo abrasaré por ella.
(-Tocan de improviso los músicos, y comienzan á cantar este romance.-)
Ya salió de las gurapas
El valiente Escarramán,
Para asombro de la gura[32]
Y para bien de su mal.
ESCARRAMÁN.
¿Es aquesto brindarme por ventura?
¿Piensan se me ha olvidado el regodeo?
Pues mas ligero vengo que solia,
Si no toquen, y vaya y fuera ropa.
PIZPITA.
¡Ó flor, y fruto de los bailarines,
Y qué bueno has quedado!
VADEMECUM.
Suelto, y limpio.
JUAN.
Él honrará las bodas de Trampagos.
ESCARRAMÁN.
Toquen, verán que soy hecho de azogue.
MÚSICO.
Váyanse todos por lo que cantáre,
Y no será posible que se yerren.
ESCARRAMÁN.
Toquen, que me deshago y que me bullo.
REPULIDA.
Ya me muero por verle en la estacada.
MÚSICO.
Estén alerta todos.
CHIQUIZNAQUE.
Ya lo estamos.
(-Cantan.-)
Ya salió de las gurapas
El valiente Escarramán,
Para asombro de la gura,
Y para bien de su mal.
Ya vuelve á mostrar al mundo
Su felice habilidad,
Su ligereza, y su brío,
Y su presencia real.
Pues falta la Coscolina,
Supla agora en su lugar
La Repulida olorosa,
Mas que la flor de azahar;
Y en tanto que se remonda
La Pizpita sin igual,
De la gallarda el paseo
Nos muestre aquí Escarramán.
(-Tocan la gallarda, dánzala Escarramán; y en habiendo hecho una
mudanza prosíguese el romance.-)
La Repulida comience
Con su brio á rastrear;
Pues ella fue la primera
Que nos le vino á mostrar.
Escarramán la acompañe,
La Pizpita, otro que tal,
Chiquiznaque y la Mostrenca,
Con Juan Claros el galan.
Vive Dios que va de perlas:
No se puede desear
Mas ligereza ó mas garbo,
Mas certeza ó mas compás.
Á ello, hijos, á ello:
No se pueden alabar
Otras ninfas, ni otros rufos,
Que os puedan igualar.
¡Ó qué desmayar de manos!
¡Ó qué huir, y qué juntar!
¡Ó qué nuevos laberintos!
Donde hay salir, y hay entrar.
Muden el baile á su gusto,
Que yo le sabré tocar
El canario, ó las gambetas,
Ó al villano se lo dan:
Zarabanda, ó zambapalo,
El pésame de ello y mas,
El rey don Alonso el Bueno,
Gloria de la antigüedad.
ESCARRAMÁN.
El canario, si le tocan,
Á solas quiero bailar.
MÚSICO.
Tocaréle yo de plata,
Tú de oro le bailarás.
(-Toca el canario, y baila solo Escarramán; y en habiéndole bailado
diga-):
ESCARRAMÁN.
Vaya el villano á lo burdo,
Con la cebolla y el pan;
Y acompáñenme los tres.
MÚSICO.
Que te bendiga San Juan.
(-Bailan el villano, como bien saben; y acabado el villano, pida
Escarramán el baile que quisiere, y acabado diga Trampagos-):
TRAMPAGOS.
Mis bodas se han celebrado
Mejor que las de Roldan;
Todos digan, como digo:
Viva, viva Escarramán.
TODOS.
Viva, viva.
FIN DE ESTE ENTREMES.
[Ilustración]
ENTREMES
-DEL VIZCAINO FINGIDO-.
-Salen Solórzano y Quiñones.-
SOLÓRZANO.
Estas son las bolsas, y á lo que parecen son bien parecidas, y las
cadenas que van dentro, ni mas ni menos: no hay sino que vos acudais
con mi intento, que á pesar de la taimería de esta sevillana, ha de
quedar esta vez burlada.
QUIÑONES.
¿Tanta honra se adquiere, ó tanta habilidad se muestra en engañar á
una mujer, que lo tomais con tanto ahinco, y poneis tanta solicitud
en ello?
SOLÓRZANO.
Cuando las mujeres son como estas, es gusto el burlallas: cuanto mas
que esta burla no ha de pasar de los tejados arriba: quiero decir,
que ni ha de ser con ofensa de Dios, ni con daño de la burlada: que
no son burlas las que redundan en desprecio ageno.
QUIÑONES.
Alto, pues vos lo quereis, sea asi: digo que yo os ayudaré en todo
cuanto me habeis dicho, y sabré fingir tan bien como vos, que no lo
puedo mas encarecer. ¿Á dónde vais agora?
SOLÓRZANO.
Derecho en casa de la ninfa; y vos no salgais de casa, que yo os
llamaré á su tiempo.
QUIÑONES.
Allí estaré clavado esperando.
(-Éntranse los dos.-)
-Salen doña Cristina y doña Brígida: Cristina sin manto, y
Brígida con él, toda asustada y turbada.-
CRISTINA.
¡Jesus! ¿qué es lo que traes, amiga doña Brígida, que parece que
quieres dar el alma á su Hacedor?
BRÍGIDA.
Doña Cristina amiga, hazme aire, rocíame con un poco de agua este
rostro, que me muero, que me fino, que se me arranca el alma; Dios
sea conmigo, confesion á toda priesa.
CRISTINA.
¿Qué es esto? ¡desdichada de mí! ¿No me dirás, amiga, lo que te ha
sucedido? ¿Has visto alguna mala vision? ¿Hánte dado alguna mala
nueva de que es muerta tu madre, ó de que viene tu marido, ó hánte
robado tus joyas?
BRÍGIDA.
Ni he visto vision alguna, ni se ha muerto mi madre, ni viene mi
marido, que aun le faltan tres meses para acabar el negocio donde
fué, ni me han robado mis joyas; pero háme sucedido otra cosa peor.
CRISTINA.
Acaba, dímela, doña Brígida mia; que me tienes turbada y suspensa
hasta saberla.
BRÍGIDA.
¡Ay, querida! que tambien te toca á tí parte de este mal suceso.
Límpiame este rostro, que él y todo el cuerpo tengo bañado en sudor,
mas frio que la nieve: desdichadas de aquellas que andan en la vida
libre, que si quieren tener algun poquito de autoridad, grangeada de
aquí ó de allí, se la desjarretan y se la quitan al mejor tiempo.
CRISTINA.
Acaba por tu vida, amiga, y dime lo que te ha sucedido, y qué es la
desgracia de quien yo tambien tengo de tener parte.
BRÍGIDA.
Y cómo si tendrás parte, y mucha, si eres discreta, como lo eres. Has
de saber, hermana, que viniendo agora á verte, al pasar por la puerta
de Guadalajara, oí que en medio de infinita justicia y gente, estaba
un pregonero pregonando que quitaban los coches, y que las mujeres
descubriesen los rostros por las calles.
CRISTINA.
¿Y esa es la mala nueva?
BRÍGIDA.
¿Pues para nosotras puede ser peor en el mundo?
CRISTINA.
Yo creo, hermana, que debe de ser alguna reformacion de los coches:
que no es posible que los quiten de todo punto; y será cosa muy
acertada, porque segun he oido decir, andaba muy de caida la
caballería en España; porque se empanaban diez ó doce caballeros
mozos en un coche, y azotaban las calles de noche y de dia, sin
acordárseles que habia caballos y gineta en el mundo; y como les
falte la comodidad de las galeras de la tierra, que son los coches,
volverán al ejercicio de la caballería, con quien sus antepasados se
honraron.
BRÍGIDA.
¡Ay, Cristina de mi alma! que tambien oí decir que aunque dejan
algunos, es con condicion que no se presten, ni que en ellos ande
ninguna... ya me entiendes.
CRISTINA.
Ese mal nos hagan: porque has de saber, hermana, que está en opinion
entre los que siguen la guerra, cuál es la mejor, la caballería ó la
infantería, y háse averiguado que la infantería española lleva la
gala á todas las naciones; y agora podremos las alegres mostrar á pie
nuestra gallardía, nuestro garbo, y nuestra bizarría, y mas yendo
descubiertos los rostros, quitando la ocasion de que ninguno se llame
á engaño, si nos sirviese, pues nos ha visto.
BRÍGIDA.
¡Ay, Cristina! no me digas eso. ¡Qué linda cosa era ir sentada en la
popa de un coche, llenándola de parte á parte, dando rostro á quién
y cómo y cuándo queria! y en Dios y en mi ánima te digo, que cuando
alguna vez me le prestaban, y me veia sentada en él con aquella
autoridad, me desvanecia tanto, que creia bien y verdaderamente que
era mujer principal, y que mas de cuatro señoras de título pudieran
ser mis criadas.
CRISTINA.
¿Veis, doña Brígida, cómo tengo yo razon en decir que ha sido bien
en quitar los coches, siquiera por quitarnos á nosotras el pecado
de la vanagloria? Y mas que no era bien que un coche igualase á
las no tales con las tales; pues viendo los ojos estranjeros á una
persona en un coche, pomposa por galas, reluciente por joyas, echaria
á perder la cortesía, haciéndosela á ella, como si fuera á una
principal señora: asi que, amiga, no debes congojarte, sino acomoda
tu brio y tu limpieza, y tu manto de soplillo sevillano, y tus nuevos
chapines en todo caso, con las virillas de plata, y déjate ir por
esas calles, que yo te aseguro que no falten moscas á tan buena miel,
si quisieres dejar que á tí se lleguen: que engaño en mas va que en
besarla durmiendo.
BRÍGIDA.
Dios te lo pague, amiga, que me has consolado con tus advertimientos
y consejos; y en verdad que los pienso poner en práctica, y pulirme y
repulirme, y dar rostro á pie y pisar el polvico á tan menudico, pues
no tengo quien me corte la cabeza; que este que piensan que es mi
marido, no lo es, aunque me ha dado la palabra de serlo.
CRISTINA.
¡Jesus! ¿tan á la sorda y sin llamar se entra en mi casa, señor? ¿Qué
es lo que usted manda?
-Entra Solórzano.-
SOLÓRZANO.
Usted perdone el atrevimiento, que la ocasion hace al ladron: hallé
la puerta abierta y entréme, dándome ánimo al entrarme, venir á
servir á usted y no con palabras, sino con obras; y si es que puedo
hablar delante de esta señora, diré á lo que vengo, y la intencion
que traigo.
CRISTINA.
De la buena presencia de usted no se puede esperar, sino que han de
ser buenas sus palabras, y sus obras. Diga usted lo que quisiere; que
la señora doña Brígida es tan mi amiga, que es otra yo misma.
SOLÓRZANO.
Con ese seguro y con esa licencia hablaré con verdad; y con verdad,
señora, soy un cortesano, á quien usted no conoce.
CRISTINA.
Asi es la verdad.
SOLÓRZANO.
Y há muchos dias que deseo servir á usted, obligado á ello de su
hermosura, buenas partes y mejor término; pero estrechezas, que no
faltan, han sido freno á las obras hasta agora, que la suerte ha
querido que de Vizcaya me enviase un grande amigo mio á un hijo suyo,
vizcaino, muy galan, para que yo le lleve á Salamanca y le ponga de
mi mano en compañía que le honre y le enseñe; porque, para decir
la verdad á usted, él es un poco burro, y tiene algo de mentecato;
y añádesele á esto una tacha, que es lástima decirla, cuanto mas
tenerla, y es que se toma algun tanto, un si es no es, del vino;
pero de manera que de todo en todo pierda el juicio, puesto que se
le turba; y cuando está asomado y aun casi todo el cuerpo fuera de
la ventana, es cosa maravillosa su alegría y su liberalidad: da
todo cuanto tiene á quien se lo pide, y á quien no se lo pide; y yo
querria, ya que el diablo se ha de llevar cuanto tiene, aprovecharme
de alguna cosa, y no he hallado mejor medio, que traerle á casa de
usted, porque es muy amigo de damas, y aquí le desollaremos cerrado
como á gato; y para principio traigo aquí á usted una cadena en este
bolsillo, que pesa ciento y veinte escudos de oro, la cual tomará
usted y me dará diez escudos agora, que yo he menester para ciertas
cosillas, y gastará otros veinte en una cena esta noche, que vendrá
acá nuestro burro ó nuestro búfalo, que le llevo yo por el naso, como
dicen; y á dos idas y venidas se quedará usted con toda la cadena,
que yo no quiero mas que los diez escudos de ahora: la cadena es
bonísima, y de muy buen oro, y vale algo de hechura: héla aquí: usted
la tome.
CRISTINA.
Beso á usted las manos por la que me ha hecho en acordarse de mí en
tan provechosa ocasion; pero, si he de decir lo que siento, tanta
liberalidad me tiene algo confusa y algun tanto sospechosa.
SOLÓRZANO.
¿Pues de qué es la sospecha, señora mia?
CRISTINA.
De que podrá ser esta cadena de alquimia: que se suele decir que no
es oro todo lo que reluce.
SOLÓRZANO.
Usted habla discretísimamente, y no en balde tiene usted fama de la
mas discreta dama de la córte; y háme dado mucho gusto el ver cuán
sin melindres ni rodeos me ha descubierto su corazon; pero para
todo hay remedio, sino es para la muerte: usted se cubra su manto,
ó envie, si tiene de quien fiarse y vaya á la platería, y en el
contraste se pese y toque esa cadena, y cuando fuere fina, y de la
bondad que yo he dicho, entonces usted me dará los diez escudos,
harále una regalaria al borrico, y se quedará con ella.
CRISTINA.
Aquí pared y medio tengo yo un platero, mi conocido, que con
facilidad me sacará de duda.
SOLÓRZANO.
Eso es lo que yo quiero y lo que amo y lo que estimo: que las cosas
claras Dios las bendijo.
CRISTINA.
Si es que usted se atreve á fiarme esta cadena, en tanto que me
satisfago, de aquí á un poco podrá venir, que yo tendré los diez
escudos de oro.
SOLÓRZANO.
¡Bueno es eso! fio mi honra de usted; ¿y no le habia de fiar la
cadena? Usted la haga tocar y retocar: que yo me voy y volveré de
aquí á media hora.
CRISTINA.
Y aun antes, si es que mi vecino está en casa.
(-Éntrase Solórzano.-)
BRÍGIDA.
Ésta, Cristina amiga, no solo es ventura, sino venturon llovido.
¡Desdichada de mí, y qué desgraciada que soy, que nunca toco quien me
dé un jarro de agua, sin que me cueste mi trabajo primero! Sólo me
encontré el otro dia en la calle á un poeta, que de bonísima voluntad
y con mucha cortesía me dió un soneto de la historia de Píramo y
Tisbe, y me ofreció trescientos en mi alabanza.
CRISTINA.
Mejor fuera que te hubieras encontrado con un ginovés, que te diera
trescientos reales.
BRÍGIDA.
Sí, por cierto, ahí están los ginoveses de manifiesto, y para venirse
á la mano, como halcones al señuelo: andan todos malencónicos y
tristes con el decreto.
CRISTINA.
Mira, Brígida, de esto quiero que estés cierta, que vale mas un
ginovés quebrado, que cuatro poetas enteros: mas ay, el viento corre
en popa, mi platero es este. ¿Y qué quiere mi buen vecino? que á fe
que me ha quitado el manto de los hombros, que ya me le queria cubrir
para buscarle.
-Entra el platero.-
PLATERO.
Señora doña Cristina, usted me ha de hacer una merced de hacer
todas sus fuerzas por llevar mañana á mi mujer á la comedia; que me
conviene y me importa quedar mañana en la tarde libre de tener quien
me siga y me persiga.
CRISTINA.
Eso haré yo de muy buena gana; y aun si el señor vecino quiere mi
casa y cuanto hay en ella, aquí la hallará sola y desembarazada, que
bien sé en qué caen estos negocios.
PLATERO.
No señora, entretener á mi mujer me basta: ¿pero qué queria usted de
mí, que queria ir á buscarme?
CRISTINA.
No mas, sino que me diga el señor vecino ¿qué pesará esta cadena, y
si es fina y de qué quilates?
PLATERO.
Esta cadena he tenido yo en mis manos muchas veces, y sé que pesa
ciento y cincuenta escudos de oro, de á veinte y dos quilates; y que
si usted la compra, y se la dan sin hechura, no perderá nada en ella.
CRISTINA.
Alguna hechura me ha de costar, pero no mucha.
PLATERO.
Mire cómo la concierta la señora vecina: que yo le haré dar, cuando
se quisiere deshacer de ella, diez ducados de hechura.
CRISTINA.
Menos me ha de costar, si yo puedo; pero mire el vecino no se engañe
en lo que dice de la fineza del oro, y cantidad del peso.
PLATERO.
¡Bueno seria que yo me engañase en mi oficio! Digo, señora, que dos
veces la he tocado eslabon por eslabon, y la he pesado y la conozco
como á mis manos.
BRÍGIDA.
Con esto nos contentamos.
PLATERO.
Y por mas señas, sé que la ha llegado á pesar y á tocar un gentil
hombre cortesano, que se llama tal de Solórzano.
CRISTINA.
Basta, señor vecino: vaya con Dios, que yo haré lo que me deja
mandado, yo la llevaré y entretendré dos horas mas si fuere menester:
que bien sé que no podrá dañar una hora mas de entretenimiento.
PLATERO.
Con usted me entierren, que sabe de todo; y á Dios, señora mia.
(-Éntrase el platero.-)
BRÍGIDA.
¿No haríamos con este cortesano Solórzano, que asi se debe de llamar
sin duda, que trajese con el vizcaino para mí alguna ayuda de costa,
aunque fuese de algun borgoñon mas borracho que un zaque?
CRISTINA.
Por decírselo no quedará; pero vésle, aquí vuelve: priesa trae,
diligente anda, sus diez escudos le aguijan y espolean.
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
151
152
153
154
155
156
157
158
159
160
161
162
163
164
165
166
167
168
169
170
171
172
173
174
175
176
177
178
179
180
181
182
183
184
185
186
187
188
189
190
191
192
193
194
195
196
197
198
199
200
201
202
203
204
205
206
207
208
209
210
211
212
213
214
215
216
217
218
219
220
221
222
223
224
225
226
227
228
229
230
231
232
233
234
235
236
237
238
239
240
241
242
243
244
245
246
247
248
249
250
251
252
253
254
255
256
257
258
259
260
261
262
263
264
265
266
267
268
269
270
271
272
273
274
275
276
277
278
279
280
281
282
283
284
285
286
287
288
289
290
291
292
293
294
295
296
297
298
299
300
301
302
303
304
305
306
307
308
309
310
311
312
313
314
315
316
317
318
319
320
321
322
323
324
325
326
327
328
329
330
331
332
333
334
335
336
337
338
339
340
341
342
343
344
345
346
347
348
349
350
351
352
353
354
355
356
357
358
359
360
361
362
363
364
365
366
367
368
369
370
371
372
373
374
375
376
377
378
379
380
381
382
383
384
385
386
387
388
389
390
391
392
393
394
395
396
397
398
399
400
401
402
403
404
405
406
407
408
409
410
411
412
413
414
415
416
417
418
419
420
421
422
423
424
425
426
427
428
429
430
431
432
433
434
435
436
437
438
439
440
441
442
443
444
445
446
447
448
449
450
451
452
453
454
455
456
457
458
459
460
461
462
463
464
465
466
467
468
469
470
471
472
473
474
475
476
477
478
479
480
481
482
483
484
485
486
487
488
489
490
491
492
493
494
495
496
497
498
499
500
501
502
503
504
505
506
507
508
509
510
511
512
513
514
515
516
517
518
519
520
521
522
523
524
525
526
527
528
529
530
531
532
533
534
535
536
537
538
539
540
541
542
543
544
545
546
547
548
549
550
551
552
553
554
555
556
557
558
559
560
561
562
563
564
565
566
567
568
569
570
571
572
573
574
575
576
577
578
579
580
581
582
583
584
585
586
587
588
589
590
591
592
593
594
595
596
597
598
599
600
601
602
603
604
605
606
607
608
609
610
611
612
613
614
615
616
617
618
619
620
621
622
623
624
625
626
627
628
629
630
631
632
633
634
635
636
637
638
639
640
641
642
643
644
645
646
647
648
649
650
651
652
653
654
655
656
657
658
659
660
661
662
663
664
665
666
667
668
669
670
671
672
673
674
675
676
677
678
679
680
681
682
683
684
685
686
687
688
689
690
691
692
693
694
695
696
697
698
699
700
701
702
703
704
705
706
707
708
709
710
711
712
713
714
715
716
717
718
719
720
721
722
723
724
725
726
727
728
729
730
731
732
733
734
735
736
737
738
739
740
741
742
743
744
745
746
747
748
749
750
751
752
753
754
755
756
757
758
759
760
761
762
763
764
765
766
767
768
769
770
771
772
773
774
775
776
777
778
779
780
781
782
783
784
785
786
787
788
789
790
791
792
793
794
795
796
797
798
799
800
801
802
803
804
805
806
807
808
809
810
811
812
813
814
815
816
817
818
819
820
821
822
823
824
825
826
827
828
829
830
831
832
833
834
835
836
837
838
839
840
841
842
843
844
845
846
847
848
849
850
851
852
853
854
855
856
857
858
859
860
861
862
863
864
865
866
867
868
869
870
871
872
873
874
875
876
877
878
879
880
881
882
883
884
885
886
887
888
889
890
891
892
893
894
895
896
897
898
899
900
901
902
903
904
905
906
907
908
909
910
911
912
913
914
915
916
917
918
919
920
921
922
923
924
925
926
927
928
929
930
931
932
933
934
935
936
937
938
939
940
941
942
943
944
945
946
947
948
949
950
951
952
953
954
955
956
957
958
959
960
961
962
963
964
965
966
967
968
969
970
971
972
973
974
975
976
977
978
979
980
981
982
983
984
985
986
987
988
989
990
991
992
993
994
995
996
997
998
999
1000